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“Juego de tronos”: rock n’ roll de hielo y fuego

28/08/2017

(ALERTA SPOILER: Si no has visto el final de la séptima temporada de “Juego de tronos” y has conseguido llegar hasta aquí sin haberte comido ningún spoiler, en primer lugar nuestra más sincera enhorabuena, y en segundo lugar no vayas a cagarla ahora y regresa cuando hayas hecho los deberes. Te estaremos esperando aquí mismito.)

Puede que “Juego de tronos” no sea la mejor serie de todos los tiempos, quizás ni siquiera sea la mejor de 2017 (o sí, pues ya sabemos que eso es algo subjetivo y siempre dependerá de qué estemos valorando). De lo que no me cabe ninguna duda es de que sí es la serie más exitosa de la historia de la televisión. Puede que no sea la más exitosa en audiencia (o sí, pues a los más de 10 millones de espectadores en su primer pase por la HBO en EE.UU. habría que sumarle decenas de millones más en todo el planeta, legal o ilegalmente, durante su emisión o en días posteriores… o anteriores). Puede que no sea la más exitosa en rentabilidad económica (o sí, pues a la HBO casi más que el número de suscriptores le interesa ya la venta de DVDs y Blu-rays, merchandising de todo tipo, libros y cualquier otro producto derivado que se nos ocurra). Pero sí es la más exitosa, sin discusión, en cuanto a impacto mediático y popularidad. Ninguna serie había tenido, jamás, tanto seguimiento en medios de comunicación tradicionales, páginas webs, blogs o podcasts. Ninguna serie había generado hasta ahora tanto ruido en redes sociales, y aunque este año las críticas hayan arreciado y el ejército de ‘haters’ haya aumentado en efectivos, este ruido creo que sigue siendo mayoritariamente positivo. Y ninguna serie había tenido antes tanto calado en la cultura popular, a casi todos los niveles, algo de lo que seremos aún mucho más conscientes en años venideros. Hacer comparaciones suele estar feo, y también puede ser oportunista e injusto, pero yo no me resisto a citar a “NCIS” (“Navy: Investigación criminal” en nuestro país), una serie que lleva varias temporadas superando los 20 millones de espectadores semanales en EE.UU., que con los números en la mano sería la reina indiscutible de la televisión en ese país, y me pregunto cuántos se acordarán de ella dentro de 20 años. O pensemos en… no sé… “The Walking Dead”, por poner un ejemplo de otra serie que todo el mundo ve y de la que todo el mundo habla, y reconozcamos que cada vez nos cuesta más encontrar espectadores no ya que la defiendan, sino que no se estén cagando en los muertos de sus responsables tras sus últimas entregas.

Hace ya muchos años que “Juego de tronos” dejó de ser una serie, sin más, para jugar en la liga de los grandes acontecimientos televisivos, y en este sentido en 2017 ha vuelto a superarse a sí misma, tanto que casi asusta pensar en lo que nos tocará vivir el año próximo, o en 2019, sea cuando sea que nos llegue su desenlace. Que haya vuelto a poner patas arriba el panorama seriéfilo de forma tan exagerada se debe, en buena medida, al crédito y el prestigio acumulados durante sus seis años previos en antena, pero también gracias a los méritos y deméritos de esta séptima temporada, que a nadie ha podido dejar indiferente. La HBO volvió a jugar muy bien sus cartas con la promoción, aunque reconozcámoslo, esta serie ya se promociona sola. Por primera vez, además, hemos encarado una nueva temporada sabiendo ya que estábamos en la recta final, pues eso no estaba tan claro al inicio de la sexta entrega. El retraso de su estreno, pasando a ser emitida en verano, y que sólo fuésemos a tener siete episodios en lugar de los diez tradicionales, también contribuyó a alimentar la ansiedad del personal. Y ya, para rizar el rizo, éste ha sido el año más accidentado del show, para disgusto (o no tanto) de la HBO, por cuestiones externas: filtraciones de la trama de todos los guiones de la temporada allá por el mes de octubre, que se fueron cumpliendo casi punto por punto, filtraciones aún más sonadas de un par de episodios y, como consecuencia de todo esto, una tormenta de spoilers de la que ha resultado muy difícil ponerse a refugio. A algunos les habrá gustado mucho, a otros menos y habrá también quien la deteste, pero difícilmente ninguno olvidaremos esta séptima temporada.

Puede dar la sensación, incluso, de que este año el fandom de “Juego de tronos” se ha dividido, más que nunca, entre ‘lovers’ y ‘haters’, aunque seguro que mucha más gente habrá sabido quedarse en un mucho más sano término medio. No es mi caso, pues yo confieso que me he alineado incondicionalmente en el primer bando. En lo que creo que todos, incluso los más desencantados, estaremos de acuerdo es en que ésta ha sido la temporada más trepidante, emocionante, épica, en definitiva, rockanrolera hasta la fecha. Y esto ha afectado a todo lo demás, para bien o para mal. No es discutible tampoco que la factura técnica y visual y la espectacularidad de la serie es a día de hoy inalcanzable para el resto de producciones televisivas, acercándose, cuando no superando, a la de muchas superproducciones cinematográficas. Dábamos por hecho, al tener tres episodios menos, que esta vez iríamos más al grano, se apostaría por la concisión y reducción de tramas y no habría tiempo para meter demasiada paja (por no ofender a nadie diciendo eso de ‘minutos de la basura’, pero eso es exactamente lo que tuvimos en años anteriores). Liberada ya de las novelas de George R.R. Martin y con, presumimos, autonomía total por parte de los mandamases David Benioff y D.B. Weiss, muchos le pedíamos a “Juego de tronos” que encarase su tercer y último acto, que esto es lo que es y algunos parecen olvidarlo, yendo a saco y sin volver a distraerse por el camino. En ese sentido nuestros deseos se han visto cumplidos con creces, aunque no todos hayan quedado conformes, y admitiendo que durante el viaje hemos tenido algunos resbalones más que evidentes. El desmedido linchamiento al pobre Ed Sheeran por su inofensivo cameo en la season premiere, “Dragonstone”, ya nos advirtió de que este año los cuchillos estarían muy afilados, y había muchas ganas de sacarlos a la más mínima ocasión.

Voy a darles la razón a los que dicen que, con el cambio de ritmo tan brusco que ha pegado la serie este año, se ha perdido cierta coherencia con el tono mantenido en temporadas anteriores. Sí, es verdad, pero qué quieren que les diga, yo encantado de la vida. Ya podrían tomar buena nota otras series como… qué se yo… “The Walking Dead”. En mi análisis de la sexta entrega, “…y “Juego de tronos” rozó la perfección (y la mediocridad)”, puse en el lado positivo algunos detalles dejados a lo largo de la temporada (destacando, cómo no, ese ‘hold the door’…) pero especialmente esa traca final insuperable conformada por “Battle of the Bastards” y “The Winds of Winter”, o sea, mambo del bueno, dejando para el negativo otros muchos momentos soporíferos e intrascendentes que tuvimos que tragarnos a lo largo de demasiados episodios, un mal que ya arrastrábamos de forma muy preocupante desde la quinta temporada. En esta ocasión la balanza se ha decantado de forma muy evidente no ya por el mambo, sino por el rock n’ roll, así que si soy consecuente con mis palabras no puedo hacer otra cosa más que celebrarlo. Sin tener que remontarme muy atrás, quizás muchos lo gozaran con el periplo de Arya durante dos temporadas por Braavos. Yo no. O viendo a Tyrion durante capítulos y más capítulos apoltronado en una silla, bebiendo vino y diciendo gilipolleces con Missandei y Gusano Gris. Yo no. O con Daenerys y su eterno ‘un pasito palante, dos pasitos patrás’ con el que nos castigó durante seis laaaaargos años antes de partir hacia Poniente. Yo no. Que nunca haya dejado de disfrutar y de defender a “Juego de tronos” no quita que jugaran demasiado y en demasiadas ocasiones con mi paciencia, así que si tengo que elegir entre aquello y esto, me quedo con esto. Pero lógicamente cada uno lo habrá vivido a su manera, aunque sí nos hayamos encontrado con una serie de quejas y polémicas más o menos comunes en las que no me resisto a entrar, una por una, para ir así desgranando esta temporada.

Este año casi hemos gastado más tiempo hablando de la precipitación de acontecimientos y de la forma con la que los guionistas han jugado con el tiempo a placer, que de los propios acontecimientos en sí mismos. La cuestión más peliaguda ha sido lo de las dichosas teletransportaciones, y sinceramente, creo que eso ya debería ser un tema más que superado. Aunque hayamos tenido más escenarios, los principales se han reducido básicamente a cinco: Desembarco del Rey, Rocadragón, Invernalia, Antigua y el Muro (y Más Allá). Si los personajes se han movido de un sitio para otro, se ha usado la elipsis, puede que incluso abusado. Entiendo que esto vuelve a chocar con lo que tuvimos en temporadas previas, en las que desplazamientos relativamente cortos a veces se prolongaban durante varios capítulos. Yo vuelvo a agradecer el cambio. «Es que durante estos viajes se cocían cosas muy importantes y aprendíamos a conocer mejor a los personajes…». ¿En serio? ¿Realmente alguien quiere que volvamos a perder el tiempo con ciertas cosas? ¿Y necesitamos liar aún más la madeja a estas alturas, o conocer aún mejor a Tyrion, Jon Nieve, Varys o Davos? Recuerdo que estamos en el tercer acto, las tramas se han reducido, juntado, a veces simplificado o incluso finiquitado. Y todo lo que no tenga realmente trascendencia, simplemente no lo vemos. Algunos aún van más allá y no llevan nada bien que prescindan de líneas argumentales, se les escamoteen algunos sucesos o se olviden de personajes, pero qué queréis que os diga, a mí me importa un carajo qué demonios pasa con Robalito. Esto puede ser aún mucho más frustrante para los sugeridores de los libros, pues no es cierto que estas últimas temporadas hayan igualado a los lectores y a los no lectores, pero ya sabemos de quién es la culpa…

Aunque la primera mitad de la temporada ya dejó claro por dónde iban a ir los tiros, fue a partir del quinto capítulo, “Eastwatch”, cuando los guionistas pusieron el turbo y a algunos les pudo la sensación de vértigo. En esos 60 minutos condensaron lo que quizás en otros tiempos nos hubieran contado en cuatro o cinco horazas. Tyrion abre el episodio paseándose por un arrasado campo de batalla, regresa a Rocadragón, viaja hasta Desembarco del Rey, sale de Desembarco del Rey y vuelve a Rocadragón, en sólo cinco escenas y sin transición ninguna. Aún resulta más llamativo el caso de Gendry, que reaparece después de cuatro temporadas en Desembarco del Rey en el minuto 35, rápidamente corta a Davos con un «Macho, no te enrolles y vámonos ya que sólo quedan tres capítulos», aunque en realidad lo que dice es «He estado listo. Nunca supe para qué, pero siempre supe que lo sabría cuando llegara», pero viene a ser lo mismo, y aún le da tiempo a partir hacia Rocadragón para terminar el capítulo en Guardaoriente y marchar más allá del Muro. Gendry fue también otra de las estrellas del siguiente episodio, “Beyond the Wall”, esforzándose en batir un récord de velocidad y resistencia, aunque como vimos nada pudo hacer contra la rapidez supersónica de los cuervos… no digamos ya de los dragones. Que sí, que todos pensamos lo mismo, y no se trata de pasar las cosas por alto, pero tampoco debería eso echar por tierra un capítulo que nos ofreció otras cosas tan memorables y maravillosas.

Más allá de aquellos que se autoespoileasen leyendo meses atrás los guiones filtrados, quizás pensando que no tendrían demasiada veracidad, otra de las quejas más leídas o escuchadas, especialmente durante los primeros capítulos, fue que muchos de los acontecimientos de esta temporada eran fácilmente predecibles. O que fueron demasiado benevolentes con los espectadores, regalándonos muchas escenas que llevábamos años y años demandando ver en pantalla. ¿Que más pronto que tarde (en realidad fue más pronto de lo esperado) Jon y Daenerys se encontrarían? ¿Que habría una reunión si no completa, sí al menos parcial de los Stark? ¿Que Daenerys acabaría usando sus dragones en alguna gran batalla, aunque todos le aconsejasen que no lo hiciera? ¿Que Cersei vengaría la muerte de Myrcella? ¿Que Sam encontraría en Antigua información valiosísima para hacer frente a los Caminantes Blancos? ¿Que Jorah se curaría de alguna forma de la psoriagrís y no tardaría en volver junto a Daenerys? ¿Que pondrían mucho empeño en confirmarnos y reconfirmarnos la verdadera identidad de Jon? ¿Que Theon se redimiría, de alguna forma? ¿Que los días de Meñique estaban contados? ¿Que el Rey de la Noche acabaría fichando para su equipo a uno de los tres dragones de Daenerys? ¿Que la temporada terminaría con la traumática y definitiva caída del Muro? Vale, si no todos, sí podríamos haber adivinado muchas de estas cosas hace meses, pero más que de previsibilidad yo aquí hablaría de coherencia. Que después de seis años muchos sucesos caigan por su propio peso, que se plieguen a la lógica de los acontecimientos, o que conociendo ya a los personajes como les conocemos hagan en algunos momentos lo que se supone que tienen que hacer, no debería ser en ningún caso censurable. Precisamente en el año en el que más se la ha acusado de ser tramposa e incongruente, no es justo que también la ataquemos cuando ha sido todo lo contrario.

“Juego de tronos” ha llegado a hacer de la forma de endosarnos mil y un momentos WTF un arte, pero por muy bien hilada que haya estado siempre, o al menos eso nos ha parecido, también ha tenido algunas cosillas cogidas con pinzas e incluso sus columpiadas e idas de olla . ¿Ha cambiado entonces muchísimo la serie este año? La diferencia es que antes todo se cocinaba a fuego lento, muy lento, y estaba tan bien aderezado que todo, o casi todo, nos acababa sabiendo de maravilla. Ahora que ya no podemos perder demasiado el tiempo en la cocina tenemos que conformarnos con tirar de fritos o microondas, y el resultado final se nota, aunque en realidad tengamos los mismos ingredientes. Tampoco es que todo lo que nos sirvieran en el pasado fueran exquisiteces, pero nos las comíamos con avidez porque estábamos muertos de hambre y necesitábamos pasar al siguiente plato. Vuelvo a poner como ejemplo la trama de Arya en Braavos, que no pudo estar más tiempo en los fogones y acabó teniendo una resolución muy cuestionable, pero nos la zampamos sin más porque queríamos quitarnos aquello de encima y, por fin, poder pasar a otra cosa. Así que en lugar de dos o tres platos de ‘grande cuisine’, para esta séptima temporada lo que nos tenían reservado era un colosal banquete que casi no nos cabía en la mesa, aunque al probar algún bocado hayamos acabado torciendo el gesto. Por usar otra metáfora más directa: antes nos la metían con vaselina y ahora han ido más a lo bruto.

Figuras retóricas aparte, en el pasado era costumbre en “Juego de tronos” que nos tuvieran cuatro o cinco capítulos dándole vueltas y más vueltas a la misma cuestión hasta que se tomaba algún tipo de resolución, pero ahora el tiempo apremia y nos hemos encontrado con cosas como «¿Qué os parece si hacemos este locurón que se me acaba de ocurrir?”», «¡Venga, pues vale!», para verles ya en la secuencia siguiente manos a la obra. El más que discutible plan… bueno, vale, la gilipollez mayúscula de plan de partir más allá del Muro en busca de un espectro para presentárselo a Cersei, y convencerla así de la necesidad de cogerse todos de la mano para luchar contra los Caminantes Blancos y su horda de muertos, se llevó la palma de la temporada. Aunque al final supuestamente les saliese bien. Como ya veníamos muy mosqueados por la inexplicable salvación de Jaime Lannister al inicio de “Eastwatch”, la forma de ejecutar y resolver este delirante plan en “Beyond the Wall” nos obligó a forzar al límite nuestra supresión de la incredulidad y se pasó de frenada con los deus ex machina, tanto que mientras algunos, pese a ser conscientes de todo eso, seguimos flipando con las muchísimas virtudes de uno de los episodios más espectaculares e infartantes hasta la fecha, y el más determinante a nivel argumental de todo el show, otros se alzaron en armas pidiendo la ejecución pública de Benioff y Weiss y pretendiendo lanzar “Juego de tronos” al retrete y tirar de la cadena. Un poquito de calma. En temporadas pasadas transitamos por fases francamente aburridas, en las que la emoción brillaba por su ausencia, pero tuvimos paciencia y no dimos por perdida la serie, ni salimos a las calles indignados gritando «¡En qué se ha convertido esto!». No puedo dar la razón a los que defienden la serie a ultranza esgrimiendo que, como hay dragones y zombis, vale todo, pero tampoco estoy de acuerdo con los que han llegado a afirmar que “Juego de tronos” ha saltado el tiburón, ni entiendo que la gente dedique tanto tiempo a torturarse censurando el atuendo invernal de Daenerys o cuestionándose de dónde demonios han sacado las cadenas los Caminantes Blancos.

Aunque lo suyo es saber apreciar lo bueno de cada cosa, si tuviera que elegir yo este año me seguiría quedando con los dragones, los Caminantes Blancos y la acción desatada de episodios como “The Spoils of War”, “Beyond the Wall” o el A-P-O-T-E-Ó-S-I-C-O final de “The Dragon and the Wolf”,  por delante de otras tramas más tradicionales en sus formas, como puede ser la de Invernalia, aunque la resolución de ésta no pudiese ser más satisfactoria. Con todo eso, ni los que estamos quizás demasiado cegados por la pirotecnia ni los que esgrimen que la serie se ha traicionado totalmente a sí misma, sin vuelta atrás, debemos olvidar que algunas de las escenas más sublimes de esta temporada fueron momentos cien por cien “Juego de tronos”, fieles a todo aquello que ha hecho grande a esta producción desde el principio: la despedida de Olenna Tyrell, o cómo morir hundiéndole la moral a tu ejecutor, la terrible venganza de Cersei Lannister sobre Elaria Sand por la muerte de Myrcella, y el cara a cara ¿definitivo? entre Cersei y Tyrion. Secuencias inolvidables en buena parte por el extraordinario trabajo de los, probablemente, mejores intérpretes que hayan pasado por la serie, Diana Rigg, Lena Headey y Peter Dinklage, pero también gracias a las líneas escritas por esos guionistas que, según algunos, han olvidado cómo desempeñar su oficio. Que llegásemos a algunas de estas escenas en sólo dos movimientos, en lugar de diez, a mí me sigue pareciendo muy buena noticia.

“Juego de tronos” siempre he hecho de las muertes de personajes que, a priori, parecían imprescindibles para la trama una de sus señas de identidad. A esa supuesta osadía le debe mucha de su popularidad en sus primeros años en antena. Eran muertes inesperadas, sí, pero visto ahora en retrospectiva necesarias no sólo para sacudir a la audiencia, sino como detonantes para una historia que se ha esforzado muy mucho en ir por derroteros sorprendentes e imprevisibles para el espectador. Pero vuelvo a insistir: estamos en el tercer acto, y eso significa que la mayoría de los personajes con los que nos hemos quedado deben ser ya esenciales para la resolución de la trama, así que ya no resulta tan fácil. El sexto capítulo, “Beyond the Wall”, volvió a jugar mucho con nuestros sentimientos y pareció telegrafiarnos algunas defunciones que finalmente no se produjeron (entonces), pero por algo sería. Si Jorah, El Perro, Beric o Tormund, los que más papeletas tenían, no cayeron en batalla en ese episodio es porque aún debían jugar un papel clave en algún acontecimiento futuro. Yo apuesto incluso por la supervivencia de estos dos últimos tras el cierre de la temporada, por muy improbable que parezca, pues creo que se merecen otro tipo de final. Claro, que también era de los que apostaba porque en esta séptima temporada nos despediríamos de Cersei, pero bien pensado hubiera resultado una locura deshacerse, a falta de sólo seis capítulos, de la mejor y más grande villana que hemos tenido en la serie. Lo de Meñique era tan evidente (y urgente) que sólo podíamos elucubrar sobre cuándo, cómo y a manos de quién pasaría al otro barrio.

También lanzo una pregunta: ¿no hemos abusado demasiado, en los últimos años, en ésta y otras series, de la muerte como un recurso demasiado fácil para conmocionar al espectador? Por mucho que estuvieran justificadas, reconozco que en el tramo final sucedió con una de mis series favoritas, “Sons of Anarchy”, y pienso en… no sé, “The Walking Dead”, y caigo en la cuenta de que parece que ya no saben hacer un buen capítulo si no es prescindiendo, si puede ser de forma efectista cuando no tramposa, de parte de su elenco, como si la calidad de un episodio se midiese en función del número y entidad de bajas. Hay series extraordinarias que funcionan de maravilla sin necesidad de andar mandando al paro constantemente a sus actores. Y cuando se hace, siempre debe ser en beneficio de la historia que estés contando. En ese sentido, creo que con “Juego de tronos” no hay que tener prisa. Nos vamos a cagar en la octava temporada.

Muertes y tetas. Muchos se han limitado a describir “Juego de tronos” con esas dos palabras durante todos estos años, cuando sabemos que hay mucho más. Pero es cierto que han sido dos ingredientes indispensables de la receta, una receta que los que ya habíamos visto “Roma” o “Deadwood” sabíamos que no era la primera vez que la HBO nos la ponía encima de la mesa. Y muy bien, también ha sido parte de su éxito, pero no negaremos que un alto porcentaje de los desnudos y el folleteo que hemos visto en la serie ha sido bastante gratuito. Ahora que vamos a lo que importa, y la acción prima sobre todo lo demás, tiene sentido que igual que tenemos menos secuencias de largos diálogos y complejos tejemanejes también se hayan reducido las escenas de fornicio porque sí. Pero es que hemos seguido teniendo de eso, ¿o no? A lo mejor soy yo el que ha soñado con las tetas de Missandei (bueno, es probable que lo haya hecho) y Gusano Gris haciéndole un cunnilingus, o con Cersei bajando también al pilón con su hermano Jaime y levantándose a la mañana siguiente como su madre la trajo al mundo… El colmo de los colmos es un ‘artículo’ titulado “¿Dónde se ha metido el sexo en ‘Juego de tronos’?”, que podía encontrarse en la portada digital del diario de mayor difusión de este país: el autor acaba reconociendo la existencia de estas escenas, pero se queja amargamente de que se resuelvan en elipsis… ¿Perdona? A lo mejor si el redactor anhelaba ver a Jaime terminando en el rostro de su hermana, igual debería estar mirando otras cosas. Hay muchas páginas en Internet y son gratis. Pues eso.

Arya abriendo la temporada aniquilando a la Casa Frey, los dragones llegando a Poniente, Lyanna Mormont haciendo de Lyanna Mormont, la tan anhelada muerte de las Serpientes de Arena, los Stark regresando a casa, Drogon calcinando ejércitos, el numerito montado por Arya y Brienne en el patio de Invernalia, Davos soltándole a Gendry el chistaco más repetido durante años por el fandom, Drogon saludando a su primo Jon Nieve, la reunión de siete de los personajes más molones en un supergrupo (Los Siete Magníficos, el Escuadrón Suicida, los Vengadores, el Equipo A… ¿alguna ocurrencia más?), los dragones batallando más allá del Muro, la caída de Viserion… y la season finale, “The Dragon and the Wolf”, en su totalidad, con tantos y tan esperados encuentros y reencuentros, la ejecución de Meñique (¡que lloriquea como un crío!), Theon echándole huevos, Jaime mandando a la mierda a Cersei, la revelación final de quién es realmente Jon Nieve, a partir de ahora Aegon Targaryen gracias a Bran, Sam ¡y Gilly!, y el Rey de la Noche calcinando el Muro volando a lomos de Viserion (o como le han rebautizado por ahí, Viserioff). No, no se puede negar que en esta séptima temporada Benioff y Weiss han puesto todo su empeño en hacernos babear a los fans como nunca… Yo no creo que todas estas escenas, que ya se nos quedarán grabadas en la retina para siempre, sean gratuitas, así que estupendo, y si alguna lo ha sido, pues estupendo también. No sé en qué momento se convirtió en un crimen intentar dar placer a los fans, cuando además éstos han sido unos fans muy pacientes. Aún más perplejo me deja que, por este motivo, se acuse a “Juego de tronos” de haberse convertido en una serie mainstream… Ninguna cadena, ni siquiera la HBO, pone en marcha una de las producciones televisivas más caras de todos los tiempos para que la vean cuatro gatos (acordémonos de nuevo, y lloremos, por “Roma”). Y a mí, dame ‘Dracarys’ y llámame tonto.

La mayoría de las ficciones, del medio o el género que sean, tienen algún tipo de componente romántico porque, básicamente, hay pocas cosas que sean más inherentes al ser humano. En “Juego de tronos”, cualquier acercamiento o relación sentimental entre algunos de sus personajes se escudriña hasta el límite y la cosa se nos puede acabar yendo un poco de las manos. Es el ‘shippeo’ o el ‘antishippeo’ llevado hasta sus últimas consecuencias. Hablo de esos espectadores, que probablemente aún tengan la foto de Oona Chaplin clavada en una diana para jugar a los dardos, retorciéndose de rabia ante otra recaída de Jaime en brazos de Cersei (¡eso no se le hace a Brienne!), o arrancándose mechones de pelo con cada nueva entrega del Gusandei, mientras otros especulan con cosas tan peregrinas como un lío entre Davos y Missandei (¿Davosdei?) o entre Jon y Gendry (¿Jondry?) o entre Arya y Gendry (¿Genrya? ¿Aryndry?)… Y luego está (¿o estaba?) lo de Tormund y Brienne, que a todos nos hace muchísima gracia, y lo de Sam y Gilly, que a nadie molesta. Pero si hay una cuestión de estado que divide en dos bandos irreconciliables a los seguidores de “Juego de tronos”, esa es el JONERYS, aunque por eso mismo se merece un capítulo aparte.

El rollo culebronesco siempre ha sido parte de la gracia de la serie, y a mí incluso no me hubiera importado que en algún momento hubieran añadido un poquito más de picante al asunto. Esta temporada, aunque en realidad no haya pasado gran cosa más allá de Esa Gran Cosa, sí debemos agradecerle a “Juego de tronos” sus impagables Lecciones Avanzadas de Ligoteo en Poniente, o Cómo Meter la Caña en Tiempos de Guerra, que seguro que a muchos y muchas les habrán resultado especialmente útiles en esta época estival, más aún con la llegada de tanto foráneo y foránea a nuestras ciudades, pueblos y costas. Desde frases tan sutiles como «Desde pequeñito siempre he soñado con casarme con la chica más guapa del mundo» o «¿De dónde eres? No consigo reconocer tu acento… Ah, pues nunca he estado, pero he oído que es muy bonito», a otras algo más directas y cañeras, como «Una invasión extranjera está en camino…» o el clásico de los clásicos, que nunca pasa ni pasará de moda: «Vente pa la cueva, que te quiero enseñar una cosa». ¿Puede alguien, ahora, dudar de su eficacia?

Con millones de defensores y aún más millones de detractores, el Jonerys ha sido el gran tema de discrepancia entre el fandom desde hace ya un buen puñado de años. Que los dos grandes protagonistas de la serie, los que siempre se ha dicho que encarnarían el ‘hielo’ y el ‘fuego’ a los que alude el título de la saga literaria, acaben juntos como pareja tiene muchísimo sentido desde la lógica argumental. Y en un contexto medieval en el que los matrimonios sirven para forjar estrategias y alianzas políticas y militares, difícilmente se nos ocurriría un enlace más provechoso que éste (como bien nos recuerda Meñique). Y ambos son jóvenes, y están de muy buen ver, coño. Pero precisamente ése es el principal argumento de los ‘haters’ del Jonerys, que “Juego de tronos” siempre se ha distinguido por evitar el camino más fácil, y ha tratado de distanciarse de otras ficciones que a la hora de la verdad suelen optar por la decisión más evidente y predecible. Las expectativas sobre esta séptima temporada eran aún más enormes porque sabíamos que habría de despejarse la duda que tanto atormentaba a los espectadores y, especialmente, a los lectores. Las cosas han ido como han ido, y si he llegado a escuchar a algunos de los mayores críticos del Jonerys reconocer que, una vez que había que resignarse a que sucediera, lo habían acabado haciendo de forma bastante digerible y tolerable, será porque así habrá sido. El título “The Dragon and the Wolf” presagiaba que dejaríamos atrás el ‘Jonerys is coming’ para abrazar el ‘Jonerys is here’, como así fue, aunque en realidad el título también se refiriese a Rhaegar y Lyanna… Y es que menuda se ha montado, y la que se va a montar, cuando se descubra todo el pastel. En fin, que ya no hay vuelta atrás. Cada uno habrá creído ver muchísima o nula química entre ellos, habrá quedado más o menos convencido con el acting de dos de los intérpretes más cuestionados de la serie, Kit Harington y Emilia Clarke, habrá celebrado o censurado las líneas de diálogo escritas por los guionistas, pero es lo que hay. Aún queda por saber cómo se resolverá todo, pues los más dolidos ahora pueden sentirse los más dichosos en la próxima temporada, o a la inversa. Aunque el gran dilema ahora se centra en si el Jonerys será también una realidad en los libros, pero eso sólo Martin lo sabe… o igual ni eso.

Con filtraciones o sin filtraciones, con spoilers o sin spoilers, eufóricos o cabreados como monos, creo que todos estaremos de acuerdo en que se ha hecho muy, muy raro haber visto “Juego de tronos” en verano. Acostumbrados durante seis temporadas a disfrutarla durante diez semanitas en los meses primaverales, este año nos hemos sentido bastante descolocados, casi como si nos hubieran cambiado las Navidades de fecha. Y para muchos incluso habrá resultado una tarea ardua y complicada haber tenido que seguir la serie entre mediados de julio y finales de agosto. Aunque ya tuviéramos algo de experiencia con esa doble temporada final de “Breaking Bad”. Puede que ya hayan quedado atrás esos tiempos en los que el verano estaba reservado en el plano seriéfilo sólo para cositas menores, pero las vacaciones (para quien las tenga) no dejan de ser unos días muy propicios en los que viajar con el disco duro petado hasta los topes para ponerse al día con faenas pendientes y tarea atrasada… Y que en cambio la serie del momento, esa que cualquiera te puede spoilear vilmente y a traición incluso antes de que se emita el capítulo de turno, te pille en el pueblo o en el apartamento de la playa con poca o nula conexión con tus redes de visionado habituales, ha tenido que ser un verdadero suplicio para más de uno.

En el plano personal, uno no ha tenido ese problema pero sí otros, pues éste ha sido un verano extremadamente penoso y cabrón que, como daño colateral, le ha impedido moverse ni un solo día de su casa en Madrid. Y ahí “Juego de tronos” ha cumplido a la perfección el que debería ser su fin último, que no es otro que servir de vehículo de evasión, durante una horita a la semana, de la dura realidad. En mi caso puedo decir que ha sido más de una horita semanal, pues esta séptima temporada ha sido aún más apasionante y maravillosa gracias a la escucha, después de cada capítulo, de muchos y muy variados podcasts (algo que ya se está convirtiendo en un hábito con casi todas las series), desde el rigor y la erudición de ‘Podcast de Hielo y Fuego’, pasando por el desenfado de ‘Dragones en un tren’, ‘Radio Invernalia’ o ‘Críticas sobre la marcha’, hasta el descojone máximo de ‘Misión de audaces’ y, sobre todos y todas, las Putas Amas de los Siete Reinos, las Goonies y su ‘Juego de tronadas’.  Si un modesto blog como éste también puede aportar su granito de arena para enriqueceros la experiencia, nos damos por satisfechos. Porque lo mejor de “Juego de tronos”, y al final viene a ser lo más importante, es que es un viaje que no hacemos solos, pues es una pasión que podemos compartir con millones de personas, ya sean vecinos de nuestro barrio o desconocidos en el rincón más remoto del planeta. Yo estoy convencido de que el desenlace, que aunque ahora nos parezca muy lejano ya está a la vuelta de la esquina, nos podrá dejar extasiados o cabreados, pero sobre todo inmensamente tristes y vacíos. Al menos sabemos que cuando llegue lo disfrutaremos, sufriremos y lloraremos muy bien acompañados.

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10 comentarios leave one →
  1. 29/08/2017 11:03

    Buenísimo!!!

  2. Niniogorila permalink
    29/08/2017 15:07

    Primero que nada: este post ha enriquecido mi experiencia, ya que tras leerlo me he reconciliado un poco con el capítulo final.

    ¿Cual ha sido mi experiencia con la séptima temporada? Me ha gustado mucho hasta el episodio final. Me esperaba otra cosa…más giros, más sorpresas. En definitiva, me esperaba algo parecido al mejor episodio de la serie, el 6×10. Vale, superar eso era muy difícil, pero hasta el 5×10 me gustó más. Me gustaban esos episodios frenéticos de infarto en el que remataban todo con giros sorpresivos. Este año la sensación que me ha dado es de…una temporada rematada con un capítulo final que, si bien ha sido muy bueno, no lo veo como episodio final de temporada. La escena final no me evoca nada. Todos sabíamos que los caminantes pasarían el muro…si no ¿cuál hubiera sido la amenaza?

    Aún así, el episodio está muy bien construido y narrado, y nos ha brindado una de mis escenas preferidas…la muerte de Meñique.

    Por lo demás, no comparto la opinión de los ‘haters’ que dicen que Juego de Tronos ha renunciado a su estilo. Este nuevo ritmo que sigue ahora la serie se atisbó ya en la sexta temporada (para mi la mejor). Y vaya…yo creo que esta temporada lo más que ha tenido ha sido juego de estrategias, posicionamientos, incluso hasta algo de filosofía política si me lo permiten, conspiraciones, traiciones, interior de personajes. JUEGO DE TRONOS EN ESTADO PURO.

    Entiendo que a algunos les choque la reducción de las tramas, pero vaya, han seguido el esquema propio de la serie, no sé de qué diablos hablan.

    Eso sí, no me convence nada el tema Jonnerys, pero como bien se dice en este artículo, en un mundo ambientado en la época medieval es más que lógico un matirmonio como alianza.

    Por lo demás, que buenos han sido los conflictos internos de Jamie, Tyrion, Sansa, Cersei, Daenerys y Jon Snow, por nombrar algunos. Si no han disfrutado con esto, es que no han captado la esencia de la temporada. Y amé esa trama entre Sansa y Arya, con ese final sorpresivo y el episodio de más allá del muro. La muerte de Vyserion ha sido mi WTF más grande, junto con la boda roja y la explosión del septón supremo.

    • Rodrigo Martín permalink*
      29/08/2017 15:27

      Muchas gracias por tu comentario, Niniogorila. Estoy MUY de acuerdo con casi todo lo que apuntas, aunque a mí si me gustó mucho el último capítulo. Y aunque la última escena estaba cantadísima (se lo predije hace meses a un compañero de este blog, aunque tampoco tiene mucho mérito), sí me ha parecido espectacular cómo lo han hecho. De todas maneras, con lo que más me quedo es con que el post haya podido enriquecer tu experiencia, si lo dices en serio. Un abrazo!

  3. El Olonés permalink
    31/08/2017 14:49

    Buenas tardes Rodrigo,

    Mientras seguía la temporada no había leído nada, algo que es fácil rodeado de mar por todas partes.

    Es cierto que en esta temporada hay un cambio tocho de ritmo que descoloca un poco, todo a fuego lento y de pronto te topas con el mogollón precipitándose sobre ti. Yo soy de los que he disfrutado de ese fuego lento y de esas tramas secundarias que a veces no llevaban a mucho, puede ser, pero a mí esa amplitud y extensión del mapa me ha encantado en toda la serie. Eso de…”¿y éste por dónde andaba? Ah, sí, en…”. Ahora todo está concentrado y todo va a toda velocidad.

    Pese a ese descoloque he de reconocer que te compro el argumento de que nos acercamos al final y es lo que toca si se tiene que empezar a cerrar la historia. Me has convencido un poco con eso de que estamos en el tercer acto.

    También creo que hay personajes que se han ido apagando demasiado, como es el caso de los mismísimos Tyrion y Jamie Lannister, de hecho nuestro querido enano se nos ha caído en mi opinión en peso, pero sobre todo en chispa y en agudeza.

    También me rechinó mucho todo el asunto del penúltimo capítulo, con los supersónicos corredores, cuervos y dragones, la aparición de Benjen Stark y la calcada salvación in extremis de Jon Nieve y Jamie Lannister. O los dos o tres secundarios metidos descaradamente a propósito para ser ejecutados en la aventura del dream tem más allá del muro. Lo raro es que no matara a Tormund, después del continuo maltrato al pueblo salvaje que he sufrido en toda la serie.

    En fin, cositas que no quitan que el capítulo final me haya parecido tremendo, el fin de Meñique ha sido enorme, como también el final del muro.

    Y que Juego de Tronos me sigue pareciendo un espectáculo con el que me lo paso tremendamente bien. ¿Qué más se puede pedir?

    Un saludo cordial de

    El Olonés

    PD: Confío en que ese penoso y cabrón verano vaya terminando para ti y tenga posibilidad de arreglo.

  4. Asier permalink
    31/08/2017 15:15

    Fantástico post.

    Aunque tengo que reconocer que no tengo la capacidad de relativizar y de ser equitativo que tú tienes. Yo no soy hater, aunque mucho menos lover de esta temporada. Y tengo que decir que amo Juego de Tronos como culebrón y espectáculo (me la he calzado ya dos veces enterita hasta la sexta). Pero es que el final de la pasada temporada me dejó tan buen sabor de boca que, a pesar de saber que tenía que ir a concluir y por lo tanto dejarse de pausas, viajes y contemplaciones, esperaba al menos una mayor coherencia con sus propias reglas de juego y sobre todo, una trama con menos agujeros.

    La temporada ha sido una gozada a nivel visual, probablemente el mayor espectáculo jamás producido para televisión (¡esos dragones!) Además, siguen como dices las buenas interpretaciones de algunos grandes actores y personajes muy carismáticos, así como muchos diálogos de los que te dejan la sonrisilla de gusto en la cara.

    Pero, por desgracia, ha habido demasiada magia espacio-temporal (el alucinante viaje de los unsullied a Casterly Rock o la sonrojante maratón de Gendry como muestra), demasiadas decisiones estúpidas de los personajes, deus ex machina a cascoporro y, lo peor, dos tramas absurdas (un plan sin sentido que terminó como el rosario de la aurora y una telenovela de segunda en Winterfell) que me han caído como jarra de agua fría y me han desenamorado de golpe. Simplemente, tras dos temporadas casi perfectas (la 4 y la 6) y otras cuatro muy muy disfrutables, no entiendo cómo se han podido cometer tantos errores de bulto. Sí, soy de los que no pudo parar de pensar en esas cadenas gigantes especialmente diseñadas para rescatar dragones del fondo del lago helado. Ese tipo de detalles me han sacado de la trama.

    O yo qué sé. Quizás sea demasiado tiquismiquis. Al menos sabemos que va a terminar como todos esperamos y no nos quedaremos con cara de Lost.

    P.D.: Muchas felicidades atrasadas ;)

  5. 31/08/2017 18:50

    Gracias Gracias Gracias y Gracias por esto! por escribir algo tan necesario… Gracias en serio Gracias!

  6. Martí permalink
    31/08/2017 19:36

    Esto qué es, ¿el escrito de defensa del abogado de D&D? jajaja Lo digo medio en broma pero aunque el análisis es bueno te pasas la mitad del tiempo defendiendo cada error que se les ha criticado y justificándolo. Yo personalmente he disfrutado de la temporada, porque los personajes y la base de la historia son muy sólidos y la realización de la serie es maravillosa pero me ha chirriado bastante a nivel de guión, tenía que “apagar el cerebro” demasiadas veces para disfrutar de la serie y eso antes no me pasaba tanto. Yo no quiero que me muestren cada viaje en detalle , que bajen el ritmo en este tercer acto o que la serie sea tan verosímil como The Wire pero el surrealismo de los teletransportes y del timing de los acontecimientos se ha desbordado hasta extremos casi insoportables para mí. Si a eso le sumas que ha perdido parte de su ADN al salvarse siempre y por los pelos casi todos los personajes importantes en situación de peligro… Eso es muy fantasía clásica y muy poco GoT, que había construido parte de su identidad rompiendo esos clichés y haciéndonos saber que nadie está nunca a salvo. No pido muertes gratuitas sino mantener ese realismo interno que caracterizaba la historia: los peligros son reales y tienen consecuencias para cualquiera. Demasiados personajes que sabías que eran intocables, casi todos. Y lo de los giros imprevisibles, yo creo que se nota que ya no tienen la obra de GRMM de referencia y aunque D&D hacen una labor muy buena en bastantes aspectos no tienen su talento ni de lejos, sobretodo como guionistas. Con esos giros me refiero a lo de Ned, la Boda Roja etc. etc. etc… no a la bastante absurda conclusión a la trama de Arya en Braavos. Para mí esto hace perder puntos de calidad a la serie, se nota que es más mainstream que en sus inicios, con esos toques hollywoodenses. Me espero mucho más de los libros a nivel de calidad argumental, si salen algún día…

    Aún así, serie muy muy disfrutable esos fallos para mí son importantes y hubieran sido evitables pero no quitan que es una auténtica seriaza y que si le das cierta manga ancha y aceptas esas cosas, la disfrutas como un enano. Como nuestro enano favorito borracho en un burdel. Sigue teniendo mil virtudes mucho más grandes que los fallos y que bien comentas en esta review de la temporada. Me ha gustado leerla, aunque discrepe en cosas. Un saludo!

  7. Cao Wen Toh permalink
    10/09/2017 1:41

    Tengo más reparos a la trama, pero el principal es éste: les regalan un dragón a los caminantes blancos para que éstos puedan derretir el muro, y nadie repara en ello; ni antes, ni durante, ni después.

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