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‘Perdida': Oro parece, plata no es

21/10/2014

Perdida Ben Affleck

En numerosas ocasiones crítica y público cometen el error de tomar las carreras de los directores como meras trayectorias lineales, en las que cada nueva película debe ser una evolución natural y lógica de la anterior. Por eso a muchos, incluido a un servidor, no lector de la novela multiventas de Gillian Flynn en la que se basa, nos ha sorprendido tanto ‘Perdida’, la muy esperada nueva obra de uno de los directores fundamentales para entender los últimos 25 años del cine, el mago David Fincher. Afortunada o desgraciadamente, y aunque a veces no lo parezca, los cineastas son seres humanos y sus filmografías están repletas de avances y de retrocesos, de películas coherentes con una determinada trayectoria y también de experimentos sin relación alguna al resto de su obra, de grandes hitos en teoría inalcanzables para su talento y de obras absolutamente menores incomprensibles ante sus habituales dotes, es decir, de imprevisibilidad, algo que agradecemos los que nos dedicamos a hablar de cine, porque, sino, esto sería un mortal aburrimiento.

A los que esperábamos presenciar una nueva muestra de la virtuosa sobriedad del último Fincher, esa época que atesora una obra maestra como ‘La red social’ y un clásico  como ‘Zodiac’ entre otras proezas, esa que se vio reafirmada en su último trabajo hasta la actualidad, la dirección de los dos formidables primeros capítulos de ‘House of Cards’, parecemos cumplir nuestras expectativas con el arranque de ‘Perdida’. El misterio que se cierne ante la desaparición de la esposa de un matrimonio en apariencia modélico, el comienzo de unas pesquisas rutinarias que darán un  giro cuando un desafortunado gesto del marido en una rueda de prensa y la condena ‘extraoficial’ que cae sobre éste motivada por el cambio de opinión y creciente presión vecinal y mediática están tratados con la habitual solvencia narrativa del maestro estadounidense y el tono recio y sin florituras gratuitas de sus últimas producciones, dando lugar a un resultado de extremada corrección…quizás demasiada corrección para lo que demandamos de un cineasta de su enjundia. Leer más…

Acerca de estos anuncios

“Bron/Broen” vs “The Bridge”

16/10/2014

Bron/Broen vs The Bridge

(ALERTA SPOILER: Algunos de vosotros habréis visto “Bron/Broen”. Otros “The Bridge”. Habrá incluso quien le haya dado una oportunidad a ambas series, y otros muchos que aún no se hayan acercado a ninguna de las dos. En este post optamos por ‘enfrentarlas’ intentando soltar los menores spoilers posibles, para que así podáis decantaros por alguna de las dos, o ambas, sin arruinaros demasiado la experiencia. ¡De nada!)

La mejor señal de que no hacemos del todo las cosas mal es que algunos nos habéis sugerido, en más de una ocasión, que escribamos sobre tal o cual serie que echáis de menos en El Cadillac Negro. Eso quiere decir, creo, que apreciáis y valoráis lo que hacemos por aquí, y nos habéis dado algo de crédito. Una de las más demandadas el curso pasado fue “The Bridge”, el remake estadounidense de la sueco/danesa “Bron/Broen”, pero nosotros no pudimos atender vuestras peticiones. Ya sabéis que sobre todo se debe a la falta de tiempo y a la sobrecarga de ‘trabajo’ y, en este caso, en lo que respecta a un servidor se sumaba algo parecido a lo que le sucedió con el fenómeno “The Killing”/”Forbrydelsen”: siendo consciente de que las dos series despiertan interés, las dudas sobre por cuál de ellas decantarse, sobre a cuál de ellas merecía la pena acercarse en un primer momento, hacían que uno acabase dejando ambas en la cuneta. ¿Un error, o un doble error, por mi parte? Pues muy probablemente. Pero hete aquí que, con motivo de mi reciente cumpleaños, me regalaron en DVD la primera entrega de “The Bridge”, la americana. Así que (felizmente) ya no tenía excusas ni escapatoria posible.

Así, con el paso de los capítulos, mis sensaciones (como siempre, únicas e intransferibles) eran que en términos generales “The Bridge” era una serie más que correcta, magnífica en algunos momentos pero lamentablemente débil o torpe en otros . Y es que, más allá de personajes, casting, ambientaciones, diseños de producción, realización y, por supuesto, tramas, hay algo que siempre acaba marcando la diferencia entre una buena serie y una serie excelente: la solidez de su guión. Y en este sentido, “The Bridge” parecía patinar más de la cuenta, con algunos giros o situaciones un tanto forzados, cogidos con alfileres o poco o mal ‘cocinados’. La serie, en cualquier caso, no dejaba de ser un producto disfrutable, así que según avanzaba la temporada ya me había hecho el firme propósito de reengancharme cuando terminase a esa segunda tanda de episodios por entonces ya en emisión, para así también poder entregaros el post correspondiente. Pero yo no podía dejar de cuestionarme el porqué de esas flaquezas, y empecé a sospechar cuál podía ser el problema, así que… decidí lanzarme también sobre “Bron/Broen”. A fecha de hoy, y tras un maratón seriéfilo sin par, uno ha conseguido zamparse las dos temporadas de ambas series, ha confirmado sus sospechas y está, espero, en condiciones de poder valorar ambas producciones. Así que lo dicho: al lío. Leer más…

La perfección, o David Bowie en los 70 (II): De estación en estación

13/10/2014

David Bowie 70's Berlin

En la primera parte del presente post asistimos, tras una larga lucha llena de decepciones, al advenimiento de David Bowie como gran estrella del rock después de encadenar una serie de obras maestras que modelaron gran parte de la música de su época. Pero si en la primera mitad de la década de los setenta Bowie logra convertirse en leyenda, es en la segunda mitad cuando Bowie logra ser Bowie, el único, el inimitable. Hemos de constatar que las leyendas del rock, menos mal, son numerosas. Bien, al menos el 90% de ellas una vez alcanzado su mítico estatus continuaron recorriendo con mayor o menor acierto el camino que les llevó a la gloria. Pocos, muy pocos, fueron los que cuando tuvieron que elegir optaron por seguir el trazado de curvas en lugar del recto y se adentraron con éxito en terreno desconocido. Tom Waits y Johnny Rotten pueden ser buenos ejemplos, pero sin duda el que os saltaría a todos a la mente inmediatamente sería el de David Bowie.

Ya vimos cómo tras la fulgurante consolidación que supuso ‘The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars’, el británico no se durmió en los laureles y no paró de añadir matices, incursiones en otros géneros y, en definitiva, ensanchar su universo desde la base de esa mítica obra. Sin embargo, tanto ‘Aladdin Sane’ como ‘Diamond Dogs’, con toda su apertura de miras, no dejan de estar inmersos en su misma frecuencia de onda, la del rock. Fue a partir de 1975, con ‘Young Americans’ y ‘Station to Station’, y sobre todo en 1977 con ‘Low’ cuando podemos hablar de una ruptura definitiva con su anterior ecosistema, cuando podemos hablar de un viaje a otra galaxia musical, la de la experimentación, la de la inmersión en la cultura centroeuropea, la de Berlín, la del ‘kraut rock’. Y lo mejor de todo es que, en un terreno en principio tan inhóspito para sus raíces musicales, Bowie  logró convertirse en emblema de la vanguardia, siguió coleccionando obras maestras y continuó siendo relevante, quizás El Más Relevante. Todo ello mientras ayudaba decisivamente a Iggy Pop a hacer también historia con ‘The Idiot’ y ‘Lust for Life’. Ya estamos preparados para despegar hacia la maravillosa época que abarca desde ‘Young Americans’ hasta ‘Scary Monsters (And Super Creeps)’ (que es de 1980, de acuerdo, pero está plenamente conectado con sus antecesores). Pese a  la gran estima que tengo hacia mucha de sus obras posteriores (‘Let’s Dance’, sin ir más lejos), estamos ante la última etapa verdaderamente relevante de un auténtico genio, la última en la que al hablar de su trayectoria mirábamos hacia adelante y no hacia atrás. Disfruten del viaje. Leer más…

“Boyhood”: Mantengan la calma, no ha sido la vida, sino un simulacro

09/10/2014

boyhood1

Es difícil, por no decir imposible, escapar de las garras de Boyhood. Lleva siéndolo meses y en las últimas semanas, desde su estreno en España, se ha convertido en un producto prácticamente inevitable. Ocurre a menudo, hay obras cinematográficas que parecen estar marcadas desde el momento de su gestación, que se sitúan demasiado pronto en el punto de mira, que descontrolan las expectativas de sectores y sectores. ¿Cuántos amantes del cine no han presenciado ya el último parto de Linklater? ¿Quién no se ha posicionado ya entre detractores y adoradores? Reacciones completamente desorbitadas de las que, me atrevería a decir, el público es responsable. Un público que encuentra la producción del siglo todos los meses, la producción que marcará un antes y un después en la historia. Todo esto resulta tan dañino en la experiencia como espectador que, personalmente, prefiero ver, tratar de disfrutar y juzgar como individua.

La particularidad del filme, el principal foco de curiosidad por el cual se han movido masas, es el hecho de que haya sido rodado en cortos períodos durante doce años, con el fin de lograr una evolución física real en sus protagonistas. Tal vez la idea hubiera funcionado igual de bien escogiendo a varios actores y rodando en el espacio temporal habitual, quién sabe. Pero desde luego no se puede negar que esto otorga cierta personalidad a la idea. Leer más…

“Homeland” 2.0: supervivencia o reinvención

08/10/2014

Homeland-Season 4

(ALERTA SPOILER: No leer sin haber visto los dos primeros capítulos de la cuarta temporada de la serie, “The Drone Queen” y “Trylon and Perisphere”)

El gran hándicap de “Homeland” siempre ha sido su permanente obligación de demostrar que su explosiva y moralmente ambigua premisa inicial podía prolongarse una temporada más. Alex Gansa y Howard Gordon pasaron con nota el examen de la segunda season apostando por el frenesí narrativo y sacrificando algo de verosimilitud (aunque algunos ya comenzaron entonces a detectar síntomas de agotamiento), pero tropezaron ostensiblemente con la tercera, por culpa sobre todo de una discutible estructura que casi acaba con la paciencia del espectador más fiel. Para cuando “Homeland” quiso enderezarse el daño ya estaba hecho, y el enseñamiento contra la serie en blogs y redes sociales se había convertido en una tendencia imparable. “The Star”, el último capítulo de aquella tanda, se atrevió a cerrar la historia de su protagonista, el marine Nicholas Brody, en una decisión que más que valiente se antojaba la única posible. Aquel episodio habría funcionado perfectamente como series finale, pero al mismo tiempo hacía tabula rasa para reescribir su propio futuro, ya sin el lastre de un personaje fascinante pero sobradamente amortizado y que con su mera existencia seguía condicionando la serie. De hecho, gran parte de esa desdichada tercera temporada fue un primer ensayo (fallido) para comprobar hasta dónde podría llegar sin Brody. Y si algo quedó demostrado es que el invento no tendría posibilidad de continuar sin finiquitar primero la trama del carismático pelirrojo para sacarle definitivamente de la ecuación (a él y a su ya prescindible familia).

Muchos aducirán que “Homeland” sin Brody ya no es “Homeland”, que esto siempre fue un show sobre dos almas torturadas que funcionaban como las dos caras de la misma moneda y faltando una de ellas pierde todo su sentido. Probablemente tengan razón. Quizás debería haber acabado ya, pero la serie de Showtime también era una radiografía en clave de thriller de espionaje de los EE.UU post 11-S y de los efectos que las cuestionables decisiones de ese país en materia de política exterior causan en el resto del mundo, y esa es una vía que puede (y debe) seguir explorándose en una ficción televisiva. Que esa ficción se siga llamando “Homeland” y aproveche unos personajes ya existentes puede ser discutible, pero nadie está obligado a seguir en el barco. Los que hemos optado por quedarnos queremos comprobar, ante todo, si esta “Homeland 2.0” se va a conformar con sobrevivir o si va a ser capaz de reinventarse a sí misma. En ese sentido, “The Drone Queen” y “Trylon and Perisphere”, los dos episodios de la cuarta temporada emitidos el pasado domingo en EE.UU, nos muestran a una serie con el gesto más humilde, todavía acostumbrándose a una nueva piel más sobria, más preocupada de sentar unas bases sólidas para su trama y crear atmósfera que de tratar de desencajar la mandíbula del espectador a las primeras de cambio. Ya habrá tiempo de pisar del acelerador, parecen insinuarnos Gansa y Gordon; ahora parece tratarse de recuperar credibilidad y de colocar adecuada y cuidadosamente las piezas en el tablero, con Carrie Mathison como ineludible centro de la acción. Leer más…

Regreso a “Twin Peaks” (25 años después)

07/10/2014

“Twin Peaks” regresará, 25 años después, con una tercera temporada de 9 capítulos, escritos por sus creadores David Lynch y Mark Frost, dirigidos por el primero y emitidos en la cadena Showtime. Se cumplirá así la promesa que Laura Palmer le hizo al Agente Especial Dale Cooper en los últimos minutos de su hasta ahora último episodio («I’ll see you again in 25 years»), emitido el 10 de junio de 1991. Aún nos toca esperar, por tanto, hasta 2016 para comprobar si la resurrección de una de las mejores series de todos los tiempos es una buena idea o acaba resultando una decepción total, pero de momento es complicado no sentirse terriblemente entusiasmados ante la que podría ser la noticia televisiva de la década. En El Cadillac Negro tampoco queremos dejar pasar la oportunidad de rescatar el post/homenaje que le dedicamos a la serie hace un par de años, pues ahora tiene más sentido y vigencia que nunca. Regresamos así a ese tan precioso como terrorífico pueblo de Washington de 51.201 (¿o 51.200?) habitantes, con la certeza de que, pase lo que pase o venga lo que venga, siempre lo guardaremos en la memoria.

(“Regreso a Twin Peaks”. Publicado originalmente el 30/05/2012)

“Dios mío, es Laura… Laura Palmer”. El sheriff Harry S. Truman y el doctor William Hayward, observados de cerca por un atemorizado Pete Martell, acababan de descubrir la identidad de la joven aparecida muerta y envuelta en plástico, una fría mañana de febrero de 1989, en Twin Peaks, una localidad de 51.201 habitantes situada a unos 8 kilómetros de la frontera con Canadá, en el estado de Washington. El mundo escuchó ese nombre, Laura Palmer, por primera vez el 8 de abril de 1990. Ese día, cambió el curso de la historia de la televisión, aunque en España aún tuvimos que esperar hasta noviembre de ese mismo año para su desembarco en la recién nacida Tele 5. Ahora, con la perspectiva que nos da el paso del tiempo, somos mucho más conscientes del legado que nos ha dejado la serie creada por David Lynch y Mark Frost, pero no es menos cierto que el éxito de “Twin Peaks” fue tan rotundo y fulgurante, a nivel mundial, que se convirtió indiscutiblemente y por derecho propio en uno de los mayores iconos de los primeros años 90.

De hecho, me atrevo a afirmar que las dos series que, en dos momentos muy distintos, cambiaron para siempre la forma de hacer televisión son “Twin Peaks” y “Perdidos”, curiosamente ambas de la cadena ABC. No hablamos de si son o no las mejores de la historia, pues ese sería un debate eterno en el que ni siquiera yo tengo clara mi postura. Hablamos de dos series que se atrevieron a hacer algo totalmente distinto a lo ya visto hasta entonces, o que tomaron elementos y referentes ya existentes para darles un enfoque revolucionario y presentarlos de una forma totalmente innovadora. La mejor forma de medir su enorme impacto es ver la gran cantidad de imitaciones surgidas a rebufo de su éxito, y la aparición de nuevos productos empeñados en seguir sus pasos, por supuesto, sin conseguirlo. Aún hoy en día se sigue hablando de que tal o cual serie es la nueva “Twin Peaks”, por no mencionar que, a estas alturas, ya nos han querido vender la nueva “Perdidos” demasiadas veces. En ese sentido, estas dos series serían al mundo de la televisión lo que fueron en su momento Jimi Hendrix y Eddie Van Halen al mundo de la guitarra. Sí, algunos diréis que todo lo que he dicho también podría aplicársele a “Expediente X”, “Doctor en Alaska”, “24” o lo que se os ocurra… Y yo respondería que puede ser, pero no al mismo nivel. No le quito el mérito a ninguna ellas, como tampoco niego, por seguir con el símil, la existencia de otros guitarristas trascendentales como Eric Clapton, Jimmy Page o Randy Rhoads. Dicho esto, algún día nos atreveremos a escribir en El Cadillac Negro sobre “Perdidos”, una de nuestras vacas sagradas, pero ahora sentimos que ha llegado el momento de repasar las claves que convirtieron a “Twin Peaks” hace más de dos décadas en una serie imprescindible e inolvidable. Leer más…

M Clan. “Dos noches en el Price”: Fiesta, amigos & rock n’ roll

02/10/2014

m-clan price

Celebraron M Clan el pasado mes de junio su vigésimo aniversario con dos conciertos en el madrileño Circo Price, y ya tenemos entre las manos el resultado, un deslumbrante recopilatorio a modo de doble cd + doble dvd + documental que plasma a la perfección lo vivido aquellas dos noches y que además sirve de resumen a una carrera que, con todos sus altibajos, se puede considerar ya más que respetable y digna de los mejores nombres del rock n’ roll patrio. Poco queda ya de aquellos ‘murciélagos’ que hicieron del rock sueño su bandera, de aquellos pupilos de Black Crowes que pasearon su rock de raíces por buena parte del país con dos espléndidos primeros discos , “Un buen momento” y “Coliseum”. Para muchos aquellos eran los M Clan auténticos, aunque paradójicamente también aquellos M Clan eran los menos originales, apegados quizás en demasía a un estilo, aunque es cierto que lo bordaban y desprendían autenticidad, valga de nuevo la paradoja, juventud y desparpajo a la vez que demostraban un casi insultante dominio de las tablas y de lo que se traían entre manos.  Pero llegó la primera crisis, o el primer punto de inflexión. Viendo que no avanzaban y que el reconocimiento tardaba en llegar, se pusieron en manos del exTequila Alejo Stivel para su tercer disco. Aquel “Usar y tirar” fue su espaldarazo a la primera división y  “Llamando a la Tierra” su tarjeta de vista para el público masivo. Si bien el disco limó aristas, suavizó su sonido y lo hizo más accesible, no se puede obviar la calidad de un puñado de canciones, como la ya citada  la versión  del clásico de la Steve Miller Band “Serenade”, “Quédate a dormir”, “No quiero verte” o “Chilaba y cachimba”. Y llegó “Carolina”, y llegó el acústico de turno, y llegó la cima (o las profundidades). “Sin enchufe”, con la cacareada historia de la niña que “no tiene edad para hacer el amor”, supuso su mayor éxito hasta la fecha, si bien poco quedaba ya de aquellos rockeros de base. Como no podía ser de otra forma, las tiranteces hicieron mella, y una de las piezas claves de la banda, el guitarrista Santi Campillo, decidió abandonar la nave.

Para intentar mantener el status tiraron del productor Nigel Walker, habitual en muchos de los éxitos nacionales de los últimos años, para firmar el irregular “Defectos personales”. A pesar de contener irreprochables bombazos como “Antihéroe” (mirando a AC/DC),  “Defectos personales” (mirando a los Stones), “Otro año más” (mirando a su espejo retrovisor), o “Mil cigarrillos” (quizás la joya de la colección), el disco estaba plagado de medianías, avanzando  en la frustración según avanzaban los cortes. “Sopa fría”, de nuevo bajo las órdenes de Alejo Stivel, mejoraba algo el escenario, aunque únicamente fuera por esa maravilla de balada que es “Miedo”, o por temas como “Filosofía barata” o “Ataque al corazón”, que aunque no están entre sus mejores temas de rocanrol, al menos lo intentan. El posterior disco recopilatorio, “Retrovisión”, sirvió para cerrar un ciclo que empezó en alto pero que terminó con el grupo dando tumbos. Leer más…

Luces y sombras en “Masters of Sex”

01/10/2014

Masters of Sex-Season2

(ALERTA SPOILER: Revela detalles de la segunda temporada de la serie)

“Masters of Sex” fue la gran revelación de 2013, y eso que su carta de presentación como legítima heredera de “Mad Men” elevaba el listón de exigencia unos cuantos centímetros más de los reclamables a cualquier serie novel. El producto de Showtime cumplió en su primer año las expectativas y dejó un gran sabor de boca a (casi) todos los amantes de la ficción adulta, aunque ni Globos de Oro ni Emmys la acogieran con los brazos totalmente abiertos. Sin embargo, su segunda temporada ha ido dejando la sensación generalizada de que la showrunner Michelle Ahsford y su equipo de guionistas no han terminado de dar con la tecla adecuada para estar a la altura de su ejemplar primera tanda. Y en El Cadillac Negro, aunque nos duela, nos vemos obligados a estar de acuerdo con esa sensación. No es que “Masters of Sex” nos haya defraudado, ni mucho menos, pero es innegable que esta temporada ha tenido sus luces y sombras y que ha pecado de demasiado irregular. Para bien o para mal, consciente o inconscientemente, “Mad Men” sigue siendo la referencia de “Masters of Sex”, y este desigual conjunto de episodios prueba, entre otras cosas, lo complicado que es mantener el equilibrio entre sutileza, elegancia, inteligencia y sentimiento sin despeñarse en algún momento por las cuestas del melodrama más trivial, o directamente del culebrón de sobremesa. “Mad Men”, lo consigue la mayor parte del tiempo; “Masters of Sex”, ya en su segundo asalto, ha tenido sus dificultades.

Puede que la premura con la que Ashford y su gente tuvieron que escribir, rodar y montar esta segunda temporada (no olvidemos que “Manhigh”, el último capítulo de la primera tanda, se emitió el 15 de diciembre de 2013; y “Parallax”, el primero de la segunda, llegó el 13 de julio de 2014) haya influido decisivamente en que la serie haya lucido este año una capa de grasa que antes no veíamos, o que al menos estaba mejor disimulada. Pese a ello, cuando “Masters of Sex” funciona, y eso sucede en muchos momentos, consigue volar a gran altura, lo que nos permite albergar esperanzas fundadas de que el show sepa aprender de sus errores y en el futuro nos depare temporadas más redondas y mejor enfocadas que la que acaba de finalizar. Leer más…