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“El mismo cielo”: el infierno sobre Berlín

21/09/2017

El mismo cielo

No podemos dejar de regocijarnos por el gran año que nos está proporcionando la ficción televisiva estadounidense. Grandes acontecimientos del verano como el desenlace de “Twin Peaks” y esa enérgica séptima temporada de “Juego de tronos” se vieron precedidos de una excelente cosecha primaveral de la mano de una sugestiva mezcolanza de veteranos y noveles (“The Leftovers”, “The Handmaid’s Tale”, “Feud”, “Big Little Lies”, “Master of None”…) que han conseguido enterrar en el recuerdo nuestras pequeñas decepciones, que, ojo, también las ha habido.

Esta avalancha cuantitativa y cualitativa americana hacen que, incluso involuntariamente, ignoremos el resto del mercado internacional, algo comprensible pero también muy injusto ante el nivel cada vez más alto con que nos sorprende un crisol de producciones de enorme variedad y de las más distintas procedencias, más allá de las fronteras del territorio que preside Donald Trump. Bien, hemos decidido involucrarnos en esa causa aunque sea minimamente y destacar una de las obras más ambiciosas con la que nos ha sorprendido este 2017 en el Viejo Continente: la germano-británica “El mismo cielo (The Same Sky)”.

El mismo cielo Lars

“El mismo cielo”, originalmente producida para la poderosa ZDF alemana, se inscribe en el proceso de rehabilitación y vuelta al hogar de Oliver Hirschbiegel, ese director germano que parecía iba a comérselo todo a mediados de la pasada década tras concatenar éxitos como “El experimento” y aquella magnífica “El hundimiento” y se dio uno de esos costalazos históricos (recuerden: “Invasión”, “Cinco minutos de gloria”, “Diana”) a la que ya nos tienen acostumbrados muchos directores europeos -no olviden a su compatriota Florian Henckel von Donnersmarck- en su paso al caníbal Hollywood.  Tras volver a Alemania con “13 minutos para matar a Hitler”, Hirschbiegel apuesta ahora por la pujante televisión (a la que no es ajeno, ya colaboró en “Borgia”) para intentar volver a la palestra con un proyecto de lo más apetecible.

Poco puede ser más atrayente en estas circunstancias que poner en imágenes la creación de toda una Paula Milne -una de las guionistas estrellas de la televisión británica desde los años 70 con numerosas series, películas de televisión y largometrajes como “Soñé con Africa” en su haber- sobre los recovecos de esa fuente aparentemente inagotable de inspiración que parece ser la vida en la extinta República Democrática de Alemania (RDA).

Lars Weber (Tom Schilling)

Un acierto total es el de ambientar la trama en el verano de 1974, un año situado en el justo término medio entre la fatídica construcción del Muro de Berlín y su caída en 1989, un momento perfecto, pues, para presenciar como de diferente era la vida en  cada una de las dos mitades en que fue dividida Alemania en un periodo ‘valle’, alejado de los extremos que se producen en los comienzos y los finales de una determinada etapa histórica. Esta decisión se muestra aún más atinada cuando un excelente diseño de producción logra una ambientación perfecta en todos los aspectos, desde el acertado vestuario a la perfecta reconstrucción de ambos lados de Berlín pasando por una banda sonora de lo más adecuada y en la que manda ese glam rock que alegró la época.

“El mismo cielo” se vale de una potente trama principal para desplegar sus mejores cualidades. La primera gran misión de un joven y atractivo agente de la inteligencia de la RDA le lleva a cruzar el Muro para intentar seducir a dos amigas -Lauren Faber y Sabine Cutter-, las dos mujeres con mayor responsabilidad dentro del centro de inteligencia rival, el de la Alemania Occidental. El agente Lars Weber, siempre acompañado de un atosigante supervisor, resulta un personaje principal excelentemente perfilado, aunando sus grandes cualidades laborales y su carisma con su lógica bisoñez, el miedo ante una gran responsabilidad y el desconcierto ante su primer contacto con el capitalismo real. Sus avances amorosos con sus objetivos femeninos, si bien demasiado precipitados en algún caso, son tan creíbles como sugerentes y se enriquecen sobremanera cuando el argumento da cancha a la familia de Sabine, que nos proporciona tanto una interesante visión sociológica de una familia convencional de la RFA -con el consiguiente juego de espejos con sus vecinos orientales- como agradecidas dosis de intriga ante las crecientes sospechas de su padre sobre Lars.

El mismo cielo sabine

Milne da sobradas muestras de su innegable talento con detalles tan sobresalientes como  el de enmarcar todo el argumento en el desarrollo del Mundial de fútbol celebrado en la RFA en 1974, cuyas imágenes van salpicando la trama aportando sugerentes significados y, sobre todo, siendo uno de sus partidos más emblemáticos el ‘leitmotiv’ de una de las mejores secuencias de toda la serie, en la que se aunan la emoción del mejor thriller con la agudeza de la comedia más sutil.

La creadora británica expande el universo de “El mismo cielo” usando una estructura de árbol, en la que desde un tronco central van surgiendo las diferentes tramas. De esta manera, de un gran personaje como es el padre de Lars -un viudo y veterano agente de inteligencia destinado a vigilar desde los ocupantes de su propio bloque de pisos hasta las fábricas – parte la historia de sus vecinos. Milne logra introducir con finura el uso indiscriminado del dopaje en el deporte de la RDA -y por ende en todo el bloque comunista- como elemento imprescindible para prestigiar a un país y a todo un sistema de vida. Para ello, enmarca este espinoso asunto en una familia especialmente bien retratada, con dos progenitores tan distintos entre sí como sus propias hijas, y con un análisis de las mecánicas maritales y fraternales tan riguroso y certero que su razón de ser -los escalofriantes efectos de la ingesta masiva de sustancias dopantes- acaba siendo casi opacada.

El mismo cielo dopaje

En contraposición con un precedente tan exitoso como “La vida de los otros”, “El mismo cielo” tiene la virtud de ofrecernos una versión de la vida en la RDA mucho menos opresiva seguramente bastante más real, con los distintos personajes gozando de unas existencias más o menos convencionales hasta que, casi sin pretenderlo, se topan con uno de esos muros invisibles que limitan férreamente su existencia. En lo que si flaquea la miniserie respecto a la obra maestra de Von Donnersmarck es en la concisión. Milne peca por exceso al querer ofrecer una panorámica demasiado exhaustiva de la vida en la RDA y va sumando tramas que apenas pueden desarrollarse en el  limitado espacio de los seis capítulos existentes y que no logran conformar una entidad propia, quedando como una mera excusa para sacar a la palestra un tema determinado.

Así, la historia de amor homosexual entre dos personas separadas por el muro es tierna y creíble pero peca de esquemática, mientras que mucho más torpe es el proyecto para hacer un túnel por el que poder huir hacia Occidente en el que se integra uno de los amantes, trama que entorpece el ritmo del relato y no sirve más que para mostrar una más que conocida realidad y, de paso, motivar una especie de paseo turístico por las oficinas centrales de la Stasi. Mención aparte merece la subtrama dedicada a esa oveja negra de manual que es el hijo de Lauren, que sólo parece comprensible si finalmente acaba habiendo una segunda temporada a la que parece apuntar un desenlace de lo más abierto.

El mismo cielo tunel

Esta tara debilita a una miniserie que logra superar una irregular etapa intermedia para acabar muy arriba en los dos últimos episodios, en los que la creciente definición de los personajes les permite volar muy alto; que alberga unas interpretaciones que no bajan del notable -del sobresaliente en el caso de la excelente Sofia Helin– y que sabe conjugar de muy buena manera un punzante drama histórico con un emocionante suspense.

Hirschbiegel reverdece laureles por momentos -especialmente en las escenas ‘románticas’ y sexuales- , aunque la tónica, exceptuando algunos momentos en que su cámara remarca demasiado lo ya obvio, es la corrección algo apática que nos viene mostrando en sus obras recientes.

Una futurible continuación le vendría de perlas a “El mismo cielo” para pulir sus detalles, eliminar sus elementos accesorios y centrarse en sus verdaderos puntos fuertes, que no son pocos. Podríamos estar ante una obra de primer nivel. Si la cosa se quedara aquí, no lo dudéis, “El mismo cielo” seguiría siendo una provechosa manera de salir de la rutina seriéfila y comprobar que sí, que Europa sigue ofreciendo notables aportaciones al competitivo arte catódico.

El mismo cielo cartel

 

 

 

 

 

 

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One Comment leave one →
  1. Herr Garrote Vil permalink
    01/10/2017 15:06

    Muy buena serie, sin duda van a realizar otra temporada, donde termine de aclarse ciertos temas.
    La ambientación es perfecta y es muy entretenida.

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