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“Los archivos del Pentágono” y “Tres anuncios en las afueras”: las dos caras de la justicia

25/01/2018

Ya es oficial: ya podemos decir que 2018 ha comenzado muy bien, cinematográficamente hablando, claro. Los inicios de año suelen ser una buena vara de medir a la hora de juzgar los 365 días completos al plagarse la cartelera de las producciones favoritas en la temporada de premios. Y si nos atenemos a lo que nos han proporcionado los dos primeros grandes estrenos susceptibles de acaparar galardones, podemos esperar un gran 2018. Tanto “Los archivos del Pentágono”, del incombustible Steven Spielberg, como “Tres anuncios en las afueras”, del emergente Martin McDonagh, son razones más que evidentes para pasar una gran tarde de cine.

En un vistazo superficial, parece que pocas películas puede haber más alejadas que las últimas de Spielberg y del director de “Escondidos en Brujas” y “Siete psicópatas”. Sin embargo, una vez disfrutadas salta a la vista su visión diametralmente opuesta y complementaria sobre uno de los temas fundamentales de la sociedad humana: la justicia. Por un lado, “Los archivos del Pentágono” analiza la versión más ‘oficialista’ de la Justicia (sí, la que se pone con mayúscula), es decir, la que utiliza el Estado para dirimir las distintas y múltiples desavenencias que se dan en nuestro convivencia. Concretamente, la cinta protagonizada por Tom Hanks y Meryl Streep demanda una Justicia al servicio del ciudadano y que frene los excesos del Gobierno, algo que, paradójicamente, no es demasiado habitual. Mientras, la justicia en la que se centra “Tres anuncios en las afueras” pertenece a una faceta mucho más íntima e indefinible. Es aquella a través de la cual cada individuo juzga la adecuación de los hechos a su propia visión personal de la vida y, por lo tanto, hay tantas como seres humanos poblamos el planeta. Pero, sin embargo, esta justicia nos marca mucho más en nuestra rutina diaria que lo que lo hace aquella de jueces, abogados y fiscales que centra el filme del Rey Midas del cine.

Parece mentira en un caso como el del director más millonario de las últimas décadas y el paquidérmico Hollywood actual, pero realmente “Los archivos del Pentágono” es una película urgente, casi de guerrilla, concebida y realizada en un tiempo récord de apenas unos meses, parando la preproducción de la que debía de ser el próximo proyecto de Spielberg -“The Kidnapping of Edgardo Montara”- y filmada a la vez de la muy esperada “Ready Player One”, que se antoja como uno de los proyectos más ambiciosos en los últimos años del cineasta estadounidense, en una jugada muy similar a la que ya hiciera en 1993 con dos obras tan fundamentales en lo suyo como “La lista de Schindler” y “Jurassic Park”. Spielberg consideró al leer el guión de Liz Hannah que no había tiempo que perder a la hora de adaptar al cine una historia ambientada en los años 70 pero con evidentes resonancias de la actual América de Donald Trump, en un movimiento tan repentino como elogiable en un director que podía estar contando alegremente sus millones en un retiro dorado y que, sin embargo, se complica la vida y arriesga con una innegable pasión por el cine como motor.

La cinta propone una agradecida vuelta a aquellos vibrantes ‘thrillers’ periodísticos y políticos que tanta gloria dieron a nombres como Alan J.Pakula o Sydney Pollack en los años setenta y que tan bien supieron aunar comercialidad con profundidad de discurso. La Administración Nixon vuelve a ser el blanco de los dardos, pero “Los archivos del Pentágono” retrocede hasta poco antes del icónico Watergate, aunque no puede resistirse a aludir tamaño escándalo, para retratar un caso muy parecido pero algo menos conocido: la publicación por parte del ‘The Washington Post’ y del ‘The New York Times’ de un informe secreto encargado por el secretario de Defensa Robert McNamara sobre los antecedentes y el desarrollo de la infausta guerra de Vietnam, en los que se revelan tanto sucias maniobras políticas en el Sudeste asiático como la constatación de la imposibilidad de vencer una guerra que había costado -y seguiría costando- la vida a miles de soldados estadounidenses.

La urgencia de la producción apenas se deja notar en la excelente factura del filme. Spielberg vuelve a rayar muy alto en una dinámica dirección que sabe sacar partido de todos los ángulos del relato, combinando con sumo acierto -gran montaje, por cierto- los planos más sencillos con los ‘travellings’ más complicados, aunque, sin duda, su gran especialidad vuelve a ser una fluidez narrativa torrencial que sabe combinar magistralmente dos tramas que van a acabar convergiendo al final: por un lado, la de la trepidante investigación periodística y el ingente trabajo contra el reloj de la redacción del ‘The Washington Post’ -impagables las escenas que retratan la artesanal ordenación de miles de documentos dispersos que hacen saltar una lagrimilla por un estilo de periodismo ya perdido- para la publicación de los archivos y, por el otro, la más reposada protagonizada por la propietaria del periódico, Katharine Graham, que debe tomar, en plena gestión de la salida a bolsa de la publicación. la difícil decisión de publicar tan polémica información en aras de la ética de cualquier informador pero en contra de los asesores e inversores, que la consideran una decisión suicida para el futuro de la cabecera y de los empleos de sus trabajadores.

Spielberg es tipo listo y sabe que para tener unos resultados óptimos en tan poco tiempo necesita del desempeño de los mejores. Así, ha preferido no arriesgar y confiar en sus grandes hombres de confianza (John Williams en la banda sonora, Janusz Kaminski en la fotografía) para lograr una recreación perfecta de aquellos maravillosos años, a la vez que deposita las labores actorales en todo un ‘all star’ interpretativo. Desde los infalibles Hanks -muy correcto, aunque lejos de sus mejores prestaciones- y Streep -que se gana con sobriedad y sin aparente esfuerzo su nominación anual al Oscar- hasta todo un ‘quién es quién’ de estrellas televisivas, en el que un gran Bob Odenkirk destaca por encima de otros astros también inspirados como Sarah Paulson o Matthew Rhys.

Sin embargo, esa misión autoimpuesta de la película como metafórico altavoz contra Trump sí parece hacer mella en asuntos argumentales. Por de pronto, “Los archivos del Pentágono” no se distancia lo más mínimo de esas referencias clásicas antes mencionadas. Una fidedigna recreación que sería muy elogiable en un director de nivel medio, pero que, en el caso de Spielberg, descorazona un poco que un cineasta tan dotado no haya sido apenas capaz de dejar algo de su impronta en su primera incursión en el género. Únicamente la necesaria y tan actual reivindicación feminista en el papel de Streep nos permite atisbar que se trata de una producción estrenada en 2018.

Las dos tramas se fusionan en una resolución judicial en la que se enfrentan una prensa inusualmente unida y un Gobierno de Nixon empeñado en sofocar cualquier atisbo de disentimiento. Spielberg no se anda por las ramas y, con una franqueza inusual en estos tiempos y que remite mucho más a los parámetros del cine más clásico, expone su lado más épico e idealista en un final que admitiría sin titubeos el adjetivo de ‘capriano’ (pese a que Capra fue en la mayor parte de su producción mucho más valiente y desasosegante que lo que el tópico ha acabado por endosarle). No cargaremos contra esa cristalina claridad de propósitos pero sí es verdad que un servidor echa de menos una conclusión menos congraciada con el sistema democrático estadounidense y una mayor presencia, en la línea con los tiempos que vivimos, de los claroscuros, como sí ofrecía la reciente y oscarizada “Spotlight”, ésta sí plenamente inserta en el siglo XXI.

“Los archivos del Pentágono” se queda así como una perfecta muestra del genio spilbergiano y un muy agradecido retorno a las esencias del cine de siempre. Sin embargo, siempre nos quedará la duda de las cotas que podría haber alcanzado esta notable película si su desarrollo no hubiera estado tan mediatizado por ese ináudito e incómodo ocupante actual de la Casa Blanca.

Mucho más acorde con el descreimiento contemporáneo hacia toda autoridad, con especial incidencia en la Justicia, se sitúa la historia de una mujer que decide alquilar tres vallas publicitarias  para denunciar la inacción y la falta de resultados policiales después de que hayan pasado siete meses desde la violación y asesinato de su hija adolescente. Este es precisamente el original y atractivo punto de partida de “Tres anuncios en las afueras”, la gran triunfadora de los Globos de Oro y máxima contendiente de ‘La forma del agua’ de cara a los Oscar.

Con la presencia de Frances McDormand y Sam Rockwell en el reparto, unos personajes excéntricos y una historia ambientada en el medio rural norteamericano, el nuevo intento de McDonagh tras la cámara aparenta ser un remedo más del inconfundible estilo de los hermanos Coen, tan imitados en el cine indie estadounidense. Por fortuna, “Tres anuncios en las afueras” es mucho, pero que mucho más.

El contundente comienzo parece centrar todo en una pugna entre la indignación legítima y comprensible de esa madre (McDormand) y la mucho más gratuita -fruto de su frustración personal con el mundo- del violento y asquerosamente racista oficial de policía Jason Dixon (Rockwell), mediando entre ellos de alguna manera el sheriff Willoughby (Woody Harrelson).

Sin embargo, un guión de acero armado consigue trascender todo eso gracias a unos personajes perfectamente delineados y en constante evolución, unos diálogos exquisitamente precisos y unos cuantos giros tan creíbles como efectivos a la hora de mantener al espectador permanentemente pegado a la pantalla.

Pese a un par de explosiones de violencia excelentemente filmadas, “Tres anuncios en las afueras” es un filme eminentemente hablado que va añadiendo progresivamente capas y capas de profundidad en un tono melancólico y reflexivo que recuerda poderosamente -aunque sea muy diferente en las formas- al de aquella pequeña joya que nos encandiló hace poco más de un año llamada “Comanchería”. Las toneladas de oscuridad con que arranca la trama -convenientemente aliviadas con destellos de oportuno humor- se van desvaneciendo poco a poco según va entrando luz por las pequeñas rendijas de ese opresivo universo que conforma Ebbing (Missouri), el pueblo que alberga los hechos.

Bastan unas pocas acciones de bondad y generosidad -sobre todo a cargo de un inesperado demiurgo, que supone uno de los aciertos más resonantes del filme aunque es conveniente no desvelarlo- para que la madre y Dixon reflexionen y vayan aparcando la nihilista ira que gobierna sus acciones. Ambos comprenden que la justicia no existe en el mundo ni existirá, por lo que es preferible cesar en su búsqueda y buscar razones para seguir viviendo, que siempre las hay aunque a veces se escondan mucho, como queda claro en una conclusión tan sutil como elegante.

Unos papeles tan golosos son aprovechados al máximo por un reparto ajustado y virtuoso como pocos: McDormand siempre es una absoluta garantía, pero esta vez se supera en un rol pensado desde su concepción para ella y sólo para ella. Ya su caracterización, con esa carismática badana en la cabeza, le da un ‘look’ especialmente carismático, lo que completa la protagonista de “Fargo” con una interpretación enérgica y rotunda que parte con merecimiento como gran favorita para los Oscar, igual que un Rockwell que lidia a la perfección con el personaje más complejo y de mayor arco evolutivo del filme. Un notable Harrelson completa un trío protagonista de excepción, sin olvidarnos del sólido plantel de secundarios, entre los que destaca ese gigante llamado Peter Dinklage, que devora las escasas escenas en las que aparece con su impagable ironía.

Áspera pero lírica a la vez, enormemente certera, “Tres anuncios a las afueras” se coloca, ya a estas tempraneras alturas de finales de enero, como una de las películas que marcarán 2018. Ya que estamos con la justicia, y a falta de ver algunas de las otras candidatas, nadie podría presentar recurso ante un triunfo del filme de McDonagh en la entrega de estatuillas doradas. Veremos qué razones aportan el resto de las partes personadas en el caso.

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2 comentarios leave one →
  1. Iker permalink
    31/01/2018 0:15

    Excelente, “Tres anuncios en las afueras”.

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  1. “Los archivos del Pentágono” y “Tres anuncios en las afueras”: Las dos caras de la justicia | Necro's Blog

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