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“Rogue One”: corazón rebelde

19/12/2016

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A nosotros nos gustó mucho “El Despertar de la Fuerza”. Quedó bastante claro en el post a seis manos que le dedicamos a los pocos días de su estreno, muy entusiasta y reconocemos que algo condicionado por las urgencias del momento, aunque tampoco pasamos por alto esas flaquezas que creo que todos supimos ver con bastante unanimidad. Sí, nos gustó “El Despertar de la Fuerza” pero respetamos totalmente a aquéllos que se sintieran desencantados, incluso a aquéllos que la odiaron. Nos gustaría que también fuera así a la inversa, pero eso creo que sería pedir demasiado. Pero así deberían ser las cosas: ves una película y si te encanta lo dices, si te parece una soberana calamidad también y si te quedas en una a veces saludable zona de grises pues lo mismo, pero siempre tolerando las opiniones que no concuerden con la tuya.

Lo que no podemos soportar es eso, cada vez más común, de odiar a una película porque sí, por su mera existencia. Aquéllos que deciden que tal film es una puta mierda, cuando aún faltan meses o incluso años para su estreno, y ya nada, absolutamente nada, podrá hacerles cambiar de opinión. Un argumento muy común en estos casos es que son pelis que únicamente pretenden sacarle la pasta al espectador. Y así es, amigos, asumidlo y dejad de torturaros. Disney quiere que veas sus películas de “Star Wars”, y forrarse con ello, del mismo modo que la HBO quiere que veas “Juego de tronos”, y forrarse con ello, y muchas editoriales quieren que compres sus libros, y forrarse con ello. Es la industria del entretenimiento en su máxima expresión, pero mientras algunos se obsesionan con lo de ‘industria’ y sus connotaciones más negativas, otros preferimos quedarnos con lo de ‘entretenimiento’. Pues de eso se trata, ni más ni menos. De pasar un buen rato, divertirse, soñar, emocionarse, indignarse, a veces hasta pensar un poquito y extraer algunas conclusiones más o menos valiosas… Es tan importante y a la vez tan intrascendente como eso. Y además, leñe, aunque os cueste creerlo, no estáis obligados a ver tal peli o serie, o leer un libro en concreto. Este fin de semana tenías la opción de ver “Rogue One” pero también se estrenaron “La comuna”, “El faro de las orcas”, “Infiltrado”, “Eternité”… Así que mientras seamos libres y tengamos la capacidad para decidir, los productores de cine tienen todo el derecho del mundo para financiar y estrenar el tipo de películas que les venga en gana.

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Algunos dirán que tan malo como decidir de antemano que un film no puede gustarte de ninguna de las maneras es todo lo contrario: aquéllos que acuden a la sala ‘hypeados’ hasta el límite, casi convencidos al 100% de que van a encontrarse con la peli de sus sueños. Un servidor se reconoce más entre este tipo de espectadores, los que, con demasiada frecuencia, acudimos ilusionadísimos por los motivos que sean a una sala de cine. Eso, creo, no es tan dañino como el ‘haterismo’ incurable, salvo para uno mismo, que se expone a llevarse unas decepciones morrocotudas. Porque lo que nunca es bueno ni saludable es no bajarse de la burra. Ves, juzgas y opinas, y si lo que te dieron no se correspondió con lo que esperabas recibir, pues te fastidias. Nadie más que el autor de este post, por ejemplo, deseaba que le maravillara la trilogía de “El Hobbit”, pero mientras la primera entrega le dejó más que satisfecho, la segunda le planteó muchas dudas y la tercera le pareció una calamidad. Ahora reconozco que llevo meses, en realidad desde que conocí la existencia del proyecto, predispuesto a que me flipe “Rogue One”, como ya me sucediera con “El Despertar de la Fuerza”. Un ‘hype’ que no ha dejado de crecer según se iba acercando la fecha del estreno, nos iban llegando los trailers, las primeras impresiones, ya sabéis cómo funciona esto. Y llega la hora de la verdad, uno pasa por taquilla… y sale dos horas y cuarto después plenamente complacido y con una sonrisa en la cara. Porque la película le ha dado (casi) exactamente lo que esperaba, del modo que él esperaba y además sin que se cumpliesen algunos de sus mayores temores. Sabiendo de qué palo voy, dadme ahora la credibilidad que queráis.

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Al final se reduce a eso: expectativas frente a realidad. “Star Wars”, a pesar de los vaivenes, sus puntos álgidos y sus momentos desalentadores, sigue siendo la saga de ficción favorita para muchos millones de personas, entre los que me incluyo, y se ha ganado que siempre esperemos grandes cosas de ella. Cuando Disney anuncia sus planes, que son entregarnos una entrega anual, intercalando nuevos episodios de la intriga central con spin-offs que vayan ampliando su universo, rellenando huecos, completándonos el escenario con distintas visiones, uno sólo le encuentra sentido a estas películas englobadas bajo el subtítulo “A Star Wars Story” si son realmente un intento serio por desmarcarse de alguna manera de lo que hemos visto hasta la fecha. El tono, el enfoque, los puntos de vista, y también los objetivos deben ser novedosos, pero de algún modo también tenemos que encontrarnos con algo reconocible que nos haga sentir que ‘aún estamos en casa’. Un equilibrio que se antoja muy difícil pero que sí se ha logrado, con creces, en “Rogue One”.

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(Hasta aquí las divagaciones chorras. A partir de ahora comienzan los SPOILERS, así que si has leído hasta aquí sin haber visto “Rogue One”, ya sabes)

La película inaugural de estas “A Star Wars Story” tiene la cautela, y esto acaba siendo uno de sus puntos fuertes, de abordar un episodio de la trama que no sólo no nos resulta desconocido, sino que ya nos lo habían contado. Es el primer film de la saga que prescinde de los icónicos ‘opening crawls’, ya como elemento claramente diferenciador pero es que, en esta ocasión, nos sirven además los que ya se pudieron ver hace 39 años (¡39 años!): «Nos encontramos en un periodo de guerra civil. Las naves espaciales rebeldes, atacando desde una base oculta, han logrado su primera victoria contra el malvado Imperio Galáctico. / Durante la batalla, los espías rebeldes han conseguido apoderarse de los planos secretos del arma total y definitiva del Imperio, la ESTRELLA DE LA MUERTE…». Ya está. Esos dos párrafos son la sinopsis completa de “Rogue One”. Perdonen que no recuerde ahora quién lo dice ni cuándo, pero en algún momento del Episodio IV se menciona también que «muchas personas han muerto» para conseguir esos planos. Así que el reto ahora es contarnos una historia que ya sabemos cómo terminará y cuáles serán sus consecuencias, y hacerlo de manera que sintamos que merezca la pena pagar 12 eurazos para verlo.

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Una película así, con este trasfondo y estas intenciones, pedía a gritos un cambio radical a muchísimos niveles. Y reconozcámoslo, la mayoría teníamos miedo de que Disney no fuese a permitirlo, o acabaría haciéndolo a medias, lo cual nunca termina siendo satisfactorio para nadie. Todas las alarmas saltaron con los rumores de un primer montaje que no convenció a los ejecutivos de la compañía, el rollo de la regrabación de escenas a pocos meses de su estreno… No sé si su director, Gareth Edwards, planeaba originalmente algo más bestia que lo que hemos visto, pero lo cierto es que “Rogue One” sí es, como implorábamos, la cinta más violenta, cruda y sucia de toda la saga. Se aleja de la Space Opera para abrazar el género bélico, como le exigía su historia, y en muchos sentidos es la más humana, la más realista (en el contexto de “Star Wars”, claro), y la más dramática a muchos niveles. Es también la más seria, con pocas rendijas para el humor, pues casi todo el alivio cómico acaba recayendo sobre los metálicos hombros de K-2SO (Alan Tudyk), un droide con serios ramalazos de síndrome de Asperger que, pese a eso, o precisamente por eso, tiene todas las papeletas para acabar siendo adorado por los fans. A años luz, eso sí podemos asegurarlo, de un Jar Jar Binks o incluso un C-3PO.  En definitiva, es la película de “Star Wars” menos apta para los niños, incluso aún menos que “El Imperio contraataca”, aunque cuando vayáis al cine os encontraréis la sala repleta de ellos.

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Yo soñaba con una película de “Star Wars” protagonizada por anti-héroes y aquí tenemos algo muy parecido. El heterogéneo elenco principal está conformado por una pandilla de perdedores de distinta índole y condición, y dudosa catadura moral. Se puede apreciar incluso cierta falta de química entre ellos, sobre todo al principio entre sus dos roles principales, pero paradójicamente esto le acaba viniendo bien y tendría su justificación, pues en realidad no tienen por qué gustarse, no hay nada que les una ni comparten intereses comunes más allá de, cada uno por sus motivos, querer acabar con el Imperio. Los lazos se irán estrechando y al final podríamos acabar entonando aquella mítica canción de Loquillo: «No vine aquí para hacer amigos, pero sabes que siempre puedes contar conmigo». En cualquier caso, olvidémonos de encontrarnos con héroes inmaculados o paladines del bien con comportamientos intachables. Eso queda bien claro en la mismísima secuencia en la que conocemos a Cassian Andor (Diego Luna), el supuesto co-protagonista del film que no duda en ejecutar a sangre fría a un confidente (bonita forma de agradecerle sus servicios) cuyo único pecado parece ser estar bastante nervioso. Algo impensable hace unos años, pues aquí no hay resquicio para la duda: ‘Cassian shot first’.

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La propia figura central del film, la Jyn Erso de una convincente Felicity Jones (de nuevo una gran protagonista femenina, y por aquí bien que nos alegramos), tiene como uno de sus mayores atractivos que no es nadie extraordinario, es aguerrida y está bien curtida y entrenada para moverse en un mundo muy duro y peligroso, pero imaginamos que como ella habrá millones en esa galaxia muy, muy lejana. No es una elegida por la Fuerza, ni parece predestinada para grandes hazañas, y entra en esta historia como podría no haberlo hecho… aunque al final lo haga, otra constante de la saga, por sus lazos familiares y una serie de casualidades. Tampoco Cassian es alguien excepcional, sino más bien un rebelde random, al igual que ese piloto desertor del Imperio que acabará uniéndose a la Alianza, Bodhi Rook (Riz Ahmed), que nos caerá simpático pero probablemente sea el personaje más endeble del grupo. Más papeletas para perdurar en el imaginario colectivo tienen la pareja de Guardianes de los Whills formada por el fervoroso creyente Zatoichi, perdón, Chirrut Îmwe (Donnie Yen) y el descreído Baze Malbus (Wen Jiang). Ellos protagonizarán algunos de los momentos más épicos del film y traerán la mayor, sino la única, conexión espiritual de toda la trama, especialmente el primero, que nos deja además una de esas frases que ya nos acompañarán para siempre: «Soy uno con la Fuerza, la Fuerza está conmigo». Todos en este peculiar y variopinto ‘escuadrón suicida’ acabarán teniendo a la hora de la verdad su papel determinante y su momento de gloria, pero insisto en que uno de los aciertos de “Rogue One” es haber buscado esta vez a sus héroes entre la gente común, con la que nos puede resultar más fácil identificarnos.

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Las dos mayores estrellas del elenco, Forest Whitaker y Mads Mikkelsen, aportan presencia, oficio y el carisma que les caracteriza a sus papeles, aunque con resultados desiguales. El Saw Gerrera de Whitaker será quien más suspicacias levantará, probablemente, por la sobreactuación del actor, pero al menos nos sirve para conocer la cara más extremista de la rebelión. Lo único malo que podemos decir de Mikkelsen y su Galen Erso, padre de Jyn e ingeniero principal de la Estrella de la Muerte, son sus pocos minutos en pantalla, aunque casi acabe convirtiéndose en el personaje más importante y decisivo de “Star Wars”. Porque “Rogue One” se permite incluso solucionar, de forma bastante convincente, una de las mayores incongruencias de toda la saga. ¿Eres de los que llevas años haciendo chistecitos sobre la absurda inoperancia del Imperio a la hora de construir la Estrella de la Muerte? Pues fastídiate, porque la fiesta ha terminado.

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Sabemos que en “Star Wars” tan importantes como sus héroes, si no más, son sus villanos. Mientras los de “El Despertar de la Fuerza” sufrieron el escarnio por buena parte del fandom, en esta ocasión poco malo podemos decir del Orson Krennic interpretado por Ben Mendelsohn. Es el antagonista que necesitaba “Rogue One”, pues no deja de ser otra simple pieza de un gran engranaje, en este caso del Imperio, pero precisamente su mayor peligro reside en su afán por ascender y trepar por el escalafón, cueste lo que cueste y a cualquier precio. Pero sabemos que hay otros muy por encima de él, uno del que hablaré más adelante (¡menudo sorpresón!) y otro cuyo regreso se nos vendía como uno de los mayores reclamos del film. La anheladísima reaparición de Darth Vader era, no obstante, uno de mis mayores temores. Por mucho que su participación en estos eventos estuviese plenamente justificada, existía un riesgo muy alto de que Disney se pasara de frenada y acabase sobreexplotando al personaje. Y no sólo no ha sido así, sino todo lo contrario. A Vader le bastan dos escenas para acabar adueñándose de la película, dos breves momentos que probablemente quedarán en nuestra retina para siempre y que ya pueden contarse entre lo más memorable que nos ha dado la saga en sus casi cuatro décadas de existencia. Y el detallismo con el que se ha recreado con una fidelidad máxima su aspecto en la cinta de 1977 es para levantarse y aplaudir. En su primera aparición, en su santuario de Mustafar, intercambia unas pocas líneas con Krennic que son más que suficientes para sentir que volvemos a estar frente al temible Lord Sith que tanto nos acojonó en nuestra niñez. La segunda, en el cierre de la cinta, nos muestra al Vader más imponente y aterrador hasta la fecha: un estrecho pasillo, unos pobres desgraciados temblando en la oscuridad, una respiración mecánica, un sable de luz tiñendo de rojo toda la estancia… y la apoteosis total. La secuencia más gloriosa de toda la cinta y casi seguro de todo 2016.

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Brilla especialmente Gareth Edwards en la dirección del tramo final de “Rogue One”, alcanzando el cénit en sus últimos minutos, pues éste es un film que va claramente de menos a más. El director de la magnífica “Monsters”, tras la para mí decepcionante “Godzilla”, vuelve a la buena senda con el que era sin duda su mayor reto, uno de esos que pueden impulsarte o hundirte una carrera. Juega a su favor un guión, obra de Chris Weitz y Tony Gilroy, bastante sólido, coherente y bien ensamblado, aunque tenga sus cosillas. Tras un arranque algo confuso y enmarañado, la peli se va enderezando hasta desembocar en un último tercio, una batalla por tierra, mar y aire (y espacio), espectacular y vibrante, mucho más meritorio cuando ahí ya sabemos cómo terminará todo. Y aun así uno no puede evitar incluso emocionarse. Aplaudo la valentía de Disney por permitir semejante carnicería y darle matarife a todo su elenco protagonista, a buena parte de sus secundarios y a cientos de extras y otros que ni siquiera vemos en pantalla, pues reconozco que tenía serias dudas de que fuese así. Algunas de estas muertes son heroicas, otras como las de Jyn y Cassian poéticas, pero otras son tan crudas y crueles como cabe esperar en una guerra tan feroz como ésta.

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La ambientación, la factura técnica y los efectos especiales podrían ser de lo mejorcito que hayamos visto en “Star Wars”. Se nota para bien en el resultado final el empeño por rodar casi toda la acción en escenarios reales, y es aún más loable cuando, quizás como respuesta a las duras críticas recibidas por “El Despertar de la Fuerza”, visitamos planetas tan diversos y novedosos como Lah’mu, Jedha, Eadu, Scarif… Es una película sucia y muy física, y a diferencia de las denostadas precuelas no sólo no provoca extrañeza, sino que enlaza estéticamente a la perfección con el Episodio IV. El CGI está cada vez más logrado y ya ha ascendido al siguiente nivel permitiéndonos incluso el milagro de revivir, con una veracidad asombrosa, a actores fallecidos hace décadas. No me creo que haya un solo fan de “Star Wars” al que no le haya dado un pasmo cuando ha visto a Peter Cushing ‘retomando’ su papel de Grand Moff Tarkin, además con no pocos minutos en pantalla. Por supuesto que algo canta, como lo hace también el rejuvenecimiento de la Princesa Leia, pero el resultado es tan portentoso que empieza a dar miedo lo que serán capaces de hacer dentro de cinco o diez años.

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Muchas otras miradas, oídos mejor dicho, estaban puestos en “Rogue One” al tratarse de la primera entrega de “Star Wars” sin música de John Williams, marcando así la entrada del que siempre nos pareció su sucesor natural, Michael Giacchino. Y al final tenemos que hablar de un simple aprobado raspado, cuando creíamos que aspirábamos a notas mucho más altas. Giacchino no parece sentirse del todo cómodo impostando la voz del maestro Williams, o está demasiado condicionado por no poder desprenderse de su legado, o es que no ha tenido el tiempo suficiente para trabajarse algo más relevante (recordemos que entró en el proyecto a falta de sólo tres meses para el estreno). Yo creo que aquí la solución era mucho más sencilla y pasaba por arriesgarse un poco alejándose, como sí se ha hecho en otros muchos aspectos del film, de la línea conocida hasta ahora. Era una ocasión perfecta para entregarnos algo diferente, más acorde incluso con el tono de la película, en lugar de optar por una vía tan continuista, lo que a la larga ha resultado contraproducente. Nunca sabremos qué es lo que nos preparaba Alexandre Desplat, así que quedémonos con que Giacchino haya tomado nota y esté más inspirado en futuras entregas.

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Como era de esperar, y más aún si tenemos en cuenta que la acción termina apenas media hora antes del comienzo del Episodio IV, “Rogue One” está repletita de conexiones, guiños, easter eggs y fan service por un tubo. Tenéis una recopilación extensísima, pero extensísima de verdad, en el siguiente enlace. Más deleite aún para el fan de “Star Wars” de toda la vida, que a estas alturas ya debería tener muchos motivos para sentirse muy satisfecho. “Rogue One”, no obstante, no es ni mucho menos perfecta y tiene unos cuantos puntos débiles, visibles ya incluso en su prólogo. La temprana muerte de la madre de Jyn, Lyra (Valene Kane), es un recurso demasiado obvio, facilón y manido (además de un clásico de Disney) para dotar de argumentos dramáticos tanto a la protagonista como a Galen, pero carece de todo tipo de lógica. Nadie en su sano juicio, y menos una madre, abandonaría a su suerte a una niña por un gesto tan suicida e idiota. También huele bastante, aunque en esta ocasión cambiemos a los Skywalker por los Erso, el empecinamiento por contarnos de nuevo una historia de padres ausentes, hijos criados en la clandestinidad, progenitores que mueren redimidos en brazos de sus vástagos. Y como toda cinta de “Star Wars”, tenemos otra buena dosis de casualidades imposibles y deus ex machina, aunque al menos por un momento parezcan reírse de ello por boca del mismo Saw Gerrera. Y aunque yo haya defendido la idoneidad de unos personajes vulgares, en el buen sentido de la palabra, sí que quizás sobren algunos minutos de pirotecnia en detrimento de un mayor desarrollo de sus protagonistas.

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Resumiendo, “Rogue One” es un fantástico título que a grandes rasgos cumple expectativas, espanta algunos temores y marca el camino que Disney debería recorrer a partir de ahora. Es una película arriesgada y valiente, pero asimismo hecha con el claro objetivo de encandilar a los fans más acérrimos, que son precisamente los que pedían algo nuevo y refrescante y demandaban que el universo creado por George Lucas siguiera creciendo. Demuestra además que es posible hacer un film de “Star Wars” sin Skywalkers, Jedis ni apenas sables láser. El paso lógico ahora sería salpicar la saga, entre episodio principal y episodio principal, de entregas autoconclusivas totalmente distintas entre sí, a todos los niveles. Al menos sabemos que el spin-off sobre el joven Han Solo previsto para 2018 supondrá un cambio radical respecto a “Rogue One”, con mucho más humor y ligereza, probablemente en la línea de “Guardianes de la Galaxia”… Que vuelva a salirles bien la jugada, eso ya está por ver. Antes nos toparemos (¡’hype’ creciendo!) con el Episodio VIII. Al menos da bastante tranquilidad que Disney haya entregado la mejor película de superhéroes, con “Capitán América: Civil War”, y la mejor cinta de aventuras y ciencia ficción, con “Rogue One”, de 2016. Que sea así por muchos años.

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6 comentarios leave one →
  1. Roy permalink
    24/12/2016 13:26

    No sé qué película has visto, pero Rogue One no.
    Te explicaría por qué es una película pésima, pero no cabe aquí, asi que te dejo aquí la respuesta:
    View story at Medium.com

    Y me temo que la gente hacía bien en dilapidarla antes de salir, porque se veía venir.

    • Rodrigo Martín permalink*
      24/12/2016 13:59

      Pues he visto la misma película que tú, y que otros cuantos millones de personas, muchos de los cuales (creo que la mayoría) hemos salido encantados del cine, mientras otros habéis salido muy decepcionados. La diferencia está en que yo no le veo ningún problema a que haya disparidad de opiniones, incluso me parece sano, y otro no parecéis entenderlo. He leído bastantes cosas y escuchado unos cuantos podcasts como para ver que hay muchísimas opiniones que concuerdan muy mucho con las mías (y si no hubiese sido así, me daría igual) y otras que no. Bueno, algunos respetamos e incluso entendemos, aunque no compartamos, a los que no han visto las cosas de la misma manera. Como decía en el posts, pediros lo mismo creo que es una quimera. Lo que no puedo respetar, y de ahí no me muevo, es eso de dilapidar una cinta antes de verla, ni luego la actitud de intentar “demostrar” nada, como sucede en el enlace que has mandado. Aquí nadie puede demostrar nada, sino expresar su propia opinión y punto.

  2. moisesflores permalink
    26/12/2016 16:57

    Reblogueó esto en Moisesflores's Weblog.

  3. Christian permalink
    28/12/2016 3:09

    Esperaba el análisis del Cadillac Negro y muy certeros como siempre. Rogue One le acaba de dejar el listón muy alto al próximo episodio de Star Wars. Una película brillante que supo conjugar el imaginario de la saga con un espíritu propio. Creo que la franquicia necesitaba un desahogo como este, el poder ampliar las rígidas convenciones de la saga, pero sin perder el freno y el tino, en una obra que es esencialmente para el entretenimiento de masas, Rogue One logra con audacia nuevos niveles de profundidad dramática que se hacían necesarios.

    Sigan así con el blog, siempre es un placer leerlos

  4. Uluysses permalink
    29/12/2016 14:35

    Muy buena crítica, la verdad, muy de acuerdo en todo. A mi la primera vez no me llegó a convencer, me costó mucho entrar en la película, y llegué al tramo final bastante desconectado. Pero tras volver a verla en VO, me ha gustado mucho, especialmente el tercer acto, es impresionante.

    Tan solo discrepo en una cosa: a mi no me ha parecido la entrega más humana, al contrario, precisamente ahí veo su principal defecto. Ya no es solo que falte desarrollo en los personajes, algo hasta cierto punto lógico dado el desenlace de la película, es que el poco que hay es muy torpe, demasiado expositivo (el ejemplo más claro es el monólogo del personaje de Mikkelsen, pero también limita el interesante trasfondo del de Diego Luna, por no hablar del de Whitaker). Parece un fallo recurrente en Edwards, algo similar pasaba en Godzilla, aunque ahí estaba más justificado.Y sé que las comparaciones son odiosas, pero si piensas en cómo Abrahms caracterizaba a los personajes del ep. VII a través de la acción…

    PD: detalle de frikazo que me asusta conocer… la frase que comentas es del Episodio VI, no del IV. Me acuerdo porque la pronuncia el personaje de la líder rebelde, que aparece también en Rogue One, y en la trilogía original no saía hasta la tercera.

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  1. Nuestras películas de 2016 | El Cadillac Negro

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