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«Shame», desnudo integral

05/03/2012

En los Oscar no se enteraron, pero el actor de 2011 fue el germano-irlandés  Michael Fassbender, un tipo varonil y camaleónico al que la mayoría descubrimos como oficial del ejército británico en “Malditos bastardos” y  que parece tener el porte, la presencia y las pelotas para ser  una de las grandes estrellas del futuro. Tan capaz de protagonizar un blockbuster de qualité como “X-Men: Primera generación” y salir jaleado como lo mejor de la función, como de sumergirse en el cine de autor más incómodo y ganar la Copa Volpi en Venecia, Fassbender es un intérprete todoterreno dispuesto a jugársela, ya sea de la mano de cineastas consagrados como QuentinTarantino, Steven Soderbergh o  David Cronenberg, o de otros mucho menos conocidos como Cary Fukunaga o Steve McQueen, responsable del título que nos ocupa, “Shame”, una de las películas más perturbadoramente fascinantes que servidor ha visto en los últimos tiempos.

Fassbender es en este filme un ejecutivo treintañero que disfruta de un trabajo bien pagado y un apartamento en Manhattan, se mueve en ambientes sofisticados y tiene éxito con las mujeres sin necesidad de esforzarse demasiado. Parece el perfecto triunfador, pero en realidad está consumido por una insana adicción que le hace buscar el sexo en cualquier parte, ya sea en encuentros furtivos con desconocidas, pagándose sus putas, masturbándose en la oficina o consumiendo compulsivamente pornografía por internet. Sufre una angustia existencial, un aislamiento interior que le impide comprometerse ni compartir una relación afectiva profunda con nadie. Sin embargo, parece tener bajo control y asumida esta patología obsesiva, hasta que su hermana, totalmente opuesta a él e interpretada por una conmovedora Carey Mulligan, reaparece en su vida, se instala en su casa y, de repente, todo cambia. Leer más…

Queens of the Stone Age: La banda de rock del siglo XXI

03/03/2012

2012 se nos presenta negro, amigos. Paro disparado, recortes por todas partes, tensiones mundiales crecientes, Madonna ha dirigido una película… Pero como en El Cadillac Negro estamos para alegraros la vida, o, por lo menos, para no arruinarosla más, permitidme daros consuelo. 2012 también será recordado por el regreso discográfico, cinco años después, de una de las bandas más importantes, genuinas e influyentes de lo que llevamos de centuria: los inefables Queens of the Stone Age.

Nunca hubiera imaginado allá por 1998, cuando salí disparado hacia la tienda de discos para hacerme con su álbum de debut homónimo, y menos en 1999, cuando escuché su desmadejada presentación en directo en el Festimad, que tres lustros después estaría hablando de Queens of the Stone Age como una de las mayores bandas del rock de nuestro tiempo. Por aquel entonces, los pocos que nos interesamos por el disco éramos aquellos que habíamos ido descubriendo progresivamente a los nunca suficientemente ponderados Kyuss (una de las bandas de culto que más fidedignamente se ajustan a esta definición). Ante la mala suerte con las discográficas que siempre ha perseguido a su cantante, John García, fue el joven prodigio de la banda que puso en el mapa el desierto como fuente de inspiración rockera, ese alto y pelirrojo guitarrista llamado Josh Homme, el que aprovechó la ocasión y pasó a cargar con el legado de la banda señera de Joshua Tree. Era un buen momento, ya que la semilla de su anterior grupo fue dando frutos y allá, en las postrimerías del siglo XX, el llamado «stoner rock» había tomado impulso y emergieron numerosos grupos que abogaban por riffs enormes, ralentizados y sucios; y desarrollos largos y aventureros, y un orgulloso desdén por la comercialidad. Josh Homme fue recibido en este minoritario contexto con todos los honores, como el Gran Jefe de la tribu. «Queens of the Stone Age», el álbum, no defraudaría las expectativas. El hacha del pelo anaranjado se rodeó de otros exmiembros de distintas épocas de Kyuss, como el gran batería Alfredo Hernández o el bajista de raíces y comportamiento punk Nick Oliveri, para ofrecer un disco que, pese a contar con reminiscencias innegables de su anterior banda como en la fantástica «You Can’t Quit Me  Baby», comenzaba a ofrecer matices bien diferenciados y esenciales en su exitoso futuro. El desarrollo de los temas se acortaba y las atmosféricas jams dejaban paso a canciones mucho más concretas y de claros estribillos, como las iniciales y magníficas «Regular John» y «Avon»; la enérgica voz de García era sustituída por la de Homme, mucho más comedida y menos talentosa, pero cuyo tono bajo y casi perezoso daba un encanto único; y asomaba, entre otras, la innegable influencia del punk. Claramente se trataba de un material más radiable, pero, como se preveía, no fue ningún éxito de ventas. Sin embargo, la crítica tomó buena nota del nuevo grupo. Leer más…

“Californication” ama a Warren Zevon

02/03/2012

“Californication” es una magnífica serie. Es posible que mucha gente no la soporte porque a veces es excesivamente bruta, irreverente, soez e incluso inmoral, y lo entiendo. Aunque yo me lo paso como un enano viéndola, pero también me emociono y sufro cuando la serie aborda, no con poca frecuencia, ese lado tierno, sentimental y melancólico que está siempre presente en las aventuras y desventuras de Hank Moody. Tiempo habrá de escribir en profundidad sobre la serie de Showtime, cuando la quinta temporada, ahora en emisión en Estados Unidos, termine. Pero hoy me gustaría centrarme en una de sus armas infalibles, su banda sonora, mezclando además en una sola entrada dos de los combustibles que hacen que este Cadillac siga rodando: las series y la música. “Californication” es (como pasa también con, por ejemplo, “Sons of Anarchy”) un extraordinario contenedor de estupendas canciones, una lujosa jukebox en la que podemos escuchar muchísimos grandes temas de rock, en su mayoría, por lo que casi tan esencial como ver la serie es echarle un vistazo a los cuatro discos editados hasta ahora, correspondientes a sus temporadas ya finalizadas, mientras esperamos ansiosamente el de la quinta.

Una serie que adorna la secuencia de inicio de su piloto con “You Can’t Always Get What You Want”, de los Rolling Stones (tema que también sirve para cerrar la primera y la cuarta temporada) ya está dejando claras sus intenciones desde el principio. A lo largo de sus capítulos, “Californication” también ha ido pinchando canciones de Bob Dylan, Tom Petty, Nick Cave, Elton John, Lynyrd Skynyrd, Black Sabbath, Whitesnake, The Doors, Blue Öyster Cult, The Mamas And The Papas, The Faces, Steve Winwood, Jeff Beck, Miles Davis, The Clash, Pearl Jam, Nirvana, Alice In Chains, Foo Fighters, Queens Of The Stone Age, Slayer, Rob Zombie, Monster Magnet, Death Cab For Cutie, The Monks, Frankie Goes To Hollywood, Sigue Sigue Sputnick o Rick Springfield (que además se interpreta a sí mismo, de manera bastante despiadada, en la tercera temporada). Y esto no es más que una muestra. Leer más…

«Wrecking ball», Springsteen y la voz del pueblo

01/03/2012

En 2009 un relajado y distendido Bruce Springsteen, el patriota estadounidense por excelencia en el buen sentido,  se las prometía muy felices con la elección de Barak Obama como  cuadragésimo cuarto presidente de EE.UU,  que iba a poner fin a una de las etapas más negras y deprimentes de la historia reciente norteamericana. Fruto de aquel estado de euforia llegó un disco desenfocado e insustancial, “Working on a dream”,  una irregular colección de temas que parecían sobras y que, en última instancia, suponían una simple excusa para volver a salir a la carretera con la E Street Band. Tres años después, el rockero de New Jersey ya no parece tan contento.  Su país, el mundo, se ha sumido en un profundo agujero negro de depresión económica y desesperación moral  que ni  Obama ha podido evitar, y el “Boss”, que siempre ha tenido un gran olfato para tomarle el pulso a la realidad de su tiempo, vuelve a sentir la necesidad de gritar las verdades de pie y con el puño en alto.

“Wrecking ball” es la respuesta de Springsteen a la especulación financiera y a Wall Street  -el nuevo enemigo-, un reivindicativo y furioso lote de canciones que parecen inspirarse en su experiencia con la Seeger Sessions Band en aquel fundamental “We shall overcome” (2006). Con la E Street Band aparcada en el garaje, Springsteen se vale de la simplicidad de un folk-rock bien musculado por el productor Ron Aniello, en el que caben esencias country, irlandesas y góspel,  para recuperar la voz del pueblo, del  hombre de la calle que sufre indignado y desencantado los desmanes de los poderosos. ¿Hipócrita cuando estamos hablando de un músico multimillonario que posee mansiones  y viaja en avión privado? En absoluto si tenemos en cuenta que desde el sombrío “Darkness on the edge of town” (1978) hasta el cabreado “Magic” (2007), pasando por el desolador “Nebraska” (1982) y el rasposo “The ghost of Tom Joad” (1995),  Springsteen ha dedicado toda su trayectoria a confrontar el ideal del “sueño americano” con la terca realidad que aprisiona a su país. Si Springsteen es ahora cínico, sencillamente lo ha sido durante toda su vida. Leer más…

John Deacon, ese héroe silencioso

29/02/2012

Queen es, para mí, el mejor grupo de la historia. Sólo Led Zeppelin, AC/DC o Van Halen pueden haber rivalizado en algún momento en mi corazón con ellos, pero no, al final la banda de Mercury, May, Taylor y Deacon se lleva todos los honores. Es más, creo que Freddie Mercury es el mayor talento artístico que ha pisado alguna vez este planeta. De hecho, me casé con mi mujer en Las Vegas vestido con su célebre traje de la gira “Live Magic” del 86, importándome bien poco la reiterada bromita de que me casaba vestido de maricón (como si, en pleno siglo XXI, eso pudiese seguir siendo ofensivo). Con eso lo digo todo.

Yo amo la música gracias a Queen. Amo el rock gracias a Queen. Por eso, quizás, he permitido a sus miembros supervivientes cosas que podría haber censurado a otros grupos o artistas. No me entusiasmó “Made in Heaven”, pero consideré lógico que diesen salida al último material que habían grabado con Mercury antes de su muerte, aunque hiciesen alguna que otra trampa. También fui a ver el musical “We Will Rock You” y, a pesar de que su historia sea infantil y ridícula, vi en él una buena ocasión de disfrutar de muchas de sus mejores canciones interpretadas en directo de forma bastante aceptable. Estuve en dos conciertos de ese invento llamado “Queen + Paul Rodgers”, pero es que el ex vocalista de Free y Bad Company es una grandísima leyenda por sí mismo, al que no me perdería por nada del mundo si viniese a tocar pasado mañana a Madrid. Para mí estaba claro que no se trataba de sustituir al insustituible Mercury, sino de tener la oportunidad de gozar en concierto de su impresionante legado con un excelente y carismático cantante al frente, así que lo vi bien. Tampoco dudé en comprarme “The Cosmos Rocks” e incluso me esforcé para que me gustara. Pero la última osadía de Brian May y Roger Taylor ha cruzado definitivamente la línea y es más de lo que uno puede soportar. Leer más…

El día que David Fincher gane un Oscar

28/02/2012

Reflexiona mi compañero Jorge Luis García sobre el efecto “The Artist” en la pasada ceremonia de los Oscar, un reconocimiento que, como siempre, puede ser debatible, pero que al menos despierta menos sospechas que los resultados que hemos podido encontrarnos en muchas de las ediciones recientes. Aunque Alberto Loriente opina, no sin cierta razón, que no debemos dar tanta importancia a la justicia o injusticia de estos galardones, y que al fin y al cabo es una fiesta del cine de la que no siempre saldrán elegidas las mejores películas, no podemos dejar pasar que en los últimos tiempos algunas incomprensibles decisiones de la Academia han hecho que ésta haya perdido muchísima credibilidad.

Que los Oscar ninguneen año tras año a los dos mejores cineastas de la actualidad, David Fincher y Christopher Nolan, sin ir más lejos, es para hacérselo mirar. Unos premios que no hayan tenido el valor de reconocer como realmente se merecían a los últimos films del director de “Seven”, o a esa absoluta obra maestra que fue “El Caballero Oscuro”, si no con más galardones al menos con más candidaturas, no pueden ser tan serios ni trascendentes como pretenden. Tampoco se atreverán jamás (y estoy dispuesto a apostarme algo) a elegir una película de Pixar como la mejor del año, como si no hubiesen hecho ya unas cuantas méritos más que suficientes para conseguirlo. Leer más…

La (hinchada) reinvención de Scorsese

28/02/2012

Recuerdo el arqueo de cejas que me provocaron las primeras informaciones que afirmaban que Martin Scorsese había retrasado varios interesantes proyectos para centrarse en dirigir la adaptación de un libro juvenil llamado «La invención de Hugo» y que iba a ser filmada en tres dimensiones. ¿Scorsese? ¿Libro juvenil? ¿3D? ¿¿¿!!!Todo ello en la misma frase!!!??? ¿¿WTF?? Nunca me hubiera imaginado que uno de mis cineastas fetiche, el creador de algunas de las mejores películas de la historia («Taxi Driver», «Toro Salvaje», «Uno de los nuestros») acabaría haciendo filmes juveniles y con la última golosina inflataquillas de Hollywood. En fin, los meses pasaron, el estreno se iba acercando y, poco a poco pero en un goteo imparable, el filme comenzó a ser premiado en el tradicional maratón de galardones estadounidenses. Esa primera andanada concluyó con el Globo de Oro a Mejor Director. Vaya, empezaba a pensar que quizás había sido demasiado inflexible y que, ¿por qué no?, nuestro italoamericano favorito podría haber realizado un interesante filme. La curiosidad comenzaba a hacer de las suyas. De repente, sin solución de continuidad, llegaron sus once nominaciones a los Oscar y unas  primeras críticas de lo más entusiastas. Ahí ya me rendí. ¿Cómo había podido dudar de Marty ahora que estaba de nuevo en una racha creativa de verdadera altura tras «Infiltrados» y «Shutter Island»? ¿Scorsese haciendo verdadero buen uso del 3D en el mágico París de los años 20 en un homenaje al cine en general y a George Melies en concreto? ¡Eso suena pero que muy bien! Y ahí me teníais el día del estreno, ansioso ante la inminente proyección, dispuesto a volver a soñar tras haber dejado en consigna el equipaje de adulto.

¿Y bien? Bueno, pues un salí un tanto decepcionado y, pese a que disfruté moderadamente de la función, me reafirmé en aquello de que la primera impresión es la que cuenta. Veámos, el argumento está protagonizado por Hugo, un niño obligado a vivir escondido en el interior de un reloj de una gran estación ferroviaria parisina y a robar para comer, empecinado en concluir el autómata que le regaló su padre fallecido, para lo que roba piezas al dueño de la tienda de juguetes del establecimiento, de cuya ahijada se convierte en cómplice para desentrañar el misterio que conecta el legado del padre del protagonista con el gruñón tendero. Leer más…

«The Artist», ¿hay para tanto?

27/02/2012

Como estaba escrito en el guión,  los Oscar 2012 se rindieron al silencioso blanco y negro de “The artist”, la cinta del año para los académicos (y para los BAFTA, los Globos de Oro, los Cesar, los Independent Spirit, los distintos gremios etc.). Personalmente, cuando una película arrasa así en todos los premios y pone tan de acuerdo a todo el mundo a mí me resulta sospechoso. O bien se trata de una obra maestra tan incontestable que no pueda haber discusión alguna, o sea, algo como “El padrino”, o bien se trata de algo que efectivamente puede ser bueno pero que ha empezado a hincharse y a sobrevalorarse en exceso hasta el punto de que resulta más cómodo seguir la corriente principal que considerar otras opciones.

A mí, como a casi todo el mundo que la ha visto, me gustó “The Artist”. Imposible no aplaudir la audacia de un film que en pleno siglo XXI propone un viaje en el tiempo casi 100 años atrás  para capturar (o más bien imitar) el encanto, la vitalidad, la ingenuidad y la magia del cine primigenio. Hay que reconocerle al  director Michel Hazanavicius la brillantez y la originalidad de la jugada, por otra parte irrepetible, porque ni él ni nadie en su sano juicio puede volver a usar la misma fórmula sin parecer oportunista o, directamente, absurdo. Sin embargo, no me parece “The artist” la obra maestra que muchos aclaman. Es un divertimento gozoso que funciona mucho mejor como homenaje o carta de amor a los orígenes de este maravilloso arte (las referencias o  directamente saqueos a Welles, Lubitsch, Fairbanks o Wilder son constantes), que como película que aporte algo verdaderamente personal al  cine de aquí y ahora.  “The artist” recurre por enésima vez a la clásica historia de la decadencia artística que provocó en muchas figuras el paso del mudo al sonoro, sin ofrecer nada que no se haya visto antes y mejor en, por ejemplo, “Cantando bajo la lluvia”, “Ha nacido una estrella” o “El crepúsculo de los dioses”. Leer más…