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“Justified”: cría cuervos…

24/04/2014

Justified Season 5

(ALERTA SPOILER: Revela detalles de la trama de la serie, hasta el decimotercer y último capítulo de la quinta temporada, “Restitution”)

Cuando me enteré a comienzos de año, vía Twitter, de que “Justified” terminaría con su sexta temporada, entré en pánico, pero más que nada porque la noticia me pilló tan despistado que por un segundo creí que la serie en ese momento estaba ya transitando por su sexto año en antena. Cuando caí en la cuenta de que la temporada entonces en emisión era en realidad la quinta, fui encajando mejor el golpe y, una vez pasado el susto inicial, incluso acogí el anuncio de buen grado. Sí, puede que a los más habituales de este blog os sorprenda porque he reiterado en múltiples ocasiones que “Justified” es una de mis mayores debilidades, e incluso en mi anterior post, “Un hombre con un sombrero”, llegué a afirmar que no me importaría que «durase 12 ó 15 temporadas, y que su emisión se prolongase durante seis u ocho meses al año». Honestamente, con aquella contundente sentencia no quería más que expresar lo mucho, lo muchísimo que me hace disfrutar cada minuto de una de las dos grandes joyas con las que nos ha obsequiado el canal FX en los últimos tiempos (la otra es “Sons of Anarchy”, que también nos dejará este año). Pero, lo cierto es que “Los Soprano” duró seis temporadas, y “The Wire”, “A dos metros bajo tierra” y “Breaking Bad” se quedaron en cinco, y si un servidor y otros muchos millones de personas las tenemos en el Olimpo de las Series también es porque nunca llegaron a decaer, o dijeron adiós en lo más alto. Y no es casualidad que sus finales, anunciados y planificados con calma y coherencia, estén entre los mejor considerados por la inmensa parroquia seriéfila, aunque siempre haya alguna voz discordante. Despedirse en plena forma, sin dar síntomas de agotamiento y entregando un desenlace satisfactorio que deje más o menos conforme a todo el mundo, todas las series deberían aspirar a eso, aunque no todas lo consiguen, y ahí están muy recientes los casos de “Dexter” o “Cómo conocí a vuestra madre”. Pero sí es algo que aún está al alcance de “Mad Men”, “Boardwalk Empire”, “Sons of Anarchy” y ahora “Justified”.

Si algo nos ha demostrado la historia televisiva reciente es que alargar una serie, estirar su premisa aún a riesgo de acabar desvirtuándola o de ser incapaces de mantener el nivel, cegados únicamente por los buenos datos de audiencia y por la rentabilidad que aún pueda reportarle a una cadena, nunca acaba dando buenos resultados (más allá de los económicos, que eso a nosotros nos la bufa). No voy a ignorar que la quinta temporada de “Justified” ha sufrido un ligero descenso en número de espectadores, aunque en todo caso no de modo alarmante, y menos aún en un canal por cable como FX. Por eso, tengo el convencimiento de que la decisión de echar el cierre en 2015, tomada e impuesta a la cadena por su ‘showrunner’, Graham Yost, y su protagonista y también productor ejecutivo, Timothy Olyphant, responde exclusivamente al deseo de hacer las cosas bien. Y tienen, al menos, toda mi confianza, más aún después de una quinta entrega de nuevo espléndida, y que ha dejado además todo encauzado de cara a una traca final que promete ser de órdago. Leer más…

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Los hermanos Coen: la genialidad de los felices pesimistas

11/04/2014

Hermanos Coen rodando

Hacíamos referencia hace poco, en el post que analizaba su reciente ‘A propósito de Llewyn Davis’. a la extraordinaria regularidad de los hermanos Coen en cuanto al nivel medio de sus filmes. Es hora de abundar en la excepcional trayectoria de la pareja, una de las cinco o seis que realmente han marcado el cine estadounidense en los últimos treinta años. Siempre en un estable equilibrio entre el cine independiente y Hollywood, aprovechando lo mejor que ofrecen ambos ámbitos, la noción general que se tiene del cine de Joel y Ethan Coen es la del de una especie de chicos raros y talentosos que gustan de hacer filmes originales y divertidos, con la ironía como denominador común. No es que sea demasiado disparatada esta concepción, pero sí manifiestamente incompleta. Camuflada bajo esa ironía y su amplia variedad de géneros desarrollados, se esconde una carrera extremadamente coherente y con una temática prácticamente inamovible pese a las numerosas variantes introducidas. El pesimismo en el cine coeniano es extremo. El ser humano es para ellos un ente absurdo que no ceja en perseguir sueños imposibles de conseguir, en enmarañarse en una sucesión de tropiezos en un mundo que no presenta esperanza ni sentido alguno. Ante este sombrío panorama, el único modo de sobrevivir es descojonarse de ello y refugiarse en la ironía mientras se analiza con un fino bisturí nuestra extraña sociedad. Todo lo demás es una mera pérdida de tiempo.

Puestos en antecedentes, ya estamos listos para sumergirnos en una de las filmografías más únicas e intransferibles que hayamos podido disfrutar. Lo que viene a continuación es un repaso a la sala de los tesoros de dos de los mayores artistas que jamás haya dado Minnesota, las diez mejores películas de los hermanos Coen. Como siempre que hacemos este tipo de posts, es conveniente recordar que el siguiente ‘top ten’ únicamente representa el criterio (o la absoluta falta de él) del arriba firmante, su naturaleza es absolutamente subjetiva y es tan válido y discutible como cualquier otro . Una última advertencia: muchos echaréis de menos a uno de los grandes clásicos de la pareja de cineastas. Sí, lo siento, nunca me me terminó de llegar ‘Arizona Baby’. Leer más…

“Juego de tronos”: las espadas en todo lo alto

08/04/2014

Game of Thrones Season 4
(ALERTA SPOILER: Prohibido leer sin haber visto hasta el primer episodio de la cuarta temporada de la serie, “Two Swords”)

A rey muerto, rey puesto. No se me ocurre una expresión mejor, y en este caso más oportuna, para ilustrar los implacables ritmos a los que nos somete la gigantesca (y extraordinaria) oferta televisiva actual. Cada cierto tiempo regresa una de nuestras series favoritas, nos mantiene enganchados durante dos o tres meses, y cuando queremos darnos cuenta ha vuelto a despedirse sin dejarnos apenas tiempo para lamentarnos, porque tenemos que subirnos rápidamente al carro de esas otras que llegan para tomar el relevo. Se va cumpliendo así año tras año un ciclo casi perfecto, avivado por momentos de frenética actividad a comienzos del otoño, en el arranque del nuevo año, con la irrupción de la primavera, e incluso durante un verano antaño reservado (pero ya no más) para productos supuestamente de menor entidad. Una gran serie finiquita una nueva temporada, o echa el cierre para siempre, y nosotros nos volcamos en blogs y foros para compartir nuestras impresiones, propagar nuestras teorías, colmarlas de alabanzas o ponerlas a caer de un burro. Así, es habitual encontrarnos con expresiones tipo «ahora a esperar X meses, ¡no sé cómo voy a poder aguantar la espera!», que reflejan cuán en serio nos tomamos estas cosas, y qué poquito nos cuesta dejar aflorar nuestras pasiones. Poco importa que, una o dos semanas después, prácticamente nos hayamos olvidado ya de la susodicha serie, porque otra ha llegado para ocupar su lugar en nuestro corazón, y ya no tenemos ojos para ninguna más… salvo para las otras ocho o doce que seguimos simultáneamente. No hace ni un mes que terminó “True Detective” y, aun con todo el revuelo que montamos en su día, parece sin embargo que fue hace una eternidad. Entre otras cosas porque últimamente hemos andado un tanto desquiciados con el final de temporada de “The Walking Dead” o el cierre definitivo de “Cómo conocí a vuestra madre”, en especial esta última (y unos más que otros). Y ahora vuelve “Juego de tronos” y el mundo vuelve a detenerse. Ya nada más importa. Al menos durante esta semana, porque el próximo domingo vuelve “Mad Men”…

“Juego de tronos” fue La Serie de 2013. Bueno, en realidad fue “Breaking Bad”. Pero es muy probable que sí que sea La Serie de 2014 (o no… ¡no nos olvidemos de “True Detective”!), igual que ya fue La Serie de 2012 (¿o quizás este honor le correspondió a “Homeland”?). Vale, sea como fuere, va por gustos y preferencias, pero lo que no podemos negar es que la serie basada en la saga “Canción de Hielo y Fuego” siempre está ahí, en todas las quinielas, ocupando puestos de honor en casi todas las listas de lo mejor del curso y siendo, hoy por hoy, uno de los mayores fenómenos televisivos a nivel planetario. Uno que, además, se afianza y crece año a año. El estreno de cada nueva temporada nos obliga a vestirnos con nuestras mejores galas reservadas para los grandes acontecimientos, algo que volverá a repetirse a mediados de junio con su ‘season finale’. Y si algo nos garantiza también el show de la HBO es un buen puñado de ‘highlights’ y momentos memorables a lo largo de los diez capítulos que nos entrega cada año. Sí, los frikis de las series, y lo digo con orgullo, estamos de enhorabuena. Leer más…

El peor chiste de “Cómo conocí a vuestra madre”

04/04/2014

How I Met Your Mother - WTF!

(ALERTA SPOILER: Prohibido leer sin haber visto hasta el último episodio de la novena temporada de la serie, “Last Forever”)

Vale, lo confieso, yo era uno de esos que el pasado martes estaba más que dispuesto a emocionarme con el final de “Cómo conocí a vuestra madre” (“How I Met Your Mother”, a partir de ahora “HIMYM”). Estaba, de hecho, convencido de que podría acabar incluso llorando como un niño. Así se lo reconocí entonces a mi compañero Jorge, y no me importa tampoco hacerlo ahora abiertamente, podéis llamarme ñoño, cursi, blandito, lo que os venga en gana. Pero es que no hablamos sólo de una serie que se despedía definitivamente y para siempre después de nueve temporadas, casi una década, que se dice pronto, sino de una por la que más apego y cariño tenía un servidor. Una de esas series que te acompañan, casi semana a semana, durante ocho meses al año, y los últimos siete años de tu vida, pues si no recuerdo mal creo que mi mujer y yo nos subimos al barco cuando ya se emitía su tercera temporada (aunque el flechazo fue instantáneo). Y es que “HIMYM” es una serie que además uno ha compartido en pareja, como tantas otras, sí, pero ésta, por temática, tono, magia y encanto era un poquito más nuestra que ninguna otra, así que uno siempre la recordará como una parte fundamental e indisociable de la primera década que pudo disfrutar al lado de la mujer de su vida.

Podéis entender, entonces, por qué en la noche del pasado martes, justo antes de dar al play para poner en marcha el último doble capítulo de la serie, “Last Forever”, en casa se respiraba el ambiente de los grandes acontecimientos. 43 minutos y medio después, y contra todo pronóstico, ninguno de los dos estaba emocionado, ni conmovido. En cambio, las sensaciones que nos invadían, a ambos, eran las de dolor, abatimiento… y cabreo. Un monumental cabreo. No recuerdo las primeras palabras exactas que por fin conseguí articular, pero creo que debieron ser: «Menuda puta mierda». Puede decirse, y en este caso más que nunca, que no llueve a gusto de todos, y de hecho no pocos están encantados con semejante desenlace, pero nosotros sentíamos, como otros muchos, que acabábamos de recibir un golpe muy amargo. O una puñalada que ya, inevitablemente, siempre notaremos ahí clavada, cada vez que alguien nos miente “HIMYM”. Leer más…

“The Walking Dead”: en lo que nos hemos convertido

01/04/2014

The Walking Dead_Season 4 Poster

(ALERTA SPOILER: Prohibido leer sin haber visto hasta el último episodio de la cuarta temporada de la serie “The Walking Dead”.)

Los espectadores que vemos “The Walking Dead” disfrutándola sin prejuicios y no como mera excusa para vomitar frustraciones al final de cada capítulo en blogs especializados y redes sociales somos conscientes de que la serie de la AMC tiene sus debilidades, de que no es capaz de mantener un nivel sobresaliente durante toda una temporada (en gran parte debido a esa auto-imposición de llegar a los dieciséis episodios por tanda y la obligatoria cuota de “relleno” que eso implica) o que el listón interpretativo a veces es muy mejorable, pero nos mantenemos fieles a ella porque pocas veces una serie que parte de materiales genéricos tan elementales y mil veces frecuentados como el género zombi se ha empeñado tanto en explorar los recovecos morales de la naturaleza humana en una situación de apocalipsis total. Bueno, y porque los zombis molan, y porque hasta ahora siempre, incluso en su temporada más floja, “TWD” nos ha dejado un puñado de momentos memorables que compensan sobradamente aquellos menos consistentes. En ese sentido, la cuarta temporada de la ficción más vista de la televisión por cable de todos los tiempos se ha mantenido fiel a sí misma, a sus fortalezas y sus debilidades, alternando instantes sobrecogedores y aciertos plenos con minutos prescindibles y decisiones cuestionables. Es más, “TWD” ha ido esta temporada un paso más allá y se ha desafiado a sí misma y a su impaciente espectador medio con una estructura narrativa insólita y atrevida, que desde este blog aplaudimos por sus intenciones, aunque los resultados no siempre hayan estado a la altura.

Este año la midseason finale, ese punto de inflexión con el que la serie se detiene en diciembre para descansar durante un par de meses, funcionó más que nunca como un punto y aparte narrativo. De hecho, tal y como apuntaba mi compañero Rodrigo en su post “The Walking Dead: ¿cuentas saldadas?”, “Too Far Gone” vino a ser la conclusión al arco argumental del Gobernador y la prisión que en su momento se nos escamoteó en el fallido final de la tercera temporada, de manera que estos ocho episodios restantes casi podían verse como el inicio de una nueva tanda. Aquel apoteósico octavo episodio, una de esas raras cumbres que logra poner de acuerdo tanto a los fans más entregados como a los haters más estomagantes, dejaba el campo abonado para establecer unas nuevas reglas de juego y explorar múltiples opciones narrativas. Y Scott M.Gimple -recuerden, tercer showrunner tras Frank Darabont y Glen Mazzara- ha apostado por una suerte de “back to the basics”, sustituyendo los escenarios fijos de las últimas temporadas (la granja, la prisión, Woodbury) por unas vías de tren que transitarían los protagonistas supervivientes, divididos en variopintos grupos alejados unos de otros, con destino final en el misterioso santuario de Terminus. Leer más…

“Girls”: desmontando a Hannah

27/03/2014

Girls-Beach House

(ALERTA SPOILER: Revela detalles importantes de la trama de la serie, hasta el último capítulo de la tercera temporada)

“Girls” es una de esas series que suscitan tantas adhesiones incondicionales como rechazos inevitables. Están los que la amaron desde su primera temporada y con cada entrega han venerado con aún más pasión las irreverentes ocurrencias de Lena Dunham; también están los que desde el principio no soportaron su narcisismo hipster ni sus pretensiones de dar voz a una generación. Un tercer grupo lo forman los que sí aplaudieron la primera tanda pero desertaron tras una segunda más oscura y deprimente de la que ya hablamos en “Girls: Hannah y sus hermanas”. Y quiero suponer que hay otro tipo de espectador ajeno a los extremismos que aunque no le ría todas las gracias a la Dunham sí que cree que “Girls” ha sido siempre, también en esta tercera temporada, una serie ingeniosa y original que ha hecho del funambulismo sobre la fina línea que separa la comedia dramática de lo directamente grotesco su razón de ser. Dunham podrá ser irritantemente egocéntrica y exhibicionista, pero también es lo suficientemente inteligente como para presentar las miserias humanas de su alter-ego, Hannah Horvath, sin paños calientes, y nunca da la impresión de no saber de lo que está hablando. Lejos de buscar una empatía complaciente con la audiencia, en “Girls” quedan desagradablemente a la vista la desorientación, las dudas, los defectos, la hipocresía y el miedo al futuro de unos personajes totalmente imperfectos, en los que es fácil, pero también incómodo, reconocernos de una forma u otra. No siempre funciona, pero cuando lo hace “Girls” pisa fuerte y deja huella.

Este año “Girls” ha contado con dos capítulos más y se ha notado para bien. Nuevamente la fórmula ha consistido en ir sumando pequeñas píldoras narrativas, mini-historias que exploran un “gran tema” (la muerte, el trabajo, la familia) y que pueden funcionar de manera autónoma, pero que alcanzan pleno sentido en un arco argumental más amplio. Sin embargo, en esta temporada la montaña rusa de subidas y bajadas emocionales ha estado mejor integrada en una trama general en la que, de todas formas y como ya sucedió en la segunda temporada, Hannah ha fagocitado casi todo lo demás. Su lucha contra su vanidad, egoísmo e inseguridades tanto en su relación de pareja con el cada vez más imprescindible para el show Adam Sackler (Adam Driver) como en su azaroso devenir laboral, ha sido el leitmotiv de la tanda, y casi todas aquellas subtramas que se han alejado de esa órbita se han resentido inevitablemente. Y pese a ello tuvo que ser “Beach House”, una de esas imprevistas digresiones que sacan a nuestras protagonistas de Manhattan y que se desvían de la rutina estructural, la cumbre de la tanda (de igual forma que “One Man’s Trash” lo fue de la segunda), con esa catártico baño de realidad y de máscaras caídas puntuado por el posterior y emotivo plano final de las chicas tratando de recomponer metafóricamente los pedazos rotos de su amistad. Si esta serie continúa llamándose “Girls” y no “Hannah’s show” posiblemente sea por capítulos como éste. Leer más…

“Byzantium”, las reinas de los condenados

21/03/2014

Byzantium_Poster

Muchos no lo recordarán, pero cuando “Entrevista con el vampiro” (1994) vio la luz, hace ya casi 20 años, fue recibida con cierto escepticismo tanto por la crítica como por parte del público, desdeñada por exhibir un reparto que por aquel entonces era carne de carpeta de quinceañeras y por presentar a los chupasangre como seres llorones y dignos de lástima. A mí, sin embargo, me fascinó entonces y todavía hoy lo sigue haciendo. Puede que no sea redonda y que Antonio Banderas esté afectadísimo y algo fuera de lugar, pero en conjunto a mí se me antoja una de la superproducciones más singulares de los 90, una visión desesperadamente romántica y barroca del mito del no-muerto como criatura atormentada que no temía adentrarse por senderos macabros y sombríos nada frecuentes en los “blockbusters” de hoy en día. Además, contenía una de las grandes interpretaciones de Tom Cruise (antes de la Cienciología, las placentas devoradas y demás tontunas) y, sin duda, la mejor de la entonces niña Kirsten Dunst. Sí, la película del irlandés Neil Jordan ha resistido notablemente el paso del tiempo –como también lo ha hecho otro icono del cine vampírico de aquella época, el “Dracula” de Coppola- , y su recuerdo es aún más imponente si se compara con casi todo lo que llegó después al subgénero. Porque “Entrevista con el vampiro” poco o nada tiene que ver con las cursiladas de la saga “Crepúsculo”, ni con los anabolizados action heroes de “Underworld” o “Blade”, ni tampoco con las bestias deshumanizadas de “Abierto hasta el amanecer”, “Soy leyenda” o “30 días de oscuridad”, ni por supuesto con aquella deleznable secuela apócrifa llamada “La reina de los condenados”.

Históricamente el vampiro ha sido un recurso sobre el que el cine ha vuelto una y otra vez, incluso en estos tiempos de dominio zombi, y aunque la mayoría de la ocasiones ha sido a través de productos de calidad más que cuestionable, también ha habido valiosos hallazgos en los últimos años que han renovado sus códigos ancestrales e insuflado sangre fresca a su mitología, como la serie de la HBO “True Blood” (al menos en sus inicios) o la cinta sueca “Déjame entrar” (2008), sin lugar a dudas la mejor ficción vampírica en lustros, al mismo tiempo que una rara avis que abría nuevas y perturbadoras vetas para el género por la vía de la gelidez, la sugerencia y la atmósfera (y con uno de los fuera de campo –la secuencia de la piscina- más gloriosos de todos los tiempos). No es de extrañar que la cinta de Tomas Alfredson sea el espejo en el que se mira Jordan -también responsable de la memorable “En compañía de lobos” (1984) y dueño de una trayectoria desde hace algún tiempo ciertamente irregular -  para su regreso al cine fantástico. “Byzantium” llega a nuestras carteleras haciendo muchísimo menos ruido que el que hizo “Entrevista con el vampiro” en su momento y con un presupuesto bastante más limitado, pero en realidad no está muy alejada espiritualmente de aquella, funcionando como una especie de “cara B” y estableciendo un reconocible juego de rimas temáticas y visuales con la cinta protagonizada por Cruise y Brad Pitt. Leer más…

De “El inocente” a “Dallas Buyers Club”: el Milagro McConaughey

14/03/2014

Matthew McConaughey - Allright, Allright, Allright

No hace demasiados meses, durante una de nuestras quedadas habituales, Jorge, Alberto y un servidor comentábamos las ganas que teníamos de ver “El lobo de Wall Street”. El Tito Scorsese ya es de por sí un reclamo de garantías para los tres, pero además la esperanza de encontrarnos con un film en la onda de “Uno de los nuestros” o “Casino”, y un primer tráiler en el que Leonardo DiCaprio parecía estar ‘on fire’, habían elevado mucho nuestras expectativas.  Yo, por mi parte, no dejaba de repetir «Y Matthew McConaughey», con tanta insistencia que mis compañeros confesaron que les extrañaba mi fascinación por él. Incluso llegaron a bromear preguntándome si el próximo actor del que me volvería fan sería Chris O’Donnell. Sí, tienen chispa los cabrones. Pero entiéndanles, aún no había llegado “True Detective”, ni el huracán provocado por “Dallas Buyers Club” que culminaría con ese merecidísimo Oscar. Y yo les llevaba ventaja, pues para entonces ya había visto “Killer Joe” y “Mud”, dos películas en las que McConaughey arrasaba con todo y habían sido suficientes para ponerme a sus pies. Hoy Jorge y Alberto, como el resto del planeta, ya no dudan de que el texano es un actor descomunal. Pero quién nos lo iba a decir hace cinco años. O para algunos hace sólo un par de meses, pues aunque el despegue del intérprete comenzó en 2011, después de un muy conveniente parón de dos años sin actuar, la sombra de una carrera muy mediocre, marcada mayormente por insustanciales comedias románticas, era tan alargada que le ha costado lo suyo quitarse el sambenito de ‘Chico Florero’ oficial de Hollywood. Aún hoy aquéllos que no se han acercado a su obra reciente no terminan de entender qué demonios está pasando. Mi propio hermano, al día siguiente de la entrega de los Oscar, me preguntaba «¿Matthew McConaughey, en serio?». Pues sí. Y es que el McConaughey de 2014 no es el McConaughey de 2009, aquél que paseaba palmito por enésima vez en “Los fantasmas de mis ex novias”, otra de esas estúpidas comedietas hechas con el piloto automático. Entre medias, han sucedido una serie de cosas que lo justifican todo (menciono, por cierto, las fechas de sus estrenos en España, si es que ha sido el caso): “El inocente” (2011), “Bernie” (2011), “Killer Joe” (2011), “Magic Mike” (2012), “El chico del periódico” (2013), “Mud” (2013), “El lobo de Wall Street” (2014), la serie “True Detective” (2014) y, por último, la oscarizada “Dallas Buyers Club” (2014). La cumbre, hasta ahora, de su carrera.

En su post ‘“La gran estafa americana” vs. “El lobo de Wall Street”: Scorsese y su falsificación’, mi compañero Jorge se preguntaba «qué extraña epifanía experimentó o qué ha cambiado en su dieta» el intérprete para alcanzar su actual estado de gracia. Todos nos lo preguntamos pero, en realidad, es mucho más sencillo de lo que creemos. McConaughey, simplemente, decidió tomarse un descanso en 2009 para disfrutar de su cada vez más numerosa familia, lo que le llevó a reflexionar sobre su trayectoria, y a tomar la decisión de aceptar a partir de entonces únicamente aquellos trabajos que le llenasen o le supusiesen un nuevo reto. Él mismo lo explica en unas palabras que recoge este mes la revista ‘Fotogramas’: «Me pasé un año entero parado (…) rechazando todos los papeles que me ofrecían. Un día los estudios dejaron de enviarme los guiones de siempre. Lo pillaron. Pararon de proponerme lo que sabían que iba a rechazar. Y de repente, en un giro salvaje, empezaron a ofrecerme otro tipo de cosas». Resulta también curioso como el propio McConaughey, nacido en la pequeña ciudad texana de Uvalde en 1969, parece haber encontrado su camino ‘regresando’ a sus raíces. Tanto en “Bernie”, como en “Killer Joe”, “Magic Mike”, “True Detective” y “Dallas Buyers Club” el actor ‘hace’ de texano, lo que le ha permitido lucirse con ese tan característico acento, mascullando las palabras, que se ha convertido en marca de la casa. Así que sí, el Milagro McConaughey tiene explicación. Seguid leyendo y nos metemos en faena. Leer más…