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Nuestros discos de 2016

22/12/2016

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Sabor de veteranos. Así podría definirse la lista de discos favoritos que nos ha salido en 2016 en El Cadillac Negro. Lo que tampoco es ninguna novedad, pues hemos de reconocer que en este rincón siempre hemos apostado más por nombres clásicos y por artistas con cierto bagaje que por rebuscar debajo de las piedras en busca de esa next big thing que nos haga quedar muy cool pero que a los cuatro días ya nadie recuerda. Claro que nos gustaría que apareciera más sangre nueva y excitante que nos volase a todos la cabeza y pusiese el panorama musical del revés (al menos nuestro panorama, que ya sabéis que muy pocas veces tiene que ver con hip hop, R&B moderno o el escaparate mediático de los Grammy), pero la realidad de estos tiempos es que la mayoría de nuestros grandes discos del año los firman nombres que ya estaban con nosotros hace una década, dos, tres o incluso mucho más. Así que sí, hemos detectado pocas cosas nuevas que brillaran bajo el sol, aunque eso no significa que la cosecha no haya sido excelente, con un puñado de obras mayúsculas a las que seguramente nos seguiremos acercando el día del mañana.

Pero en otro sentido 2016 también ha sido un año para olvidar, porque en el inevitable parte de bajas que cada temporada  nos lega el planeta rock, en esta ocasión figuran nombres a los que, en nuestra ingenuidad, casi llegamos a considerar invencibles, inmortales. Que de una tacada se nos marcharan iconos absolutos de la cultura popular como David Bowie, Prince y Leonard Cohen supuso una triste y dura bofetada de realidad que además amenaza con repetirse a menudo en el futuro próximo.  Pero que al menos dos de ellos pudiesen marcharse por la puerta grande, dejando epitafios a la altura de su leyenda, nos permitió celebrar y honrar  su genio una última vez. Esa brisa fúnebre inevitablemente se filtra en nuestra lista, pues pocas veces los redactores de este blog hemos llegado a un consenso  tan categórico sobre el primer puesto  de uno de nuestros rankings. Sin más preámbulo, aquí están nuestros 15 discos de 2016. Leer más…

Nuestras series de 2016

20/12/2016

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No ha resultado una tarea sencilla escoger nuestras series favoritas de 2016. Este año ha llegado bien cargado de nuevos productos sobrados de calidad, nos ha dejado temporadas de series ya míticas en el Cadillac muy merecedoras de su posición en el olimpo y la parrilla se ha llenado de nostalgia. Por supuesto, el papel de espectadores no es carente en materia de decepciones con respecto a algunos regresos esperados. Despedidas, encuentros, bienvenidas… De todo encontraréis, parroquianos nuestros, en este listado particular.

No pretendemos caer en un festival de repeticiones, pero por si tras estos años no ha quedado claro, y sobre todo para nuestros lectores nuevos, las quince elecciones que se van a detallar a continuación son producto de la subjetividad y aquí no estamos para sentar cátedra. Los conductores del Cadillac no han visto todo lo emitido en el presente año ni han formado parte de una cola para obterner el carnet de seriéfilos de pro. No compartiréis algunas de nuestras preferencias y echaréis en falta algunas vuestras. La gracia, precisamente, está en esa criba que hace que todas las conversaciones de los seis miembros del equipo en los días previos a la publicación lleven como fondo la banda sonora de nuestro primer puesto. Leer más…

“Rogue One”: corazón rebelde

19/12/2016

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A nosotros nos gustó mucho “El Despertar de la Fuerza”. Quedó bastante claro en el post a seis manos que le dedicamos a los pocos días de su estreno, muy entusiasta y reconocemos que algo condicionado por las urgencias del momento, aunque tampoco pasamos por alto esas flaquezas que creo que todos supimos ver con bastante unanimidad. Sí, nos gustó “El Despertar de la Fuerza” pero respetamos totalmente a aquéllos que se sintieran desencantados, incluso a aquéllos que la odiaron. Nos gustaría que también fuera así a la inversa, pero eso creo que sería pedir demasiado. Pero así deberían ser las cosas: ves una película y si te encanta lo dices, si te parece una soberana calamidad también y si te quedas en una a veces saludable zona de grises pues lo mismo, pero siempre tolerando las opiniones que no concuerden con la tuya.

Lo que no podemos soportar es eso, cada vez más común, de odiar a una película porque sí, por su mera existencia. Aquéllos que deciden que tal film es una puta mierda, cuando aún faltan meses o incluso años para su estreno, y ya nada, absolutamente nada, podrá hacerles cambiar de opinión. Un argumento muy común en estos casos es que son pelis que únicamente pretenden sacarle la pasta al espectador. Y así es, amigos, asumidlo y dejad de torturaros. Disney quiere que veas sus películas de “Star Wars”, y forrarse con ello, del mismo modo que la HBO quiere que veas “Juego de tronos”, y forrarse con ello, y muchas editoriales quieren que compres sus libros, y forrarse con ello. Es la industria del entretenimiento en su máxima expresión, pero mientras algunos se obsesionan con lo de ‘industria’ y sus connotaciones más negativas, otros preferimos quedarnos con lo de ‘entretenimiento’. Pues de eso se trata, ni más ni menos. De pasar un buen rato, divertirse, soñar, emocionarse, indignarse, a veces hasta pensar un poquito y extraer algunas conclusiones más o menos valiosas… Es tan importante y a la vez tan intrascendente como eso. Y además, leñe, aunque os cueste creerlo, no estáis obligados a ver tal peli o serie, o leer un libro en concreto. Este fin de semana tenías la opción de ver “Rogue One” pero también se estrenaron “La comuna”, “El faro de las orcas”, “Infiltrado”, “Eternité”… Así que mientras seamos libres y tengamos la capacidad para decidir, los productores de cine tienen todo el derecho del mundo para financiar y estrenar el tipo de películas que les venga en gana. Leer más…

«La comuna»: Enredos de familia

15/12/2016

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Compañero de generación de Lars von Trier y cómplice básico dentro del Movimiento Dogma gracias a su ya clásica «Celebración», el danés Thomas Vinterberg es uno de esos cineastas marcados por la irregularidad, de los que, antes de ver cada uno de sus estrenos, uno nunca sabe como va a salir el melón, es capaz de rozar el máximo nivel como caer en terrenos demasiado pobres para un cineasta al que se rifan los mejores festivales del mundo. Vinterberg, situado en una escurridiza equidistancia dentro de los herederos del Dogma -lejos de la radicalidad de Von Trier y menos acomodaticio que la ya clasicista Susanne Bier- , nos dejó bastante tibios con su poco más que correcta adaptación de «Lejos del mundanal ruido» después de que hubiera regresado súbitamente a la élite con aquella excelente «La caza», Era hora de comprobar si había recuperado su ‘mojo’ en su regreso al cine danés con la prometedora «La comuna».

No se puede decir que la primera impresión sea muy favorable: el proceso por el que un matrimonio acomodado y su hija adolescente reciben como herencia una gigantesca casa y se decidan, ante la insistencia de la mujer, a pasar a habitarla y a compartirla -¡regalando incluso la copropiedad!- con algún amigo cercano, otros más lejanos y algún completo desconocido es de todo menos mínimamente creíble, una mera excusa para arrancar la trama que, de tan forzada, comienza a alejar al espectador de lo que acontece en pantalla. Leer más…

«Volumen 11»: Calamaro coquetea con el despropósito

12/12/2016

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Me atrevería a decir que Andrés Calamaro lleva un buen puñado de años en el filo, a un mal paso de tirar por tierra toda su reputación. Incluso osaría añadir que desde su regreso de las profundidades allá por 2005, una vez pasado el baño de masas totalmente merecido que se encontró tras una temporada en el infierno, sus discos han ido sugiriendo muecas cada vez más incómodas y acentuadas, a la vez que su personalidad se ha ido tornando en casi una caricatura de sí mismo, y no me refiero únicamente a su defensa a ultranza de la fiesta de los toros o a su compulsivo uso de la red para arremeter contra cualquiera que no comulgue con sus postulados. Dejando a un lado «El cantante» (2004) y «Tinta roja» (2006), dos discos ‘de músicos’ en los que, arropado por versiones de clásicos infalibles, pudo recuperar la forma, y sin hacer mucho caso a «El palacio de las flores» (2006), un álbum mano a mano con Litto Nebbia del que se pueden recordar como mucho tres o cuatro cortes, ya desde «La lengua popular» (2007) se vio que Calamaro se había domesticado, sirviendo un álbum correctísimo, brillante a veces, pero lejos del riesgo que había inundado su discografía más celebrada. Fue con «On the rock» (2010) cuando recibió las primeras críticas tibias más o menos de forma unánime, y es que con el tiempo se puede reconocer sin rubor que es un trabajo excesivamente irregular y con muy pocos momentos para guardar. Con su hasta ahora último disco de temas inéditos, «Bohemio» (2013), salvó el envite de forma notable, entregando un trabajo compacto, concreto, con notables canciones, pero sin sangre. Y tras «Romaphonic Sessions» (2016), donde se limitó a desnudar un puñado de temas de su repertorio y de repertorio ajeno para vestirlo con piano y poco más, llega un nuevo examen, que entrega bajo el plausible título de «Volumen 11», haciendo referencia a los altavoces que alucinan a los protagonistas de la siempre reivindicable película «Spinal Tap», un disco en el que tienen cabida composiciones paridas en los últimos años, una especie de cajón de sastre, o desastre, según gustos.

He de reconocer que yo soy uno de esos (que tanto molestan al propio Calamaro) que veneran de forma incontestable su trilogía «Alta suciedad»-«Honestidad brutal»-«El salmón» (recuerden aquí sus 140 canciones llenas de sangre y polvo blanco), que reivindican siempre que pueden el legado de Los Rodríguez (como ya hice aquí) y que ya casi han perdido la esperanza de que el argentino recupere aquel estado compositivo, aunque seguimos disfrutando de sus nuevas entregas y celebrando que algunas canciones recientes logren acomodarse entre sus clásicos. Y así, con la mosca detrás de la oreja, llega este disco que, tras varios años de justificaciones a discos a veces menores, tras hacer oídos sordos a actitudes extramusicales reprobables sí o sí, y tras escuchar el tema de adelanto, «La noche», ya esperaba con el cuchillo entre los dientes. Así, tras una primera escucha apresurada y urgente, el botón de alarma se disparó, los ojos se me ensangrentaron y los dedos se me afilaron. Sin embargo, amigos, tengo que admitir que la sangre no ha llegado al río y lo que en un principio me pareció un batiburrillo de despropósitos y provocaciones, con las escuchas va tomando ligera forma, cada arista va encontrando más o menos su lugar y el desastre que se rozó no llega a producirse del todo… por ahora. Leer más…

«Blue and Lonesome», de los Rolling Stones: aún nos queda el blues

05/12/2016

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Hubo un tiempo no tan lejano en el que los Rolling Stones respetaban esa regla no escrita en el mundo del rock que indicaba que para salir de gira era pertinente la excusa de tener  un disco nuevo que defender sobre las tablas, y así sucedió con los tours mundiales que siguieron a “Steel Wheels” (1989), “Voodoo Lounge” (1994), “Bridges to Babylon” (1997) y “A Bigger Bang” (2005), sus trabajos posteriores a la travesía por aquellos turbulentos años 80 que estuvieron a punto de llevárselos por delante.  El imaginario colectivo tiende a infravalorar esos discos, quizás precisamente porque daban la impresión de ser más una coartada para volver a la carretera (el verdadero filón de ingresos de la banda) que obras capaces de perpetuar su inalcanzable producción de los 60 y 70. Hicieran lo que hicieran, “Tatto You” (1981) siempre marcaría la frontera entre la excelencia de los dioses y la irrelevancia de los dinosaurios. En todas estas décadas, los Stones nunca han dejado de ser la banda que “hay que ver” en directo aunque solo sea una vez en la vida, pero lo de comprarles un disco de nuevas canciones era otra cantar. Sin embargo, un servidor siempre tendrá un cariño especial por esas obras, que son las que fueron publicando desde que empecé a tener consciencia (musicalmente hablando). De acuerdo en que no se pueden comparar con nada de lo que hicieron en su época dorada, que contienen demasiados minutos prescindibles o que a veces padecen de un exceso de cálculo y cosmética (especialmente “Bridges to Babylon”, el más comercialoide y flojo del lote), pero también guardan en sus surcos instantes magníficos y reivindicables que si se unieran en una playlist aguantarían el tipo bastante bien ante otros momentos de su pasado.

Sin embargo, desde “A Bigger Bang” (o incluso desde antes, con aquel tour a cuenta del recopilatorio “40 Licks”) los Stones asumieron –al igual que muchas otras viejas bandas- que lo de publicar un disco para salir de gira era un invento sin sentido. El de 2005 era en realidad un trabajo más que notable, en mi opinión lo mejor que podían ofrecer en estudio a esas alturas del partido, pero todo el mundo, incluido el grupo, se olvidó rápidamente de él. En el concierto que dieron en el Vicente Calderón en 2007 (aquel en el que Keith apareció evidentemente embriagado) no cayó ni un solo tema de ese disco, pese a que la gira aún se llamaba “A Bigger Bang Tour”. Jagger y Richards se debieron preguntar que para qué molestarse en componer y registrar nuevas canciones si  en vez de eso podían escarbar en su enorme e inigualable fondo de catálogo y acompañar con ellos los clásicos que todo el mundo espera oír. Desde entonces las giras de los Stones no necesitan más excusa que la celebración de un aniversario, o ni siquiera eso, y lo único nuevo que han publicado en los últimos tiempos fueron dos temas para la enésima recopilación, “GRRR!” (2012), que les mostraban en una forma más que digna. Tampoco es que a una banda con más de 50 años de trayectoria se le deba exigir más. En realidad, ya es bastante asombroso que a una edad en la que la mayoría de la gente se dedica a pasear por el parque a los nietos, jugar al tute y observar las obras de las calles, estos tipos sigan subiéndose a un escenario para rockear más y mejor que muchas bandas a las que triplican los años. Pero también es verdad que si Bob Dylan aún es capaz de entregar discos con sustancia, un anciano como Leonard Cohen se saca de la manga tres obras mayores en sus últimos cinco años de vida, Neil Young publica sin control a diestro y siniestro,  McCartney todavía sigue en la brecha, o incluso el propio Keith Richards es capaz de sonar como los Stones pero sin los Stones (en su más que disfrutable “Crosseyed Heart” de 2015, reseñado aquí), uno no podía evitar pensar que a Sus Satánicas Majestades aún les quedaba al menos un último arreón. La cuestión era cuándo y cómo iba a llegar. Leer más…

“Solas”, el otoño de The Answer

01/12/2016

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Qué poquita bola les hemos dado, sin duda mucha menos de la que se merecían, a The Answer en este blog. Vale, exculpo a mis compañeros y lo asumo como un error por mi parte. Cuando arrancamos el motor de este Cadillac Negro, y ya va para cinco años, tenía clarísimo que uno de mis primeros posts estaría dedicado a la banda norirlandesa. Los tres miembros fundadores del blog éramos ya entonces muy fans de los primeros trabajos del grupo, y tampoco faltábamos a la cita cada vez que se dejaban caer por nuestro país, con bastante asiduidad, para ofrecernos sus demoledores directos. Una fidelidad que al menos dos de nosotros hemos podido mantener hasta nuestros días. Y sin embargo, The Answer no se asomaron por el Cadillac hasta casi un año y medio después, con motivo del lanzamiento de su cuarto álbum, “New Horizon” (2013); un discazo a la altura de los tres anteriores, puro y genuino rock ‘n’ roll que demostraba que lo suyo no era ningún espejismo y confirmaba que la banda tenía tralla para rato.

El grupo no tardó mucho en editar su quinto disco de estudio “Raise A Little Hell” (2015). La ocasión perfecta para volver a escribir sobre ellos, y así tenía que haber sido. De hecho, como los tres lanzamientos coincidieron en el tiempo, llegué a esbozar un post ‘a tres bandas’ junto a los fantásticos regresos de Thunder con “Wonder Days” y Europe con “War Of Kings”. Hubiese sido un post chulísimo, pues habría juntado a tres de mis bandas favoritas que, habiendo tenido su momento de gloria en los 80 (Europe), 90 (Thunder) y 00 (The Answer) aún se encontraban dando mucha guerra mediada la década actual. Como tantos otros proyectos de aquellos días, se truncó por un feliz motivo: el nacimiento de mis dos vástagos. De haber podido escribir sobre “Raise A Little Hell” hubiese señalado que sin ser, ni mucho menos, un mal trabajo, sí comenzaba a mostrar ciertas señales de estancamiento y fatiga. Los temas de corte más rockero no estaban tan inspirados ni brillaban tanto como antaño, y quedaban un tanto deslucidos frente a las baladas o medios tiempos que eran, de largo, lo mejor de aquel disco. Lo que no se le puede negar a The Answer es la constancia, y apenas un año después ya les tenemos de vuelta. En un 2016 en el que han celebrado, además, el décimo aniversario de su debut “Rise”, el grupo regresa con su sexto álbum, “Solas”. Seis discos en una década no es una producción nada desdeñable en los tiempos que corren, y eso ya de por sí es una buena noticia. Además, se palpa en el ambiente que con “Solas” estamos ante un momento clave en su carrera, la prueba de fuego que marque su relanzamiento o les condene al declive. ¿De qué lado ha caído la moneda? Pues lo cierto es que la primera toma de contacto, al menos en mi caso, fue de desconcierto total… pero no por lo segundo, sino afortunadamente por lo primero: The Answer han madurado (¡bien!) y han sabido reinventarse (¡mejor aún!), aunque eso descoloca. Es algo que no hubiésemos esperado hace un par de años y que, de hecho, no hubiésemos sabido muy bien si lo acogeríamos de buen grado. Pero ha llegado cuando ha llegado y de la forma en que lo ha hecho, y varias escuchas después uno siente su amor hacia la banda renovado y entiende que es lo mejor que les (y nos) podía haber pasado. Leer más…

«Animales fantásticos»: y cuando nos hicimos adultos, la magia todavía estaba allí

28/11/2016

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Al 18 de noviembre le tocó ser testigo de uno de los blockbusters más esperados del año, con permiso de «Rogue One». Multitud de seguidores y amantes de una saga fantástica que, durante una década (tanto en ese papel que huele de maravilla como en la gran pantalla) construyó un universo mágico de proporciones míticas, tuvieron una cita en salas de cine de todo el mundo. La magia, precisamente, surge cuando dichas salas se llenan de un público que baila entre la veintena y la treintena, un público que se enamoró de las lecciones de Defensa contra las artes oscuras y los partidos de quidditch hace mucho tiempo y nunca quiso apartarlos porque son un salvavidas magnífico en medio del caos rutinario y el estrés del mundo real.

No podemos entrar en materia sin deternernos, brevemente, en esa expansión del universo mágico al que pertenece esta nueva aventura. Una expansión que pasa por el propio rincón web de Pottermore, por el guión impreso de Harry Potter y el legado maldito, por los libros de la biblioteca Hogwarts que se publicaron años atrás y con el nacimiento de una nueva saga que no se desliga de todo ello. Da la impresión de que todo ello es real, de que podemos irnos a trabajar por las mañanas perteneciendo a una de las cuatro famosas casas de la escuela de magia, practicar el deporte de los magos por excelencia (porque ya es posible), vestir sus galas y leer sus libros, saber que en cada parte del mundo la magia se vive y gestiona de diferente manera. Leer más…