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John Fogerty: el gran héroe americano

04/07/2014

John Fogerty

Qué maravillosa forma de comenzar este verano de 2014, pues en apenas diez días algunos tendremos la inmensa suerte de disfrutar de nuevo sobre los escenarios de nuestro país de dos leyendas vivas del rock and roll como The Rolling Stones y John Fogerty, el eterno líder de la Creedence Clearwater Revival (o CCR). Si el concierto del pasado miércoles 25 de junio en el estadio Santiago Bernabéu fue la segunda vez que un servidor rendía pleitesía a sus Satánicas Majestades, su cita con el incombustible Fogerty en Hoyos del Espino (Ávila), en el marco del Festival Músicos en la Naturaleza, tampoco será la primera. Ya estuvo hace ahora cinco años en el improvisado pero precioso Escenario Puerta del Ángel madrileño, en su primera visita a España, y fue uno de los mejores shows que ha presenciado en su vida. Porque su estado de forma, acercándose ya a los 70 años, es simplemente inmejorable, y su legado está a la altura de muy pocos. Como icono, su imagen con una guitarra permanentemente colgada del cuello y sus eternas camisas de cuadros, es una de las más entrañables del rock and roll. Cálido, cercano, ingenioso y accesible con su público, el personaje resulta no menos fascinante. John Fogerty, nacido en Berkeley, California, en 1945, es un americano de los pies a la cabeza. Pero no lo entendáis mal. Difícilmente encontraremos una foto suya tomándose unas cervezas con Ted Nugent o Johnny Ramone; él pertenece más al club de Bruce Springsteen (que le admira tanto que ha llegado a describirle como ‘el Hank Williams de nuestra generación’, nada menos) o Steve Earle. La América que retrata Fogerty es la América de ese pobre diablo nacido en los deprimidos pantanos (bayous) de Luisiana, ese músico decadente que se arrastra tocando por los bares de la irrelevante localidad de Lodi, ese inocente muchacho que sólo sueña con que su entrenador de béisbol le deje salir unos minutos al campo, o esos jóvenes soldados que regresan a su país en una caja de madera.

Quizás algunos sólo recuerden o valoren su carrerón con la CCR, pero su intermitente carrera en solitario, aún con sus altibajos, no sólo no ha empañado su trayectoria, sino que nos ha regalado unos cuantos momentos excepcionales. Es cierto que siempre tendrá mucho más peso su periodo al frente del mítico cuarteto, tanto por calidad y trascendencia como por producción (siete discos de estudio, seis de ellos obras maestras, en apenas cuatro años con la banda, frente a los nueve publicados con su nombre en los 40 años siguientes). Pero quienes ignoren o desdeñen sus años post-Creedence, no dejarán de estar cometiendo un inmenso error. Y yo voy incluso más allá, arriesgándome a recibir algunos palos: la última reunión nostálgica que querría ver en nuestros días sería la de la CCR. Quién la necesita, teniendo a un Fogerty que no ha perdido ni un ápice de sus facultades, y está más activo que nunca. Porque Fogerty ERA la Creedence. Él era el cantante, guitarrista solista, principal compositor (y responsable de todos sus éxitos) y productor de la formación. Además, su hermano Tom (guitarrista rítmico) falleció hace casi 25 años. Y no quiero quitarles ningún mérito, pero Stu Cook (bajista) y Doug ‘Cosmo’ Clifford (batería) eran dos músicos muy competentes, pero para nada irremplazables. Además, tuvieron la desfachatez de perpetrar a mediados de los 90 ese engendro, con el que aún hoy en día malviven, denominado Creedence Clearwater Revisited. No, un servidor prefiere saber que Fogerty está rodeado de excepcionales músicos (como el inmenso batería Kenny Aronoff) ofreciendo un colosal show cada noche. Un espectáculo en el que no se echa a nadie de menos. Eso es con lo que nos encontraremos en su nueva visita a España. Para ir haciéndonos una idea, como es habitual, hemos querido rescatar algunos vídeos en vivo que nos servirán para hacer un repaso a toda su discografía. Un recorrido por una de las carreras musicales más fascinantes del pasado siglo, que por suerte sigue resonando con fuerza en la actualidad. Leer más…

«Penny Dreadful»: razas de noche

02/07/2014

(ALERTA SPOILER: Si has visto “Penny Dreadful” hasta la emisión de su último capítulo, “Grand Guignol”, puedes leer este post. En caso contrario, prepárate a disfrutar de una de las mejores series del año y, si es posible, acompañado de un refutado exorcista).

Indudablemente, vivimos una época de falta de originalidad en el mundo del espectáculo. Un porcentaje cada vez más alto de las historias que nos cuentan desde la televisión y (sobre todo) el cine, son secuelas, precuelas, remakes, “homenajes” de antiguas películas que, en su día, fueron rodadas con inusitada brillantez y originalidad por aquellos que arriesgaron su dinero y su posición en la industria, para poder contar una historia que merecía ser contada una vez…al menos. En la actualidad, nos encontramos cada poco tiempo con una tercera, cuarta, quinta o incluso sexta y séptima parte de historias que deberían ser increíbles (a tenor de la cantidad de películas que necesitan para ser contadas); pero que no son más que vulgares y sucesivas  explotaciones comerciales de una entrega primigenia que gozó de una buena campaña publicitaria, una acertada fecha de estreno o, simplemente, que estaba por encima de la media. En clara oposición a esta forma (tosca y falta de tacto con el espectador) de afrontar la tarea de tener que volver a relatar unos hechos ya narrados previamente, nos encontramos con casos como el de la brillante “Penny Dreadful”, cuya primera temporada tratamos hoy en El Cadillac Negro.

«Penny Dreadful» es un homenaje, sí…y un remake, también; pero lo que la diferencia de los casos que describo en el anterior párrafo, lo que la sitúa en las antípodas del aburrimiento y de la previsibilidad, es que se ha dotado a los personajes de un dramatismo, una vitalidad y una fuerza, que redimensiona sus historias, respetando sus orígenes; pero otorgándoles un renovado presente y un muy prometedor futuro. Cubriendo con sucesivas capas de calidad (guión, dirección, interpretación…) el hecho de haber nacido como una imitación. Afortunadamente, no es la primera serie que, desde un punto de vista diferente (e inteligente), afronta la historia de personajes que ya protagonizaron anteriores éxitos. Ahí tenemos, «Hannibal«, «Bates Motel» o la más reciente «Fargo«. El principal desafío de «Penny Dreadful» es conseguir la fascinación del espectador, con unos personajes universalmente ya conocidos. Dejemos que el Cadillac nos lleve a los rincones más oscuros de esta serie y descubramos juntos si el terror gótico ha llegado para quedarse entre nosotros. Leer más…

“Californication”: infielmente nuestro, Hank Moody

02/07/2014

Californication Season 7 - Hank

(ALERTA SPOILER: Si has visto “Californication” hasta la emisión de su último capítulo, “Grace”, puedes leer este post. Si aún vais algo retrasados, os recomendamos que disfrutéis del viaje y volváis en algún momento. Si ni siquiera habéis empezado… dejad lo que estéis haciendo y ponedle remedio. YA. Motherfuckaaaaaa!)

Ya me ha sucedido dos veces este año que una series finale me chafa un título cojonudo para un post. Hablo de dos series que llevaba años siguiendo, a las cuales me había mantenido fiel durante 208 capítulos, en el caso de la primera, y 84 en la segunda. A falta del último episodio, pues, creía tener las cosas suficientemente claras y sabía ya, más o menos, cómo titular y cómo enfocar sus posts de despedida correspondientes. Pero todo se vino abajo en cuestión de minutos. Hace unos meses, todas las frases bonitas, toda la emotividad y sensiblería que me guardaba para homenajear a una de mis sitcoms favoritas, se fueron a tomar por saco tras un último capítulo que me sentó como una puñalada. Algunos sabréis de qué estoy hablando y recordaréis mi cabreo. Y ahora, cuando me toca escribir sobre “Californication”, me encuentro en la misma situación, aunque completamente distinta. Me explico: desde hace semanas no tenía ninguna duda de que titularía mi entrada “No siempre puedes tener lo que quieres”. Y está mal que yo lo diga, pero era una frase estupenda, y funcionaba a muchos niveles. Primero, porque volvía a mencionar (por enésima vez) una de sus canciones más icónicas, el “You Can’t Always Get What You Want” de los Rolling Stones. Segundo, porque estaba absolutamente convencido de que el héroe, en esta ocasión, no conseguiría a la chica. Y tercero, porque también tenía la certeza de que nada podrían hacer en esa última media hora para impedir que un ‘die-hard’ fan como yo terminase disgustado con el desenlace. Así que aquí estoy, obligado a cambiar de nuevo de planes porque Hank sí ha terminado con Karen (al menos de momento), y porque han vuelto a hacerlo: contra todo pronóstico, me encuentro profundamente conmovido por el cierre de “Californication”, y tan satisfecho que de hecho ahora creo que no podía haber sido de otro modo, estando donde estábamos.

Eso no quita que esta séptima temporada haya sido… dejémoslo en decepcionante. Pero precisamente por eso, que hayan sabido dejarnos si no a todos, sí a unos cuantos, creo, con buen sabor de boca no es poco. Es muchísimo. La decepción era considerable porque la serie, a pesar de algún leve altibajo, nunca nos había fallado a los que la seguíamos fervorosamente desde sus inicios (no hablo de aquellos que, si alguna vez la vieron, lo hicieron con la ceja levantada). Porque veníamos además de una sexta temporada en mi opinión magnífica, notablemente superior a la anterior. Y porque con todo eso, era inconcebible que “Californication” no se retirase a lo grande, ofreciendo lo mejor de sí misma y entregándonos 12 episodios finales antológicos. Lo tenía todo para conseguirlo. Poco importan las cábalas que, inevitablemente, hubiésemos hecho durante todos estos años, y más aún en los últimos meses. Si Hank y Karen volverían a estar juntos o no. Si nuestro ídolo acabaría estirando la pata, como muchos vaticinaban, o se despediría vivito y coleando. Podían suceder muchas cosas. Lo único que, creo, le demandábamos al señor Tom Kapinos era continuidad y coherencia, que no escatimase en guiños a la mitología de la serie (parecía más pertinente que nunca) y que nos volviese a matar a carcajadas… y a hacernos llorar como bebés. En cambio, durante buena parte de la temporada “Californication” no ha sido, o no lo ha parecido, ni continuista ni coherente, no hemos tenido tantos guiños como esperábamos, nos hemos reído menos que nunca y la emoción, salvo en sus últimos estertores, ha brillado por su ausencia. Bravo, en todo caso, por ese volantazo final que acabó enderezando, más o menos, las cosas. Leer más…

«Orange Is The New Black»: prisión, dulce hogar

30/06/2014

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(AVISO DE SPOILERS: Se recomienda no seguir adelante con la lectura sin haber visto la serie, ya que este post revela detalles de sus dos temporadas completas. Si aún no has llegado a «We Have Manners. We’re Polite», a partir de aquí, monstruos.)

La ficción, ese lugar confortable, ese universo paralelo en el que el público adora a las reclusas. No cabe duda de que Netflix encontró su gallina de los huevos de oro el pasado 2013 con esta serie basada en la novela autobiográfica de Piper Kerman. Orange Is The New Black nos muestra el día a día  y bucea por las historias de las reclusas de la prisión federal de Litchfield de un modo desenfadado que nos ha vuelto locos a todos. Ya casi nadie escucha ese «You’ve Got Time» de Regina Spektor sin acordarse de la cabecera de la serie. Además no nos la van sumistrando en dosis pequeñas, ya que siendo Netflix su principal y primera red de distribución (lo que ocurre después es otra historia), tenemos la temporada completa en un solo día para irla disfrutando a nuestro ritmo, lo que para muchos significa un maratón de trece horas con palomitas y alguna que otra parada para ir al baño y ventilar la habitación. Y es que a pesar de su temática resulta muy ligera y casi adictiva. A esta serie no hay que dejar de concebirla como lo que es, una muestra magnífica de que los productos que tienden al entretenimiento y la evasión no tienen por qué ser de baja calidad, ni vacíos, ni parecer una película de sobremesa que nunca termina con personajes más planos que la suela de mis zapatillas. Es realmente buena en lo que es y en lo que ofrece.

Mucho tiene que ver  la mano de Jenji Kohan, creadora no sólo de Orange Is The New Black (OITNB a partir de aquí), sino también de Weeds, aquella serie de Showtime que durante ocho años nos dejó disfrutar de la gran Nancy Botwin y sus desastres sin límite. Conviene nombrarla porque ambas tienen algo en común, a parte de sus grandes delincuentes femeninas, y es la capacidad de mostrar realidades poco acogedoras y muy duras sin dar demasiada importancia al drama, de una manera muy refrescante que siempre consigue quitar hierro a la gravedad de las historias para que disfrutemos de unas dramedias estupendas y con un estilo muy propio. Leer más…

«El sueño de Ellis»: la quimera de la Tierra Prometida

27/06/2014

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Pese a la brevedad de su obra (sólo cinco películas en 20 años), el neoyorquino James Gray es para muchos críticos uno de los últimos guardianes de las esencias del clasicismo norteamericano, digno heredero de las tragedias familiares y criminales de Francis Ford Coppola, y uno de los cineastas estadounidenses más mimados por el Festival de Cannes, donde ha competido en la selección oficial con sus cuatro últimas cintas. Quizás sea ese nadar a contracorriente en el panorama actual, a medio camino entre el cine de autor y el mainstream, lo que le ha valido un estatus de culto y un reconocimiento que yo no acabo de compartir. De hecho, la trilogía formada por “Cuestión de sangre” (1994), “La otra cara del crimen” (2000) y “La noche es nuestra” (2007), aún siendo muy estimable, quedaba muy lejos de las grandes obras de Coppola, Scorsese o Eastwood, verdaderos referentes de Gray en la búsqueda de esa épica callejera a la que aspira, y sólo en la excepcional “Two Lovers” (2010), en la que abandonaba el thriller para entregarse al drama romántico con resultados superlativos, he visto al cineasta mayor que proclaman sus seguidores. Gray tiene pinta de aplicado alumno que se ha aprendido de memoria las enseñanzas de sus maestros, lo cual ya es suficiente para reconocerle como un buen cineasta, pero aún le falta la personalidad propia, la grandeza, la genialidad que te permite abrir nuevos caminos de, por ejemplo, un Paul Thomas Anderson, para poder ser considerado uno de los grandes de nuestro tiempo.

“El sueño de Ellis”, la nueva película de Gray (nueva por decir algo, porque llega a las carteleras españolas con un retraso considerable, como ya pasó en su momento con “Two Lovers”), fue recibida con muy poco entusiasmo en Cannes 2013, una tibieza con la que en esta ocasión no puedo estar muy de acuerdo porque, aunque no supone ese salto de calidad que demandaba más arriba y, desde luego, se queda varios peldaños por debajo de su anterior filme, corrobora las virtudes de Gray en un territorio alejado de su zona de confort, abrazando el melodrama clásico de Hollywood ya sin la agradecida coartada del género negro, pero sin dejarse por el camino sus señas de identidad, especialmente su obsesión por los lazos de sangre, la culpa y los remordimientos. Leer más…

Bunbury: la búsqueda como destino

26/06/2014

 

(Artículo actualizado en octubre de 2018 con motivo de la celebración de los 30 años de carrera de Bunbury)

Hace ya más de 20 años que Héroes del Silencio anunciaron su separación. La banda dejó como legado, además de una legión de fieles seguidores, muy muy fieles seguidores, únicamente cuatro discos de estudio, algo más de media centena de canciones. Sin embargo, todavía hoy buena parte del público aún relaciona a Enrique Bunbury con aquel tipo de voz engolada, pecho al aire y cinta en el pelo, un animal de escenario que era adorado y denostado a partes iguales. Hay también quienes asocian su carrera en solitario con los sonidos cabareteros o con las rancheras, visión casi igual de desafortunada, ya que si algo ha caracterizado la evolución de Bunbury durante todos estos años ha sido el no quedarse anclado en un estilo, la búsqueda, haciendo de ella no un camino, sino el propósito, el destino quizás. Y habrá incluso un segmento de audiencia joven que mirará a este tipo con cierto recelo, metiéndole en el saco de los dinosaurios que se niegan a bajarse del escenario y que se empeñan en vivir de las rentas, en posiblemente la visión más injusta que se pueda tener de él. Por esto, y acumulando ya un bagaje de nueve álbumes (numerosos directos y colaboraciones aparte), más del doble de los grabados con su antigua banda, el maño se ha ganado con creces el derecho a ser juzgado por sus méritos o deméritos al margen de la pesada carga de haber liderado uno de los grupos de rock más importantes de la música española, y además se ha hecho merecedor de al menos el reconocimiento a una carrera, cuanto menos, digna de respetar por cualquiera con los oídos medianamente sanos. De esta forma, os proponemos un recorrido por la discografía en solitario de Bunbury, para lo cual se recomienda encender los altavoces, abrir la mente y olvidarse de prejuicios.

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«Las dos caras de enero»: Verano de corrupción

25/06/2014

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Siempre me ha gustado ese contraste que surge de mezclar una localización luminosa y calurosa, la naturaleza en su estado más bello, con la oscuridad gélida del alma humana, gran parte de lo peor que nos ha deparado la naturaleza.  A Patricia Highsmith también parecía llamarle la atención esta oposición y se dedicó a cultivarla en unas cuantas de sus novelas. Desgraciadamente, mi conocimiento sobre la escritora estadounidense va poco más allá de la muy correcta versión que hiciera el malogrado Anthony Minghella de ‘El talento de Mr.Ripley’, pero el instinto, y su gran elenco también, me llevó directamente a la sala de cine para presenciar una nueva adaptación de su obra a la gran pantalla, la de ‘Las dos caras de enero’.

El muy variopinto guionista Hossein Amini (‘Jude’, ‘Las alas de la paloma’, ‘Shanghai’, ‘Drive’) se empeñó en adaptar este libro, en el que un matrimonio estadounidense formado por el maduro Chester MacFarland (Viggo Mortensen) y su joven esposa Colette (Kirsten Dunst) conocen e intiman durante unas vacaciones en Atenas con Rydal (Oscar Isaac), un joven compatriota suyo, un apuesto guía turístico que se saca un sobresueldo timando a los desprevenidos visitantes. Sin embargo, una idílica noche se tornará especialmente oscura cuando el turbio pasado de Chester regrese inesperadamente en forma de investigador privado. Tras una tensa lucha, la muerte de este detective y la accidental presencia de Rydal en la escena provocan una siniestra conexión en el trío, que emprenderá una accidentada huida hacia nadie sabe dónde y verá cómo su relación se encamina hacia los extremos más turbios. Debemos dar gracias a Amini por lograr sacar adelante un proyecto tan apetecible. Sin embargo, Amini (y los productores) tomó la peor decisión posible: creer que él era el mejor director posible para  la cinta. Leer más…

Simpatía por los Stones

24/06/2014

Simpatía por los Stones

The Rolling Stones son la banda más importante de la historia del rock. Lo son por su legado musical, por influencia cultural y, también, hay que decirlo, por su constancia y longevidad. Aunque algunos ignorantes se rían de ellos por seguir al pie del cañón cuando ya son unos abuelos (o bisabuelos, en el caso de Mick Jagger), y lleven cargando con el cartel de ‘dinosaurios’ desde hace más de dos décadas, no serían tan grandes como son (y no se puede ser más grandes de lo que son) si no fuese precisamente por su firmeza, su rotunda negativa a rendirse, y su infatigable empeño en seguir defendiendo aún su legado noche tras noche subidos a un escenario. Viejos rockeros decididos a morir con las botas puestas. Con ellos cobra sentido más que nunca la expresión ‘leyendas vivas’. Por eso mismo en El Cadillac Negro, cuando cumplieron medio siglo de existencia, quisimos rendirles tributo como creemos que se merecen con nuestro especial ‘The Rolling Stones: 50 años, 50 canciones’, cinco posts con los que repasamos lo más selecto de su discografía. O al menos lo intentamos.

Para entonces, ni siquiera había comenzado su gira de aniversario ’50 & Counting’, ni mucho menos sabíamos que ésta tendría continuidad con ’14 On Fire’, el tour con el que finalmente han atendido nuestras plegarias y vienen a visitarnos a España por ‘penúltima’ vez. Una única fecha en Madrid, a la que solamente podrá asistir el autor de este post. Y no será porque tres de sus compañeros no quisieran o no intentaran ir, pero los tejemanejes, una vez más, de TicketMafia se lo impidieron. Y si un servidor corrió más suerte fue únicamente por eso, por pura potra (y a costa de desgastar durante casi 4 horas el F5 del teclado…). Pero eso no puede hacernos olvidar, aunque esté feo que sea yo quien lo diga, que cada nueva venida de sus Satánicas Majestades debe ser recibida siempre como una fiesta. En este blog queremos sumarnos a ella, y como ya les homenajeamos en su día, sólo se nos ocurre completar aquel especial regalándoos una ‘bonus track’, o ‘bonus post’, con un puñado de versiones de otros artistas de algunos clásicos stonianos. 14, en este caso, haciendo honor así a su actual gira. Pues en realidad no hay mayor prueba de su influencia en nuestras vidas que comprobar la ascendencia que siempre han ejercido, ejercen y ejercerán en los músicos de todo el planeta. Así que poneos cómodos, subid el volumen a tope y disfrutad del viaje. Sólo un par de consideraciones previas: 1) como ya sabéis, en este tipo de posts el criterio es absolutamente subjetivo, tanto en la elección de temas como en la de artistas, así que es probable que echéis de menos alguna canción o alguna versión que vosotros sí habríais incluido. Ya sabéis, para eso están los comentarios. Y 2) no he elegido ninguna versión de The Black Crowes porque, básicamente… ¡The Black Crowes han interpretado todas y cada una de las canciones de los Rolling Stones! Y eso me parecía abusar. Pero si tenéis curiosidad, existen recopilaciones piratas que recogen hasta una treintena de estas versiones. Pues eso. Ahora sí. Arrancamos. Leer más…