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“Peaky Blinders”: MÁS gángsters, cuchillas y rock ‘n’ roll

21/11/2014

Peaky Blinders Season 2

(ALERTA SPOILER: Revela detalles importantes de la trama de la serie, hasta el sexto capítulo de su segunda temporada)

“Peaky Blinders” fue una de las series sorpresa de 2013. No sólo en este blog, sino entre buena parte de la parroquia seriéfila, que vio cómo un producto que presumiblemente nacía con la etiqueta de la “Boardwalk Empire” británica era en realidad (felizmente) otra cosa bien distinta. Una serie rompedora, ambientada en la Birmingham de 1919 pero hipermoderna en cuanto a realización y estética, de facturación excelsa y, como guinda del pastel, con trallazos de rock a modo de banda sonora. Y a diferencia de todas esos shows de feliz premisa original y primera temporada resultona, que luego se ven alargados sine die espoleados únicamente por su éxito inicial (a todos se nos ocurren ahora muchos ejemplos), “Peaky Blinders” sí pedía a gritos tener continuidad. No sólo por ese monumental cliffhanger con el que se cerraba su sexto capítulo, sino porque la serie mostró hasta entonces que su propuesta, lejos de dar síntomas de agotamiento, podía (y debía) tener un largo recorrido. Tanto es así que, vista ya su segunda tanda de episodios y renovada por al menos una temporada más, podemos confiar en que su creador Steven Knight (guionista de, entre otras, “Promesas del Este”, y director de la reciente “Locke”) se asegurará de que la historia del auge y, presumiblemente, caída de los Peaky Blinders sea de esas que se comprenden mejor y cobran aún mucho más sentido cuando están completas y son admiradas en su totalidad. En la línea de, valgan como ejemplos más evidentes, la mencionada “Boardwalk Empire” o “Breaking Bad”.

Así, pese a que cuando vimos a Thomas Shelby (un enorme Cillian Murphy) recorrer por primera vez las sucias e industriales calles de la Birmingham de entreguerras ya era una figura que infundía respeto, por no decir pavor entre sus vecinos, el recorrido que experimentó el cabecilla de esta peculiar familia en sus seis primeros capítulos tuvo mucho de iniciático: el asalto al poder, no sin sacrificios y dificultades, de un tipo cuya ambición y astucia parecían predestinarle a grandes conquistas. Era previsible por tanto que, en esta segunda temporada, Tommy no sólo buscase consolidar su estatus hegemónico en su ciudad natal, sino que se sientese con ganas, fuerzas y sobre todo hambre para expandir sus dominios… llegando incluso hasta la mismísima Londres. Del mismo modo que no esperábamos menos por su parte, “Peaky Blinders”, la serie, también se veía en este 2014 obligada a cubrir esta vez las enormes expectativas generadas tras su espectacular desembarco doce meses atrás. Y sólo había una forma de lograrlo, como así ha sido: manteniéndose fiel a sí misma, conservando intactas todas sus virtudes e incluso sacándolas más brillo, y puliendo también algunas de sus flaquezas. Y yendo un poco más lejos, por qué no. Más y mejor, esa parece haber sido la máxima a seguir, y a Knight la jugada le ha salido redonda. Si durante algunos de los momentos iniciales de la serie el año pasado la forma parecía imponerse al fondo, algo que se fue arreglando con el paso de los capítulos, esta vez el equilibrio ha sido casi perfecto. Leer más…

Acerca de estos anuncios

Que nos devuelvan “Doctor Who”

18/11/2014

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(AVISO: En este post se va a hablar de la octava temporada de Doctor Who, no sigáis leyendo si aún no habéis visto el último episodio emitido, “Death in Heaven”)

Si nos preguntaran por nuestra temporada favorita de la Doctor Who moderna, todos empezaríamos a valorar grandes episodios, a pensar en nuestro Doctor predilecto y a rememorar momentos que han hecho historia para los seguidores de la serie. Sería difícil elegir y probablemente las respuestas serían muy diversas. Sin embargo, me atrevo a afirmar que el noventa por ciento (por aquello de dejar un margen de error inútil) tendría bastante claro que no es la octava. Es más, ese noventa por ciento esparciría gasolina sobre ella si lo obligaran a quemar un bloque de episodios. Todo dramatismo, por supuesto, pero realmente Doctor Who nunca ha sido menos Doctor Who de lo que lo ha sido estos tres últimos meses.

Hace exactamente ese tiempo escribía un post preguntándome cómo sería la vida después de los palitos de pescado con natillas, repasando lo mejor de la etapa anterior y sobre todo, celebrando que la serie volvía. Nadie imaginó que con semejante elección de intérprete a la cabeza todo iba a desdibujarse tanto, y es que, a día de hoy y después de haber asimiliado el cierre de temporada, aún me pregunto si los guionistas han visto la temporada anterior o han partido de cero como en un primer día de colegio. Leer más…

“Young ones”: sed de mal

17/11/2014

Tanto en el cine, como en la literatura, el uso mayoritario de las distopías se basa en mostrar las consecuencias de los errores que la sociedad (real y actual) infringe. Errores que, en la ficción, acabarán derivando en un futuro apocalíptico y que, principalmente, funcionan a modo de advertencia sobre nuestro comportamiento en uno o más aspectos generales. Así, nos encontramos con magníficos ejemplos como “The road“, “Fahrenheit 451“, “La naranja mecánica“, “Mad Max“, “Blade Runner“, “Terminator“…aunque, en el caso que hoy nos ocupa, la mayor destrucción en “Young ones” no es a escala planetaria (que también); sino la disolución de una familia.

Para ello, Jake Paltrow escribe y dirige la historia situando la acción en un incierto y desolador paraje del oeste de Estados Unidos, en un futuro más cercano de lo que podamos pensar; combinando de forma sorprendente elementos del mejor western, del mejor Shakespeare y del mejor cine de ciencia ficción. A pesar de contar con un concepto y diseño futurista, la trama y conflictos que toca son centenarios (amor, familia, madurez, odio, egoísmo, venganza). Una historia clásica cubierta por un velo apocalíptico y tecnológico. Así, al más puro estilo “Mad Max”, nos encontramos con que la escasez de un recurso vital ha liberado de su máscara ética y moral al feo rostro de la sociedad que se oculta tras ella. A diferencia del título de George Miller, en este caso no hablamos de la ausencia de gasolina, sino de agua. Su tremenda escasez hace que las tierras, que en otros tiempos fueron verdes y fértiles, ahora sólo contengan arena y roca; formando un paraje desértico, inhóspito y desolador, un interminable ‘Valle de la Muerte’. Un lugar donde la vida se mide en sacrificios, tragedias y traiciones, que cada uno deberá superar como pueda para sobrevivir. Obviamente, un lugar como este no es el mejor sitio para cometer errores…y Ernest Holm (Michael Shannon) ha cometido unos cuantos a lo largo de su vida. Errores que le fueron dirigiendo hacia ese desierto donde vive; entendiendo por desierto no sólo al paraje que le rodea, sino también al estado de su vida familiar. Leer más…

Cuando Lenny Kravitz molaba

13/11/2014

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A pesar de que desde hace ya algunos años da bastante pereza, hubo un tiempo en el que Lenny Kravitz molaba. Su figura se ha convertido desde hace tiempo en algo así como un dinosaurio prematuro, alguien que edita discos casi como excusa para realizar giras mundiales en las que desplegar su arsenal de infalibles hits, espectaculares shows basados en sus viejos éxitos, lo que es bastante común y permisible en artistas de dilatada trayectoria pero que se antoja sorprendente en alguien con una discografía más o menos justita, o por lo menos una discografía decente más o menos justita. Sin embargo, como ya he apuntado, hubo un momento en el que Kravitz lo tuvo todo para convertirse en uno de los grandes, y se convirtió, si bien aquello duró menos de lo esperado. Pero como somos de ver el vaso medio lleno, nos quedamos con esa etapa, una década de los 90 en la que Kravitz,  a base de revisar, revisitar y casi recrear a los clásicos, tomando el sonido de Led Zeppelin, Jimi Hendrix, los Beatles, Prince o Stevie Wonder como referencia más que evidente, presentó un buen puñado de canciones que aún hoy siguen sonando esplendorosas.

Encargado él mismo de tocar todos los instrumentos, de la composición y de la producción, y amante de los sonidos retro, siempre tuvo en contra a una parte del público y de la crítica que le acusaba de ser un mero reintérprete. Venga, aceptamos que su propuesta no era el culmen de la originalidad, pero sí creo que hay la suficiente distancia con sus “inspiraciones” como para poder ser valorado por sí mismo. Y es que su mezcla de rock, soul, funk y psicodelia resultó irreprochable durante cuatro discos (“Let love rule”, “Mama said”, “Are you gonna go my way?” y “Circus”). En su quinto trabajo, “5″, comenzó un proceso de apertura y modernización, y ahí comenzó su prematuro ocaso. El pertinente y multivendedor “Greatest Hits” se puede considerar su canto del cisne. La facilidad con la que Kravitz siempre ha despachado singles le hacía merecedor de un recopilatorio, y así se entendió y así triunfó, convirtiéndose desde ese momento en un fashionmodelo-pseudoactor muy amigo de la fama más que en el rock-star que era hasta entonces. Ya en el siglo XXI, “Lenny”, “Baptist”, “Is it time for a love revolution”, “Black and white America” y el reciente “Scrut” (porque Lenny Kravitz ha sacado disco este otoño, pese a que pocos nos habíamos enterado) han ido paulatinamente descendiendo en calidad, autenticidad e interés. Pero obviemos esta cuesta abajo y quedémonos con sus comienzos, esos años en los que, bajo el paraguas de irresistibles riffs y sublimes baladas, y siempre bajo la bandera del “peace & love”, Lenny Kravitz molaba.

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“Serena”: Cazando en la oscuridad

11/11/2014

Serena Bradley Cooper

El Hollywood actual no nos tiene acostumbrados a ese tipo de parejas legendarias cuya coincidencia en numerosas películas daban pie prácticamente a la creación de un género en sí mismo (Katherine Hepburn-Spencer Tracy, Rock Hudson-Doris Day). De hecho, ahora únicamente la proliferación de sagas ha permitido contemplar la evolución de la interacción de unos intérpretes determinados. Ante esta práctica inexistencia, el ya consolidado dúo que forman Bradley Cooper y Jennifer Lawrence se ha convertido en el más relevante de nuestros días. Una pareja que parecía un tanto desequilibrada -gran diferencia de edad, un actor poco más que correcto frente a una de las nuevas fieras de la interpretación- pero que exhibió una innegable química cómico-romántica en la fresca pero algo sobrevalorada ‘El lado bueno de las cosas’, de David O.Russell, el mismo director que les introdujo en una vertiente ligeramente más dramática en la reciente ‘La gran estafa americana’, filme también con más buena fama que calidad y en el que ambos no tenían una relación tan directa. Este camino progresivo hacia la gravedad ha dado un acelerón inesperado para la pareja con ‘Serena’, la nueva obra de la danesa Susanne Bier, un drama de los que ya casi no se hacen, un nuevo desafío para Cooper y Lawrence.

Por alguna extraña razón, los cineastas daneses eligen ambientar sus historias en el medio rural norteamericano cuando realizan sus incursiones estadounidenses. Ya lo hizo Lars von Trier en esa obra maestra que es ‘Dogville’ y en la muy interesante ‘Manderlay’, le siguió Thomas Vinterberg con ‘Querida Wendy’ y ahora repite la historia Bier con su segunda obra en la tierra del Tío Sam. Sus miradas extranjeras parecen querer evitar la uniformidad respecto a Europa que presentan ciudades poco menos que intercambiables y prefieren explorar aquello que tiene de único el territorio estadounidense: esas vastas extensiones de naturaleza salvaje habitadas por pequeñas comunidades en las que prenden rápidamente los celos, los odios y, en definitiva, la violencia. Bier, consumada especialista en sólidos dramas humanos como el excelente y oscarizado ‘En un mundo mejor’, parece querer dar un paso definitivo en su reciente carrera hollywoodiense con la historia de George Pemberton (Cooper), dueño de una explotación maderera en los bosques de Carolina del Norte en 1929, que entra en una espiral de creciente codicia tras casarse con la bella y arribista Serena (Lawrence). La vida en una comunidad aislada, la deriva amoral de los personajes en busca de asegurar su posición y el contacto con la poderosa naturaleza hacen pensar por momentos en esa obra capital (para bien y para mal) del cine moderno que es ‘Pozos de ambición’. Aunque podría desarrollar una mayor sutileza, la historia crece progresivamente gracias a una tensión continua y una Bier firme al mando, con una dirección seca y eficaz, proporcionando una atmósfera subyugante y misteriosa gracias a esos bosques excelentemente fotografiados por Morten Soborg. Leer más…

Pink Floyd y “The Endless River”: ecos de aquellos días

10/11/2014

Pink Floyd-The Endless River

Oficialmente “The Endless River”, el flamante nuevo disco acreditado a Pink Floyd, existe como homenaje y reconocimiento del cantante y guitarrista David Gilmour y el batería Nick Mason al teclista y vocalista Rick Wright, fallecido en 2008 a causa de un cáncer, y a su contribución vital al sonido de la banda, pero personalmente no puedo evitar pensar que lo que Gilmour ha querido en realidad es volver a tocarle las narices a su antiguo socio, el cantante y bajista Roger Waters. Pese a que las viejas y legendarias heridas entre ambos estaban aparentemente curadas, con “The Endless River” Gilmour parece recordarle a Waters que, por mucho éxito que éste haya tenido con su gira de “The Wall”, él es quien sigue teniendo la última palabra en lo relativo a Pink Floyd, y si se le antoja recuperar la mítica marca después de 20 años de inactividad discográfica, pues va y lo hace. No veo otras razones para publicar un disco nuevo de la banda en 2014 cuando casi todo el mundo tenía asumido que “The Division Bell” (1994) era el digno y definitivo punto y final a su trayectoria. Y la sensación que hemos tenido durante estos 20 años es que si alguien no estaba dispuesto a resucitar a Pink Floyd ese era el propio Gilmour. Bob Geldof tuvo que emplearse a fondo para convencer al guitarrista de reunir a la banda en el Live 8 de 2005, y éste solo dio su brazo a torcer después de enterarse de que Waters estaba dispuesto a tragarse su orgullo y tocar con ellos. Y tras aquel celebradísimo reencuentro que dio pie a tantas especulaciones y salivaciones por parte de muchos que atisbábamos una mínima posibilidad de un último tour con la formación clásica al completo (Syd Barret, el pobre, hacía mucho que no contaba), Gilmour respondió mirando a otro lado, publicando un disco en solitario, “On an Island” (2006), y saliendo de gira por su cuenta. Por eso mismo, si lo que a Gilmour le pedía el cuerpo ahora era rendir tributo a Wright lo más lógico habría sido hacerlo en otro disco en solitario, pero al viejo guitarrista le ha vuelto a salir la vena perversa y provocadora.

Lo más gracioso es que es sencillo imaginarse a Waters cabreado como una mona con la publicación de “The Endless River”. Justo ahora que quedan tan lejanos los tiempos en que Gilmour, Wright y Mason demostraron que podían llenar estadios gigantescos sin él, ahora que había quedado como único capitalizador del legado Floyd con sus giras de “The Dark Side of the Moon” y sobre todo su espectacular montaje de “The Wall” mientras Gilmour disfrutaba aparentemente de una feliz jubilación, llega este disco de Pink Floyd de nuevo sin su consentimiento o participación, para más inri, vendido como muestra de respeto y admiración a Wright, el tipo que él mismo echó de la banda en los tiempos de, precisamente, “The Wall” . Y por si fuera poco, resulta que dicho disco bate el record histórico de preventas en Amazon. Tengo una morbosa curiosidad por saber qué opinión tendrá Waters de esta obra, teniendo en cuenta que de “A Momentary Lapse of Reason” (1987) dijo que era una “buena falsificación, superficial, con letras de tercer nivel”, y a “The Division Bell” lo despachó como “simple basura, un sinsentido desde el principio hasta el final”. Leer más…

Joe Cocker y “Mad Dogs and Englishmen”: 58 días y 580 noches

05/11/2014

Joe Cocker mad dogs and Englishmen cover 2

Probablemente nuestros lectores más jóvenes habrán arqueado las cejas y habrán pensado: “¿quién carajo es ese Joe Cocker del que habla hoy el Cadillac? No sería extraño, puesto que el último gran éxito de nuestro protagonista, esa versión parcialmente ‘reggae’ del ‘Summer in the City’ de Lovin’ Spoonful, data ya de 1994, ¡20 añazos! Seguramente, un treintañero medio le contestaría, con cierto aire de superioridad, que era un hombre barbudo de rasposa garganta que siempre gesticulaba mucho al cantar y al que le debemos ‘hitazos’ como la canción oficial de los bares de striptease, ‘You Can Leave Your Hat On’, una versión del gran Randy Newman que explotó al estar incluido en el tan ochentero filme ‘Nueve semanas y media’, o ‘Unchain my Heart’. Ese hombre que era un habitual de los programas de variedades hispanos de los sábados por la noche, formando junto a Bonnie Rait la particular cuota ‘rockera’ de aquellos espacios. Los que ya van por los cuarenta, con un aún mayor grado de altivez, apuntaran que era el que cantaba, junto a Jennifer Warnes, el tema central de la generacional ‘Oficial y caballero’, aquel baladón letal que era ‘Up where we belong’. Los más avispados de estos dos últimos grupos, con la autoestima ya lindando con la estratosfera, asegurarán que suya era la gloriosa versión de la ‘With a Little Help from my Friends’ beatleiana que abría cada capítulo de la añorada serie ‘Aquellos maravillosos años’.  Solo los más adictos de la música, premios Nobel en eso de quererse a sí mismos, tirarán de esta última canción para glosar la excelencia de la carrera de Cocker entre finales de los años sesenta y principios de los setenta, una volcánica garganta británica especialista en colorear temas ajenos con acertadas pinceladas de soul, blues y rock y autor de unas cuantas grandes obras, entre ellas la que nos ocupa, ‘Mad Dogs & Englishmen’, definitivamente una de las más grandes obras maestras en directo de la historia del rock.

Los por aquel entonces fundamentales discos en vivo solían ser la guinda a una época especialmente inspirada de un grupo, el accésit que les daba un hueco en la historia, el premio a toda una trayectoria. Solo unos pocos (me acuerdo ahora, entre ellos, de los conciertos carcelarios de Johnny Cash) se dedicaban a documentar una época o hecho muy concreto de la carrera de un artista. Gracias a estos último quedaron grabados para la posteridad momentos irrepetibles y pocos momentos son tan irrepetibles como el que recoge ‘Mad Dogs & Englishmen’. Cocker se estaba tomando en Jamaica un tiempo de merecido relax allá por 1970 después de haber saboreado por primera vez las mieles del gran éxito el año anterior gracias a la edición de su disco ‘With a Little Help from my Friends’ (sí, acertásteis, aquel que incluía la famosa versión) y tomar al asalto festivales tan míticos como Woodstock. De repente, una llamada le interrumpió su dieta diaria de margaritas y buena hierba. Su ‘management’ había cerrado una gira americana inminente y tenía que ponerse en marcha rápidamente. Cansado de los conciertos y decidido a repensar su trayectoria tras un agotador año, Cocker aceptó a regañadientes la oferta ante la fulminante amenaza de que si no respondía afirmativamente se le iban a cerrar las puertas de EE.UU durante un buen tiempo. Leer más…

Renovarse (Lichis) para no morir (Fito)

03/11/2014

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En esto de la música, al igual que en el resto de las artes, e incluso de la vida me atrevería a decir, a todo el mundo le llega el momento de decidir si evolucionar, renovarse, dar un paso en otra dirección, con la consiguiente amenaza de errar al salirse del camino que se domina con los ojos cerrados, o bien mantenerse cómodamente instalado en ese rinconcito que finalmente se ha encontrado en el que no hay peligro de equivocación, no hay riesgo, pero sin embargo está siempre amagante la espada de Damocles de la reiteración. Mirando a los clásicos, que es donde siempre hay que mirar, tenemos claros modelos del primer caso en Bowie o los Beatles, ejemplificando como nadie el segundo extremo AC/DC o los Ramones. Valga esta pequeña introducción para acometer los nuevos trabajos de Lichis, antiguamente conocido como La Cabra Mecánica, (“Modo avión”) y Fito & Fitipaldis (“Huyendo conmigo de mí”), ya que ambos podrían también ser prototipos de las dos opciones expuestas. Mientras el primero, cansado de una propuesta no entendida del todo por el gran público, a pesar de haber contado con el beneplácito del gran público en algún momento de su trayectoria (bendita “Lista de la compra” y maldito “No me llames iluso“), ha buscando otros rumbos en su nuevo álbum (sin girar completamente, ya que ciertamente su nuevo sonido ya estaba presente en algunas composiciones anteriores, nunca las más conocidas), el segundo insiste en una fórmula que le ha llevado a convertirse en ‘top’ del rock nacional.

Las carreras de estos dos tipos convergieron por primera vez, a menos según tengo conocimiento,  allá por 2003, en el tercer disco de Fito & Fitipaldis, “Lo más lejos a tu lado”, donde Lichis colaboraba en “La casa por el tejado”, el primer single del álbum. En aquella época, el exlíder de Platero y tú luchaba por sacar a flote una carrera en solitario, y vaya que si lo consiguió, precisamente con este disco, y concretamente con el segundo single, aquel “Soldadito marinero” que le metió de lleno en las grandes ligas, para su suerte o desgracia. Por su parte, La Cabra Mecánica estaba empezando a sufrir la resaca de un éxito demasiado masivo. Esa rumbita que era parte de su propuesta, pero ni mucho menos la única ni más interesante, comenzaba a arruinar el proyecto, ahogado en las aguas del éxito. En este cruce se produjo el despegue definitivo de Fito y el ocaso de Lichis, como si el ‘madrileño canalla’ le diera el testigo de las masas al ‘vasco pequeñito y simpático’. Sus carreras volvieron a juntarse en 2009, cuando Fito tomó una canción de La Cabra, “Todo a cien”, para versionarla en su quinto disco de estudio, “Antes de que cuente diez”. Además, en esa gira Fito llevó como telonero a La Cabra Mecánica, lo que da idea de cómo habían evolucionado ambas bandas en los últimos años. Leer más…