Skip to content

Clara Plath y ‘Grand Battement’: Mirando atrás sin ira a los 90

07/08/2015

Clara Path Grand Battemen cover

A los murcianos Clara Plath los hemos seguido de cerca, solo tenéis que revisar nuestra página de Facebook  para corroborarlo. Ya el año pasado dábamos cuenta de su mini LP de debut, ‘Hi Lola!!’, que, encabezado por la magnífica ‘Fuck my Car’, nos trasladaba en apenas unos segundos a nuestros queridos años 90. Seguramente si ‘Hi Lola!!’ hubiera sido publicado en aquella década habríamos despachado este trabajo como uno más del montón, estando saturados de guitarras cortantes y cargadas, voces agresivas y ásperas, cambios de ritmo radicales y agonía vital. Pero, milagros del paso del tiempo y de la nostalgia, en pleno 2014 sabía a gloria olvidarse durante un rato de producciones hipertecnificadas y mirar por el retrovisor a los buenos viejos tiempos. No es que el mini LP fuera una maravilla, pero resultaba tremendamente simpático y, lo que es más importante, apuntaba a que la banda de la cantante Clara y sus cuatro compañeros tenía un gran margen de crecimiento.

Apenas hemos tenido que esperar para corroborarlo. Un año escaso es lo que han tardado Clara Plath en hacer buenas las previsiones más optimistas con la salida de su primer disco, bajo el precioso título en francés ‘Grand Battement’, un paso de ballet que significa algo así como ‘gran lanzamiento’. Ya solo escuchando los primeros segundos de la inicial ‘Kisses Goodbye’ podemos constatar un notable ascenso en términos de madurez y crecimiento musical. El tema recuerda a aquellas escasas veces en las que bandas tan agresivas como los Hole del comienzo, L7 o Babes in Toyland se ponían tiernas y exorcizaban sus demonios desgarrando su voz por encima de una base musical lenta pero llena de potencia. Así es ‘Kisses Goodbye’, un gran comienzo, tan potente como emotivo, que pone los dientes muy largos. Leer más…

‘Dates’: El amor perjudica seriamente la salud

04/08/2015

Dates Ben Chaplin Oona Chaplin

El amor. El tema universal y atemporal que ha sido el gran protagonista de todo tipo de narrativas a lo largo de las distintas épocas, medios y lugares. Y, sin embargo, una ‘rara avis’ en el brillante escenario actual de la ficción televisiva. No me entendáis mal, las relaciones románticas son un elemento imprescindible en toda estas series míticas que venimos disfrutando durante estos últimos años. Pero muy, muy escasas, sorprendentemente escasas son aquellas en las que el amor constituye el elemento troncal del argumento. Por eso, saludamos a ‘Dates’, una producción del prestigioso Channel 4 británico centrada en diseccionar las primeras citas de las más variopintas parejas, una idea no demasiado original pero que prometía la posibilidad de ofrecer un análisis adulto y riguroso de eso que se viene a llamar amor en este frenético siglo XXI.

Londres, presentada como una metrópolis tan estilosa como inabarcable e inmisericorde, se alza como un voraz agujero negro que traga sin cesar almas humanas condenadas a subir una y otra vez la montaña de las obligaciones sociales y sin poder pararse un momento a vivir, acoge las nueve microhistorias de 25 minutos que constituyen ‘Dates’. Nueve capítulos que comparten estructura: dos usuarios de un servicio de citas on line quedan para conocerse por primera vez. A partir de esta premisa todo puede ocurrir: encuentros entre las personas más incompatibles que cabría imaginar, equívocos, retrasos exasperantes, situaciones chocantes, miedos, prejuicios, inoportunas verborreas alcohólicas, fallidas primeras impresiones…Vamos, el cóctel molotov esperable cuando chocan dos almas solitarias sedientas de compañía pero heridas demasiadas veces en el pasado. A lo largo de su desarrollo, comprobaremos que en lo que parecía una sucesión de historias independientes se van repitiendo y cruzando determinados personajes para ir creando una bienvenida sensación de continuidad. Leer más…

A través de los set list del ‘iNNOCENCE + eXPERIENCE tour’ de U2

31/07/2015

bombilla innocence
Aprovechando el final de la parte americana de la nueva gira de U2, ‘iNNOCENCE + eXPERIENCE tour’ , que se detendrá durante las próximas semanas para acometer a partir de septiembre la manga europea, con las cuatro fechas anunciadas en Barcelona para el mes de octubre, hemos decidido echar un vistazo para ver cómo se está desarrollando esta nueva reinvención de la banda irlandesa, y especialmente conocer qué canciones están tocando, por lo que si eres de los afortunados que vas a verles en la Ciudad Condal y prefieres ir ‘virgen’, será mejor que dejes este artículo para cuando vuelvas de los conciertos. Con ocho shows consecutivos en el Madison Square Garden de Nueva York, Bono y los suyos han dado por terminada una tanda de 37 conciertos que se inició el pasado 14 de mayo en Vancouver con los que han vuelto a los escenarios de medio aforo, a los pabellones, lo que en un grupo de su envergadura representa casi recitales íntimos. Para esta nueva gira, U2 trae bajo el brazo “Songs of innocence”, el disco publicado el año pasado con el que rompían su silencio después de muchos rumores, aplazamientos y cancelaciones, álbum con el que encontraron la salida al laberinto, como excepcionalmente contó el compañero Jorge en su día y en su reseña.

A pesar de que en un principio se rumoreó/pensó/especuló que, al tratarse de un tour con varios conciertos en cada ciudad, cada uno de esos shows sería completamente diferente, que el hecho de tocar en sitios considerablemente más pequeños de lo que están acostumbrados haría que pensaran un poco más en sus fans más acérrimos y pudieran escarbar en su discografía para encontrar canciones menos evidentes, lo cierto es que los set list están siendo más bien conservadores, repartiéndose las canciones entre las del nuevo álbum y los clásicos de toda la vida, con una estructura de concierto inamovible, y con únicamente 2-3 canciones que varían cada noche. El espectáculo está dividido conceptualmente en dos partes, una primera más enérgica y visceral, en la que prima la inmediatez, la inocencia; y otra más adulta, introspectiva, de reflexión, de experiencia.  Sí es de destacar la importancia que se está dando a los nuevos temas, con un mínimo de seis canciones de “Songs of innocence”, sin duda una cifra considerable en un grupo de su trayectoria (3-4 canciones como mucho podría ser lo que vienen introduciendo en sus giras nombres de este peso cuando presentan disco nuevo). Bien es cierto que el grueso de estos ‘estrenos’ se interpreta en la primera parte del espectáculo, dejando para la traca final sus hits más conocidos. Lógicamente, “The Joshua Tree” y “Achtung Baby!” son los otros dos discos que más temas aportan (siete entre los dos), destacando la nula presencia de su inmediatamente anterior trabajo, “No line on the horizon”, que, junto con “Pop”, es el único disco del que hasta el momento no han tocado ni una sola canción. Respecto a los clásicos, llama la atención la ausencia de “New Year’s Day”, sin duda una de las indiscutibles de la banda, igual que el hecho de que la canción que cierra los conciertos está siendo “One” o “I still haven’t found what I’m looking for”, por lo que cada noche queda fuera una de ellas.

Leer más…

Reivindicando a Los Rodríguez (porque sí, porque sí y porque sí)

28/07/2015

LOSRODRIGUEZ

Hay determinados grupos que, a pesar de haber alcanzando el éxito, no llegan a ser valorados en su justa medida debido a haber logrado el reconocimiento popular gracias a una parte de su propuesta, pero que sin embargo no es la única o más importante, de forma que se forja una imagen de la banda a todas luces injusta o incompleta. Creo que Los Rodríguez fue uno de estos casos. No me equivoco si afirmo que un porcentaje muy importante de personas relacionan este nombre con la rumbita rock, casi con las canciones del verano, cuando en realidad se trata de uno de los grupos de rock más importantes en lengua castellana de las últimas décadas. Con rumba, sí, pero también con reggae, country, funk, y, sobre todo, rock, mucho rock, rock stoniano, rock americano, rock clásico, en ocasiones en su estado más puro, otras veces mezclado y agitado con otros estilos. En resumen, una ecléctica y más que interesante propuesta que bien merece una revisión casi 20 años después de su desaparición.

Y es que pocas veces se ha juntado en territorio patrio tanta calidad, creatividad y carisma en una formación, una mezcla que, inevitablemente, no duró demasiado. Los Rodríguez no era en sus inicios un conjunto de jóvenes e inexpertos músicos en busca de la aventura. Un incipiente Andrés Calamaro, los “veteranos” Ariel Rot y Julián Infante, y Germán Vilella ya sabían cómo funcionaba esto, y su apuesta era ganadora. Buscaban el éxito y sabían cómo conseguirlo, y además creían de justicia poética lograrlo. Y a ello se lanzaron, con la energía, frescura y hambre propia de un grupo recién nacido, pero con la experiencia de quien ya ha tropezado y aprendido en algunas piedras.

Leer más…

Wilco y “Star Wars”: el despertar de la fuerza

24/07/2015

Wilco_Star Wars

“The Whole Love”, publicado ya hace cuatro largos años, fue un disco de consenso entre las distintas facciones de seguidores de Wilco, los que aman a la banda neoclásica bien pegada a las raíces y los que desearían que en estudio se lanzaran con más asiduidad por las pendientes de la experimentación que frecuentan en sus demoledores directos. El secreto del grupo probablemente esté en la sabia combinación de ambas vertientes (como tratábamos de explicar en “Wilco: magisterio entre el clasicismo y la vanguardia”) y aquel trabajo de 2011 afinaba con precisión la mezcla de los distintos ingredientes como no había ocurrido en “Sky Blue Sky” (2007) ni en “Wilco (The Album)” (2009), ambos discos sobrados de bellas canciones atemporales pero inscritos en una dimensión sonora más conservadora o tradicionalista que la inquieta dupla formada por “Yankee Hotel Foxtrot” (2002) y “A Ghost is Born” (2004), y por tanto responsables de la maliciosa coletilla de “dad-rock” que ha acompañado a la banda de Illinois durante la última década.

“Star Wars”, el flamante nuevo disco de la banda de Jeff Tweedy, no ambiciona ser una secuela de “The Whole Love” en el sentido de funcionar como catálogo de todos los poderes de Wilco y así satisfacer a todos los fans, sino que en muchos aspectos es su trabajo más espontáneo, urgente, fresco y directo en mucho tiempo, uno con el que parecen querer sacudirse las acusaciones (en mi opinión, injustas) de anquilosamiento y perfeccionismo abrumador colindante con el aburrimiento. Desde la elección de un título que parece un chiste privado (o una hábil maniobra para obtener más búsquedas en Google en año galáctico), hasta la inclusión de un adorable gatete en la portada (recurso que no es la primera vez que utilizan), pasando por la sorpresiva maniobra de regalar el disco en internet sin previo aviso o el escaso minutaje de 33 minutos, todo parece estudiado para tratar de restar importancia al relevante hecho de que Wilco está de vuelta con nuevo material después de un periodo de barbecho inusualmente largo en la trayectoria de la banda. El riesgo de esa estrategia es que el público se tome “Star Wars” como un disco menor, y aunque es verdad que este lote de canciones no encandilará en primera instancia a un determinado perfil de seguidor del grupo, no es menos cierto que estamos ante su trabajo más tenso, primario y audaz desde “A Ghost is Born” y, como casi siempre ocurre con Wilco, se trata de un grower que no debería despacharse ligeramente con la primera escucha. Leer más…

“Del revés”: por cada risa, una lágrima

22/07/2015

Inside Out

Cuando los rumores sobre el nuevo proyecto de Pixar adelantaban que la historia se desarrollaría casi exclusivamente en la mente de una niña de once años, no sólo se empezó a pensar que se trataba de un concepto apasionante; sino que Pixar volvería a recuperar el puesto de referencia que (desde el origen de la compañía) se merece por méritos propios. No obstante, quizás no sea del todo justo catalogar a esta película como el regreso a la excelencia que muchos la asignan, ya que no hay que olvidar que “Inside Out” (título original de la película), es el resultado de un proceso que ha durado casi siete años (desde el estreno de “Up“, última obra de Pete Docter). Años en los que la compañía ha vivido su compra (7.400 millones de dólares le costó a Disney), forzando de alguna forma a demostrar su gran rentabilidad para poder continuar con su libertad artística (de ahí el estreno de “Monstruos University” o “Cars 2“…flojas artísticamente hablando; pero auténticas representantes de lo que significa hacer dinero); además de tener que decir adiós (por el momento) a dos directores básicos dentro de la compañía, como son Brad Bird (“Los increíbles“, “Ratatouille“) y Andrew Stanton (saga “Toy Story“, “Monstruos S.A“, “Buscando a Nemo“, “Wall-E“) que han probado fortuna (no muy exitosa) en el cine de imagen real . Estos años convulsos pudieron dar la impresión de haber afectado la percepción que, desde el exterior, tenemos sobre el nivel de calidad de la compañía; pero Pixar no trabaja secuencialmente en sus proyectos, sino en paralelo; por eso, mientras potenciaba el interés económico en la compañía para defender su espiritu libre dentro de la corporación Disney, paralelamente mantenía proyectos de encomiable calidad como “Inside out” o “The good dinosaur“, la próxima maravilla que disfrutaremos cerca de las Navidades.

Seguro que más de una vez, viendo el comportamiento de algún crío pequeño, os habéis preguntado qué se le estará pasando por la cabeza en este momento…pues esa es una de las muchas cuestiones a las que “Inside Out” pretende responder de una forma original, llena de inventiva y cariño. Para ello, nos sitúa en el preciso instante del nacimiento de una niña, de nombre Riley (Kaitlyn Dias). Cuando aún desconoce todo sobre lo que es la vida, nos introduciremos en su mente para ser testigos del origen de su primera emoción, de nombre Alegría (Amy Poehler); a la que, pocos segundos después, seguirán Tristeza (Phyllis Smith), Miedo (Bill Hader), Ira (Lewis Black) y Asco (Mindy Kaling). Todos ellos trabajarán de forma coordinada para gestionar los recuerdos de la pequeña, generar ideas y ayudarla a interactuar con su entorno (familia, amigos, etc). De esta forma, la acción se va desplazando entre dos escenarios principales: la realidad exterior (el entorno familiar) donde Riley vive día a día y, principalmente, la sala de control de su mente (donde las emociones realizan su labor en jornadas de trabajo marcadas por las fases de inactividad de Riley). Estas versiones antropomórficas de nuestras emociones, estilizadas e identificadas con un color particular para cada una de ellas, estarán en constante alerta para responder ante los innumerables eventos que sucedan alrededor de la niña, deliberando y negociando entre ellas para dar (a través de un panel de control) con el movimiento más adecuado para Riley en cada momento de su vida, con el fin de mantener un saludable y constante equilibrio en la pequeña. Durante los primeros veinte minutos de la película asistiremos a sus primeras experiencias en la vida, sus primeros recuerdos, sus primeros atisbos de personalidad; prologo que forma parte de lo que ya es una maravillosa tradición en la mayoría de producciones de Pixar: un deleite de emociones (nunca mejor dicho) para el espectador. Conseguidas gracias a una presentación de personajes y vivencias de la infancia de Riley repletas de magia, capaces de provocar en nosotros un torrente de emociones,con inaudita facilidad; como sólo la compañía de Lasseter ha sido capaz de generar en inolvidables momentos de Wall-E, Up, Toy Story, etc. Mostrando, (bajo la aparente sencillez de la vida de una menor de edad), una propuesta enormemente original, arriesgada y ambiciosa. Así, contemplaremos el trabajo que estas cinco emociones básicas desempeñan, comandadas por Alegría, una efervescente e inagotable fuente amarilla de optimismo, que siempre consigue apaciguar los pequeños conflictos que se originan entre Ira (una especie de híbrido entre Bob Esponja y un ladrillo rojo que, con su camisa y corbata, en mi opinión acaba resultando la emoción con el aspecto más acertado a lo que es la realidad: el siempre “amigable” entorno de oficina), Asco (una presumida forma verde que siente especial desapego por el brócoli), Miedo (una alargada, temblorosa y nerviosa forma morada vestida como un bibliotecario de los años 60) y, por último, Tristeza (una pesimista y cabizbaja figura azulada). Pero, además de marcar el comportamiento de Riley, este quinteto de emociones también llevarán la gestión y logística de todos y cada uno de los recuerdos (almacenados en forma de canicas traslucidas), que se irán depositando en los interminables almacenes que hay detrás de la sala de control. En función del tipo de recuerdo que sea, la bola tendrá el color asignado a esa emoción. Aunque, Tristeza tendrá la capacidad de dejar su característico color azul en cualquier recuerdo que toque, a pesar de que hubiese sido previamente almacenado por una emoción distinta.

Leer más…

“Terminator Génesis”: la familia y uno más

20/07/2015

Terminator Genesis_Poster

La nostalgia vende, y esa consigna Hollywood la está explotando hasta sus últimas consecuencias sin el menor rubor, bombardeándonos constantemente con puestas al día y reciclajes indiscriminados de los tótems del pasado, preferentemente de los 80 y 90, tratando de aprovecharse de la cándida melancolía y de la incauta cartera de los adultos que fuimos niños o adolescentes en aquellos maravillosos años. Poco importa que el recurso termine demasiadas veces en fracaso económico o que únicamente sirva para cubrir costes y poco más, porque entre tanto “Poltergeist” de medio pelo puede aparecer un “Jurassic World” que haga saltar la banca y justifique la insistencia en expoliar y explotar los recuerdos de la infancia. Que en el proceso aparezca muy de vez en cuando una anomalía como “Mad Max: Fury Road”, aclamada unánimemente por la crítica, es algo que ni siquiera los grandes estudios saben muy bien cómo interpretar porque aquí lo que importa, está claro, es el box office. En este contexto descaradamente mercantil, una película puede resolverse con más o menos gracia, el producto puede ser más o menos decente, pero admitamos que aquí lo de menos es el cine. Lo importante es que tú y yo pasemos por caja. ¿Que comprueban que la casa encantada por espíritus burlones adictos a la TV ya no le interesa a nadie? Bueno, que no cunda el pánico, dirán, porque tenemos donde elegir. Démosles a los Cazafantasmas, o a los Goonies, o al maldito Rocky otra vez, y si eso falla no nos desmoralicemos, que nos queda la joya de la corona, “Star Wars”; ahí sí que os tenemos pillados a todos, ¿verdad, truhanes?

Asumamos que el cine, en su faceta más comercial y salvo felices excepciones, ha perdido mucha de la creatividad, el romanticismo, la pasión y el riesgo de antaño. Es la diferencia que hay entre el Kyle Reese de Michael Biehn, el héroe machacado, todo piel y huesos, envuelto en un hálito trágico de profunda tristeza de “Terminator” (1984), y el Kyle Reese con aspecto sanote, despreocupado e insustancial de “Terminator Génesis”. Conviene que tengamos claro a lo que venimos aquí, a refugiarnos de las temperaturas criminales del exterior al abrigo del aire acondicionado de la sala, y a pasar el ratejo de la mejor manera posible con la esperanza de que al menos no se hayan meado en algunos de los más entrañables y queridos rincones de nuestra memoria cinematográfica. Esperar algo remotamente parecido a lo que experimentamos la primera vez que vimos “Terminator” sería de necios. En mi caso con más razón, pues la cinta original de James Cameron forma parte fundamental de la educación cinéfila que recibí en los videoclubs de barrio. De hecho, fue allí, en esos benditos tugurios y no en las salas de cine por las que pasó sin hacer ningún ruido, donde se gestó la leyenda de una cinta clave en el desarrollo del cine fantástico de los 80, una que hizo de la necesidad virtud y que supo exprimir su exiguo presupuesto superando las limitaciones de la serie B. Fue mérito de un joven Cameron, que impartió una magistral lección de ritmo narrativo, de perfecta huida hacia adelante sin flaquear ni un solo instante y con un crescendo constante de la tensión, pero también de Stan Winston, que elaboró unos FX que pese a haber sido ya netamente superados siguen siendo tremendamente efectivos y perturbadores (¡cómo olvidar al T-800 reparándose frente al espejo!). Y por supuesto también hay que reconocer a Schwarzenegger (y en España al insustituible doblaje del añorado Constantino Romero) por dar vida al villano definitivo, un organismo cibernético recubierto de piel humana que nunca, jamás, se iba a rendir hasta que cumpliese con su objetivo. Ahora ya hemos visto la jugada repetida tantas veces en todo tipo de subproductos de terror que ya no tiene mayor impacto, pero aquella imagen del endoesqueleto metálico resurgiendo de las llamas mientras Sarah y Kyle se abrazaban creyendo que todo había termina era de las que impresionaron a toda una generación. Leer más…

“Penny Dreadful”: la liga de los monstruos extraordinarios

17/07/2015

(ALERTA SPOILER: Si no has visto la segunda temporada de “Penny Dreadful” hasta la emisión de su último capítulo, “And they were enemies”, deberías prohibirte a ti mismo seguir leyendo. Meterte en zonas sombrías sin dominar las artes oscuras, tiene sus riesgos).

Echando la vista atrás, hace muchas lunas que comentamos la brisa de aire fresco que suponía “Penny Dreadful”; pues a pesar de ser un claro homenaje (y remake) a las legendarias y terroríficas criaturas clásicas, también era el triunfo de la renovación, del renacimiento de una mitología a través de potenciar el dramatismo, la personalidad y las historias que estos personajes arrastraban durante décadas; obteniendo como recompensa la fascinación de un espectador entregado a degustar esta inesperada delicatessen, formada por unos ingredientes (mitología) muy conocidos ya  por separado; pero cuya nueva combinación resultaba altamente satisfactoria, donde el cine había acumulado fracaso tras fracaso durante décadas. “Penny Dreadful” encontró la historia, el tono y la estética adecuada para cautivar al espectador, ganándose formar parte de nuestro top 15. Pero eso fue el año pasado. Ahora, con la segunda temporada ya emitida, tocaba mantener un listón ya de por sí bastante alto, seguir desarrollando a los personajes de forma lógica y relatar una historia que volviera a cautivarnos. Es en este punto donde innumerables series no son capaces de aguantar la velocidad de crucero que ellas mismas se autoimpusieron en su primera temporada. Llegaron, sí…pero no supieron mantenerse.

Como contrapunto a estos frecuentes casos, nos encontramos con pocas series (afortunadamente, cada día más) que no sólo la segunda temporada encaja perfectamente con toda la historia desarrollada el año anterior; sino que además son perfectamente conscientes de las armas que tenían en la anterior entrega y, este año, han perfeccionado su uso de manera notable. La segunda temporada de “Penny Dreadful” no sólo la confirma como el (¿único?) intento que ha conseguido reunir de forma plenamente efectiva a todos estos seres monstruosos, exhalando por cada poro sus góticas raíces literarias; sino que supera punto por punto todos los aciertos que, por méritos propios, tenía su anterior entrega. Este año, se sacude aquellas pequeñas notas discordantes  que pudieron detectarse en el 2014, para poner toda la carne en el asador en aquellos apartados básicos para cualquier serie: guión, dirección (aún sin contar esta vez con J.A. Bayona), interpretación y dirección artística (más aún en este caso). “Penny Dreadful” consigue superarse a si misma, afilando sus colmillos y sus garras para hundirlos ferozmente en el espectador; llegando por momentos a una extraña crueldad disfrutable. Eliminando la poca luz de esperanza que dejó la primera temporada y ampliando aún más si cabe las perturbadoras zonas oscuras que ya mostraba. Para quien esto escribe, supera con creces toda expectativa que tenía…y no eran pocas. Convirtiéndose, de nuevo, en uno de los más recomendables fenómenos televisivos de este año.

Leer más…