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“Boyhood”: mantengan la calma, no ha sido la vida, sino un simulacro

09/10/2014

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Es difícil, por no decir imposible, escapar de las garras de Boyhood. Lleva siéndolo meses y en las últimas semanas, desde su estreno en España, se ha convertido en un producto prácticamente inevitable. Ocurre a menudo, hay obras cinematográficas que parecen estar marcadas desde el momento de su gestación, que se sitúan demasiado pronto en el punto de mira, que descontrolan las expectativas de sectores y sectores. ¿Cuántos amantes del cine no han presenciado ya el último parto de Linklater? ¿Quién no se ha posicionado ya entre detractores y adoradores? Reacciones completamente desorbitadas de las que, me atrevería a decir, el público es responsable. Un público que encuentra la producción del siglo todos los meses, la producción que marcará un antes y un después en la historia. Todo esto resulta tan dañino en la experiencia como espectador que, personalmente, prefiero ver, tratar de disfrutar y juzgar como individua.

La particularidad del filme, el principal foco de curiosidad por el cual se han movido masas, es el hecho de que haya sido rodado en cortos períodos durante doce años, con el fin de lograr una evolución física real en sus protagonistas. Tal vez la idea hubiera funcionado igual de bien escogiendo a varios actores y rodando en el espacio temporal habitual, quién sabe. Pero desde luego no se puede negar que esto otorga cierta personalidad a la idea.

Este tipo de crecimiento y evolución (sobre todo en personajes jóvenes) es común en el ámbito televisivo, algo que se puede ver en cualquier serie que haya durado entre cinco y diez años, pero quizá es menos habitual en el ámbito cinematográfico si no hablamos de sagas exitosas (he llegado a leer comparaciones con la adaptación de Harry Potter en ese aspecto), e incluso podemos llegar a ver parte de este proceso evolutivo en la trilogía del propio Linklater compuesta por Before Sunrise (1995), Before Sunset (2004) y Before Midnight (2013). Pero a lo que más nos recuerda Boyhood es al género literario del Bildungsroman, que abarca novelas de crecimiento y aprendizaje, tanto psicológico como moral, recorriendo desde la niñez hasta la edad adulta de sus protagonistas. Un género que, a decir verdad, me apasiona, así que no he podido evitar reparar en las similitudes existentes entre la película y algunas de mis novelas favoritas. Podemos encontrar ejemplos en grandes obras literarias como Jude the Obscure, de Thomas Hardy, Great Expectations de Dickens,  A Portrait of the Artist as a Young Man, de James Joyce, que tantos quebraderos de cabeza nos dió a muchos, Bajo las ruedas o Demian, ambas del dios Hermann Hesse. Incluso podemos ver reflejos de la novela de aprendizaje en la literatura más popular y moderna, como en la anteriormente mencionada saga de Harry Potter o en la famosísima It, de Stephen King.

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Cabría decir, antes de entrar en materia, que disfruté muchísimo del visionado, que la cinta cuenta con un buen puñado de virtudes de las que hablaré enseguida, que mi opinión es mucho más positiva que negativa y que sus casi tres horas de duración se hacen verdaderamente ligeras. Sin embargo, Boyhood cae en ciertas trampas y clichés fáciles que resulta difícil ignorar. Hablemos de Mason, el personaje principal en este juego de ver pasar el tiempo. Está claro que lo que se ofrece tiene que interesar al espectador y quizá una construcción más vulgar del personaje no habría resultado rentable, pero resulta innegable que en ciertos aspectos Mason es un estereotipo, con sus rarezas, su afición por un pelo largo que cubra los ojos, su reacción estática ante casi todo y ese titánico esfuerzo que le supone sonreír. Por supuesto, el chico vive por el arte y llega un momento en que adopta la actitud de artista herido, ¿cómo no iba a serlo si a los catorce añitos ya prefería a Kurt Vonnegut? Como decía, a ratos resulta un cliché con zapatos.

También merece la pena volver la vista hacia Samantha, su hermana mayor, a la que también vemos crecer y convertirse en una mujer. No ha dejado de resultarme algo molesto el hecho de que el personaje parezca diseñado para aumentar la profundidad de Mason, ya que, como es la chica, se le ha otorgado el rol de lo que vulgarmente llamaríamos una completa plasta. Sam se dibuja como la idiota, la niña que nunca se contenta con nada, que se adapta bastante peor (o eso demuestra) a las duras circunstancias y cambios por los que la familia va pasando. Se nos presenta también como alguien menos trascendental y menos interesante.

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En  las últimas semanas he escuchado y leído con tanta frecuencia aquello de que “Boyhood es la vida” que no tengo claro si es que no hemos sabido vivir la nuestra o hacerla tan significativa. Creo que afirmar que es la vida como una virtud es un error, en este caso. Boyhood no es la vida como tal, no lo es como reflejo de la existencia de todos ni cuenta con el realismo suficiente como para considerarla así. La obra es un retrato de vida, sí, una demostración filmada del paso de los años, pero esto es sólo aplicable a los personajes partícipes de la la historia. Aunque esto es una cuestión subjetiva, faltaría más. Si alguien se ha visto increíblemente identificado con la película, no lo voy a rebatir.

Soy perfectamente consciente de que tras haber leído esto, cualquiera diría que lo de no tomar una posición extrema como han hecho otros espectadores ha sido la patraña de las patrañas, pero no es así. Me reitero en la afirmación de que, a pesar de estos aspectos negativos, jamás podría decir que Boyhood no merece la pena. Sólo trato de ser lo más honesta posible en cuando a las sensaciones que en mí quedaron mientras pasaban los títulos de crédito.

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Como he mencionado, tal vez la idea hubiera funcionado perfectamente sin emplear a los mismos intérpretes durante doce años, pero creo que el paso natural y real del tiempo ha dado cierta credibilidad al tratamiento del guión, no sólo en la evidente evolución física de los personajes, sino en los pequeños detalles. Está en toda la película, desde el “Oops!…I did it again” que Sam entona en una de sus primeras escenas, hasta las diferentes videoconsolas con las que los chicos van jugando, los cambios en el vestuario y las tendencias, las referencias literarias y por supuesto cinematográficas. No es que todo esto no pueda conseguirse rodando en un tiempo común, claro, pero parece que el hecho de saber que de verdad ha transcurrido algo más de una década en ese rodaje nos ayuda a, digamos, creérnoslo todo mejor.

Pero si una virtud hay que destacar en el filme sobre todas las demás es la sencillez que lo caracteriza, una sencillez que he apreciado sobre otras muchas cosas. Es un ejemplo perfecto de cómo hacer una buena película, algo grande, con una idea relativamente simple y un tratamiento nada pretencioso. Boyhood es para todos, creada para llegar a un público realmente amplio que abarca desde espectadores esporádicos hasta verdaderos conocedores y partícipes del séptimo arte, una historia con la que resulta fácil empatizar. A todo esto hemos de sumar un reparto que en mi opinión resulta muy acertado, y a pesar de que este estreno pueda suponer el verdadero despegue de Ellar Coltrane y Lorelei Linklater, no debemos olvidar que tanto Patricia Arquette como Ethan Hawke han realizado un trabajo impecable.

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No va a ser la película de la década y si me preguntan no contestaré que resulta imprescindible para entender el cine, pero ha sido un modo de experimentar y hacernos sentir como público, una experiencia, y no puedo evitar recomendarla fervientemente. Boyhood es la vida, pero no la nuestra.

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11 comentarios leave one →
  1. 09/10/2014 12:57

    Mi opinión es parecida. Disfruté mucho pero no hay que tomarla como película de la década o un documental sobre la vida de un niño. Es más bien la forma que éste tiene de adaptarse a las decisiones de sus padres.

    Hay que agradecer a Linklater que busque ir más allá en la forma de hacer cine sin que esto pase por hacer una versión en 3D…

    La BSO es genial, pese a lo de Britney que no deja de ser la foto de la moda musical en un momento dado. Del Yellow de Coldplay al Summer Noon de Tweedy. Pasando por The Black keys, Arcade Fire, Phoenix…

    http://planetamancha.blogspot.com.es/2014/09/boyhood-de-richard-linklater.html

  2. Salva permalink
    09/10/2014 13:38

    La peli está genial, pero no es tan buenísima como se ha dicho, da la impresión de tener un guión que se ha ido improvisando de año en año, y (para mi gusto se resiente por ello), en cualquier caso una experiencia insólita que no hay que perderse, me ha gustado mucho este fragmento de tu reseña,jeje:
    “pero resulta innegable que en ciertos aspectos Mason es un estereotipo, con sus rarezas, su afición por un pelo largo que cubra los ojos, su reacción estática ante casi todo y ese titánico esfuerzo que le supone sonreír. Por supuesto, el chico vive por el arte y llega un momento en que adopta la actitud de artista herido, ¿cómo no iba a serlo si a los catorce añitos ya prefería a Kurt Vonnegut? Como decía, a ratos resulta un cliché con zapatos.”

    :)

  3. María permalink
    11/10/2014 9:49

    Totalmente de acuerdo con tu crítica. La película me ha gustado, creo que es una buena película, pero calificarla de obra maestra me parece muy exagerado. Además de todo lo que has comentado, añadiría que todos los personajes femeninos resultan negativos. Como mencionas la hermana (la hija de Linklater, que según parece a medida que pasaron los años se fue desinteresando en hacer la película y en su interpretación se refleja claramente ya que de niña era un personaje prometedor que acaba desinflándose), pero también la novia y especialmente la madre. Pasa no por uno, sino por dos matrimonios desastrosos (no sólo Mason es un estereotipo, muchas de estas historias las hemos visto contadas una y otra vez, en esta misma película dos veces, ya que ambos matrimonios acaban resultando reiterativos). Y la escena final entre ella y su hijo… Sin desvelar demasiado ¿Una madre va a hacer ese tipo de recriminaciones a su hijo?¿En serio?
    En cambio el padre es todo sabiduría y buen rollo. Y que no se me entienda mal, me encanta el personaje de Ethan Hawke. Precisamente cuando él aparece es cuando más me ha gustado la película. Las conversaciones y vivencias entre padre e hijos son fascinantes y es cuando más real resulta la película. De ahí que el film me resulte un tanto irregular, entre escenas maravillosas con el padre y escenas clichés con la madre.
    Como comentario final, me encantaría conocer cuales son todas las canciones que aparecen en ese disco negro de los Beatles.

  4. Arzu permalink
    13/10/2014 3:50

    Yo me situaría en el grupo de los adoradores, compartiendo gran parte de tus opiniones. Solamente un apunte: lo del pelo largo fue una sorpresa para el propio Linklater, pues de un año a otro se encontró con el nuevo look del joven interprete y decidió incorporarlo a la trama.
    Me gustan tus pilotajes a bordo del Cadillac. Un saludo. Arzu.

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