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“Hamen”: Belako progresa más que adecuadamente

27/01/2016

Hamen

Es uno de los tópicos más manidos en la cultura el hecho de que el segundo trabajo siempre es el más difícil, creencia apoyada en el hecho de tener que intentar sorprender o al menos no decepcionar al entregar una obra, en este caso un disco, después de haber tenido una buena acogida con el debut, muchas veces apoyada en el efecto sorpresa. Hecha esta premisa, que puede ser más o menos cierta, pero tampoco estamos para intentar desmontar verdades universales, el año pasado por estas mismas fechas hablábamos así de un nuevo e insultantemente joven grupo nacido en el País Vasco que se había convertido en  una de las grandes esperanzas de la escena independiente gracias a un disco, dos EP’s y un gran puñado de actuaciones en varios de los festivales veraniegos más importantes. Belako se presentaban en “Eurie” (2013) como una mezcla de Nirvana y Joy Division, con un post-punk fresco, directo, rabioso y enérgico. Los posteriores EP’s un año después, “AAAA!!!!” y “Bele Beltzak Baino Ez”, mostraban las dos facetas del grupo: la más potente en uno y otra más experimental en el segundo. Pero como ya hemos dicho, esa parte de la historia ya fue contada.

A pesar de que su nombre empezó a tomar relevancia rápidamente, el grupo se tomó las cosas con calma y evitó el querer aprovechar la inercia para publicar rápidamente un segundo disco. Así, la banda siguió tomando forma, madurando, engordando, cociendo las nuevas canciones a fuego lento, hasta presentar este año al fin “Hamen”. Y lo que comprobamos en “Hamen” (“Aquí” en euskera) es justo eso, un grupo más hecho, en evolución, siguiendo el camino que se intuía, sin estancarse en las sonoridades que tan buenos réditos les estaban otorgando y que perfectamente podían haber estirado un poco más. No es una ruptura, ni mucho menos, ni un salto al vacío, pero respecto a las anteriores entregas sí que se ve un trabajo más rico en estilos, con los colmillos limados pero con la paleta de colores más extensa. Aunque es evidente que la influencia de grupos como Joy Division sigue siendo palpable, la parte más ‘grunge’, la que entroncaba directamente con Nirvana o Sonic Youth, es la que más se ha quedado por el camino, ya no tiran de cañonazos como “Haunted house” o “Vandalism”, ganando a cambio destellos de Portishead o Daft Punk, por ejemplo. (Permitidme un paréntesis para disculparme por las comparaciones y etiquetas que ya he perpetrado y que creo que seguiré haciendo en las próximas líneas, tan injustas muchas veces como necesarias otras, aunque solo sea para intentar acercar el grupo a quien no conoce nada de él).

 

“Hamen” se abre cerca de donde se quedó “Eurie”, sin un tema tan inmediato como aquel “Sea of confusion”, pero con las guitarras aún bien afiladas. Será en la segunda parte del disco cuando tomarán definitivamente el protagonismo los pasajes electrónicos, los ritmos de baile, las atmósferas casi fantasmagóricas, en definitiva, la parte más atrevida y, para mí, celebrada. Así, “Fire alarm” da el pistoletazo de salida a lomos de una potente línea de bajo y con los sintetizadores ya dando cuerpo a la canción. Es en la estrutura de este tema donde ya se ve que Belako no ha tirado por lo fácil. Un tema inicial sin estribillo, que a mitad de desarrollo corta el ritmo, para terminar con más de un minuto de lenta cadencia y sonidos electrónicos, totalmente opuesto al inicio de “Eurie”. “Guz emanez” se apoya de inicio en un riff de guitarra, aunque cuando entra el bajo vuelve a hacerse con la canción, una canción que no explota hasta su tramo final, entroncando en fuerza con “Off the shoes”, quizás la más dura y primitiva del disco.

Con “Key” se recuperan ciertos elementos de su disco de debut, especialmente en la melodía y un tono que me hacen recordar “Southern sea (Beautiful world)” o “Molly & Pete”, con el punto alto en el punteo de mitad de canción. “Nomad” insiste en los patrones más esperados, de nuevo destacando el desarrollo de la canción, que a mitad de corte introduce los teclados para darle un nuevo brio. Los coros casi épicos son una parte destacada de “Nomad” y, sobre todo, de “Track sei”, tema que se abre a ritmo de sintetizador para estallar en el estribillo más conseguido de todo el disco, una gran canción que dará paso a la visagra del álbum, “Something to adore”, la primera balada de Belako, un tema rico en atmósferas que sí representa la primera gran novedad estilística de “Hamen”.

 

Con acierto, Belako ha recuperado “Mum”, una de las canciones más destacadas de aquellos dos EP’s que publicó en 2014 y me atrevería a decir que una de las mejores canciones de su por ahora corta carrera, un tema que introdujo un aire completamente renovado en su día y que casa a la perfección en la entrega de este 2016, con los sintetizadores como dueños absolutos, un ritmo juguetón y una explosión final de guitarreos y voz desgañitada después del puente y del redoble de batería que si no te toca la fibra quizás no sea muy necesario que sigas leyendo. A continuación, “Hegodun baleak” surge con un irresistible punteo, con Josu a la voz, como otro de los cortes destacados del álbum, el más intenso y épico, a modo de himno.

El otro tema rescatado de sus EP’s anteriores es “Crime”, otro gran tema de cuerdas punzantes y base rítmica potente, para dar paso al tramo final del disco, la parte más innovadora, que se abre con la bailonga “Aarean bez”, tema listo para incendiar cualquier pista de baile decente, conjungando los coros marca de la casa con los sintetizadores y las guitarras. “Sinnerman” es una sorprendente versión de un tema que popularizó Nina Simone que desde hace tiempo vienen tocando en sus conciertos y que Belako hace propio con facilidad, reincidiendo en los sonidos disco, para cerrar con “Monster”, una hipnótica canción deudora de Portishead que hace que el grupo suba otro escalón, mostrando su cara más atrevida, finiquitando “Hamen” de forma espectacular, dejándote con ganas de conocer ya el próximo paso, de saber cómo van a seguir evolucionando estos cuatro tipos que han demostrado con creces que van muy en serio y que tienen el talento y la cabeza suficientes como para poder esperar de ellos muchas cosas buenas. No es necesario que pongan su punto de mira en ser los nuevos Dover o los nuevos Vetusta Morla, poniendo a estos dos grupos como ejemplo de dos formaciones que salieron de la escena independiente y lograron abrazar el éxito completamente masivo. No debe ser ese el camino, y todo apunta a que tampoco lo buscan. Por ahora, cuanto menos, progresan adecuadamente, con varios + en su haber.

Anticipando ya un prematuro futuro resumen de 2016, no sé si “Hamen” quedará entre mis discos favoritos, pero a buen seguro que representará una de las mayores alegrías por comprobar que Belako es definitivamente mucho más que un grupo de chavales dando guitarrazos. Únicamente falta por desear que no pierdan el interés por seguir creciendo, innovando y buscando nuevas aristas a su sonido.

belako

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