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Nuestros discos de 2020

28/12/2020

Como para casi todas las disciplinas culturales, el 2020 ha sido un año extraordinariamente difícil para la música, pero, en su caso, hay que distinguir dos tipos de afectación muy diferente. La CATÁSTROFE, así con mayúsculas, se ha producido en la música en directo. La propia naturaleza de las actuaciones en vivo, que incluye la cercanía entre el público y, durante la mayor parte del año, la celebración en locales cerrados, ha provocado que desde mediados de marzo apenas se hayan celebrado conciertos más que unas cuantas valientes iniciativas aisladas. La ausencia ha sido aún más gigantesca (y comprensible) en el caso de eventos masivos, situación agravada por las polémicas generadas por algunas de sus mínimas manifestaciones (Taburete, Raphael). Por el camino, más allá del inmenso hambre de conciertos y el reguero de entradas de eventos aplazados o cancelados que atesoran los aficionados de la música, queda el modo de subsistencia de millones de trabajadores del sector (músicos, dueños de salas, promotores, organizadores de festivales, técnicos y montadores de escenarios, medios especializados… ). Y lo peor es que, pese a las incipientes vacunaciones, el futuro próximo sigue siendo extremadamente sombrío por lo borroso de un horizonte de normalidad teniendo en cuenta el largo tiempo que hará falta para conseguir una inmunidad suficiente para volver a reunirnos miles de personas en un mismo lugar con ciertas garantías.

El año en cuanto al mercado discográfico tampoco ha sido fácil. El inicio de la pandemia trastocó miles de agendas y la hilera de lanzamientos aplazados en espera de tiempos mejores alcanzó cotas kilométricas. Sin embargo, la evidencia de que esta inédita situación iba para (muy) largo hizo que, poco a poco, casi todos estos álbumes fueran apareciendo paulatinamente en el mercado. Incluso la imposibilidad de salir de gira propició la creación de obras que quedarán en el recuerdo como algunos de los mejores testimonios de este apocalíptico tiempo. La música se benefició de su innegable efecto terapéutico y se convirtió en una de nuestras mejores aliadas para sobrellevar estos meses, especialmente en la época del confinamiento más estricto. Pocas veces en la historia se habrá escuchado tanta música en casa y a esto ha acompañado la inspiración de los artistas, que han brindado una cosecha de álbumes verdaderamente enjundiosa. Así queda reflejado en el ránking que os presentamos a continuación y en el que caben desde esos grandes clásicos que nos han reconciliado con la vida con inesperados lanzamientos, hasta dos de las mayores divas pop del siglo, pasando por un variado surtido de nombres, desde curtidos veteranos hasta firmes promesas, menos conocidos pero cuyo talento merece el mayor de los reconocimientos. Sin más preámbulos, pasen y vean… O mejor dicho, escuchen.

 
 
1. BRUCE SPRINGSTEEN “Letter to You”
Hay un conmovedor momento en el documental para Apple TV+ que registra la grabación de “Letter to You” en el que Bruce Springsteen pone a escuchar el tema de cierre del álbum, “I’ll See You in My Dreams”, a su manager, productor y compinche de toda una vida, Jon Landau. Y éste, visiblemente cascado y desmejorado, probablemente enfermo, se deshace en lágrimas sin poder evitar emocionarse. Y sus lágrimas son las de todos los fans que necesitábamos, más aún en estos tiempos oscuros, que Bruce reuniera a los chicos de la E Street Band (ya venerables septuagenarios) al menos una vez más y se marcara un disco digno de su leyenda conjunta. Un glorioso regreso que bien podría quedar como un último vals. “Letter to You” nos habla del inevitable paso del tiempo, de lo que nos vemos obligados a dejar atrás y de la incertidumbre que nos queda por delante, pero lo hace con un vitalismo, una pasión y una sabiduría que nos retrotrae a un tiempo añejo en el que el rock’n’roll era una llama inextinguible que podía dar por sí misma sentido a la existencia. Aquí tenemos las canciones, tenemos el sonido y tenemos la actitud. Pero aún nos queda una cuenta pendiente: poder disfrutar de todo eso juntos en un recinto y berrear con el corazón en la boca que estamos vivos y volvemos a casa. Nuestra crítica de “Letter to You”, aquí.
 
 
2. TAYLOR SWIFT “folklore”
No recordamos ningún curso reciente en el que haya estado más disputado el primer puesto de nuestro top musical del año, pero que Taylor Swift no haya logrado el número 1 (muy cerca estuvo de arrebatárselo al mismísimo Boss, ¡quién nos lo iba a decir!) en nuestra lista no evita que “folklore” quede para la posteridad como EL disco de 2020. Primero, porque no existiría si el mundo no se hubiese detenido por completo el pasado mes de marzo y la estrella del pop se hubiera dedicado durante meses a reventar los pabellones y festivales de medio mundo, como tenía previsto. Y segundo, porque su propia concepción, composición y grabación están profundamente marcados por los meses de reclusión, algo que se plasma en el sonido y espíritu del álbum. Pero Swift, lejos de dejarse llevar por el pesimismo y el desánimo, consiguió regalarnos un disco asombrosamente cálido y reconfortante, fastuoso en su aparente sencillez, repleto de exquisiteces folk, composiciones inspiradísimas y un sin fin de fascinantes historias cruzadas en las que sumergirse y perderse durante horas. Una proeza irrepetible, pensábamos, hasta que Swift nos sorprendió de nuevo, a tres semanas de cerrar el año, con “evermore”, otro álbum maravilloso que, como mínimo, iguala en casi todo a “folklore”. Más sobre los últimos discos de Taylor Swift, aquí.
 
 
3. PHOEBE BRIDGERS “Punisher”
Ni “Punisher” ha sido el primer trabajo de Phoebe Bridgers en ver la luz, ni la artista encaja en la etiqueta de las autoras musicales que mueven masas. No obstante, este ha sido un gran año, en lo que respecta a la música, para la californiana. No ha parado de hablarse de ella en las redes, el público no ha cesado de compartir sus canciones y su segundo álbum ha sido recibido con un placer inmenso. Principalmente nadando en las aguas del folk clásico, Bridgers nos vuelve a regalar letras de una personalidad exquisita, de gran descaro en el mejor de los sentidos e impregnadas en su maravillosa rareza. “Punisher” es un álbum que arrulla y descoloca en su recorrido, con temas tan destacables como “Garden Song”, “Kyoto”, “Halloween” o “Chinese Satellite”. Ya se coló el año pasado en nuestro top con Better Oblivion Community Center, su proyecto conjunto con el cantautor Conor Oberst (Bright Eyes), y vamos a seguir muy pendientes de ella, porque creemos que el futuro del género ha de sonar así.
 
 
4. AC/DC “Power Up”
El año en el que, casi de un día para otro, todo se vino abajo y, tras meses de drama e incertidumbre, empezamos a temer que las cosas nunca volverían a ser como eran antes (en esas estamos todavía), AC/DC regresaron casi por sopresa, o no tanta, realmente, para confirmarnos por enésima vez que si necesitábamos algo 100 por 100 confiable a lo que asirnos en tiempos de confusión y miedo, ahí estaban ellos. Lo que parecía imposible tras las salidas de Phil Rudd en 2014, Brian Johnson y Cliff Williams en 2016, y la muerte del alma y pilar del grupo durante cuatro décadas, Malcolm Young, en 2017, se confirmó como una realidad a finales de 2020 tras meses de rumores: Angus Young y su sobrino Stevie habían conseguido enrolar a Phil, Brian y Cliff para, con la formación más clásica posible, lanzar un penúltimo cañonazo tan infalible y certero como era de esperar. O más aún, pues “Power Up” es un discazo que nos da aún más de lo que esperábamos, y eso que siempre esperamos mucho, con un sonido apabullante y una colección de temas que, sin salirse de la fórmula ganadora, suenan tremendamente inspirados y estimulantes para una banda con 47 años de historia a sus espaldas. Y visto lo visto, lo que les quedan. Nuestra crítica completa de “Power Up”, aquí.
 
 
5. LUCINDA WILLIAMS “Good Souls Better Angels”
Llevaba mucho tiempo una de las grandes damas de la música americana, Lucinda Williams, instalada en una cómoda placidez con la que mantenía su prestigio intacto pero con la que ya no nos arrebataba el alma como hiciera con esa trilogía de obras maestras que acumuló entre finales de los años 90 y y comienzos del nuevo siglo. Tuvo que ser el advenimiento de Trump lo que le impulsara a catalizar la mala hostia que le provocaba mirar el estado de su país en “Good Souls Better Angels”, su obra más agreste, ruda y política. Alzando más que nunca el cariz ronco y autoritario de su voz y mediante una instrumentación más libre y contundente que nunca, van estallando en tus oídos secas pedradas como “Bone of Contention”, “Down Past the Bottom” o la brutal “Wakin’ Up”, en las que, por momentos, parece que un Iggy Pop -circa Stooges- hubiera nacido en Texas y se hubiera apoderado del alma de Lucinda. Menos mal que alguna espectacular balada como “When the Way Gets Dark” compensa tanta rabia y acaba configurando otra obra magna de Lucinda.
 
 
6. BUNBURY “Posible”
En su incansable y habitual búsqueda de la reinvención, de no repetir fórmulas, Bunbury abrazó en 2020 un sonido oscuro, plagado de atmósferas y texturas, con los sintetizadores y las programaciones tomando el lugar de las guitarras y las baterías, pero siempre con su sello personal. ‘Posible’ no era un disco fácil, ni para el oyente ni para él, pero la apuesta le salió ganadora. De nuevo rico y pulcro musicalmente, excelso en la producción, Bunbury entregó un buen puñado de temas para el recuerdo (quizás con varios evidentemente más olvidables), y en esa búsqueda y en este año de encierro, meses después publicó otro álbum (“Curso de levitación intensivo”) con similares intenciones pero distinto trazo, más social y orgánico, igual de atrevido e inteligente. Esta dupla de discos no ha hecho sino confirmar el excelente momento de forma en el que se encuentra el maño, quizás ya definitivamente consolidado sin paliativos (superada ya su fase más popular) en la cima del rock nacional por la trayectoria acumulada y por el respeto ganado.
 
 
7. PERFUME GENIUS “Set My Heart on Fire Inmediately”
El quinto álbum del proyecto de Michael Hadreas es un inabarcable tapiz de emociones tejido a partir de contrastes estilísticos. Lo terrenal y lo onírico, lo visceral y lo delicado, lo experimental y lo accesible, lo masculino y lo femenino. Sus contornos barrocos y recargados conviven con abstracciones minimalistas de poso cinematográfico para alumbrar un conjunto tan desmesurado como sorprendentemente cohesivo, de esos que necesitan varias escuchas para revelar toda su magnitud. “Set My Heart on Fire Immediately” es tanto la inmediatez con aroma de hit ochentero de “On the Floor” como la elegancia manierista con sórdido trasfondo de “Jason”, la intensidad expansiva de “Describe” o “Your Body Changes Everything”, la solemnidad siniestra de “Just a Touch” o la ligereza country-pop de “Without You”. Perfume Genius ha transmutado en su versión definitiva, cristalizando en una belleza atemporal, plagada de inventiva y detalles imaginativos que nunca se agotan.
 
 
8. CHUCK PROPHET “The Land That Time Forgot”
El que fuera líder de los nunca suficientemente ponderados Green on Red, Chuck Prophet, lleva 30 años marcándose una excelente carrera en solitario, tocando todos los palos del rock americano, pero tristemente volando siempre por debajo del radar. Puede que “The Land That Time Forgot” siga el mismo camino pero, desde luego, merecería que le aupara a una posición mucho más descollante. Su obra más melancólica y política nos ofrece un compendio de odas a perdedores y diatribas contra líderes como Nixon o Trump que muestran a un compositor sobresaliente en absoluta plenitud de facultades. Accesibles, pero siempre con una vuelta que les aleja de lo evidente, sus temas resplandecen, plenos de vida y emoción: ahí están esa maravillosa “High as Johnny Thunders”, “Womankind”, la brutal balada “Paying my Respects to the Train” o la más rítmica “Marathon” para ejemplificar una colección de canciones que nos acompañará para siempre y en las que, por cierto, Prophet y su mujer, Stephanie Finch, cantan mejor que nunca.
 
 
9. MILEY CYRUS “Plastic Hearts”
Que Miley Cyrus era una leona escénica con capacidad de contar en sus canciones y performances un sinfín de historias desatadas era algo que ya sabíamos. Que la etapa Disney de la artista se había quedado atrás hace como 15 años, también. Sin embargo, nunca le hemos dado grandes oportunidades a su trabajo y no sé si lo hubiéramos hecho de no contar en este (aún calentito) “Plastic Hearts” con esa fila de colaboradores y un rollo tan potente. Este álbum se mueve entre el pop y el pop rock ochenteros y se convierte casi de forma automática en una inyección de energía, gracias a sus ritmos, la voz de gacela rasgada que cada vez le es más característica a la cantante y temas de la talla de “Prisoner” (con Dua Lipa), “What the Fuck Do I Know”, “Midnight Sky” o “Bad Karma” (con Joan Jett). Hay actitud, hay calidad musical y hay temas mayúsculos encerrados en este disco que es una de nuestras recomendaciones del año.
 
 
10. WAXAHATCHEE “Saint Cloud”
“Saint Cloud” es el disco de reconciliación de Katie Crutchfield, consigo misma tras años de desbarre de drogas y alcohol, pero también con sus propias raíces, abrazando los sonidos tradicionales asociados a su Alabama natal. Es por tanto un trabajo de maduración y sanación, en el que se perciben casi físicamente los rayos de sol mañaneros encendiendo el vasto paisaje de la América profunda. Sus once canciones fluyen con naturalidad orgánica como deliciosas viñetas a medio camino entre el country-folk y el pop. Es palpable la influencia de ilustres damas de la canción americana como Lucinda Williams, Cat Power o Emmylou Harris, pero Waxahatchee encuentra su propio camino acompañada por la sólida banda californiana Bonny Doon y confiando plenamente en su propia voz, maravillosa en la modulación de versos, palabras y sílabas de reconfortante intimidad.
 
 
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