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“Skeleton Tree”: la herida abierta de Nick Cave

14/09/2016

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Casualidad o no, los dos discos más sobrecogedores (y, para qué negarlo, también los mejores) que un servidor ha escuchado en 2016 se hicieron mirándole a la muerte a los ojos.  Nada más comenzar el año Bowie se nos apagaba con “Blackstar”, el espeluznante testamento de un condenado, la turbadora nota de despedida de un hombre muerto, el truco final del viejo ilusionista antes de desaparecer del escenario. “Skeleton Tree”, en cambio, nace de la herida abierta, irrestañable, del que se queda en este mundo,  de los restos de un naufragio imposible de anticipar, de los pedazos rotos del alma de un hombre que apenas se reconoce en el espejo. “Skeleton Tree” es el retrato abstracto de un monumento en ruinas, el propio Nick Cave, que, como todo el mundo debe saber, perdió en julio de 2015 a su hijo Arthur, de 15 años, al precipitarse por un acantilado en la localidad británica de Brighton. La sombra de esa tragedia planea inabarcable por el decimosexto trabajo de Nick Cave & the Bad Seeds, hasta teñirlo de un negro espectral y desgarrador. Más que un disco, es un estado de ánimo (o de desánimo) de un artista que busca a tientas una redención, una plegaria balsámica o una cura imposible para un dolor que sabe que nunca desaparecerá del todo.

La película documental “One More Time with Feeling”, de Andrew Dominik, indaga con el respeto de un confesor y sin rastro de sensacionalismo en los pensamientos fracturados, a veces clarividentes, a veces confusos, de Cave y en el  inmenso vacío emocional que trata de rellenar la grabación de un disco que de ninguna manera puede ser otro disco más. Su visionado es muy recomendable para contextualizar y comprender mejor este “Skeleton Tree” (y a menos que se asistiera al único pase en salas del jueves 8, me temo que tendrán que esperar a su lanzamiento en DVD), pero no imprescindible, pues es una obra que se explica por sí misma sin necesidad de imágenes. Habrá quien argumente que cualquier juicio sobre este disco está irremediablemente mediatizado por las circunstancias que le rodean y que la empatía del oyente (o esa compasión que tanto irrita al australiano) hacia una pérdida tan irreparable puede contribuir decisivamente a inflar la nota. Puede que haya algo de razón en eso, pero es que estamos ante un caso en el que es absolutamente imposible separar vida y obra. “Skeleton Tree” es como es porque nace verdaderamente de las tripas. ¿Hay discos mejores de Nick Cave & the Bad Seeds? Probablemente sí, más de uno. Pero aquí no estamos ante una dramatización o una recreación más o menos fidedigna del tormento y el dolor; asistimos al tormento y el dolor en carne viva. Y es jodidamente real. Y por eso es una obra maestra.

 

Por supuesto, Cave no cae en el error de ser pornográficamente explícito en unos textos que sobrevuelan de manera oblicua la desolación, la tristeza, la amargura, la rabia y el desconcierto que tiran en distintas direcciones de un individuo quebrado y a la deriva. Aquí sí es imprescindible tener a mano las letras si no se controla el inglés lo suficiente, pues la obra no puede entenderse realmente sin ellas. Que quede claro que no es uno de los discos “fáciles” de Nick Cave (si es que alguno suyo puede categorizarse así), sino de los que exigen atención y voluntad de arremangarse. No hay ganchos inmediatos ni singles evidentes,  Cave recita más que canta, y a pesar de que su voz suena más vieja y agrietada (“otra cosa que he perdido”, se lamenta en el documental) alcanza cotas de expresividad, emoción y belleza inéditas en su repertorio. Al igual que ocurría en muchos pasajes del anterior, y también sobresaliente, “Push the Sky Away” (reseñado aquí), las Malas Semillas tampoco suenan exactamente a banda de rock sino como un ente incorpóreo, como un soundtrack ambiental y minimalista que más que vestir las canciones se afana en dejarlas en los huesos. En muchos sentidos y salvando las distancias, es la versión de los Bad Seeds contemporáneos más cercana a la de aquellos primeros trabajos de los 80 como el lóbrego “Your Funeral, My Trial” (1986), aunque ahora sea el barbudo e inseparable compinche Warren Ellis el único e indiscutible líder musical del combo.

El propio Cave explica en “One More Time with Feeling” que en cualquier otro disco se habrían tomado su tiempo para arreglar y embellecer las canciones, pero que aquí no procedía el exceso de maquillaje, ni los clímax elaborados, ni los subrayados emocionales. “Jesus Alone” marca el tono desde su loop de electrónica esquelética e industrial, la manipulación del ruido estático, la sutil batería de jazz, las cuerdas amenazando una tormenta que nunca se desata y las impresionistas notas de piano, como un recuerdo flotante de un Dios que se ha olvidado de sus criaturas, mientras que la voz en primer plano de Cave desgrana imágenes sugestivas que se debaten entre la vida, la muerte y la fe tambaleante.

You fell from the sky crash landed in a field near the river Adur

Flowers spring from the ground,  lambs burst from the wombs of their mothers

You’re a young man waking covered in blood that is not yours

You’re a young girl full of forbidden energy flickering in the gloom

You’re a drug addict lying on your back In a Tijuana hotel room

You believe in God, but you get no special dispensation for this belief now

You’re an old man sitting by a fire, hear the mist rolling off the sea

You’re a distant memory in the mind of your creator, don’t you see?

With my voice I am calling you

 

Más inquietante y espectral aún es “Magneto”, una penetrante e hipnótica letanía que en otro momento de la discografía de Cave habría protagonizado un crescendo aterrador pero que aquí mantiene su tensión sorda y arrastrada durante  más de cinco minutos de siniestra angustia. Son los instantes más oscuros de la obra junto a “Anthrocene”, una pieza de estructura libre que desciende a las catacumbas del infierno entre los ritmos disonantes de Thomas Wydler,  las ominosas atmósferas de Ellis y unos coros afligidos sobre los que Cave escupe como un chamán versos sobre todo lo que amamos y perdemos.

 

La sombría “Girl in Amber” deambula en círculos sobre una tristeza inasible que congela el corazón, mientras que la absolutamente conmovedora “I Need You” expone al Cave más frágil y franco que se recuerda. Su latido funerario, bombeado por el sintetizador omnipresente de Ellis, abraza la melodía más diáfana y hermosa del album, la que más le acerca (y nos acerca) al borde del llanto. “On the night we wrecked like a train, purring cars and pouring rain. Never felt right about, never again. Cause nothing really matters. Nothing really matters anymore, not even today. No matter how hard I try”. En comparación, la ligereza de “Rings of Saturn” con sus coros pop y sus burbujeantes teclados de sabor ochentero  supone todo un alivio que quizás incluso se sienta algo desubicada en el contexto de la obra.

En el tramo final de “Skeleton Tree” se filtran algunos pequeños rayos de luz. En la elegíaca “Distant Sky”, un hermoso dueto con la soprano danesa Else Torp, la etérea voz femenina ofrece  algo de consuelo a la aflicción de un Cave que parece resistirse (“They told us our dreams would outlive us, They told us our Gods would outlive us but they lied“) pero que termina sumiéndose en un estado de serena aceptación en el tema homónimo con el que se cierra el disco, una pieza más convencional tanto en estructura como en arreglos, pero tan emotiva que no desentonaría en “The Good Son” (1990) o “The Boatman’s Call” (1997).  Es una conclusión agridulce porque aunque Cave se repita como un mantra que “todo está bien ahora” sospechamos que nada, nunca, volverá a estar realmente bien. Que el australiano haya alcanzado con “Skeleton Tree” una nueva cumbre en su ya dilatada carrera tampoco le servirá para aplacar su pesadumbre, pero sí nos ofrece nuevos motivos para seguir admirando y respetando a un artista con mayúsculas que incluso en su momento más bajo sigue siendo enorme.

 

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5 comentarios leave one →
  1. 14/09/2016 10:56

    wow! tengo la piel de gallina ahora mismo después de leerte. Sinceramente, y con lo mucho que me afecta la música, no sé si estoy preparada para escucharlo. Con el de Bowie no he podido.

    • Jorge Luis García permalink*
      14/09/2016 23:43

      Tanto éste como el de Bowie son discos que requieren una cierta predisposición o estado anímico. Tómate tu tiempo y ya nos contarás. Un saludo y muchas gracias por tu comentario.

  2. 13/11/2016 7:56

    Luego de ver la “One More Time with Feeling” me pareció aún más “facil” poder comprender el disco, pero sin lugar a dudas me cautivo del primer momento y siento que es un mantra , un estado hipnótico de sangre llagas y de dolor , es escupir el alma y moler los huesos , es el disco que más me a gustado del año . Una obra magnífica y con mucha carga.-

    • Jorge Luis García permalink*
      14/11/2016 0:12

      Poco más que añadir a tus palabras, Saimon. Muchas gracias por compartirlas aquí. Un saludo.

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  1. Nuestros discos de 2016 | El Cadillac Negro

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