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“El renacido”: lo que no te mata, te consigue un Oscar

05/02/2016

El renacido cartel

Tras conquistarnos el año pasado con “Birdman” (ganadora de 4 Oscars de la academia, incluyendo mejor película y mejor director), Alejandro González Iñárritu, nos presenta una nueva historia de extraordinarias proporciones, a la que el abusado término obra maestra quizás no haga justicia a toda su grandeza. Recién estrenado el mes de febrero, ya podemos asegurar rotundamente que estamos ante una de las tres mejores películas del presente año. Muy probablemente, la mejor de todas.

No hace falta visitar lejanos planetas, ni milenarias civilizaciones ya extintas para mostrar en pantalla lo que significa ser un verdadero aventurero. Durante siglos y hasta hace pocas décadas, los mapas cartográficos marcaban con líneas rojas aquellos confines en los que la naturaleza predominaba siempre sobre la voluntad del hombre. Bien fueran áridos desiertos, gélidos parajes del ártico, las más altas cotas de nuestra corteza terrestre o las más agitadas aguas oceánicas. En todos esos casos, el afán de superación, el trabajo en equipo, una cuidada planificación y los avances técnicos de aquellos días significaron la supervivencia de aquellos valientes que no se echaron atrás ante un reto imposible de lograr hasta entonces. Sin embargo, sin toda esa preparación y equipamiento, son muchos los lugares que siguen significando una muerte segura cuando sólo contamos con nuestro instinto de supervivencia, cuando nos enfrentamos con las manos desnudas a la madre naturaleza en su propio terreno. Es en estos casos cuando es necesario un elemento extra que marque la diferencia, que alimente nuestras ganas de vivir. En “El renacido” ese componente es la combinación de rabia, dolor y venganza. Desde El Cadillac Negro, os animamos a realizar con nosotros un intenso viaje por la más salvaje de las naturalezas, una brutal travesía por un infierno helado que nos ofrece belleza y muerte de forma simultánea, una épica aventura que desafiará todos nuestros límites.  Leer más…

Quique González: Uno de los nuestros

02/02/2016

quiquegonzalez coche

No es difícil evocar con las canciones de Quique Gónzalez imágenes de largas carreteras en pleno desierto, salpicadas de cafeterías con sillones de cuero rojo y camareras de falda corta que acumulan mil derrumbes en sus ojeras y en sus piernas, habituales de los más cochambrosos moteles de carretera, donde sus medias de rejilla protagonizan la escena a ritmo de alguna canción de Tom Petty y bajo la vigilancia de la botella de Jack Daniels y el cenicero lleno de colillas de Marlboro, con un combate de boxeo en el televisor sin volumen y el descapotable (quizás un Cadillac Negro) esperando al otro lado de la ventana. Pero más allá de estilo, imagen o carisma, o quizás siendo una mezcla de todo ello, algunos artistas poseen espíritu, un algo que impregna toda su obra y que hace que te identifiques con él de forma especial más allá de estilo, imagen o carisma. Quique González tiene ese espíritu, un halo que le rodea que le hace accesible a la vez que auténtico, diga lo que diga o cante lo que cante sabes que lo hace de verdad. Le crees uno de los tuyos. Y en El Cadillac Negro le creemos uno de los nuestros. Además de que esas imágenes que recreábamos un poco más arriba casen perfectamente con el estilo visual de este rincón de opiniones, de que compartamos totalmente su gusto por Scorsese, Lynch, “Breaking Bad”, Dylan y Young, esa accesibilidad, autenticidad y honestidad también las presumimos cualidades compartidas con el protagonista de las próximas líneas.

La excusa de estas líneas se llama “Me mata si me necesitas”, el nuevo disco de Quique González, pero la mirada la tenemos en el retrovisor, en la senda que lleva recorrida este cantautor madrileño afincado en los montes cántabros. Tampoco me atrae demasiado la idea de hacer una típica review de su carrera parándome en cada disco para hablar un poco de él, creo que me parece más interesante (o simplemente me apetece más) intentar trazar el perfil de Quique González a través de varias de sus canciones, no sé si las mejores, pero quizás sí las que pueden completar un retrato más preciso de su música (completadas al final con una play-list más extensa que a buen seguro hará más justicia a su carrera). Leer más…

“Creed. La leyenda de Rocky”: nada acaba hasta que Sly diga que se acaba

29/01/2016

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Uno de los grandes alicientes de la próxima gala de los Oscar es ver si el viejo, ajado y tantas veces despreciado Sylvester Stallone se lleva a casa la estatuilla al mejor actor de reparto. A la Academia le encantan este tipo de maniobras y, para ellos, solo hay algo más glorioso que nominar a una olvidada estrella de Hollywood súbitamente renacida de sus cenizas: no darle el premio. Pasó con Bill Murray (“Lost in Translation”), con Eddie Murphy (“Dreamgirls”) con Micky Rourke (“The Wrestler”) y, el año pasado, con Michael Keaton (“Birdman”). Al contrario que estos tipos, Stallone sí fue nominado una vez en el pasado, pero hace tanto tiempo que nadie quería recordar que el ganador de nueve Razzies llegó a aspirar en 1977 al Oscar al mejor actor por ser Rocky Balboa, el mismo personaje por el que ahora vuelve a estar en la pelea. Desde el punto de vista de la Academia es un guión sensacional, pero desde el mío no es perfecto. Aquí falla el hecho de que Sly se ha convertido en el indiscutible favorito de la categoría tras su triunfo en los Globos de Oro, y no llevárselo en estas circunstancias sería una afrenta dolorosa. En el guión ideal, Stallone debería tener enfrente a un Christian Bale o a un Tom Hardy muy por encima en las apuestas, de modo que el solo hecho de estar nominado ya fuese un triunfo, y ganar o no hacerlo sería lo de menos. Rocky tiene que ser el underdog, el caballo perdedor, el tipo con una posibilidad entre un millón. Esa es su esencia. Eso es lo que nos enamoró del personaje a todos los que nos alimentábamos en los videoclubes de barrio de los 80. Rocky nos alentó a no rendirnos nunca, a levantarnos después de cada golpe y prepararnos para resistir el siguiente.”No se puede” no era una opción. Nos enseñó que cuando uno da todo lo que se tiene dentro no se está obligado a más, y que nada acaba hasta que uno siente que se acaba. Todo eso estaba en el primer “Rocky”, que era una pequeña, sencilla y honesta obra maestra, una humilde y conmovedora historia de perdedores apaleados por la vida que se aferran con todas sus fuerzas a una de esas oportunidades que casi nunca pasan por delante. Cuando los compañeros del Cadillac conversamos sobre cintas que ganaron el Oscar a la mejor película inmerecidamente y alguno saca “Rocky” a colación yo me niego en redondo a aceptarlo, incluso aunque la damnificada fuese un filme superior como “Taxi Driver”.

Que la saga se alargase en múltiples secuelas de calidad decreciente y cada vez más comerciales quizás contribuyó a devaluar el valor del “Rocky” original, pero los que vimos todas aquellas películas de niño difícilmente podremos ser objetivos con ellas. Ya lo he escrito antes en el blog pero aquellos primeros visionados junto a mi padre de las peleas del Potro Italiano contra Apollo Creed, Clubber Lang o Ivan Drago al son de las inmortales “Gonna Fly Now”, “Going the Distance” o “The Final Bell” eran una explosión de emoción y adrenalina como yo pocas veces he vuelto a sentir viendo cualquier cosa. Y da igual que cualquier parecido con el boxeo de verdad fuese pura coincidencia, que aquellas guardias inexistentes y aquellas sucesiones de brutales directos al rostro fuesen inconcebibles en un combate real que durase más de un asalto. Aquello era un universo paralelo en el que la credibilidad se suspendía en el aire, ‘Rockylandia’, la agonística del dolor elevado a la más alta potencia, y, maldita sea, aún no puedo volver a ver una de esas películas sin que me toquen la fibra. Cuando crecimos, Rocky y el propio Sly quedaron sepultados entre los recuerdos de la infancia, pero tuvimos la oportunidad de despedirnos de él en la melancólica “Rocky Balboa” (2006), un digno cierre para la saga, o eso creíamos, porque diez años después volvemos a encontrarnos inevitablemente en una era en el que las secuelas, los reboots y la nostalgia cotizan al alza. Leer más…

“Spotlight”: ¿Retrato del periodismo de investigación?

28/01/2016

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Comienzo este artículo directamente con un interrogante, ahí, situado en el título, encabezando estas líneas que se sienten inseguras tras el visionado de un producto que quizá, sólo quizá, esté más dirigido al gremio que trata de retratar, a todo aquel, a toda aquella que se dedica al periodismo, que se ha formado en la materia y que al fin y al cabo puede confirmar o desmantelar el valor narrativo de este filme que, en lo personal, no me ha dado lo que esperaba, aunque pueda ser un problema de mantener las expectativas altas ante unas críticas más que positivas que, al fin y al cabo, acaban por condicionarnos. Para bien y para mal.

“Spotlight”, dirigida por Thomas McCarthy y apoyada por un reparto jugosísimo, con seis nominaciones al Óscar en su cuenta, una de ellas a mejor película, nos narra la historia real de un equipo de reporteros del Boston Globe que durante un largo período de tiempo trabajó duro por destapar un escándalo de pederastia cometido por miembros de la Iglesia. Ese es el punto de partida, aunque aquí hay mucho de lo que hablar y probablemente no va a llover a gusto de todos.  Leer más…

“Hamen”: Belako progresa más que adecuadamente

27/01/2016

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Es uno de los tópicos más manidos en la cultura el hecho de que el segundo trabajo siempre es el más difícil, creencia apoyada en el hecho de tener que intentar sorprender o al menos no decepcionar al entregar una obra, en este caso un disco, después de haber tenido una buena acogida con el debut, muchas veces apoyada en el efecto sorpresa. Hecha esta premisa, que puede ser más o menos cierta, pero tampoco estamos para intentar desmontar verdades universales, el año pasado por estas mismas fechas hablábamos así de un nuevo e insultantemente joven grupo nacido en el País Vasco que se había convertido en  una de las grandes esperanzas de la escena independiente gracias a un disco, dos EP’s y un gran puñado de actuaciones en varios de los festivales veraniegos más importantes. Belako se presentaban en “Eurie” (2013) como una mezcla de Nirvana y Joy Division, con un post-punk fresco, directo, rabioso y enérgico. Los posteriores EP’s un año después, “AAAA!!!!” y “Bele Beltzak Baino Ez”, mostraban las dos facetas del grupo: la más potente en uno y otra más experimental en el segundo. Pero como ya hemos dicho, esa parte de la historia ya fue contada.

A pesar de que su nombre empezó a tomar relevancia rápidamente, el grupo se tomó las cosas con calma y evitó el querer aprovechar la inercia para publicar rápidamente un segundo disco. Así, la banda siguió tomando forma, madurando, engordando, cociendo las nuevas canciones a fuego lento, hasta presentar este año al fin “Hamen”. Y lo que comprobamos en “Hamen” (“Aquí” en euskera) es justo eso, un grupo más hecho, en evolución, siguiendo el camino que se intuía, sin estancarse en las sonoridades que tan buenos réditos les estaban otorgando y que perfectamente podían haber estirado un poco más. No es una ruptura, ni mucho menos, ni un salto al vacío, pero respecto a las anteriores entregas sí que se ve un trabajo más rico en estilos, con los colmillos limados pero con la paleta de colores más extensa. Aunque es evidente que la influencia de grupos como Joy Division sigue siendo palpable, la parte más ‘grunge’, la que entroncaba directamente con Nirvana o Sonic Youth, es la que más se ha quedado por el camino, ya no tiran de cañonazos como “Haunted house” o “Vandalism”, ganando a cambio destellos de Portishead o Daft Punk, por ejemplo. (Permitidme un paréntesis para disculparme por las comparaciones y etiquetas que ya he perpetrado y que creo que seguiré haciendo en las próximas líneas, tan injustas muchas veces como necesarias otras, aunque solo sea para intentar acercar el grupo a quien no conoce nada de él).

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‘El hijo de Saúl’: No es otra película sobre el Holocausto

25/01/2016

El hijo de Saúl

Tradicionalmente el Holocausto cometido por la Alemania nazi sobre los judíos fue prácticamente un tema tabú en el cine. Hasta no hace tanto sólo unas cuantas películas de variadas nacionalidades habían tratado un tema tan trágico, entre ellas el canónico documental de Claude Lanzmann ‘Shoah’. El gran paso adelante lo dio Steven Spielberg con la maravillosa ‘La lista de Schindler’ en 1993, una obra que se pretendía panorámica sobre el tema y  que -como no podía ser de otra manera tratándose de tito Spielberg- luchaba por buscar la positividad en medio del horror mediante el heroísmo de la actuación del empresario Oskar Schindler y su salvación de centenares de personas. El triunfo crítico y comercial del filme caló tan hondo que el Holocausto abandonó anteriores miedos y se mostró como un material de lo más apetecible, especialmente en esta vertiente, entre muchas comillas, más amable: la de la crónica de pequeñas gestas humanas. Ocurrió, sin embargo y con honrosas excepciones como ‘El pianista’ de Roman Polanski, que el exterminio judío se convirtió en algo así como la coartada perfecta para aportar un dramatismo extra a tramas que, situados en cualquier otro momento histórico, serían mucho más insignificantes. Sin dudar de sus buenas intenciones, filmes tan sobrevalorados, en la humilde opinión de un servidor, como ‘La vida es bella’ o ‘Los falsificadores’ incurrían en esta circunstancia y contribuían a una cierta banalización de unos hechos tan horrendos.

He de admitir que cuando oí hablar de una película húngara sobre el Holocausto mi primera reacción fue de pereza, similar a la que muchos -no es mi caso- experimentan cuando el cine español trata de nuevo la Guerra Civil. Sin embargo, cuando las primeras crónicas anunciaban algo diferente, mi apatía se transformó en avidez. Por fin, ‘El hijo de Saúl’ está entre nosotros, cargada de premios y favorita indiscutible para el Oscar a Mejor Película de Habla no Inglesa, y, definitivamente, no es otra película sobre el Holocausto. Leer más…

“La gran apuesta”: esperando la llegada del fin del mundo

22/01/2016

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Si algo nos dejó claro la crisis financiera iniciada en 2008 con la caída de Lehman Brothers es que el capitalismo es una degradante farsa bendecida por los poderes fácticos, y que el derrumbe de los falsos imperios lo termina pagando siempre el vulgo mientras que los grandes responsables, los infames ladrones de guante blanco, salen (y se saben) impunes y recolocados. Lo que significa que todo, tarde o temprano, volverá a ocurrir otra vez. “Inside Job”, el oscarizado documental dirigido por Charles Ferguson en 2010, no solo radiografiaba lúcida y didácticamente las causas del amoral crimen perpetrado por banqueros, empresarios sin escrúpulos, corredores de bolsa y especuladores con la connivencia de agencias de calificación, políticos, economistas y medios de comunicación, sino que dejaba al aterrorizado espectador con unas irrefrenables ganas de salir a la calle a hacer “escraches”, o algo peor. El director Adam McKay seguramente vio “Inside Job”, porque “La gran apuesta” es en muchos sentidos una versión dramatizada de aquel filme, en la que pervive mucho de su nervio documental y su tono pedagógico, pero que se las arregla para encontrar un nuevo ángulo sobre el que explorar el principal (aunque no único) detonante del desplome financiero, es decir, la estafa a gran escala de las hipotecas inmobiliarias subprime que generó una enorme burbuja que inevitablemente tenía que estallar.

McKay, en su primera incursión en un cine más comprometido tras un puñado de comedias que no hemos visto, adopta la perspectiva de aquellos avispados que se dieron cuenta antes que nadie de que todo lo que sube irremediablemente tiene que bajar, y de que en este caso la caída iba a ser desde muy alto. Actores secundarios de ese gran teatro del mundo de las finanzas que se percataron de los pies de barro del gigante, vieron venir la debacle y se aprovecharon de ella. No fueron héroes, ni siquiera antihéroes, como la cinta puede hacer ver, sino tipos listos que sacaron tajada apostando contra el aparentemente infalible sistema, convirtiéndose por tanto en cómplices del cataclismo que provocó la pérdida de millones de hogares y puestos de trabajo. Lo que obvia McKay es que las dudosas prácticas de los outsiders de su película fueron más generalizadas de lo que aquí se da a entender, pero lo que importa es que el director consigue que el mensaje de una cinta que, por su propia naturaleza, está plagada de farragosos tecnicismos y terminología especializada, llegue alto y claro al espectador. Y cualquier película, ya sea más o menos buena, que se aplique en denunciar los desmanes de los poderosos siempre será bienvenida. Leer más…

Auge, caída y reunión de Guns N’Roses: Las 20 fechas clave

19/01/2016

Guns and Roses

No fue hasta sus últimos estertores cuando 2015 nos regalo un hecho verdaderamente histórico, culturalmente hablando: ‘El despertar de la Fuerza’ y la, no por esperada menos trágica, muerte de Lemmy Kilmister. Como la vida no es sino una sucesión de alegrías y tristezas, casi al tiempo que podíamos disfrutar de uno de los mejores discos de David Bowie en los últimos 30 años nos llegaba la impactante noticia de, este sí, su inesperado fallecimiento. Ya viudos de una de las más grandes figuras culturales del último siglo, sólo nos queda acogernos a las pocas noticias positivas que van surgiendo. Y la mas importante de ellas es, sin ninguna duda, la confirmación de la reunión de la formación original de Guns N’Roses (o al menos el regreso a la colaboración entre Axl, Slash y Duff) y su actuación en el festival de Coachella.

Desde El Cadillac Negro, vistos los innumerables antecedentes y el volátil carácter de los implicados, no tenemos todas consigo, pero, de todos modos, hemos caído en la cuenta que aún no habíamos hablado en nuestra ya prolongada existencia de una de las bandas más grandes que nos ha dado la historia del rock y ésta suponía una oportunidad inmejorable para subsanar nuestro imperdonable olvido histórico. Sirva como puesta en antecedentes y contextualización de su regreso, hemos disfrutado de lo lindo echando la vista atrás para recordar la convulsa historia de una de las bandas que marcaron nuestra juventud a través de las 20 fechas claves de su trayectoria. Un largo viaje, tan repleto de alegrías como de decepciones, por una época en la que primero vivimos el resurgir del rock como gran movimiento juvenil y, posteriormente, el comienzo de su largo declive popularidad, No es sólo la historia de una banda, es un pedacito de la historia de cada uno de nosotros.

You know where you are?

You’re in the jungle baby

You’re gonna die

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