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«Déjame salir»: la noche más oscura

22/05/2017

Get Out Dejame salir poster

En 1967 se estrenaba la estupenda «Adivina quien viene esta noche» de Stanley Kramer, con Katharine Hepburn, Spencer Tracy y Sidney Poitier. En aquella película, una joven de clase acomodada presentaba a sus padres a su novio negro. Aún siendo un joven de impecable educación, excelente cultura y un médico de éxito y la familia de ella presumir de ideas liberales, la premisa del film en aquella época funcionaba perfectamente debido a la forma en la que aquella sociedad reaccionaba ante una relación interracial. Daba igual que él fuera una persona excelente, culta, afable y con notable éxito profesional; la gente sólo veía a un hombre negro saliendo con una mujer blanca. Su éxito se basaba en la denuncia de aquellos prejuicios, de aquella sociedad racista de finales de los años 60 que precisaba de profundos avances en materia de integración. Denuncia que, todo sea dicho, siempre se ajustaba a los suaves estándares de la época. Por ello, resulta lamentable comprobar como a pesar de los numerosos avances sociales y las nuevas generaciones que observan estos hechos con total naturalidad, todavía hay una parte de la sociedad que frunce el ceño cuando observan a dos personas de distinto color cogidas de la mano (y no hablemos ya si comparten el mismo sexo; pero este tema ya lo trataremos en otra ocasión). Y tampoco es que haya que remontarse décadas para ser testigos de lamentables conflictos raciales. Recientemente han sido constantes las noticias sobre policías blancos disparando a personas negras desarmadas.

Centrándonos en el cine (que es para lo que aquí estamos), apenas 4 años después del título de Kramer, se estrenaba «Las noches rojas del Harlem«, film con el que se iniciaba un largo periodo cinematográfico (‘Blaxploitation‘) en el que se explotarían las tensiones raciales en casi todos los géneros cinematográficos (desde el terror a la comedia), adaptándolos al gusto de la sociedad negra y otorgándoles un protagonismo que no conseguían en el resto de producciones. Afortunadamente, se supone que las cosas van cambiando (aunque más lentas de lo deseado) y somos más sensibles a injusticias basadas en raza, sexo o credo. Mismamente el año pasado veíamos la denuncia de gran parte de la sociedad americana respecto a la ausencia de candidatos negros entre los nominados (movimiento que se conoció como «blackish»); y un año después la academia daba un notable giro de timón y premiaba a numerosos profesionales afroamericanos. Y ese parece ser el ritmo con el que la sociedad avanza en estos temas: un pasito pa’lante, un pasito pa’trás. Un año tenemos a Barack Obama de presidente en los Estados Unidos y al siguiente año tenemos a Donald Trump. Aprovechando las evidentes desigualdades raciales que todavía se siguen viviendo en nuestra sociedad, llega a nuestras salas «Déjame salir«; film que recupera parte de la relevancia social que el cine ha ido perdiendo con el paso de los años (y que recientemente pudimos vivir en nuestro país con «Ocho apellidos vascos«, que se basaba en los conflictos patrios, en esta ocasión, geográficos). Con apenas 6 millones de presupuesto, «Déjame salir» ya ha superado los 160 millones de dólares de recaudación sólo en EE.UU. Unas cifras que, en el género de terror, nos remonta hasta 1999. El año de «El proyecto de la bruja de Blair«.

Dejame salir Rose

El momento de conocer a los futuros suegros ya había sido tratado anteriormente en el cine, incluso con mucho éxito como en el caso de la comedia «Los padres de ella«; pero nunca se había sobrepasado la consabida tensión del momento hasta derivarla en un film de terror como es el caso de «Déjame salir». Y es que, a pesar de todos los palos que el film toca durante su metraje, ya desde el primer minuto «Déjame salir» deja claro lo que es (y lo bien que lo hace). En pantalla vemos a un joven caminando a solas de noche por un lujoso vecindario residencial, con evidentes señas de no encontrar la dirección que busca, momento en el que un lujoso deportivo blanco hace acto de presencia. El vehículo va siguiendo lentamente el deambular del despistado joven hasta que éste se percata de su presencia y cambia el sentido de su caminar en una clara señal de querer evitar problemas con desconocidos; pero al mínimo despiste, el misterioso conductor le ataca y le introduce en el maletero de su coche. Sus identidades son irrelevantes. El único hecho conocido es que el peatón que acaba de ser secuestrado es negro.

Dejame salir get out familia

Tras este hecho aparentemente aislado del resto del film, conoceremos a Chris (Daniel Kaluuya), un fotógrafo neoyorquino y a su caucásica novia Rose (Allison Williams) quien, tras casi seis meses de relación, propone a Chris pasar un fin de semana con sus padres y oficializar su relación en la familia. A diferencia de Rose, Chris no acaba de estar cómodo con ese plan…y más cuando comprueba que Rose aún no ha comunicado a sus padres que es negro.
Tras un accidentado viaje y una nueva muestra de racismo policial, Chris y Rose llegan al hogar de sus padres. La bienvenida de los Armitage no puede ser más cálida. Tanto Dean (un reputado neurocirujano interpretado por Bradley Whitford), como Missy (una psicoterapeuta interpretada por Catherine Keener) demuestran desde el primer minuto ser unos perfectos anfitriones, interesándose por todos los detalles acerca de Chris y de su relación con su adorada hija, en un claro paralelismo con aquellos entusiastas liberales, hospitalarios y acogedores Katharine Hepburn y Spencer Tracy que comentaba en el inicio. Sin embargo, tras la estupenda impresión inicial, cada hora que Chris pasa en esa casa va detectando ciertos detalles que contradicen la dulce imagen exterior que la familia destila. Toda esa empatía con la causa negra que no paran de comentar, contrarresta con el hecho de tener a empleados del hogar afroamericanos (el jardinero Walter y la doncella Georgina, siendo interpretados respectivamente por Betty Gabriel y Marcus Henderson). Ambos trabajadores del hogar muestran además un comportamiento muy peculiar, como si estuvieran bajo un constante estado de trance. El comportamiento acogedor y políticamente correcto del matrimonio, contrasta con la actitud violenta de su primogénito Jeremy (Caleb Landry Jones), quien no se resiste a medir sus fuerzas y enfrentarse con Chris en cada ocasión que tiene.

Dejame salir get out Casa
Aunque Rose sigue insistiendo en que sus padres son personas totalmente identificadas con las minorías raciales, en cada interacción de Chris con ellos la escalada de sospechas se incrementa en el joven fotógrafo, hasta alcanzar su cenit en la fiesta que el matrimonio ha organizado por sorpresa ese fin de semana en su casa. Todos los invitados (caucásicos y expectantes, como si algún acontecimiento estuviese a punto de ocurrir) mostrarán una actitud sutilmente despectiva y arrogante hacia un cada vez más incómodo Chris. A una de las invitadas le acompaña un afroamericano de actitud extraña, solitaria e hipnótica (Lakeith Stanfield) que no dudará (en un momento de aparente consciencia) en alertar a Chris y pedirle desesperadamente que huya de esa casa.
Durante todos estos hechos, el espectador no tendrá claro si la realidad que vemos a través de Chris puede estar siendo alterada por la paranoia obsesiva que Chris empieza a sufrir, aumentada por la ansiedad que le provoca la falta de nicotina (los Armitage se oponen frontalmente al tabaco) y quien sabe si incluso por una velada sesión de hipnosis. En este punto, Chris no dudará en llamar pidiendo ayuda a su mejor amigo (LilRel Howery), aunque quizás esa ayuda llegue tarde, pues esa noche todas las sospechas de Chris (ciertas o no) se desvelarán.

Get out dejame salir fiesta
Desde hace unos pocos años venimos contemplando la llegada de unos títulos que, atreviéndose a romper los tradicionales esquemas del género, se acaban erigiendo como máximos estandartes del cine de terror. Entre otros, serían los casos de «Babadook«, «It Follows«, «La bruja» y «La invitación«, título éste último con el que «Déjame salir» comparte muchas similitudes: desde un atropello fortuito con el que se inicia el viaje y la construcción de un ambiente enrarecido mediante personajes que (sobre el papel) deberían ser los más afables, hasta la desubicación del espectador mediante la posibilidad encubierta de estar ante un narrador no confiable, si se confirma que su sentido de la realidad se puede haber visto afectado de forma forzada. Puntos que también relacionan a «Déjame salir» con otros títulos como “Las mujeres de Stepford” o “La semilla del diablo”, e incluso con la serie «Black mirror» si atendemos a la sátira social que realiza (y en la que Daniel Kaluuya ya colaboró en su primera temporada).

Film Title: Get Out
Jordan Peele desvela sin tapujos en su opera prima (que escribe y dirige) ese racismo reconvertido que convive hoy en día en nuestras sociedades, que compatibiliza admirar a las estrellas negras deportivas y musicales o votar efusivamente por Obama (‘tres veces, si hubiera podido‘, como afirmaba el padre de Rose) y, al mismo tiempo, mostrar un rechazo antes los anónimos integrantes de las minorías sociales. Utilizando un disfraz de buenas maneras que le permita vivir por debajo del radar en nuestra sociedad. Ya no es un sentimiento de superioridad que (siempre bajo su ideología) les legitima a cometer actos violentos a plena luz del día contra dichas minorías; ahora muestra afablemente una reluciente sonrisa tras la que se oculta una profunda envidia por los importantes logros que han conseguido aquellos a quienes denigran. Es ese racismo estratégico, esa marginación maquillada de admiración en casos puntuales (en las antípodas de aquellas sábanas blancas y antorchas esclavistas del pasado), el que alienta a un policía a pedir la documentación a Chris, a pesar de no conducir ningún vehículo. Una estrategia la planteada por «Déjame salir» notablemente distinta a la que películas como «Moonlight» o «12 años de esclavitud» esgrimían al atacar ese racismo de estilo más directo y violento que este racismo 2.0, que poco a poco va ganando poder y al que «Déjame salir» ataca frontalmente incluso desde el humor; provocando una risa en el espectador para, segundos después, hacernos sentir culpables por ello. Humor que resulta ser casi tan efectivo como el propio terror del film, con el que mantiene magistralmente el ritmo del film. Una estupenda combinación que resulta determinante para que el espectador se identifique plenamente con Chris, haciéndonos sentir esa misma incomodidad que él experimenta.

Dejame salir get out Chris.jpg

Hace unos años estaríamos diciendo que «Déjame salir» es un survival horror que sorprende en un género que no suele hacerlo a menudo. Afortunadamente, vivimos una época en la que año tras año recibimos con los brazos abiertos exponentes que mezclan los géneros, que juegan con los detalles más sutiles, que dominan los resortes más puros del terror al tiempo que lo expande con nuevos y fascinantes mecanismos para asombrarnos (y asustarnos) una vez sí y otra también. Muy lejos de lo que cualquier xenomorfo conseguirá este año en una sala de cine.

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