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Juan José Millás: “La mujer loca” y el síndrome del sustantivo

01/09/2014

La-mujer-loca

Millás es uno de esos autores que uno llega a reconocer de manera irremediable, que imprime su sello en cada uno de sus trabajos creando un estilo narrativo realmente propio. Cualquiera de sus lectores frecuentes sabría adivinar que una novela es suya aunque se la entregaran en mano sin firmar y sin ninguna información previa. Ese sello tan propio consiste en un uso magnífico de la metaliteratura, un amor profesional y vocacional evidente por las letras, un surrealismo moderado en todo lo cotidiano y unos personajes complejos con particularidades psicológicas que suponen un reto en cualquier estudio narratológico. Aún no he encontrado una obra del autor que no haya disfrutado, que no lo haya confirmado como mi escritor vivo nacional favorito. Es por eso que cuando sostuve su última novela se me extendieron por la piel unas buenas expectativas que, adelanto, han terminado por verse cumplidas.

“Una novela que miente, una novela de verdad”, reza esa falsa cubierta que a veces colocan sobre las solapas del libro. Palabras que el lector entiende una vez se ha zambullido sin miramientos en la historia. Julia es una mujer un tanto peculiar que se gana la vida como pescadera en el mercado de un centro comercial. En sus ratos libres, la joven estudia gramática con el propósito de seducir a su jefe, que aunque se gane la vida destripando besugos para el consumo de los vecinos del barrio, es filólogo. Esto es todo lo que sabemos del personaje antes de comenzar con la lectura. Esto, y que un tal Juan José Millás que nos suena de algo se ha empeñado en escribir una novela sobre ella, cuando la conoce al ir a la casa en la que tiene una habitación alquilada para entrevistar a su enferma dueña, ya que pretende hacer un reportaje sobre la eutanasia. Suena casi surrealista pero la premisa es tan propia del escritor que casi dan ganas de abrazarse al argumento. Leer más…

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Por fin liberados de “True Blood”

27/08/2014

True Blood Season 7

(ALERTA SPOILER: Este artículo está dirigido a los y las valientes que hayan llegado a “Thank You”, el último episodio de “True Blood”, aunque si alguna vez seguiste la serie pero te bajaste del barco a tiempo y no te importa enterarte de qué pasó al final también estás invitado a leer)

En el particular universo de “True Blood” el vampiro mantiene un curioso vínculo emocional con el chupasangre que le convirtió, de modo que éste puede sentir la muerte o el dolor de su descendencia y también puede darle órdenes que tienen que ser rigurosamente acatadas. Básicamente un vampiro vive sometido a la voluntad de su progenitor, aunque no esté de acuerdo ni con él ni con sus métodos, y esas ataduras sólo se rompen cuando el vampiro original pronuncia las palabras “como tu creador, yo te libero”. Y así es como nos sentimos muchos espectadores tras siete largas temporadas en Bon Temps, liberados por fin de un yugo que habíamos soportado demasiado tiempo, aunque con la diferencia de que nosotros no estábamos obligados a nada y podíamos habernos bajado del barco cuando hubiésemos querido. Muchos lo hicieron y otros nos quedamos, bajo nuestra propia responsabilidad.

La realidad es que “True Blood” dejó de ser ella misma hace mucho tiempo, tanto que casi ni recordamos que en sus comienzos, en 2008, su explosivo cóctel de supersticiones sureñas, grotesco sentido del humor, atmósferas turbias, sangre y sexo a borbotones supuso una fresca vuelta de tuerca a los mitos vampíricos, dejando en evidencia a la saga cinematográfica “Crepúsculo”, que también comenzó ese mismo año. Pero desde hace ya varias temporadas (¿desde la tercera, quizás incluso desde la segunda?) a “True Blood” no había que tomársela en serio. Su juego era el “todo vale” y no se avergonzaba en absoluto de traspasar con frecuencia la línea de lo ridículo porque también en ocasiones caía del lado de lo genial(oide). De serie de culto pasó a placer culpable, y de ahí, con la acumulación de temporadas cada vez menos inspiradas y más estúpidas, a mala costumbre que uno mantiene por inercia y no sabe quitarse de encima. A “True Blood” siempre le ha ayudado que se emite en plena canícula, cuando los sentidos están más atontados y la competencia seriéfila es menor, pero en mi caso estaba decidido a dar carpetazo al asunto tras la conclusión de la sexta temporada (reseñada aquí) y solo el comunicado posterior de la HBO  anunciando que la séptima sería la última (consciente de que, aunque las audiencias aún seguían acompañando, el invento estaba más que exprimido) me hizo recular. No habíamos llegado hasta aquí para abandonar tan cerca de la orilla, así que decidí asumir cristianamente la penitencia por mis pecados y remar hasta el final. La realidad es que mis expectativas eran bajísimas de cara a estos últimos diez capítulos y juro que tras visionar “Jesus Gonna Be Here”, el primer episodio de la tanda, estuve cerca de abandonar. Se adueñó de mí una mezcla de pánico y pereza infinita. Quizás no estaba preparado para semejante via crucis, quizás no debía perder mi tiempo en las patéticas andanzas de los habitantes de Bon Temps mientras otras series prometedoras descansaban en el banquillo de mi ocio personal esperando a salir al campo. Pero una promesa es una promesa, y finalmente he llegado a “Thank You” con una impagable sensación de expiación y liberación. Y ni rastro de nostalgia, algo bastante grave cuando se trata de una serie que has seguido durante seis años. Leer más…

“Locke”: el pasado sobre ruedas

26/08/2014

Locke

Aquellos que vieron el trailer de la última película de Steven Knight, podrán llegar a pensar que estamos ante un nuevo “Buried“, pues se anuncia como un thriller claustrofóbico (sustituyendo un ataúd, por un coche) y en tiempo real (recurso que ya utilizaron títulos como “La soga”, “Solo ante el peligro” o “12 hombres sin piedad”, y puesto nuevamente de moda por “A la hora señalada”, “Antes del atardecer” o la serie de televisión “24”). Pero esta vez no estamos ante un nuevo “Speed”. Aquí no hay rehenes, no es la vida del protagonista la que está en juego durante los siguientes 90 minutos. Todo lo contrario, más bien es su alma, su integridad, su oportunidad de superar un pasado que le atormenta. A pesar del título “spielbergiano” de esta entrada, en mi opinión, “Locke” más bien es un drama; el de un hombre que observa, desde un coche, como su vida familiar y profesional va colapsando, cual edificio en plena demolición…aunque, eso sí, narrado con el ritmo propio de un thriller.

Al finalizar su jornada de trabajo, un empleado de la construcción llamado Ivan Locke (Tom Hardy) sale de las instalaciones, se quita las botas con restos de cemento, sube a su coche (un BMW X5) e inicia la marcha con un rumbo que, muy pronto, empezaremos a deducir. Mientras tanto, activa el manos libres y llama a su jefe (Andrew Scott, el James Moriarty de “Sherlock”) para notificarle que le ha surgido un tema personal y no podrá acudir al trabajo la mañana siguiente. Pero el día siguiente, no es un día cualquiera. De hecho, es el día más importante de esa construcción, de su carrera profesional, de la empresa para la que trabaja y un hito a nivel europeo en el sector, que ha llevado meses de preparación y planificación. Su jefe, conocedor de que no hay sustituto posible para Locke, intenta entender su actitud, preguntando por ese hecho que le obliga a excusarse de su puesto de trabajo en una fecha tan crítica; pero Locke es tajante, no hay detalles y no hay marcha atrás. Esa conversación es el inicio de una creciente tensión que irá aumentando con cada una de las llamadas que realice y reciba Locke a lo largo de la noche. De esta forma, Ivan (que no renuncia a sus responsabilidades en ningún momento, ni siquiera cuando es despedido), llamará a su mano derecha en la obra (Ben Daniels, el fotógrafo Adam Galloway en “House of Cards”), al que facilita una larga lista de hitos que debe asegurarse que se realizarán correctamente durante esa noche…y que pronto empezará a dar muestras de estar sobrepasado por los acontecimientos, incapaz de hacerse cargo de la enorme responsabilidad que Locke lleva sobre sus hombros cada día con naturalidad y diligencia. Posteriormente, le tocará hablar con su mujer (Ruth Wilson) y sus dos hijos (Tom Holland, visto en “Lo Imposible” de J.A. Bayona y Bill Milner, visto en “X-Men:First Class) que le esperan para cenar y disfrutar del partido de fútbol televisado de esa noche. Con todos ellos mantendrá una actitud distante, sin aportar muchos detalles al hecho de que no llegará a tiempo para ver el partido y sentarse a la mesa esa noche con todos ellos. En sucesivas llamadas, su mujer irá elevando también la tensión en las conversaciones. Extrañada al principio por el comportamiento de su marido y, posteriormente, sospechando que algo grave está pasando para que actúe de esa manera. Por último, recibirá llamadas constantes de Bethan (Olivia Colman), una mujer a la que Locke apenas conoce y al que llama desde un hospital. Leer más…

‘Begin Again': Tócala otra vez, John Carney

05/08/2014

Begin Again Mark Ruffalo Keira Knightley

No es el aquí firmante un gran admirador de ‘Once’, no al menos como mi compañero Rodrigo, que le dedicó hace un tiempo un inmejorable post, pero, pese a parecerme demasiado mínima su historia, siempre admiré su honestidad, la verdad que desprendía. Dura tarea tenía su director, el irlandés John Carney, para no convertirse en un ‘one hit wonder’ de esos que tanto abundan en la industria. Tras su inadvertida ‘Zonad’ de 2009, ‘Begin Again’, y sus indudables paralelismos con ‘Once’, es su verdadera reválida.

Si ‘Once’ narraba el siempre eufórico nacimiento de un amor, ‘Begin Again’ bien podría ser su reverso dramático (seguramente inspirado en los aconteceres en la vida real que sufrió la pareja protagonista de aquel filme, Glen Hansard y Markéta Irglová). De nuevo estamos ante una idílica pareja, Gretta y Dave, que basa en su amor por la música gran parte de su relación. El éxito de sus canciones compuestas al alimón les lleva, ingleses ambos, a Nueva York para potenciar la muy prometedora carrera comercial de Dave como cantante solista. Pronto, Dave se verá embaucado por el cegador brillo de la gran industria y el éxito masivo, dejando atrás a una Gretta que pasa a ser una náufraga en esa caótica y amenazadora isla que es la Gran Manzana. Toca, como reza el título, empezar de nuevo. No solo para Gretta, sino también para Dan, un fracasado como ejecutivo discográfico, como padre y como pareja, que cuando oye cantar a la descorazonada inglesa en un bar ve un asidero con el que poder continuar su vida y su profesión. Leer más…

“Doctor Who”: Después de los palitos de pescado con natillas

04/08/2014

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(AVISO: Se recomienda no cruzar la línea sin haber visto al menos las siete temporadas del renacimiento de Doctor Who, así como el último episodio especial emitido, “The Time of The Doctor”. Este post, como diría la gran River Song, contiene… ¡SPOILERS!)

El 23 de agosto vuelve Doctor Who y todos los seguidores de este loco que viaja por el tiempo y el espacio en su cabina azul se afilan los dientes. Además estamos de estreno. Cerrada una etapa muy celebrada por el público con Matt Smith como el undécimo Doctor y Steven Moffat como showrunner del programa, no podemos negar que afrontamos la llegada de Peter Capaldi con tantas ganas e ilusión como miedo, ya que tras cada regeneración siempre quedamos un poco descolocados. Sea como sea, esta serie siempre es una opción absolutamente maravillosa para correr con el viento a favor, huir de la rutina y escapar de los demonios.

Ya desde su nacimiento en 1963 se concibió como lo que es, un producto de ciencia ficción y (mucha) fantasía para toda la familia, un producto que invita a soñar, lleno de cientos de lugares que visitar, cientos de especies por conocer, cientos de cuándos por vivir. Optimista como ella sola, ofrece en cada episodio una aventura que rara vez llegará a decepcionarmos. La aventura (las aventuras) del último de los Señores del tiempo, de un planeta precioso llamado Gallifrey que ya no existe. Tiene un nombre pero no se nos ha revelado. Se llamó a sí mismo Doctor y es todo lo que importa. Siempre acompañado por los mejores, siempre viajando en su Tardis, que más que una nave espacial es un personaje que contiene un universo en sí misma… “it’s bigger on the inside!”. Leer más…

Recordando “Pulp Fiction”. Trasteando en “Pulp Fiction”

30/07/2014

Pulp Fiction

Estos días se han cumplido 20 años del estreno de “Pulp Fiction”. Sí amigo, 20 años (lo siento). Dos décadas hace ya que toda una generación se postró a los pies de un tal Quentin Tarantino, que quedó prendada de una película de esas que marcan, de esas que son semilla pese a ser fruto de mil gérmenes anteriores, de esas que beben de mil influencias para convertirse a continuación en influencia misma, en imprescindible y en icono de una época. Sería absurdo y hasta pretencioso a estas alturas intentar una nueva revisión de esta cinta, buscar ver algo que nadie ha visto hasta ahora en ella, o repetir nuevamente las numerosas virtudes plasmadas crítica tras crítica desde el día de su estreno. Ya todos hemos visto la película. Ya todos sabemos si la amamos o la odiamos. ¿Dónde ponemos el foco entonces? Pues pasamos de foco y nos quedamos con los destellos, destellos enmarcados en tres parpadeos, parpadeos que hicieron de “Pulp Fiction” algo más que una película, aspectos formales más allá de un estratosférico y saltarín guión y de una deslumbrante y precursora dirección:  la banda sonora, la estética y las curiosidades alrededor de su rodaje. Tres aspectos de los numerosos que se podrían destacar de ella, tres breves apuntes que nos sirven de excusa para celebrar una de las grandes obras maestras del cine. Leer más…

“Las vidas de Grace”, o la (peligrosa) amistad entre el pulpo y el tiburón

25/07/2014

Las vidas de Grace (Short Term 12) 1

El verano. Esa época del año abonada para el florecimiento de los blockbusters, fechas marcadas en rojo por los grandes estudios para lanzar algunas de sus grandes apuestas de la temporada, superproducciones obligadas, sí o sí, a reventar las taquillas en todo el planeta… Sí, ya lo sé, sobre todo esto ya reflexionó hace sólo un par de días mi compañero Jorge, pero permitidme añadir que a mí, como (casi) todo en esta vida, esto no me parece ni muy bueno ni muy malo. Y no nos las demos ahora de lo que no somos, pues en el Cadillac ya hemos dejado claro que no le hacemos ascos a un buen blockbuster. Porque sí, suele haber mucha morralla y unos cuantos títulos deleznables, pero de vez en cuando nos encontramos con alguna que otra joya en su género, o cintas que, para qué pedirles más, simplemente cumplen su función: hacer que durante 90 o 120 minutos pasemos un ratito entretenido, olvidemos nuestras tribulaciones y nos peguemos un placentero y sano atracón de palomitas. ¿A quién no le apetece algo así de vez en cuando? Vale, algunos huyen de este tipo de films como de la peste, y es en los meses de mayor calor cuando les puede costar aún más encontrar alicientes para pasarse por una sala de cine. Es más, ni siquiera estas semanas nos lo están poniendo fácil a los que en un momento dado podemos no llegar a ser tan escrupulosos. Hasta con los blockbusters Hollywood se está mostrando especialmente perezoso en este periodo estival, guardándose muchas de sus mejores cartas para las Navidades o el año venidero. Con los mutantes ya un tanto lejos en el horizonte, y sin caballeros oscuros, hombres de acero, vengadores, zombis o sagas galácticas con ganas de dar guerra, todo el peso recae, como apuntaba Jorge, en “El amanecer del Planeta de los Simios” y la cuarta entrega de “Transformers” (posiblemente, la película menos esperada del año en este blog). Yo me permito añadir “Guardianes de la galaxia”, que pese a su condición de un Marvel ‘menor’, sus divertidos trailers y la pobre competencia invitan a pensar que podría dar la campanada.

Decía que en verano, más que nunca, puede resultar difícil hallar vida más allá de los títulos que deslumbran en los grandes carteles. Difícil pero no imposible. También en estas fechas las distribuidoras aprovechan para rescatar alguna que otra gema que tenían olvidada desde hace meses, cuando no años, en un cajón. Poco importa que, en realidad, dé la sensación de que sólo estén tratando de quitárselas de encima, conscientes de que se estrenarán en pocas ciudades y salas y por allí vagarán, sin hacer apenas ruido, durante dos o tres semanas, con suerte. Quienes al final salen ganando son los espectadores más atentos y exigentes. Así, sin ir más lejos, en 2013 llegó a colarse en nuestra lista de lo mejor del año “Mud”, de Jeff Nichols con Matthew McConaughey (también lo hicieron, aunque se estrenasen en otras fechas, “Las ventajas de ser un marginado” y “Blue Valentine”). Y este mismo viernes desembarca en nuestra cartelera “Las vidas de Grace” (“Short Term 12”), una de las cintas indies revelación del pasado año, que aquí llega de nuevo con demasiado retraso y que es de lo mejorcito que un servidor ha visto, hasta la fecha, en este 2014. Leer más…

Calamaro en el Price: Te quiero (casi) igual

24/07/2014

calamaro

Hace ya tiempo que Andrés Calamaro nos dejó la flor y se llevó el florero (o viceversa). Hace ya tiempo que Andrés Calamaro firmó su mejor canción, su mejor disco y su mejor gira. Y hace ya tiempo que Andrés Calamaro perdió mucha de su inspiración, quizás en alguna calada. Sin embargo, cuando Andrés Calamaro se sube a un escenario y tira de repertorio, muy pocos nombres del rock en castellano le pueden hacer sombra. Porque desde sus inicios en Argentina con Los Abuelos de la Nada su talento no pasó desapercibido, si bien no fue hasta su llegada a Madrid y la irrupción de Los Rodríguez cuando empezó a crecer exponencialmente en una enorme banda no del todo reconocida aún pese al éxito alcanzado. Poco duró aquella formación, Calamaro necesitaba derribar muros, quitarse grilletes. “Alta suciedad” fue su incursión definitiva en las grandes ligas, palabras mayores. Y después, el dolor. Las 37 canciones de “Honestidad brutal” son un compendio de estilos y emociones, siempre a flor de piel, una de las más grandes obras nunca paridas. La honestidad se transformó en una especie de simulacro de suicidio con “El salmón”, una locura de más de 100 canciones, un trabajo valiente y autodestructivo, un disco en el que no es fácil entrar, pero en el que si entras, buena parte de ti quedará en él, como mucha parte de Calamaro quedó en esas sesiones de grabación, en esos días con varios amaneceres. Atrás quedaron ya sus épocas de excesos, de incontinencia creativa, esa que le granjeó una fama salvaje bien merecida, una inspiración desbocada, un sitio en el Olimpo y casi en el infierno.

Poco queda de aquel compositor en permanente estado de gracia, carismático sobre las tablas, locuaz incluso para un argentino, ingenioso en sus ‘speechs’, malabarista de las melodías en directo. La emoción de unos instantes que entonces se sabían irrepetibles ha dejado paso a un músico más profesional (quizás en el peor sentido de la palabra), más calmado, seguro y confiado en un puñado de canciones que sabe que ellas solas serán suficientes para ganar la partida. Leer más…