Saltar al contenido

“El ascenso de Skywalker”: el fandom contraataca

23/12/2019

Skywalker poster

(AVISO SPOILER: No acostumbramos a poner este tipo de avisos en los posts de cine, dando por hecho que quien quiera ir ‘virgen’ a ver una película debe saber que es conveniente leer lo mínimo posible antes de pagar su entrada. Pero dada la extrema sensibilidad con la que debe tratarse todo lo relacionado con “El Ascenso de Skywalker”, vemos conveniente avisaros de que, si pincháis en ‘Leer más’, os encontraréis con un análisis en profundidad de la cinta y su argumento. Por eso, si ya la habéis visto os invitamos a continuar. Si no es el caso, id a la velocidad de la luz al cine.)

Quizás no fuese en una galaxia muy, muy lejana… pero sí que ya hace mucho tiempo; concretamente, 42 años. En el verano de 1977, George Lucas redefinía para siempre la industria del cine, junto a la forma de rodar, ver y explotar comercialmente las películas. Y lo hizo con un título que le costó sangre, sudor y muchas lágrimas sacar adelante. Pero desde el 25 de mayo de 1977, la financiación de un título de la saga Star Wars nunca más sería un problema. Desde aquel día hasta hoy, esta saga (técnicamente la más grande de todos los tiempos, hasta que Marvel también quiso probar suerte en esto de redefinir por completo un género y una industria) alcanzó un estatus mundialmente conocido, en el que cada nueva entrega se convertía en un evento que eclipsaba a cualquier otro estreno, a cualquier otra noticia e incluso a cualquier otra religión. Tras una primera trilogía que trascendió su propia naturaleza cinematográfica, el anuncio 16 años después del inicio de una nueva trilogía bajo la batuta del propio George Lucas y centrada en el origen de la figura más carismática de la saga (Darth Vader), supuso una inmensa explosión de expectativas en las que cada espectador tenía en su cabeza la historia ideal. Nadie (salvo George Lucas) vio plasmado completamente en pantalla la trilogía que cada uno nos imaginamos que sería. Nadie.

Desde entonces, la saga Star Wars se ha ido convirtiendo en una suerte de test de Rorschach, en el que todos vemos figuras y todos vemos sombras; pero ninguno coincidimos, ni en unas, ni en otras. Con la compra de Lucasfilm por parte de Disney y el inicio del rodaje de una nueva trilogía alejada de George Lucas, este efecto se ha ido incrementando hasta tal punto que, actualmente, casi resulta más interesante estudiar nuestra propia respuesta a cada nuevo estreno, que analizar el título en si mismo. Tras un primer título dirigido por J.J. Abrams y marcado por una profundo sentimiento de nostalgia hacia los títulos clásicos de la saga, llegó un segundo título (dirigido esta vez por Rian Johnson) que prometía expandir la historia y asombrar al espectador. Aquí se inició lo que para unos es un cisma en el férreo canon de la saga y, para otros, una oportunidad de expandir la historia mucho más allá de sus límites autoimpuestos. Bajo estas complicadas circunstancias, Disney toma la decisión de volver a confiar en J. J. Abrams para intentar traer la paz a ambos universos (galáctico y cinéfilo). A partir de aquí comienza la aventura de cerrar con éxito una trilogía herida, poner el punto final a nueve películas que son un todo en su genero y unificar tanto a los defensores del canon, como a los que defienden nuevas ideas. En definitiva, un viaje a lo imposible.

Para que todos tengamos claro el origen de las siguientes opiniones, me declaro un defensor tanto de “El despertar de la fuerza”, como de “Los últimos Jedi”; lo cual me coloca en la incómoda posición de tener argumentos a favor de dos movimientos que, con el paso del tiempo, se han ido distanciando y radicalizando cada vez más. De alguna forma, defender ambos títulos me sitúa quizás algo más cerca del film de Johnson pues, en su título, dejaba claro que el universo no está pintado exclusivamente en blanco y negro; teniendo ambos lados de la fuerza una escala de grises que bien merecían ser exploradas. De igual forma, es un hecho que tanto Abrams como Johnson son fans declarados de la saga y, a pesar de la crítica que estáis leyendo, no tengo la más mínima duda que ambos intentaron llevar a la pantalla lo que a cada uno, como seguidores de Star Wars, les gustaría haber visto. Uno de forma más emotiva, otro de forma más osada; pero ambos buscando a su manera perpetuar el legado de esta obra.

Y quizás ahí radica el origen del problema actual. Johnson intentó hacer una gran película (en mi opinión, lo es); pero el resultado no fue un gran episodio de Star Wars. A los ojos de un niño (o de un adulto con la ilusión inmaculada), “Los últimos Jedi” rompía esquemas que difícilmente podían encajarle. Mientras en el otro lado, una gran parte del público hoy ya maduro (que disfrutó en su día los títulos clásicos en una sala de cine y entre los que me incluyo), sí recibía con los brazos abiertos esa osadía en la trama. Los personajes que Abrams nos presentó en “El despertar de la fuerza”, fueron los que a Johnson le encomendaron evolucionar en “Los últimos Jedi” de forma valiente o irreverente (según el barrio), pero claramente inesperada para la inmensa mayoría de nosotros. Ahora, Abrams recoge nuevamente el testigo con “El ascenso de Skywalker“, para retomar todas las tramas abiertas e intentar redirigirlas en la dirección que él mismo marcó con “El despertar de la fuerza”; intentando crear una gran película, un gran episodio de Star Wars y un gran final a toda la saga. Ese es claramente el objetivo marcado para este film y eso es sobre lo que entiendo que debemos opinar todos.

Skywalker duelo

Reconozco igualmente que el punto de partida de “El ascenso de los Skywalker” es el más complicado de todos los títulos que componen el universo de Star Wars (incluido el conflictivo rodaje de “Han Solo: una historia de Star Wars”). Teniendo que lidiar con la muerte de Carrie Fisher, dificultando enormemente poder dar un final óptimo al personaje más querido de toda la saga, a nuestra princesa Leia. Aprovechando tomas descartadas de los anteriores títulos para hilvanar una despedida acorde a la altura del personaje. La marcha de Colin Trevorrow (director fichado inicialmente para dirigir este episodio, tras dedicar dos años a escribir el guión). Las malas recepciones que tuvieron los spin-off “Rogue One” y “Han Solo“. La tensión creciente entre los fans ante una situación claramente inestable. Ante este cúmulo de dificultades, me gusta imaginar a J. J. Abrams firmando el contrato en los despachos de Disney mientras una cinta magnetofónica se pone en marcha con el mensaje: “… como ya sabe, si usted o algún miembro de su equipo es capturado o muerto, el estudio negara tener conocimiento de sus acciones. Este mensaje se autodestruirá en cinco segundos”.

Igualmente, es una obviedad pero considero necesario recalcar que Abrams me parece un gran director. No es el mejor y, por supuesto, está muy lejos de serlo; pero es alguien que domina su oficio, sabe contar historias, tiene un agudo sentido del espectáculo y sabe acotar y plasmar en imágenes qué es lo que los espectadores quieren ver en pantalla (detalle fundamental para el rodaje de este capítulo). Sin ser ese heredero natural de Steven Spielberg que algunos le atribuyen (eso no existirá nunca), tras revitalizar la saga “Misión Imposible“, poner a “Star Trek” nuevamente en el mapa (dos veces) y ser el responsable del comienzo de esta nueva trilogía, está claro que muy pocos directores tenían más argumentos que Abrams para aceptar el difícil reto que suponía este tercer título. Aprovechando la referencia que mi compañero Rodrigo dejaba en su crítica de “Los últimos Jedi”, esta última trilogía parecía necesitar un nuevo “El retorno del Jedi” que viniera a resolver los ‘problemas’ que el título de Johnson había provocado (de igual forma que en su día fue criticada “El imperio contraataca“). De hecho, las similitudes en el esquema narrativo de “El ascenso de Skywalker” y “El retorno del Jedi” son más que evidentes.

null

Lo que considero básico es entender que señalar con el dedo acusador a Johnson o a Abrams es un grave error por parte de cualquier crítico. La decisión de invertir cientos de millones en una historia concreta no es de los directores; muy al contrario, ellos son los que intentan llevar a buen puerto las historias que proponen y han sido aceptadas por el estudio. En este caso, fue Disney la responsable de dar luz verde a la propuesta de Johnson y luego cambiar de opinión pidiendo a Abrams que volviera a la senda conocida. Teniendo esta premisa clara, considero que bajo mi humilde punto de vista, en algún momento de la escritura, J. J. Abrams y Chris Terrio (guionista de “Batman v Superman“, cierto; pero no olvidemos que también ganó un Óscar por “Argo“) son conscientes de lo imposible de la misión (disculpad nuevamente la referencia fácil) y toman la decisión de apostarlo todo a la capacidad sentimental del espectador. Renunciando, por inalcanzable, a conseguir escribir una historia sólida que pudiera convencer a la razón.

Con la decisión tomada, J.J. Abrams muestra (por segunda vez en la saga) saber orquestar una película que cuente con todo lo que un fan esperaría…y lo demuestra hasta la extenuación. “El ascenso de Skywalker” tiene visualmente más músculo que ninguna otra entrega, es una infatigable sesión de imágenes icónicas, de innumerables persecuciones intergalácticas y de lacrimógenos cameos. Es una montaña rusa de escala planetaria que pareciera no tener fin. Su primer acto (y aquí radica el acto de prestidigitación que Abrams intenta) no deja tiempo ni para pensar… porque si el espectador se detuviera un segundo a analizar lo que está viendo, pensaría en ese sable láser del que nadie sabía nada, en ese más que oportuno espía, en ese rescatado x-wing, en esos centenares de cruceros estelares que llevan esperando décadas, en esos lazos familiares injustificables. Porque, desde el punto de vista de un espectador adulto, el único punto débil de esta película se reduce y concentra en una palabra: guión.

Skywalker Leia

La escala del film es épica (como no podía ser de otra forma); pero la base sobre la que se asienta toda la historia es, más que endeble, inverosímil. Y lo es por el punto de partida que comentaba unos párrafos antes. La ruptura con la integridad narrativa es la única vía posible para intentar conjugar la situación de la que partía el título y el final que Abrams quiere dar a la saga. Utilizando un símil culinario (donde un cocinero utiliza las salsas para ocultar un plato cocinado de forma deficiente), aquí son el espectáculo visual y el ritmo los que intentan desviar el foco de atención del espectador, para que la guarnición consiga lo que el faisán es incapaz de lograr. Por eso, todo en “El ascenso de Skywalker” queda supeditado a la satisfacción básica de los fans. No sólo es una película totalmente dirigida a ellos, es que parece incluso escrita por ellos mismos. El título tiene todo lo que un fan de la saga querría ver en pantalla; independientemente del argumento, del guión, de los diálogos y de la coherencia narrativa…que ahora son simples aditivos. Renegando categórica y abiertamente de los puntos más controvertidos expuestos en el episodio anterior, rectificando el rumbo mediante todos los golpes de timón que sean necesarios, sin importar los daños que esa brusquedad pueda causar. Como si la única condición antes de comenzar a rodar hubiese sido devolver la trilogía a la ruta marcada por “El despertar de la fuerza”, aceptando como buena cualquier idea (repito, cualquier idea) que permitiera en los dos primeros actos estructurar una historia que lograra hacer plausible ese final esperado… a sabiendas de que alcanzar ese punto es absolutamente imposible sin cometer un suicidio argumental.

Skywalker Kylo

Abrams se aferra con fuerza a los únicos clavos que podrán salvar (en mayor o menor medida) la película. Explota el uso de MacGuffins que generen tensión, utiliza deus ex machina para disimular en lo posible la incoherencia de la historia, rescata de la mismísima muerte a personajes ya superados…simplemente para poder matarlos nuevamente, porque la historia necesita un desafío que ya no hay tiempo para construir de cero. Pero todos estos artificios se utilizan, además, de forma arbitraria. Sin un orden claro. Lo que origina aún más problemas y más conflictos con el episodio anterior. Se plantean sucesos que minutos después serán rotundamente cancelados; como esa aparente muerte de Chewbacca, que sólo busca generar sentimientos que tapen a otras tantas ideas que se abandonan sin que lleguen a ningún lado (ese continuo intento de Finn de confesar algo trascendental a Rey). El seguir utilizando como argumento válido que un gigantesco despliegue de medios al servicio de un plan maestro para controlar el universo, siga dependiendo de un ridículo y vulnerable elemento clave capaz de desmoronar todo el tinglado imperial, demuestra que lo importante es buscar en el espectador la emoción ante una nueva batalla estelar, tan grande y emocionante como la de “El retorno del Jedi”. Una lucha que, obviamente la rebelión tendrá que ganar sin tener que dedicarle muchos minutos a explicar cómo. Y, de igual forma, no se explicará dónde, ni cómo se fabricaron los centenares de cruceros estelares que surgen de la nada (cuando se dedicó casi íntegramente un título de la saga a explicar el origen de los clones imperiales). Todos esos cruceros, armados cada uno con armas de destrucción planetarias (tras cuarenta años viendo construir y destruir distintas versiones de la estrella de la muerte, ahora en dos años de I+D acelerado ya tenemos esa opción en cañones tamaño bolsillo para, insisto, dar mayor escala a la batalla). E igualmente ocurre con el Emperador, quien ahora es capaz de anular los sistemas de navegación de toda la flota rebelde con sus propias manos. Y cuanto mayor escala visual se utiliza, mayores son los errores narrativos.

Pero en este punto, poco importa ya. Las vías de agua son tan evidentes que no hay batalla estelar capaz de ocultar que Rey llegue a Exogon dispuesta a matar al Emperador (que es precisamente el único paso que Palpatine necesita para perpetuar su linaje en el lado oscuro… porque sí, Rey es ahora su nieta) y este se tome todo el tiempo que sea necesario para desvelar en detalle su plan maestro y que Rey cambie de opinión. No asombra tampoco que, tras la nueva muerte del Emperador (bueno, el tiempo lo dirá), Rey no caiga en el lado oscuro (enésima contradicción) y fallezca. Sea resucitada por Kylo Ren. Kylo muera… y Rey no utilice su mismo poder para resucitarlo a él. Parece que la tabla de madera flotando en el océano aquí tampoco era suficientemente grande para salvar a los dos.

Star wars skywalker

Tras dos horas de desenfrenado espectáculo que trata de justificar el final al que cada personaje debe llegar, sólo queda mostrar ese final. Y aquí es donde Abrams enciende su sable láser e intenta hacer vibrar al espectador con lo que mejor ha sabido hacer en esta saga: el fan service. Pero, igualmente, no puede realizarlo a cuenta gotas como sí hizo en “El despertar de la fuerza”; aquí tiene que ser un torrente constante de emociones que arrastre al espectador durante los últimos minutos de metraje, de la excitación de las batallas a las lágrimas de las despedidas. El efecto debe durar mientras la sala permanezca a oscuras. ¡Más madera! A diferencia de “Vengadores: Endgame” (también de este año, también una saga de proporciones épicas y también de Disney), donde los guiños puntuales a los fans estaban perfectamente integrados en la trama, utilizándolos para elevar la emotividad de un momento que ya era épico por sí mismo; en “El ascenso de Skywalker” son planos que quedarán muy bien en la memoria del espectador; pero que intentan aportar una épica a momentos que no la tienen y que no guardan integridad con la historia que conocemos.

No seré yo el que niegue a Disney su pleno derecho a mantener contenta a una de sus fuentes de riqueza (precisamente en el año que ha logrado una cifra histórica en la industria), dando a los fans lo que desean ver. Pero, con la mano en el corazón y a pesar de los evidentes esfuerzos de Abrams, el resultado en pantalla de las decisiones tomadas por la compañía se queda muy lejos de estar a la altura de la saga a la que pertenece. Muy, muy lejos. Todo lo que en esta tercera trilogía debería haber servido para cerrar un círculo que comenzó en 1977 con el primer título de la saga (llamado “Una nueva esperanza“, no lo olvidemos) acaba en un trágico juego de fichas de dominó en el que Han Solo, Luke y Leia (principales figuras de los títulos clásicos) mueren para salvar a Kylo…y este a su vez muere para salvar a Rey; quien acaba sola en el desértico planeta de Tattoine, hablando con una anciana que pasaba por allí, mientras al atardecer (crepuscular momento que anticipa el fin del día y el principio de la oscuridad) entierra el sable láser de Luke (que siempre quiso escapar de ese planeta) y de Leia (que la única vez que lo visitó, acabó en bikini siendo esclava de Jabba). Todo muy íntegro y esperanzador.

Skywalker Rey

Finalmente, escucho por última vez la fanfarria del maestro John Williams mientras las luces se encienden. Calmado el ritmo cardíaco y enjugadas las lágrimas, salgo de la sala con una incipiente indiferencia.

Recorro el pasillo de salida mientras en mis retinas todavía perduran las últimas imágenes de un título que, todo lo que es, viene determinado por las anteriores entregas y (aún más importante) todo lo que evita ser, le viene dictado por su antecesora más directa. Un título que, con la intención de salvar los muebles de esta nostálgica trilogía, acaba entregando una historia no ya profundamente irregular; sino increíblemente dañina con el resultado final de toda la saga. Mientras abro las puertas de salida, me pregunto quién será ahora capaz de ver la trilogía clásica con los mismos ojos. Sabiendo que el Emperador nunca fue derrotado por Luke y Vader.

Miro en mis bolsillos y sólo encuentro la mitad rota de mi entrada.

Me acerco a la cartelera que cuelga de la fachada y compruebo que, al mismo tiempo que yo oía a Luke Skywalker afirmar ahora que el arma de un Jedi debe ser tratada con respeto, un par de salas más allá otros espectadores disfrutaban de la última película de Rian Johnson: “Puñales por la espalda”.

Mientras la lluvia vuelve a caer sobre la ciudad, pienso que el mundo no está carente de cierta ironía.

Que la fuerza descanse.

null

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: