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“Matrix”: todo bajo control

01/07/2019

matrix portada

Hace pocos días se cumplían veinte años del estreno en nuestras salas de una de las seis piedras angulares del cine de acción (otro día hablaremos al respecto de esto). Un título concebido, escrito y dirigido a partes iguales por las hermanas Lana y Lilly Wachowski (en aquellos años, los hermanos Larry y Andy) que supuso un revulsivo en tantos aspecto de la vida cultural y social que, en El Cadillac Negro, se nos antojaba ineludible realizar la crítica que no pudimos veinte años atrás. No obstante, dado que el título que hoy tratamos es sobradamente conocido por todos, no haremos especial hincapié en las aventuras del programador diurno y hacker nocturno Thomas Anderson; sino que intentaremos diferenciarnos un poco del resto de análisis que el aniversario del film ha generado,para dedicar algo de tiempo a reflexionar sobre aspectos no tan íntimamente relacionados con la trama y sí con los efectos y consecuencias que veinte años después podemos comprobar nosotros mismos a nuestro alrededor.

1999 fue el año que los fans de la ciencia-ficción llevaban largo tiempo esperando, pues un título revolucionaría completamente el género, renovaría las ilusiones de toda una generación y marcaría un nuevo camino a seguir para el resto de superproducciones en años venideros. Sin embargo, contra todo pronóstico, ese esperado título no sería “La amenaza fantasma” (primera producción del universo “Star Wars” desde “El retorno del jedi” en 1983). El elegido sería un film de mucho menor presupuesto; pero con toneladas de imaginación y talento. Ese año se produjo la alineación de planetas necesaria (léase: combinación perfecta de filosofía, religión y cultura de masas) para generar el masivo éxito que supuso “Matrix” a escala global. La taquilla fue claramente ganada por “La amenaza fantasma”; pero ese año fue, indiscutiblemente, el año de Neo, Trinity, Morfeo, del bullet-time y de la Inteligencia Artificial. Cuando cinematográficamente hablamos de 1999, hablamos sin duda alguna de “Matrix”.

Bullet-time

Más allá de la revolución que supuso el famoso efecto visual bullet-time (y que representa como ningún otro ejemplo la supremacía de la imaginación por encima de los grandes presupuestos a la hora de asombrar al público) que en cuestión de meses se fue propagando por multitud de películas (desde títulos de aquella época como “Swordfish” o “Shrek” hasta producciones más recientes como “Sherlock“, “X-men: días del futuro pasado” y “Deadpool“) o la rompedora estética que la fotografía y el vestuario añadieron al film, otorgándole una identidad única, con infinidad de posteriores intentos por imitarla; lo que genuinamente “Matrix” introdujo a las masas fue una poderosa idea que suponía una nueva forma de ver la realidad: que vivíamos una simulación. Ante la posibilidad de que dicha idea fue cierta,  surgían dos opciones de afrontar la situación. Opciones representadas principalmente por dos de los personajes del film.

Neo

Tomando el camino inverso al de “Alicia en el país de las maravillas“, Neo (alter-ego de Thomas Anderson) abandona el mundo simulado para viajar a la realidad mediante su propia madriguera de conejos y poder así combatir cara a cara contra el sistema de control (personificado en la figura del Agente Smith). Curiosamente, Neo acepta como válida la teoría de Morfeo (vivimos una simulación que oculta la encarnizada lucha contra las máquinas que realmente sufrimos). Y lo hace porque, a pesar de no tener ninguna posibilidad de comparar su entorno con nada más, sabe (o sospecha) que el mundo que habita no es real. Al fin y al cabo, uno de los principales aciertos de “Matrix” era precisamente la rápida identificación del espectador con el personaje de Neo, pues ¿quién no ha tenido nunca la sensación de haber vivido anteriormente una experiencia similar a la actual (Déjà vu) o descubrir casualidades casi imposibles que la vida a veces nos depara (serendipia)?…dicho de otro modo, ser capaces de detectar posibles fallos en un sistema aparentemente real.
Sin embargo, en ningún momento nos paramos a recapacitar sobre una posibilidad aún más interesante: que el mundo post-apocalíptico que nos presenta Morfeo sea también otra simulación. Al fin y al cabo, ese mundo de centinelas, mecas, y macroestructuras construidas próximas al núcleo de la Tierra es ciertamente más increíble que el mundo que ya generaba sospechas a Thomas Anderson.

Personajes

Las otra posibilidad de afrontar esta situación es la que adoptaba uno de los personajes más interesantes de “Matrix”: Cifra. Él, al contrario que el resto de la tripulación de la Nebuchadnezzar, acepta la situación e intenta sacar el mayor provecho de la misma. Consciente de estar viviendo una mentira, la prefiere antes que vivir las penurias que la realidad le depara hasta el fin de sus días. Oculta entre toneladas de traición, derrota y malos pensamientos, en Cifra se concentra una de las cualidades que facilita la supervivencia de cualquier especie ante un entorno cambiante: la adaptación al medio.

pastilla roja
Gran parte de las ideas de “Matrix” tenían como referencia el libro “Simulación y simulacro” de Jean Baudrillard. Obra indispensable para entender la sociedad actual y la capital importancia que atribuimos a la imagen que exteriorizamos a los demás, donde nos pasamos gran parte de nuestra vida simulando tener lo que no tenemos y disimulando no tener lo que sí tenemos, tanto en redes sociales, como en nuestra interacción directa con el resto de la sociedad. A diferencia de lo que ocurre en “Matrix”, nosotros no vivimos forzosamente una simulación de nuestras vidas; pero en muchos aspectos parece que aceptemos esta situación de forma voluntaria. Por eso mismo, a pesar de ciertas voces que en los últimos años han resaltado la teoría de estar viviendo una realidad virtual similar a la del film, considero que no tiene mucho sentido plantearnos si realmente una situación como la descrita en “Matrix” podría ser posible; es decir, ante la cuestión de si nuestras vidas podrían ser realmente una simulación, la única respuesta plausible es un no rotundo. Y esa imposibilidad no viene dada por la capacidad tecnológica (la cual muy probablemente se encuentre aterradoramente cerca de poder lograr un hito como ese); sino por el enorme coste que supone esa opción para conseguir un objetivo que prácticamente estamos entregando voluntariamente cada día. Si queremos controlar y manipular a una sociedad, probablemente decantarnos por construir un sistema equivalente al mostrado en “Matrix” sería la solución más compleja y costosa de mantener de entre todas las opciones posibles. Además, tal y como ocurre en la ficción, la mayoría de los humanos se rebelaría contra esa forma de opresión, contra esa forma de vida impuesta. Sin embargo, vivimos inmersos en un gran hermano, rodeados de cámaras y micrófonos que voluntariamente hemos introducido en nuestro entorno vital. Facilitamos nuestra identidad, nuestra posición, nuestras compras, nuestros deseos, nuestras amistades, nuestras opiniones, nuestros anhelos, lo que nos gusta, lo que nos disgusta, lo que nos entretiene, lo que nos aburre…y todo esto nutriendo las 24 horas del día a un inmenso big data del que surgen patrones de comportamiento que casi permiten precognizar lo siguiente que haremos cada uno de nosotros. Al fin y al cabo, a pesar de los siglos de evolución, seguimos siendo animales de costumbres. De momento, no es probable que acabemos bajo el yugo de un sistema que nos transforme en una fuente de energía…pero lo que ya es inexorable es que somos una fuente de datos con los que nos controlan.

Trinity

Ese control se ha ido gestando a lo largo de los últimos años, en los que hemos pasado de una realidad hiperconectada (este planeta ya tiene mayor población de dispositivos interconectados, que de personas) que nos informaba de cualquier hecho pasado o presente ocurrido en cualquier lugar de la Tierra, a vivir en un estado de desinformación que utiliza precisamente esa saturación de información para introducir falsedades que condicionen de forma casi imperceptible nuestra ideología y nuestro proceder.
Si Neo era capaz de salir del mundo simulado mediante un terminal telefónico, no está carente de cierta ironía que en la actualidad nosotros nos evadamos de nuestro mundo real utilizando un dispositivo similar. Algo más avanzado, algo más polivalente, algo más inteligente…pero, en lo básico, un teléfono.

Helicoptero.gif

Desde nuestra posición dominante, estamos bien seguros de tener al resto de especies controladas (hasta el punto de la extinción) para que no haya otros candidatos a nuestro puesto (miedo que seguramente arrastramos desde los tiempos ancestrales en los que nos protegíamos en las copas de los arboles de nuestros depredadores). Quizás debido a esa seguridad que otorga el coronar la pirámide evolutiva es lo que provoca esa fascinación por ser doblegados en algún momento; bien por alienígenas, bien por la propia naturaleza, bien por robots. Pero, de todos esos futuribles mundos distópicos en los que el ser humano acaba siendo víctima de un destino adverso, el descrito en “Matrix” es, probablemente, el más plausible en muchos aspectos. La Inteligencia Artificial es, casi sin discusión, uno de los avances más prometedores para solucionar muchos de los límites que nuestra siempre creciente sociedad se está encontrando. De forma más o menos intensa, en los últimos años venimos viviendo un creciente uso de la tecnología en aspectos de nuestra sociedad que empezaban a estar bastante estancados desde hace décadas. Así, podemos ver cómo aquellos trabajo con una metodología sistémica (erróneamente catalogados como de baja cualificación) en los que se pueden diferenciar fácilmente los procedimientos de causa y efecto que lo forman, no resultaría muy complicado sustituir en esos puestos de trabajo a los humanos por máquinas que realizaran las mismas tareas de forma más eficiente y segura. Así, sectores como la agricultura, la industria o el transporte, entre otros muchos, vivirían una evolución sin precedentes desde finales del siglo XVIII. Esta posibilidad podría suponer un enorme avance en nuestra sociedad siempre que articulásemos las condiciones y normas necesarias para que esos beneficios repercutan en toda la sociedad y no en unos pocos (aquí son vitales conceptos tales como el pago de impuestos para las máquinas, rentas básicas para la sociedad, sociedad creativa vs sociedad industrial, etc). Sin embargo, los riesgos de usar incorrectamente esta inteligencia artificial no se limita a una pérdida de derechos, de condiciones laborales o de cuestiones morales aún sin resolver…el mal uso de la I.A. permite la manipulación de la realidad con una escalofriante facilidad que, a día de hoy se limita a jugar con nuestra ideologías, tergiversar aspectos hasta hace poco indudables y provocar respuestas basadas en supuestos completamente falsos; pero cuyo potencial es sobrecogedor. ‘Ver para creer’ es una frase que pierde todo su significado según pasan los días pues, si en “Matrix” era casi imposible distinguir el mundo real del virtual, en nuestra sociedad actual cada vez es más y más complicado diferenciar entre lo que es verdad y lo que es falso. Lo que en “Matrix” era interponer un sistema de control entre nuestra mente y las capacidades sensoriales que lo alimentan, en nuestra sociedad actual el control se sitúa entre nuestro conocimiento del medio y la información que alimenta dicho conocimiento. Ambos casos se centran en lo mismo: alterar la percepción que tenemos del mundo para extraer de nosotros, bien la energía con la que alimentar al sistema opresor, bien obtener la información con la que el control y la manipulación sea cada vez más precisa y eficaz. De seguir así y no legislar adecuadamente para impedir usos nocivos de la inteligencia artificial, ciertamente habrá que ser un ‘elegido‘ para poder diferenciar lo real de lo manipulado.

Bullets.gif
Por tanto, la cuestión de si vivimos una realidad simulada ya no precisa respuesta. Es una pregunta obsoleta. Matrix no te posee. Matrix eres directamente tú, yo, todos nosotros. La pastilla azul nunca fue una opción. No obstante, quizás en unas décadas (¿para el 50 aniversario de “Matrix”?), la sociedad haya sabido utilizar la tecnología para conseguir alcanzar un bien casi utópico: una sociedad libre de miedos (al menos, de los miedos actuales), respetuosa con los individuos que la forman y en la que seamos capaces de cuidar los unos de los otros. Sólo entonces, podremos hacer uso de la tecnología sin estar obligados a aceptar la vulneración de nuestra intimidad dentro y fuera de nuestras casas, a asumir el riesgo de ser manipulados. Sólo entonces estaremos completamente libres de conexiones y de sistemas de control. Sólo entonces seremos verdaderos hijos de Zion.

Codigo

 

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