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“The Walking Dead”: la familia que mata unida…

01/04/2015

The Walking Dead Season 5 (1)

(ALERTA SPOILER: Prohibido leer sin haber visto hasta el decimosexto y último episodio de la quinta temporada de “The Walking Dead”. También hablamos, aunque poco y sin revelar nada importante, de los cómics “Los muertos vivientes” de Robert Kirkman)

Pues sí, a lo tonto llevamos ya cinco temporadas de “The Walking Dead”… aunque a mí a veces me parece que hayan sido diez. Y es que, por mucho que algunos se empeñen en afirmar justo lo contrario, han sucedido muchísimas cosas desde ese 5 de noviembre de 2010, cuando se emitió su piloto “Days Gone Bye”, tanto dentro como fuera de la ficción. Basta con fijarse en cosas fácilmente cuantificables, como los escenarios que ha visitado la serie o los personajes que han pasado por ella, para darnos cuenta de que ese cansino mantra de que «aquí nunca pasa nada» es totalmente erróneo. De hecho, si miramos la evolución de las fotos de familia de sus distintas temporadas, creo que tendríamos que admitir que ningún otro show tiene la osadía (que, en televisión, lo es) de renovar tanto su elenco principal, hasta el punto de que sean más los que se han quedado por el camino que los que actualmente resisten. Ni siquiera “Juego de tronos” lo supera.

En cuanto a su tumultuosa, aunque a la vista de los resultados muy afortunada, producción, tres showrunners en sólo cinco años tampoco es algo que veamos todos los días: Frank Darabont (primera temporada e inicio de la segunda), Glen Mazzara (final de la segunda y tercera) y Scott M. Gimple (cuarta y quinta, y esperemos que algunas más). Sobre el papel demasiados vaivenes, excesivo jaleo en los despachos y en las mesas de los guionistas que, sin embargo, en la práctica ha funcionado tan rematadamente bien que podríamos decir que “TWD” no sólo ha cumplido sus primeros cinco años de vida en su mejor momento en cuanto a audiencia, sino también luciendo, quizás, su mejor estado de forma hasta la fecha. La serie se despidió el pasado domingo en EE.UU con 15,8 millones de espectadores, nuevo récord para una season finale, aunque no llegase a superar los apabullantes 17,29 millones de la premiere del pasado mes de octubre. Unas cifras escandalosas y sin precedentes para un show emitido en una plataforma por cable, y que ya firmaría cualquier programa emitido en las cadenas en abierto norteamericanas. Un auténtico locurón. Y es que, si la serie nunca dejó de crecer cuando despertaba aún más dudas que certezas, tiene sentido que su impacto sea cada vez mayor ahora que nos ha endosado una de sus entregas más sólidas y regulares hasta la fecha. Hablo, concretamente, de los ocho episodios emitidos entre febrero y marzo de este 2015, correspondientes a la segunda parte de esta quinta temporada. Leer más…

“El Año Más Violento”: las buenas intenciones

26/03/2015

A Most Violent Year_Poster1

A raíz del estreno de “Cuando todo está perdido” (2013) dijimos en El Cadillac Negro que convenía tomarle la matrícula a J.C. Chandor porque en cualquier momento podía despachar una obra maestra y no queríamos que nos pillara desprevenidos. Esa obra maestra no es todavía “El año más violento”, por mucho que el casi unánime reverencial recibimiento de la crítica pueda hacer pensar lo contrario. Algunos incluso la señalan como la cinta más injustamente olvidada en la última edición de los Oscar, y quizás sí habría estado justificada su elección entre los ocho títulos nominados a mejor película, pero lo cierto es que queda lejos de filmes mucho más valientes, arriesgados o poderosos de la pasada cosecha cinéfila, como “Birdman”, “Boyhood” o “Whiplash”, y tampoco mejora a otras desdeñadas por la Academia como “Perdida” o “Nightcrawler”. “El año más violento” es una buena película que puede parecer mejor de lo que es porque nos recuerda lo enorme que era el cine del que bebe sin disimulo, el de los 70 de Coppola, Lumet, Friedkin o Pakula, en una época en la que es cada vez más difícil encontrar propuestas de calidad en la producción de Hollywood dirigida a un público adulto e inteligente, más allá del puñado de cineastas habituales en los que siempre confiamos. Cuatro décadas atrás la cinta de Chandor habría sido una más, y no precisamente de las más brillantes; en 2014 la National Board of Review la elige como la mejor película del año. Eso dice bastante más del estado actual del cine americano que del propio filme.

“Al año más violento” se ubica en la Nueva York de 1981 y cuenta la historia de Abel Morales, un tipo hecho a sí mismo, dueño de una red de transporte de combustible que está a punto de cerrar un trato que le dejará en una posición estratégica destacada en el sector, pero que tendrá que hacer frente a una ristra de problemas que amenazan su negocio. Las pesquisas de un fiscal que duda de la legalidad de sus cuentas, una serie de robos a sus camiones y las intimidaciones a su propia familia por parte de la competencia pugnarán poderosamente por apartar a Abe del camino de la legalidad que tan escrupulosamente se esfuerza por seguir. Leer más…

Loquillo. Una historia a golpes de rock&roll

18/03/2015

loquillo

Muy pocos nombres del panorama artístico nacional pueden presumir de poseer un nombre, una personalidad y una marca tan consolidada, reconocible y respetada como la de Loquillo. Y muy pocos nombres del panorama musical nacional pueden ni siquiera acercarse al legado acumulado por el ‘gigante del Clot’, porque de lo que no cabe ninguna duda es de que el cancionero de Loquillo posee un buen puñado de las mejores canciones escritas nunca en castellano, de que “Cadillac solitario”, “La mataré”, “Ritmo del garaje” y “Rock & roll star” podrían ser perfectamente las canciones más importantes del rock nacional. ¿Y cómo es posible que un tipo que no canta bien, que no toca ningún instrumento y que no ha compuesto casi ninguno de sus más importantes temas se haya mantenido en la cresta de la ola (casi siempre) durante los últimos 35 años? Porque la suerte puede acompañarte durante algún tiempo, la condescendencia o simpatía del público te puede perdonar ciertas taras, e incluso las circunstancias pueden ayudarte a triunfar en alguna ocasión, pero convencer a generación tras generación a base de rock ‘n’ roll necesita de muchos más factores, casi misterios, que vamos a intentar descubrir en las próximas líneas, echando la vista hacia atrás en unos días en los que él mismo ha decidido también darse un paseo por su pasado a golpe de rockabilly con “Código Rocker”, el disco grabado junto a la banda The Nu Niles en el que repasa, regraba y redecora algunas de las canciones de su dilatada y envidiable carrera.

Dicho esto, intento ponerme el traje de la objetividad, o al menos el abrigo, para pasear por las distintas etapas que ha vivido el Loco, desde sus inicios de rockabilly, rock clásico y punk en los años de la Movida madrileña, pasando por unos exitosos años 80 que tuvieron su colofón en el legendario directo “A por ellos… que son pocos y cobardes”, sin olvidar sus oscuros y casi desapercibidos años 90 ya sin Sabino Méndez en la banda (mano derecha de Loquillo y compositor de sus canciones más reconocidas), con los discos posiblemente más flojos de los Trogloditas y sus incursiones en la canción de autor con sus trabajos “de poetas”, hasta su resurgir en el inicio de siglo XXI, su despedida definitiva de la marca Trogloditas y el inicio de una nueva etapa ya sin apellido con el espléndido “Balmoral”. Leer más…

The Decemberists encuentran el justo término medio con “What a Terrible World, What a Beautiful World”

16/03/2015

The Decemberists What_A_Terrible_World,_What_A_Beautiful_World Cover

Las eternas contradicciones de la vida. Por un lado, los estadounidenses The Decemberists habían logrado en 2011, con su disco ‘The King is Dead’, convertirse en la banda de gran éxito al que parecían destinados desde sus comienzos y que se les había ido resistiendo con anteriores publicaciones. Por el otro, lo hicieron con un álbum en el que giraban hacia el sonido ‘americana’ y hacia unas canciones sencillas y de gran gancho melódico, en el que se apartaban ligeramente del brillante y ambicioso pop ‘indie’ y universitario de grandes obras como ‘Picaresque’ o ‘The Crane Wife’ o de exhibiciones de (excesivo) barroquismo del irregular pero interesante ‘The Hazards of Love’. Resultado: ambiciones y arcas más colmadas, aumento exponencial de interesados en su música, pero encontrándo en sus seguidores de siempre un cierto cabreo. ¿La solución? Pues intentar hallar el justo término medio: seguir explotando la veta del éxito y profundizar en las raíces americanas y, al mismo, tiempo, injertar elementos pretéritos como los arreglos ambiciosos, de más variedad instrumental, y volviendo a un aire general más dicharachero, más…POP. Esto es más o menos lo que consiguen en ‘What a Terrible World, What a Beautiful World’, uno de los lanzamientos más esperados para los que veneramos a la vez a The Jayhawks y a REM, a Cracker y a The Replacements, a los Wilco de los comienzos y a los Wilco de ‘Summerteeth’ (porque no, aquí no se pasa a su siguiente nivel de experimentación kraut).

La reválida en forma de disco para The Decemberists no puede comenzar mejor. ‘The Singer Addresses his Audience’ empieza tímida, con la excelente voz de Colin Meloy en primer plano y una íntima base de guitarra acústica para ir mutando, mediante unos fantásticos coros femeninos y un gran ‘in crescendo’ instrumental, en todo un himno, que antecede a uno de los grandes temas de lo que va de año, una ‘Cavalry Captain’ absolutamente ganadora, con una sección de viento que por momentos recuerda a los festivos tiempos de Dexy’s Midnight Runners y que aúpa a todo un monumento pop. Poco le tiene que envidiar ‘Philomena’, que con sus aires sesenteros y sus festivos coros, en un tono muy parecido a She & Him, se convierte en toda una delicia. Leer más…

“Shadows in the Night”: Dylan se reta a sí mismo… y gana

05/03/2015

bob_shadows

Cuando Bob Dylan cantaba allá por los setenta aquello de ‘Forever Young’, nunca podría imaginar que ese título iba a resultar tan autoprofético. Porque es justamente ahora,  rozando las 74 primaveras y superando los 50 años de carrera musical, cuando Dylan es más joven que nunca. Absolutamente liberado de antiguas cargas, el bardo de Minnesota hace lo que le viene en gana: no deja de girar rotando constantemente el repertorio y deconstruyendo sin piedad sus grandes clásicos, tan pronto suelta un inesperado álbum navideño como se lanza a realizar un programa radiofónico que ha quedado como un clásico de las ondas o protagoniza un anuncio de automóviles porque sí, porque le da la real gana. Y, encima, no deja de entregarnos algunos de los mejores discos de su carrera desde finales de los años noventa.

No voy a negar que cuando se anunció que su próximo proyecto iba a ser un álbum de versiones de Frank Sinatra me invadió la sorpresa. Mucho antes hubiera imaginado un disco de revisiones de Hank Williams o de cualquiera de sus amados ‘bluesmen’ añejos, pero…¡¡¡¿¿¿Sinatra???!!! El reto era mayúsculo: uno de los mejores compositores de la Historia contra uno de los mejores intérpretes y recolectores de temas ajenos de todos los tiempos, el murmullo ronco y casi inaudible del de Duluth contra la virtuosa garganta de ‘Ojos Azules’, el irascible y furioso defensor de su intimidad contra el mejor embajador de los locales nocturnos de Las Vegas, el destructor de esquemas establecidos contra el yerno canalla más deseado por las madres. EL GENIO contra EL GENIO. No voy a negar que me extrañó pero tampoco que ardía en deseos de escuchar el material resultante. Leer más…

Kafka y el amanecer de Gregorio Samsa

02/03/2015

franz-kafka

Todo individuo que guarde unas inquietudes fantasea con la idea de hacer algo que perdure en el tiempo y en la memoria de otros. El arte es un legado. La palabra escrita, cuando ha conseguido cambiar o alterar mínimamente la existencia del lector (de miles de lectores a lo largo de décadas y décadas), pasa a ser historia. Con el céntésimo aniversario tan reciente de esa obra maestra literaria que es La metamorfosis de Franz Kafka, célebre e importante a todos los niveles como pocas, podemos hablar de perdurabilidad con propiedad. Una perdurabilidad que traspasa lo físico, que se esconde en nuestras ediciones ajadas, en las estanterías de todas las librerías del mundo con olor a papel nuevo, en el imprescindible reservado de todas las bibliotecas, pero, sobre todo, en el espacio que muchos hemos reservado en nuestro hemisferio derecho para las obras que nos ayudaron a despertar como un día despertó Gregorio Samsa.

Kafka es mucho más que uno de los autores estandarte del siglo XX, mucho más que una influencia para toda la literatura existencialista posterior. Kafka ha llegado a convertirse en un concepto. Hablamos de situaciones kafkianas cuando los acontecimientos se complican y retuercen en exceso, cuando no vemos final a una pesadilla cotidiana e incluso cuando la vulgaridad de la burocracia nos saca de nuestras casillas. Lo kafkiano resulta más mundano que surrealista, con frecuencia.

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‘Red Army': ¡Que vienen los rusos!

26/02/2015

Red Army

Si la firma del alemán Werner Herzog es ya toda una garantía en la ficción (no olvidemos títulos míticos como ‘Aguirre o la cólera de Dios’ o ‘Fitzcarraldo’), lo es más aún en los últimos años en el terreno del documental. Seguramente desanimado por los problemas financieros que le implica a un autor como él realizar una película en los tiempos actuales, seguramente también por razones meramente artísticas, Herzog ha dedicado la mayor parte de sus esfuerzos en retratar la realidad y poco tiempo le bastó para ser uno de los grandes referentes del género. Obras tan redondas como ‘Grizzly Man’ o ‘Encuentros en el fin del mundo’ le permitían seguir explorando sus temas de siempre: los visionarios, los excéntricos, aquellos que necesitan apartarse de una vida convencional y vivir sus sueños hasta en los modos más extremos e incluso ridículos, todo ello filmado desde la admiración pero sin perder el necesario distanciamiento, no dudando en remarcar las contradicciones e ironizar sobre los aspectos cómicos de su ‘héroe’. No es hombre Herzog de elogio fácil ni de bajas miras. Por ello, cuando un servidor comprobó que estampaba su firma como productor y ‘padrino’ del debutante Gabe Polsky en ‘Red Army’, un documental sobre la legendaria selección soviética de hockey hielo que desde finales de los años 70 a finales de los 80 embelesó al mundo, no dudó en que era una obra a paladear, aunque la experiencia que tiene uno sobre este deporte no vaya más allá de unas cuantas partidas a algún videojuego.

La mayoría de grandes documentales deportivos de la historia (ahora me viene a la cabeza el fastuoso ‘Olimpia’ de Leni Riefenstahl) lo son porque no se quedan en las hazañas en los terrenos de juego, sino que extrapolan su visión al contexto político y social del acontecimiento retratado. Y ‘Red Army’ se inscribe precisamente en esa confluencia. En unos años 70 en los que aún la URSS está en fase expansionista y compite de tú a tú con EE.UU por el ser el país más influyente del mundo, partido en dos por la Guerra Fría, el aparato comunista centra en el deporte gran parte de su esfuerzo propagandístico, Y entre numerosas disciplinas, el hockey sobre hielo es la que sale más beneficiada de entre los juegos en equipo. Tras castings tan gigantescos como la propia extensión del país, un buen número de prometedores chicos son sometidos a duros entrenamientos y a los revolucionarios métodos de Anatoli Tarasov, que incidía en el aspecto más estético y bello de este deporte (vamos, un Guardiola de otro tiempo) para convertirse en fantásticos jugadores que formarán una selección que marcará época. Leer más…

Oscar 2015: Redoble de batería para ‘Birdman’ y ‘Whiplash’ en el Hotel Budapest

23/02/2015

Oscar Birdman

Y al final fue ‘Birdman’. La gala de entrega de los Oscar 2015 se presentaba para la Academia como la oportunidad de consolidar definitivamente el rumbo emprendido en los últimos años, el de aupar y popularizar películas de prestigio frente al de agradecer los réditos obtenidos en taquilla. No había duda de que en una edición en la que ‘Birdman’ y ‘Boyhood’ se presentaban como las dos grandes contendientes, con ‘El gran hotel Budapest’ como inesperada pero agradecida invitada, poco margen existía para los dislates a los que la vetusta institución nos había acostumbrado en otras épocas. Las estatuillas iban a ir a parar, fuera cual fuera el resultado final, a una excelente película, absolutamente personal e inclasificable y facturada por un cineasta ambicioso y que quiere ir más allá de esa convencionalidad con la que nos abruma cada temporada la producción media de Hollywood.

Y ‘Birdman’ lo es. Pocas dudas podía haber que la virguería de rodar ese fantástico y simulado plano secuencia pleno de nervio y ritmo le debía reportar a Alejandro González Iñárritu la estatuilla que relance una carrera que promete seguir siendo fulgurante. Mientras, los premios a la espectacular fotografía de ese virtuoso que es Emmanuel Lubezki y al guión original (esos afiladísimos diálogos lo merecían) ya daban pistas de que, finalmente, las especulaciones existentes sobre un reparto salomónico de galardones con ‘Boyhood’ iban a ser desacertadas. Los académicos prefirieron barrer para un único lado y dejar a ‘Boyhood’ seguramente demasiado huérfana para sus méritos, con el único botín del Oscar a Mejor Actriz Secundaria a una Patricia Arquette, a la que esperamos que el premio le sirva para volver a brillar en la gran pantalla como siempre ha merecido y no había sucedido durante ya demasiados años. Leer más…