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‘El clan’: Argentina en un sótano

23/11/2015

El clan

Parece decidido el cine latinoamericano a estrujarnos el corazón aún más después de lo maltrecho que nos lo han dejado hechos tan despreciables como los recientes atentados en París y el éxodo de refugiados de guerras tan crueles como las de Siria. Apenas hace unas semanas, ‘El club’, del chileno Pablo Larraín y analizada en estas páginas, ya nos dejó sin respiración al contar la cotidianeidad de la vida en común de unos sacerdotes retirados por abusos sexuales a menores. Un relato muy similar nos presenta ahora el argentino Pablo Trapero con la muy premiada ‘El clan’, León de Plata al Mejor Director en Venecia y nominada del país de Maradona a los Oscar y a los Goya. En este caso, el filme relata el celebérrimo en aquellas tierras ‘caso Puccio’, la escalofriante forma de engordar su riqueza de un destacado y acomodado funcionario de la Inteligencia de la dictadura militar: secuestrar y mantener retenidos en su propia casa a miembros de adineradas familias, con las que negocia abultados rescates, mientras su familia, cómplice, ayuda a o, al menos, permite ese deleznable comportamiento.

Sin embargo, pese a sus evidentes similitudes, ‘El club’ y ‘El clan’ son casi antagónicas en su forma. Mientras que el filme de Larraín deja el terror casi en sordina hasta el estallido final, haciendo que nos penetre sutilmente mediante su pausado ritmo y su lóbrega ambientación a través del subconsciente, de esa manera muda con la que el frío nos cala hasta los huesos en el  más crudo invierno; ‘El clan’ lo hace de manera mucho más directa y dinámica, mostrando los hechos en primer plano aunque sin dejar de ofrecernos el contraplano doméstico.

Los hermanos Almodóvar han vuelto a dar en la diana, logrando la proeza de producir por segundo año consecutivo la película argentina más taquillera de la historia al superar el tremendo fenómeno de su ‘Relatos salvajes’ del curso pasado, al apostar por Trapero. El realizador siempre ha mostrado un gran poderío visual, desde sus fulgurantes inicios con ‘Mundo grúa’ y ‘El bonoarense’ hasta su relativo estancamiento con filmes como el muy correcto ‘Carancho’, pero por fin ha vuelto a encontrar la trama que esté a la altura de su talento -ya fue un aviso su muy reivindicable anterior obra ‘Elefante blanco‘- . En ‘El clan’. Trapero filma con brío y nervio, muy pegado a los actores y un gran uso de la cámara en mano, aportando vigor y luciéndose en determinados momentos como ese memorable ‘highlight’ que es el plano secuencia final. Leer más…

«Sicario»: la delgada línea blanca

20/11/2015

sicario-2015-movie-poster

Apenas han pasado dos años desde el estreno de «Prisioneros«, película con la que el director canadiense Denis Villeneuve nos asombró retratando las distintas formas en las que dos familias hacían frente al secuestro de una de sus hijas. Aquella ocasión supuso una magistral lección de tensión incrementada hasta el límite. «Prisioneros» supuso el estreno americano del que está llamado a ser una de las más interesantes puntas de lanza del Hollywood de los próximos años (a pesar del sacrilegio, no se me ocurre un mejor director para hacerse cargo de la secuela de «Blade Runner«), que recuerda en muchos puntos a los orígenes de otro de los grandes, de nombre David y de apellido Fincher.

Ahora, en su quinto film (segundo rodado en los Estados Unidos), Denis utiliza la definición de la palabra que da título a la película para introducirnos en uno de los mayores conflictos bélicos de nuestro tiempo, como es la lucha contra el tráfico de drogas. «Sicario» supone un brutal thriller (por momentos, puro terror) en torno a la investigación que los agentes de la CIA y DEA desarrollan contra el cartel de Juarez, liderado por Manuel Díaz (Bernardo Saracino). Lucha que, en cuanto se abandona territorio estadounidense y se interna en México, adquiere una dimensión muy distinta; convirtiéndose en una constante escalada de violencia y crueldad, en una guerra sin cuartel, sin prisioneros, que traspasa cualquier límite legal y moral que pudiera seguir respetándose al norte de El Paso. Una guerra con muertos en ambos bandos, con multitud de vidas inocentes arrasadas por el mero hecho de haber nacido en medio de ese interminable círculo de violencia, personas que acaban convertidos en simples corderos viviendo en un mundo de lobos. «Sicario» utiliza el mundo de la droga para mostrar los efectos de una lacra aún más difícil de erradicar: la falta de humanidad.

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Navegando por los afluentes de «The River» de Bruce Springsteen

17/11/2015

Bruce Springsteen_The River

No será el disco más emblemático de la carrera de Bruce Springsteen, ni el más popular o vendedor, ni tampoco el favorito indiscutible de los más viejos fans, pero si un joven aficionado a la música que solo conociera superficialmente al de New Jersey por lo que ha escuchado en la radio o en algún recopilatorio me preguntara por dónde debería tirar para profundizar en su trayectoria, yo le sugeriría que se zambullera en las aguas inagotables de “The River”. Si quiere saber si estás destinado a amar la música de este hombre, en ese disco vas a tener la respuesta más directa. A pesar de tratarse de un álbum doble de generosa duración, no necesita tiempo de reposo, ni maduración, ni de sucesivas escuchas para descubrir sus secretos ocultos. El embrujo de “The River” o es inmediato o simplemente no lo será. 35 años después de su publicación, alberga todas las facetas de Springsteen: el rockero irreductible, el trovador instrospectivo, el alma de la fiesta, el vaquero crepuscular, la estrella del pop, el campeón del pueblo y el baladista capaz de acariciar y lastimar. Además, si hubiera que definir con un solo disco el sonido más puro de la E Street Band, el que más se acerca a la versión ideal de lo que hacía sobre las tablas esta auténtica máquina del rock’n’roll cuando estaba en la cumbre de su poder, personalmente me decantaría por “The River”, por encima incluso de “Born to Run”, que era más un triunfo de la obsesión de un puñado de tipos encerrados durante meses en el estudio de grabación que de la espontaneidad de una banda tocando prácticamente en directo.

Publicado solo dos años después de “Darkness on the Edge of Town”, “The River” confirmó y agigantó el estatus de Springsteen como adalid del rock norteamericano de finales de los 70 y principios de los 80, le catapultó por primera vez a lo más alto de las listas de éxito de EE.UU y le dejó a las puertas del fenómeno de masas global en el que se convertiría, ya sí, con “Born in the USA”. Con motivo de la publicación de “The Ties that Bind: The River Collection”, reedición en formato deluxe (disco original remasterizado, extensa colección de outtakes y descartes, documental, concierto representativo de la época, libro de fotografías y memorabilia varia) de una de esas pocas obras que realmente merecen este tipo de fastuoso despliegue, en El Cadillac Negro queremos aprovechar la ocasión para aproximarnos a “The River”, pero, dado que ya se ha dicho y escrito tanto sobre él, hemos optado por tomar una ruta alternativa, navegar por algunos de los afluentes que confluyeron en su enorme caudal. Si alguna vez se definió este disco como “el diccionario, la enciclopedia, y la Biblia” de Springsteen sobre la música, nosotros hemos querido rastrear las influencias, las fuentes de las que bebió el Boss para darle forma. Aquí caben desde canciones concretas hasta el espíritu más general de un determinado artista o estilo; desde pequeños fraseos musicales que sirvieron de inspiración para crear otras melodías, a temáticas y letras que Springsteen tomó prestadas para moldear las suyas propias. No están todas las que son pero (creemos) que sí son todas las que están. Por supuesto, se admiten más sugerencias. Leer más…

Las aventuras del Club de los Cinco del rock’n’roll

13/11/2015

Travelling Wilburys guitars

Erase una vez cinco superhéroes que, pese a que ellos solos habían logrado las mil y una hazañas, decidieron juntarse un venturoso día para colaborar entre ellos en pos de una misión superior. No, no es una nueva entrega de ‘Los Vengadores’. Estos tipos no iban enfundados en mallas ni sufrieron ninguna reacción química milagrosa en su juventud (a pesar de que lo intentaron con las más variadas drogas), sino que su principal arma eran unas guitarras, su voz y, sobre todo, un genio creador que les coloca entre las más grandes figuras del rock de todos los tiempos. Hablamos de Bob Dylan, Jeff Lynne, Tom Petty, George Harrison y Roy Orbison, que se unieron para formar uno de los mejores supergrupos de la historia, Traveling Wilburys, y colaboraron incesantemente entre ellos, siendo parte esencial de una época dorada del rock americano: los finales de los años 80 y principios de los 90. Aquí comienza un recorrido por las múltiples aventuras conjuntas del Club de los Cinco del rock and roll.

El chispazo que lo prendió todo lo originó el nunca suficientemente valorado Harrison en 1987. El guitarrista de The Beatles, el genio en la sombra autor de maravillas como ‘Something’ o’Here Comes the  Sun’ y álbumes clásicos como ‘All Things Must Pass’ no tuvo en los años ochenta su mejor época. Desengañado con la industria de la música, se centró en la producción cinematográfica hasta que le volvió a picar el gusanillo y llamó a Lynne, que por aquel tiempo había dejado aparcado su gran proyecto vital, la Electric Light Orchestra (ELO para los amigos), para que le ayudara y produjera un nuevo álbum. A fe que la compenetración fue perfecta. Casi todo de lo que hablaremos de aquí en adelante tendrá su génesis en ‘Cloud Nine’. Lynne sacó el lado más afable de Harrison, ese que el exBeatles se empeñó tantas veces en ocultar, mediante una producción que recogía muchas de las características de la ELO y que se antojaba ideal para dar forma a un nuevo rock clásico que, a la vez que respetaba las raíces, se imbuía de modernidad, se quitaba complejos y, sobre todo, adquiría la forma de un irresistible caramelo pop: sonido muy claro, con mucho espacio para los solos de guitarra, un casi omnipresente colchón de acústicas de fondo y el piano, normalmente repiqueteando optimista, como rey de los arreglos junto a los sintetizadores y ocasionales secciones de viento. Leer más…

«No me llores», de Irene X: no abrir en caso de incendio

11/11/2015

ireneX

Su nombre invita a mirar. Su edad, a sospechar. Inquieta su piel apresuradamente tintada, igual que la casi inmediatez con la que se ha hecho prácticamente foco de una generación. Irene X. 25 años, similar número de tatuajes y tres libros de poesía. Habitual de las redes sociales y, como al parecer ahora se estila en llamar a la gente que antes simplemente ‘molaba’, ‘influencer’, seguro que muy a su pesar. Una sonrojante legión de ‘lovers’ y un buen puñado de ‘haters’, como dios manda. «No me llores» es su última colección de fracturas, «pedazos rotos del espejo interior» que dice alguna canción. Cristales que hicieron herida y que hoy, al removerlos para intentar sacarlos, siguen doliendo. Irene X habla de ellos, pero también de ella, simplemente de ella, de su cabeza, de sus vísceras, de su aprendizaje y de sus errores. «El sexo de la risa» y «Grecia» la pusieron en el escenario y la convirtieron en parte fundamental de esa nueva ola de jóvenes escritores que han agitado al fin el panorama poético. Muchos de ellos ya han pasado a engrosar las arcas de las grandes editoriales. Irene X ha preferido optar por lo romántico y fichar por una nueva y pequeña editorial (Harpo Libros) para reeditar sus dos primeros poemarios y publicar su tercer asalto.

N. del E. Precaución, este texto contiene:
litros de oscuridad-cienmil lágrimas
toneladas de sed-años de sangre
una mujer-un libro
me la suda-pozo de fango
varias hostias-gotas de ironía
kilos de insatisfacción-ganas de resurrección

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«Spectre»: ¡spectracular, spectracular!

09/11/2015

Spectre James Bond 2015

Al igual que sucediera con el personaje de Harold Zidler (Jim Broadbent) en «Moulin rouge!«, cuando prometía a ‘El Duque‘ un espectáculo sin precedentes (so exciting!…so delighting!) con el fin de conseguir el capital necesario para financiar su puesta en escena, así se comporta también la última entrega de la longeva saga Bond. Un film que promete un espectáculo nunca antes visto en la saga del agente doble-cero, superlativa en su construcción, gigante en sus ambiciones y arrolladora en su puesta en escena, (aunque también algo tambaleante en su conclusión). No en vano, estamos ante la entrega más cara (las cifras oficiales hablan de 250 millones de dólares, aunque algunas fuentes estiman que ha sobrepasado los 300 millones…sea la cifra que sea, vemos en pantalla hasta el último dólar gastado en ella) y la de mayor duración (148 minutos que no le hacen ningún favor al ritmo del último tercio). De nuevo tenemos a Daniel Craig haciendo uso de su licencia para matar por cuarta vez (y aún con contrato para una quinta y última entrega) y a Sam Mendes dirigiendo por segunda vez consecutiva todo el proyecto (lógico, tras el record de recaudación que consiguió «Skyfall«, superando por primera vez los mil millones de dolares). Contamos también con un equipo de guionistas de altura, (John Logan, Neal Purvis y Robert Wade), necesario si se quiere sorprender al espectador con una historia ‘novedosa’ respecto a las más de veinte entregas precedentes y, al mismo tiempo respetando los más básicos clichés de la saga; aquellos que establecen la presencia en pantalla de hermosas localizaciones de los cinco continentes, persecuciones por tierra, mar y aire en los más variados y exclusivos medios de transporte existentes, exóticas bellezas internacionales, explosiones (cuanto más grandes, mejor), lujo a raudales y momentos en los que poder quitar el polvo al sistema de sonido de la sala con la partitura de John Barry.

Contamos además con numerosas novedades, pues a la baja que causó Judi Dench tras «Skyfall», ahora tenemos a Ralph Fiennes al mando del MI6. También (por fin) contamos con Monica Bellucci, tras un primer intento fallido para aparecer en la saga en el año 1997, cuando Pierce Brosnan protagonizaba «El mañana nunca muere» (papel que acabó recayendo en Teri Hatcher). Además, tenemos al doble ganador de un óscar, Christoph Waltz, en el papel de némesis de Bond y, entre muchos más detalles que analizaremos a continuación, se une a este elenco la voz de Sam Smith, interpretando el tema principal («Writing´s on the wall«). «Spectre» suma también numerosas referencias que los amantes de la obra de Ian Fleming acogerán con los brazos abiertos, como la reaparición de la organización que da nombre al film, (SPecial Executive for Counter-intelligent, Terrorism, Revenge and Extorsion), que no hacía acto de presencia en una entrega bondiana desde finales de los años 60 (en aquellos años amenazando ‘las democracias del mundo libre’, reconvertida ahora en ‘la peor pesadilla de George Orwell’). En definitiva, «Spectre» realiza todos los cambios necesarios, para que nada cambie. Bond sigue haciendo lo que venía haciendo desde «Agente 007 contra el doctor No» sólo que, ahora, lo hace como nunca.

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The Dead Weather y Hollywood Vampires, los dos últimos supergrupos supermolones

03/11/2015

deadweather hollywoodvampires

Supergrupo: Dícese de aquella reunión musical de figuras ya consagradas en otros proyectos, ya sea en solitario o dentro de otra banda, es decir, una especie de ‘music dream team’ casi siempre paralelo y puntual o, en el mejor de los casos, efímero, que tuvo sus primeros ejemplos en la década de los 60 y que cada vez se muestran más habituales pero también menos interesantes. En un primer golpe de memoria me vienen a la cabeza nombres como los de Cream, Crosby, Stills & Nash (& Young), The Dirty Mac, Bad Company, por supuesto los legendarios y exhaustivamente analizados en otra página de este blog Traveling Wilburys , Toto, Audioslave, Chickenfoot o Them Crooked Vultures, proyectos que últimamente casi siempre predisponen a bastante más de lo que finalmente son (ya sabes, 2+2 no siempre tiene que ser 4), si bien en su origen sí que surgieron formaciones realmente buenas y con cosas que decir más allá de la envidiable suma de nombres.

Como decía, lo que en un principio podía surgir de forma espontánea, en los últimos años se me antoja algo más premeditado y con más intereses de fondo que la mera reunión de amigos. Quizás el precario estado de la industria fuerce a buscar nuevas fórmulas o a intentar probar suerte con la mayor de las combinaciones posibles, pero bien es cierto que en los supergrupos poco sobresaliente se puede rascar. Sin embargo, en los últimos meses dos de ellos han protagonizado las mejores líneas del panorama rock internacional, dos grupos que comparten el albergar nombres ya reconocidos por anteriores propuestas, pero también con importantes diferencias entre ellos. Así, The Dead Weather tiene como pieza fundamental a Jack White, uno de los artistas más destacados de los últimos años, que en su incontinencia creativa gusta de llevar varias propuestas a la vez, y una de ellas es este grupo de rock de garage que cuenta con Alison Mosshart (The Kills) en el apartado vocal, Dean Fertita (Queens of the Stone Age) a la guitarra y Jack Lawrence (ya presente en otro grupo anterior de White, The Raconteurs) al bajo, quedando el papel de la estrella de Detroit en la batería y voz de algunos temas, además de prestar su discográfica, Third Man Records, para la gestación de los álbumes. La otra banda que nos ocupa es Hollywood Vampires, una reunión más desenfadada y variopinta con numerosas colaboraciones en cada uno de los temas, pero cuyo germen y base principal la forman el legendario Alice Cooper, el guitarrista de Aerosmith Joe Perry y el actor Johnny DeppLeer más…

El Terror de la Universal: un mundo de Dioses y Monstruos

31/10/2015

Terror de la Universal

Halloween, noche de brujas, la noche en la que hacemos sitio en nuestra cotidianidad a los placeres del espanto sobrenatural y nos entregamos a la irremediable atracción de la oscuridad y lo grotesco. En El Cadillac Negro, un año más, no hemos querido ser indiferentes a una tradición que, aunque importada, sentimos muy nuestra porque está inexorablemente unida a muchas de las películas que forman parte de nuestra educación sentimental. Y como somos unos clasicotes, queremos aprovechar la ocasión para rendir homenaje al cine de terror que el estudio Universal facturó entre 1931 y 1945, aquel que dio su forma definitiva a los monstruos más populares del género y sentó las bases, conceptuales y estéticas, de casi todo lo que vendría después. Un cine en blanco y negro que probablemente ya no interese a las nuevas generaciones (tampoco es que la televisión contemporánea facilite su acceso a él, como sí ocurría hace unas décadas, en aquellos añorados ciclos de TVE), pero sin el cual no existiría el terror que ahora consumen los más jóvenes en las multisalas, o al menos no de la misma forma. Un cine que hoy día no asusta a nadie pero que sigue manteniendo un encanto y una capacidad de fascinación probablemente mayor que la de cualquier otro género del Hollywood clásico. Un cine que si no has visto de primera mano seguro sí que lo has hecho de manera indirecta, porque si sabes que Drácula viste de frac y con capa negra, que Frankenstein tiene la cabeza cuadrada y dos tornillos en el cuello y que la maldición del hombre lobo termina con una bala de plata, debes saber también que todo eso se lo inventó la Universal. El cine fantástico, tal y como lo conocemos, se lo debemos a un puñado de directores, productores, intérpretes, guionistas y técnicos que lo hicieron posible en primer lugar. A Carl Laemmle Jr, Boris Karloff, Bela Lugosi, Lon Chaney Jr., James Whale, Tod Browning, Karl Freund, Curt Siodmak, Charles D.Hall, Jack Pierce o John P.Fulton, entre muchos otros. Os invitamos a acompañarnos en un viaje a ese viejo mundo de Dioses y Monstruos que creó el estudio del aeroplano y el globo terráqueo. Trick or treat.

Para empezar, conviene aclarar que el terror en la gran pantalla ya existía antes del ciclo de la Universal. “Frankenstein, o el moderno Prometeo”, la novela de Mary Shelley, fue llevada por primera vez al cine en una corta película de 1910, y el expresionismo alemán nacido al calor de la República de Weimar legó una perturbadora serie obras –“El Golem” (1915), “El gabinete del doctor Caligari” (1920), “Nosferatu” (1922), “El hombre de las figuras de cera” (1924)- que perfectamente pueden considerarse pioneras del horror y cuya influencia, sobre todo estética, sería decisiva posteriormente. Incluso la propia Universal en los años 20, todavía en la época silente y bajo la batuta de Carl Laemmle, había puesto ya su parte en la tarea de dar forma a las convenciones y mecanismos del género, si bien todavía de manera tangencial. Así, el legendario Lon Chaney, el hombre de las mil caras, creo un primer esbozo de los futuros monstruos de la Universal con su creación de Quasimodo en “El jorobado de Notre Dame” (1923), sobre la célebre novela de Víctor Hugo, una ambiciosa superproducción que no puede adscribirse al terror pero que ya viene envuelta en atmósferas siniestras. Y el director Paul Leni, recién llegado a Hollywood desde el cine alemán, aportó a la Universal “El legado tenebroso” (1927), en la que se prefigura el subgénero de la ‘casa encantada’, y la tétrica “El hombre que ríe” (1928) protagonizada por  Conrad Veidt, cuya burlesca sonrisa congelada inspiró a Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson para crear al Joker de Batman. Leer más…