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“El viajante”: entre el teatro y las ruinas

03/03/2017

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Creemos que es tarea sencilla y (de manera pretenciosa) suficiente la de explorar el mundo desde nuestra zona de comfort guiándonos sólo por esas miguitas de pan que el cine va dejando caer en su avance. Que esos libros con sus ventanas de papel narran con la exactitud suficiente para hacernos poseedores de una verdad que nos capacita para opinar, a veces sentando cátedra, sobre temas importantes delante de otras personas que cuentan exactamente con los mismos referentes que nosotros. Y no obstante, ayuda. No podemos crear un discurso completamente válido sin haber vivido algunas experiencias y pisado algunos lugares en calidad de algo que no sea turista, pero abrir los sentidos al relato de quien quiere retratarlos es lo más cerca que en ocasiones se puede estar de ello. Lo único importante aquí es saberse espectador.

Para eso existe el cine, para ser una ventana a diferentes realidades, para la denuncia, para la evasión a través de mundos imaginados por mentes inquietas, para lo fácil y lo difícil, pero, sobre todo, para que todos estemos pendientes de los premios mientras repetimos que no nos importan. Porque todos nos pasamos las nominaciones a los Oscar por nuestros genitales y los del vecino, si nos deja, pero qué bien nos lo pasamos con ellos, con el lover, con el hater, con el hype y con lo desmedido que es todo lo que los envuelve. Y en el Cadillac no se nos escapan.

Confieso prestar tanta atención a la categoría de “mejor película de habla no inglesa” como a la de “mejor película” a secas, ya que de manera tradicional me ha descubierto más productos de mi agrado e interés (aunque en 2017 ambas me han regalado algunas satisfacciones notables). Este año ya os he hablado de “Toni Erdmann”, una de las nominadas, y coincidiendo con su estreno en las salas españolas, voy a entrar brevemente en el terreno de “El viajante”, ganadora en dicha categoría y dirigida por un Asghar Farhadi que acertadamente se negó a recoger en persona la estatuilla por respeto a los suyos.

Mi ausencia es por respeto a la gente de mi país y a aquellos de las otras seis naciones a quienes se les ha faltado el respeto por la inhumana ley que prohíbe la entrada de inmigrantes a Estados Unidos.

Dividir al mundo entre las categorías de “nosotros” y “nuestros enemigos” crea miedo. Es una justificación deshonesta para la agresión y la guerra.

Esta producción iraní nos sitúa en Teherán, donde Emad y Rana, una joven pareja que se mueve entre la vida y el teatro, tiene que abandonar su vivienda debido a que el edificio que habitan amenaza con verse reducido a escombros. Si bien una mudanza no parece el punto de partida para ningún relato de grandes proporciones, sí que nos ofrece unos matices notables del contexto, de esa ciudad que ahora es todo grietas y  ruinas, unas grietas y ruinas que no sólo aparecen en las infraestructuras y acentúan un drama psicológico que en ningún momento recurre a la pantomima. “¿Qué le están haciendo a esta ciudad? Ojalá pudiéramos destruirla entera y empezar de nuevo.”

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Al moverse a un hogar que, de momento, sólo es temporal, Rana es agredida en su propio baño por un desconocido que guarda relación con la anterior inquilina del apartamento, siendo este infortunio el punto de partida para lo que, sin entrar en detalle, será el corazón del filme, que no deja de ser una historia de venganza algo contenida y sin embargo nada falta de suspense.

Si bien se echa de menos algo más de complejidad social que habría sentado a las mil maravillas a la producción (aunque queda patente el hecho de que no es lo que busca), “El viajante” explora conceptos tan complejos como el de la justica y los códigos de honor de una cultura donde, aunque la víctima es una mujer, es el hombre el que busca compensar su propia herida e incluso busca razones donde no hay que buscarlas. Es precisamente ahí donde sí se deja ver ese trasfondo social que se trata de manera más sutil pero no se obvia. Donde nace la vergüenza, donde se busca la humillación compensatoria, donde aparece la necesidad de control y el peso de una cultura a pesar de contar con un retrato de pareja joven que sin duda habría sido diferente desde otra perspectiva de edad.

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Estrechamente relacionado a estos conceptos está ese universo de la escena teatral de la que ambos forman parte, una adaptación de la desoladoramente brillante Muerte de un viajante de Arthur Miller que establece un paralelismo entre esa vida real de Emad y Rana y los personajes a los que interpretan todas las noches en el mismo escenario. No en vano, dicho trabajo literario gira en torno a la figura de un hombre que se ve ahogado en la humillación debido a sus problemas laborales y económicos, y las dos figuras masculinas se mueven en perpetua búsqueda de un orgullo.

Se puede llevar a cabo un vasto análisis de un filme que, tanto por sus honrosas virtudes como por las circunstancias que lo rodean ha dado que hablar. Son diversos los temas que llega a tratar de manera más o menos explícita a lo largo de sus dos horas de metraje y el final de la cinta bien podría dar lugar a un exhaustivo diálogo. Sin embargo, siendo “El viajante” una ferviente recomendación, hemos de quedarnos en la superficie y dejar que cada espectador desenvuelva por sí mismo la trama. Más tarde, podremos determinar si la vida es teatro o se asemeja más a un circo ambulante.

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2 comentarios leave one →
  1. dufo permalink
    03/03/2017 12:32

    Interesante descubrir esta pagina……una entrada diferente para analizar un gran film,

    • Irene B. Trenas permalink*
      03/03/2017 12:57

      Pues muy bienvenido y gracias por leernos. ¡Un saludo!

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