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“American Horror Story: Asylum”, o el terror de lo real

25/01/2013

American Horror Story Asylum 1

(ALERTA SPOILER: Prohibido leer sin haber visto hasta el último capítulo de la segunda temporada de la serie)

Vampiros, hombres lobo, zombis, infectados, monstruos, fantasmas, espíritus, poseídos, demonios, presencias sobrenaturales, extraterrestres, casas encantadas, bosques encantados, cualquier otro garito que se nos ocurra que pueda estar encantado, pueblos malditos… vale, ya veis por dónde voy. Con estos ingredientes, y alguno más que seguro que se me olvida, se cocinan prácticamente todas las historias de terror que conocemos. Pero todos tienen también además otra cosa en común, y es que, hasta que se demuestre científicamente lo contrario, no existen. Ya no entro en que haya quien crea o deje de creer en según qué cosas, que eso puede ser o no muy respetable, simplemente digo que no está comprobado que ninguna de estas movidas sean una realidad, y punto. Por otro lado, tenemos al doctor Josef Mengele, un ‘señor’, por llamarlo de alguna forma, que llegó a ser conocido como el ‘Ángel de la Muerte’ de Auschwitz y que, durante la Segunda Guerra Mundial, torturó a miles de prisioneros en los campos de concentración nazis y realizó con ellos experimentos tan atroces que son casi inenarrables. Lo peor, para mí, es saber que se fue de rositas y que murió, totalmente impune, en Brasil en 1979, lo que lógicamente alimentó además muchísimas leyendas en torno a su figura y a la presunta ‘actividad’ que pudo haber desarrollado en la clandestinidad tras la guerra. La existencia de un ser como éste es mucho más aterradora que cualquiera de las cosas que hemos mencionado al principio… y lo más jodido es que existió. Fue real.

En “American Horror Story: Asylum”, como se ha llamado la segunda temporada de ese invento creado por Ryan Murphy y Brad Falchuk en 2011, y que se ha convertido en una de las series de mayor éxito de la cadena FX, hemos tenido a un remedo de Josef Mengele, un tal doctor Arthur Arden, tras el que se escondía en realidad el criminal nazi Hans Gruber. Para colmo, ha estado interpretado por un tipo tan sólido y convincente como James Cromwell. Y le hemos visto hacer de las suyas, vaya si lo hemos visto. Si a esto le sumamos que, salvo algunos detalles sobrenaturales, “Asylum” ha girado en torno a los psicópatas y los trastornos mentales, o sea, otros elementos jodidamente reales, no es extraño que esta temporada haya sido menos lúdica y festiva que aquella primera ambientada en la ‘Murder House’, y sí en cambio mucho más desasosegante, angustiosa y, en definitiva, terrorífica. Leer más…

“Django desencadenado”, un clásico instantáneo

24/01/2013

Django Unchained 1

¿Recuerdan cuándo y dónde vieron por primera vez “Pulp Fiction”? ¿Les parece extraña la pregunta? Para mí, en una conversación sobre cine, la cuestión se me antoja tan pertinente como cuando alguien de repente saca el tema de dónde estabas o qué hacías ese día en el que sucedió aquello tan importante. Pues eso, mientras se lo piensan, yo responderé que la vi en algún momento de 1994, con 14 o 15 años, en el difunto Cine Novedades de Madrid, del que recuerdo que por algún extraño motivo al menos una de sus salas estaba cuesta arriba (¡¿?!). En verdad, ya con “Reservoir Dogs” ese loco cineasta nacido en Knoxville, Tennessee, había dado la campanada en todo el mundo, y llevábamos un par de años sin dejar de escuchar incesantemente el “Hooked on a Feeling” de Blue Swede (el mítico ‘hooka hooka hooka shaka’) debido precisamente al éxito de esa peli, pero lo cierto es que el gran público, sobre todo en España, conoció a Quentin Tarantino con “Pulp Fiction”. Después de eso ya se hizo pertinente ver su ópera prima, en mi caso en una cinta VHS y con una calidad que dejaba bastante que desear, pero recuerdo incluso que un buen colega se la llegó a comprar en Laserdisc (¡¡¡¿?!!!).

En el primer año de carrera, coincidiendo además con el estreno de “Jackie Brown”, un grupo de compañeros (con algunos de los cuáles aún mantengo la amistad, después de tantos años) decidimos hacer un trabajo sobre las dos primeras películas de Tarantino. El profesor, que además escribía críticas de cine para algunas revistas y diarios, nos dio el visto bueno aunque antes nos dejó bien claro que a él, como director, le parecía una soberana mierda. El trabajo nos quedó cojonudo, por cierto, pero todo esto venía para revisitar esa época en la que Tarantino era lo más ‘cool’ (aunque entonces decíamos ‘guay’), lo más moderno, lo más rompedor, lo más transgresor, en definitiva, lo más de lo más. Odiado y amado a partes iguales, despreciado y venerado en idénticas dosis, pero en ambos casos a lo grande. Y como suele pasar, salieron imitadores de debajo de las piedras. La gran mayoría no valían un pimiento, otros en cambio algo tenían y de hecho unos cuantos aún seguirán por ahí, pero la revolución ya se había producido y, reconozcámoslo, ya nada volvió a ser lo mismo. Tras una eterna espera de seis años, el cineasta regresó por todo lo alto con la doble, mortal y sublime “Kill Bill”, que aunque ya nos pilló un poco más mayores, a muchos nos noqueó igualmente. “Death Proof”, a pesar de que ahora parece que el propio director la repudia y se avergüenza de ella, no dejaba de ser un divertimento bastante simpático y estimable que nos permitió además aguantar la espera hasta la llegada de otra maravilla, “Malditos bastardos”. Su séptima u octava película (dejando de lado “Four Rooms” y dependiendo de si se considera “Kill Bill” una única obra o dos… yo soy de los primeros), “Django desencadenado”, se estrenó el pasado 18 de enero en España, pero lo hizo a finales de 2012 en Estados Unidos. 2012. 20 años después de “Reservoir Dogs”. Han pasado dos décadas desde su ópera prima y Quentin Tarantino, lógicamente, ha dejado de ser una novedad, un descubrimiento, una promesa, y se ha consolidado, con todos sus méritos, como un clásico. Bueno, en su caso, como un puto y jodido clásico. Y lo mejor de todo es que lo ha hecho sin dejar de ser lo más ‘cool’, lo más moderno, lo más rompedor, lo más transgresor, en definitiva, lo más de lo más. Leer más…

Nuestra “Fringe”

21/01/2013

Fringe Season 5 (1)

(ALERTA SPOILER: Prohibido leer sin haber visto hasta el último capítulo de la serie, el 13º de su quinta temporada)

“Fringe” ha sido, para mí, y por muy diversos motivos, una serie excepcional. ¿Durante sus cinco años de existencia? Durante los tres primeros, sin ningún tipo de dudas… Voy a concederle que sí, que hasta el final, esos dos capítulos (“5×12 Liberty” y “5×13 Enemy of Fate”) emitidos el pasado viernes, “Fringe” ha sido una gran serie. A pesar de que sus dos últimas temporadas han sido francamente mejorables, insisto y vuelvo a subrayar, y seguro que nunca será suficiente, en mi opinión. No me considero un gurú de nada como para decir “esto es bueno”, “esto es una mierda”, “esto es mejor que esto otro”, sólo puedo defender mis propias emociones y compartirlas por si a alguien le interesan, esté o no de acuerdo, y en mi caso no hablaré de una profunda decepción o abatimiento con respecto a la serie creada por J. J. Abrams, Alex Kurtzman y Roberto Orci, pero sí de un cierto desencanto. Y por favor, que nadie se lleve las manos a la cabeza ni me maldiga con toda su alma, aún. No quiero ser muy pesado o mostrarme demasiado a la defensiva, pero sé perfectamente qué tipo de pasiones despiertan hoy en día las series y cómo la gente se acaba tomando como algo muy personal las opiniones que no coinciden con las suyas. Sobre todo cuando hablamos de una serie como ésta, con una legión de fans fidelísima.

Esa ha sido, al final, la mayor grandeza de “Fringe”, su principal activo y el motivo de su supervivencia: la pasión inquebrantable de sus seguidores, muchos más de lo que reflejaban las cifras de audiencia y entre los que, pese a todo, me encuentro. Por eso me atrevo a juzgarla de forma un tanto severa, porque aunque no estuve allí desde el principio, sí acabé rindiéndome ante los magníficos hallazgos que convirtieron a la serie en algo único, irrepetible y extraordinario. Al igual que su prima (no carnal, como pensamos en un principio, sino bastante más lejana) “Perdidos”, “Fringe” supo construirse una mitología fascinante y un mundo propio, o varios, y llegó a volar muy alto, altísimo. Para mí, siempre será la serie de los universos paralelos, los saltos en el tiempo y, sobre todo, los apasionantes juegos con el espectador, que ya destacamos en nuestro anterior post ‘La última vida de “Fringe”. En la medida en que eso ha ido poco a poco diluyéndose, o perdiendo gancho, la serie creo que ha acabado resintiéndose y debilitándose. Leer más…

«Lincoln», el principio de Euclides

18/01/2013

Lincoln_1

Hace poco menos de un año escribí aquí, a propósito del estreno de “War horse”, que un servidor considera a Steven Spielberg uno de los mayores genios de la historia del cine y que gran parte de su producción del siglo XXI (desde “A.I” hasta “Munich”, pasando por “Minority Report” o “Atrápame si puedes”) puede mirar de tú a las mejores obras de los últimos grandes cineastas contemporáneos, ya sean David Fincher o Christopher Nolan. Sin embargo, admito que tenía mis reservas sobre lo que me podía ofrecer en “Lincoln”, como también me sucedió en su momento con la película del caballo. Y no porque sospechara que me iba a encontrar ante un biopic hagiográfico “bigger than life” de uno de los mitos más queridos de la historia estadounidense descaradamente orientado a bañarse en el oro de los Oscar (que ya sabía que los tiros no iban exactamente por ahí), sino porque el  trailer que la presentaba era una estática sucesión de conversaciones y discursos de cariz político pronunciados en cámaras y despachos, sin apenas concesión a los exteriores o a la acción épica. Es decir, no parecía precisamente el tipo de terreno de juego donde Spielberg  ha realizado sus mejores faenas. Pues bien, una vez visionada la película he de decir que he visto pocos trailers en los últimos tiempos menos engañosos y  más ajustados a la naturaleza del filme, y, sin embargo, pocas películas de estas características y de una duración cercana a las dos horas y media se me han pasado con tanta rapidez. Tampoco engañaremos a nadie. Si al espectador no le interesa lo más mínimo la temática de la obra o si carece de unas nociones básicas de historia estadounidense, “Lincoln” puede resultarle una experiencia tremendamente farragosa y aburrida, y, al contrario, un erudito estudioso de una época tan convulsa y fascinante tal vez proteste ante imprecisiones y omisiones varias, pero si uno se somete de buen grado a las reglas del juego impuestas por el director quizás se sorprenda gratamente ante un filme absorbente y, a su manera, muy entretenido.

Spielberg, que dicen se ha pasado una década buscando la manera más adecuada de acercarse a la figura del decimosexto presidente de los Estados Unidos, opta con buen criterio por centrarse en un momento muy puntual y decisivo de la vida del mandatario republicano, a principios de 1865, cuando todos sus esfuerzos estaban centrados en poner fin a la Guerra Civil y en la aprobación de la Decimotercera Enmienda a la Constitución, que suponía la abolición de la esclavitud. Y “Lincoln”, la película, a excepción de un pequeño prólogo en el campo de batalla, es exactamente eso. Una minuciosa y detallada crónica de las artimañas políticas y turbios manejos que tuvo que desplegar el presidente para lograr en el Congreso el reconocimiento de la igualdad de derechos de los negros frente a los blancos. El director de “El color púrpura” y “Amistad” pasa de puntillas o ignora cualquier otra razón para justificar el empeño de Lincoln en aprobar la enmienda que no sea la que expone ante dos jóvenes telegrafistas a propósito de uno de los principios enunciados por Euclides: “las cosas iguales a una misma cosa son también iguales entre sí”. Esa convicción absoluta en que un fin tan elevado y honorable como la libertad disculpa cualquier medio por cuestionable que éste sea se convierte en el motor de un filme que también funciona como el retrato de un líder crepuscular, benévolo pero decidido, ligeramente “abuelo cebolleta” en su sabio desgranar de divertidas y didácticas anécdotas,  padre y marido con sus luces y sombras. Leer más…

El «White Album» de The Beatles: el principio del fin

16/01/2013

The Beatles_White Album

Hay muchas y diferentes formas de acercarse al monumental legado de The Beatles y cada uno de nosotros tiene su particular historia de cómo se adentró por primera vez en una de las discografías más apasionantes de la historia de la música, pero para las generaciones que no vivimos aquellos dorados años 60 porque ni siquiera habíamos nacido siempre hubo una puerta de entrada ideal al universo Beatle: los dobles recopilatorios 1962-1966 y 1967-1970, popularmente conocidos como “el rojo” y “el azul”. Estos dos discos permitían realizar un eufórico recorrido por la fulgurante trayectoria de los “Fab four”, desde la candorosa energía de sus primeros tiempos hasta la madurez rugosa de “Let it be”,  desde sus éxitos más aplastantes hasta aquellas canciones que nunca fueron single pero forman parte fundamental del “corpus” beatle, y todavía hoy se mantiene como el mejor resumen posible de la banda, muy superior al posterior  “1”, que solo incluía los temas que habían sido número uno en listas. Yo aún guardo como oro en paño mis ediciones en vinilo y los recuerdos que me traen. Pero lo bueno del “rojo” y el “azul” es que aunque juntos formaban una panorámica bastante certera de lo que habían sido aquellos ocho años en la vida de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr, en realidad apenas rascaban la superficie. 54 canciones no eran pocas, pero dejaban demasiado terreno sin cubrir. Eran una recopilación perfecta para enganchar neófitos, pero sobre todo suponían una invitación a ir a por más, a descubrir  los placeres ocultos en cada uno de los 13 discos oficiales de la banda.

Por supuesto, había y hay otras opciones para una primera aproximación a la magia beatle: la inmediatez arrebatadora de “A hard day’s night”, el aureola mítico de “Sgt. Pepper’s lonely hearts club band” o la perfección pop-rock de “Abbey road”, pero me atrevo a asegurar que poquísima gente tiene su primer contacto con la banda con “The Beatles”, aka “The White Album”. Para empezar, contiene pocos de esos clásicos universales que todo el mundo conoce, de hecho solo tres de sus temas (“Back in the U.S.S.R”, “While my guitar gently weeps” y “Ob-La-Di, Ob-La-Da” ) figuran en las recopilaciones al uso; su generosa duración (casi 94 minutos) tampoco hacen de él un trabajo accesible y la música que contiene, bueno, en su mayoría no es la que un advenedizo identificaría con el característico sonido beatle. No, el doble blanco es un disco para avanzados, para perderse en su inmensidad y dejarse llevar por sus picos y valles. Su inabarcable naturaleza posibilita que en cada escucha se encuentre un detalle nuevo que antes había pasado desapercibido, aromas que no se percibieron la vez anterior, locuras que parecían no estar ahí antes. Pero además de todo eso es el disco que marca, mucho más que “Revolver” o “Sgt. Pepper’s”, un antes y después en la carrera de la banda, un punto de inflexión definitivo a partir del cual ya nada volverá a ser igual. Leer más…

‘The Master’: cuestión de fe

11/01/2013

The Master Seymour Hoffmann y Phoenix

Paul Thomas Anderson se ha hecho con una posición envidiable para todo director con ambiciones. Como gran reminiscencia de los directores estrella de los años 70, junto a un superviviente de aquella época como Terrence Malick, desarrolla su carrera a sus anchas, ajeno a las modas y a las coyunturas, desde una atalaya en la que llevar a cabo ambiciosos proyectos dirigidos a un público no menos ávido de grandeza. Ganada esta posición casi desde los comienzos de su trayectoria, tras el fervor crítico que causaron su segunda y tercera películas, la formidable ‘Boogie Nights’ y la descomunal ‘Magnolia’ (uno de las mejores películas de la historia para el que esto firma), Anderson ha depurado aún más su estilo desde entonces y se ha permitido apuestas todavía más arriesgadas. ‘Punch-Drunk Love’ parecía suponer únicamente un relajamiento tras la tremenda intensidad de ‘Magnolia’; únicamente un gustazo para pervertir el género de la comedia romántica bajo un prisma pop y surrealista, pero escondía más claves de las que en su momento parecía contener. Ese alejamiento de la concreción, del guión rematado clavo a clavo, acabaría tiñendo su obra posterior. En ‘Pozos de ambición’, sus megalómanas aspiraciones iban a la par que las de su protagonista, facturando bajo una engañosa apuesta por el clasicismo escenas tan inolvidables y virtuosas como un incontrolable impulso de ir al límite, a jugársela en el alambre, que la hacía caer tras su desbarrado tramo final. Todo ello a la vez que nos colaba una nada complaciente parábola de la América post-invasión de Irak. No menos ambición tiene el nuevo proyecto de Anderson, ‘The Master’, toda una indagación sobre los misterios de la fe, ese elemento tan atávicamente humano.

Poco de eso podemos imaginar cuando comienza la película. En su tramo inicial, ‘The Master’ nos retrotrae a obras tan notables como ‘Los mejores años de nuestra vida’ o ‘Banderas de nuestros padres’ -o incluso al tercio final de ‘El cazador’– , es decir, a las devastadoras consecuencias psicológicas que deja una guerra, en este caso la Segunda Guerra Mundial, en los pobres jóvenes que ven interrumpidas sus vidas para experimentar lo peor del ser humano. Vemos al apuesto Freddie Quell volver al ‘mundo real’ en un constante vagabundeo vital tras acabar la contienda, aferrado únicamente a su obsesión por el sexo y a su dependencia del alcohol -especialmente a los letales brebajes que él mismo se prepara- , desperdiciando cada oportunidad que se le presenta con sus arrebatos de ira, de esa ira que se ha adherido en su interior como una lapa. Leer más…

«Amor», empacho de realidad

11/01/2013

Amor (2012)

Incómodo, turbador, desasosegante , áspero, inquietante… son calificativos que siempre se asocian al cine del austriaco Michael Haneke, el director europeo más respetado y agasajado por la crítica de los últimos tiempos. Ver un filme de Haneke nunca es un trago agradable; hay que tener estómago y estar preparado para pasarlo mal durante un par de horas. Si el momento no es propicio puede resultar una experiencia insoportable, e incluso también si lo es. Para mí, su cine es como uno de esos jarabes que te dejan un malísimo sabor de boca pero que empieza a hacer su efecto a las pocas horas. Las películas de Haneke escuecen, están hechas para ser sufridas y su onda expansiva llega mucho más allá de la sala de cine. Sus mejores cintas se caracterizan por introducir un elemento anómalo, normalmente de naturaleza violenta y brutal, en un refinado y cotidiano microcosmos burgués y observar imperturbable y retorcidamente cómo se desmorona esa frágil estabilidad. En “Funny games” (1997) eran un par de jóvenes psicópatas la que irrumpía salvajemente en la casita de campo de una familia acomodada;  la respetada y respetable profesora  de “La pianista” (2001) ocultaba una sexualidad reprimida y alienada que al ser expuesta públicamente terminaba arrojándola a una patética e implacable espiral de humillaciones; y el pudiente matrimonio de “Caché (Escondido)” (2005) veía cómo su mundo se volvía del revés por culpa de unas misteriosas cintas de vídeo anónimas que parecían reclamar viejas cuentas pendientes del pasado. “Amor”, su última y multipremiada película, aunque con matices también se mueve bajo esas coordenadas, pero en este caso el monstruo detrás del armario es mucho más prosaico, por real, tangible e inevitable.

En “Amor” tenemos a un matrimonio de ancianos, Georges y Anne, que disfrutan de un plácido retiro tras una vida dedicada a enseñar música. Asisten orgullosos al recitan de un antiguo alumno, comparten un cariño verdadero que aún les permite flirtear como dos jóvenes enamorados y se hacen mutua compañía en un apartamento parisino que refleja fielmente sus cultivados gustos y placeres. Y de repente la enfermedad, y todo lo que ella significa, llama a la puerta sin cita previa. A un primer ataque que deja paralizada la mitad derecha de Anne le sucederá la progresiva decadencia de un cuerpo y una mente que solo tienen a su fiel compañero para apoyarse. Haneke muestra con su gélida maestría durante la primera hora cómo el dramático cambio de las circunstancias afecta a la relación de la pareja. El cineasta no se permite nunca caer en las tentadoras redes de la lágrima fácil, aunque tampoco renuncia a introducir breves y luminosos retazos de ternura. Los largos planos, las dilataciones del tempo narrativo y el minimalismo escénico (toda la acción transcurre en el piso, cuyas estancias recorre y recorre Haneke hasta que quedan grabadas en nuestra memoria) también ayudan a abrir distancia con el melodrama de manual, mientras se arroja una necesaria reflexión sobre la indignidad de arrastrar una vejez acosada por la demencia, que se lleva cruelmente poco a poco los recuerdos  de una vida plena y ya perdida para siempre. Leer más…

Series: nuestras 12 de 2012

08/01/2013

Series 2012

Tras el espléndido repaso que hicieron mis compañeros a las películas y discos que más gustaron en 2012 a los conductores de El Cadillac Negro (recordad que nos resistimos a hablar de ‘mejores’ pues, al fin y al cabo, quién tiene la autoridad de decidir algo así), llega el momento de cerrar definitivamente un año muy especial para nosotros con nuestro balance seriéfilo de la temporada. Sí, tras un pertinente periodo de gestación, el blog nació un 15 de febrero de 2012 y desde el principio nos esforzamos en ver todas las series que pudimos permitirnos y en dejaros nuestras impresiones por aquí. Y la buena recepción que tuvimos desde el primer día nos animó a aplicarnos, si cabe, aún mucho más. Lo cierto es que el virus este de las series entró en nuestro organismo hace ya unos cuantos años, pero el nacimiento de El Cadillac Negro nos ha obligado a mostrarnos aún mucho más atentos a todo lo que se ha ido emitiendo en este año. Las palabras se quedan cortas para explicaros lo bien que lo hemos pasado, aunque no siempre hayamos podido abarcar todo lo que queríamos.

Echando ahora un vistazo a las doce series elegidas, nos damos cuenta de que no hay ni una sola comedia. Puede ser que eso diga mucho de nuestro carácter. Es verdad que no vemos demasiadas, y que aquéllas que seguimos (“Californication”, “Cómo conocí a vuestra madre”…), aunque aún disfrutemos mucho con ellas, han vivido tiempos mejores, pero quizás hubiese sido de justicia acordarnos de “Weeds” en su digna despedida. Tendrá que bastar esta mención a modo de homenaje. Ese es uno de nuestros grandes propósitos para 2013, engancharnos a alguna comedia más que valga la pena y contároslo. También es muy evidente nuestro amor incondicional por las series norteamericanas (once de doce), y más en particular por las series por cable (once de once). Entre AMC, HBO, Showtime y FX estamos más que servidos. Sólo hay una serie británica que se ha colado en la lista, aunque de ser más amplia también podría haber entrado “Hit & Miss”, mientras que “Black Mirror” se cayó a última hora porque nos dimos cuenta de que fue emitida en diciembre de 2011… y somos así de estrictos. Otra cosa más que debemos corregir en este año recién comenzado: ampliar un tanto nuestras miras. Pero ahora centrémonos en lo que ya hemos visto. Podéis leer además libremente, pues nos hemos esforzado en no colaros ningún spoiler. Así queda nuestra lista: Leer más…