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Nuestro Top 10 de Steven Spielberg

26/03/2018

Es en las últimas horas del día cuando el chat de Whatsapp de vuestro blog favorito echa humo, con comentarios que van desde nuestras impresiones sobre el último capítulo de la serie que estamos siguiendo hasta las expectativas sobre los nuevos proyectos que se avecinan, pasando por un infinito caudal de temas. Y así, sin venir mucho a cuento, una noche de esas nos encontramos haciendo  una exhaustiva disquisición sobre la filmografía de Stanley Kubrick y nombrando nuestras obras favoritas de tan magno director. Como pretendemos que el Cadillac sea fiel resumen de todo aquello que nos sucede en nuestra relación con el arte, coincidimos en que era imperioso trasladar de alguna forma esas apasionantes discusiones al editor de textos y compartirlas con vosotros. De esta fortuita sucesión de hechos procede pues un post novedoso que espera ser el comienzo de una serie que vaya apareciendo cada ciertos meses en vuestras pantallas. Se trata de la elaboración de nuestro ranking particular, confeccionado a partir de los votos de todos los redactores, sobre la obra de algún artista concreto que sea merecedor de tal honor. Y para comenzar hubo pocas dudas de quién debía ser el homenajeado inaugural: el maestro Steven Spielberg.

Grandes directores hay, por fortuna, muchos, pero aquellos que pueden ser calificados como maestros universales se pueden contar con los dedos de una mano. Y, claramente, Spielberg es uno de ellos. Igual que lo pudo ser John Ford para nuestros padres o abuelos y, seguramente en menor medida, pueda ejercer ese papel Quentin Tarantino para las generaciones más jóvenes, para aquellos que nos situamos entre la treintena avanzada y la cuarentena, Spielberg no es sólo un excelente cineasta, es esa persona que nos abrió de par en par las puertas del cine como nuestro espectáculo favorito, como ese pequeño oasis mágico en el que guarecernos de los sinsabores cotidianos, el que, en definitiva, convirtió el Séptimo Arte en uno de los elementos troncales de nuestras vidas. Y lo mejor de todo es que no tenemos que hablar de él en pasado, sino que su incesante actividad nos ha regalado a lo largo de los últimos años numerosas excusas para acudir al cine, algo que se ha acentuado en este 2018 con el estreno casi consecutivo de “Los archivos del Pentágono” -de la que aquí dimos nuestra opinión- y “Ready Player One”, ese regreso tan esperado a la ciencia ficción cuyo inminente estreno pasa por ser uno de los grandes acontecimientos del año. Por ello, el subjetivismo que siempre estará presente en estas listas de favoritos se acentúa especialmente en el caso de Spielberg. Nada tiene que ver hacer un ranking de, por ejemplo, Christopher Nolan, del que ya hemos recibido sus películas en una edad avanzada y como expertos degustadores de ficción, que hacerlo del creador de “Encuentros en la tercera fase”. En este último caso, supone dejar a un lado nuestra faceta más analítica y fría para sumergirnos en un torbellino de emociones, de recuerdos, de primeras veces, ¡sí, de nostalgia!, que, advertimos desde ya, sacará nuestro lado más emotivo a la hora de evaluar sus distintos filmes y escribir sobre ellos. De esta forma se explican omisiones tan dolorosas como las de las estupendas y tan queridas por nosotros “Munich” y “Minority Report”. Pero es que para estar en un ‘top 10’ de Spielberg hay que ser muy, muy buena película y las que vienen a continuación son las maravillas que nos han merecido tan gran honor. Olvidad la hipoteca, la mala cara del jefe y el cabreo por la corrupción que nos invade, desconectad de la realidad circundante y volved a ser aquel niño que cogía el sombrero de su abuelo para emular a Indiana Jones, ese que se tapaba la cara con un cojín cuando veía asomar la aleta dorsal de ese maligno tiburón, el que quiso disimular las lágrimas que le provocó la captura de E.T. por unos desalmados. Lee el ranking de nuestras 10 películas favoritas del maestro… y vuelve a soñar.

10. LA GUERRA DE LOS MUNDOS (2005), por Alberto Loriente

Sí, cuando leáis esto la reacción más probable puede ser el arqueo de cejas. Efectivamente, “La guerra de los mundos” es la inclusión más polémica de este ranking. Y aquí un servidor tiene que levantar el dedo y adjudicarse el mérito/demérito de la elección. Pero uno no ha podido obviar el impacto que le causó el presenciar en la gran pantalla la adaptación de la celebérrima novela homónima de H.G.Wells, de la que es a la vez recreación fiel y pertinente actualización. Si por algo destaca “La guerra de los mundos” es por erigirse como la síntesis perfecta entre las dos diferentes facetas del director de Ohio: si por un lado reverdece el ‘sentido de la maravilla’ de su faceta más reconocible, la del ochentero Rey Midas del cine; por el otro entronca perfectamente con la vertiente más cruda y comprometida que inició con “La lista de Schindler” y que ha marcado gran parte de su producción posterior. Es obvia la importancia de unos fantásticos efectos especiales, pero la cinta va mucho más allá de lo que pueden ofrecer los meros espectáculos palomiteros. Muy característico de toda su obra es un arranque que muestra al ‘hombre común’ -un buen Tom Cruise- enfrentado de repente con lo extraordinario: nada menos que una invasión alienígena a la Tierra. Es en la búsqueda de la supervivencia cuando el filme definitivamente explota: se agolpan las referencias evidentes al 11-S y la posterior respuesta militarizada de EE.UU -a la que Spielberg alude de modo claramente crítico-, mientras que asistimos a la extraordinaria forma de combinar las escenas de multitudes con las más íntimas en apenas una fracción de segundo. Para la historia queda la estremecedora incursión en el asediado domicilio de un inquietante y pletórico Tim Robbins, que concluye con una de las secuencias más violentas y, a la vez, elegantes de la carrera de Spielberg. Pero, sobre todo, “La guerra de los mundos” es la mirada asombrada de la magnética infante Dakota Fanning descubriendo el horror en escenas tan impactantes como el tren en llamas o ese río que pasa de transportar miles de cadáveres a teñirse de un vivo color sangre. Cierto es que sobra, y mucho, ese complaciente final feliz familiar, pero no llega a enturbiar las múltiples virtudes de la que la prestigiosa ‘Cahiers du Cinema’ consideró octava mejor película de la primera década del siglo XXI. Ahí queda eso.

 

9. A. I. INTELIGENCIA ARTIFICIAL (2001), por Sergio Almendros

Como ya hemos dicho líneas más arriba, cuando nos decidimos a elaborar un ranking con nuestras películas favoritas de Steven Spielberg las variables de la emoción y la nostalgia jugaron un papel más que importante. Con esta apreciación mediante, la elección de “Inteligencia Artificial” no puede estar menos conectada con esas irreflexivas sensaciones. En un ámbito similar al que nos hemos encontrado al acometer “La Guerra de los Mundos” y prometiendo que “las que todos esperamos” vendrán más adelante, “Inteligencia Artificial” guarda en su ser un poco de esta lucha entre el sentimentalismo y el raciocinio y, por supuesto, entre lo natural y lo artificial. Si bien la cinta podría ser perfectamente tres películas individuales, en general y en especial en su primer tercio, ese conflicto con lo que llega al corazón pero a través de la mente es parte primordial de su propuesta. Y me centro en esa primera parte del metraje ya que es, a todas luces y casi sin discusión, lo mejor de la película y, lanzando un órdago, de los mejores minutos en la filmografía de Spielberg, unos minutos que llenaron los ojos de medio mundo con la esperanza de estar ante su primera gran obra maestra en el siglo XXI. Que fuera el primer título del director en el recién estrenado milenio también tuvo su importancia, y es que el bueno de Spielberg no dudó en imaginar el futuro ¡cuando acabábamos de llegar a él! Porque, siguiendo hilvanando conceptos, la cinta se estrenó en el año 2001, el año de aquella odisea espacial imaginada mucho antes por un tal Stanley Kubrick. Y como ya sabréis, “Inteligencia Artificial” era un proyecto del propio Kubrick, quien en su perfeccionismo infinito no llegó a cuajar. Entonces llegó a las manos del Rey Midas del cine y la magia volvió a florecer. Sin querer imaginar cómo hubiera sido la película dirigida por Kubrick, lo que es indudable es que Spielberg le supo dar su magia (al menos en su primera mitad), esa genialidad que consigue tocarte el corazón a base de destellos de genialidad, con un buen puñado de escenas que te dejan helado, si bien es de reconocer que según encara el film su tramo final, lo que te deja helado es su tibieza y ciertas concesiones al sentimentalismo más evidente. Pero aun así, a pesar de sus debilidades, lo bueno de “Inteligencia Artificial” es tan bueno que bien se merece un puesto entre sus mejores películas. Y eso es mucho decir.

 

8. PARQUE JURÁSICO (1993), por Irene B. Trenas

Todo y nada puede salir mal cuando hay dinosaurios de por medio y “Jurassic Park” es una de mis cintas predilectas de Spielberg, sin rodeos ni pudor alguno. Lo de jugar a ser Dios ha sido tema recurrente en el género desde su germen mismo, y si Mary Shelley diera a luz a un Doctor Frankenstein despojado de empatía y ávido de poder, Michael Crichton volvería a centrar el foco de su discurso en el arma de doble filo que es la ciencia. Un arma que puede arrancar cabezas con sus afilados dientes. No es de extrañar que el director que hoy ocupa la portada del Cadillac quisiera llevar a la gran pantalla un relato tan atractivo como este, con unos escenarios tan propicios para un buen blockbuster y unas criaturas tan hambrientas como las que pueblan el parque temático. Y a mi juicio le salió de maravilla, con los malos muriendo en las garras de los carnívoros, unos efectos especiales de espectáculo, una banda sonora maravillosa y unos personajes con los roles tan marcados como los de un cuento con moraleja. Sus trepidantes escenas, la publicidad más que efectiva y un reparto jugoso hicieron de esta película un éxito en taquilla que no sólo superaría a “La guerra de las galaxias”, sino a aquel filme entrañable del extraterrestre bonachón que ya recaudara más que el bombazo de George Lucas. Un éxito palpable, además, en la salida al mercado cinematográfico de sus dos secuelas, bastante menos ambiciosas en su narrativa, y en las actuales entregas de “Jurassic World” emplazadas en el mismo universo. No se puede concebir el cine de ciencia ficción de los noventa sin esa isla remota donde los herbívoros alzaban sus cuellos, los velocirraptores devoraban vacas y los T-Rex pisaban con un andar terrorífico. “La vida siempre se abre camino”.

 

7. SALVAR AL SOLDADO RYAN (1998), por José Manuel Loscertales

El mismo año que perdíamos a Stanley Kubrick, el año del Óscar a “Shakespeare in love”, el año que Roberto Benigni se apoyaba en los hombros del gigante al que rendimos homenaje en esta entrada; Spielberg nos regalaba una de las más grandes películas bélicas de la historia. Título que le aportaría su segundo Óscar como director y que, además, coincidiría en taquilla con otra de las grandes películas bélicas de la década: la más espiritual “La delgada línea roja” de Terrence Malick. Basándose ligeramente en la verdadera tragedia de los hermanos Niland; Spielberg aleja el protagonismo del personaje de Ryan, para situar la historia en un punto mucho más interesante: los ocho soldados que tendrán que rescatarlo del frente. Comandados por el capitán John Miller, todos ellos avanzarán por el frente francés mientras se cuestionan la necesidad de esa misión. Sin embargo, esa reticencia inicial a la misión se irá convirtiendo poco a poco en una convicción. Los ocho creerán firmemente que Ryan bien merece arriesgar sus vidas tanto como la toma de un punto estratégico, pues ese soldado y esa misión pueden acabar siendo lo único decente que hicieron en la guerra. “Salvar al soldado Ryan” refleja el sacrificio, no sólo el de un pueblo que entrega a sus hijos a un conflicto alejado de sus fronteras; sino el de un grupo de ocho personas que acaban viendo en ese anónimo soldado Ryan su última esperanza de ganarse el derecho de volver a casa y reunirse con los suyos. De salir de ese horror. De intentar vivir dignamente y preguntarse al final de sus días si consiguieron sobreponerse a los horrores vividos y, a pesar de sus terribles acciones, consiguieron ser buenas personas. Como dijo Benjamin Franklin “nunca hubo una buena guerra, ni una mala paz”.

 

6. INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA (1989), por Rodrigo Martín

¿Cuál es la mejor película de Indiana Jones? Descartada de forma unánime la cuarta entrega, que algunos querrían incluso borrar del canon, y con pocas posibilidades de hacerse con tal honor la muy reivindicable “El templo maldito” (si fuese por un servidor habría entrado en este top 10), la mayoría de los fans se decantarán por “En busca del arca perdida”, como así ha sucedido de hecho en esta lista consensuada entre seis cabezas. Nada que objetarle a la cinta fundacional no sólo de la saga y del personaje, sino de casi todo el cine de aventuras de los años 80 y décadas posteriores. Pero aunque sea casi como elegir entre papá y mamá, algunos nos quedamos con “La última cruzada”. En parte por motivos sentimentales, pues por edad fue la primera película de Indiana Jones que el autor de estas líneas pudo ver en una sala de cine, con diez añitos, y tiene un recuerdo muy vívido de aquella tarde maravillosa. Pero es que el cierre de la trilogía (ejem) contaba con una bala infalible que no tenían sus predecesoras: Sean Connery. Su nombre en el cartel al lado del de Harrison Ford suponía juntar a dos de los actores más carismáticos y amados por el público de la historia del cine, probablemente en su momento de mayor popularidad. Y para redondear la jugada, un joven River Phoenix, llamado entonces a ser la gran estrella del futuro, encarnaba a un Indy adolescente en un prólogo prodigioso que valía más que cien precuelas juntas, pues en apenas diez minutos nos desvelaba cómo nuestro héroe se iba haciendo con sus señas de identidad más reconocibles: su sombrero, su látigo, su pánico a las serpientes e incluso la cicatriz de su barbilla. Partiendo de ahí, todo lo demás funciona como un tiro. La acción funciona. La intriga funciona. Los continuos golpes de humor funcionan. Y así hasta llegar a un clímax que, ahí no admito ninguna discusión, es el mejor cierre que hayamos visto nunca en una peli de Indiana Jones. Sí, “La última cruzada” no hacía más que repetir la misma fórmula que tan espléndidamente había funcionado en los dos filmes precedentes, pero en mi opinión aquí se alcanzaba la perfección. Y no sólo no envejece ni un ápice, sino que si la comparamos minuto a minuto con, por ejemplo, ese “Reino de la calavera de cristal” de 2008, gana por una escandalosa goleada.

 

5. TIBURÓN (1975), por Jorge Luis García

El primer gran éxito de Spielberg fue también uno de los grandes game changers de la historia de Hollywood. Fue la primera película que superó la barrera de los 100 millones de dólares en la taquilla USA y la que inauguró la era del blockbuster veraniego y el merchadising a discreción. Por eso mismo también se la acusaría (a ella y a “Star Wars”) de acabar con el Nuevo Hollywood de los 70 y la época de los autores. Es un poco irónico porque Spielberg y Lucas formaban parte de la cuadrilla de Coppola, Scorsese y De Palma, con la diferencia de que fueron ellos dos quienes dieron el gran campanazo comercial. Es un tanto simplista responsabilizar a “Tiburón” de la posterior vulgarización de las superproducciones hollywodienses, sobre todo cuando más de 40 años después sigue siendo un clásico con mayúsculas. Uno en el que Spielberg supo hacer de la necesidad virtud, puesto que tuvo que agudizar el ingenio para solucionar cada uno de los problemas que le iba planteando un rodaje infernal, penoso, inacabable y caótico. Que el tiburón mecánico se estropeara una y otra vez le obligó a utilizarlo lo menos posible, apostando por el “menos es más” y adentrándose en el terreno de la sugestión y la sugerencia. “Tiburón” demostró que lo que no se ve pero se intuye (los bidones, el muelle arrastrado, la célebre partitura en ostinato del maestro John Williams) dispara nuestra imaginación con mucha más efectividad que lo evidente. Con los medios de hoy, se habría hecho de otra forma, y seguramente sería un filme peor. En la primera mitad Spielberg combina deliciosamente el costumbrismo doméstico de un pequeño pueblo turístico amenazado por un escualo asesino con un sentido del suspense digno de Hitchcock. Y en la segunda parte se entrega a la épica del cine de aventuras con un toque de terror con la angustiosa batalla en alta mar entre el monstruo y un trío de cazadores mal avenido. Y todo ello trufado con secuencias tan míticas como la de la bañista solitaria del inicio o el acongojante monólogo del USS Indianapolis de Robert Shaw. Contaba François Truffaut que Hitchcock se preguntó tras verla cómo iba a superar ese joven cineasta su propia película. El gran “Hitch” ignoraba que “Tiburón” era sólo el principio.

 

4. ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE (1977), por Rodrigo Martín

Si fuiste niño en los años 80 y, como a la mayoría, te flipaba el cine de ciencia ficción, seguro que pasaste tus años mozos gozando en bucle con cositas como “E. T. El extraterrestre”, “Star Wars”, “Superman”, “Regreso al futuro”, “Terminator”, “Aliens”, “Cazafantasmas”, “Los inmortales”, “Depredador”, “Robocop”… La lista sería interminable e incluiría seguro muchos títulos que ahora nos harían sonrojarnos. Sin embargo, es probable que entonces se te atragantasen películas como “Blade Runner” o “Encuentros en la tercera fase”, y que no las valorases como se merecían hasta la adolescencia o incluso la edad adulta. Yo debí ser un crío muy raro, pues recuerdo haberlas visto siendo muy, muy pequeñito, y haber caído fascinado por ambas al instante. Aunque no las entendiese como, sin duda, podría hacer ahora. La cinta de Spielberg sería, aún de forma más evidente, puro “veneno” para cualquier infante por su falta total y absoluta de escenas de acción, e incluir además una secuencia tan terrorífica aún vista hoy en día como la abducción del pequeño Barry. Y sin embargo, o debido a ello, a mí me cautivaba de principio a fin porque, aunque fuese ya consciente de que era una película, me la creía totalmente. Y lo sigo haciendo, pues 40 años después no ha perdido nada de su vigencia e impacto, y aunque no comulgue con conspiranoias o el rollo ufológico el film me parece incuestionablemente plausible. No estamos ante un derroche de fantasía desbordante como en muchos de los títulos citados más arriba. Nada de lo que sucede en “Encuentros en la tercera fase” es real y sin embargo, en el improbable supuesto de ser visitados por seres de otros planetas, podría serlo. Quizás por eso, por unos personajes dolorosamente cercanos, unas interpretaciones impecables (incluída la de ese niño de tres años, mérito absoluto del director), un tempo medido con mano maestra por Spielberg y la apabullante música de John Williams, la cinta tenga ese halo tan único y especial que yo al menos no he encontrado en ningún otro film. Puede ser, también, el título más decisivo y trascendente en la carrera de Spielberg, pues su éxito confirmó que lo de “Tiburón” no fue un golpe de suerte y le permitió acometer casi de inmediato esas “En busca del arca perdida” y “E.T.” (gestada en principio como una secuela de ésta) que le convertirían en el indiscutible Rey Midas de Hollywood.

 

3. E.T. EL EXTRATERRESTRE (1982), por Irene B. Trenas

Que casi cuatro décadas después de su estreno estemos hablando de “E. T. El extraterrestre” como de un filme de culto no es ninguna sorpresa. Hay una razón por la que, cuando me puse manos a la obra en la elaboración de mi lista personal para este post de Spielberg, diera al pequeño extraterrestre más importancia que a las demás: fue la primera película de ciencia ficción de la que me enamoré. Yo era una niña muy niña, los ochenta se estaban despidiendo de nosotros y mis gustos ya comenzaban a apuntar maneras de rarita. Pero es que “E.T.” era magia, es magia y seguirá siendo magia. Una magia alienígena familiar y para todos. Los primeros nudos en la garganta de muchos pequeños y pequeñas. La preadolescencia escenificada. Lo que hace de esta cinta algo con tanta alma es el hecho de funcionar como una fábula donde existen los buenos y los malos y donde la amistad es el mejor arma para ganar todas las batallas y volar tan alto como la luna en bicicleta. Cuántas ilusiones vieron la luz en la lágrima de Elliott, en las composiciones a las que dio vida John Williams, en ese ser que sólo quería llamar a casa. Se dice que el propio Steven Spielberg en la edad de la inocencia se ayudó de su propio catálogo imaginario para superar la dificil etapa de divorcio de sus padres y que uno de sus compañeros era de más allá del globo terráqueo. No es de extrañar que el niño de corazón puro y mirada tierna que protagoniza esta historia sintiera una conexión con su extraño amigo más allá de todo lo palpable. Tampoco es de extrañar que un relato tan pleno de empatía alcanzara el éxito que llegó a alcanzar en su propio tiempo, superando en taquilla incluso a la propia “Star Wars”, algo que en este momento, en la era del merchandising y el fanatismo apasionado que nos encanta profesar, se nos antoja inconcebible. Sea como sea, la sombra de esta película es alargada y sigue muy presente en la ficción actual y dentro del género. Sin ir más lejos, una de las series más aclamadas de los últimos años, imprescindible en el Cadillac, bebe sin miedo de su discurso, sus moralinas y personajes. Hablo, por su puesto, de “Stranger Things”. Bienvenida sea la nostalgia cuando queremos que nos inunde. Antes de marcharse a casa.

 

2. EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA (1981), por Jorge Luis García

Cuando supe que yo sería el encargado de escribir unas líneas sobre “En busca del arca perdida” en el Cadillac corrí a revisarla otra vez. Hacía ya años que no lo hacía y quería comprobar de primera mano si el paso del tiempo no habría empañado demasiado el recuerdo de aquel mocoso que la alquiló por primera vez en VHS excitado por la promesa de la dependienta del videoclub de que lo iba a flipar. Pues bien, mucho ha llovido desde entonces, pero la primera película de Indiana Jones, la que nos presentó al héroe del sombrero Fedora, el látigo, la cazadora de aviador y la fanfarria inolvidable, sigue pareciéndome la cumbre del género de aventuras en estado puro. Y cuantos más blockbusters perezosos, rutinarios y atiborrados de infografía inundan nuestras pantallas de cine, más se agiganta su leyenda. Su fórmula mágica, tantas veces falsificada y fusilada, sigue sin ser superada. Sin menospreciar los méritos (sino todo lo contrario) de George Lucas y Lawrence Kasdan, es Spielberg quien con su magistral dirección le dota a la cinta de un dinamismo electrizante y una vitalidad encantadora. Ya desde ese prólogo de 12 minutos que es en sí mismo una lección insuperable del mejor cine de evasión y escapismo -y que permite en solo unos pocos apuntes poner al espectador incondicionalmente del lado de ese aventurero al que, al contrario que James Bond, no todo le sale bien-, “En busca del arca perdida” te clava al asiento para no volver a soltarte en un par de horas. No importa cuántas veces la veas. En su época, el ritmo de la cinta era incluso demasiado trepidante porque el espectador no estaba tan acostumbrado a asimilar una situación límite tras otra como si fuera una gozosa montaña rusa. Hoy quizás no resulte tan avasalladora en la acción pero su timing sigue siendo absolutamente perfecto y funciona con la precisión de un reloj suizo. Claro que la película probablemente tampoco habría sido la misma si al doctor Jones le hubiera encarnado Tom Selleck, primer candidato de Spielberg y Lucas, y no Harrison Ford, quien supo separarse lo justo de Han Solo para infundir un carisma arrollador a un arquetipo del género que, lejos de la invulnerabilidad de los action-hero ochenteros, terminaba el día machacado y hecho polvo, pero siempre dispuesto a volver a por más.

 

1. LA LISTA DE SCHINDLER (1993), por José Manuel Loscertales

Decir que esta es la mejor película de Steven Spielberg es decir mucho de ella… y, al mismo tiempo, quedarnos cortos en su definición; pues es difícil expresar la grandeza de este título en todos sus aspectos. La implicación de Spielberg en el proyecto fue absoluta desde el momento en el que cayó en sus manos el libro “Schindler´s ark” de Thomas Keneally. Es, sin lugar a dudas, el título de toda su filmografía al que más unido está sentimentalmente. La redención personal que le permitió dejar atrás aquellos años en los que disimulaba su origen judío. Reconociendo años después que lloró en multitud de ocasiones mientras rodaba, con escenas que a día de hoy aún no ha sido capaz de volver a ver y que necesitó el apoyo constante de familiares y amigos para poder finalizar el film. Renunció a cobrar un sueldo por dirigirla y aceptó la condición que le ponía la Universal de rodar primero “Parque Jurásico” (el montaje de esta lo realizó mientras rodaba en Polonia), componiendo así otro año más en el que Steven presentaba dos títulos en tan solo doce meses. No quiso usar storyboards en el rodaje y se auto-impuso rodar la gran mayoría de escenas cámara en mano para dar el realismo y aspecto documental que buscaba para el título. Reservándose el uso del color sólo para simbolizar la esperanza. Esperanza que se agota como la llama de una vela al comienzo de la película. Esperanza que abriga momentáneamente a esa solitaria niña que deambula por el gueto de Cracovia durante las escenas del desalojo. “La lista de Schindler” le unió definitivamente al director de fotografía polaco Janusz Kaminski. Rodar el holocausto judío sin mostrar la crueldad descarnada que supuso se antojaba una labor imposible; pero Spielberg evitó que el espectador acabara apartando la vista de la pantalla buscando un equilibrio entre las muestras de profunda humanidad y la más absoluta crueldad, obligándonos a recorrer un camino de emociones que encauzaba con maestría en escenas tan diversas como el desalojo del gueto, las duchas en el campo de concentración, la despedida de Oskar o la escena final en la que los actores visitan la tumba de Schindler cogidos de la mano de las personas reales a las que interpretaban. Únicos personajes estos con los que Spielberg nos permite identificarnos, pues mayoritariamente coloca el plano de la cámara más en el lado de los ejecutores que en el de las víctimas, buscando siempre el anonimato de aquellos seis millones de almas que el holocausto se llevó. Ojalá este canto a la esperanza nunca hubiese tenido que ser rodado; pero ojalá alguien ruede un testimonio de estas características cada vez que sea necesario.

 

 

 

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3 comentarios leave one →
  1. 27/03/2018 19:24

    Reblogueó esto en Stories of a color rain.

  2. 21/04/2018 10:32

    Está bien que la Lista de Schindler sea considerada la mejor, pero creo que Jurassic Park debería estar un poco más arriba.

    Al menos envejeció mejor que “Encuentros cercanos…”

Trackbacks

  1. “Ready Player One”: aquí hemos venido a jugar | El Cadillac Negro

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