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“Tranquility Base Hotel & Casino”: ¿Quién coño son ESTOS Arctic Monkeys?

15/05/2018

Como un eco del título de aquel EP de 2006, la pregunta que encabeza estas líneas resonó cual terremoto en las redes sociales y medios de comunicación el pasado viernes 11 de mayo, fecha de la publicación de “Tranquility Base Hotel & Casino”, sexto disco de uno de los principales referentes del rock del siglo XXI. El jaleo se justifica en que, tal y como ellos mismos ya habían advertido, el nuevo trabajo de los Arctic Monkeys no es lo que podía esperarse, ni una continuación del superventas “AM” (que reseñamos aquí) ni un regreso a ninguno de los lugares que ya habían visitado en su trayectoria. Aunque el asunto verdaderamente conflictivo no es tanto la mutación de sonido per se (que al fin y al cabo es lo que ha venido haciendo la banda con cada entrega discográfica desde “Humbug”) como el resultado de dicha mutación. Porque, claro, en una época de juicios rápidos emitidos sin apenas espacio para la reflexión, de pulgares hacia arriba o hacia abajo arrojados en la plaza pública con la urgencia de ser los primeros en dictar sentencia, el hecho de que una banda de rock presente un lote de 11 canciones reposadas hasta la anestesia, melódicamente esquivas y melancólicas, desprovistas de ganchos evidentes y riffs de guitarras pegajosos, plagadas de pianos, teclados y sintetizadores añejos, sin un maldito hit que puedas tararear a la primera, se antoja una maniobra de alto riesgo inevitablemente destinada a generar controversia.

Desde el pataleo a las lamentaciones (estos no son mis Arctic Monkeys, que me los han cambiado), pasando por la descalificación, el menosprecio y el sarcasmo, las furibundas reacciones de fans, no fans y gente que pasaba por ahí han inundado la red y, también es justo reconocerlo, entre tanto griterío algunas voces han defendido vehemente el nuevo trabajo o al menos han pedido concederle una oportunidad. Y supongo que es respetable desechar sin contemplaciones un tipo de música con la que no conectas instantáneamente, más aún en estos tiempos en los que hay tanto donde elegir (como también sucede en otros ámbitos de la industria del entretenimiento), pero si algo le han enseñado décadas de melomanía a un servidor es a no agarrarse a las primeras impresiones como si fueran las tablas de Moisés; que a veces un disco necesita tiempo, paciencia y repetidas escuchas para tomar forma, asentarse y revelar su auténtica dimensión. Y a veces hacer ese “esfuerzo” de salir de nuestra zona de confort como oyentes merece la pena, especialmente, creo yo, si se trata del disco de un artista que supuestamente tienes en alta estima.

En realidad, la polémica acogida que ha tenido “Tranquility Base Hotel & Casino” -en adelante TBH&C”- no es algo inédito en la historia del rock, que jamás se habría escrito de la misma forma sin los volantazos imprevistos que dieron aquellos gigantes que contribuyeron a darle forma. Bob Dylan enchufando la guitarra eléctrica ante la indignación de la parroquia folkie, Bowie metamorfoseando a Ziggy Stardust en The Thin White Duke, U2 talando el árbol de Joshua en “Achtung Baby”, Radiohead replegándose sobre sí mismos y arropándose en una manta electrónica en “Kid A”… todos estos instantes fueron tan controvertidos en su momento (aún sin el ruidoso altavoz de las redes sociales) como incontestables a largo plazo. Que el nuevo disco de Arctic Monkeys juegue en esa liga solo el tiempo lo dirá, aunque al menos sí parece obedecer al mismo impulso creativo de no recrearse en una fórmula de probado éxito y aventurarse en lo desconocido, sin miedo al esperable rechazo del fandom más integrista. Solo por eso la banda de Alex Turner tienen todo mi respeto y mis simpatías.

Pero solo con la intención no basta, y lo cierto es que “TBH&C”, tras una toma de contacto que en mi caso tengo que reconocer árida y descolocante pese a estar ya prevenido, va tomando con las sucesivas escuchas una personalidad magnética y sugerente, melodías que en primera instancia pasan inadvertidas cristalizan en seductores hallazgos, estructuras de entrada poco accesibles se descifran de manera paulatina y detalles sonoros que la primera vez se nos escaparon se tornan fascinantes. Es obvio que no estamos ante una obra concebida para enardecer a las masas de los grandes festivales en los que Arctic Monkeys actuarán este verano (es fácil vaticinar que habrá desbandada hacia las barras durante estos temas) pero sí es un disco misterioso, hipnótico y absorbente, fácilmente el más audaz que han publicado nunca. De acuerdo, esto no es rock’n’roll, pero me gusta.

 

Que no avanzaran ningún single responde (además de a una estrategia para generar más expectación) a la ausencia de bazas claras categorizables como tal (a excepción, quizás, de “Four Out of Five”, cuyo vídeo oportunamente acaban de lanzar) dentro de una obra compacta que, nadando absolutamente a contracorriente en estos tiempos marcado por las listas de i-tunes y spotify, se atreve a reivindicar el formato largo y el todo como resultado mayor al de la suma de las partes. Además, líricamente posee un trasfondo semi-conceptual, en el que una imaginaria colonia en la Luna y un narrador crepuscular de piano bar le sirven a Turner como hilo conductor para desgranar en una distopía retrofuturista al estilo “Black Mirror” reflexiones ocurrentes y comentarios afilados sobre el uso de las nuevas tecnologías, la inadaptación social, la alienación, o el capitalismo neoliberal, como si se tratara de una versión lounge para la era 2.0 de aquel fundamental “OK Computer”. Y es que el líder de la banda es el auténtico protagonista del disco. No van desencaminados quienes apuntan que “TBH&C” podría haber sido el primer largo en solitario de Turner, no solo porque los referentes musicales que aquí se barajan y que él mismo ha citado como influencias (Dion, Scott Walker, Leonard Cohen, Leon Russell, Nina Simone, Serge Gainsbourg) tienen más conexión con su proyecto paralelo de The Last Shadow Puppets que con el trabajo previo de Arctic Monkeys, sino porque su protagonismo en el entramado musical ha sido muy superior al de esfuerzos anteriores. Si nos fijamos en los créditos, Turner, además de producir el álbum junto al habitual James Ford, toca guitarras, piano, órgano, orchestron, clavecín, sintetizador, bajo e incluso batería (en “Batphone”, que prácticamente se guisa y se come en solitario), relegando en algunos momentos a Jamie Cook, Nick O’Malley y Matt Helders al rol de banda de apoyo a la que se suman músicos invitados de Tame Impala, Klaxons, Mini Mansions, con el propio Ford como multiinstrumentista estelar. Para bien y para mal, Alex Turner es hoy a los Artic Monkeys lo que Brian Wilson era a los Beach Boys de “Pet Sounds”.

La ya célebre línea con la que se abre “Star Treatment” (“I just wanted to be one of the Strokes, now look at the mess you made me make”) es la perfecta síntesis del camino recorrido desde el ahora lejanísimo “Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not”, como si el empeño por llevar el título de su opera prima hasta sus últimas consecuencias nos hubiera terminado trayendo aquí, al casino bar de un complejo hotelero espacial en un futuro no tan distante, rememorando viejos tiempos entre Martinis y fantasmas de Blade Runner. Sus casi seis minutos de cadencia jazzy arrastrada, sensualidad contenida y estructura vaporosa, al estilo de ciertas baladas de Prince, son la primera muralla con la que se encuentra el oyente desprevenido, pero, a la larga y con las repetidas reproducciones, la verborrea torrencial de Turner en plan crooner decadente de vuelta de todo termina convirtiéndola en una de las piezas más elegantes y exquisitas del plástico. Las revoluciones suben mínimamente en “One Point Perspective”, tema que combina soul y pop de fragancia afrancesada sujetándose en un groove básico, una línea de bajo estilosa, guitarras juguetonas en segundo plano y un cálido puente muy marca de la casa. “American Sports” le añade drama, tensión y atmósfera espacial a una trama que no habría desdeñado Bowie y que tiene continuidad en la pieza homónima; capas de teclados variopintos envuelven una melodía sublime y turbia interpretada por un Turner al filo del falsete y marcada por el sinuoso bajo de O’Malley .

Estamos inmersos de lleno en una de las fases más sobresalientes de “TBH&C” cuando llega el riff de guitarra (¿no decíamos que no había?) cargado de fuzz de “Golden Trunks”, pieza de atmósfera aérea y ensoñadora, enfundada en hermosas armonías pero con sabor a caramelo envenenado, y con esa línea que tan certeramente define la era Trump (“The leader of the free world reminds you of a wrestler wearing tight golden trunks”). “Four Out of Five” desde el primer momento se nos presenta como el enganche más evidente con los antiguos Monkeys, con su ritmo más marcado y su riff de guitarra distorsionado (¡otro!), aunque no tan en primer plano como antaño, pero son las sucesivas escuchas las que revelan que la grandiosidad de ese estribillo eterno (“Take it easy for a little while, come and stay with us, it’s such an easy flight”) le confiere marchamo de auténtico clásico. En “The World’s First Ever Monster Truck Front Lip” son el aire de Brian Wilson circense y un estribillo resplandeciente que parece mentira que no brillara tanto en el primer acercamiento al álbum los elementos más cautivantes, entre más diatribas contra los efectos perniciosos de la tecnología (“The exotic sound of data storage, nothing like it, first thing in the morning”).

“Science Fiction” oscurece el tono como si se tratara de una banda sonora para una película de James Bond pasada por el filtro de la Nouvelle Vague y ”She Looks Life Fun” recupera cierto nervio rockero de ADN psicodélico que emparenta lejanamente con su propia “Pretty Visitors”, al menos en su cavernoso estribillo. “Batphone” es el otro tema “durillo” de procesar de “TBH&C” junto con “Star Treatment”; de hecho casi podría funcionar como la cara B de aquella, al compartir desarrollo melódico monótono, exceso de labia y regusto jazzístico, aunque los detalles sónicos que salpican el minutaje de ésta ofrecen matices más inquietantes. Este particular viaje por la cara oculta de la luna llega a su término con “The Ultracheese”, un número lento dirigido por el piano, tan clasicote como delicioso, uno que podría haberse escrito en cualquier época y que igual podrían haber cantado Elvis, Sinatra, Lennon o Bowie, pero lo hace Turner con solvencia, clase y toneladas de charm.

Volviendo a la pregunta con la que titulábamos el post, entonces ¿quién coño son estos Arctic Monkeys? Pues una banda que ha crecido, que ya no está formada por imberbes con ganas de juerga, que ha escuchado y asimilado otras músicas e influencias que no necesariamente tienen que ver con el rock de guitarras, y que no ha tenido miedo ni complejos para plasmar en un disco lo que les ha salido como resultado de todo eso. Y quizás, también sí, una banda con ganas de provocar a su público. Al fin y al cabo, están en la edad y en la posición de poder permitírselo, y mientras que esa actitud nos traiga discos tan desafiantes y estimulantes como “TBH&C”, yo tengo que aplaudirles. Ya tendrán tiempo de de hacerse (más) mayores, de cansarse de evolucionar, de separarse, de hacer gira de reunión y de volverse complacientes y convencionales. En el momento de escribir estas líneas ignoro si los de Sheffield tendrán la osadía de llevar “TBH&C” generosamente a los escenarios, de salir a muerte a defender este material tan inapropiado para los grandes recintos aún a riesgo de impacientar y amodorrar a las masas que esperan “I Bet You Good Look On The Dance Floor”, “Flourescent Adolescent” y “Do I Wanna Know”, o si optarán por la opción más cauta de racionar con cuentagotas estas canciones en los setlists (en los shows previos a la publicación del disco es lo que han venido haciendo, sólocuatro temas por noche). Sea como sea, hagan lo que hagan y toquen lo que toquen, a día de hoy un servidor aún tiene más ganas que antes de la publicación de “TBH&C” de acudir a la cita con los monos árticos en el Mad Cool. Esta banda sigue molando demasiado.

 

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8 comentarios leave one →
  1. Anónimo permalink
    15/05/2018 8:48

    Hola Jorge,

    Como siempre, fino en tus réplicas, ya sea a obras cinematográficas o musicales como es el caso.
    Me siento identificado con el tono de tu crítica, siempre intento valorar lo que he oído tras varias escuchas y no me desespero si a la primera no me ha entrado.
    He tardado a veces días en madurar un disco y de verdad que es algo que disfruto muchísimo, desgranando poco a poco los sonidos, los detalles, las melodías. Es un proceso precioso para los oídos. Me pasa con todos los de Everything Everything y también con Hot Chip.

    Centrándome en el disco que comentas, decirte que a la primera escucha, me llevé una auténtica sorpresa, pero no me resultó en absoluto desagradable. A la siguiente, ya había desgranado muchas de las fantásticas líneas de bajo que tienen muchas de las canciones. Ahora mismo te puedo decir que es disco que llevo todo el día en el coche.
    Y por cierto, escucharlo con unos buenos cascos es

    • Juan Carlos Trinidad permalink
      15/05/2018 8:51

      ya una auténtica delicia para los oídos.
      Resumiendo, me ha encantado y todo mi apoyo hacia cualquier banda o autor decida experimentar y regalarnos obras que puedan causarte sorpresa pero a la vez tan disfrutables como ésta.

      Un saludo

      • Jorge Luis García permalink*
        15/05/2018 21:38

        Pues me alegra que tú también disfrutes del proceso de madurar un disco con escuchas, que puede ser tan gratificante como cuando entra directamente a la primera. Un saludo, Juan Carlos, y muchas gracias por dejarnos tus sensaciones.

  2. El Buen Salvaje permalink
    15/05/2018 9:02

    Basurita de la buena. Alex (Turner) le ha dado demasiado a la mandanga y a los discos de John Lennon y se ha creído un mesías de la balada y/o canción incomprensible. Más le valdría haberlo sacado en solitario o con the last shadow puppets, vehículos que utilizaban la gasolina que ha destrozado el motor de Arctic Monkeys.
    Sinceramente, es un c…oñazo esto “evolucionar” (lo mejor de todo es que esto parece más involución que otra cosa). Y evolución es cuando partes de algo (guitarrazos) y lo elevas hasta su punto álgido, sobre el mismo tema, no cambiar de tercio radicalmente.
    Además, que el disco es un grupo, porque si por lo menos hubieran hecho un buen disco, pues valdría. Pero no, menudo ladrillo.
    En fin, todos los grandes grupos tienen un disco malo, qué le vamos a hacer.

    • Jorge Luis García permalink*
      15/05/2018 21:41

      Jejeje, no coincido con casi nada de lo que has escrito, pero celebro que nos hayas dejado aquí un ejemplo de cómo un disco puede generar sensaciones tan contrapuestas. Un saludo!

  3. Olivia permalink
    16/05/2018 13:47

    Totalmente de acuerdo. Estábamos prevenidos. Cuando escuché los cortes por encima me dió la risa pensando en las reacciones que causaría. En lo “aburrido” q lo considerarían muchos . La cosa ha tomado derroteros de melodrama, de tragedia…por favor …no debería poder hacer cualquiera lo que le dé la gana en el ámbito artístico? Parece que tuvieran algún tipo de obligación. Y sinceramente, hasta ahora ha sido así, no sé a qué tanta historia, con la variedad que hay donde elegir. Mucho hacer, mucho “qué pasaba por ahí “, como dices …se les está haciendo gratis la promoción. En cuanto a los directos , aparte de dosificar, creo q algunos temas se tornarán cañeros, por lógica . Tanto fest lo pide; si fuesen conciertos reducidos en lugares íntimos la cuestión sería distinta . Lo único que me da un poco de penilla es que no hayan afinado más el papel de Helders, para mi pilar fundamental del grupo. Me lo hubiese imaginado perfectamente más jazzístico y relevante, but …no es mi grupo. Saludos

    • Jorge Luis García permalink*
      17/05/2018 0:57

      Cierto que no es un disco para que Helders brille en demasía, pero a mí me parece que se ajusta bien a lo que pide este material. Dices que le habrías preferido más jazzístico, pero si se llega a atrever a tocar con escobillas algunos le terminaban colgando del palo mayor, jejeje. Yo no estoy tan seguro de que estas canciones vayan a interpretarlas en directo con más caña. Me inclino más por vaticinar que las situarán estratégicamente para no romper demasiado la dinámica habitual. Un saludo y muchas gracias por tus impresiones, Olivia.

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