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“Los últimos Jedi”: la guerra empieza AHORA

18/12/2017

(ALERTA SPOILER: Si aún no has visto “Los últimos Jedi”, no deberías estar leyendo esto. Preséntate en el cine más cercano, decide en qué bando te alistas y vuelve para entonces.)

Cuando las luces de la sala se encendieron tras la proyección de “Star Wars Episodio VIII: Los últimos Jedi” (los muy cabritos las dieron dos segundos después de que apareciera en los créditos la leyenda «In Loving Memory of our Princess CARRIE FISHER», y las lágrimas pugnaban por brotar de mis ojos) la sensación que me invadía era precisamente esa: la emoción. Emoción provocada no sólo por esa dedicatoria y algunos de los muchos minutos que Leia Organa tiene en este film, aunque también protagonice la escena no más controvertida, sino difícilmente defendible de toda la cinta, sino por una película que había conseguido maravillarme con muchas de sus secuencias, el desarrollo de algunos de sus personajes y un tratamiento argumental y temático inesperado y, en ocasiones, muy refrescante. Me lancé entonces a sondear por encima las impresiones de algunos usuarios de webs como IMDb o Filmaffinity y la emoción se transformó pronto en incredulidad. Incredulidad ante la avalancha de reacciones negativas que estaba suscitando el film. De repente, me sentí el bicho más raro e incomprendido de la galaxia. Por suerte, esa misma noche escuché un par de podcasts, uno de ellos de absoluta confianza, y me tranquilizó descubrir que no estaba solo, pues para ellos el entusiasmo también acababa ganando por goleada a la decepción o el cabreo. Es cierto que al final no hay opinión más importante que la tuya propia, y si algo te ha hecho disfrutar nada de lo que digan los demás debería afectarte lo más mínimo… pero es inevitable que uno sienta la necesidad de contrastar opiniones, y aún más en un tema cada vez más sensible como es “Star Wars”.

Cuando uno sabe que será el encargado de redactar un post, y más con un producto con tanta enjundia como “Los últimos Jedi”, es irremediable también que antes incluso del propio visionado uno empiece a darle vueltas en su cabeza, contemplando los distintos enfoques que podría darle en función de lo que pueda encontrarse, e incluso baraje dos o tres posibles titulares. Aunque yo había intentado blindarme todo lo posible (por eso mi shock luego fue aún mayor), la lectura accidental de un par de tweets ya me habían insinuado que este nuevo episodio estaba causando, de nuevo, una inmensa división entre los fans, aunque no sabía hasta qué punto. Por eso, y juro que es cierto, antes de entrar en la sala y sin saber aún en qué bando podría alistarme ya se me había ocurrido «La guerra empieza ahora» como un posible título. Imaginen mi enorme sorpresa cuando en el clímax final el mismísimo Luke Skywalker pronuncia casi de forma literal esa misma frase. Uno no puede pasar por alto esas señales, pero es que además cobraba aún mucho más sentido del que me imaginaba en un principio: a  “Los últimos Jedi” la amas o la odias. Me resulta imposible, más que nunca, encontrar términos medios o zonas grises. Y razonamientos sosegados. Y si los hay, quedan enseguida sepultados. Porque esto ya se ha convertido, irreparablemente, en un a esta “Star Wars” la amas o la odias. O eres de los que dices que la película te parece fantástica o de los que escupes tu furia sentenciando que la saga, para ti, está muerta. Dicho de otro modo, o eres un conformista sin criterio, que te tragas cualquier mierda y todo te parece bien, o eres un hater irredento al que Disney le está arruinando la vida. Como a mí me gustaron mucho, con sus cosas buenas y sus cosas malas, “El despertar de la Fuerza” y “Rogue One”, yo claramente debo ser de los primeros.

Tras el desencanto general que pareció reinar entre el fandom con la segunda trilogía de George Lucas, que muchos sentimos como demasiado alejada del espíritu que nos cautivó con los episodios IV-V-VI, el objetivo de Disney/Lucasfilm, creo que más que de J.J. Abrams, estuvo muy claro: “El despertar de la Fuerza” debía anclarnos lo máximo posible a las sensaciones de esa “La guerra de las Galaxias” original, recuperando ambientes, con personajes (tanto los viejos como los nuevos), conflictos y propósitos reconocibles, para volver a enamorarnos y en teoría, a partir de ahí, ir construyendo algo nuevo. Yo tengo que reconocer que conmigo funcionó plenamente, aunque nadie puede negar lo evidente: “El despertar de la Fuerza” sí tiene mucho de remake plenamente consciente de “Una nueva esperanza”, y eso fue lo que más indignó a buena parte de los espectadores. Así que sí, durante dos años el máximo temor confeso de casi todo el mundo es que este episodio VIII fuese, de nuevo, un remake del V. Y es cierto que esta “Los últimos Jedi” tiende muchos, muchísimos puentes no sólo con “El Imperio contraataca”, sino también con “El retorno del Jedi”… pero para acabar quemándolos todos, o casi todos. En muchos aspectos, es la cinta más desmitificadora, rupturista e imprevisible de las ocho (nueve si contamos “Rogue One”) que se han hecho hasta ahora. Y lo consigue siendo un film 100 por 100 “Star Wars”, siendo respetuosa con su espíritu y su legado, por mucho que haya quien diga que no hay ni rastro de las señas de identidad de la saga o incluso la estén rebautizando, en una ida de olla monumental, como “Spaceballs 2”.

Para mí hay incluso una cosa más importante: “Los últimos Jedi” es una película que de forma muy valiente se atreve a apostar por el futuro. Venimos de una segunda trilogía de Lucas que, por su propia naturaleza de precuela, era absolutamente previsible, y que “El despertar de la Fuerza” calcase tan fielmente la obra fundacional de 1977 nos hacía temer que íbamos a seguir por ese mismo camino. Con Rian Johnson, al que de forma sorprendente parecen haber dado una libertad de la que no gozó Abrams, todo eso ha cambiado, para desgracia de algunos y puro goce de otros que ahora casi nos sentimos en minoría. El director y guionista se mete con conceptos y dogmas que hasta ahora parecían intocables y los cuestiona, cuando no los retuerce. Se atreve a plantear soluciones y resoluciones de conflictos aparentemente trascendentalísimos que nos acaban asombrando por su simplicidad (y eso casi es una novedad) y porque llegan mucho antes de lo esperado. Apuesta por el sentido del humor, intrínseco queramos o no a este tipo de sagas, sin que en ningún momento se pierda la gravedad del asunto, y al mismo tiempo no se ahoga en su solemnidad y nos pone los pies en la tierra haciéndonos ver que lo importante a veces está en los pequeños gestos, y que no todo tiene que ver con profecías, destinos esculpidos en piedra por la Fuerza o linajes sagrados. Se esfuerza por hacer un desarrollo real y creíble de sus personajes (ganan especialmente Poe Dameron, Kylo Ren y Rey), siendo todos conscientes de que esto no es “El Padrino”, ni falta que hace. Nos cuela de forma coherente reflexiones más o menos profundas sobre la esclavitud, el maltrato animal o la venta de armas sin que nos chirríe y sin caer en maniqueísmos. Nos ofrece un espectáculo deslumbrante con algunas de las secuencias más apabullantes y mejor rodadas de toda la saga, desde su portentoso arranque hasta la bellísima puesta en escena de su batalla y clímax final, pasando por una de las mejores luchas con sables láser de la saga y ese choque de dos inmensas naves que se sintió como si hubiera partido en dos el patio de butacas. Y consigue que, sin embargo, casi nos dejen más poso dos escenas que sorprenden por su simpleza. La primera, ese Luke recogiendo por fin (¡después de dos años!) su viejo sable láser… para lanzarlo inmediatamente al suelo con desdén, lo que sirve casi como metáfora perfecta de aquello en lo que habrá de convertirse este episodio VIII.  La segunda, la que cierra precisamente sus dos horas y media de metraje y recoge también lo fundamental de su mensaje: ese pequeño y anónimo niño esclavo, sensible a la Fuerza, que blande su escoba mientas mira esperanzado a las estrellas. Ese es el futuro tan alentador que nos ofrece Johnson, y el que tantos parecen despreciar.

Las osadías y afrentas que parece haber cometido Johnson las ha hecho desde su profundo conocimiento y respeto del universo “Star Wars”, aunque aquí sé que tendré enconadas opiniones discrepantes. Por supuesto que en “Los últimos Jedi” hay cosas criticables, ya llegaremos a eso, pero estoy cada vez más convencido de que muchas de las que han encabronado a algunos fans, de la misma forma o muy similar fueron perdonadas o pasadas por alto en el pasado. De hecho, no me cabe ninguna duda de que si la cinta más idolatrada ahora por todo el mundo, “El Imperio contraataca”, se estrenase en nuestros días se llevaría una buena sarta de palos en webs, podcasts y redes sociales, viniendo como veníamos del episodio IV. ¿Y saben qué? Es que así fue. En 1980 la crítica fue muy tibia con el estreno del film, y muchos seguidores tuvieron una reacción tan negativa que el propio Lucas se disculpó por el tono tan oscuro de aquella entrega. De hecho, la ahora parece que tan infantiloide “El retorno del Jedi” fue precisamente una respuesta a todo eso. Aunque en 2017 queramos leerlo al revés, así fue como sucedió. Fueron los años, y sobre todo la ventaja de tener el panorama completo, los que acabaron revalorizando, con total merecimiento, la 13ª mejor película de todos los tiempos según IMDb. Mi esperanza es que acabe sucediendo algo similar en este caso, aunque en los tiempos que corren esto se me antoja mucho más difícil.

Ya durante su visionado supe que la visión de la Fuerza que tiene un crepuscular (y magnífico) Luke Skywalker levantaría muchas ampollas. Que los Jedi no tengan el patrimonio exclusivo de la Fuerza, ni tengan que ser necesariamente los buenos de la función, que como individuos y más aún como orden sean algo no solamente falible, sino una parte esencial del gran problema que azota la Galaxia, es una píldora demasiado amarga de asimilar. Lo sé. Y sin embargo ya es algo que nos sugería Lucas en la trilogía de precuelas, y en ese sentido Johnson ha sido muy respetuoso con su trabajo. Conviene señalárselo a aquéllos que ahora claman por el regreso del gran creador de todo este tinglado. Ya están tardando en salir gilipolleces en Change.org. Oh, wait. Que ya han salido, y salieron más en su día. Otra de las cuestiones más conflictivas es, en mi opinión, una de las soluciones más valientes y sorprendentes del film, y además está bien plantada: la muerte de Snoke. Indigna especialmente que nos hayamos despedido de él sin saber quién es, de dónde viene y cómo ha llegado hasta allí. Nos olvidamos por tanto de que en la trilogía original poco o menos aún sabíamos sobre Palpatine, al que entonces aún conocíamos sólo como el Emperador, y nadie sufrió ni lloró por ello. Tuvieron que pasar 16 años, hasta “La amenaza fantasma”, para que empezásemos a conocerle mejor. Y a algunos nunca nos aportó gran cosa. Otro mazazo: la identidad de Rey. Hemos estado dos años elucubrando sobre si era hija de Luke (descartado en los primeros minutos de “Los últimos Jedi”), Obi-Wan (explíquenme qué sentido tendría) o Han y Leia (como sí nos llegó a insinuar este film)… para que al final no fuesen más que unos don nadies. Dos chatarreros que la vendieron por una miseria y hace tiempo que están muertos y enterrados en la superficie de Jakku. Que Rey no sea a priori nadie especial termina por liberar a la saga de un lastre que, a la larga, iba a acabar siendo demasiado pesado. Hay vida más allá del linaje de los Skywalker (que empezó, recuerdo, con un Anakin que NI SIQUIERA tenía padre) y esto es un soplo de aire fresco que con el tiempo podría ser esencial para la supervivencia de la franquicia. Habrá también quien siga vomitando bilis sobre Kylo Ren, pero para mí es indiscutible que es el personaje que más y mejor ha crecido, hasta el punto de que podría encumbrarse como uno de los villanos más sólidos de “Star Wars”. De momento, hemos visto que tiene menos de Darth Vader y mucho más de Anakin de lo que pensábamos y de lo que a él le gustaría. Incluso le han bastado un par de pelis para que su construcción, aun con sus aparentes dudas y vaivenes, sea más coherente y creíble que la que nos mostraron con su abuelo durante tres films. Muchos os reísteis y os seguiréis riendo de su careto, pero cuánto hubiésemos ganado en su momento con un Adam Driver en lugar de un Hayden Christensen. Eso no me lo rebate nadie. Y luego están los porgs, claro, pero a esos ya los pusisteis en la lista negra hace meses y ya difícilmente saldrán de ahí. Pues los porgs, que no salen tanto y son muy cuquis, en ningún momento arruinan la peli. Como tampoco os arruinaron los Ewoks “El retorno del Jedi” hace más de 30 años, eso es sólo una moda ‘de mayores’ a la que os subisteis recientemente para no parecer tontos. Reconocedlo.

Tampoco se puede negar lo evidente, y “Los últimos Jedi” no es ni mucho menos perfecta. Creo que hay unanimidad en que la escena de la no-muerte de la Princesa, perdón, General Leia no se sostiene de ninguna manera. Más allá del concepto en sí (que pueda sobrevivir gracias a unas propiedades de la Fuerza que hasta ahora desconocíamos, ni mucho menos sabíamos que ella dominaba), la secuencia está tan mal resuelta que es imposible que no te acabe sacando de la película. Puede impactar mucho más en lo emotivo, aunque no es mérito del cineasta, tras la dolorosa pérdida de Carrie Fisher, pero aun así no funciona. Y además nos dejan de propina, como una puñalada trapera, la muerte de nuestro querido Almirante Ackbar fuera de plano. Eso duele. Por suerte Leia tiene suficiente presencia en la cinta, tanto en carne y hueso como virtualmente (¡ese holograma proyectado por R2!), para que podamos emocionarnos en muchos momentos. “Los últimos Jedi” también acusa algún problema de ritmo, estructura y metraje. Sus tres tramas principales parecen moverse en tiempos distintos: Rey y Luke en varios días, la persecución de la Resistencia por parte de la Primera Orden (muy deudora de “Battlestar Galactica”) en unas horas, y Finn y Rose… cuesta creer que les dé tiempo a tantas cosas en teóricamente tan poco tiempo. Esta última trama es de forma muy clara la más endeble del conjunto. No diré como otros que su misión en el casino no aporte absolutamente nada: nos sirve para ver otro rincón y otro ambiente en la galaxia (y el espíritu de Lucas está ahí más presente que nunca), sirve para insuflar esa crítica social que mencionábamos antes y nos presenta a esos chiquillos que pondrán ese broche tan bonito al cierre del film. Maz Kanata está metida con calzador y el personaje de DJ se queda en menos de lo que esperábamos, con una interpretación de Benicio del Toro un tanto desconcertante, pero al menos se mueve en una zona de grises (y no se sale de ahí) por las que “Star Wars” no suele transitar. En líneas generales, la odisea de Finn y Rose está de forma descarada al servicio de contentar al público infantil, y con nuestros ojos, y viendo que al final no lleva definitivamente a NINGUNA parte, creo que es donde mejor hubiese venido un poco de tijera, quedándonos un metraje aún más ajustado. Ahora, que Rose sea la diana de tantos nuevos odios es algo que vuelve a parecerme desproporcionado. La vicealmirante Holdo también acaba teniendo un papel puramente funcional en la trama, pero si hay personajes necesarios como éste, que tengan todos la presencia y el empaque de Laura Dern (¿la dejarán alguna vez actuar con su pelo?). Y qué decir de su desenlace. La Capitana Phasma de nuevo vuelve a decepcionar, pero bueno, eso sólo debería preocuparle a los que esperaban algo de ella, o compraron su merchandising en su momento. Ahí va un consejo: no os compréis ningún muñequito hasta que no hayáis visto la peli. Porque, aunque estemos en “Star Wars”, no TODOS los personajes tienen que ser siempre memorables.

“Los últimos Jedi” nos deja, por encima de todo, lecciones muy valiosas. Las más reivindicables nos llegan en las palabras, siempre desordenadas, de uno de los personajes más amados de este universo, si no el que más: que siempre seremos mejores maestros cuando sepamos transmitir nuestros fracasos, y no tanto nuestras hazañas, y que a veces matar o dejar morir el pasado es la única forma de poder construir algo nuevo, y mejor, para el futuro. Que sea el mismísimo Yoda, y no cualquier Yoda, sino el Yoda más Yoda que hayamos visto nunca desde el episodio V, el que no sólo pronuncie esta última frase, sino también el encargado de destruir personalmente ‘lo viejo’ para que otros puedan mirar hacia adelante, es un acto precioso de amor por “Star Wars” que yo siempre le agradeceré al señor Johnson. Que la tesis de Yoda coincida, en el fondo aunque seguro que no en las formas, con las del villano Kylo Ren, añade un conflicto interesantísimo de cara a un episodio IX que yo, más que nunca, muero por ver. No estaría mal que fuésemos entrando en razón y entendiendo que esto mismo se lo debemos aplicar a esta nuestra querida saga: si nos vamos a tirar los próximos 20 años haciendo películas sobre “Star Wars”, habrá que apostar por enfoques, ideas y soluciones nuevas, y eso no vale únicamente para los spin-offs, sino también para los episodios principales. ¿Qué sentido tiene una tercera trilogía (y una cuarta, y una quinta…) si al final no van a dejar de girar alrededor de las mismas cuatro cosas, y con los mismos movimientos estudiados de siempre?

“El despertar de la Fuerza” fue una puta mierda porque no dejaba de ser un remake de “Una nueva esperanza” y no aportaba nada. “Los últimos Jedi” es una puta mierda porque rompe con todo y no respeta nada. Eso hace que me pregunte qué puta película puede contentar hoy en día a la gran mayoría del fandom de “Star Wars”, y la respuesta es NINGUNA. Porque aquí no me vale lo de ‘un término medio’, ya que con eso se estaría diciendo en realidad que ‘mejor, más de lo mismo’, y además si eso fuese posible se la acabaría masacrando por haberse quedado en tierra de nadie. Habrá quien piense que este mismo argumento, pero a la inversa, lo utiliza un servidor para defender estas películas, ya que me encantó “El despertar de la Fuerza”, siendo más de lo mismo, y me flipó “Los últimos Jedi”, siendo algo muy distinto. Ya que estamos justificándonos, yo creo que el episodio VII debía reconectarnos con nuestros sentimientos primigenios hacia la saga, algo que estaba un poco perdido, y lo logró, y como primer capítulo de una trilogía debía centrarse en presentar a sus nuevos personajes y sus conflictos, sin poder irse demasiado por las ramas. Lo mismo no me hubiese valido para su continuación. El episodio VIII, como segunda entrega y nudo de una historia que aún está por culminar, era la encargada de liar la madeja y apuntar en una u otra dirección. Eso siempre supone pagar un peaje, que no es otro que dejar muchas cosas en el aire a falta de una resolución, que ya se verá si es convincente o no. Yo al menos ahora mismo soy incapaz de descifrar por dónde demonios tirará la historia del episodio IX, y eso es maravilloso porque es algo que hace mucho tiempo que no nos pasaba con “Star Wars”.

Sólo espero que en Disney/Lucasfilm sean valientes y consecuentes con los riesgos que han tomado en esta cinta, que no se caguen de miedo y den un paso atrás, y que le den a Abrams la libertad de la que, supuestamente, le privaron en “El despertar de la Fuerza”. Y que vuelvan a apostar por sorprendernos en el futuro. De momento, los spin-offs que tenemos en perspectiva (Han Solo y Obi-Wan Kenobi) no apuntan del todo en esa dirección, sino en una más continuista. Y si tengo que apostar, y viendo que la acogida de “Rogue One” no fue tan negativa, ambas cintas tienen muchas papeletas de gustar entre un sector del fandom que sólo parece cómodo con aquello que suceda en torno a los episodios IV y VI. Mi ‘hype’ con cualquier cosa que lleve el título “Star Wars” siempre estará por las nubes, lo reconozco, pero ahora mismo miro esa cuarta trilogía que le han encargo a Rian Johnson para 2021, como pronto, con la misma ilusión con la que ese chiquillo, escoba en mano, mira a las estrellas.

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9 comentarios leave one →
  1. Anónimo permalink
    19/12/2017 4:36

    Salí un poco descolocado (e incluso decepcionado) al ver el sábado el episodio VIII. Creo que debo ser de los que les gusta los personajes originales de los episodios IV-V-VI -pues, como toda una generación, crecí con ellos-, y ya quedan pocos (de hecho, ya no habrá ninguno de los principales en adelante). Pero me ha encantado tu análisis (es muy recomendable, deberían leerlo todos los fans de la saga) y creo que tienes razón… hay que abrir un poco la mente y evolucionar. Gracias.

  2. 19/12/2017 9:37

    Estoy muy cercano a tus tesis en lo que se refiere al crecimiento de los personajes y los nuevos conflictos planteados, en la urgente necesidad -en El despertar de la fuerza se perdió una gran oportunidad para hacerlo en lugar de rendirse incondicionalmente al pasado- de romper y crear algo nuevo, una nueva historia en el mismo universo. Por ahí sí, hay débitos -quizá muchos, demasiados- pero también sorpresas.
    Lo que sí me dejó frío, lo que no me revivió la ilusión que sentí en 1978 (creo recordar que fue el año en que la vi), fue que los nuevos personajes vivan sus casi nuevos conflictos en escenas y secuencias que tanto recuerdan, deben e imitan a los grandes momentos de las cintas anteriores.
    Así que, aún aplaudiendo el concepto, la renovación y el aire fresco en la historia, hubiese querido que esta brisa tuviese más empaque -eso es subjetivo- y me ha faltado imaginación a la hora de vestir, de ubicar, de explicarnos visualmente que esta es una nueva historia.
    Lo que sí es de ley es resaltar lo razonado, argumentado, sincero y completo de tu análisis. Y es de agradecer.

  3. 19/12/2017 18:12

    Interesante análisis. OJO SPOILERS. En mi caso, me sitúo más en una zona intermedia. Ni la amo, ni la odio. En mi opinión, el episodio VIII tiene algunos de los mejores momentos desde la trilogía original, pero en general, la película es irregular. La línea argumental protagonizada por Luke, Kylo Ren, y Rei, la oscuridad de Luke, sus dudas sobre la fuerza, la memorable aparición de Yoda, la emocionante escena de lucha de sables en la que los dos enemigos luchan juntos, rebosante de química amor odio, son seguramente algunos de los instantes más brillantes desde el fin de la mítica saga. Sin embargo, es indudable (y me encantaría que no fuese así) que el resto de la función desdibuja el resultado final. Tanto la trama del personaje protagonizada por Oscar Isaac, por momentos absurda y forzada, solo salvada gracias a alguna que otra espectacular escena de acción; como por otra parte, la muy comentada de Finn (personaje que claramente ha perdido carisma respecto a la entrega anterior) y Rose en el completamente olvidable planeta casino, no están ninguna de las dos a la altura deseada. El fin de función, excepto el épico momento Luke y el rescate final de Rai a sus compañeros, deja, igualmente, pocos momentos destacables, y unos cuantos verdaderamente difíciles de creer (incluso en una película de Star Wars). En cualquier caso, visto lo visto, mi balance es positivo, pulgar para arriba, y tengo claro que Rian Johnson (si le dan libertad de movimientos) puede tener muchas cosas que aportar a la saga galáctica.

  4. Rodrigo Martín permalink*
    19/12/2017 19:13

    Muchas gracias, Anónimo, yatengounaedad y Pablo, por comentar y sobre todo por demostrar que se pueden aceptar argumentos que no coinciden exactamente con los nuestros, e incluso disfrutar con su lectura. Yo mismo todas las cosas que comentais las entiendo y no puedo ni quiero rebatirlas de ninguna manera, aunque quizás haya cosas que no vea del mismo modo, o sí, pero puedan haberme afectado de forma distinta. Al fin y al cabo esto es algo subjetivo, que apela muchas veces a nuestras emociones, y nadie puede cuestionar eso. Pero sobre todo, no es más que una película y, pese a mi símil de la “guerra”, no debería irnos la vida en ello. Lo importante es disfrutar en la medida de lo posible y saber que vendrán muchas más películas, que estaremos aquí para hablar de ellas y vosotros para leernos y comentar lo que os apetezca. Muchísimas gracias de nuevo y volved siempre que podáis.

  5. 22/12/2017 0:06

    Pues la verdad que yo también me encuentro en una zona gris. No puedo odiar a la película por las razones realmente estúpidas que he escuchado de algunos fans, ni ver por ningún lado la genialidad ni verme embargado por la emoción como tanto mencionan los que la han amado. Tras terminar de verla y pensar en ella, me queda la sensación de haber visto una entrega con muchas buenas ideas y buenas intenciones, pero un desempeño muy irregular.
    ————¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡SPOILERS GIGANTES!!!!!!!!!!!!!!!————–
    Asuntos como que Luke haya sentido miedo y tuviera por un segundo la idea de matar a su alumno, o que los padres de Rey sean nadie importante, o que el que parecía ser el gran villano sea asesinado a mitad de la película, me parecieron apuestas muy interesantes y frescas, que atacan de lleno las expectativas del público y nos enseña que debemos dejar de hacernos tantas pajas mentales con teorías y tomarlas como verdades antes de ver las películas. El asunto es que hubo otras apuestas que no salieron tan bien. Cuando Luke tira su sable me pareció un comic relief absolutamente a destiempo y tonto, pese a que la idea de Skywalker rechazándolo suene bien. Lo del planeta Casino, que pone sobre la mesa algo tan interesante como le hecho de que ambas facciones en esta guerra conseguían sus armas de los mismos vendedores, termina resultando una nota a pie de página en lo que es la linea argumental más inútil y aburrida de toda la película. O el entrenamiento de Rey, que tanto prometía, termina perdiendo entidad y peso dramático en un montaje que no deja desarrollarlo de forma adecuada, alternando torpe e incesantemente con otras líneas argumentales menos atractivas. Todos esos detalles evitaron que realmente me emocione y no pueda considerarla más que una película correcta.
    Pienso verla de nuevo… pero no en el cine. La dejaré reposar y la revisionaré cuando salga en Bluray para ver si mi opinión cambia o no.

  6. 23/12/2017 16:44

    Menos mal que pueden leerse críticas y análisis razonados como éste, que te hacen sentir menos “bicho raro” (como dices) ante la marea de gente imposible de satisfacer tanto si la cinta es continuista como rompedora.

    No sé en qué punto ha quedado el disfrutar de una película para pasar a ser un ejercicio de análisis con lupa para poder rajar de todos los “errores”, y lo que más gracia me hace es que todos estos grandes críticos del público que la están poniendo a caldo no habrán cogido una cámara, escrito un guión o hecho un concept art en su vida.

    100% de acuerdo con todo lo que dices, este es el único post de tantísimos que he leído que voy a contestar porque leyéndote coincidía con todo lo que comentas. Aceptemos los errores pero disfrutemos de éste espectáculo.

    Que la Fuerza te acompañe.

  7. 26/12/2017 13:51

    Reblogueó esto en Moisesflores's Weblog.

  8. Asier permalink
    04/01/2018 16:13

    Amén. Es Star Wars en gracia plena, con sus más y sus menos. Pero es lo que tiene esta saga, que a pesar de no ser ninguna obra maestra nos hace vibrar.

    Por cierto, esa escena entre Luke y Yoda es probablemente el mejor adiós que se le podía haber hecho al viejo Star Wars. O a La guerre de las galaxias, si se prefiere.

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