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Neil Young & Crazy Horse, un caballo ganador

16/04/2012

Llamadme sensiblón pero a mi estas cosas me enternecen. Que una panda de viejos amigos vuelvan a reunirse después de un largo periodo y que recuperen el aroma de los viejos tiempos siempre es bonito. Y si esos amigos se llaman Neil Young, Frank «Poncho» Sampedro, Billy Talbot y Ralph Molina, pues mucho más porque no sólo ganan ellos, sino todos los amantes de la música. Por eso me llevé una buena alegría cuando me enteré de que estos cuatro tipos habían vuelto a reunirse en un estudio para grabar y aún más cuando poco después se confirmó que en junio tendremos un nuevo disco firmado por Neil Young & Crazy Horse. Un explícito «Americana» será el título de un trabajo formado por 11 versiones de clásicos de un folk estadounidense (no esperéis descubrir gemas escondidas, se trata de temas archiconocidos como «Clementine» o «This Land Is Your Land») que parece cotizar al alza en los actuales tiempos de crisis. ¿Verdad, Bruce?

La reunión llega justo en el momento adecuado, después del lapso de tiempo más prolongado en el que han permanecido separados el genio canadiense y una de las mejores bandas de acompañamiento de la Historia, nueve años si contamos el «Greendale» de 2003, en el que no estuvo Sampedro, o ¡15! para tener el cuarteto completo en aquel disco/documental con Jim Jarmusch llamado «Year of the Horse». Durante este tiempo, Young ha hecho gala de su sempiterna y elogiable inquietud y nos ha regalado obras tan diversas como atractivas («Prairie Wind», «Living with War», «Le Noise») con diferentes acompañamientos, pero se venía echando en falta un regreso, antes de que la edad pueda hacer sus estragos, a la densidad y a la furia que sólo Crazy Horse pueden dar al músico favorito de Jonathan Demme. Leer más…

El cine del siglo XXI (II): «¡Olvídate de mí!»

13/04/2012

Continuamos la serie sobre el cine más memorable de los primeros años del siglo con uno de las películas más especiales, originales y audaces de la pasada década, «¡Olvídate de mí!» (2004), asesinable adaptación española del bellísimo título original, “Eternal sunshine of the spotless mind” -extraído de un poema de Alexander Pope que se cita en el filme-, punto de encuentro definitivo entre la postmoderna generación de directores estrella del videoclip (Michel Gondry, Spike Jonze, Jonathan Glazer, David Fincher) y la camada “indie” que proliferó en el inicio del nuevo milenio (Sofia Coppola, Alexander Payne, Diablo Cody y, por encima de todos, Charlie Kaufman).

Kaufman ya había dado muestras de una creatividad y una imaginación más allá de lo común como guionista de las marcianas  «Cómo ser John Malkovich» ” y «Adaptation. El ladrón de orquídeas», cintas extravagantes y rupturistas que exploraban juguetonamente las posibilidades de la meta-ficción,  pero fue en “¡Olvídate de mí!” donde destapó todo su talento. Su prodigioso libreto (galardonado con, esta vez sí, un merecido Oscar al guión original) es un rompecabezas que se lanza sin red en el laberinto del tiempo y la memoria y que invita a infinitos visionados, cada uno distinto al anterior. Por su parte, Michel Gondry llegaba a su segundo largo con una sensación de reválida, tras la decepción que supuso su opera prima “Human nature”. Del tipo que había derrochado imaginación e inventiva en la creación de videoclips para Björk, The White StripesRolling StonesKylie Minogue o Foo Fighters, se esperaba bastante más de lo que mostraba en aquel debut  disparatado y visualmente poco potente. En “¡Olvídate de mí!” aparece por fin el Gondry que todos esperaban. Leer más…

“Justified”, un brillante western ‘noir’ del siglo XXI

12/04/2012

Tres hombres en el interior de una caravana. Por su aspecto y, sobre todo, por la conversación que mantienen, deducimos enseguida que son delincuentes, y de la peor especie. Uno de ellos, probablemente el jefe, es fornido, tan rubio que parece albino y con los ojos azulísimos, más propios de un husky siberiano que de un ser humano. Otro también es rubio, pero menos, está despeinado, lleva bigote y luce una permanente y desagradable mueca que le da cierto parecido con el Joker. El tercero es el típico gorila inexpresivo, grande, moreno y con el pelo rapado. Suenan unos golpes en la puerta. Este último, el matón, se acerca a abrir y allí mismo es eliminado de la escena. Un cuarto hombre entra en la caravana. Lleva sombrero y amenaza a los otros dos criminales con su pistola. Obliga al husky a levantar las manos y a darse la vuelta, y avanza directo hacia el Joker. Tras un breve y acalorado intercambio verbal, el cowboy tumba a su rival de dos potentes puñetazos y le inmoviliza poniendo la bota sobre su cuello. Apunta con su pistola. Esperamos escuchar un disparo, pero el cowboy, con un rápido movimiento y un ‘clic’, hace saltar la bala de la recámara, y la lanza sobre el pecho del hombre que le mira, perplejo y asustado, desde el suelo. “La próxima llegará más rápido”, dice. Yo veo todo esto tumbado confortablemente en mi sofá, pero ganas me dan de levantarme y aplaudir. Mientras, muchos de vosotros pensaréis: “esa peli de Clint Eastwood no la he visto”. Y es verdad, no lo habéis hecho, porque esta escena pertenece a “Justified”, serie del canal FX que actualmente lo peta, y mucho, en Estados Unidos. Y nuestro héroe es, en realidad, el US Marshal Raylan Givens. Uno de los personajes de la década. Un icono.

Quién me iba a decir a mí, hace sólo un par de años, que iba a darme tantas alegrías la cadena por cable de la Fox, empeñada en demostrarnos, junto a AMC y Showtime, que no sólo de la HBO viven los espectadores más exigentes. Sí, últimamente han pasado por mi televisor la terrorífica (a veces) y divertida (siempre) “American Horror Story”, de la que ya hemos hablado por aquí, y “Lights Out”, una genial serie de boxeo que, lamentablemente, sólo duró un asalto, pero lo digo especialmente por “Sons of Anarchy”, ya conocéis mi fervor por ella, y la serie que hoy nos ocupa. De hecho, el dolor de ver a mi banda de moteros favorita partir, para no volver en nueve largos meses, encuentra siempre el bálsamo perfecto sólo siete días después, con el regreso de Givens a las calles de su odiada y amada Harlan. Leer más…

El apabullante cartel del Primavera Sound

11/04/2012

Hay pocas cosas más ciertas que la máxima que reza que a lo bueno se acostumbra uno pronto. Puede que estemos esperando algo durante años, llegue en un momento determinado y, en vez de disfrutar de lo conseguido, comencemos inmediatamente a intentar mejorarlo, a pedirle cada vez más. El eterno carácter insaciable del ser humano. Durante años los fanáticos de la música de este país que ya tenemos una edad mirábamos con envidia los carteles de los festivales ingleses (Reading, Glastonbury y, los mas heavies, Donington) y ya suponía un alivio, recordad que era la era pre-Internet, el poder leer una crónica en alguna de nuestras revistas favoritas. Por lo que ahora, cuando España se ha convertido en una referencia y en un lugar de peregrinación para los festivaleros europeos, sorprenden las mil y una pegas que anónimos internautas ponen a los carteles que presentan anualmente unos eventos que hace poco más de quince años eran una verdadera utopía. Me imagino a uno de esos criticones por vocación en 1969, despotricando sobre Woodstock, arguyendo que no estaban nuevos valores como Led Zeppelin o Grand Funk Railroad y sí «antiguallas» como Jimi Hendrix o The Who. Es por todo ello que es de justicia valorar en su verdadera medida el trabajo que hace un festival como el Primavera Sound para confeccionar un listado de grupos tan apabullante como el de la edición de este 2012.

Con el paso de los años, el Primavera ,un festival ya bastante abierto de miras de por sí, ha ido sumando estilos hasta llegar al momento actual, en el que se ha convertido en un referente ineludible para cualquier amante de la música independiente. Pero la magia de este evento se basa en no centrar toda su atención en conseguir unos impactantes cabezas de cartel para animar el movimiento de entradas. Va por otro lado y, aunque no renuncie a tener unos cuantos nombres de relumbrón y tiron mediático, lo importante del festival barcelonés es su abundante clase media, la cantidad de alicientes que hay dispersos por el cartel y en letra pequeña para cualquier melómano que le guste investigar y vaya más allá de unos cuantos referentes. Leer más…

Las noches poligoneras de Madonna

10/04/2012

Escuchando el flamante “MDNA” me pregunto si Madonna , la ambición rubia, la chica material, la reina del pop, en definitiva, el mito cultural, no se estará tomando demasiado en serio la defensa de esa corona virtual  que siempre le ha pertenecido pero que cada vez parece más amenazada por la sangre fresca y joven de Lady Gaga, Rihanna, Beyoncé, Britney Spears y demás divas del momento. Lo pienso porque hay algo perversamente grotesco en que una señora de 53 años siga empeñada en competir con aspirantes al trono que podrían ser sus hijas, luchando por sonar en los ipods de las chonis de todo el mundo con las armas chuscas y petardonas de moda, cuando ella, que lo ha sido todo en la jungla de la música de masas, debería estar por encima de estas trifulcas mediáticas y transitar a su bola por sendas más estimulantes y elegantes, que no hace tanto tiempo no le resultaban ajenas.

Si algo ha definido siempre a la Ciccone es su capacidad para renovarse y adaptarse a los tiempos con inusitada rapidez e inteligencia. Su instinto y ojo clínico para detectar las modas más cool del momento le han permitido moldear una carrera larga, en la que ha combinado éxitos demoledores con algunos fracasos inesperados, pero siempre, siempre, volviendo a la palestra.  Eso, en el volátil y caprichoso mundo del pop, tan dado a encumbrar ídolos y acto seguido bajarlos del pedestal a patadas, es todo un triunfo. Ningún otro icono del pop de los 80, ni mucho menos sus competidoras femeninas de aquella época, pueden presumir de haber sido relevantes comercialmente en cuatro décadas distintas. Leer más…

Robert de Niro, de héroe a ¿villano?

09/04/2012

Robert de Niro. Ya sólo escribirlo infunde respeto. Uno de esos nombres que surgen casi de inmediato cuando oyes la palabra «actor».  Uno de esos nombres que cuando lo mencionas suele ir acompañado de superlativos elogios. Todo un símbolo de una época gloriosa del cine estadounidense. Todo un sinónimo de entrega mayúscula al oficio.  La inmersión al personaje al extremo (mutaciones físicas incluidas). Todo esto está presente en el imaginario popular. Pero teniendo en cuenta su trayectoria reciente, ¿deberíamos comenzar a replanteárnoslo?

El actor neoyorquino tuvo en Brian de Palma su gran mentor en sus comienzos. El cineasta más fanático de Hitchcock de la historia vio en el talentoso italoamericano un filón y, además de darle la oportunidad en tres de sus películas, le fue recomendando a sus amigos directores. No cabe duda de que tomaron nota. Ya bien posicionado como futuro as de la interpretación, Martin Scorsese le seleccionó en 1973 para encabezar el reparto de «Malas calles» y, a partir de ese momento, De Niro inició una carrera meteórica que pasaría con letras de oro a la Historia del Cine. Ahí es nada: obras maestras indiscutibles como «El Padrino 2», «Taxi Driver», «Novecento» y «El cazador», más el testamento cinematográfico del mítico Elia Kazan, «El último magnate» y su arriesgado debut en el musical con «New York, New York», todo ello coronado con la grandísima guinda del pastel que supone «Toro salvaje»; ésta es  su carrera hasta 1980. En dos palabras: ¡IN-SUPERABLE! Todos ellos personajes difíciles, con un gran arco evolutivo, en su mayoría oscuros, siempre duros y arriesgados, siempre excelentemente solventados por un intérprete con un talento y una convicción descomunal, siempre en proyectos de categoría y bajo las órdenes de directores de primerísima fila. Leer más…

«Luces rojas», una oportunidad perdida

06/04/2012

El barcelonés Rodrigo Cortés logró muchas cosas de una sola vez con su anterior película, «Buried (Enterrado)». Salió triunfante de un difícil reto: el dar entidad a un argumento anclado en tan pocos elementos como una persona enterrada viva, sin salir de un escenario tan claustrofóbico como un ataud en medio del desierto. Al mismo tiempo que, valiéndose de las grandes posibilidades que ahora mismo da el uso del teléfono móvil, supo armar una historia que mantenía en todo momento la tensión; también consiguió dar entidad dramática e, incluso, pequeñas gotas críticas, dentro de unas espartanas reglas del juego. Además, consiguió tanto consolidarse como uno de los más interesantes directores españoles de la actualidad como un valor a tener en cuenta en EE.UU, país en el que no pasaron desapercibidas conquistas como la de sacar una gran interpretación a Ryan Reynolds, un actor con tanto potencial comercial como poco dado a las florituras, y la de lograr un filme perfectamente vendible y rentable a partir de un presupuesto modesto (no nos engañemos, esta cualidad es oro puro en las actuales circunstancias). Por todo esto, nos ha sabido a tan poco su flamante y esperada nueva película, «Luces rojas».

Llama poderosamente la atención que, una vez liberado de las restricciones que se autoimponía en «Buried» y oontando con un presupuesto más holgado, Cortés no sepa exprimir estas posibilidades, parece que, tras salir de las profundidades, la luz exterior le ha cegado. Porque de poco vale contar con un reparto de lo más atractivo (con dos leyendas como Robert de Niro y Sigourney Weaver, una «casi estrella» actual como Cillian Murphy, secundarios de lujo como Toby Jones y Joely Richardson y la presencia de la emergente y muy prometedora Elizabeth Olsen), conseguir una notable factura (aunque esperábamos algo más, visualmente, de Cortés) y un sugerente punto de partida (un dúo de científicos cuya misión es dar una explicación racional a supuestos fenómenos paranormales y que acaban enfrentándose a psíquicos mediáticos, en lo que pretende ser un duelo definitivo entre la ciencia y la espiritualidad), cuando se falla en lo fundamental, en los cimientos de toda buena producción. Leer más…

«Take shelter», visiones del apocalipsis

05/04/2012

Michael Shannon es un actor inquietante. Su particular físico parece encasillarle en un determinado tipo de personaje disfuncional o directamente zumbado. Así era el John Givings de “Revolutionary road”, el loco demasiado cuerdo que ponía un espejo de realidad ante aquella pareja perfecta con pies de barro formada por Leonardo Di Caprio y Kate Winslet, y así es el perturbador Nelson Van Alden de “Boardwalk Empire”, el fanático y ultraconservador agente del Departamento del Tesoro que husmea entre los trapicheos de Steve Buscemi.  Suponemos que el General Zod que interpretará en la esperada “Man of Steel” no se desviará mucho de esa línea, pero antes podemos verle en la que quizás sea su actuación más completa en “Take shelter», una de las joyas “indies” de la cosecha de 2011, ganadora del gran premio de la semana de la crítica en el Festival de Cannes, que llega con retraso a nuestras carteleras.

Aquí Shannon se pone en la piel de un honrado obrero de la construcción  que vive junto a su mujer y su hija sordomuda en un pequeño pueblo de Ohio y que empieza a tener unos desasosegantes sueños apocalípticos relacionados con una gran tormenta que poco a poco le harán aislarse de su entorno y poner en duda su propia cordura. Sobre ese argumento el director Jeff Nichols, que anteriormente había firmado “Shotgun stories” también junto a Shannon, edifica un singular drama familiar con elementos fantásticos, de thriller psicológico y de terror que nunca termina de ser lo que parece y que en su vaporosa indefinición genérica juega su mejor carta. La cinta, calculadamente ambigua, transita siempre sobre una fina línea que no permite al espectador hacer pie en territorio conocido y le obliga a dejarse arrastrar por unas corrientes enrarecidas y turbias. Leer más…