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«Port of Morrow», el pop pluscuamperfecto de The Shins

24/03/2012

The Shins es una de esas pequeñas grandes bandas a las que uno coge un cariño especial. Sus discos no son redondos pero siempre, siempre, entregan en cada uno de ellos al menos tres o cuatro auténticas maravillas que te reconcilian con el mejor pop de toda la vida. En un mundo perfecto, The Shins jugarían en las grandes ligas mainstream, pero en el que vivimos de momento tienen que conformarse con ser uno de los secretos mejor guardados (aunque no nos engañemos, cada vez menos) y queridos de la división “indie”, sobre todo desde que un par de temas suyos sonasen en la banda sonora de aquella película con Natalie Portman, “Algo en común (Garden State)”.

Formada en Albuquerque (Nuevo México) en 1997, The Shins es en realidad el vehículo personal del vocalista y guitarrista James Mercer, el único miembro que queda de la formación original (un caso parecido al de Conor Oberst en Bright Eyes, o el de Kurt Wagner en Lambchop). Su voz aguda y evocadora le sienta como un guante a ese pop pluscuamperfecto y emocionante que tanto recuerda a The Beatles, Beach Boys y, sobre todo, The Zombies. Entre melodías atemporales, tan sencillas como inesperadamente complejas e intrincadas, ráfagas de psicodelia, armonías vocales exquisitas, especias folk y country y ligeros condimentos electrónicos, la música de The Shins suena  a veces luminosamente eufórica, a veces misteriosamente nostálgica, pero siempre viva. Para los que no les conozcan, degustar por primera vez los placeres de «New Slang»,  «Turn on me»,  «Saint Simon», «Australia» o So says I»  debería ser una especie de revelación. Leer más…

“Redención (Tyrannosaur)”, hondura emocional

23/03/2012

Más de un año ha pasado desde que “Redención (Tyrannosaur)” irrumpiera con éxito en Sundance 2011, catorce meses, para ser más exactos, en los que el film ha seguido acumulando importantes premios y menciones en varios festivales y prestigiosos galardones como los BAFTA, los Independent Spirit Awards o los Satellite Awards. El debut como director del británico Paddy Considine llega por fin a España, camuflado entre princesas de cuento y extraterrestres, con su sencillez formal pero hondura emocional como mejor arma.

Considine, un actor visto en papeles secundarios en cintas como “El ultimátum de Bourne”, “Cinderella Man” o “24 Hour Party People”, o con algo más de peso en la excelente “En América”, opta en su ópera prima como realizador por una historia cruda y nada complaciente, de cuyo guión también se encarga y que inevitablemente etiquetamos como drama social, aunque consigue cavar más profundo y de paso evita algunos de los males que suelen afectar a este género (el abuso del subrayado, el maniqueísmo, la demagogia, la excesiva vehemencia en el discurso…). El resultado es un relato honesto, sincero, que ahonda más en el alma de sus personajes y no se distrae tanto con su inclemente entorno, aunque éste sea siempre visible, mostrado en todo momento con naturalidad, aspereza y sin artificios. Leer más…

«El padrino», 40 años después

22/03/2012

Hace algo así como 40 años un directivo de Paramount se sentaba en la butaca de un cine dispuesto a asistir a la noche de estreno de su nueva producción. Los nervios le hacían imposible estarse quieto y sus pies bailaban de un lado al otro sin terminar de asentarse en el suelo. Normal. Paramount se jugaba mucho en el envite, los últimos años no habían sido buenos y necesitaban urgentemente un gran éxito para ver de nuevo el sol tras un nublado periodo. Había basado gran parte de sus esperanzas en el filme que estaba a punto de ver la luz, una adaptación del libro de Mario Puzo «El padrino», la narración sobre los avatares de una familia de gangsters allá por el Nueva York de los años 40. Un material que aunaba acción con profundidad y que iba que ni pintado para hacer una superproducción lujosa, con ambiciosa ambientación.

La idea de Paramount era contar con un equipo artístico de gran altura y fama para llevar a buen termino la empresa. Nuestro querido directivo recordaba con rabia como sus dos primeras elecciones para el puesto de director habían rechazado el proyecto. Se carcajeó cuando rememoró cómo Sergio Leone había dicho que él ya tenía pensada su propia historia de gangsters presta a desarrollarla cuando pudiera (¿qué coño se había creído ese italiano?), pero la erupción de risa estuvo a punto de llegar al exterior (lo que habría provocado la extrañeza de sus compañeros de fila, ¡horror!) cuando se acordó de que habían dado la oportunidad de su vida a ese jovencito cinéfilo que había eclosionado con «La última película»  y la había rechazado. ¿Como era? Peter  y algo acabado en vich, ¿Hamdanovich? No, ¡coño, no lo recordaba! ¿Pantanovich? ¡No!… ¡Bogdanovich! Eso, eso era, ¡el jodido Bogdanovich! ¡Cretino! Finalmente se fijaron en otro joven prometedor, un medio italiano Francis Ford Coppola. El chaval prometía, sí, pero siempre dudó que fuera capaz de abordar una producción así. Esperaba que ese barbudo jovenzuelo hubiera salivado ante la oferta, ¡pero no! hubo que convencerle durante meses. ¿Qué se creía? ¿Kubrick? No sólo se contentó con eso, encima se empeñó en modificar gran parte del guión y en imponer sus ideas sobre el casting. Leer más…

«The Walking Dead», rebelión en la granja

20/03/2012

(ALERTA SPOILER: Revela detalles importantes de la trama de la serie, hasta el capítulo final de la segunda temporada y del argumento de los cómics “Los muertos vivientes )

La segunda temporada de la controvertida “The Walking Dead” ha llegado a su final con “Beside the dying fire”, un brillante cierre al arco argumental de la granja de Herschel y un muy satisfactorio colofón al crescendo que la serie ha experimentado desde su regreso a la parrilla con “Nebraska”. Pese a los numerosos haters que siempre criticarán que aquí no pasa nada y que no hay suficiente acción, matanzas y desmembramientos, lo cierto es que “The Walking Dead” (a partir de ahora “TWD”) se las ha arreglado en estos seis últimos episodios para mantener la línea ascendente que apuntaba el brutal final del séptimo episodio y se ha centrado en la turbulenta relación entre el protagonista absoluto de la función, Rick Grimes, y el cada vez más desatado y expeditivo Shane Walsh, el gran hallazgo de una temporada que se ha desmarcado definitivamente de la línea argumental del cómic de Robert Kirkman pero que, curiosamente, en el proceso se ha acercado más que nunca al espíritu pesimista y desolador de la obra original.

Porque, al fin y al cabo, “TWD”, el cómic, siempre se ha fundamentado en la exploración hasta sus últimas consecuencias de la máxima de Hobbes  de que “el hombre es un lobo para el hombre”, y los zombies no son más que un catalizador que confirma dicho axioma. En este sentido, “TWD”, la serie, ha ido dejando atrás paulatinamente los diálogos intrascendentes, los tiempos muertos y el estatismo para ir apuntando al meollo de la cuestión –en un mundo cada vez menos civilizado solo los fuertes sobreviven-  y al inevitable enfrentamiento final entre Rick, el hombre que se resiste a dejar atrás su humanidad, y Shane, el individuo cada vez más convencido de que la adaptación a un nuevo mundo sin reglas ni moral es la clave para seguir adelante, caiga quien caiga. La resolución final del conflicto en el intenso capítulo 12, “Better angels”, fue quizás el momento cumbre de la temporada, aunque para ello hubiera que pervertir o diluir el impactante final de Shane a manos de Carl del cómic (acaso demasiado crudo y atrevido como para mostrarlo en una serie de TV de máxima audiencia). Leer más…

«Sons of Anarchy»; motos, chupas de cuero, tatuajes y Hamlet

19/03/2012

Me alegra que “Hijos de la Anarquía” (“Sons of Anarchy”) haya desembarcado por fin en España en abierto, tras su paso por Fox Crime, ya que permite a muchos espectadores que aún no la conocían, o no habían tenido acceso a ella, disfrutar de una de las mejores series del momento. Está, desde hace aproximadamente un año, en mi lista de imprescindibles, y en un puesto bastante destacado. Tras prácticamente devorar sus tres primeras temporadas, recientemente he gozado con una cuarta tanda de episodios adrenalítica y soberbia que ha elevado aún más, si es que era posible, mi fascinación por esta apasionante historia.

Hay varias razones por las que me deslumbra “Sons of Anarchy” (a partir de ahora “SOA”). La principal de ellas, su extraordinaria galería de personajes. A todos nos gustan los héroes que se esfuerzan, con más o menos acierto, en hacer el bien y en luchar por la justicia en el mundo, esos Jack Bauer, Jack  Shephard o Rick Grimes de turno, pero lo cierto es que los que tenemos a “Los Soprano”, “The Wire” o “Deadwood” como algunas de nuestras series de cabecera sabemos que los malos, o si queréis dejémoslo en ambiguos, molan mucho más. Y “SOA”, de la cadena por cable FX, está sobrada de esos cabronazos, capaces de hacer todo tipo de maldades y vilezas, que aún así saben llevarnos a su terreno, seduciéndonos hasta el punto de que deseamos que todas sus tropelías tengan éxito y que aquellos que intentan detenerlos (los “buenos”, que luego tampoco son tal) no puedan jamás pararles los pies. Leer más…

«Tan fuerte, tan cerca», a vueltas con el 11-S

16/03/2012

Llega por fin a las pantallas  la única de las nominadas a mejor película en la pasada edición de los Oscar que faltaba por estrenarse en nuestro país, “Tan fuerte, tan cerca” (“Extremely loud and incredibly close” en el original), un filme que sorprendió por su inclusión entre las nueve finalistas dado que su recepción crítica y de público en EE.UU estuvo bastante polarizada. Algunos medios, los menos, defendieron la cinta como una brillante inmersión en las consecuencias emocionales del 11-S, mientras que la gran mayoría pataleó ante lo que consideraron un deleznable artefacto sentimentaloide prefabricado con la indisimulable intención de ganar todos los premios de la Academia.

Un servidor admite que llegó a la cinta con todas las ganas de posicionarse a favor de las voces indignadas con la película de Stephen Daldry, pero la realidad es que no es para tanto y no puedo compartir  la excesiva inquina que ha despertado la cinta. Es cierto, “Tan fuerte, tan cerca” busca con intención la lágrima fácil, es manipuladora, poco sutil y a veces torpe, pero también posee momentos de un intenso lirismo y chispazos de emoción verdadera. Es una de esas cintas “bonitas” que buscan descaradamente la conexión con cierto tipo de público (bastante amplio) propenso al llanto, pero eso no la convierte automáticamente en un horror. En cierto sentido, y teniendo en cuenta los gustos de la Academia, su nominación a los Oscar es bastante comprensible, aunque estaba claro que no tenía nada que rascar (es imposible ganar el galardón a mejor película si el director no está nominado). Mi vara de medir  la pornografía emocional  es aquella cosa execrable llamada “Precious”, que sí que ganó varios estatuillas hace un par de años, y, afortunadamente, “Tan fuerte, tan cerca” es otra cosa. Leer más…

Asghar Farhadi: la nueva cara del cine iraní

15/03/2012

No hace mucho el cine iraní suponía un símbolo de películas que eran carne de festivales. Incluso dio origen a una alusión popular, «ir a ver una iraní» viene a querer decir, no sin cierto tono despectivo, el optar por alejarse de la «masa» que invade las multisalas de centros comerciales los fines de semana y vanagloriarse de presenciar cine de alta alcurnia. De hecho, la alusión al cine de este país asiático se suele utilizar para, en cierta manera, censurar las motivaciones de aparentar, de hacerse el intelectual, de su público. Como en toda generalización, la injusticia prevalece. Es tan cierto que la avalancha de cine iraní en festivales originada en los años noventa sirvió para dar a conocer internacionalmente a realizadores tan válidos como Abbas Kiarostami (y filmes tan bellos como «A través de los olivos») como para elevar incomprensiblemente a los altares obras apenas correctas con la procedencia como única razón. Eso sí, no se puede negar que estas películas, con una narrativa elemental que a veces daba una innegable frescura y otras veces resultaba en una ingenuidad inasumible en estos tiempos, remitían genuinamente a su nacionalidad, parecía imposible extrapolarlas a otra cultura o localización.

El nuevo milenio pareció sentar mal a este fenómeno. Exceptuando a interesantes figuras como Bahman Ghobadi («Las tortugas también vuelan», «Nadie sabe nada de gatos persas»), el cine coreano y del Sudeste Asiático había eclipsado en los festivales como «cine exótico de qualité» al iraní. Sin embargo, un director ha surgido para volver a poner a la antigua Persia en lo más alto del escalafón. Ashgar Farhadi ha logrado en apenas unos años el primer Oscar para su país y convertirse en todo un acaparador de premios en un festival de rango tan elevado como la Berlinale y, todo ello, con un nuevo enfoque, mucho más moderno y universal, que ha hecho que la frase que más se escucha tras salir de la proyección de sus películas sea «no parece iraní». En efecto, está consiguiendo derrumbar uno de los tópicos más arraigados entre los cinéfilos. Y eso tiene mucho mérito. Leer más…

“Innuendo”, el canto del cisne de Queen

14/03/2012

Me gusta mucho la reflexión que hace mi compañero Alberto sobre lo difícil, si no imposible, que nos resulta tener que elegir una película favorita, un libro favorito, un disco favorito entre tantas y tantas obras maravillosas que nos han hecho tan felices a lo largo de nuestra existencia. Él, al menos, parece tenerlo claro en cuanto a lo del disco, pero a mí me sigue resultando una cuestión inabordable, pese a que mi primera y única opción para escribir esta entrada haya sido esa obra de arte de 1991 que fue “Innuendo”. ¿Es “Innuendo” mi álbum favorito de todos los tiempos? No podría decirlo, sigue habiendo tantas y tantas obras magníficas… ¿Es mi disco favorito de Queen? Pues tampoco podría asegurarlo, aunque hay días en los que creo que así es. Otros días mencionaría en cambio “News of the World”, aunque la mayoría de las veces me decanto por “Sheer Heart Attack”. ¡Pero cómo no se me ocurre ni mencionar «A Night at the Opera»! Madre mía, sí que es complicado…

Lo que no puedo negar es que “Innuendo” guarda un lugar muy especial, reservado únicamente para él, en mi corazón. Para mí, es el último disco de Queen y punto, pues no soy capaz de otorgarle ese honor a “Made in Heaven” (1995). Entiendo, y es lógico, que Brian May, Roger Taylor y John Deacon quisiesen dar salida a las últimas grabaciones inéditas que dejó Freddie Mercury, pero por algún motivo ese álbum póstumo a mí no terminó de enamorarme. Realmente, creo que no tenían tanto con que trabajar, por lo que tuvieron que rescatar incluso algunas demos de los años 80 (“It’s a Beautiful Day”, “Let Me Live”) y también hicieron alguna trampa, al utilizar pistas de voz del cantante de sus discos en solitario (“Made in Heaven”, “I Was Born to Love You”) o con la banda The Cross, de Roger Taylor (“Heaven for Everyone”). Leer más…