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“El Amanecer del Planeta de los Simios”: de monos y hombres

23/07/2014

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Tradicionalmente el verano es la época del año preferida por las majors para asaltar las carteleras con sus superproducciones más fastuosas, valiéndose de que el espectador busca abstraerse durante un par de horas de los rigores de la canícula al abrigo del aire acondicionado (en ocasiones criminal) de las multisalas. Pero curiosamente en este 2014 los grandes estudios han preferido ir desperdigando sus mejores cartas en ese periodo de tiempo que va desde el cierre de la temporada de premios que marca la entrega de los Oscar hasta la llegada de junio, de modo que hemos alcanzado los días más calurosos del año con pocos motivos para abandonarnos a los placeres onanistas del blockbuster, no digo ya del “inteligente”, sino incluso del más ruidosamente vacuo (no desesperen, en agosto habrá una nueva ración de los insufribles Transformers).

Así pues, la llegada a la cartelera de “El Amanecer del Planeta de los Simios” -secuela de una precuela, en esas estamos- aparecía marcada en rojo en el calendario de más de uno, máxime cuando venía respaldada por un aluvión de excelentes críticas desde el otro lado del Atlántico. Ya saben, que si “una verdadera obra maestra”, que si “te dejará boquiabierto”, que si “la mejor película del verano”… bla, bla, bla. Uno ya tiende a desconfiar del hype exagerado, pero las buenas sensaciones que dejó hace tres años “El Origen del Planeta de los Simios” animaban a volver a encontrarse con César y sus secuaces. Y sí, puede que la octava película de la emblemática franquicia que inició en 1968 la icónica cinta de Franklin J. Schaffer sea, efectivamente, el mejor blockbuster del verano, aunque con la competencia que tiene o va a tener eso no sea decir mucho, pero queda  lejos de ser una “obra maestra”, expresión de la que se abusa con excesiva facilidad en estos tiempos. Tampoco vamos a ponernos exquisitos, porque “El Amanecer del Planeta de los Simios”, es lo que uno esperaría encontrarse, dado su estimable precedente y abstrayéndonos de triunfalistas campañas publicitarias; un producto de evasión por encima de la media, que no insulta a la inteligencia del espectador, que se disfruta mientras dura y se olvida poco después.  Para perdurar en la memoria y en el tiempo se necesita, me parece, algo más; no digamos ya para llegar a obra maestra. De hecho, en realidad no creo que ni siquiera supere a su antecesora. Leer más…

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“Utopía”: La omnipresente conspiración

22/07/2014

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(AVISO: Estamos ante una serie plagada de conspiraciones, planes maestros,  paranoicos personajes de dudoso pasado, oscuro presente y terrible futuro. Hablar de una serie de la que el propio título ya es un spoiler en sí mismo, conlleva inevitablemente comentar cierta información reveladora para todos aquellos que no hayan disfrutado aún del segundo episodio, de la segunda temporada)

Al conocer que la cadena británica Channel4, había dado luz verde a la segunda temporada de “Utopía”,  nuestros amigos de ochoquincemag, en un preciso análisis de la primera temporada, se preguntaban con aplastante lógica si era realmente necesaria una segunda entrega…y, en principio, no les faltaba razón. La serie creada por Dennis Kelly no era una serie más. Con la seguridad que aporta el saber que tienes un buen guión entre manos, los productores fueron más allá y apostaron fuerte por un estilo tremendamente arriesgado; basado en una fotografía impactante, una saturadísima paleta de colores, un estilo ciertamente violento; pero injustamente polémico (me refiero especialmente a la masacre del colegio, en el tercer episodio. Realizada fuera de campo. Dejando claro cómo se pueden tocar elementos sensibles para la sociedad, con una puesta en escena muy estudiada); dando como resultado un producto inteligente y sorprendente a partes iguales, novedoso en su contenido y, más determinante aún, en su continente. Su final, tras seis emocionantes episodios (formato británico por excelencia), dejaba muchas tramas abiertas, sí; pero la ruptura de esquemas que era esta serie en sí misma, hacía que ese cierre funcionara de forma coherente a lo que había sido toda su intriga; dando motivos para dudar que esta continuación no estuviese basada más en los resultados contables, que en la evolución de la historia.

A tenor de los dos primeros episodios de la segunda temporada, un servidor entona el ‘mea culpa’ por semejante duda y redirige el Cadillac por la autopista correcta, aquella por la que damos hoy justa entrada a una serie de merecido reconocimiento (por algo la incluimos en su día en el top 13 del 2013) y que no ha disminuido ni un ápice en su valiente propuesta, marcado estilo y única personalidad. Leer más…

“Miss Violence”: Cómplices de un horror que empieza en casa

21/07/2014

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Me declaro prácticamente adicta al cine perturbador en todos los aspectos y facetas en que este maravilloso arte puede serlo. Puede que resulte una tara personal, pero como otros muchos amantes del séptimo arte siempre busco el impacto, no un impacto provocado por efectos especiales ni rumores de falsas reacciones masivas, sino un dolor compartido que cala hasta los huesos, una sensación que llega a ser física y nos obliga a respirar hondo, dotándonos de una empatía cabrona que no desaparece en el desagüe tras una ducha fría. Un malestar que, al fin y al cabo, nunca vamos a experimentar gracias a las carteleras llenas de blockbusters de este país, sino que correrá a cargo de nuestra capacidad de búsqueda y sed cinéfila. Este es el caso de Miss Violence, una producción griega asfixiante de 2013 que, casi con toda seguridad, no llegará a estrenarse en España.

Bajo la dirección de Alexandros Avranas, Miss Violence se anuncia con una premisa simple pero terrible, la de una niña que se suicida el día de su undécimo cumpleaños. Sin embargo, esta idea que se nos antoja tan fuera de lugar sólo rasca la superficie. Esta es la historia, como el espectador puede imaginar, de un horror que nace en el seno de la familia, que empieza en el hogar, un drama psicológico tremendamente desapacible. Leer más…

Portishead: el enigma de otro mundo

18/07/2014

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Tres discos de estudio en 20 años. Una producción cuantitativamente exigua para cualquier trayectoria musical, al menos sin que medie retirada o separación oficial y posterior reunión. Y, sin embargo, tres discos – “Dummy” (1994), “Portishead” (1997) y “Third” (2008)- son suficientes para que Portishead sean consideradas una de las referencias imprescindibles en la evolución de la música popular de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Y si me apuran hasta les sobrarían dos, pues ya únicamente con su debut adquirieron ese estatus de banda de culto que el paso del tiempo no ha hecho sino acrecentar. Porque si hablamos de culto en la acepción más estricta de la expresión –aquella manifestación artística que aviva un fervor casi religioso en un grupo de seguidores-, quizás no haya otra banda que se ajuste mejor a la misma que la formada por Beth Gibbons (voz), Geoff Barrow (programaciones y teclados) y Adrian Utley (guitarra y bajo). Más que un grupo musical al uso, Portishead es un estado de ánimo, un misterio indescifrable, un enigma de otro mundo que no puede ser descodificado por las leyes de los simples mortales. Emoción y misterio, melancolía y tensión, sensualidad y desolación. Inclasificables, pese a que durante mucho tiempo esta industria tan temerosa de todo lo que huela a auténtica y excitante novedad quiso encajonarlos en aquella etiqueta tan engañosa como a la postre fraudulenta llamada trip hop.

¿Cuál es el secreto de Portishead? ¿Es posible desentrañarlo? ¿Cuál es el motivo de que miles de personas –muchas de ellas habitualmente poco impresionables- les veneren de tal manera que un concierto suyo sea recibido como si se tratase del segundo advenimiento de Cristo? Con motivo de su actuación en Madrid este viernes 18 de julio (primera ocasión en la capital), en El Cadillac Negro trataremos no de dar respuesta a estas preguntas, sino de comprender las claves que dan forma al inasible jeroglífico que supone este icónico grupo. Y si no lo conseguimos, siempre nos quedará la música, que en este caso habla por sí sola bastante más y mejor que un montón de inútiles palabras. Leer más…

Ramones para la eternidad

16/07/2014

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A mí, cada cierto tiempo, me entra la fiebre ramoniana. No hay una periodicidad concreta, ni los episodios suelen durar siempre lo mismo, y las causas son también muy diversas: un día me deja flipado el documental “End Of The Century: The Story Of The Ramones”, meses más tarde leo “Commando”, la autobiografía de Johnny Ramone, semanas después veo el simpático film “CBGB”… Los síntomas y efectos de la fiebre sí suelen ser siempre los mismos, y es que durante días no escucho otra cosa que los Ramones, o me pongo a buscar sus vídeos en Youtube, como si acabase de descubrirles y no existiese ninguna otra banda en el mundo. Cuando me siento suficientemente saciado, ya puedo pasar a otra cosa, pero sé que en algún momento volveré a recaer. Ahora mismo, de hecho, estoy en medio de uno de esos episodios, y el motivo en esta ocasión es verdaderamente triste: el pasado viernes, 11 de julio, falleció Erdélyi Tamás, para nosotros siempre Tommy Ramone. El último Ramone vivo. Ya está, se han ido todos. Sí, ya sé que aún queda Marky, su batería entre 1978 y 1983, y posteriormente de nuevo entre 1987 y 1996, y su sustituto Richie (1983-1987), y el bajista CJ (1989-1996). Pero los cuatro originales, los que hace ahora precisamente 40 años se juntaron y cambiaron el curso de la historia, ya no están entre nosotros. Joey (2001), Dee Dee (2002) y Johnny (2004) se despidieron en cuatro años funestos y ahora, una década después, todos hemos vuelto a morir un poco. Y ya para siempre. Así que qué menos que rendirles un homenaje.

Algunos ya conocéis mi afición por este tipo de posts, en otras ocasiones publicados por motivos mucho más felices, y cómo suelo recrearme y extenderme a veces, lo reconozco, en exceso. Análisis pormenorizados de discografías completas, vida y milagros de los artistas de turno… Pero esta vez voy a intentar controlarme, no porque no se pueda escribir larguísimo y tendido sobre los Ramones, ni porque tengamos pocos temas entre los que escoger, todo lo contrario. Simplemente, creo que a ellos les pega algo más simple, rápido, directo y al grano. Diez canciones (intentando abarcar, eso sí, toda su carrera) y tonterías las justas. Pues eso, lo dicho: ¡one, two, three, four y al lío! Leer más…

La perfección, o Bowie en los 70 (I): el hombre de las estrellas

15/07/2014

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Ay, ¡los setenta! Seguramente muchos melómanos defiendan a los sesenta como la década prodigiosa, los más rockers lo harán con los cincuenta, algún despistadillo con los ochenta, ese treintañero barbudo y con camisa de cuadros vanagloriará los noventa, pero para un servidor la época en la que le hubiera gustado vivir es, sin duda, la de los años setenta. Ay, el nuevo Hollywood de Scorsese, Coppola y cía, el advenimiento de ‘La Guerra de las Galaxias’, la Naranja Mecánica de Cruyff haciendo de las suyas, los Bee Gees y Diana Ross poniéndonos a bailar con sus looks ‘ultra cools’, el hard rock reinando, Sly and the Family Stone, el punk, el último Elvis y una Gran Bretaña empeñada en demostrar que en eso del rock no tenía rival (¡cómo ha cambiado el cuento, ¿eh?!): Led Zeppelin, Deep Purple, Thin Lizzy, el más grande Rod Stewart, Elton John ‘on fire’, The Rolling Stones en su máxima expresión…y una panda de chavales empeñados en triunfar por medio de guitarrazos simples y melodías embaucadoras envueltas de fantasía y color (Queen, T-Rex, Slade y un largo etcétera). Si hablamos de una discografía perfecta en los setenta, podemos decir que, por lo menos, decenas de bandas pueden presumir de ello. Si hablamos, sin embargo, de la más representativa, seguramente pocos podrán criticar que elijamos la de David Bowie.

En El Cadillac Negro ya hemos mostrado suficientemente nuestra admiración por el Duque Blanco: recibimos con alborozo su gran regreso del año pasado con ‘The Next Day’ y, meses después, lo alzamos hasta el primer puesto de nuestra lista de los mejores discos de 2013. Pues bien, es hora de recrearnos en su glorioso pasado y, más concretamente, en su mejor década, la de los 70, en los que nos regaló un buen puñado de obras maestras y una variedad y unos cambios de timón casi inéditos hasta la fecha, No es que Bowie haya dejado nunca de evolucionar (bueno, en los últimos años sí se ha relajado un poco en ese aspecto) y de cambiar de piel (ya lo hacía en los 60 y lo volvió a hacer tanto en los 80 como en los 90), pero nunca como en los 70 estas variaciones fueron tan trascendentales para el escenario del rock mundial. Un recorrido pormenorizado de estos gloriosos diez años haría necesario casi la creación de otro blog exclusivo, con lo que en este homenaje nos ceñiremos a repasar sus discos en estudio, dedicando este post al primer lustro de la década para dedicar próximamente un segundo a su revolucionaria etapa 1975-1980. Leer más…

“Open windows”: Webchats indiscretos

13/07/2014

OpenWindows

(AVISO: Aunque este humilde servidor considera que las siguientes líneas no contienen spoilers, que puedan desvelar momentos cumbres del film que tenemos entre manos; sí es posible que, alguien ajeno a sus trailers y campañas publicitarias, pueda obtener más información de la estrictamente necesaria para acudir a la sala de cine. Si éste es tu caso, pasa al siguiente artículo de El Cadillac Negro antes de que algún hacker se haga con el control de tu ordenador)

Imaginad que, mientras dais lectura a este artículo en vuestro ordenador, se abren varias ventanas más en la pantalla, a través de las cuales podéis observar la vida privada de vuestro actor/actriz favorito/a sin su consentimiento y sin que esa persona se percate de vuestra “presencia” digital. Obviamente, para muchos sería un sueño hecho realidad, dando gracias a la deidad de turno por tan afortunado momento; pero, para otros, supondría un dilema moral: la privacidad de esa persona asaltada por nuestra intromisión en su vida. El cine ha tratado en múltiples ocasiones el ‘voyeurismo’ pero, para el caso que nos trata hoy, citaremos especialmente dos: “La ventana indiscreta” (1954, Alfred Hitchcock) y “Doble cuerpo” (1984, Brian De Palma). En estas dos historias, el mirón queda moralmente justificado por la misión de salvar la vida de la persona objetivo de su mirada, ocurriendo lo mismo en el film de Nacho Vigalondo; aunque, a diferencia de los dos clásicos, en “Open Windows” se produce un interesante giro de tuerca al verse el protagonista “obligado” a contemplar la vida privada de su actriz fetiche, sin que la tendencia ‘voyeur’ fuera algo inherente al personaje hasta ese momento de su vida (no ocurría lo mismo con L.B. Jefferies y Jake Scully).

“Open Windows” es, ante todo, un thriller que adapta al siglo XXI este “espionaje amateur”, entrando de lleno a cuestionar la exposición pública que muchos realizan de su actividad privada, la facilidad que aportan las nuevas tecnologías para conocer múltiples aspectos personales de la gente y la amenaza para nuestra intimidad que todos estos componentes pueden dar como resultado. Limpiad bien la lente de vuestra webcam y comprobad que la cámara de vuestro teléfono os enfoque correctamente, porque dirigimos el Cadillac hacia una carretera donde la privacidad y la moralidad brillarán por su ausencia. Leer más…

Rock n’ Sol (o un puñado de canciones de verano para no mover tu cu cu)

10/07/2014

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Tour, Sanfermines, Verano Azul again; sandalias en el asfalto, chicas en top less en las noticias, “cuándo coges vacaciones” en las conversaciones;  pues sí, parece que ya estamos metidos de lleno en pleno verano, un verano al que le está costando arrancar, pero que arrancará, y con él un buen puñado de resplandecientes canciones creadas posiblemente por el mismísimo Satanás, canciones repletas de culitos, pechitos y bailecitos que, en un alarde de generosidad, van guiando paso a paso a aquellos que no somos muy diestros en el noble arte de bailar, para que no perdamos comba y podamos ser parte de esas improvisadas coreografías que……..STOP! De acuerdo, eso está ahí. Está y estará. Porque ha estado desde la aparición de Georgie Dann, ese discípulo de Belcebú que seguramente sea adorado ahora por hipsters y modernos de festival veraniego. Porque King África hizo todo lo posible por acabar con la poca masa cerebral que nos quedaba. Porque aunque ya no hay un ‘rey del verano’, sus pupilos bombardean sin cesar con estribillos y ritmos sonrojantes amplificados por emisoras de radios, cadenas de televisión, anuncios, y discotecas con fiesta de la espuma. Sin embargo, El Cadillac Negro acude al rescate, amigo. Desinteresadamente te proponemos un listado de canciones que hablan de sol y/o playa y/o vacaciones y/o verano sin insultar tu intelecto y sin que desees que llegue precipitadamente el melancólico septiembre, un listado de canciones por otro lado sin ningún orden o coherencia, canciones sin ton ni son, canciones sólo con rock y sol.

(Obligatorios los altavoces bien altos; recomendable un mojito en la mano). Leer más…