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“Juego de tronos”: el fin de una era

23/05/2019

(AVISO SPOILER: La noche es oscura y alberga spoilers. Y este post, como ya te habrás imaginado, también)

Corría el año 2011 de nuestra era, el domingo 17 de abril de aquel año para ser más exactos, cuando HBO estrenó la que habría de convertirse en la serie más importante, en cuanto a impacto mediático y popular, de esta década. Quién sabe si de la historia. De momento, puede que lo sea. «Tenemos que ver esto, pues lo va a petar muy fuerte en los próximos años», le dije un día después, el lunes 18 de abril, a mi prometida, hoy esposa, en el piso que acabábamos de estrenar y que entonces, pues faltaban unos añitos para que llegaran los críos, era aún un lugar meticulosamente diseñado para el ocio, el esparcimiento y el solaz más absoluto. Así que vimos el primer capítulo de “Juego de tronos”, titulado “Winter is Coming”, ese mismo lunes. Lo vimos descargado, por supuesto. Muchas pestes se han echado contra la piratería, pero allá por 2011 si querías estar al tanto de las series, y decidir cómo y cuándo ver cualquier cosa, lo que hoy nos parece normal, vamos, tocaba bajarse los capítulos y los subtítulos de algún sitio (a poder ser) fiable, pasar los archivos al disco duro o a un pendrive, enchufarlo a la tele y a tirar. Las series más de moda aún tardaban semanas, cuando no meses, en llegar de alguna forma a nuestro país, cuando llegaban. Y las que llegaban lo hacían generalmente en condiciones de programación y emisión muy mejorables, por no decir que eran maltratadas, o masacradas, por la cadena de turno. Netflix, o al menos la Netflix que conocemos hoy en día, no funcionaba ni siquiera en EE.UU, y el resto de plataformas creadas a su imagen y semejanza, internacionales y nacionales, irían naciendo a la sombra de su éxito en años venideros. Así que sí, no nos quedaba más remedio que… Qué demonios, qué hago intentando justificarme ahora. Desde el bombazo de “Perdidos” y algunos aún a día de hoy, todos nos hemos bajado gigas y gigas de series y películas como si no hubiera un mañana.

El caso es que, volviendo a 2011, aquella noche mi prometida, hoy esposa, y yo vimos el primer capítulo, y nos flipó. Y así, desde ese día, fuimos siguiendo “Juego de tronos” semana a semana. Ya entonces todos estábamos más que acostumbrados a meternos unos maratones seriéfilos de aúpa, bien fuera porque nos bajábamos temporadas o series enteras, o porque nos las pillábamos o nos las dejaban en DVD, que aún se estilaba aquello. Pero lo de los maratones quedaba para temporadas pasadas, o series ya finalizadas. Las series nuevas, en 2011, aún se seguían degustando semana a semana. Algunas no daban para mucho, pero otras te permitían comentarlas durante días, hasta la emisión del capítulo siguiente (y desde “Perdidos”, no encontrábamos nada que pudiera llenar tanto nuestras tertulias como “Juego de tronos”), con las personas de tu entorno o con las del otro lado del planeta vía foros y redes sociales. Cierto es que las discusiones fuera de madre, las salidas de tono, la mala educación, las faltas de respeto y el troleo han formado parte de este fenómeno desde su origen, pero la crispación a comienzos de esta década no era tan asfixiante y, más o menos, se podía debatir de lo que fuera con una relativa tranquilidad. A enriquecer la experiencia general contribuían, también, los blogs. Los numerosísimos blogs que nacieron y proliferaron en aquellos días. Como, sin ir más lejos, El Cadillac Negro.

Corría el año 2012 de nuestra era, el martes 3 de abril de aquel año para ser más exactos, cuando publiqué mi primer post en El Cadillac Negro dedicado a “Juego de tronos”. Lo escribí con motivo del estreno de su segunda temporada, tras la emisión del primer capítulo de esa tanda, “The North Remembers”. En este blog nunca quisimos hacer reseñas semanales, capítulo a capítulo, de ninguna serie. Nunca nos aportó demasiado cuando lo hacían los demás, así que por qué con nosotros iba a ser distinto. Siempre hemos apostado por currarnos análisis concienzudos, a veces quizás demasiado, de temporadas completas. Pero con algunas de aquellas series que más nos motivaban, especialmente en nuestros inicios, sí podíamos llegar a escribir algo aprovechando el estreno de una nueva temporada. Y a veces nos sacábamos de la manga otro post en plena mid season. Aunque eran los finales de temporada los que nos tomábamos especialmente muy en serio, asumiéndolos siempre como un gran acontecimiento en el que teníamos que estar a la altura. También, para qué negarlo, eran ocasiones únicas para pegar un buen subidón de lectores, y darnos un poco más a conocer. ¿Y sabéis qué? Aquéllos fueron años de continuo crecimiento. Un crecimiento asombroso e imparable durante buena parte de nuestra existencia. Este blog, dadas las circunstancias y con toda la modestia de nuestras capacidades, medios e intenciones, llegó a ser leído a diario por muchísima gente. Mucha más de la que hubiésemos llegado a imaginar, o a soñar, cuando arrancamos nuestra andadura. Que no parezca una queja, ni a título personal ni colectivo, de nuestro estatus actual, pero tampoco vamos a negar que los blogs en general, y éste no fue una excepción, vivimos una edad de oro que ya difícilmente se repetirá. Y esa edad de oro coincidió con “Juego de tronos”. Y esa edad de oro se debió, en parte, a “Juego de tronos”.

Si se trata de echar la vista atrás, me enorgullece ahora poder acreditar que diez de los once posts que le hemos dedicado en toda la historia del Cadillac a la serie de HBO llevan mi firma. Once de los doce, con éste. Tres posts (season premiere, mid season y season finale) para la segunda temporada, dos para la tercera, otros tres para la cuarta, uno para la sexta, otro para la séptima y éste que estáis leyendo para la octava. El análisis de la quinta corrió a cuenta de mi colega Jorge. Tampoco fue algo premeditado, pues cinco de los seis redactores de este blog hemos sido fieles seguidores de la serie hasta el final, pero de alguna forma acabé convirtiéndome en algo así como el cronista oficial de “Juego de tronos” para el Cadillac. De hecho, de lo que más he escrito en este blog, y creo haber escrito de bastantes cosas, ha sido de la adaptación televisiva de las novelas de George R. R. Martin. ¿Sabéis además cómo hacíamos las cosas hace no tantos años? Pues siempre que tocaba currarse un post sobre ésta o cualquier otra serie, veíamos el capítulo en la noche del lunes, o cuanto tocase, lo más pronto que podíamos entonces, y nos sentábamos inmediatamente después delante del ordenador a escribir como locos para poder tenerlo publicado a la mañana siguiente o, como tardísimo, a lo largo de ese día. Nos aplicábamos una auto exigencia más propia de profesionales, y puede que no tuviera mucho sentido ni mereciera la pena, pero lo hacíamos, sencillamente, movidos por la pasión. La pasión por la serie en cuestión, pero también la pasión por nuestro querido blog. Las cosas, como es obvio, ya no funcionan así. No porque no nos gusten las series o no queramos ya a este blog. Sino porque… bueno, es complicado.

La cuestión más importante, llegados a este punto, es que “Juego de tronos” lo tenía facilísimo conmigo para conquistarme, de cabo a rabo, con su octava y última temporada. Yo estaba, podría decirse así, rendido y entregado de antemano. Iría aún más allá, pues hace apenas seis semanas, diría que hace sólo un mes, ni siquiera podía contemplar la opción de que su desenlace no me cautivara. Porque si lo habían hecho siempre, cómo iba a ser posible que no lo lograran a falta de tan pocos capítulos, a la hora de la verdad y con la línea de meta ya en el horizonte. Sólo les quedaba rematar la faena. Y es que he amado a esta serie como a muy pocas, y confieso que he amado a muchas, desde aquel hoy lejanísimo 18 de abril de 2011. Es una serie que además he compartido, cada uno de sus minutos, con mi entonces prometida, hoy esposa. No he podido hacerlo con todas (las series, digo). Y la he vivido muy intensamente con mis compañeros del Cadillac, y con tanta otra gente. Habré pasado horas leyendo blogs y aún más horas escuchando podcasts. Y aunque creo que nunca me ha importado señalar aquellas cosas que, por los motivos que fueran, no me convencían o me parecían mejorables, por encima de todo siempre he defendido a “Juego de tronos”, a capa y espada. Incluso alabé con fervor, esmerándome en intentar desmontar las críticas más compartidas, una séptima temporada que a mí sí me flipó muy fuerte, pero a muchos ya se les atravesó de mala manera. Sí, lo confieso, a mí David Benioff y D. B. Weiss me tenían comiendo de su mano. Aunque aquello ya no estuviera guisado con tanto mimo y esmero como en épocas pasadas, y se notara un tanto cocinado con prisas y recalentado, pero me seguía sabiendo a gloria. Pero de qué manera se me ha atragantado este último bocado, y cuán amargo me ha sabido…

No. No me ha gustado, en términos generales, la octava y última temporada de “Juego de tronos”. No diré que ha sido una mierda, aunque esa contundencia sea lo que se estila hoy en día, ni siquiera me atreveré a decir que es una mala temporada, o mejorable. Simplemente, a mí no me ha gustado, y qué le voy a hacer. Lo digo con todo el dolor de mi corazón, y no es tanto una frase hecha, pues desearía con todas mis fuerzas que me hubiera sucedido todo lo contrario. ¿Pero sabéis qué? Que lo que está totalmente fuera de lugar es pillarse un berrinche por algo así. Y esta vez no voy a poner tanto empeño, como si he acostumbrado a hacer en todos mis posts precedentes, en desgranar la temporada punto por punto, trama a trama, personaje a personaje, detallándoos minuciosamente lo que me ha gustado y lo que no, ni por qué esto tal o por qué aquello pascual. No es por pereza, ni vaguería, sino por otros motivos. Uno de ellos, el principal, y el que ha acabado preocupándome mucho más, es que he terminado bastante harto. No de la temporada ni de la serie, pues si algo hay que reconocer es que se nos ha ido muy rápido, mucho más rápido de lo que hubiéramos querido. He terminado harto, y por momentos asqueado, de todo el ambiente que ha rodeado a la serie. He terminado harto de los lovers, y de los haters, y de los haters de los lovers, y de los haters de los haters. De todos aquéllos que han defendido sus posturas, fueran cuales fuera, a ultranza y como verdades absolutas e inamovibles. He terminado muy harto de que no sea posible decir que tal capítulo, o ciertos detalles, te han gustado sin que alguien te cuestione si eres ciego, o sordo, o gilipollas, porque “objetivamente” aquello es un truño descomunal. O, en el otro lado del ring, he terminado más que harto de que sea inviable poder decir que esto o aquello no te ha convencido en absoluto, sin que salgan otros a endosarte eso de que la culpa es tuya, por no querer contentarte sin más y empeñarte sin embargo en ver siempre lo malo, con lo bonito que es ser feliz con las cosas.

Como este año, reitero que contra todo pronóstico y en contra de mi voluntad, me ha tocado vivir la temporada desde el “bando” de los desencantados, me gustaría profundizar un poco en cómo he vivido la experiencia de tener que lidiar con el fanatismo desde esta, para mí, hasta ahora desconocida posición. Empezando con que por supuesto que comparto esa máxima de que no se puede contentar a todo el mundo. Lógico. Menuda perogrullada. Pero que la frase encierre una verdad más que evidente no debería otorgarle la categoría de argumento definitivo con el que poder tumbar, sin posibilidad de réplica, cualquier discusión. ¿Esto no te gusta? Ya, pero es que no se puede contentar a todo el mundo. Y cállate la boca. Así, sin más. Pues eso ha pasado. Una variante vendría a ser eso de que, cualquier final que hubieran planteado, decepcionaría sí o sí. Sí, claro… y no, necesariamente. Por supuesto que cuanto más masivo sea un producto, y hoy en día hay pocas cosas tan masivas como “Juego de tronos”, más número de reacciones negativas despertará. Pero al final es una mera cuestión de porcentajes, y eso más o menos lo podemos sondear hoy en día con cierta fiabilidad. Puede haber más gente entusiasmada que gente descontenta. O al revés. O un fifty-fifty. También aquí resultaría útil la comparación con otros años. Y esta temporada, siendo además la definitiva, es innegable que ha calado mucho menos, y generado mucha más controversia, que las anteriores. Y eso ya indica algo. Pero lo verdaderamente importante es entender que, independientemente de que unos estén dentro de uno u otro porcentaje, nadie tiene más razón que el resto, o mejor dicho, todos tienen sus razones para estar en lo cierto. Algunos gestos, como las peticiones de firmas para pedirle a la HBO que rehaga la octava temporada, han dado munición a los lovers más recalcitrantes de la serie, y nos han dejado en cierta indefensión a todos aquellos que tenemos algunas objeciones a esta temporada. Pero no sería la primera vez que el comportamiento absurdo o irracional de unos pocos acaba por desprestigiar la que sin duda sería una causa legítima. Aunque no me digáis que no molaría un montón lo siguiente: que en un movimiento rompedor y revolucionario sin precedentes, tuviéramos TODOS los años una octava temporada de “Juego de tronos”. Quién sabe si algún día, alguna serie, se atreverá con algo parecido.

Si no me ha gustado, en términos generales, la octava temporada de “Juego de tronos”, tampoco ha sido porque no han pasado las cosas que yo quería que pasaran, ni porque no ha terminado como a mí me gustaría que terminara. Es inevitable que todos hagamos nuestras cábalas, y más allá cuando llevamos siete temporadas a cuestas, pero yo personalmente me he enfrentado a la temporada, y a cada capítulo, con la mente totalmente libre, dispuesto a dejarme sorprender y llevar por donde ellos quisieran. Lo que pasa es que otras veces las sorpresas, los giros más o menos impredecibles y también las obviedades con más o menos coherencia han funcionado muy bien conmigo, como un tiro, pero ésta vez el tiro lo han errado completamente. Qué se le va a hacer. Más me ha dolido aún, como un tiro pero en plena frente, cada vez que he oído eso de “si tan bueno eres para ponerle pegas a una serie, y tú crees que se podría haber hecho mejor, pregúntate cómo es que no estás trabajando como guionista para la HBO”. Llamadme loco, pero para mí que ese “argumento” iría en contra de todo espíritu crítico, y el espíritu crítico, ejercido con el mayor rigor posible pero sobre todo, siempre, desde el respeto, no sólo es deseable sino muy necesario. Pero bueno, a lo mejor tienen razón, así que vayamos borrando todas las entradas que hemos publicado en este blog (nada, sólo son 855, hasta la fecha), que otros borren todos sus podcasts, y hagamos todos una inmensa cola a las puertas de las oficinas de la HBO.

Lo más desconcertante, sin embargo, es que cuando un determinado giro no ha terminado de convencerte, muchos de los que se han empeñado en hacerte ver que sí, que todo tenía sentido porque todas las señales apuntaban en esa dirección, son los mismos que luego te han defendido decisiones de guión muy cuestionables porque es que, en “Juego de tronos”, nunca pasa lo evidente y hay que esperar que suceda, siempre, lo más inesperado. A mí ese “todo vale” no me vale. Para mí la cuestión es, o debería ser, mucho más sencilla, y se limita a tramas mejor o peor construidas, y a sucesos más o menos justificados. Pero aún se puede retorcer esto un poquito más, y si algo te ha parecido especialmente salido de madre, o piensas que algo no tiene justificación alguna o que se les ha ido de las manos, te sueltan eso de que “es que esto no es Disney”. En serio, he oído mentar más a Disney durante la emisión de la octava temporada de “Juego de tronos” que cuando “Vengadores: Endgame” llegó a nuestras pantallas. Disney como vara de medir. Peor aún, Disney como personificación de todos los males del mundo. El nefasto ejemplo que hay que evitar a toda costa. Ignorando, por un lado, que algunas de las tramas más crueles de la historia del entretenimiento las hemos visto en películas de dibujitos de Disney, y por otro que, si en 95 años de historia han perpetrado algunas de los más exitosas y más alabadas producciones de la industria, algo bueno tendrán y se podrá copiar. Tonterías al margen, muchas veces a lo largo de su historia “Juego de tronos” ha logrado dejarnos en shock con algunas secuencias que ya nunca, jamás, seremos capaces de olvidar, como la muerte de Ned, las bodas roja y púrpura, el combate entre Oberyn y la Montaña, la destrucción del Septo de Baelor, etc, y en todas esas ocasiones lo hizo tan rematadamente bien que, por mucho que a veces nos doliera, no nos dejó otra opción que aplaudir a rabiar. Ahora bien, cuando en cambio han buscado el shock a cualquier precio, sin estar bien sustentado desde el guión, se les han visto las costuras y el traje no les ha quedado tan bien como en ocasiones anteriores. Y cuando pasa eso, ni siquiera Disney te debería valer como excusa.

Pero si hay algo por lo que no puedo pasar, y eso mis compañeros de blog lo saben de sobra, es por lo de que no se le pueden poner pegas, ni buscarle lógica a una serie en la que SALEN DRAGONES. A ver, sí, en “Juego de tronos” salen dragones. Y en “El Señor de los Anillos”, además de haber dragones, hay elfos, y enanos, y orcos, y trolls, y arañas gigantes. Y en “Expediente X” hay hombrecillos verdes, perdón, grises, de otros planetas. Y en “Twin Peaks”… bueno, quizás “Twin Peaks” no sea el mejor ejemplo aquí. La cuestión es que en cualquier género, incluido el de fantasía, todas las historias deben ceñirse a una coherencia interna. Y si te la saltas, has metido la pata, y punto. No por pertenecer al género de la fantasía o la ciencia ficción todo vale, ni se nos puede prohibir que analicemos con cierto rigor su argumento porque, coño, es todo mentira, a ver si te lo vas a tomar ahora en serio, que no es un documental. No podemos estar siete u ocho años alabando “Juego de tronos” porque, A PESAR DE SU GÉNERO, haya estado todo este tiempo haciendo televisión de una altísima, casi inalcanzable, calidad, para luego defenderla cuando flaquea, y porque nos conviene, porque bueno, es que es una cosa muy fantasiosa.

Sí que compro totalmente la premisa de que hay que quedarse siempre con lo positivo de las cosas, y no tanto con lo negativo, porque así nos resultará más fácil apreciar cualquier historia y perdonar según qué fallos (mira que ya nos echó la bronca, hace un montón de años, el bueno de Van Gaal). El problema es que esa premisa rara vez funciona conmigo. O para ser más exactos, el problema es que yo funciono de otra forma. Siempre he pretendido meterme lo máximo posible en cualquier historia, sea en el formato que sea, y dejarme llevar y guiar por mis sensaciones y emociones, ya vayan siendo positivas o negativas, pensando en que ya tendré tiempo más adelante de analizar el porqué de esas sensaciones y emociones, con más calma, perspectiva y más a conciencia. Siempre he pretendido eso, sí, pero nunca lo he conseguido, pues a la hora de la verdad uno no puede evitar ir analizando y desmenuzando lo que está viendo durante el mismo visionado. Pero sí es cierto que intento que mi baremo sea ese: cuánto disfruto o no disfruto con algo. Y eso no se puede forzar. Ha habido muchas series, películas, libros o discos con los que he gozado una barbaridad, y luego he sabido explicar el porqué, o quizás no. Y otros muchos productos con los que he sido incapaz de pasar un buen rato. Y la octava temporada de “Juego de tronos” he podido disfrutarla muy poquito, por mucho que hubiera querido que fuera de otra forma, y eso es algo contra lo que no he podido luchar. Y si me ha quedado con una sensación final muy chunga y desagradable, no es porque lo haya elegido, ni me lo haya buscado.

Decía que no iba a poner tanto empeño como de costumbre en desgranar esta temporada, punto por punto y de forma harta minuciosa, y el otro gran motivo es porque creo que no hace falta. Quiero decir, por mucho que a ti hayan podido entusiasmarte estos seis capítulos y ahora estés inmensamente feliz con el desenlace, tú también, porque todos lo hemos hecho, habrás sido capaz de ver las cosas que no han funcionado del todo bien en la recta final de “Juego de tronos”, o aquéllas que se podían haber hecho muchísimo mejor. Lo que pasa es que a ti no te han importado, y has sido capaz de pasarlas por alto, pero para mí han sido unos obstáculos insalvables. Yo estuve en ese otro lado de la barrera, en el tuyo, hace poco más de un año, así que lo entiendo. Como todos están escribiendo y hablando de lo mismo tampoco tiene sentido detenernos demasiado, y se puede resumir, por tanto, de forma más breve que en ocasiones previas. El gran fallo, el tremendo fallo de base, ahora que tenemos el dibujo completo, es haber reducido las dos últimas entregas de la serie de diez a siete y seis episodios. Por mucho que fueran (algo) más largos. Hemos tenido seasons de diez capítulos en las que han sucedido muchas menos cosas, y muchísimo menos determinantes, que lo que nos han contado en cambio en cada una de estas dos últimas temporadas. Así, casi ninguna de las grandes tramas, y aquí culpo especialmente a los últimos cuatro capítulos de la serie, se han resuelto con el tiempo que necesitaban, ni el peso ni la gravedad que le correspondían. En realidad, mucho de lo que se ha ido construyendo cuidadosamente a lo largo de estos ocho años, y tantas cosas que nos hicieron creer que tendrían una importancia capital en la resolución de esta historia, han sido desaprovechadas, cuando no malgastadas, de mala, malísima manera: el linaje real de Jon Snow (aka Aegon Targaryen), la larguísima formación (¡dos temporadas!) de Arya con los Hombres sin Rostro, todo lo que atañe a Bran, las numerosas profecías que han traído de cabeza durante años a los fans de la saga, las continuas idas y venidas de Jaime, la tan cacareada y en teoría invencible Compañía Dorada… Puedo comprar el destino de algunos personajes, el de Daenerys sin ir más lejos, pero de ninguna forma me han hecho creíble, ni siquiera digerible, el camino para llegar hasta allí. Aunque lo más doloroso para mí, mi decepción más profunda, fue la resolución de la contienda con el Rey de la Noche, sus Caminantes Blancos (que ni siquiera llegaron a desenfundar una espada) y sus hordas de zombis. Más de un mes después aún no he conseguido digerir la forma, ni los tiempos, con los que se quitaron aquello de encima y, de paso, mataron ese futuro spin off antes de que naciera.

La temporada tuvo un capítulo sublime, al nivel de los mejores en estos ocho años de existencia, que fue el segundo de la tanda, “A Knight of the Seven Kingdoms”. Una carta de amor de la serie hacia la propia serie, y una preciosa despedida para algunos de nuestros más queridos personajes… si no fuera porque no fue ninguna despedida. Aquí habíamos venido a llorar, a moco tendido, y no tuvimos apenas ocasión porque “Juego de tronos” desaprovechó la ocasión de darles un final inolvidable y épico a personajes como Tormund, Davos, Brienne o incluso Gendry o Podrick. En cambio, se quitaron de encima a los caracteres que ya no tenían absolutamente nada más que ofrecer, o que directamente sobraban. Poco drama ahí. Y muy poca chicha en lo que respecta a los villanos. Pasar de tipos execrables como Joffrey o Ramsay a un payasete sin gracia como Euron, cuya única motivación en esta vida no era otra cosa que follarse a la Reina para poder contárselo a Jaime, fue una píldora muy difícil de digerir. Tampoco Cersei, que en las siete temporadas anteriores no dejó de sorprendernos con sus tretas, a cual más vil y retorcida, hizo nada más que no fuera mirar por la ventana con un gesto indescifrable, sin guardarse como todos esperábamos ningún as en la manga, para acabar muriendo junto a Jaime de forma muy poco satisfactoria. En general, el descrédito y maltrato a los personajes femeninos desde la silla de guionistas, en esta temporada, ha sido más flagrante que nunca, y eso en una serie que se vanagloria de tener mujeres fuertes y poderosas en roles protagonistas es especialmente grave. También ha hecho mucho ruido que, algunas escenas y secuencias sencillamente memorables, como nunca antes habíamos visto y es probable que nunca volvamos a ver en una pantalla de televisión, hayan tenido que convivir con trampas y torpezas injustificables e indignas de una producción de esta índole. Y no hablo de los vasos de Starbucks o las botellas de agua que se les colaron en algunas escenas, pues si no fuera por las capturas jamás me habría enterado, sino del sinsentido y la confusión generalizada (narrativa, ojo) durante la batalla de “The Long Night”, y no sólo por la exagerada oscuridad del capítulo, o de esos ejércitos que fueron mermando o creciendo sin lógica alguna a lo largo de la temporada en función de las necesidades de cada escena, o de la absurda y anticlimática forma en la que se deshicieron de un dragón (¿Euron? ¿En serio?)… En realidad, era muy difícil que los engranajes funcionaran correctamente cuando todo se sustentaba en un plan de base que, primero, buscaba hacernos creer que el gran villano de la temporada, y de toda la serie, era el Rey de la Noche, para después decirnos, a falta de tres capítulos, que no, que la enemiga a batir era de nuevo Cersei, para luego movernos de nuevo la silla a falta de sólo un episodio, destapándonos a Daenerys como la mala malísima de la función. Para llevar eso a buen puerto habrían hecho falta más minutos, o haberlos empleado mucho mejor, quitándole por ejemplo tiempo de pantalla a ese mal chiste perpetuo en el que se convirtió el personaje de Bronn.

La música de Ramin Djawadi, eso sí que hay que decirlo, no sólo estuvo a la altura, sino que brilló a un nivel magistral.

Ciertamente, de los cinco redactores del blog que hemos seguido la serie, yo he sido el más desencantado con el cierre de “Juego de tronos”. Qué se le va a hacer. Aunque ninguno de mis compañeros ha quedado muy conforme con el resultado final. Voy a confesaros algo: hasta ultimísima hora teníamos planeado hacer un post a cuatro manos con posiciones encontradas, un “a favor y en contra” conmigo alineado como es lógico en este último bando. Pero tras la emisión del último episodio, “The Iron Throne”, no quedó nadie en las filas del Cadillac con las ganas suficientes de defender con todas las consecuencias esta temporada. Así que lamento que haya sido mi visión, la más pesimista posible, la única que haya servido como despedida de una serie que, cuando la veamos con más perspectiva y con los nervios más templados, confío en que sabremos colocar en el lugar que le corresponde. De lo que no cabe duda es de que con “Juego de tronos” se cierra de forma ya definitiva una era, magnífica, que siempre recordaremos, y se pierde una forma única de hacer televisión, de consumirla y de analizarla, para no volver jamás. “Juego de tronos” ha muerto, y con ella se va un poco de todos nosotros, una parte muy preciada de nuestra juventud, y también un cachito de este nuestro y vuestro blog. Pero el resto sobrevive y se mantiene en pie. Porque no nos vamos a ninguna parte.

Nuestra guardia aún no ha terminado.

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14 comentarios leave one →
  1. Niniogorila permalink
    23/05/2019 11:22

    Pocas personas han entendido el mensaje del final. Ni siquiera yo mismo lo entendí en el primer visionado, porque está regular contado…pero al final es una conclusión arriesgada y que va más allá del “han ganado los buenos” o “han ganado los malos”. Ya lo apreciarán con el tiempo.

    • Rodrigo Martín permalink*
      23/05/2019 14:16

      Hola, Niniogorila. Gracias por pasarte por aquí y comentar. Mira que habéis tardado algunos bien poco, otra vez, en salir a decir que si no nos ha convencido el final de una serie es porque no lo hemos entendido. Aún concediéndonte que pudiera ser así, tú mismo admites que está regular contado. Yo iría aún más allá. Está mal, muy mal contado, y no estoy hablando sólo del último episodio, sino de más de media temporada. En mi opinión. Si aquello que has querido expresar o transmitir no se ha entendido, en una serie como “Juego de tronos”, es que algo no has hecho nada bien. Yo no niego que puedan haber tenido algunas buenas ideas y aún mejores intenciones, pero la ejecución ha sido deficiente. Saludos!

      • Niniogorila permalink
        24/05/2019 18:25

        La verdad que no suelo publicar comentarios en ningún medio, pero este en concreto me parece bastante serio. Pero vaya, con esa chulería de respuesta no es que no comente más, es que no vuelvo a entrar. No he tardado poco en salir a decir nada, ni tampoco lo he dicho como un ataque al autor del artículo, es una sensación generalizada que tengo de que en el conjunto del público no se ha valorado lo suficiente el final, que tiene cosas muy buenas. ¡Saludos!

      • Rodrigo Martín permalink*
        25/05/2019 0:51

        Vaya, pues yo lamento mucho, de corazón. que te hayas podido sentir agredido por mi comentario. No hay justificación ninguna, y la culpa es toda mía, pero este puede ser un caso de justos que pagan por pecadores. Porque ahora sé que tú no ibas por ahí ni era tu intención, pero es que a veces… Quiero decir que, a ver, ésta no es la primera serie o película que vemos que crea cierta controversia. Y siempre que hay un porcentaje de personas descontentas con un final de serie, etc, por los motivos que tengan, enseguida hay otros que salen con lo de que “no lo han entendido”, y para mí eso tiene un puntito de falta de respeto. Reitero, sé que no es tu caso. Pero bueno, yo puedo dar mis motivos por los que algo me gusta o no me gusta, y otra persona puede dar sus motivos por los que aquello que a mí me gusta a esa persona no le gusta, o a la inversa. Pues estupendo. Pero cuando dos personas discrepan, que es lícito, y una de ellas le suelta a la otra que es porque no lo ha entendido… No sé, yo lo sigo viendo feo. Porque a lo mejor sí, lo he podido entender perfectamente, y aún así puede seguir sin gustarme, ¿no? Reitero, one more time: sé que tú no ibas en plan mal y tenías buenas intenciones con el comentario.

        Yo ya lo he explicado en el post y en parte en mi comentario: para mí no es tanto problema lo que han propuesto como final y el punto al que han llegado (me ha gustado bastante cómo y dónde terminan no todos, pero sí muchos personajes), sino las formas y las justificaciones que nos han llevado hasta allí. Me parecen narrativamente, en su mayoría, muy torpes, incluso por momentos indignas de “Juego de tronos”. Tú dices que este final tiene cosas muy buenas. Estoy de acuerdo. Pero para mí, ojo, PARA MÍ, que quien lo vea de otra forma estará tan acertado como yo, para mí tiene también cosas desastrosas. Y bueno, que esto tampoco es “Twin Peaks”. Ahí puedo admitir no sólo que alguien no lo entienda, sino que cada uno podamos entender cosas completamente distintas, y todo válido. Con “Juego de tronos” yo creo que debería quedar todo un poquito más claro.

        Vuelvo a pedirte disculpas una vez más, por si sirviera de algo. Y por supuesto que eres completamente libre de no volver a entrar en este blog si estás tan decepcionado. Pero la decepción debería ser conmigo, y no tienen por qué pagarlo mis compañeros. Si has visto anteriormente en este blog cosas que te han gustado, te animo a que sigas entrando, y comentando sin ningún miedo. Y siempre podrás leerles a ellos, que lo hacen mucho mejor que yo, y en cambio huir cada vez que veas mi firma. Ellos, además, escriben con mucha más frecuencia que yo.

        Saludos cordiales!

  2. Heraldo permalink
    23/05/2019 15:44

    Pues a mi me ha pasado exactamente lo mismo. No es que sea un hater, ni que no haya entendido el mensaje final (como si hubiera algo críptico, escondido, para resolver y entender, vamos!), es que amé la serie desde el primer capítulo y no vi en esta temporada casi nada de las grandes cualidades que me hizo amarla. Desde la temporada 7 empezó a tambalear mostrando todos los signos de deterioro que se hicieron más que evidentes en la 8va. Pero tuve la esperanza, tomándose 2 años para estrenarla, que iban a esforzarse para hacer un cierre de altura. Al igual que vos, estaba con toda la predisposición para amarla, para emocionarme, para disfrutar como lo hice siempre. Con toda la pena del mundo encontré solo una sombra de lo que fue GOT, solamente realzada con un nivel de producción magnífico e intachable que se encuentra en lo mejor que nos ha brindado toda la serie (la batalla de Winterfel me pareció magnífica, la estética apocalíptica de King’s Landing nevado y destruido es estremecedora, y la música nunca sonó mejor).
    Yo también he sufrido ataques de los que me dijeron “esto no es Disney”. Y no es que me decepcionó porque no ocurrió lo que quería, sino por CÓMO ocurrió. La Boda Roja me destruyó, la sufrí, no deseaba la muerte de Rob Stark, ni deseé la de Ned, pero eran coherentes, eran consecuencias de un juego de dominó argumental, brillantemente medido, y la genialidad de esas tragedias era patente. Esta vez todo parecieron excusas, corridas apresuradas del punto A al punto B, chapuzas de guión imperdonables. No me molestó Daenerys la villana, sino que la pusieran de un minuto a otro, cagándose en cualquier desarrollo de personaje (recordemos, en contraste, como Walter White pasó de héroe a villano de manera impecable, y comparemos).
    Cuando vi el final de Breaking Bad casi me paro a aplaudir solo, frente al TV, con lágrimas en los ojos. Cuando vi el final de True Detective, me quedé flipando una semana. Al final de GOT lo único que pude sentir fue indiferencia. Indiferencia por una serie que ocupó casi una década de mi vida, que me emocionó hasta límites insospechados. Una verdadera pena.

  3. 23/05/2019 18:41

    Un final absurdo para una saga que lleva cayendo en la absurdidad y mediocridad desde la 5ª temporada; Juego de Tronos, una serie que empezó siendo una obra de arte ha acabado siendo Las Crónicas de Shannara.

  4. Amalia permalink
    23/05/2019 22:11

    Totalmente de acuerdo con tu análisis. El problema fundamental de las últimas dos temporadas en general, y del último capítulo en particular, ha sido el tempo. Han acelerado las tramas de una manera burda y apresurada, como si tuvieran prisa en terminar la serie. Y además, el guión ha engañado al espectador: no es cierto que se veía venir que Daenerys se convertiría en una tirana genocida, asesina de niños. La transformación del personaje debería haber empezado mucho antes, de forma más lenta y sutil. No estoy en desacuerdo con el giro del personaje (el poder absoluto deviene en tiranía, es coherente) sino con la forma vertiginosa en la que lo han desarrollado. Por otro lado, acabar en un solo episodio con los caminantes blancos… es de juzgado de guardia. Tanto “winter is coming”, haciendo ver temporada tras temporada que el verdadero enemigo era el Rey de la Noche… y ala, en un plis plas todo resuelto. Sí, comparto tu desilusión. JDT merecía otro final.

  5. Anónimo permalink
    23/05/2019 22:56

    Muy buen articulo, yo agregaría algo al análisis que creo que en definitiva es lo que mas termino influyendo. Benioff-Weiss querían pasar a otra cosa, no se porque motivo, pero en muy pocas ocasiones cuando desde tu cadena te ofrecen mas temporadas con el dinero que tu quieras, y la historia que estas contando merece esas temporadas, lo rechazas. Y segundo que el tandem DD sin el apoyo de las palabras de Martin quedaron tambaleados, estoy seguro que los grandes momentos de las temporadas que no tienen libro donde apoyarse van a estar en los libros, porque son ocurrencias de Martin que se las comunico para que el producto pudiera tener cierta similitud.

  6. Ravel permalink
    24/05/2019 12:01

    “Muchas pestes se han echado contra la piratería”. ¡Vaya! ¡Qué gran frase!

  7. 05/06/2019 16:11

    Reblogueó esto en Moisesflores's Weblog.

  8. Rosa Maria Ortiz Orantes permalink
    16/06/2019 8:09

    Una gran pena y decepcion lo que paso con esta gran serie, como bien dices, tanto tiempo para armar tramas, personajes , para venir a echarlos por la borda en unos cuantos capitulos, a mi me ha dado una tristeza grande, parecida a la depresion, ja, ja, que dramaatica, pero es que de verdad, yo tambien concuerdo en que no se trata de que era una serie de ciencia ficcion, fantasia o titulo que se le quiera poner, era con todo una serie seria, valga el trabalenguas, y yo me lo tomaba asi tambien, tengo los libros , he leido la mayor parte y aunque se que no se trata de hacer una copia tal cual,hasta donde llegaron los libros, era todavia decente la forma en que estaban tratando a los personajes y la historia , pero con este final , nada que decir, mi guardia con juego de tronos no la termine yo , me la destruyo HBO..

  9. 25/06/2019 21:35

    Pues yo soy de los que se quedo ni fu ni fa. Sí vi venir lo de darnerys (hay pistas por toda la serie de q tarde o temprano saldria la targaryen), pero estoy de acuerdo en q tanto construir para que justo cuando vas a soplar las velas de la tarta llegue el de al lado y las sople por ti. Las tramas se resolvieron demasiado rapido, otras ni eso (la de veces q escuchamos a arya recitar la lista), y no hay tanta sorpresa, potencia de guion, empuje, no se cómo llamarlo. La mayor, la muerte del dragon, el resto, esperables o mal construidas, cosas q adoraba en las temporadas anteriores (hasta en la denostada séptima, con la muerte del dragon y el destrozo del muro). Acepto y respeto el trabajo de los guinistas, pero el resultado no estuvo a la altura de lo amterior. Me encanta que al final sea bran el rey, a modo de zasentodalaboca, pero, por favor, PORFAVOR, ¿alguien me puede explicar por qué nadie mató fuese como fuese al pusilánime ese de Jon Nieve?

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