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“Doctor Strange”: la cara más lisérgica de Marvel

03/11/2016

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A vueltas con la cacareada sobreexplotación cinematográfica de los superhéroes y el presunto cansancio de un público bombardeado hasta la saturación por la licra y las capas, un servidor cae en la cuenta de que las cinco películas del género estrenadas este año antes de “Doctor Strange” copan el top 10 de las más taquilleras de 2016 en todo el mundo, erigiéndose una de ellas, “Capitán América: Civil War”, como la número uno.  Es de suponer que, aunque en algún caso no se hayan cumplido las expectativas más optimistas, todas ellas habrán dado pingües beneficios a los estudios. ¿Se puede especular con el declive de un género cuando hasta los filmes protagonizados por personajes secundarios, hasta ahora desconocidos para el público ajeno a los cómics, como Deadpool o Harley Quinn amasan más de 700 millones de dólares? Los números mandan y lo cierto es que la burbuja superheroica todavía parece estar lejos de estallar. Para 2017 hay previstas otras seis películas de supertipos (Guardianes de la Galaxia, Spiderman, Thor, Wonder Woman, Liga de la Justicia y Lobezno)  y todo indica que, independientemente de su calidad, seguirán encabezando el box office.

Ahora bien, una cosa son las cifras y otra la reputación. Que se lo digan a Warner, que este año ha tenido que soportar que “Batman v Superman” y “Escuadrón suicida” fuesen masacradas sin piedad por la crítica, mientras que las de Marvel han sido saludadas con vítores y aplausos entusiastas. Y aunque sí parece detectarse cierta inquina hater hacia las de una parte y mayor condescendencia hacia las de la otra, la explicación más sencilla suele ser la correcta: simplemente las de Warner son peores. Cuando escribimos en su momento sobre “BvS” y “Capitán América: Civil War” ya nos referíamos a cómo Warner se veía obligada a ir a la contra, a correr demasiado para alcanzar a Marvel y eso terminaba dejándola a medio camino de todo. Pero si dejamos a un lado esos dos filmes y nos centramos en los outsiders de ambos estudios para esta temporada, aquellos que juegan con bazas menos populares pero que por eso mismo pueden permitirse más libertades creativas, constatamos que  el “Escuadrón Suicida” de David Ayer decepcionaba porque nos prometía irreverencia, atrevimiento y mala leche, pero nos entregaba  una trillada sucesión de chascarrillos para multisalas con los que parchear un guión mediocre y desganado, y de propina un Joker entre cani y gangsta, perdido y desubicado, luchando desesperadamente por salir en una foto que no le correspondía. Al final aquello no era ni DC ni Marvel, sino un pastiche inofensivo que al menos tenía la virtud de transcurrir con ligereza y no hacerse pesado. “Doctor Strange”, en cambio, corrobora que Marvel entiende a los personajes de su catálogo y sabe cómo incorporarlos a su fórmula, a su homogénea imagen de marca, una que tiene clara su apuesta por la diversión para todos los públicos sin rastro de ínfulas arty, pero que en este caso además se las arreglar para tantear rincones inexplorados anteriormente en su macro-universo compartido por la vía de la extravagancia visual, la estética alucinógena, unas gotas de misticismo new age y una pizca de magia importada de Hogwarts. No es “Doctor Strange” una película libre de flaquezas (algunas de los cuales ya son endémicas en la factoría), pero, como ocurre con todas las películas “buenas” de Marvel Studios, logra que sus virtudes prevalezcan sobre sus defectos en el cómputo global y dejen un buen sabor de boca, justo lo contrario que ocurre con Warner/DC (y con eso dejamos ya en paz a la “distinguida competencia”).

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Las dimensiones astrales y los mundos esotéricos por los que se mueve en los cómics el Hechicero Supremo, personaje de culto de la Casa de las Ideas creado por Stan Lee y Steve Ditko en 1963, servían en bandeja una oportunidad para inyectar sangre fresca al Universo Cinemático de Marvel, y el director Scott Derrickson la ha sabido aprovechar. Si por algo destaca “Doctor Extraño” es precisamente por ofrecer una experiencia visual impactante y sorprendente. Es cierto que el concepto escheriano de edificios moviéndose y superponiéndose en planos geométricos ya se vio en “Origen” de Christopher Nolan, pero Derrickson lo lleva más allá, le saca más partido y lo integra mejor en la acción. La visualización de dimensiones distintas, viajes lisérgicos y juegos caleidoscópicos supone un derroche de imaginación que en gran medida logra disimular el esquematismo de un guión demasiado sujeto a la clásica plantilla de las historias de orígenes.

Siendo esta una película que habla del relativismo del espacio y el tiempo, habría sido aplaudible una estructura más osada y libérrima, menos genérica, que hubiese experimentado con la narrativa y la hubiese elevado a un nivel superior. Revisen la primera hora de “Batman Begins”, cinta con la que ésta comparte algunos elementos comunes, y  comparen. Pero tirar por ahí quizás habría exigido una mirada más de auteur que de momento no tiene cabida en una Marvel poco proclive a asumir riesgos excesivos, ni a pecar de profundidad o  trascendencia. No hay sorpresa ni sobresaltos en la fórmula por ese flanco, pero, a cambio, la caída en desgracia del insigne neurocirujano y su posterior descubrimiento del poder de las artes místicas está contada con agilidad, un ritmo endemoniado y un tono marca de la casa que nunca se permite tomarse demasiado en serio a sí misma. Y por entre las rendijas del sense of wonder, sin dejarse nunca engullir por la gravedad o la empanada pseudofilosófica, se apuntan leves reflexiones sobre el significado de la existencia o la inevitabilidad de la muerte que dan cierto empaque al producto final.

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Aunque más allá de su abracadabrante festín de FX, la otra baza ganadora de “Doctor Strange” es Benedict Cumberbatch, que hace suyo al personaje de la misma forma que se apropió del Sherlock Holmes televisivo de la BBC británica. Es de agradecer que el descomunal actor no se haya conformado con dejarse ir en piloto automático y sí haya vertido todo su carisma en recrear al arrogante, cínico y socarrón Stephen Strange. Convincente tanto en los momentos más dramáticos del inicio del filme, como de aprendiz primero escéptico y después aventajado, es Cumberbatch con su buen hacer quien hace creíble la rápida evolución que experimenta el personaje. Puede que a algún fan de las viñetas le sobren coñas humorísticas y le falte solemnidad, pero lo cierto es que este Doctor Strange cinematográfico puede competir de tú a tú con el Tony Stark de Robert Downey Jr.  por el título de “puto amo” del Universo Marvel.

El resto del reparto no desmerece, especialmente Tilda Swinton interpretando con su androginia característica a The Ancient One (o la Anciana, como se ha traducido), pero tienen que lidiar con un desarrollo de personajes muy precario. Rachel McAdams, la compañera de trabajo de Strange y algo más, hace lo que puede para dignificar el típico rol de chica florero del héroe, mientras que el también desaprovechado Mads Mikkelsen dispone de tan solo una secuencia de diálogo con sentido para sacarle lustre a Kaecilius porque el resto del tiempo se limita a perseguir y pelear. Contratar a un actorazo como este simplemente para pasar a engrosar la larga lista de villanos random de Marvel es un intolerable desperdicio de talento. ¿Será Thanos el maloso que por fin acabe con el eterno talón de Aquiles de la compañía, o seguiremos tirando de Loki? Por su parte, Chiwetel Ejiofor cumple pero tampoco mata como el Barón Mordo. En general, todos ellos hubieran necesitado más metraje para apuntalar sus motivaciones, afinar matices y desarrollar mejor las dinámicas, y es que la cinta transcurre a una velocidad tan espídica que algún instante de pausa más en la línea de la escena que comparten Strange y la Anciana en el hospital no le habría venido mal. Lo que sí que es digno de elogio es que el clímax no derive en la típica orgía final de destrucción masiva y encuentre un desvío hacia una solución mucho más sobria, elegante e ingeniosa.

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En definitiva, “Doctor Strange” es una cinta entretenidísima y arrolladora en el aspecto visual, que es lo que en realidad tienen que ser este tipo de filmes, pero le falta algo más para despegarse de la rigidez del molde en el que está fabricada y convertirse en una pieza única y memorable. Con todo, es la constatación de que la filial de Disney, de un tiempo a esta parte, ha subido el nivel medio de sus producciones. No llega a sorprender como en su momento lo hizo “Guardianes de la Galaxia” pero se instala sin problemas en la zona media-alta de la factoría. Y la taquilla, a falta todavía del estreno en EE.UU en el momento de escribir estas líneas, sigue respondiendo maravillosamente y sin emitir síntomas de hastío. Así que ya saben, el próximo año ración triple de Marvel.

 

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