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Edgar Allan Poe: Mofa de todo lo mundano

31/10/2014

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Hay una guirnalda de gatos negros sobre mi cabeza, mire a donde mire sólo veo calabazas sonrientes mostrando sus cómicamente terroríficas dentaduras y los comercios están llenos de disfraces baratos. Hoy es Halloween, una fiesta que muchos se empeñan en no disfrutar y que a otros, aunque no nos haya correspondido pedir caramelos de puerta en puerta en nuestra infancia, nos encanta. Todos los años por estas fechas los blogs se llenan de artículos temáticos, de parrafadas sobre el origen de este festivo, de recomendaciones de películas para pasar una noche de miedo, clásicos imprescindibles y episodios escalofriantes para los seriéfilos. Es una lástima que entre la diversión que nos suponen el cerveceo, las palomitas, las risas y los sobresaltos, las letras queden relegadas durante este día a un segundo plano. Por eso este año El Cadillac Negro ha decido cargar con el rol defensor de las bellas artes y hablar del maestro entre los maestros de la literatura de terror: Edgar Allan Poe.

Puede que algunos de vosotros os estéis preguntando por qué elegir a un autor al que todo el mundo conoce y del que casi todo el mundo (se dice) ha leído algo, pero es esa posible pregunta la que me ha llevado a querer hacerle un homenaje en este día en que, con gusto, va a reinar la oscuridad. Porque es una pieza indispensable en el canon literario del género de terror y el padre de los relatos de detectives, porque muchas obras literarias que sucedieron a las suyas y la literatura actual no podrían entenderse sin su legado, porque su presencia continúa en todas las artes, porque en los estudios de filología, dos siglos después, seguimos utilizando sus magníficos textos sobre crítica y teoría literarias. Porque, seguramente como unos cuantos de vosotros, llevo enamorada de sus relatos y su poesía desde antes de que me llegara la edad de cuestionar el mundo. Leer más…

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“Dos días, una noche”: La prima o el riesgo

30/10/2014

Dos dias, una noche Marion Cotillard

Tengo que admitir, no sin cierto rubor, que no he seguido como debiera la trayectoria de los belgas hermanos Dardenne, pero siempre me dio la impresión de que vivían algo así como criogenizados en un apartado rincón de las cumbres de la cinematografía, eran descongelados cada dos años para ir al Festival de Cannes, cosechar críticas elogiosas, llevarse siempre algún premio gordo y vuelta al frío redil. Un cine social sin apenas impacto en la sociedad, aunque no fuera culpa necesariamente de ellos y sí seguramente de una distribución conservadora y poco ambiciosa y, especialmente, de un público poco dado a abandonar su zona de confort. Sin embargo, esta situación está cambiando en los últimos años. La preciosa ‘El niño de la bicicleta’ ya supuso un gran primer paso, pero es ahora, tras contratar a una estrella como Marion Cotillard y facturar su obra más accesible, ‘Dos días, una noche’, cuando finalmente la pareja de realizadores parece dispuesta a pasear por el mundo exterior y llegar a unas audiencias considerables.

La mayor accesibilidad dardenniana no se limita únicamente al estilo sino que llega también a la trama. De lidiar habitualmente con los excluidos de la sociedad, con los ambientes más feístas de nuestro entorno; los hermanos pasan a adentrarse en su nuevo filme en ese subgénero que podríamos llamar ‘drama laboral’, en la que estaría inscrita, por ejemplo, la española ‘Smoking Room’. A Sara (Cotillard), de baja por depresión, le comunican un viernes que ha sido despedida de su trabajo en una fábrica después de que una votación entre sus compañeros orquestada por su jefe eligiera su marcha y una prima de 1.000 euros anuales para cada uno de ellos por encima de la opción de mantenerla en plantilla y renunciar a esa prima. Instada por su colega Juliette y apoyada por su marido Manu, Sara consigue que sea celebrada una nueva votación al respecto para el lunes siguiente, con lo que tiene un fin de semana por delante para ir visitando a cada uno de sus compañeros  e intentar que el próximo resultado le sea favorable. Leer más…

“Boardwalk Empire”: pecados del pasado

29/10/2014

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(ALERTA SPOILER: Revela detalles importantes de la trama de la serie, hasta el capítulo final de la quinta y última temporada, “Eldorado”)

Muchas veces hemos soportado la agonía de contemplar cómo series de televisión que en algún momento fueron grandes terminaron languideciendo y arrastrándose por el fango porque la cadena que las emitía prefería anteponer los beneficios de unos ratings de audiencia todavía positivos a salvaguardar la coherencia de un relato ya exprimido y agotado. Pero también en ocasiones nos hemos encontrado con el caso contrario; series fantásticas a las que aún se les atisbaba recorrido que fueron canceladas súbitamente u obligadas a terminar antes de lo previsto porque los números no cuadraban. A la HBO, con toda su grandeza y su merecida leyenda de ser el “hogar” de algunos de los mejores productos televisivos de las últimas décadas, nunca le ha temblado la mano a la hora de dar carpetazo a productos ensalzados por la crítica pero que resultaban excesivamente caros de mantener, de modo que series de culto como “Deadwood”, “Carnivale” o incluso “Treme”, con una mini temporada de despedida, no tuvieron los finales que habrían merecido.

“Boardwalk Empire” ha sido pura HBO hasta en su prematura conclusión, puesto que, tras cuatro años en antena, la excelsa serie de Terence Winter aún no había ofrecido síntomas de agotamiento y parecía tener cuerda para rato. Sin embargo, la cadena y el propio Winter decidieron poner el punto final con una quinta tanda recortada a ocho episodios, en vez de los 12 habituales. Cierto es que las audiencias en EE.UU habían ido bajando progresivamente (aunque nunca de forma escandalosa) y que muchos televidentes terminaron apeándose del barco en algún momento, incapaces de soportar el ritmo pausado y la cocción a fuego lento de una propuesta exigente con el espectador medio, pero el nivel de calidad de la serie siempre fue altísimo y en este blog nunca nos hemos cansado de defenderla contra viento y marea. Aunque tampoco esperábamos (ni queríamos) que “Boardwalk Empire” se alargara indefinidamente, sí habríamos deseado que hubiera logrado ceñirse al plan previsto por Winter de seis temporadas, pero al menos el acuerdo final le ha permitido despedirse como ha querido, resolviendo todos sus asuntos y a lo grande, corroborando que, aunque muchos no se hayan enterado, se va una de las mejores y más redondas series de los últimos tiempos, una que no hará sino revalorizarse en años venideros. Leer más…

“The Fall (La caza)”: Cae la sombra sobre Belfast

28/10/2014

The Fall Gillian Anderson

 

(ALERTA SPOILER: Este post es una semblanza general de la primera temporada de la serie y no incluye aspectos especialmente concretos sobre la trama, pero puede aportar alguna pista decisiva a los que actualmente la estén viendo. Ustedes mismos)

El Cadillac Negro Departamento de Deudas por Saldar continúa funcionando a toda máquina. Esta vez para hablar, justo antes de que comience en noviembre su ansiada segunda temporada, de uno de los ‘thrillers’ más potentes de los últimos años: una perla británica llamada ‘The Fall’, que los ‘ingeniosos’ traductores españoles tuvieron el ‘acierto’ de denominar ‘La Caza’, sí, igual que la más o menos reciente película protagonizada por Mads Mikkelsen. Debo admitir la existencia de cierta pereza a la hora de enfrentarme a ‘The Fall’. El ‘thriller policial’ es un género tan explotado y, aún más desde la proliferación de series de los últimos años, que la amenaza de encontrarte con una retahíla de tópicos y caminos trillados es altamente plausible. Fueron las buenas críticas previas y el hecho de estar ambientada en una ciudad tan interesante y poco tratada en la ficción internacional como Belfast las razones que me dieron un empujón extra para acceder a su visionado. Sabia decisión.

Las dudas se disipan en cuanto disfrutamos del primer capítulo. El porte de Gillian Anderson, y su esplendorosa madurez (¿para cuando ese papel verdaderamente importante en cine que merece desde hace tiempo?) como protagonista en el papel de la detective superintendente Stella Gibson, fría y profesional como pocas pero lo suficientemente humana (e interesante) como para caer en mundanas tentaciones; una dirección sobria, fluida y con cierta voluntad autoral (ese plano secuencia cenital) por parte de Jakob Verbruggen, una excelente fotografía y un guión inteligente que avanza con el ritmo adecuado, pausada pero firmemente, hacen que pronto nos demos cuenta de que estamos ante algo diferente…y muy interesante. Leer más…

“El regalo” (Homenaje a Lou Reed)

27/10/2014

Lou Reed

Lou Reed murió hace un año. Aquel 27 de octubre de 2013, la noticia nos pilló tan desprevenidos, aunque supiésemos que andaba delicado de salud, que nos quedamos helados y no supimos muy bien cómo reaccionar. En El Cadillac Negro, fieles devotos del neoyorquino, sentíamos no obstante que teníamos que publicar algo, e hicimos un poco de trampa: rescatando un post, “El viejo Lou”, que le habíamos dedicado en los inicios de este blog. O quizás no hicimos trampa, sino todo lo contrario, pues no se me ocurre ahora mejor homenaje que aquél que ya le brindamos en vida, y porque sí, no sólo movidos entonces por el impacto de su pérdida.

Ahora, un año después, volvemos a hacer trampa. Recurriendo, en esta ocasión, a un guión inspirado en una de sus canciones, escrito también meses antes de su muerte. Se trata en realidad de un trabajo de clase de un servidor que, obligado a seguir unas pautas muy concretas que ahora no vienen al caso, acudió al amigo Lou para encontrar la inspiración necesaria. La canción en concreto es “The Gift”, publicada en el segundo álbum de la Velvet Underground, “White Light White Heat” (1968), basada a su vez en un relato de instituto del propio Reed. Con sus ocho minutos y pico, su machacona base instrumental, y el monótono recitado de John Cale, es sin ninguna duda una de sus piezas más indigestas. Pero es también, al menos desde el punto de vista lírico, una gamberrada genial. Podéis escuchar el tema, y leer su letra, AQUÍ, si tenéis curiosidad. Estoy convencido de que el guión no le hace justicia, incluso algunos pensaréis que es una soberana mierda, pero sólo os pido que no lo juzguéis con demasiada severidad, pues esa no es la cuestión: se trata, simplemente, de demostrar cómo Lou Reed, su obra, su arte eterno e inmortal, nos inspiró en vida y lo seguirá haciendo tras su muerte. Que hagamos cosas mejores, peores o regulares, ya es lo de menos. Yo en este caso me conformo con haber logrado capturar una pizca de la mala leche del cuento original. Como ya dijimos hace un año: gracias, amigo Lou. Y buen viaje. Leer más…

“Popular Problems” de Leonard Cohen: el príncipe y las coristas

24/10/2014

Leonard Cohen-Popular Problems

Leonard Cohen siempre estará vinculado a la intrahistoria de El Cadillac Negro porque nuestro primer post, allá por febrero de 2012, fue aquel en el que reseñamos su “Old Ideas”, el álbum con el que el bardo canadiense revalidaba su renacimiento artístico tras un larguísimo peregrinaje forzoso por escenarios de todo el mundo. Desde entonces han pasado poco más de dos años y medio, que puede ser mucho o poco tiempo, según se mire. Para un blog que nació con la sencilla pretensión de compartir pasiones y alguna que otra fobia, y que ha crecido gracias al entusiasmo y la constancia de las seis personas que colaboran en él y de las (bastantes más) que lo consultan asiduamente, es un tiempo considerable. Sabemos que estas aventuras suelen comenzarse con mucho ardor al principio para desinflarse poco tiempo después y terminar abandonándose. El Cadillac Negro continúa tirando millas, y pretende seguir en la carretera mientras haya lugares apasionantes que descubrir. Sin embargo, para un artista que en dos décadas solo había publicado tres discos de estudio, dos años y medio es un tiempo razonablemente corto. Y es el que media entre aquel “Old Ideas” y su última entrega, este “Popular Problems” que confirma que el viejo trovador judío se encuentra, a sus 80 años, en uno de los mejores momentos de forma de su carrera, conservando la clase y la lucidez totalmente intacta.

Para ser honestos, antes de verse obligado e emprender un maratón de conciertos que le recompusiera económicamente tras la puñalada trapera que le asestó por la espalda su antigua manager y amiga, Kelly Jones, Cohen tenía asumido el rol de vieja gloria encantada de serlo y de vuelta de todo. Sus discos “Ten New Songs” (2001) y “Dear Heather” (2004) sonaban melifluos y blandengues aunque fueron recibidos con condescendencia por crítica y público, quizás satisfechos por el mero hecho de tenerle de vuelta tras el largo hiato que hubo entre ellos y “The Future” (1992), aquel sí un trabajo a la altura de la leyenda. Sin embargo, algo debió removerse por dentro del arcano juglar en aquellos recitales en los que se exigía a sí mismo actuar, quizás a modo de penitencia, durante tres horas ante la audiencia. En “Old Ideas” Cohen recuperó el filo creativo y entregó su mejor colección de canciones en mucho, muchísimo tiempo. Aquella podía haber sido una despedida inmejorable y de auténtico sabor crepuscular (aunque, ¿alguna vez Cohen no fue crepuscular?) para el mito, pero en vez de eso parece que tendrá que conformarse con ser la primera piedra de un majestuoso ciclo final que, de momento, tiene continuidad con “Popular Problems”, un trabajo que no solo iguala al anterior, sino que incluso me atrevo a proclamar que llega a superarlo. ¿Su mejor disco desde “The Future”? ¿Y por qué no el mejor desde “I’m Your Man” (1988)? Leer más…

La máscara translúcida de “Transparent”

22/10/2014

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(AVISO: Este es un post de recomendación y no un análisis de temporada. Aún así creo necesario recurrir a pequeños detalles para hablar de la serie, así que si eres extremadamente sensible a los spoilers, no cruces la línea hasta haber disfrutado de los diez episodios de Transparent.)

Hace unos meses, Amazon puso a disposición del público una serie de episodios piloto con el fin de lanzar como webseries (ordenando una temporada completa) aquellos cuya recepción fuera lo suficientemente positiva, creando así su propia plataforma online de programas. Entre dicha colección de pilotos se encontraba el de Transparent, cuya acogida fue buena pero no masiva, pasando relativamente de puntillas entre sus compañeras pero cautivando a la crítica. Con su reciente lanzamiento parece haberse abierto camino entre una mayor variedad de espectadores, aunque su éxito sigue siendo comedido, ya que pocos consideran darle la oportunidad más allá de un episodio o dos. Diría que es una pena, pero no por la serie, que sigue contando con una acogida magnífica por parte de la crítica (de hecho, ya ha sido renovada), sino por aquello que muchos se están perdiendo. Transparent es, para mí, el mejor estreno del año, y nada va a hacerme cambiar de idea.

Creada por Jill Soloway, la serie nos narra las vidas de la familia Pfefferman después de que Mort (o Maura), el padre, decida por fin sacar a la luz el hecho de ser transgénero. Voy a utilizar este término porque en este caso no hablamos de transexualidad (aún) ni es aplicable sólo la costumbre de travestirse, resulta bastante más complejo. Con un cierto tonillo indie (lo cual no implica directamente que llegue a serlo), Transparent es difícil de definir aunque se la considere una dramedia, como a casi todo producto que no se mueve con un sólo propósito. En realidad es un noventa por ciento de drama y un diez por ciento de comedia que ni siquiera puede considerarse como tal, teniendo en cuenta que cualquier embrollo o situación dolorosamente surrealista puede percibirse como cómica desde el exterior sin serlo.

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“Perdida”: Oro parece, plata no es

21/10/2014

Perdida Ben Affleck

En numerosas ocasiones crítica y público cometen el error de tomar las carreras de los directores como meras trayectorias lineales, en las que cada nueva película debe ser una evolución natural y lógica de la anterior. Por eso a muchos, incluido a un servidor, no lector de la novela multiventas de Gillian Flynn en la que se basa, nos ha sorprendido tanto ‘Perdida’, la muy esperada nueva obra de uno de los directores fundamentales para entender los últimos 25 años del cine, el mago David Fincher. Afortunada o desgraciadamente, y aunque a veces no lo parezca, los cineastas son seres humanos y sus filmografías están repletas de avances y de retrocesos, de películas coherentes con una determinada trayectoria y también de experimentos sin relación alguna al resto de su obra, de grandes hitos en teoría inalcanzables para su talento y de obras absolutamente menores incomprensibles ante sus habituales dotes, es decir, de imprevisibilidad, algo que agradecemos los que nos dedicamos a hablar de cine, porque, sino, esto sería un mortal aburrimiento.

A los que esperábamos presenciar una nueva muestra de la virtuosa sobriedad del último Fincher, esa época que atesora una obra maestra como ‘La red social’ y un clásico  como ‘Zodiac’ entre otras proezas, esa que se vio reafirmada en su último trabajo hasta la actualidad, la dirección de los dos formidables primeros capítulos de ‘House of Cards’, parecemos cumplir nuestras expectativas con el arranque de ‘Perdida’. El misterio que se cierne ante la desaparición de la esposa de un matrimonio en apariencia modélico, el comienzo de unas pesquisas rutinarias que darán un  giro cuando un desafortunado gesto del marido en una rueda de prensa y la condena ‘extraoficial’ que cae sobre éste motivada por el cambio de opinión y creciente presión vecinal y mediática están tratados con la habitual solvencia narrativa del maestro estadounidense y el tono recio y sin florituras gratuitas de sus últimas producciones, dando lugar a un resultado de extremada corrección…quizás demasiada corrección para lo que demandamos de un cineasta de su enjundia. Leer más…