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Leonard Cohen, ese perezoso bastardo que vive en un traje

15/02/2012

Mi primer recuerdo de Leonard Cohen es el vídeo de “First we take Manhattan”. Yo tenía doce años y aquellas intrigantes imágenes en blanco y negro en las que aparecía un señor mayor (porque Cohen siempre ha sido un señor mayor) que acompañaban a una canción de atmósfera amenazante y perturbadora parecían abrir la puerta a un universo oscuro que no estaba seguro de querer descubrir. De hecho, tardé muchos años en entrar en “I’m your man”, y durante ese tiempo el bardo canadiense fue convirtiéndose para mí en una especie de leyenda arcana, indescifrable y lejana (¡incluso se retiró a un monasterio budista!), a la que miraba de reojo con respeto pero con cuya obra sencillamente no me atrevía, como si inconscientemente supiera que no estaba preparado para entrar en un mundo sórdidamente adulto. Hay música a la que no conviene acercarse sin un cierto bagaje emocional, y artistas a los que uno llega cuando tiene que llegar, pero cuando llega es para quedarse, y Leonard Cohen es uno de los mejores ejemplos que se me ocurren.

El nuevo disco del viejo poeta judío llega cuatro años después de que se embarcara en una interminable gira mundial acuciado por los delicados problemas económicos en los que le había dejado su antigua mánager y amiga, Kelly Lynch. Visto lo visto, casi habría que agradecerle a Lynch su canallada, porque, quince años después de su tour anterior, Cohen volvió a congraciarse con su público en emotivos conciertos de ¡tres horas!, fortaleció su prestigio artístico (en 2011 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras) y reavivó su inspiración, como demuestra el flamante “Old ideas”, un trabajo que supera con claridad a “Ten new songs” (2001) y “Dear Heather” (2004) y que exhibe la mejor colección de canciones del artista desde el ya lejano “The future” (1992).

No hay realmente nada nuevo en “Old ideas”, que, como su nombre indica, trabaja con las fórmulas de siempre (esos coros femeninos sanadores)  y con los mismos intereses (Dios, amor, sexo, muerte) pero servidos aquí con una mayor concreción (el disco dura poco más de 40 minutos) y sin apenas paja. La música es también más orgánica, no desnuda, porque estos diez temas vienen vestidos por una buena colección de instrumentos (órganos, pianos, guitarras acústicas, violines, armónicas, trompetas), pero sí depurada y despojada de elementos superfluos (quedan definitivamente desterrados los célebres sintetizadores), acentuando su carácter marcadamente espiritual y dejando la voz en primer plano. Porque la voz sigue siendo la baza ganadora de Cohen. Los años, la nicotina y el alcohol se la han debilitado mucho, pero, aún en un frágil susurro que incluso a veces se quiebra, su mítico recitado cavernoso sigue siendo emocionante, hipnótico y reconfortante, emparentándole, más que nunca, con el crepuscular Johnny Cash de los “American Recordings”.

La secuencia formada por los cuatro primeros temas del álbum es de lo mejor que escucharemos en 2012. “Me encanta hablar con Leonard (…) ese perezoso bastardo que vive en un traje”. Así, desde el punto de vista de Dios y con unas gotas de humor negro, empieza “Going home”, un nuevo clásico que añadir a los “Hallelujah”, “Bird on the wire” o “Everybody knows” , al que siguen la larga letanía de “Amen”,  sabiamente puntuada por una trompeta lejana y un violín doliente;  la emotiva oración de “Show me the place” y el rythm & blues espartano de “Darkness”.  En “Crazy to love you” recupera su versión folk más desnuda de los años 60; “Come healing” es un nuevo himno espiritual con las omnipresentes voces de Shara Robinson, Dana Glover  y Jennifer Warnes chupando cámara; y “Different sides” cierra el CD con un guiño socarrón al Cohen de “I’m your man”.

Si “Old ideas” fuese el último disco del casi octogenario artista, supondría un brillante broche de oro a su longeva trayectoria. Pero Cohen, como Eastwood o Allen, parece haber caído en la cuenta de que el final acecha a la vuelta de la esquina y ya anuncia nuevo material que podría publicarse este mismo año. Nada que objetar mientras siga impartiendo sus sabias lecciones sobre las luces y las sombras de la naturaleza humana.

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9 comentarios leave one →
  1. Arzu permalink
    02/03/2012 16:15

    No entiendo cómo nadie a dejado ningún comentario acerca de éste articulo aunque sólo hubiese sido para decir lo siguiente: Muy bueno.

  2. lana permalink
    07/05/2012 1:44

    Queremos tanto a Leonard Cohen, agradezco el artículo.

  3. Jorge Luis García permalink*
    08/05/2012 1:18

    Un placer teneros por aquí, lana y Arzu (tu comentario me lo perdí en su momento). Gracias por vuestros elogios.

  4. Anónimo permalink
    31/10/2012 1:28

    EL MAESTRO COHEN, NUEVAMENTE SACUDIENDO NUESTRAS ALMAS. NO IMPORTA EL PAIS O LA CIUDAD, EN CADA RECOVECO DE ESTE PLANETA HAY UN CORAZON QUE SE AGITARA AL ESCUCHAR AL GENIO LEONAR COHEN. DESDE MEXICO, SALUDOS

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