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“La la land”: cantando bajo las estrellas

18/01/2017

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(Si aún no conoces la banda sonora que tienen los sueños, la pasión y las esperanzas,  mejor acude a una sala de cine para ver “La la land”;  porque entre las notas de esta crítica hay SPOILERS).

El musical, ese género al que desde su nacimiento se le ha acusado de estar construido sobre una visión idealizada de la vida. Y puede que algo de razón sí tengan los que abanderan tal reproche; porque no hay que estar muy cuerdo para ponerse a cantar uno sus penas y alegrías con los brazos abiertos y la mirada al cielo…salvo que esté en la ducha, claro. Sin ir más lejos, el primer plano de “La la land” (en España, “La ciudad de las estrellas”) nos muestra el típico atasco matutino que todos estamos hartos de sufrir un día tras otro en el acceso a cualquier gran urbe. La cámara va sobrevolando los capós de numerosos coches en los que, sus conductores, se desahogan machacando el claxon como si existiese una relación directa entre el número de decibelios generado y la posibilidad de que los vehículos que nos preceden se desintegren. Hasta que una mujer desabrocha su cinturón de seguridad, abandona su coche y empieza a bailar en mitad de esa pesadilla de humo, ruido y calor. Con los primeros compases de “Another day of sun”, el caos desaparece, los cientos de conductores que compartían ansias por incorporarse a la autopista principal, se van uniendo acompasadamente a un majestuoso espectáculo de notas y pasos de baile capaz de mirar de tú a tú a gigantes como “West Side Story“.

Pero incluso dándoles la razón a esos críticos con este idílico comienzo, ese virtuoso plano-secuencia-trampa (contiene dos cortes milimétricamente realizados) “La la land” ya es capaz de generar, en todos los detractores de este género, el irrefrenable impulso de levantarse de su butaca y ponerse a aplaudir hasta que su reloj de pulsera acabe impactando en alguno de los afortunados con los que comparten sala. Y lo consigue con el que, probablemente, sea el número musical más superficial del film. Escena que aúna ambición y talento, pero que no duda tampoco en hacer un guiño a las nuevas generaciones, cuyo mayor acercamiento hasta ahora al musical probablemente hayan sido esos flashmobs que se abren paso entre los innumerables canales de YouTube. Lo que “La la land” nos depara a partir de ese punto es la visión única de una sociedad, una ciudad, una industria, una pareja, un sueño. Una invitación a componer la banda sonora de toda una vida.

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Será precisamente en ese acceso a Los Ángeles (mismo punto en el que el autobús de “Speed” se quedaba sin asfalto bajo sus neumáticos), donde las vidas de Sebastian Wilder (Ryan Gosling) y Mia Dolan (Emma Stone) se crucen por primera vez, de una forma que para nada pueda presagiar la más mínima conexión entre ambos en el futuro. Ella, camino de su trabajo como camarera en una cafetería dentro de los estudios Warner, mientras cuenta las horas para una nueva audición que quizás le permita iniciar una carrera como actriz. Él, para contemplar nuevamente el club que ansía poder comprar algún día, (un legendario local que albergó a los más grandes del Jazz, convertido en la actualidad en una extraña y denigrante combinación de samba y tapas), mientras sobrevive tocando al piano en un restaurante los clásicos populares (principalmente, villancicos) que le impone el gerente del negocio (y ya sabemos que J. K. Simmons no es un tipo al que llevarle la contraria).

Finalizada la desastrosa audición (inspirada en una experiencia real sucedida a Ryan Gosling), Mia regresa a casa decidida a refugiarse entre las sábanas; aunque sus compañeras de piso terminarán convenciéndola para asistir a una fiesta. Mientras se preparan para salir bajo las animadas notas de “Someone in the crowd”,  se van confirmando las largas tomas que dominarán el metraje; llegando a recordar en cierta manera a la galardonada “Birdman” por la forma en la que la cámara se desenvuelve entre las habitaciones del minúsculo apartamento al comienzo de la canción, hasta estallar en una vorágine de invitados y fuegos artificiales al final de la misma.

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Tras una serie de encuentros fortuitos entre Mia y Sebastian (inolvidable esa petición del ‘I Ran’ de A Flock Of Seagulls que Mia le hace a Seb como dulce venganza mientras este mal vive tocando temas pop de los 80 en fiestas privadas), entre los que destaca por méritos propios el preciosista número musical “A lovely night”. Ambientado en las colinas de Los Ángeles y en un claro homenaje a los números musicales de Fred Astaire y Ginger Rogers; con un Ryan Gosling desbordando el mismo carisma que Gene Kelly en “Cantando bajo la lluvia“. La chispa del amor acabará produciéndose en la sala del mítico cine Rialto (tristemente cerrado desde el 2007), mientras disfrutan del clásico “Rebeldes sin causa“. Al salir del cine, continuarán la velada en el observatorio Griffith donde, tras un (algo efectista) baile cósmico en el que el amor ya se muestra ingrávido y sin barreras, llegará el primer beso. Tras compartir el uno con el otro sus respectivas metas soñadas, ambos iniciarán un difícil ejercicio de funambulismo entre el amor y sus sueños profesionales.

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Aquí se abre paso “City of stars”, demostrando que la palabra química se queda muy pequeña a estas alturas para Gosling y Stone; siendo mucho más acertado empezar a usar directamente magia. Este tema, que previamente ha ido engranando la historia en diversos puntos con sus característicos primeros acordes (los mismos que oímos repetidamente mientras Sebastian los repasa en el radiocasete de su coche, los acordes que Mia escucha desde la calle mientras él toca por última vez en el restaurante, las primeras estrofas que Seb canta en el muelle de Hermosa beach) y que seguirán hilvanando la trama hasta el final de la misma, resume perfectamente la expectación e incertidumbre que causa en ambos la relación que han iniciado y también el recuerdo del permanente sueño que ambos tienen aún pendiente por realizar. Así, Sebastian, cuya meta final es salvar al jazz clásico de las modernas corrientes actuales (mantra que enarbola siempre que puede, de forma similar a aquel “freedom, beauty, truth & love” de “Moulin Rouge“) y lucha por conseguir un local que sirva de referente para los amantes de los grandes clásicos, sin importar que estos sean lo suficientemente numerosos para mantener a flote el negocio, termina aceptando un puesto de teclista para un moderno grupo de pop (encabezado por John Legend). Mientras Mia abandona su trabajo de camarera y sus audiciones para poder escribir e interpretar una bohemia obra autobiográfica en un pequeño local con ella como única actriz en el escenario.

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A pesar de las buenas intenciones en ambos giros profesionales (motivados por el amor que se profesan), ninguno de ellos es realmente feliz pues, paradójicamente, cada uno está viviendo realmente el sueño del otro, mientras se van alejan inexorablemente de poder conseguir el suyo propio.
De esta forma, con la distancia por las giras de Seb, los nervios por el estreno de la obra de Mia y el sentir mutuo de estar engañándose profesionalmente a sí mismos, empiezan a llegar las tensiones en la pareja y, posteriormente, la ruptura entre ambos.

Pero una mañana, Sebastian recibirá una llamada que lo cambiará todo: han seleccionado a Mia para una importante audición.
A pesar de la inicial reticencia de ella para acudir, cansada de acumular una incontable lista de rechazos, Seb logra convencerla para que se presente, acompañándola él mismo.
En la audición, la directora de casting reconoce que aún no tienen un guión definitivo con el que realizar la prueba, así que le pide a Mia que simplemente le cuente una historia. En apariencia, esta es la pieza más simple técnicamente hablando de toda la película, un plano medio de Emma Stone sobre fondo negro mientras interpreta “Fools who dreams”, una historia acerca de su difunta abuela en París; pero es la escena que muy seguramente cambiará su carrera y la prueba palpable de que estamos ante una actriz capaz de llenar la pantalla y sostener un número musical con su sola presencia.
A la salida, ambos son conscientes de que llegó el momento de dedicarse por entero a cumplir sus sueños. Saben que siempre se amarán el uno al otro; pero, de momento, toca centrarse en sus objetivos y ver qué les depara el futuro.

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Ambientado enteramente en Los Ángeles, el film supone un nostálgico homenaje a la época dorada de los musicales de Hollywood desde sus créditos iniciales. Tras todo lo que dijimos de su director, Damien Chazelle, cuando analizamos su anterior película la magnífica “Whiplash” (nuevamente el jazz envolviendo una gran historia), sólo podemos añadir que “La la land” es la confirmación y madurez (¡con apenas 31 años!) de todos los halagos que le brindamos hace justamente dos años. Si en aquel entonces se centraba en la obsesión y la perfección de un percusionista de jazz, ahora son los sueños, la determinación, el compromiso y el amor los que protagonizan su último título. Donde en una todo era oscuridad, en la otra todo (o casi todo) es luz y color. Componiendo ambos títulos un brillante estudio sobre el coste del éxito y una magistral lección de como contar el final de una historia. Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que no hay absolutamente ningún director en el actual panorama internacional con el exuberante conocimiento y capacidad de rodar un musical con la intensidad, el dominio del color (atención a cómo las paletas de colores que viste Mia van evolucionando hacia tonos más apagados según avanza la historia) y del sonido que Chazelle demuestra. Una fotografía espectacular que consigue las mejores tomas en años de un atemporal Los Ángeles, un manejo de la cámara que permite al espectador acompañar a los personajes y formar parte de su coreografía. Damien consigue con este título la más rotunda exaltación del género musical de nuestro siglo. Y lo hace acompañado de la espectacular partitura compuesta por Justin Hurwitz (compañero de estudios del director), con la que consigue que una simple historia de chico conoce chica se convierta en dos horas de pura emoción, que las composiciones encajen perfectamente en la historia y se complementen en todo momento. Todo un logro teniendo en cuenta que la gran mayoría de ellas están concentradas en el primer acto de la película, el dedicado al amor y los sueños; mientras que el segundo acto, más centrado en la cruda realidad, justifica que estén casi ausentes los momentos musicales.

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A pesar de no ser precisamente el musical la especialidad de Emma Stone (por ejemplo, Anna Kendrick y Anne Hathaway cuentan con mayor técnica y experiencia en este campo), ni la de Ryan Gosling (quien, además del mismo tiempo de formación que siguió Stone, tuvo que ensayar al piano de forma intensiva durante tres meses para no tener que hacer uso del CGI en sus manos), ambos suplen magistralmente sus carencias con la química que derrochan y el talento que imprime en ellos Mandy Moore con su maravillosa coreografía. Ambos acaban encajando perfectamente en los personajes de Sebastian y Mia. Y eso que ninguno de los dos eran los actores inicialmente previstos para protagonizar “La la land”. Los personajes estaban inicialmente escritos para Emma Watson y (nuevamente tras “Whiplash”) Miles Teller. Ella abandonó el proyecto para ser Bella en la nueva adaptación que Disney prepara del mítico cuento de Beaumont; donde curiosamente iba a tener como compañero a Ryan Gosling en el papel de Bestia. Se rumorea además que Teller rechazó la oferta de cuatro millones de dolares que le ofrecían, justo cuando Gosling consultaba con la almohada si seguir adelante con Disney o cambiar a “La la land”, proyecto que artísticamente le atraía mucho más. Cuando Chazelle contó con la confirmación de Gosling y ya estaba claro que tenían que reescribir la historia para adaptarla a unos protagonistas más adultos, la contratación de Emma Stone fue el paso más lógico tras ver la química de ambos actores en “Crazy, stupid, love” y “Gangter squad“.

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Incluso con los seis años que se ha tomado este proyecto (su inicio es anterior al de “Whiplash”), con las reescrituras y los movimientos con el reparto, el resultado final no se ha resentido en modo alguno. Estamos sin duda ante uno de los títulos más importantes de este 2017 (año que comienza tan a lo grande como el año pasado). A pesar de todos los premios que ha ido consiguiendo en los certámenes por los que ha ido pasando, batiendo un record histórico en los Globos de Oro (consiguiendo ganar en las siete nominaciones que tenía) y el logro que conseguiría en los Oscars si triunfa el próximo 26 de febrero (sería el primer musical con canciones originales en ganar el oscar desde “La melodía de Broadway” en 1929); la mayor hazaña de “La la land” es entusiasmar a crítica y público con un género al que siempre se le ha medido con un nivel de exigencia distinto al resto, recuperando el musical clásico de los años dorados de Hollywood y, al mismo tiempo, hacerlo atractivo para una nueva generación (consiguiendo un equilibrio que los personajes de Ryan Gosling y John Legend no son capaces de encontrar en la película). Como comentaba recientemente Tom Hanks en un festival de Colorado, “La la land” es una película a contracorriente, no representa nada que los estudios quieran ahora mismo. No es una secuela, no es un remake, los personajes y las canciones no son conocidas…y, aún así, alguien tuvo el valor de producirla porque estaba convencido de que esta historia podría convertirse en el “Bailando bajo la lluvia” del siglo XXI.

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Al igual que sucedía con “Whiplash”, Damien Chazelle nos reserva diez últimos minutos inolvidables que componen un valiente broche de oro a la historia de estos dos soñadores.
Cinco años después de aquella audición que acabó llevándola a París, Mia entra en la cafetería en la que trabajaba tiempo atrás, siendo ahora una celebridad como a las que ella servía cafés. Mientras, Sebastian es el propietario de un exitoso local de jazz (Seb´s) con el nombre que Mia le sugirió cuando eran novios. En este punto comienza un exuberante montaje final repleto de grandes momentos de un pasado alternativo que es mucho más que un emotivo ‘¿qué habría pasado si…?‘, pues no se limita a mostrar a ambos personajes radiantes de amor y felicidad logrando todas sus metas.
Convirtiendo la música nuevamente en un lenguaje emocionante y emocional, Sebastian transmite a Mia un lamento por las decisiones que tomó (a pesar del éxito, él continua solo), componiendo un fantástico ballet con los sacrificios que ambos tuvieron que realizar para alcanzar el éxito en aquello en lo que, desde un principio, fue su principal ilusión. El alto precio que ambos tuvieron que pagar por anteponer sus carreras a su relación. Un virtuoso montaje en el que el difícil equilibrio entre el amor y el arte deja de ser un obstáculo y pasa a ser lo que realmente aporta sentido a la vida de ambos personajes. Unos últimos diez minutos que son un pellizco al corazón de cada espectador, una llamada a los anhelos y sueños que cada uno hemos ido dejando en el camino mientras componíamos la obra que es nuestra vida.
En estos tiempos plagados de sombras que vivimos, “La la land” es una colorida y esperanzadora mirada al futuro. A un futuro repleto de posibilidades y días soleados; pero avisando de las amargas consecuencias que en nuestra vida también puedan tener las decisiones que tomemos para alcanzar nuestros sueños. Pudiendo acabar convertidos en un Humphrey Bogart que desaparece en la niebla, mientras nuestra Ingrid Bergman inicia una nueva vida lejos de nosotros.
“La la land” es amor, es nostalgia, es arte…es música y es cine.

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This is the start of something wonderful…
or one more dream that I cannot make true?

 

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11 comentarios leave one →
  1. 19/01/2017 10:07

    Me ha gustado tanto la película que estaba esperando vuestra crítica para suscribirla. De acuerdo con todo, es tan difícil ver cine musical actual que todavía se agradece más esta maravilla. Damien Chazelle ha conseguido condensar toda la historia del cine musical desde “Calle 42” hasta “Todos dicen I love you”, tomando lo mejor de todos ellos, actualizándolo sin copiarlo, adaptándolo a las novedades de este tiempo y utilizando la tecnología para crear una historia madura de verdad. Todavía estoy impactada, para mí es como si Stanley Donen hubiera vuelto … esa mezcla de celebración del musical, melancolía y verdad de sus películas.

  2. frankie permalink
    19/01/2017 15:19

    mejor verla en V.O, s,e o doblada ??

  3. José Manuel Loscertales permalink*
    19/01/2017 15:54

    Muchísimas gracias por tus palabras, merche2222 y disculpa la espera. :-)
    Efectivamente, Chazelle es capaz de seleccionar lo mejor de los más ilustres musicales e integrarlos en la historia que quiere contar.
    Tanto si te gustan los musicales, como si no, merece mucho la pena disfrutar de este título en una sala de cine…pero, si además te gustan, entonces es un espectáculo mayúsculo se mire por donde se mire.
    Por buscarle un fallo (una nimiedad, más bien), el segmentar la historia en estaciones del año no acabé de verle el sentido…y más en una ciudad donde, si no se ve el Sol, es porque es de noche.

    Muchas gracias de nuevo y te esperamos con los brazos y las puertas del coche abiertas en el próximo viaje.
    Un saludo.

    • fernando zaldivar permalink
      03/03/2017 19:39

      Representa las etapas de la relación así como cuando la realidad los alcanza y va desapareciendo la parte musical de la película

  4. José Manuel Loscertales permalink*
    19/01/2017 15:56

    Frankie, nosotros siempre recomendaremos ver un título en versión original subtitulado. Aunque el doblaje sea estupendo, siempre perderás algo en la traducción y en la interpretación del actor de doblaje.
    En el caso de “La la land” es aún más recomendable por la continuidad entre canciones y diálogos, que será más forzada en la versión doblada.

    Un saludo y, sea cual sea tu elección, disfruta mucho.

  5. Joe P. Morgan permalink
    25/01/2017 1:33

    La mejor crítica que he leído en todo Internet. Y he leído muchas (más de 20) y muchísimos artículos. Os he encontrado en el comentario al podcast de PLAY. He visto la película ya dos veces, y he salido las dos veces con la sensación de haber visto, disfrutado y palpado el Cine (sí, con mayúsculas) con mis ojos y me he sentido muy afortunado, a la que vez que profundamente emocionado.

    Muchísimas gracias por la crítica, me ha parecido magnífica.

    • Anónimo permalink
      25/01/2017 10:52

      De acuerdo contigo, he esperado a la crítica de El Cadilac Negro para difundirla, yo tampoco había encontrado otra que le hiciera justicia. Yo solo he visto la película una vez, pero porque no he tenido tiempo todavía ….

  6. Javier Álvarez permalink
    25/01/2017 10:04

    …con un Ryan Gosling desbordando el mismo carisma que Gene Kelly en “Cantando bajo la lluvia“. Soy un entusiasta del cine musical y mi opinión es diametralmente opuesta a la suya, como cualquier buen aficionado a los musicales. Ignoro si se le puede llevar a los tribunales por decir eso que reproduzco al comienzo del comentario. Menos mal que no ha comparado a Emma Stone con Debbie Reynolds, sería para mandarle un sicario.

  7. José Manuel Loscertales permalink*
    27/01/2017 22:19

    Muchas gracias a Joe P. Morgan y Anónimo por vuestras palabras.
    Evidentemente, estamos ante uno de los grandes títulos del año y había que escribir sobre ella sí o sí.
    Bien sea en uno o dos visionados, lo más destacable es el entusiasmo que ha ido despertando el título desde los primeros festivales en los que se presentó y que, seguramente, tendrá su punto álgido tras la ceremonia de los Oscars el próximo mes.

    Nuevamente, muchas gracias y os esperamos con las puertas abiertas.
    Un saludo a ambos.

  8. José Manuel Loscertales permalink*
    27/01/2017 22:42

    Hola, Javier Álvarez.

    Respeto profundamente tu comentario incluido el punto en el que expresas que tu opinión es diametralmente opuesta a la mía…pero me permitirás que te diga que, a partir de ahí, el resto de tus palabras suenan algo sentenciosas y tienen un tufillo a naftalina que tira para atrás. Afortunadamente, en El Cadillac Negro sólo tenemos que bajar las ventanillas para disfrutar de una brisa de aire fresco cuando el ambiente está un poco viciado.

    Con la cantidad de estupideces que se aceptan hoy en día en los tribunales, es posible que admitan su denuncia; aunque yo optaría por no saturarlos más de lo que ya lo están con Bárcenas y compañía.

    Y, por último, no puedo más que felicitar su remarcable espíritu emprendedor y vena empresarial al querer crear un nuevo puesto de trabajo (aunque sea en un mercado tan poco regulado como el de los sicarios)…seguiré su ejemplo y contrataré a alguien que le envíe flores todas las mañanas soleadas: https://www.youtube.com/watch?v=aMqh-orLh-E

    Un saludo a todos (menos a uno).

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