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Cinco razones para aplaudir la tercera temporada de “Fargo”

04/07/2017

 

Aunque no hay un consenso absoluto al respecto, la sensación más recurrente entre los seriéfilos es que la tercera temporada de “Fargo” ha estado por debajo de las dos primeras. Que aunque sigue siendo una buena serie, se le empieza a ver el truco, y que la fórmula, antaño novedosa,  ya no sorprende como antes y empieza a agotarse. Algunos llevan más allá su desencanto y la han calificado como “aburrida”, “lentísima” o “decepcionante”.  Al parecer, el show que hace tres años nos asombró a todos vampirizando la forma y el fondo de la obra maestra de los hermanos Coen y construyendo a partir de ahí una obra con una identidad personal e intransferible se ha quedado algo anticuado, más aún ante la enorme competencia existente en un vasto panorama televisivo que no deja de proponernos mes tras mes productos en teoría imprescindibles (que a la hora de la verdad no son tantos).

Sin llegar a al extremo de los más críticos, he de confesar que servidor se ha alineado en algún momento durante estos diez capítulos con esta corriente mayoritaria. Porque puede ser cierto que el show se está repitiendo y básicamente se limita a reciclar una y otra vez la receta prescrita en “Fargo”, la película. Puede ser cierto que los personajes se perciben como meras variaciones de otros ya presentados en  cursos anteriores, en algunos casos sin llegar a igualar el atractivo o la gracia de los originales (que, por otra parte, también eran a su vez variaciones del ecosistema clásico coeniano). Y puede ser cierto que haya habido algún bache narrativo durante el transcurso de la tanda, que la trama no haya estado tan bien medida, hilada y abrochada como en ocasiones precedentes. Todo esto puede ser cierto. Pero si algo nos ha enseñado la tercera temporada de “Fargo” es que la verdad es un concepto relativo y resbaladizo, que puede adulterarse fácilmente para reescribir la realidad. En una época en la que importan menos los hechos objetivos  que las emociones subjetivas, desde aquí proponemos otra percepción de la realidad, tan válida o tan caprichosa como cualquier otra. Y es que pese a todo lo que se ha apuntado más arriba, aún creemos que el tercer año de “Fargo” ha estado a un magnífico nivel, en muchos sentidos similar al de los dos anteriores y, por ende, sigue siendo uno de los shows imprescindibles de la actualidad. Y justificamos tal proclama esgrimiendo cinco razones:

(A partir de aquí entramos en el terreno de los SPOILERS, que conviene evitar si no se ha visto la tercera temporada)

1. Sigue manteniendo su identidad sin traicionarse a sí misma

A veces creo que se nos olvida lo difícil que es hacer una serie como “Fargo”, obligada a reinventarse a sí misma temporada tras temporada siendo fiel a unas normas establecidas sin perder un estándar de calidad. Es verdad que el formato antológico permite ciertas libertades creativas de las que no dispone una serie regular, pero no menos cierto es que al hacer borrón y cuenta nueva en cada temporada se asumen unos riesgos que no son los que acechan a la mayoría de series. Una decisión equivocada en el primer episodio y todo el invento te puede salir ya torcido. Tratar de alejarte de tu esencia, aventurarte a hacer algo diferente, puede derivar en dejar de ser reconocible, y de ahí a la desilusión solo hay un paso (volvemos a acordarnos una vez más de aquella segunda temporada de “True Detective”, frustrante sobre todo en la comparación con la primera). Por eso “Fargo” tiene tanto mérito. Puede que su tercera temporada no escape a la sensación de “deja vú”, pero ese es el precio de aferrarse a una identidad propia. Noah Hawley se dedica a volver a armar un rompecabezas con las mismas piezas para obtener una imagen distinta pero inevitablemente familiar.  Así que tenemos los parajes helados de Minnesota, los personajes pintorescos y patéticos entrelazados por el caprichoso azar, los tipos poco recomendables, los obligatorios malentendidos, el crimen fortuito, la violencia seca e inesperada, el humor negrísimo y la sangre en la nieve. Construir a partir de esos elementos por tercera vez una fábula moral en la que cada acto tiene su tragicómica consecuencia y que ésta siga siendo perfectamente coherente con el universo fílmico de los Coen (esta vez con guiños o referencias más que evidentes a “El gran Lebowski”, “Barton Fink” o  “A Serious Man”) es un éxito absoluto. Por eso no extraña que Hawley amague con no volver a Fargo (al menos durante un largo tiempo), porque las variaciones con unos ingredientes tan particulares no son infinitas.

 

2. Ofrece una visión del mundo más contemporánea (y pesimista) que las anteriores  

Al estar ambientada en 2010, lo más cerca que “Fargo” ha estado nunca del tiempo presente, la serie ha ganado en relevancia y ha ensombrecido su discurso, que ahora es casi idéntico al del Tom Bell (Tommy Lee Jones) de “No es país para viejos”, un sheriff al borde de la jubilación que ya no reconocía un mundo que había dejado de tener sentido. Ese nuevo y volátil universo moral en el que las viejas reglas ya no se aplican y la conciencia quedó desterrada, en el que un puñado de indeseables sin escrúpulos hacen y deshacen a su antojo desde las sombras y manipulan la realidad a su conveniencia aprovechándose de la ávida codicia de otros inconscientes y ante la impotencia de quienes solo pueden mirar, es un reflejo bastante fidedigno del nuestro. Tan pesimista es la visión de Hawley que incluso el viejo concepto de justicia divina presente en las temporadas anteriores, por el cual los villanos terminaban pagando por todas sus tropelías de la manera más horrible y los tipos buenos salían victoriosos, termina diluyéndose en ese ambigua y estupenda secuencia final (que tan maravillosamente rima con el interrogatorio en una tétrica oficina de la Stasi con el que se abría la temporada). Queda a criterio del espectador decidir quién entrará por esa puerta. Si el desagradable V.M. Varga encontrará (una vez más) su escapatoria o si, como tan firmemente cree Gloria Burgle, será detenido y se hará justicia. En un mundo tan incierto como el que vivimos, dejarnos con esa incertidumbre final no deja de ser la decisión más apropiada y pertinente.

 

3. Continúa siendo un festín de inventiva y una delicia visual  

Sin llegar a entregarse a la orgía sensorial de la alucinada “Legión” (¿recomendada? aquí),  la otra serie de 2017 de Noah Hawley, “Fargo” sigue siendo una de los productos que mejor lucen en una pantalla de televisión. Cuidadísimo en cada encuadre y en cada secuencia, el programa de FX es una delicia visual perfectamente musicalizada que este año ha vuelto a dejarnos varias escenas para el recuerdo, como la larga persecución en el bosque en el arranque de “Who Rules the Land of Denial?”, el encuentro final en la carretera entre Nikki Swango y Emmit Stussy o el ya mencionado prólogo de la temporada, digno del mismísimo Tarantino de “Malditos Bastardos”. Eso por no hablar de la violencia fuera de campo tan habitual en la franquicia, decisión que permite que la  brutal paliza que recibe Nikki en “The House of Special Purpose” sea más dolorosa que si hubiese sido mostrada directamente, o que el descenso en ascensor de Varga mientras Mr.Wrench masacra a todo su escuadrón en “Somebody to love” sea más terrorífico.  Además, la serie sigue mostrándose juguetona y derrochando ingenio, como en la plasmación de los créditos iniciales de la season finale a modo de notas mecanografiadas, o en el arranque de “The Narrow Scape Problem”, adjudicando los papeles del cuento de “Pedro y el lobo” a cada uno de los protagonistas con la narración en off de Billy Bob Thornton. Esta temporada la serie ha ido incluso más allá en el controvertido componente sobrenatural que se había espolvoreado en campañas anteriores (recuerden el discutido OVNI de la segunda temporada) proponiendo esa secuencia en una bolera en medio del bosque que se asemeja a una estancia de tránsito entre la vida y la muerte presidida por Paul Marrane (Ray Wise), una especie de figura celestial enviada para impartir justicia.

 

4. Sigue construyendo una galería de personajes inolvidables

De acuerdo en el que en los primeros compases de la temporada era difícil no establecer evidentes paralelismos entre los nuevos personajes y los de la primera temporada. Así, los hermanos Emmit y Ray Stussy parecían un trasunto desdoblado del Lester Nygaard de Martin Freeman; V.M. Varga sustituía a Lorne Malvo; Gloria Burgle, la jefa de policía de Eden Valley era esencialmente Molly Solverson; e incluso su improvisada compañera Winnie Lopez recordaba muy mucho al bondadoso Gus Grimley. Tardamos en darnos cuenta de que los Stussy no eran los verdaderos dueños de la función y que su labor era más bien la de servir como catalizadores del resto. Admitamos que los dos personajes interpretados por Ewan McGregor y su ancestral disputa familiar era un tanto grotesca y a veces estúpida (sin demérito para el trabajo del actor, que perfila correctamente ambos roles), pero para cuando Ray desaparece prematuramente de escena (en otro de esos atrevidos e inesperados requiebros de los guionistas) ya tenemos claro que el show lo están robando otros. La Nikki Swango de una maravillosa Mary Elizabeth Winstead es la gran sorpresa de la temporada, pues empieza como una femme fatale oportunista  y manipuladora y termina convertida en un ángel vengador con causa legítima, al estilo de la Mamba Negra de  “Kill Bill”. Y en el proceso la vemos luchar por su vida como un animal herido y mostrar una calidez auténtica en la ya mentada secuencia de la bolera. David Thewlis, por su parte, perfila a uno de los mejores villanos de la antología, una especie de espíritu maligno que mueve los hilos con la seguridad de ser indetectable y que tras esa sonrisa siniestra tan repulsiva esconde a un lobo aún más voraz que el propio Malvo, uno que no descansa hasta haberle succionado hasta la última gota de alma a sus incautas víctimas. Víctimas como el estupefacto Sy Feltz de un excelente Michael Stuhlbarg, la fiel mano derecha de Emmit, un tipo que cree fervientemente estar seguro en su confortable mundo hecho a medida hasta que el caos penetra en él y se ve “amablemente” obligado a beberse la orina de un pez más gordo.  Gloria, sin embargo, no termina de saltarse el guión de las otras mujeres policía del universo “Fargo”, y aunque esa Carrie Coon  que tanto adoramos en este blog contribuye a dotarle de tenacidad, decencia, vulnerabilidad y un sentido común muy necesario, no despunta tanto como los personajes ya mencionados. Y, por último, también tuvimos el agradecido regreso de Mr.Wrench (el único personaje que ha aparecido en las tres temporadas, aunque en la segunda solo lo hiciera brevemente en su versión infantil), convincente escudero de Nikki en su cruzada contra el Mal.

 

 

5. Expande el universo de la serie más allá de Minnesota

Ocurre en el tercer capítulo, “The Law of Non-Contradiction”, y es la prueba de que la serie puede ir más allá de los paisajes nevados, el frío que cala los huesos y el acento pueblerino. Siguiendo la costumbre de “The Leftovers” de dedicar  un capítulo a un solo personaje y dejar que se desvíe tanto como quiera de la historia principal, este episodio sigue a Gloria a una soleada Los Angeles en su investigación del asesinato del Stussy erróneo, y, aunque en términos de trama no tiene nada que ver con el resto de la serie, supone un desvío gozoso que celebra el arte de contar historias. Historias como la de Thaddeus Mobley, un joven escritor en alza que descubrirá por las malas el lado oscuro de Hollywood (con reminiscencias evidentes de “Barton Fink”), o la del conmovedor robot Mnsky, protagonista de una pieza de animación en la que se pasa todo el tiempo ofreciendo ayuda que nadie acepta en un mundo que no deja de destruirse y reconstruirse.  Precisamente por su carácter inusual, “The Law of Non-Contradiction” es uno de los episodios más frescos y valiosos de la temporada. El tipo de experimento al que Hawley  podría volver a recurrir en el futuro para expandir el universo de Fargo, si finalmente se decide a regresar a él. Desde aquí le recomendamos modestamente que se tome todo el tiempo que necesite. Al fin y al cabo, nadie debería verse forzado a prolongar una obra si no está plenamente convencido de ello, si carece de la garantía de tener entre manos algo que merezca la pena o si sencillamente prefiere dedicarse a otras cosas. “Fargo” es un producto demasiado especial como para obligarse a hacerlo de cualquier manera.

 

 

 

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4 comentarios leave one →
  1. Miguel permalink
    05/07/2017 7:54

    Gran análisis. Yo soy de los que afirma que el nivel ha bajado pero aun así, ha sido una gran temporada. Si la primera temporada es un 9, la segunda un 10, ésta tercera alcanza un 8. Un notable alto. Tecnicamente sigue siendo una maravilla, realizada con un gusto exquisito.

    • Jorge Luis García permalink*
      05/07/2017 22:07

      Bastante de acuerdo, Miguel. Si el nivel ha bajado pero seguimos en la franja del 8 es que la temporada ha sido más que digna de “Fargo”. Un saludo y gracias por tus palabras.

  2. Martin permalink
    05/07/2017 16:55

    Más allá de los detalles técnicos, puesta de escena, fotografías y personajes fue una muy floja temporada comparándola con la 1ra y 2da que nos dejaron la vara muy alta. Me sentí muy desilusionado tanto o más que la 2da temporada de True Detective. Ojalá se confirme una 4ta para revertir.

    • Jorge Luis García permalink*
      05/07/2017 22:10

      Buff, siento que te haya desilusionado más incluso que la T2 de True Detective. Para mí eso son palabras mayores en la escala de decepción. Lógicamente no puedo estar de acuerdo en absoluto, pero muchas gracias por dejarnos tus impresiones, Martin. Un saludo.

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