«Mr. Robot»: quiero _ _ _ _ _ r el mundo
(ALERTA SPOILERS: Si aún no has visto la primera temporada completa de «Mr Robot», te recomendamos que vuelvas cuando lo hayas hecho. Estás a sólo diez horas de empezar una revolución.)
Durante estos años, en El Cadillac Negro hemos visitado numerosas series de todos los géneros. Desde el drama a la comedia, pasando por el thriller, la ciencia ficción, el género policíaco y un largo etcétera. Pero, si nos fijamos bien, lo que todas estas series tienen en común es el pertenecer mayoritariamente a un selecto grupo de cadenas. A saber: HBO, AMC, SHOWTIME, NETFLIX y FX. Y es que, cuando hablamos de series unánimemente aplaudidas por crítica y público, raramente hablamos de producciones fuera de este reducido grupo de productoras (aunque tenemos excepciones, como en todo). Y, seamos justos, si ciertas producciones de esas otras cadenas no tienen el reconocimiento que se merecen, no es por falta de calidad. Esa ‘élite’ que mencionamos consigue captar toda nuestra atención, apenas dejando algunos huecos libres en nuestra agenda para aventurarnos a recorrer otras producciones desconocidas, que no nacen iluminadas por los focos; pero que cuentan con méritos suficientes para que valga la pena desviar nuestra atención y dedicarles también nuestro tiempo. Hasta ahora, la cadena USA Networks no había visitado el Cadillac porque, a pesar de conocidas producciones como «Psych«, «Royal Pains» o «White Collar«, no había desarrollado una historia sobre la que apostara fuerte por ser una de las mejores series de la televisión…hasta ahora.
«Mr. Robot» básicamente viene a contarnos la historia de Elliot Alderson (Rami Malek), un programador que, por el día, trabaja como administrador de sistemas en una firma de seguridad informática (Allsafe); mientras que por la noche se dedica a hackear a personas de su entorno. La serie está escrita y dirigida por un debutante en la televisión (Sam Esmail), protagonizada por un actor apenas conocido y, del resto del reparto, podríamos decir que el único con «tirón comercial» sería Christian Slater (lo cual, también sería decir mucho, dado el historial de fracasos que acumula en los últimos años). Con todo esto sobre la mesa, nadie pensaría que la historia que «Mr. Robot» nos va a relatar sea tan adictiva, retrate minuciosamente toda la oscuridad que rodea nuestra moderna sociedad, exponga la peligrosa hiperconectividad que tenemos con todos y con todo lo que vivimos, critique de forma contundente la codicia empresarial de las grandes corporaciones a las que permitimos entrar en nuestras casas, en nuestras cuentas de crédito, en nuestras vidas. Y si sorprende su eficacia es porque estos temas ya son tremendamente familiares, han sido contados en previas y numerosas ocasiones. Desde el Thomas A. Anderson (Neo) de «The Matrix» (que llevaba un ritmo de vida similar al de Elliot), al Harold Finch de «Person of Interest«. «Mr. Robot» cuenta con innumerables fuentes e influencias. Tantas, que sería muy fácil vivir constantemente en un déjà vu durante su visionado; pero esa sensación nunca acaba de llegar al espectador, y el motivo es que Esmail ha tenido el enorme talento de seleccionar todos esos elementos, impregnarlos de una capa de realismo y llevarlos a un terreno nunca explorado gracias a las peculiares características con las que cuenta el personaje principal. La definición de Elliot que he puesto al principio es su capa más visible y superficial; pero bajo ella hay elementos ocultos y más oscuros que irán saliendo a la luz. Elliot es en realidad un joven con graves problemas de ansiedad, sumido en una profunda soledad, es un psicótico bajo tratamiento, adicto a multitud de estimulantes y un antisocial empedernido. En un mundo saturado de conexiones, Elliot es una persona cuya única forma de «conectar» con los demás es hackeandoles. Esta dificultad para interactuar con la sociedad que le rodea será el menor de sus planes cuando una noche tenga que afrontar el mayor desafío de su vida, pasando a formar parte del plan maestro que ha diseñado un misterioso hombre, al que sólo conoceremos por su alias: Mr. Robot.
Mötley Crüe: el fin de la juerga eterna
No podemos dar nada por sentado, más aún después de haber sufrido las últimas y engañosas ‘despedidas’ de clásicos como Judas Priest o Scorpions, pero muy probablemente este 2015 sea el último año en el que podamos ver en activo a una de las más grandes bandas de la historia del hard rock: los únicos e inimitables Mötley Crüe. El grupo posiblemente más salvaje y polémico de la historia concluirá su trayectoria, al menos en directo como reza el contrato firmado y publicitado en una comparecencia de prensa, la próxima Nochevieja en Los Angeles, en lo que se prevé como una cita absolutamente histórica. Acabarán así 35 años de ‘party all time’, sexo por doquier, extremas adicciones, noches sin fin, dinero a destajo y, sí, también buena, excelente música.
Habitantes casi desde sus comienzos, y obviamente compartiéndolo con Guns N’Roses, del trono del ‘sleazy’ angelino de los años 80, por delante de otros grandes grupos de la época como Poison, Rock City Angels, Pretty Boy Floyd, L.A.Guns o Warrant, gracias a una discografía inmejorable, todo su prestigio y éxito pareció irse por la borda en esos años 90 que despedazaron en un instante las largas carreras de un buen número de bandas clásicas. Menos mal que una serie de paulatinas acertadas decisiones desde comienzos de siglo, especialmente ese ya mítico libro autobiográfico llamado ‘The Dirt’, les han vuelto a colocar en el puesto que les corresponde y puedan afrontar su final desde la mejor de las posiciones posible. Leer más…
«Hannibal»: la última cena está servida
(ALERTA SPOILERS: Este post analiza con detalle la tercera y última temporada de Hannibal. Es recomendable que si aún no has disfrutado de «The Wrath of the Lamb» vuelvas cuando lo hayas hecho. Nada aquí es vegetariano.)
Casi parece mentira que hayan transcurrido más de tres años desde el estreno de Hannibal, aún más tiempo desde que se anunció que esta saga iba a dar el salto a la pequeña pantalla para ofrecernos una visión diferente de uno de los asesinos ficcionales más célebres de la historia. Pero hoy nos toca despedirnos, nos toca decir un adiós un tanto ambiguo a casi una cuarentena de episodios, a un producto que ha sabido deleitar a un tipo de espectador muy peculiar y que, con sus idas y venidas, con sus defectos y virtudes, ha sabido crear un universo propio. Un universo que incluso se aleja de su original formato literario meramente policial, que se aleja de la saga cinematográfica que tantos admiradores ha dejado a lo largo de los años. Un producto que, en su elegancia y buen hacer, casi nos ha distraído del hecho de pasar más de cuarenta minutos siendo testigos de una gran burrada enfermiza.
Hannibal no se ha ido de la manera en que se marchan otros programas cancelados, quizá porque desde sus comienzos tuvo que cargar con el lastre de ese maldito rating de audiencia que nunca llegó a mejorar. Si pasó de sus primeras entregas, es porque alguien en la cadena creyó en la calidad que se estaba ofreciendo, al igual que ocurrió con la temporada que sucedió a esta primera. El fenómeno denominado «fannibal» está ahí, más presente y desesperado que nunca, pero no dejamos de ser conscientes de que las alternativas para disfrutar de la cultura a las que la gran mayoría recurrimos no hacen los números. Esta serie tuvo la desgracia de nacer en una cadena pública y eso, por razones obvias, ha terminado por suponer también su muerte. Una muerte tan anunciada como la de Santiago Nasar, desde luego. Nadie se sorprendió. Pero no quiero hablar del final todavía, ni de las múltiples interpretaciones que nos ha dejado, ni de las impresiones y los deseos de continuidad a los que no puedo unirme. Dejemos eso para más tarde.
A los murcianos Clara Plath los hemos seguido de cerca, solo tenéis que revisar nuestra página de Facebook para corroborarlo. Ya el año pasado dábamos cuenta de su mini LP de debut, ‘Hi Lola!!’, que, encabezado por la magnífica ‘Fuck my Car’, nos trasladaba en apenas unos segundos a nuestros queridos años 90. Seguramente si ‘Hi Lola!!’ hubiera sido publicado en aquella década habríamos despachado este trabajo como uno más del montón, estando saturados de guitarras cortantes y cargadas, voces agresivas y ásperas, cambios de ritmo radicales y agonía vital. Pero, milagros del paso del tiempo y de la nostalgia, en pleno 2014 sabía a gloria olvidarse durante un rato de producciones hipertecnificadas y mirar por el retrovisor a los buenos viejos tiempos. No es que el mini LP fuera una maravilla, pero resultaba tremendamente simpático y, lo que es más importante, apuntaba a que la banda de la cantante Clara y sus cuatro compañeros tenía un gran margen de crecimiento.
Apenas hemos tenido que esperar para corroborarlo. Un año escaso es lo que han tardado Clara Plath en hacer buenas las previsiones más optimistas con la salida de su primer disco, bajo el precioso título en francés ‘Grand Battement’, un paso de ballet que significa algo así como ‘gran lanzamiento’. Ya solo escuchando los primeros segundos de la inicial ‘Kisses Goodbye’ podemos constatar un notable ascenso en términos de madurez y crecimiento musical. El tema recuerda a aquellas escasas veces en las que bandas tan agresivas como los Hole del comienzo, L7 o Babes in Toyland se ponían tiernas y exorcizaban sus demonios desgarrando su voz por encima de una base musical lenta pero llena de potencia. Así es ‘Kisses Goodbye’, un gran comienzo, tan potente como emotivo, que pone los dientes muy largos. Leer más…
El amor. El tema universal y atemporal que ha sido el gran protagonista de todo tipo de narrativas a lo largo de las distintas épocas, medios y lugares. Y, sin embargo, una ‘rara avis’ en el brillante escenario actual de la ficción televisiva. No me entendáis mal, las relaciones románticas son un elemento imprescindible en toda estas series míticas que venimos disfrutando durante estos últimos años. Pero muy, muy escasas, sorprendentemente escasas son aquellas en las que el amor constituye el elemento troncal del argumento. Por eso, saludamos a ‘Dates’, una producción del prestigioso Channel 4 británico centrada en diseccionar las primeras citas de las más variopintas parejas, una idea no demasiado original pero que prometía la posibilidad de ofrecer un análisis adulto y riguroso de eso que se viene a llamar amor en este frenético siglo XXI.
Londres, presentada como una metrópolis tan estilosa como inabarcable e inmisericorde, se alza como un voraz agujero negro que traga sin cesar almas humanas condenadas a subir una y otra vez la montaña de las obligaciones sociales y sin poder pararse un momento a vivir, acoge las nueve microhistorias de 25 minutos que constituyen ‘Dates’. Nueve capítulos que comparten estructura: dos usuarios de un servicio de citas on line quedan para conocerse por primera vez. A partir de esta premisa todo puede ocurrir: encuentros entre las personas más incompatibles que cabría imaginar, equívocos, retrasos exasperantes, situaciones chocantes, miedos, prejuicios, inoportunas verborreas alcohólicas, fallidas primeras impresiones…Vamos, el cóctel molotov esperable cuando chocan dos almas solitarias sedientas de compañía pero heridas demasiadas veces en el pasado. A lo largo de su desarrollo, comprobaremos que en lo que parecía una sucesión de historias independientes se van repitiendo y cruzando determinados personajes para ir creando una bienvenida sensación de continuidad. Leer más…

Aprovechando el final de la parte americana de la nueva gira de U2, ‘iNNOCENCE + eXPERIENCE tour’ , que se detendrá durante las próximas semanas para acometer a partir de septiembre la manga europea, con las cuatro fechas anunciadas en Barcelona para el mes de octubre, hemos decidido echar un vistazo para ver cómo se está desarrollando esta nueva reinvención de la banda irlandesa, y especialmente conocer qué canciones están tocando, por lo que si eres de los afortunados que vas a verles en la Ciudad Condal y prefieres ir ‘virgen’, será mejor que dejes este artículo para cuando vuelvas de los conciertos. Con ocho shows consecutivos en el Madison Square Garden de Nueva York, Bono y los suyos han dado por terminada una tanda de 37 conciertos que se inició el pasado 14 de mayo en Vancouver con los que han vuelto a los escenarios de medio aforo, a los pabellones, lo que en un grupo de su envergadura representa casi recitales íntimos. Para esta nueva gira, U2 trae bajo el brazo «Songs of innocence», el disco publicado el año pasado con el que rompían su silencio después de muchos rumores, aplazamientos y cancelaciones, álbum con el que encontraron la salida al laberinto, como excepcionalmente contó el compañero Jorge en su día y en su reseña.
Hay determinados grupos que, a pesar de haber alcanzando el éxito, no llegan a ser valorados en su justa medida debido a haber logrado el reconocimiento popular gracias a una parte de su propuesta, pero que sin embargo no es la única o más importante, de forma que se forja una imagen de la banda a todas luces injusta o incompleta. Creo que Los Rodríguez fue uno de estos casos. No me equivoco si afirmo que un porcentaje muy importante de personas relacionan este nombre con la rumbita rock, casi con las canciones del verano, cuando en realidad se trata de uno de los grupos de rock más importantes en lengua castellana de las últimas décadas. Con rumba, sí, pero también con reggae, country, funk, y, sobre todo, rock, mucho rock, rock stoniano, rock americano, rock clásico, en ocasiones en su estado más puro, otras veces mezclado y agitado con otros estilos. En resumen, una ecléctica y más que interesante propuesta que bien merece una revisión casi 20 años después de su desaparición.
Y es que pocas veces se ha juntado en territorio patrio tanta calidad, creatividad y carisma en una formación, una mezcla que, inevitablemente, no duró demasiado. Los Rodríguez no era en sus inicios un conjunto de jóvenes e inexpertos músicos en busca de la aventura. Un incipiente Andrés Calamaro, los «veteranos» Ariel Rot y Julián Infante, y Germán Vilella ya sabían cómo funcionaba esto, y su apuesta era ganadora. Buscaban el éxito y sabían cómo conseguirlo, y además creían de justicia poética lograrlo. Y a ello se lanzaron, con la energía, frescura y hambre propia de un grupo recién nacido, pero con la experiencia de quien ya ha tropezado y aprendido en algunas piedras.
“The Whole Love”, publicado ya hace cuatro largos años, fue un disco de consenso entre las distintas facciones de seguidores de Wilco, los que aman a la banda neoclásica bien pegada a las raíces y los que desearían que en estudio se lanzaran con más asiduidad por las pendientes de la experimentación que frecuentan en sus demoledores directos. El secreto del grupo probablemente esté en la sabia combinación de ambas vertientes (como tratábamos de explicar en “Wilco: magisterio entre el clasicismo y la vanguardia”) y aquel trabajo de 2011 afinaba con precisión la mezcla de los distintos ingredientes como no había ocurrido en “Sky Blue Sky” (2007) ni en “Wilco (The Album)” (2009), ambos discos sobrados de bellas canciones atemporales pero inscritos en una dimensión sonora más conservadora o tradicionalista que la inquieta dupla formada por “Yankee Hotel Foxtrot” (2002) y “A Ghost is Born” (2004), y por tanto responsables de la maliciosa coletilla de “dad-rock” que ha acompañado a la banda de Illinois durante la última década.
“Star Wars”, el flamante nuevo disco de la banda de Jeff Tweedy, no ambiciona ser una secuela de “The Whole Love” en el sentido de funcionar como catálogo de todos los poderes de Wilco y así satisfacer a todos los fans, sino que en muchos aspectos es su trabajo más espontáneo, urgente, fresco y directo en mucho tiempo, uno con el que parecen querer sacudirse las acusaciones (en mi opinión, injustas) de anquilosamiento y perfeccionismo abrumador colindante con el aburrimiento. Desde la elección de un título que parece un chiste privado (o una hábil maniobra para obtener más búsquedas en Google en año galáctico), hasta la inclusión de un adorable gatete en la portada (recurso que no es la primera vez que utilizan), pasando por la sorpresiva maniobra de regalar el disco en internet sin previo aviso o el escaso minutaje de 33 minutos, todo parece estudiado para tratar de restar importancia al relevante hecho de que Wilco está de vuelta con nuevo material después de un periodo de barbecho inusualmente largo en la trayectoria de la banda. El riesgo de esa estrategia es que el público se tome “Star Wars” como un disco menor, y aunque es verdad que este lote de canciones no encandilará en primera instancia a un determinado perfil de seguidor del grupo, no es menos cierto que estamos ante su trabajo más tenso, primario y audaz desde “A Ghost is Born” y, como casi siempre ocurre con Wilco, se trata de un grower que no debería despacharse ligeramente con la primera escucha. Leer más…






















