Querido Severus:
«La muerte no es más que un viaje, semejante al que realizan dos amigos al separarse para atravesar los mares. Como aún se necesitan, ellos siguen viviendo el uno en el otro y se aman en una realidad omnipresente. En dicho divino espejo se ven cara a cara, y su conversación fluye con pureza y libertad. Tal es el consuelo de los amigos: aunque se diga que han muerto, su amistad y su compañía no desaparecen, porque estas son inmortales.» (William Penn, More Fruits of Solitude)
Alan Rickman, el actor británico de la presencia solemne, se ha marchado hoy por culpa del cáncer, el Avada Kedabra del mundo muggle, el azote de la vida real. Qué absurdo, qué triste y qué falto de lógica es tener que caer en la obviedad, tener que matizar que ha fallecido un hombre de carne y hueso y tener que recordar en todo momento que ha habido más de un papel importante a lo largo de su carrera cinematógrafica, porque eso es precisamente lo que muchos seguidores de una saga que casi da miedo nombrar están teniendo que hacer hoy. Efectivamente, Rickman ha sido un gran intérprete y ha dejado algo para todos. Sweeney Todd, Jungla de cristal, Robin Hood, Love Actually o las adaptaciones cinematográficas de El perfume y Sentido y Sensibilidad son sólo ejemplos de sus apariciones más conocidas en el séptimo arte. Pero para muchas y muchos, para un sector importante de la población mundial, hoy se ha ido el hombre que dió vida a uno de los personajes principales en la saga fantástica de J. K Rowling. Leer más…
El año no ha hecho más que empezar y ya se nos ha bombardeado sin piedad con un sinfín de próximos estrenos, nominaciones y premios que, de no haber antecedentes que se remontan al momento en que el ser humano se erigió como crítico profesional por derecho propio, nos mantendrían las expectativas tan altas que el tiro acabaría saliendo por la culata una y otra vez. Que acaba por ocurrir es un hecho, pero al menos podemos atribuirlo a un mea culpa muy acertado. Y es que de todo lo que está por llegar, de todo lo que tenía ganas de sentarme a ver, la británica «The Danish Girl» sobresalía con fuerza en mis preferencias.
Tom Hooper se nos presenta de nuevo con una película biográfica sobre Lili Elbe, artista danesa transexual y primera mujer en someterse a la cirugía de cambio de sexo. Una película que podría haber resultado exquisitamente dolorosa, que ya, de partida, cuenta con una premisa interesantísima y sobre todo, con una oportunidad de oro para tratar un tema del que es muy necesario seguir hablando en todas las manifestaciones del arte. Digo que podría porque, si bien es cierto que mi opinión (o percepción) no es tan negativa como la de otros espectadores, he experimentado sensaciones muy encontradas cuando la pantalla se ha fundido a negro. Leer más…
«The Affair»: de océanos y tormentas
(ALERTA SPOILER: Si aún no has visto «The Affair», vamos a intentar darte en los primeros párrafos algunas de las claves de la serie para ver si te pica la curiosidad. Pero llegado el (debidamente señalado) momento, comenzará la necesaria tormenta de spoilers para poder analizar sus dos apasionantes primeras temporadas).
A primera vista, el argumento de «The Affair» no es para lanzar cohetes: un hombre felizmente casado y padre de una numerosa familia llega a un idílico pueblo costero para pasar unos días de vacaciones en casa de sus suegros, donde conoce a una joven camarera de la que se enamora. Ambos caen rendidos a la pasión, quizás también en un intento por dejar atrás (él) una vida encorsetada y (ella) un episodio terriblemente dramático de su vida. Más interesante y original resulta su planteamiento formal: toda la historia está contada a modo de flash-backs, narrando ellos mismos aquel verano mientras prestan declaración en una comisaria por un caso del que tardan en saberse los primeros detalles. Allí, cada uno narrará la historia de amor desde su punto de vista, desde sus recuerdos o desde su interés, quedando a la luz mentiras, contrastes o simplemente puntos de vistas diferentes de unos mismos hechos.
Así, cada uno de los 10 episodios de la primera temporada estuvieron divididos en dos partes, narrando los mismos acontecimientos desde el punto de vista de los protagonistas principales, Noah y Alison. Llegados a este punto, hacemos las presentaciones: él es Noah (Dominic West) un escritor de segunda fila que lucha profesionalmente por salir de la sombra de su suegro, él sí un novelista de reconocido prestigio. Noah está casado con Hellen (Maura Tierney), con quien tiene cuatro hijos y disfruta de una, aparentemente, vida normal y placentera. Pero todo saltará por los aires al conocer a Alison (Ruth Wilson), una joven y atractiva lugareña que vive con su amor de toda la vida, Cole (Joshua Jackson). Entre ellos surge una química absoluta desde el primer momento, pero esa aventura tendrá sus inevitables consecuencias, para ellos y para su entorno. Como ya hemos señalado, la historia en sí no es la panacea de la innovación ni tiene una idea inicial demasiado atrayente, aquí no desaparece súbitamente el 2% de la población, aquí no caen aviones en islas desiertas con osos polares, aquí no hay superhéroes que reniegan de su condición, ni por supuesto épicas batallas entre familias mientras el invierno se avecina. En «The Affair» el peso lo llevan los personajes, unos personajes que se ven obligados a moverse continuamente entre los conflictos, la moralidad y la pasión. Leer más…
“The Next Day” (2013) fue un perfecto disco de resurrección, en todos los sentidos. Primero por llegar inesperadamente, cuando nadie concebía que David Bowie tuviese intención alguna de salir de ese discreto retiro musical que duraba ya casi diez años y que muchos creíamos definitivo, y segundo porque nos presentaba a un Bowie dialogando desde el presente con su pasado, de modo que aquel regreso contenía mucho de autohomenaje y reivindicación de su trayectoria, pero sin derivar en la nostalgia más autocomplaciente y sí reclamando su vigencia en pleno siglo XXI. Era un disco también perfecto para colgarle la etiqueta de ‘lo mejor desde “Scary Monsters”’ (1980), aunque eso es algo que se ha dicho muchas veces de una nueva obra del Duque Blanco, así que dejémoslo en que era un sensacional trabajo, el mejor que podía entregar Bowie en 2013, como bien señaló mi compañero Rodrigo en su crítica, al que quizás le sobraba minutaje para poder medirse de tú a tú con sus más grandes obras, pero que mayoritariamente satisfizo a sus seguidores de siempre y a la crítica especializada. Sin ir más lejos, aquí, en El Cadillac Negro, le elegimos como nuestro disco favorito de aquel año. Entonces ignorábamos si el hombre de las estrellas había vuelto para quedarse o si aquello era más bien el canto del cisne de una de los mayores mitos que nos ha legado la música popular.
La recopilación antológica de 2014 “Nothing Has Changed” no terminaba de disipar las dudas pero sí incluía un tema, “Sue (Or in a a Season of Crime)”, que no solo era inédito sino que alumbraba un registro novedoso en la amplia carrera del británico, un experimento jazzístico de más de siete minutos en el que la big band de la Maria Schneider Orchestra arropaba la teatral y antipática melodía desgranada por Bowie. No era, desde luego, algo del agrado de muchos fans, que quizás podían admirar el hecho de que Bowie siguiese siendo libre e impredecible, pero no enamorarse de una pieza acaso demasiado pretenciosa. Sin embargo, ahí iba a estar el germen de la siguiente mutación del gran camaleón del rock, la que ahora nos presenta en “Blackstar”, un disco en las antípodas del anterior, nuevamente en todos los sentidos. Y eso ya es motivo de celebración, porque si algo caracterizó al mejor Bowie, aquel que reinó sin discusión posible en la década de los 70 con constantes desafíos sónicos y volantazos imprevistos que le mantuvieron permanentemente en la vanguardia (etapa glosada magistralmente por el compañero Alberto aquí y aquí), fue su negativa a quedarse demasiado tiempo en el mismo lugar. Si en “The Next Day” Bowie se ciñó al reconocible formato pop-rock de la mano de canciones sujetas en su gran mayoría a patrones convencionales, ahora retoma su faceta más experimental, difuminando los contornos genéricos, persiguiendo la emoción más por la vía de la textura que por la de la melodía memorable. Si entonces entregó catorce piezas (bastantes más en la edición “Extra”), ahora se queda en la mitad. Si entonces el presente dirigía su mirada hacia el pasado, ahora lo hace hacia el futuro, o hacia uno de los futuros posibles. Leer más…
«Steve Jobs»: humanizando a un dios
Steven Paul Jobs fallecía el 5 de octubre de 2011 en su residencia de Palo Alto (California). Ese día nos dejaba uno de los mayores magnates, empresarios y visionarios que este planeta ha conocido en su historia reciente. El mayor de todos, si nos centramos en un ámbito tecnológico. En su legado figuraba la empresa con mayor valor bursátil de toda la historia, más de 370 patentes y el orgullo de haber reinventado por completo la industria musical, la de telefonía y la fabricación de ordenadores. Desde el mismo instante en el que se tuvo conocimiento de su fallecimiento, a lo largo de todo el mundo se producían homenajes espontáneos de gente anónima en una especie de sentimiento de pérdida colectivo, que reunía a millones de personas alrededor de las tiendas de Apple diseminadas por todo el planeta. Pero, ¿qué dotes poseía este visionario soñador, este infatigable perfeccionista para reproducir con su muerte una reacción global de estas características, más propia de grandes estrellas del cine o de la música, de líderes políticos o religiosos?…quizás, unas pocas de todos ellos.
Es tal el interés mediático que Jobs despertaba desde hacía décadas alrededor de su enigmática persona, que su muerte supuso la llegada de hasta cinco producciones cinematográficas en los cuatro años que han pasado desde su adios («Steve Jobs: The Lost Interview», » I Steve», «Jobs», «Steve Jobs: The Man in the Machine» y, ahora, «Steve Jobs»); además de la publicación de su muy recomendable biografía de la mano del escritor Walter Isaacson. El antiguo CEO de Apple se convierte por méritos propios en un personaje clave para entender nuestro mundo contemporáneo. La imagen que nos queda es la de un hombre que nos enseñó a pensar de forma diferente, a buscar ideales mucho más elevados que el resto; aunque detrás de las cámaras y de su imagen pública, Jobs podía llegar a ser un líder despiadado, falso y cruel. La última producción sobre su figura intenta aportar algo más de luz sobre su conflictiva existencia. Leer más…

(AVISO DE SPOILERS: Queridos hermanos y hermanas. Nos hemos reunido en esta ceremonia con el motivo de celebrar la grandeza que a lo largo de diez episodios impecables nos ha regalado la segunda temporada de «Transparent». Si alguno de los presentes en la sala no ha sido testigo de la última entrega, «Grey Green Brown & Copper», rogamos abandone la ceremonia, ponga remedio y vuelva para cogernos de la mano.)
Que «Transparent» fue una de las grandes revelaciones de 2014 no es ningún secreto. Sin embargo, queda aún pendiente que una gran parte del sector que consume series de manera habitual rompa esa barrera que le impide llegar a ella, a esta gran y honesta maravilla. Este producto se cuela en el pecho como un cañonazo silencioso e invisible, pero no indoloro, que llega cuando tiene que llegar y una sabe cuándo lo ha hecho. Es por eso que un par de episodios pueden no ser suficientes para gran parte de la audiencia, no para entender todo lo que abarca en tan sólo treinta minutos, no para traspasar la superficie, no para comprender de qué habla realmente. «Transparent» no es la historia de un hombre que decide reconocerse trans a los setenta, es la historia del dolor, de las etiquetas, de la búsqueda de una identidad (que está muy presente en su segunda temporada), de la complejidad del ser humano, de la empatía y la carencia de ella, de la doble (y triple, y cuádruple) moralidad. Eso es lo que vamos a encontrar detrás de su disfraz de comedia dramática indie, de su aparente simpleza y de su absolutamente perfecta banda sonora.
Puede que en un principio, porque ese es el punto de partida, se nos dibuje la salida del armario de Mort como el problema central de la familia Pfefferman, pero no es necesario avanzar mucho para darnos cuenta de que cada uno de sus miembros está completamente roto y condicionado por un síndrome de «el mundo gira en mi ombligo» descomunal, algo que se ha explorado con aún más maestría a lo largo de su segunda temporada. Es otra de las virtudes de «Transparent», la de conseguir que cinco personajes a los que por separado sería imposible tomar cariño se conviertan en el universo que lo representa todo y despierten tantas y tan intensas emociones. Porque hay un problema, hay un problema de educación base, de tenerlo todo con un chasquido, de tapar las manchas con dinero. Leer más…
Lemmy NO ha muerto
No. No es cierto. No puede ser. Lemmy no ha muerto. Lemmy no puede morir. Eso es lo primero que pensé. Es una inocentada de mal gusto. En todo caso, puede ser una inocentada del propio Lemmy, que habrá fingido su muerte para retirarse a algún lugar paradisiaco en donde darse a sus placeres hasta el fin de los días. Pero claro, para él el Paraíso estaba en los estudios de grabación, en los escenarios, en su apartamento en L.A. situado a sólo una manzana del Sunset Blvd., a tiro de piedra del Rainbow Bar and Grill, el mítico garito en donde podía pasarse horas y horas jugando a las tragaperras, o alternando con los parroquianos. Y además, ¿acaso hubo un solo placer del que Lemmy se privase en vida, sin mesura ni discreción alguna? Así que sí, es posible que sea verdad. Lemmy nos ha dejado. Y con él, se nos va Motörhead, una de las cosas más fantásticas que le han ocurrido a la historia de la música en los últimos 40 años…
Pero no. Lemmy NO está muerto. Eso es algo que siempre decimos cuando se va un grande de la música, o del cine, o de la literatura… Que siempre nos queda su legado, que su figura y su obra pervivirán por los siglos de los siglos, etc, etc. Pero en este caso, es más cierto que nunca. En pocas ocasiones hablar de “leyenda”, “mito” o “icono” se ajusta tanto a la verdad. Habitualmente es muy difícil discernir cuánto hay de fábula o ficción en algunas de las anécdotas más famosas de la historia del rock, pero me atrevo a decir que cuando hablamos de Lemmy, todas esas barbaridades que dicen que hizo, todas esas frases lapidarias que se le atribuyen, el 98%, tirando por lo bajo, son ciertas. Así que el muy cabrón se salió con la suya. No sólo nos deja una discografía inabarcable y cientos y cientos de recuerdos en forma de conciertos memorables, sino que es, desde ya y para toda la eternidad, un personaje legendario e inmortal, un Robin Hood del rock, borracho, drogata y follador compulsivo. Cuando mencionemos a partir de ahora eso de “sexo, drogas y rock n’ roll”, pensemos que él tuvo más sexo, más drogas y más rock n’ roll que nadie. No somos originales dedicándole este post, ni tampoco vamos a ser originales dedicándole este tipo de post. Tampoco somos los más rápidos. En estos días, todos nos hemos lanzado a recordar algunas de sus sentencias más inolvidables, y a rememorar una y otra vez los momentos más antológicos de su carrera. Pero es que, de la misma forma que sabíamos lo que íbamos a encontrarnos con cada nuevo disco de Motörhead, también sabemos que Lemmy no nos permite homenajearle de otra forma que no sea ésta. El post, de hecho, podría ser eterno, pero nosotros hemos decidido quedarnos con esto. Habría mucho más. Por suerte, tenemos toda la eternidad para seguir escarbando. Leer más…
Nuestras películas de 2015
2015 ha sido un año que pasará a la historia… y lo hará por muchos y diversos motivos. Podemos empezar señalando que la taquilla mundial ha sido asombrosa. Nada menos que cinco películas han batido este año la mítica cantidad de mil millones de dólares. Si a Disney le ha ido realmente bien en este apartado con las secuelas de «Los Vengadores» y «Star Wars», a los estudios Universal le han alegrado el año los estrenos de «Jurassic World», «Furious7» y «Los Minions». Pero, dejando a un lado las frías cifras (que poco o nada tienen que ver con la calidad de las historias estrenadas), también podemos asegurar que la cosecha del año 2015 ha sido excepcional. Cosecha en la que hemos celebrado un mayor protagonismo de papeles femeninos en muchos títulos, la doble visita de Pixar, los dinosaurios que también llegaron por partida doble (unos conquistando la taquilla y otros nuestros corazones) y, cómo no, el regreso de «Star Wars». Hemos contado con títulos dirigidos por algunos de los más afamados directores (Spielberg, Scott, Mann, Allen, Del Toro, Iñárritu, Miller, Zemeckis, J.J. Abrams, Branagh, Mendes, Bird, Fuqua, Ritchie, Amenabar…) y también de aquellos que ya han encontrado un hueco en nuestro presente y marcarán definitivamente nuestro futuro (Villeneuve, Garland, Maclean, Trevorrow, Blomkamp, Chazelle, Gilroy, etc).
De entre todos ellos, llegaba el momento de elegir las quince mejores historias, aquellas que más nos han marcado y sorprendido. Lógicamente, una lista acaba marcada por los títulos que la componen; pero también por sus ausencias. Son muchos los films que se han quedado injustamente fuera y todos nosotros, conductores del Cadillac, hemos lamentado tener que elegir a algunos de ellos, sabiendo que iba en detrimento de otros. No obstante, las críticas de estas quince películas finalmente seleccionadas, podríamos haberlas escrito con el bloqueo de mayúsculas activado, porque todas ellas son auténticas obras maestras, merecedoras de resaltar cada una de sus numerosas virtudes. Si algo tenemos claro es que ha sido toda una experiencia disfrutar de ellos y un placer aún mayor analizarlos para (y con) todos vosotros. Desde El Cadillac Negro os deseamos un 2016 lleno de buen cine. Leer más…






















