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Del cielo al abismo: 10 estrellas fugaces del rock y el pop

29/04/2020

Todo amante de la música habrá experimentado esta situación: la que se produce cuando, de repente, sale una banda nueva que te encanta, que se encarama a las portadas de los más prestigiosos medios musicales y de la que se da por seguro que será una de las formaciones que liderará los años venideros . Pero en esto que van pasando los años, ojeas una revista antigua o chequeas YouTube en busca de éxitos pasados…y allí te los encuentras. Y la pregunta recurrente es: “¿qué coño pasó con…(cada uno que rellene con el grupo que se le ocurra)?”.

A nosotros también nos ha sucedido y, por ello, hemos decidido poner negro sobre blanco sobre diez de estos casos que más nos han sorprendido y disgustado. Diez casos más o menos recientes (el espectro abarca desde finales de los 80 hasta bien entrado este siglo XXI), de lo más variado en cuanto a estilos musicales y, sobre todo, en cuanto a los motivos que impidieron que tal o cual artista acabara reinando como se preveía. Advertimos que éste no es un listado más de esos ‘one hit wonders’ que alcanzaron la cima de las listas con un único single y después se desvanecieron, sino que estamos hablando de artistas de notable valor musical, que eran vistos como algo más que unos simples acumuladores de éxitos. Sin más preámbulos, os presentamos -en riguroso orden alfabético- los diez casos más flagrantes de estrellas fugaces de nuestra música.

BADLANDS

El advenimiento de Badlands supuso todo un suceso para los fans del hard rock allá por finales de los años 80, al tratarse de todo un supergrupo: la pieza fundamental era una estrella como el guitarrista Jake E.Lee, el hacha que había logrado la hazaña de sustituir con éxito en la banda de Ozzy Osbourne al fallecido Randy Rhoads. Tras ser expulsado de la banda de Ozzy, después de colaborar en varios álbumes clásicos del ‘Madman’, se junto, curiosamente, con dos recientes exmiembros de Black Sabbath: el formidable cantante Ray Gillen y el batería Eric Singer, que completaron el combo junto al bajista Greg Chaisson. Las grandes expectativas fueron colmadas con su debut, “Badlands” (1989), un álbum con mucha clase que rebosaba de hard rock sobrio con claras influencias del blues y de bandas como Led Zeppelin. Sin suponer un gran éxito comercial, sí que tuvo una buena respuesta, sobre todo entre los críticos. Ya sin Singer -que comenzó su colaboración con Kiss- y con Jeff Martin como reemplazo, otro gran disco, “Voodoo Highway” (1991), en el que introducían con mucha clase influencias de músicas negras como el soul y el funk, parecía que iba a consolidar definitivamente su carrera.

Sin embargo, todo empezó a torcerse desde entonces. La práctica extinción del hard rock a causa del advenimiento del grunge motivó una casi nula repercusión de su nueva obra y, en la accidentada gira posterior, las tensiones entre Lee y Gillen se hicieron cada vez más insoportables, dejando de por medio una breve expulsión del cantante, unas explosivas declaraciones suyas en la revista “Kerrang!” y una vergonzosa discusión en pleno concierto. Todo ello llevó a la definitiva expulsión de Gillen y algún intento infructuoso del guitarrista de reformar el grupo. Cualquier esperanza de reunión se fue al traste en 1993, cuando Gillen falleció demasiado pronto a causa del SIDA. Para la posteridad solo quedaría “Dusk” (1998), un recomendable disco que recoge demos de canciones concebidas para un eventual tercer álbum, y el aura de banda de culto para una formación que tenía potencial de sobra para haber llegado a mucho más.

DISCO RECOMENDADO: “Badlands” (1989)

BETTY BLOWTORCH

Corrían los tiempos del cambio de siglo y los fans más optimistas aguardaban esperanzados una ‘nueva venida’ del hard rock a lo más alto del ‘mainstream’ tras la década perdida de los 90 ante indicios como el regreso a la actividad de esos Guns’N’Roses comandados tiránicamente por Axl Rose y rutilantes debuts en el género, especialmente aquel espectacular de Buckcherry. No es que Betty Blowtorch asomaran nunca más allá del ‘underground’, pero su llegada fue otro de esos aldabonazos para pensar en una posible nueva era dorada del género. Formada por tres integrantes del combo punk angelino Butt Trumpet, pronto la banda comandada por la cantante Bianca Butthole comenzó a avisar de sus posibilidades con su EP de debut, “Get Off” (1998). Sin embargo, la confirmación absoluta no llegó hasta 2001, año en el que, sin aviso previo, nos topamos con un disco del calibre de “Are you Man Enough?”. Una explosiva mezcla entre la actitud contestaria y sonido punk de L7 y los Guns más primerizos, con acertadas dosis de melodía prestar a desengrasar oportunamente, que derivó en una auténtica bomba de relojería, una absoluta obra maestra sin un solo tema de relleno, lleno de frescura y con una Bianca que, con su voz plena de rabia y de verdad, provocaba una empatía inmediata. Temazos como “Hell on Wheels”, “Size Queen” -con una apoteósica colaboración de…¡Vanilla Ice!-, “I’m Ugly and I Don’t Know Why”, “No Integrity” o “Part Time Hooker” bien hubieran merecido un amplio reconocimiento, pero la verdad es que el disco no pasó de la admiración de los fans más cercanos al estilo y se auguraba una carrera prometedora pero aún con muchas piedras por el camino.

Sin embargo, esa presumible larga trayectoria, que continuó en ese mismo 2001 con una gira junto a Nashville Pussy y la salida de dos de sus integrantes .siendo una de sus sustitutas precisamente Jennifer Finch de L7- se vio cortada de cuajo ese diciembre, cuando Bianca falleció a causa de un accidente de tráfico en Nueva Orleans. La tragedia impidió cualquier tipo de continuidad -únicamente se publicó de forma póstuma en 2003 “Last Call”, una obra compuesta de rarezas y temas en directo- y Betty Blowtorch han quedado en el recuerdo -desgraciadamente de solo unos pocos- como un repentino fogonazo del más explosivo rock’n’roll. No dejes de experimentarlo si aún no lo has hecho.

DISCO RECOMENDADO: “Are you Man Enough?” (2001)

THE GLITTERATI

Nos situamos ahora en otra época de presunto renacer del hard rock. Corre el primer lustro del siglo XXI y un éxito tan inesperado y fulgurante como el de nuestros queridos The Darkness y el más moderado de otras bandas como Hurricane Party vuelve a poner de moda el género en su cuna: el Reino Unido. En este contexto, aparece en 2005 prácticamente de la nada una banda llamada The Glitterati con una muy estimulante ópera prima homónima, producida por un maestro como Mike Clink. Sonando mucho más sobrios que los de Justin Hawkins, con un estupendo equilibrio entre el respeto a las raíces y la mirada puesta en el presente, grandes temas como “You Got Nothing on Me”, “Do you Love Yourself?” o “Here Comes a Close Up” lograron tanto convencer a los aficionados del género como tener una notable repercusión, entrando en listas de éxitos británicas, ser nominados a prestigiosos premios y salir de gira con notable éxito y participación en varios de los grandes festivales de su país.

Todo parecía encaminado hacia una exitosa carrera…pero cometieron un error fatal de ‘timing’. De cara a la continuación de “The Glitterati”, dejaron pasar los años y también ese momentáneo auge hardrockero. Cuando su también notable segundo disco, “Are you One of Us”, llegó a las tiendas en 2010, el género había vuelto a las catacumbas del ‘undeground”, pasaron de una multinacional como Atlantic a la más modesta DR2, y la repercusión fue mucho menor. Las consecuentes dificultades para gira y promocionar su nuevo lanzamiento propiciaron la temprana disolución de un grupo que se fue tan rápido como llegó a nuestras vidas.

DISCO RECOMENDADO: “The Glitterati” (2005)

JELLYFISH

Si alguna vez el término ‘banda de culto’ tiene significado, esa debe ser cuando nos referimos a uno de los más grandes grupos menos conocidos de la historia: los únicos e inimitables Jellyfish. Con un núcleo central formado por la pareja Andy Sturmer (voces y batería) y Roger Manning (teclados), ambos compañeros en un grupo anterior llamado Beatnik Beatch, nuestra ‘medusa’ surcó siempre a contracorriente los mares de la industria musical, pero, pese a ello, logró dejarnos un legado tan breve como estimulante. En pleno reinado del ‘sleazy’ angelino, Jellyfish apostaron por una mezcla inédita en su época entre el power pop más rockerizado de emblemas del estilo como Cheap Trick o Redd Kross con las melodías más clásicas del pop 60’s, especialmente de la ‘British Invasion’. Con estos mimbres y la incorporación del guitarrista Jason Falkner, se pergeñó su debut, “Bellybutton” (1990), un disco más que notable repleto de infecciosas melodías como las que portaban temas como “The King is Half Undressed”, “I Wanna Stay Home” o “Baby’s Coming Back”. Esta ‘ópera prima’ fue recibida con cierta frialdad comercial, pero les valió un gran prestigio crítico que desembocó en la admiración de gran parte del gremio musical. De ahí que fueran llamados a colaborar en el estudio con colosos de la talla de Ringo Starr, Brian Wilson y Harry Nilsson. Pese al inconveniente de la marcha de Falkner en la gira subsiguiente, Jellyfish no cejaron en su empeño de mostrar su virtuosismo musical y doblaron la apuesta para su segundo álbum, “Spilt Milk” (1993), al que se pueda considerar sin complejo alguno una de las obras maestras de los 90’s menos conocidas. Conservando las mismas influencias, pero aumentando hasta el infinito tanto la ambición en los arreglos como la variedad musical -a veces cambiando de género en una misma canción- , “Spilt Milk” es, para un servidor, lo más parecido al barroquismo de Queen en obras como “A Night at the Opera” o “Jazz” que se facturó en la era dorada del ‘grunge’. El nivel es altísimo en todo el disco, pero “Joining a Fan Club”, “Glutton of Simpathy”, “Bye Bye Bye” o “Too Much, Too Little, Too Late” deben colocarse justamente entre las más altas cotas del pop de todos los tiempos.

Nada ayudó que “Spilt Milk” volviera a recibir una acogida tibia, algo comprensible en la época de máximo esplendor de bandas absolutamente opuestas en sonido como Nirvana o Soundgarden, pero la verdadera razón del prematuro final de Jellyfish fueron las tensiones entre sus miembros, algo que venía en el ADN de la formación desde su origen. Dos mentes tan creativas como las de Sturmer y Manning siempre mantuvieron una pugna artística tan beneficiosa a nivel musical como devastadora en el ámbito íntimo. Incluso la entrada de Falkner, promocionado por Manning para el disgusto de Sturmer, fue otro aldabonazo para los desencuentros. El desenlace llegó cuando la pareja se reunió para poner en común lo que habían compuesto por separado de cara a la continuación de “Spilt Milk”: las respectivas visiones sobre su presumible nueva obra eran tan opuestas que no les quedó otra alternativa que poner un fatídico punto y final a tan magna trayectoria. Desde entonces, varios discos de rarezas, reediciones e incluso alguna corta resurrección de la banda -siempre sin Sturmer- han entretenido a los hambrientos fans de melodías más grandes que la vida.

DISCO RECOMENDADO: “Spilt Milk” (1993)

KULA SHAKER

Pocos contextos musicales eran más difíciles para destacar que el Reino Unido de 1996, seguramente el año de mayor apogeo del ‘brit pop’, con miles de bandas surgiendo por todas partes para intentar arrebatar el trono de Oasis y Blur. Y Kula Shaker tuvieron el gran mérito de colarse ese año y de manera fulgurante entre la realeza del género gracias a la frescura que emanaba su exitosa ‘ópera prima’: “K”. Con adictivos reflejos bailables del sonido Manchester, la música de Kula Shaker se caracterizaba por mirar al pasado -concretamente a la era de esplendor de la psicodelia pop, a finales de los 60- sin dejar de sonar actuales, consiguiendo además una agradecida singularidad gracias a la introducción de sonidos del folk hindú, como buenos discípulos de George Harrison. “Hey Dude”, “Into the Deep”, “Tattva” o “Grateful when you’re Dead” destacan entre un conjunto de lo más sólido y fresco. Un año después, la versión de todo un clásico, “Hush”, se convirtió en su mayor éxito, supuso un nuevo aldabonazo para una banda que parecía imparable.

Sin embargo, no contaron con una de los grandes peligros de todo grupo: la sensacionalista prensa inglesa. Primero fueron las críticas por el ocasional uso de la esvástica en su imaginario, algo irrisorio en una formación tan pegada a los símbolos hindúes, y después presuntas intervenciones en actos de extrema derecha de su líder, Crispian Mills, quien se apresuró a aclararlas. Para rematarlo todo, llegó el exagerado desprecio crítico a su segundo álbum, “Peasants, Pigs & Astronauts” (1999), un ambicioso trabajo al que quizás le pese demasiado un exceso en su vertiente folklórica, pero en el que también brillaban grandes temas como “Mystical Machine Gun”, “S.O.S.” o “Shower your Love”. Indudablemente, era inferior a “K”, pero ni mucho menos merecedor de ‘honores’ tan dudosos como el de aparecer en el ránking de 50 peores discos de la historia de la revista “Q”. La insuficiente respuesta comercial y ciertas tensiones internas pusieron punto y final a la primera, y más célebre, etapa de la banda. Kula Shaker regresaron a la actividad en 2004 y han lanzado tres discos de estudio desde entonces: “Strangefolk” (2007), “Pilgrims Progress” (2010) y “K 2 0” (2016), todos ellos de buena factura -especialmente el segundo- , pero ya muy alejados tanto en repercusión como en calidad de sus brillantes comienzos.

DISCO RECOMENDADO: “K” (1996)

LAURYN HILL

Sin duda, estamos ante el caso más paradigmático y popular que abordaremos en este post. La estadounidense Lauryn Hill, que duda cabe, es una de esas personas destinadas a triunfar. Con 13 años ya había cantado en el mítico Apollo neoyorquino y con 18 ya había logrado unos cuantos papeles secundarios de cierta enjundia en el cine. Pero su escalón definitivo hacia la fama fue su alianza-tanto profesional como romántica- con Wyclef Jean en forma de The Fugees, combo en el que se mezclaban con éxito hip hop, influencias jamaicanas y soul y que, tras un buen primer disco, escribió su nombre con letras de oro en la historia con su segunda obra, el superventas “The Score” (1996), con ‘hits’ tan indiscutibles como la versión de “Killing Me Softly”. No obstante, la ruptura de la pareja provocó el prematuro final de Fugees y el comienzo de la carrera en solitario de una Hill en pleno torbellino vital tras haber reencontrado el amor con Rohan Marley -hijo del gran Bob- y esperar un hijo. El cúmulo de emociones y el excelente momento artístico de la cantante se aliaron para pergeñar “The Miseducation of Lauryn Hill” (1998), una obra absolutamente histórica. Sin abandonar el estilo que ya practicaba con Fugees, Hill supo aportarle una mayor profundidad, un carácter confesional y una óptica femenina que hacía único el conjunto, suficientemente enjundioso para deleitar a la crítica y suficientemente accesible para el público casual como para convertirse en un absoluto megaéxito: más de 12 millones de ejemplares vendidos y cinco Grammys no se logran cualquier día.

El cielo parecía ser el límite, pero tan fulgurante carrera no tardó en irse agrietando. Tras una corta gira de presentación por el nacimiento de su hijo, Hill comenzó a sentir el peso de la fama desorbitada sobre sus hombros y necesitó el consuelo de un dudoso líder espiritual que, en opinión de algunos allegados, fue el culpable de alejarla del mundo artístico. Desde entonces, Hill ha acumulado cinco vástagos más, diversas giras cortas con numerosos incidentes en forma de retrasos y cancelaciones de conciertos y un juicio por evasión fiscal que le valió una estancia de tres meses en la cárcel. ¿Y artísticamente? Pues alguna que otra colaboración dispersa, algún que otro single suelto y solo dos aportaciones realmente sustanciales en forma de álbum. Primero llegó su “MTV Unplugged No. 2.0” (2002), uno de los conciertos más atípicos de la famosa serie de la cadena televisiva, en el que Hill obvió sus ‘hits’ para ofrecer hasta 13 nuevas composiciones nuevas y una versión -un conjunto notable pese a su condición de desenchufadas- y siete largos soliloquios hablados capaces de acabar con la paciencia de cualquiera. Después, de forma inesperada, fue la principal contribuyente, con hasta seis versiones, del disco tributo a la titánica figura de Nina Simone en 2015, coincidiendo con el estreno en Netflix del documental “What Happened, Miss Simone?”. El resultado, de nuevo, era, en términos generales, bastante óptimo y esperanzador, pero Hill sigue sin decidirse a dar continuidad a su gran obra. Y dislates como su polémica intervención en el Mad Cool de 2019 instan al desánimo.

DISCO RECOMENDADO: “The Miseducation of Lauryn Hill” (1998)

MANSUN

En un caso muy parecido al ya comentado de Kula Shaker, otro de los grupos que tuvieron el gran mérito de destacar y hacerse con un hueco propio en el superpoblado universo del ‘brit pop’ a mediados de los 90 fueron los ingleses Mansun. Plenos de ambición, con un sonido ampuloso y épico sin desdeñar la pegada melódica, la banda comandada por el vocalista Paul Draper podría asimilarse más a Suede, aunque con menos desgarro y sin el toque glam, que a otros grandes de esa escena. Mansun tiraron la puerta abajo de buenas a primeras con su ‘ópera prima’, el muy exitoso “Attack of the Grey Lattern” (1997), un gran disco que contenía gemas como “Taxloss”, “Stripper Vicar” o “She Makes my Nose Bleed”. “Six” (1998) fue el siguiente aldabonazo a su carrera, pese a un descenso en las ventas. Este segundo álbum supuso para el grupo doblar la apuesta y alcanzar una mayor complejidad y solemnidad en los temas, sobre todo en su primera mitad (como prueba el tema título), para relajar un tanto las formas en una segunda mitad que contenía sus canciones más recordadas: ese precioso y dramático medio tiempo que es “Legacy” y la emotiva “Being a Girl”. En solo dos lanzamientos, Mansun ya habían logrado tanto éxito como respeto. ¿Qué más se puede pedir?

Pero todo se empezó a torcer durante la confección de su tercer álbum, en la que Draper fue relegado de su habitual puesto en la producción en favor de colaboradores externos que lograran dar un mayor ‘punch’ comercial a las composiciones. Efectivamente, “Little Kix” (2000) supuso una total reformulación del grupo hacia un sonido más sencillo y pegadizo. No deja de ser un buen álbum -ahí están las notables “I Can Only Disappoint U”, uno de los mayores éxitos de la formación, y “Electric Man”-, pero es cierto que se perdía gran parte de la singularidad de Mansun en busca de un toque mucho más homogeneizador. Draper no quiso girar para promocionarlo y el ambiente dentro de la formación del grupo se enrareció mucho. Casi inmediatamente se anunció la preparación de un cuarto disco que reparara los daños sufridos, pero diversos problemas de salud y desencuentros fueron postergando su salida hasta que en 2003 Mansun anunciaron su final. Las canciones preparadas para ese futurible disco aparecieron en 2004 en el triple disco recopilatorio “Kleptomania”, que también reunía singles varios, caras B y rarezas varias. Un buen finiquito para una banda fulgurante que se extinguió demasiado rápido.

DISCO RECOMENDADO: “Six” (1998)

THE MUSIC

Con The Music pasamos a inscribirnos en la hornada británica inmediatamente posterior a la fiebre ‘brit pop’, con otro ramillete de bandas algo menos icónicas pero también muy exitosas como Kaiser Chiefs, Bloc Party o The Coral. El cuarteto de Leeds, liderado por el vocalista y guitarrista Robert Harvey, sorprendió a propios y extraños en 2002 con su homónimo álbum de debut, una obra tremendamente fresca y adictiva en la que conjugaba lo mejor de los ritmos bailables del sonido Manchester con un acentuado gusto por la psicodelia y los amplios desarrollos. Temas tan convincentes como “Take the Long Road and Walk it” o “Getaway” cosecharon tanto un considerable éxito de ventas como, sobre todo, un gran fervor crítico, que prometía un futuro más que halagüeño. Su continuación, “Welcome to the North” (2004), también obtuvo una aceptable resonancia, sobre todo gracias al single “Freedom Fighters”, pero su sonido se replegó extrañamente, cercenándose drásticamente su vertiente más aventurera, y la banda optó por unas formas más épicas y acomodaticias, mucho más en consonancia con lo que se oía por entonces en el pop ‘mainstream’, perdiendo gran parte de su singularidad.

La trayectoria de la formación se vio paralizada por los problemas de adicción de Harvey, primero con las drogas y después con el alcohol, lo que hizo que su tercer disco, “Strenght in Numbers”, se retrasara a 2008. El tiempo perdido afectó a su popularidad, que cayó sin desmayarse totalmente, a la vez que su sonido volvía a mutar considerablemente para desconcierto de sus seguidores. Ahora el turno era para experimentar ampliamente con unos sonidos electrónicos que antes apenas habían estado presentes. Esta cierta desorientación musical parecía plasmar una problemática relación interna en la banda, que se acabó confirmando con el anuncio de su separación, justo cuando se esperaba el lanzamiento de una cuarta obra de estudio que nunca llegó. Como pequeño consuelo llegó un recopilatorio de singles y EP’s ya póstumo que cerró una carrera tan estimulante en sus inicios como confusa en la mayor parte de su recorrido.

DISCO RECOMENDADO: The Music” (2002)

MY VITRIOL

Seguimos en territorio británico, pero esta vez salimos de la demarcación pop para engordar las guitarras y situarnos en los albores del siglo XXI. En esa época hubo una hornada de bandas que pasaron por alto la influencia del ya decaído ‘brit pop’ y reflejaron tanto la alargadísima estela dejada por Radiohead a finales de los 90 como el hecho de haber mamado en la adolescencia la explosión del ‘grunge’ estadounidense. De esa mezcla salieron tanto formaciones tan exitosas como Muse como otras no tan afortunadas como los post hardcore Funeral for a Friend. En un hipotético término medio se situarían los londinenses My Vitriol. Lo del joven cuarteto fue llegar y besar el santo: su debut, “Finelines” (2001), acaparó tanto críticas elogiosas como un considerable éxito en listas y ventas. No era para menos, no ofrecían nada sustancialmente nuevo pero su adictivo conglomerado sonoro entre la elegante oscuridad de The Smashing Pumpkins, la osadía de My Bloody Valentine y un acusado gusto por las melodías accesibles se mostraba realmente enjundioso. Temas tan logrados como “The Gentle Art of Choking”, “Grounded” o “Ode to the Red Queen” no solo proporcionaban una inmediata satisfacción, también la sensación de que My Vitriol tenían madera de sobras para explorar nuevos universos, mejorar aún más sus prestaciones y convertirse en uno de los grupos de referencia de la década dentro del rock alternativo.

Tras lanzar en 2002 una ampliación de “Finelines” que contenía un segundo CD llamado “Between the Lines” -un muy aprovechable conjunto de rarezas- , My Vitriol comenzaron a grabar con el productor Colin Richardson su segundo disco en medio de una gran expectación, con el objetivo de lanzarlo en 2004. Sin embargo, ese esperado álbum nunca llego y, en medio de una presumible crisis interna, el grupo no retomó su actividad hasta 2005. Desde entonces, My Vitriol ha tenido actividad esporádica en directo, con diversas giras seguidas por largos periodos de hibernación, pero su discografía solo se ha visto engrosada por el álbum en directo “Cast in Amber” (2006), varios EP’s y, ya en 2016, por su segunda colección de nuevas canciones, “The Secret Sessions”, lanzada de forma limitada y con muy poca repercusión, pero que, sin embargo, vuelve a mostrar un gran talento que, desgraciadamente, apenas hemos podido disfrutar.

DISCO RECOMENDADO: “Finelines” (2001)

TOWERS OF LONDON

Sucedió en 1992, cuando unos primerizos Manic Street Preachers debutaron con aquel macarra “Generation Terrorists”. Su vehemente mixtura entre hard rock sleazy, punk y pegadizo pop les valió numerosas críticas de la prensa británica, que les tachaba de prefabricados. Volvió a ocurrir en 2003, cuando los medios se mofaban de aquella bendita recuperación del hard rock más festivo y excesivo que fomentaron The Darkness con su inolvidable “Permission to Land”. Y, como no hay dos sin tres, algo parecido se repitió en 2006, cuando Towers of London lanzaron su esperada ‘ópera prima’, “Blood, Sweat and Towers”. Precedidos por la fama lograda por sus singles previos, sus macarras pintas tan a contracorriente en aquellos tiempos y una merecida reputación de pendencieros -con incidentes varios en conciertos con público y bandas como My Chemical Romance-, la prensa inglesa se cebó con ellos por su supuesta nula autenticidad. Pero a los que no vamos repartiendo carnés de rockero por la vida no nos quedó otra que disfrutar con su adictiva mezcla pergeñada por el grupo liderado por los hermanos Donny y Dirk Tourette. La rabia del punk’77, la garra de los primerizos Guns’N’Roses, los recuerdos al glam más andrajoso de The New York Dolls y unas pequeñas dosis melódicas de ‘brit pop’ cristalizaron en una serie de canciones no demasiado virtuosas pero sí ideales para disfrutar en cualquier noche de fiesta. “I’m a Rat”, “Air Guitar”, “On a Noose” o “How Rude she Was” fueron poderosas razones para conseguir un rápido éxito y, sobre todo, dar un más que necesario toque de rebeldía y diversión a la sombría escena británica.

La borrachera de fama experimentada por Towers of London entre 2006 y 2007 tuvo momentos triunfales -como sus conciertos junto a The Pogues y Guns’N’Roses- pero también otros mucho menos memorables, como otra sucesión de diversas trifulcas y la surrealista participación del cantante Donny en la versión inglesa de “Gran Hermano VIP”, siendo eliminado 48 horas después de su entrada en la casa por intentar trepar un muro para huir. La consiguiente resaca conllevó la marcha de dos importantes miembros de la formación, el guitarrista Rev y el batería Snell, y un largo proceso de confección de su segundo álbum. Cuando éste llegó en 2008, bajo el título de “Fizzy Pop”, el tiempo de la banda se había agotado, entregando una obra poco menos que mediocre -pese a algún gran chispazo como “Naked on the Dance Floor”– que apenas tuvo repercusión. Towers of London no llegaron ni siquiera a iniciar la presumible gira y desaparecieron sin apenas dejar rastro, hasta que el año pasado anunciaron un regreso que, por ahora, no ha dado frutos.

DISCO RECOMENDADO: “Blood, Sweat and Towers” (2006)

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