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“La gran apuesta”: esperando la llegada del fin del mundo

22/01/2016

La gran apuesta_poster

Si algo nos dejó claro la crisis financiera iniciada en 2008 con la caída de Lehman Brothers es que el capitalismo es una degradante farsa bendecida por los poderes fácticos, y que el derrumbe de los falsos imperios lo termina pagando siempre el vulgo mientras que los grandes responsables, los infames ladrones de guante blanco, salen (y se saben) impunes y recolocados. Lo que significa que todo, tarde o temprano, volverá a ocurrir otra vez. “Inside Job”, el oscarizado documental dirigido por Charles Ferguson en 2010, no solo radiografiaba lúcida y didácticamente las causas del amoral crimen perpetrado por banqueros, empresarios sin escrúpulos, corredores de bolsa y especuladores con la connivencia de agencias de calificación, políticos, economistas y medios de comunicación, sino que dejaba al aterrorizado espectador con unas irrefrenables ganas de salir a la calle a hacer “escraches”, o algo peor. El director Adam McKay seguramente vio “Inside Job”, porque “La gran apuesta” es en muchos sentidos una versión dramatizada de aquel filme, en la que pervive mucho de su nervio documental y su tono pedagógico, pero que se las arregla para encontrar un nuevo ángulo sobre el que explorar el principal (aunque no único) detonante del desplome financiero, es decir, la estafa a gran escala de las hipotecas inmobiliarias subprime que generó una enorme burbuja que inevitablemente tenía que estallar.

McKay, en su primera incursión en un cine más comprometido tras un puñado de comedias que no hemos visto, adopta la perspectiva de aquellos avispados que se dieron cuenta antes que nadie de que todo lo que sube irremediablemente tiene que bajar, y de que en este caso la caída iba a ser desde muy alto. Actores secundarios de ese gran teatro del mundo de las finanzas que se percataron de los pies de barro del gigante, vieron venir la debacle y se aprovecharon de ella. No fueron héroes, ni siquiera antihéroes, como la cinta puede hacer ver, sino tipos listos que sacaron tajada apostando contra el aparentemente infalible sistema, convirtiéndose por tanto en cómplices del cataclismo que provocó la pérdida de millones de hogares y puestos de trabajo. Lo que obvia McKay es que las dudosas prácticas de los outsiders de su película fueron más generalizadas de lo que aquí se da a entender, pero lo que importa es que el director consigue que el mensaje de una cinta que, por su propia naturaleza, está plagada de farragosos tecnicismos y terminología especializada, llegue alto y claro al espectador. Y cualquier película, ya sea más o menos buena, que se aplique en denunciar los desmanes de los poderosos siempre será bienvenida.

The Big Short_Christian Bale

It ain’t what you don’t know that gets you into trouble. It’s what you know for sure that just ain’t so

El siempre intenso Christian Bale interpreta a Michael Burry, un inadaptado social repleto de tics y excentricidades que también es el gestor de fondos que descubre que los bonos financiados por hipotecas de alto riesgo han sido ridículamente sobrevalorados, por lo que predice que el mercado colapsará antes o después, y cuando lo haga será a lo grande. Ante esa certeza, y a pesar de la incredulidad de sus superiores y las burlas de la mayoría de bancos, decide invertir en contra del mercado. Sus acciones pronto alertan a un corredor de bolsa sin escrúpulos, Jared Vennett (correcto Ryan Gosling), el estereotípico tiburón de Wall Street que convencerá a otro gestor, Mark Baum (un muy cabreado Steve Carell), para aprovecharse de la situación. Baum es un broker permanentemente al borde de un ataque de nervios, indignado por la corrupción que campa a su alrededor y que se toma la apuesta como una cruzada contra el negligente sistema al que sin embargo pertenece por derecho. Por último, dos jóvenes inversores que tratan de meter la cabeza en Wall Street también llegan a la misma conclusión y consiguen entrar en el juego con la ayuda de un economista retirado interpretado por un indolente Brad Pitt que simplemente pasaba por ahí.

The Big Short_2

Lo cierto es que no hay una gran progresión dramática en la cinta, que transcurre entre llamadas telefónicas, reuniones de negocios y diálogos excitados que vienen a subrayar una y otra vez lo absurdo y podrido de un sistema alimentado por la codicia en el que solo importa sacar beneficio y del que participan, conscientemente o no, desde los grandes bancos de inversión hasta la stripper que posee cinco casas que no podrá pagar. La película tarda poco en encontrar su melodía principal y a partir de ahí su tragicómico leit-motiv no hace sino repetirse con ligeras variaciones a fin de asegurarse de que el alud de términos complejos y farragosos para el espectador medio (CDO, subprime, permutas financieras) no impida que se entienda perfectamente el fondo de la cuestión. McKay esquiva el tedio a base de imprimir un ritmo vertiginoso a la narración, mantener un tono ligero y sarcástico y desplegar un torrente de recursos que facilitan y aligeran la comprensión de los conceptos más crípticos. Así, es frecuente la ruptura de la cuarta pared, no solo del (inconstante) cicerone del espectador que es el personaje de Gosling, sino también de inesperadas celebridades como la actriz Margot Robbie, la estrella de pop adolescente Selena Gomez, el chef Anthony Bourdain o el padre de la economía conductual Richard Thaler, para traducirle a la audiencia en términos sencillos el intrincado vocabulario bancario expuesto en la cinta.

The Big Short_Margot Robbie

Truth is like poetry. And most people fucking hate poetry

Tan pendiente está McKay de no perder al espectador que muchas veces lleva su estilo visual demasiado lejos, convirtiéndose en uno de los puntos fuertes y a la vez más débiles de “La gran apuesta”. Salpica la pantalla de gráficas y dibujos ilustrativos, pero algunos son tan caprichosos e innecesarios (por ejemplo, el del epidídimo testicular) que su único propósito parece ser demostrar lo cool que es como realizador. Lo mismo ocurre con el montaje, a veces muy efectivo al concatenar con inteligencia planos rodados mayoritariamente con cámara en mano y arrojar breves imágenes casi subliminales que funcionan como el reflejo de una sociedad bombardeada por los mass media, pero también nos agrede con rapidísimos cortes de edición en situaciones que demandarían más pausa y menos artificio.

“La gran apuesta” es así una obra dinámica e inteligente que busca y consigue entretener, instruir e indignar, todo al mismo tiempo, pero que no brilla igual en todos sus niveles. Como drama de personajes se queda muy justo, pues sus protagonistas apenas tienen entidad ni recorrido más allá de ejercer como simples recursos narrativos para desarrollar la tesis de la cinta, por mucho que el guión -basado en un bestseller de Michael Lewis-, le otorgue un ojo de cristal a Bale que justifique su carácter introvertido, o que Carell lidie con un trauma familiar que explica parcialmente su perpetua infelicidad. Funciona mejor como comedia negra y sátira irreverente (pero que nadie espere aquí el delirio salvaje y el exceso suicida desparramado en “El lobo de Wall Street”) y como lección de economía concentrada impartida por un profesor guay. En ese sentido tampoco alcanza el nivel de “Inside Job” pero el mosqueo que te deja a su conclusión es muy similar. Y necesitamos que de vez en cuando nos recuerden que no hay que olvidar.

The Big Short_Ryan Gosling

Everyone, deep in their hearts, is waiting for the end of the world to come

 

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2 comentarios leave one →
  1. zeta_master permalink
    22/01/2016 7:12

    jaja, primer comentario, en mi país se estrena justamente hoy la película, así que después leeré el articulo, arriba el buen cine. P.D. muy buen articulo el de “predestination” fue lo que me trajo al blog

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