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“Californication”, la gran tragedia de Hank Moody

04/04/2012

(ALERTA SPOILER: Pues eso.)

El esperadísimo estreno de la segunda temporada de “Juego de tronos” parece haberlo eclipsado todo, pero el resto de series han continuado con su ritmo habitual y, sin ir más lejos, el mismo día y a la misma hora en que regresaba el éxito de la HBO, “Californication” cerraba su quinta temporada con un capítulo con, una vez más, claras reminiscencias rockeras: “Hell Ain’t a Bad Place to Be”. Ya hablamos en su momento de la importancia de la música en la serie de Showtime, pero también os prometí un post en profundidad sobre ella cuando terminase esta última tanda de episodios.

Entonces llegué a calificar la serie de bruta, irreverente, soez e incluso inmoral. Pero es, sobre todas las cosas, divertidísima. Además, no engaña a nadie y desnuda sus intenciones desde la mismísima secuencia inicial, aquella en la que Hank Moody tenía un ya mítico sueño en el que una monja acababa practicándole una felación con los Rolling Stones sonando de fondo. Llevábamos sólo un par de minutos y nos estaban diciendo: “Esto es ‘Californication’, lo tomas o lo dejas”. Y si lo tomas, te encontrarás, sí, con una serie subidísima de tono, atrevida y grosera, pero también capaz de conmoverte y tocarte (y desgarrarte) la fibra, aprovechando que probablemente te pille con la guardia baja. Durante sus cinco años en antena, la serie nos ha regalado más de una vez un capítulo legendario de altísima (y alocadísima) comedia, condensada en 29 desenfrenados minutos, para endosarnos a continuación un inesperado episodio en forma de dardo envenenado directo a lo más profundo de nuestras almas. Leer más…

La guerra llega a “Juego de tronos”

03/04/2012

(ALERTA SPOILER:  Puede revelar detalles de la trama de la serie, hasta el primer capítulo de la segunda temporada)

Más de nueve meses han pasado desde que el cuerpo desnudo de una joven de larga cabellera plateada se levantara, sucio y cubierto de cenizas y hollín, sobre los restos humeantes de una pira funeraria. Más de nueve meses desde que los dragones volvieran a rugir, tras siglos de ausencia. Más de nueve meses desde que los Stark quedaran descabezados y humillados. Más de nueve meses en los que la pasión, el fervor por “Juego de tronos”, la serie, no sólo no se ha extinguido, sino que no ha hecho más que agigantarse, hasta el punto de hacer de su regreso en la noche del domingo uno de los acontecimientos del año. En la noche del domingo en los televisores de Estados Unidos, y pocas horas después en los ordenadores de todo el planeta, claro.

No quiero ir más allá sin aclarar antes que, a diferencia que con “The Walking Dead”, no he leído un solo libro de la saga “Canción de hielo y fuego”. Sigo la serie de los zombis de AMC y me confieso fanático absoluto de los cómics de Robert Kirkman, por lo que se agradece además que ambas versiones vayan, aún con sus puntos en común, por derroteros distintos. Pero la adaptación de la HBO de las novelas de George R. R. Martin, sospecho, sí guarda bastante fidelidad a las páginas impresas. Por ese motivo, y no otro, y tras caer rendido a los pies de su primera temporada, tomé la decisión de disfrutar exclusiva y plenamente de la serie, al menos de momento. Algunos dirán que me equivoco, que los libros son buenísimos, y no lo pongo en duda, pero yo no quiero renunciar a revivir las mismas sensaciones que cuando (¡aquellos maravillosos años!) devoraba capítulo tras capítulo “Los Soprano” o “The Wire”. Así que este es un post sobre “Juego de tronos”, la serie, y nada más. Leer más…

«Achtung baby», la mosca en la pared

02/04/2012

Cuando mis compañeros en El Cadillac Negro propusieron hablar de nuestros discos favoritos, yo no tuve ninguna duda, porque aunque son varios los que, tirando de tópico, me llevaría a una isla desierta, solo hay uno que me haya calado hasta el tuétano desde el mismo momento en el que fue puesto a la venta. Es  “Achtung baby” de U2. Un CD que habré escuchado millones de veces, del que me sé de memoria cada uno de sus recovecos, y que me ha acompañado siempre desde que se publicó en 1991, cuando yo era un chaval de 15 años. Se puede decir que sin ese disco en mi estantería no sería el tipo que soy, porque ha estado presente en casi todos los momentos importantes de mi vida (que, pensándolo bien, tampoco son tantos) y nunca, jamás, me he cansado de él. Seguramente habrá discos mejores (aunque, pensándolo bien, tampoco tantos) pero, si hablamos de conexión emocional absoluta, éste es mi elegido.

Pero viajemos por un momento a 1991. Soplan vientos de cambio en la música popular. Se palpa en el ambiente. Los tótems de los 80 se tambalean, la frivolidad y los maquillajes exagerados han caído en el olvido. En EE.UU el rock independiente de grupos como REM  asoma la cabeza ante un AOR cada vez más desfasado, mientras que el “hair metal”, agonizante, pone su cabeza en una guillotina llamada “grunge”.  En Inglaterra, el sytnh pop y los ídolos efímeros de la factoría Stock, Aitken & Waterman son sustituidos por los nuevos sonidos bailables procedentes de Manchester –Happy Mondays, The Charlatans, EMF-, el hedonismo de las “raves” y la electrónica oscura y reptante de Massive Attack y Orbital.  En ese 1991 se publican algunos discos, con el “Nevermind” de Nirvana como estandarte, que cambiarán el modelo de negocio de la industria. Algunos mitos ochenteros resisten  -Michael Jackson mantiene su hegemonía a golpe de videoclips apabullantes, Bon Jovi se recicla en grupo de baladas para adolescentes y Madonna vampiriza las modas como puede-, otros incluso alcanzan su momento de mayor popularidad –Guns N’Roses, Metallica- , pero la mayoría están abocados a la inevitable extinción, sobrepasados por el signo de los tiempos, o, en el mejor de los casos, les espera una larga hibernación, puesto que en la música el tiempo es cíclico y casi todo el mundo termina volviendo al negocio cuando la coyuntura se torna favorable. ¿Qué papel jugaría U2, uno de los grupos más emblemáticos de los 80, en este contexto? Leer más…

«Cumbres borrascosas», radical revisión de un clásico

30/03/2012

Revisar un clásico universal que ha sido adaptado en innumerables ocasiones  a través de distintos medios (cine, televisión, radio) no tiene mucho sentido  a menos que se tenga claro que se puede aportar una mirada original, un enfoque diferente y sugerente que en cualquier caso conserve la esencia de la obra original, y eso es lo que propone la directora Andrea Arnold (la “niña mimada” del Festival de Cannes, donde sus anteriores “Red road” y “Fish Tank” se llevaron sendos premios del Jurado) en su aproximación a la única obra de Emily Brontë, “Cumbres borrascosas”, ese pináculo de la literatura romántica inglesa.

Son muchas, quizás demasiadas, las veces que esta historia de amor imposible, intensa y desgarrada, se ha asomado a las pantallas, aunque la versión de 1939 dirigida por William Wyler y protagonizada por Laurience Olivier y Merle Oberon sigue siendo la más celebrada y canónica de todas. Arnold opta por alejarse del melodrama y el romanticismo exacerbado de aquella y, sin perder de vista la fidelidad al relato de Brönte, da forma a una visión más naturalista, cruda, agreste y áspera del romance obsesivo entre  Heathcliff, un joven indigente adoptado por una familia que vive en los páramos de Yorkshire en el siglo XIX, y la hija de su valedor, Catherine. Leer más…

Terence Trent D’Arby, el hombre que pudo reinar

29/03/2012

Hay grandes olvidados en el mundo de la música que lo son porque están destinados a ello. Su estilo puede ser demasiado retorcido, su actitud puede no ser la correcta o, simplemente, pasan de ello. Hay otros, sin embargo, con los que es inexplicable discernir por qué han quedado relegados a un recuerdo lejano, pues lo tenían todo para marcar una época. Así es el caso que nos ocupa. Terence Trent D’Arby lo tuvo todo y en cantidad pero, poco a poco, fue desvaneciéndose, en parte por culpa de la jungla de las compañías discográficas, en parte por su propio talante, y, aunque ahora siga en activo, sólo unos pocos nostálgicos nos acordamos de él.

D’Arby llegó como un meteorito a la escena musical de 1987 con un histórico disco de debut, «Introducing the Hardline According to…», después de tener una extensa experiencia anterior como cantante y tras haber estado ya a sus veintipocos años en la órbita de las grandes discográficas. Estas no se equivocaban. En una estrategia inusual, el álbum fue lanzado primero en Europa, obteniendo un suceso inusitado. Basta decir que llegó al millón de discos vendidos (sí, definitivamente, eran otros tiempos) en apenas tres días. Su irrupción en el mercado estadounidense llegó unos meses después y, aunque no obtuvo el mismo histerismo de ventas, sí colocó inmediatamente a nuestro protagonista en la primera división, llegando el álbum hasta la actualidad con nada menos que 14 millones de copias despachadas. Michael Jackson y Prince, las dos grandes estrellas negras del momento y en una de sus épocas de mayor apogeo tras publicar, respectivamente,  «Bad» y «Sign o’the Times», miraban de reojo al debutante, que opositaba con fuerza para acceder a su trono. No es de extrañar. Terence, que, a diferencia de muchos otros artistas de su estilo componía todas sus canciones, tocaba la mayor parte de los instrumentos y ejercía labores de producción, acababa de sacar toda una obra maestra. Adornados con una voz privilegiada, de ángel, potentísima a ratos, tierna en otras ocasiones, los bombazos se sucedían uno tras otro. Desde éxitos a la primera escucha como los enérgicos «If you let me Stay»  y «Dance Little Sister» y la atmosférica «Sign your Name» a maravillas menos evidentes como la inicial «If you All Get to Heaven», «Wishing Well» o la versión de Smokey Robinson «Who’s Lovin’ you», que cerraba de forma estremecedora el disco. Leer más…

La terrorífica (y delirante) coctelera de “American Horror Story”

28/03/2012

Los dos grandes estrenos televisivos en Estados Unidos en el arranque de la temporada 2011/2012 fueron, sin ningún género de dudas, “Homeland” y “American Horror Story”. Ambas, de hecho, lograron meterse en el quinteto finalista para ganar el Globo de Oro a la mejor serie dramática, junto a las también debutantes en 2011 “Juego de tronos” y “Boss”, y la ya consolidada “Boardwalk Empire”. Al final, el gato al agua se lo llevó la serie protagonizada por Claire Danes, para mí con todo merecimiento, pero el último proyecto surgido de la inquietante mente de Ryan Murphy para la cadena FX no se fue de vacío y se llevó,  también de justicia, el premio a la mejor actriz de reparto para una rescatada Jessica Lange. “Homeland”, con su sublime, perfecta primera temporada, desembarcará en España en Fox el próximo 9 de abril, pero “American Horror Story” ya está desde este martes entre nosotros en abierto.

¿Merece la serie de Murphy y su leal compinche Brad Falchuk todo el revuelo y expectación que se ha generado a su alrededor? Pues dejando claro que es, en mi modesta opinión, inmensamente inferior a las excelentes “Homeland”, “Juego de tronos” y “Boardwalk Empire” (lo siento, no he hecho los deberes con “Boss”), sí es un divertimento a tener muy en cuenta. Los perpetradores de “Nip/Tuck” y “Glee” han estado a la altura de su leyenda y se han sacado de la manga un producto formalmente brillante y rompedor (quedan ya para la historia sus enfermizos títulos de crédito, que podéis ver más adelante). Si profundizamos en su contenido, lo que nos encontramos es una mezcolanza de todos los tópicos y recursos mil veces vistos ya en el género del terror… y ese acaba siendo precisamente el gran hallazgo de la serie, que lo revuelve y agita todo, sin ningún tipo de complejo ni vergüenza (a veces parece que incluso ni sentido), y el resultado es algo parecido a una pieza novedosa y original. Leer más…

«Mad Men», secretos y mentiras

27/03/2012

(ALERTA SPOILER:  Puede revelar detalles de la trama de la serie, hasta el primer capítulo de la quinta temporada)

Vuelven la clase, el estilo, la elegancia, el glamour, el alcohol, el humo, los secretos y las mentiras. Vuelve “Mad Men” con su quinta temporada después de un largo tira y afloja entre AMC y el creador de la serie, Matthew Weiner, que estuvo cerca de dejar a la televisión huérfana de las historias de los locos de Madison Avenue. Al final se impuso la cordura y la serie más “cool” de todos los tiempos regresa a antena diecisiete meses después de que “Tomorrowland”  se despidiese con Don Draper en los brazos de su secretaria, Megan Calvet, y Sterling Cooper Draper Pryce en una situación comprometida y ante un futuro incierto.

No han cambiado mucho las cosas al inicio de “A Little Kiss”, el impecable episodio doble con el que la serie regresa a lo grande, en esa línea excelsa de la que parece imposible que se pueda desviar. Una fiesta de cumpleaños ideada por Megan para celebrar los 40 años de Don es el leit-motiv de un capítulo coral, dedicado a repartir juego entre los integrantes de la agencia (Betty no ha tenido un solo plano en esta presentación) y a contar esas historias mínimas subterráneas, como si de pequeños cuentos de Raymond Carver se tratara, en las que la finura y la sugerencia se imponen sobre el trazo grueso y la vulgaridad.

Hablar de “Mad men” es hablar de Don Draper.  Ese brillante visionario atractivo y despreciable a partes iguales, todo carisma, porte y ambición. Definitivamente uno de los grandes personajes de la historia de la TV. Draper comenzó la serie como salido de la imaginación de F.Scott Fitzgerald, un enigma magnético y encantador que persigue y alcanza el “sueño americano” mientras esconde varios esqueletos en el armario. La serie ha pivotado siempre en el espacio que queda entre su éxito profesional y su derrumbe personal, llegando en su cuarta temporada a humanizarle casi por completo, desmitificándole y concediéndole en el último momento algo parecido a la felicidad. “A little kiss” ya nos sugiere que el recorrido vital de Don no ha terminado, al mostrar las primeras grietas en su idilio con Megan, la guapa y sexy secretaria a la que escogió en un momento epifánico en detrimento de la quizás más brillante pero menos complaciente doctora Miller. Leer más…

Las extraordinarias aventuras de Coheed And Cambria

26/03/2012

Entrar en el mundo de Coheed And Cambria no es fácil. Yo descubrí a la banda a través de la revista «This is Rock», en donde pude leer una entrevista con su líder, Claudio Sánchez, y una reseña muy positiva de su tercer disco. Lo que enseguida me llamó la atención, junto a las buenas críticas del álbum, fue el concepto que se escondía detrás del grupo. La curiosidad me llevó a abrirles las puertas, o mejor dicho, ellos me abrieron las puertas de su mundo, y unos años después aquí me encuentro, totalmente pillado por las pelotas atrapado por el universo de estos neoyorquinos.

Coheed And Cambria es una banda fundada en 2000 en Nyack, Nueva York, por Claudio Sánchez (voz y guitarra), Travis Stever (guitarra), Michael Todd (bajo) y Josh Eppard (batería), aunque desde entonces su formación ha vivido algunas bajas, fichajes, regresos… Se les suele englobar dentro del rock progresivo y sí, es lo que hacen, pero la definición se queda corta. No pueden negar la influencia de clásicos como Led Zeppelin, Pink Floyd, Queen o Iron Maiden, pero también recurren a sonidos, melodías o ritmos que les acercan en muchos momentos al metal, al pop, al punk o incluso al hardcore. La mejor forma de hacerse realmente a la idea de su propuesta, en definitiva, es escuchándoles. La primera vez que lo hagas, es probable que pienses “tío, éste que canta cuántos años tiene, ¿quince?”. Y sí, la voz de Claudio es peculiar, y el asombro es aún mayor cuando descubres que es un tipo grandote, con cierto parecido al Hurley de “Perdidos”, aunque menos gordo y con unas greñas aún más rarunas. Superado ese shock inicial, y si comulgas con su timbre de voz y su personal forma de cantar, ya estás listo para sumergirte en su música. Leer más…