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«Drácula» de NBC: en tierra de nadie

21/11/2013

Dracula NBC series

¿Qué motivos pueden esgrimirse para resucitar por enésima vez a un personaje clásico del que se han perpetrado mil y una versiones y que es conocido por todo dios que tenga más de cuatro años? Un showrunner inteligente probablemente intente vender el producto asegurando que se trata de una aproximación distinta y nunca vista anteriormente, o de una actualización adecuada a nuestros tiempos, o simplemente, que lo que tiene entre manos es la interpretación definitiva de un mito. El responsable de programación de una cadena de televisión le escuchará atentamente, pero para sus adentros calculará rápidamente a qué tipo de público irá dirigido ese producto, si hay un mercado razonablemente favorable y si, en definitiva, puede alcanzar un buen índice de audiencia. En el caso de “Drácula”, ignoro qué habría sido de ella en las manos de la BBC o de HBO, pero bajo los auspicios de la NBC la nueva revisión del Príncipe de las Tinieblas parece quedarse en una incómoda tierra de nadie. Por una parte, no estamos ante una sobresaliente recontextualización del personaje en el siglo XXI como sí lo es el “Sherlock” protagonizado por Benedict Cumberbatch (otro caracter con cientos de revisiones a sus espaldas), aunque hay que admitir que algunas de sus modificaciones en la historia original pueden ser sorprendentes, e incluso cuestionadas por los más puristas (no sin razón, ya profundizaremos después); otras, sin embargo, parecen simples caprichos para hacerse notar. Por otro lado, por lo que hemos visto hasta ahora, aunque el interés parece ir in crescendo no alcanza el nivel de qualité capaz de saciar el paladar de los consumidores de los productos adultos más exquisitos de AMC, Showtime o HBO, pero lo cierto es que su ritmo, tramas y tono tampoco son los más óptimos para enganchar al apetitoso público juvenil. La propia NBC debe ser consciente de la indefinición de su serie y por eso la ha relegado al páramo de los viernes por la noche, uno de los peores días para el consumo televisivo.

Y no será porque la coyuntura no es favorable. El actual boom vampírico que comenzaron “Crepúsculo” en el cine y “True Blood” en televisión ha tenido continuidad con “The Vampire Diaries”, “The Originals” o  “Being Human”, por lo que subirse al carro recuperando al vampiro primigenio, al padre espiritual de todos ellos, en principio no parece una mala maniobra comercial. El problema con el Conde Drácula es que ha sido tan explotado por el cine, se le ha prostituido tanto, se le ha metido en tantos fregados de la peor calaña, ha protagonizado tantas aberraciones cinematográficas que a estas alturas cuesta tomárselo en serio. Da mucha pereza. ¿Drácula, otra vez? ¿En serio? Venga, ya… Y lo cierto es que a pesar de haber sido objeto de innumerables adaptaciones, el personaje original, aquel que escribió Bram Stoker en 1897, casi nunca ha sido capturado por la cámara con total fidelidad. Es paradójico que probablemente sea el “Nosferatu, el vampiro” (1922) de Murnau, una adaptación ilegal y mal disimulada de la novela, la obra que mejor refleja su espíritu y la que más se acerca a la descripción del vampiro que hizo el escritor irlandés, un viejo cadavérico de orejas puntiagudas y aspecto realmente repulsivo. Posteriormente, Bela Lugosi y Christopher Lee, los responsables de las representaciones más icónicas y reconocibles de Drácula, le añadieron el porte aristocrático, los modales exquisitos y la capa, pero su versión ya no era tanto la de Stoker como la de la obra teatral de Hamilton Deane y John L.Balderston sobre la que se basarían –más o menos fielmente- las películas más emblemáticas del Conde, desde la de 1931 de Tod Browning hasta la de John Badham de 1979, pasando por la de Terence Fisher en 1958. (Aquí podéis visitar nuestra galería sobre los distintos rostros que ha tenido Drácula en cine y TV a lo largo de la historia). Leer más…

Mujeres en pie de guerra

19/11/2013

Mujeres en pie de guerra1

Me he dado cuenta de que en El Cadillac Negro hablamos muy poco de artistas femeninas. De hecho, en 2013 no hemos publicado ni una sola reseña de un disco de una mujer. Y es algo que me molesta, porque puede dar la sensación equivocada de que para nosotros la música es solo cosa de hombres y que a las tías las dejamos en un segundo plano o directamente no les prestamos ninguna atención. Y bien, no podemos negar que un altísimo porcentaje de los discos que escuchamos son de solistas y grupos masculinos, pero también es verdad que, por cuestiones de falta de tiempo o porque han llegado a nuestras manos varias semanas después de su publicación o vaya usted a saber por qué, hemos dejado de escribir sobre algunas obras firmadas por chicas que pertenecen por derecho propio a lo mejor de esta temporada que ya agoniza. Así pues, sirva este humilde post como pequeño acto de desagravio hacia ellas.

Pero no, no vais a encontrar aquí a ninguna de esas artistas que se “pelean” por el trono de Madonna y cuyas carreras parecen milimétricamente diseñadas para provocar al personal y disputarse el número uno de las listas –aunque contamos con alguna que sí ha logrado disfrutar de las mieles del éxito masivo- , porque para leer sobre las andanzas de Lady Gaga, Miley Cyrus, Katy Perry, Rihanna, Britney Spears y las demás ya tenéis otros sitios mucho más adecuados que este blog. En cualquier caso, nosotros, que asistimos desde la barrera y con cierta distancia a esa “divertida” pugna, nos decantamos abiertamente por la Perry, que es la que parece tomárselo menos en serio (y además, ejem, es la que está más buenorra). Así que aquí nos concentraremos en una selección de intérpretes y compositoras, casi todas insultantemente jóvenes, que este año nos han entregado discos (algunos de ellos, de debut) que merecen mucho la pena y que han demostrado tener una personalidad propia y fuerte, ajena a imposiciones comerciales y a estereotipos ya muy gastados. Entre todas ellas abarcan desde el rock hasta el folk, pasando por el pop, el country, el soul, la electrónica y el punk. En un mundo perfecto ellas serían las auténticas reinas del cotarro, pero en el actual son solo mujeres en pie de guerra.  Leer más…

“La huida” a ninguna parte

15/11/2013

Deadfall - Eric Bana 1

No demuestran tener demasiado interés, ni confianza, ni expectativas los encargados de distribuir en España el debut estadounidense del austríaco Stefan Ruzowitzky cuando, además de estrenarlo con casi año y medio de retraso, le han endosado un título tan simplón y poco sugerente como “La huida”. Cierto es que el original, “Deadfall”, tampoco es la repanocha, y si les hubiese dado por la traducción literal, que podría ser algo así como “Caída mortal”, hubiese sido muchísimo peor. Y también es verdad que, básicamente, el film protagonizado por Eric Bana, Olivia Wilde y Charlie Hunnam lo que nos cuenta es eso, la huida de dos hermanos que, tras robar un casino, intentan alcanzar la frontera canadiense y, como era de esperar, la cosa se les complica. Una premisa sencilla que puede dar para mucho o para muy poco, según cómo se aborde y en qué manos caiga. En este caso, la balanza por desgracia se ha inclinado por lo segundo.

No es el de Ruzowitzky un nombre que le suene de nada al gran público por estos lares, aunque los cinéfilos de pro si le tendrán apuntado en sus agendas como ganador del Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 2008 con “Los falsificadores”, aunque su última película hasta la fecha, estrenada un año más tarde, fuese la alemana “Kika Superbruja y el libro de los hechizos” (ejem). Para su desembarco en Hollywood contaba en principio con un reparto atractivo (al trío protagonista mencionado más arriba habría que sumar a dos veteranos como Kriss Kristofferson y Sissy Spacek, que siempre vestirán bien allá donde los pongas, o una emergente Kate Mara) y un guión del debutante Zach Dean. Y por debutante digo debutante, pues el tal Zach, e IMDB no suele equivocarse en estas cosas, no ha escrito absolutamente nada anteriormente, ni un mísero corto, ni un capítulo de una serie, ni un programa para televisión… Y aquí es cuando uno se pregunta quién le debía un favor, o a quién conocía su papá. Y luego pasan las cosas que pasan, claro. Leer más…

‘Séptimo’: historia de una escalera

12/11/2013

septimo_Darin escalera

Alfred Hitchcock siempre ha sido uno de los directores más influyentes de la historia del cine y su vigencia no ha hecho sino crecer con los años. Sin ir más lejos, la cinematografía española ha acogido en los últimos tiempos un buen número de producciones que reflejaban muchos de sus hallazgos, pero pocas veces se ha dado el estreno tan consecutivo de dos homenajes tan claros al orondo genio como son ‘Grand Piano’, de Eugenio Mira, y ‘Séptimo’, de Patxi Amezcua. ¿Dejaron tanta huella los ciclos sobre el director que emitiera en mejores tiempos la televisión pública?, ¿avasallan las escuelas de cine españolas a sus alumnos con recurrentes proyecciones de ‘Vértigo’ o ‘Con la muerte en los talones’?…o ¿es que el modo de hacer ‘hitchcokiano’ es especialmente provechoso en estos tiempos de crisis para lanzar obras muy basadas en la unidad de espacio (con el consiguiente ahorro de costes), a las que les son suficientes una atractiva premisa y un par de nombres potentes en el reparto para atraer espectadores?

Lejos de poder dar un veredicto claro sobre estas reflexiones al vuelo, lo que está claro es que a Hitchcock le hubiera gustado una idea de base como la que presenta ‘Séptimo’: un hombre (Ricardo Darín) recoge a sus hijos en el piso de la mujer de la que está en trámites de separación (Belén Rueda) y baja en ascensor mientras sus retoños lo hacen por las escaleras. Una vez nuestro protagonista llega al bajo, sus hijos no están y, pasado un tiempo razonable, puede certificar su inexplicable desaparición. La tensión y el desconcierto no hacen más que crecer y crecer tanto p0r la constatación del suceso como por lo ridículo que resulta y lo exiguo del espacio en el que buscar. La película siempre nos sitúa desde el punto de vista de un padre ordinario superado por las extraordinarias circunstancias (un guiño, maestro) -con buena parte de la acción ocurriendo fuera de plano y narrada por medio de un móvil cuya batería echa humo- y vemos como se va agigantando su comprensible paranoia, acumulándose en su cabeza sospechosos sin parar. Comprobamos así la fragilidad de las relaciones humanas, lo fácil es que, con un solo click, nuestra mente eche fuera todos los pensamientos negativos que habíamos acumulado en el subconsciente sobre aquellos vecinos a los que sonreímos mientras hablamos del tiempo en el ascensor. Tampoco se sentiría mal el director de ‘Psicosis’ cuando viera ese explícito tributo en forma de plano cenital del protagonista corriendo desesperado entre una muchedumbre impasible (doble guiño, maestro). Leer más…

«Palosanto»: un Bunbury quizás desmejorado

06/11/2013

Bunbury_Palosanto Portada

Hace mucho tiempo que no es necesario ni pertinente mencionar a Héroes del Silencio en una crítica o reseña de un disco de Enrique Bunbury, lo cual demuestra hasta qué punto el aragonés errante ha logrado escapar a la leyenda de uno de los grupos más emblemáticos del rock español para forjar una trayectoria personal y distintiva, plagada de giros y vampirizaciones estilísticas y caracterizada por la permanente necesidad de una huida hacia adelante en busca de nuevos horizontes. A Bunbury le costó ser tomado en serio como artista con inquietudes más allá del mesianismo épico y grandilocuente de los Héroes, y al principio tampoco se lo pusieron fácil las legiones de talibanes de la banda que no aceptaban las drásticas mutaciones sonoras que hubo entre el último disco del grupo, “Avalancha” (1995), y su primer esfuerzo en solitario, “Radical Sonora” (1997), y después entre éste y el posterior “Pequeño” (1999). Pero a fuerza de terquedad e insistencia en seguir su propio camino (espantadas súbitas y reconciliación puntual con la banda incluidas), Bunbury ha terminado encontrando su propio nicho –demasiado peculiar para ser abrazado sin reparos por el mainstream,  excesivamente popular para ser aceptado por la comunidad indie-, y se ha ganado el respeto de la industria y de muchos aficionados, independientemente de que sus discos sean mejores o peores. Además, en una escena como la patria, tan huérfana de referentes a los que les siente bien la pose de estrella del rock con todo lo que ello conlleva, Bunbury sigue siendo un personaje necesario, y hasta imprescindible.

Yo confieso que, como muchos compañeros de mi generación, fui un bunbury adolescente. Al menos en los bares. Ya saben, éramos esos tipos que cuando sonaba una canción de Héroes del Silencio parecíamos entrar en una especie de estado mental y físico superior (ridículo, ahora lo puedo admitir), berreábamos engolando la voz aquellas crípticas letras (era importante no saltarse ni una sola línea para demostrar que nos las sabíamos de pe a pa), y hacíamos nuestro el dramatismo gestual y los tics propios de Bunbury. También recuerdo con cierta consternación el anuncio de la separación de los Héroes en 1996 pero, al contrario que otros, siempre vi con buenos ojos la carrera en solitario de su buque insignia. Aunque con el tiempo hasta el propio Bunbury ha renegado de él, “Radical Sonora”  me pareció en su momento el disco que tenía que hacer en aquella época (recuerden, los tiempos de la explosión del rock electrónico – Prodigy, Chemical Brothers, Garbage, los U2 de “Pop”-), y “Pequeño” me sorprendió muy gratamente con su atrevido giro hacia sonoridades mediterráneas y esencias folclóricas. Y aunque tengo la sensación de que “Flamingos” (2002) y “El viaje a ninguna parte” (2004) son las obras mejor valoradas por el seguidor medio de Bunbury, yo prefiero el giro hacia un espíritu más anglosajón de “Hellville de Luxe”  (2008) y “Las consecuencias” (2010). Cuestión de sensibilidades y de educación musical. En mi dieta habitual no suele haber margen para las especias de sabor panamericano, por ignorancia más que nada, supongo. Así pues, comprenderán que no me volviese loco su revisión del cancionero latinoamericano en “Licenciado Cantinas” (2011), aunque me sigue pareciendo un trabajo muy respetable, especialmente porque, al igual que sucedía en sus discos inmediatamente anteriores,  poseía un enfoque, una intención, un propósito. Cualidades que no veo tan claras en su nuevo y flamante “Palosanto”. Esta vez me encuentro a un Bunbury sin rumbo definido, quizás desmejorado. Leer más…

‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’: Buscando a Lennon desesperadamente

05/11/2013

Vivir es facil con los ojos cerrados

Es algo muy habitual. Eso de que un artista pase de un determinado registro a explorar otro totalmente diferente en su siguiente obra es tan frecuente como comprensible, cuando se ponen todos los sentidos en explotar los recursos de un género es natural sentir que ya no tienes nada más que aportarle y que prefieras tocar otros palos más refrescantes. Al igual que R.E.M. pasaron en apenas dos años de ‘Shiny Happy People’ a ‘Everybody Hurts’, David Trueba, tras encerrarse durante meses para rodar en un claustrofóbico cuarto de baño con apenas dos personajes la aclamada ‘Madrid 1987’, ha decidido volver a salir al mundo, respirar aire fresco y relajarse con su nueva obra, ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’ (precioso y evocador título). El problema es que esas ansias de pasar rápidamente de un extremo a otro hagan que te pases de frenada en el intento.

La quinta película de ficción del menor de los Trueba tiene un atractivo punto de partida: el idealista viaje en 1966 de Antonio, un modesto profesor de Inglés, a Almería con el objetivo de contactar con John Lennon, que rodaba en la piel de toro el filme ‘Como gané la guerra’ durante un decisivo ‘impass’ de The Beatles en el que comenzaría a pergeñarse la grandísima ‘Strawberry Fields Forever’, para pedirle que los cuatro de Liverpool comenzaran a incluir las letras de sus canciones en el ‘packaging’ de sus discos. La ocurrencia es doblemente atrayente para los ‘beatlemaniacos’ si tenemos en cuenta la escasez de referencias existentes en el cine español sobre los Fab Four.

Sin embargo, poco después de iniciarse el metraje se comprueba que esta premisa es poco más que un afortunado ‘mcguffin’; en cuanto ese entrañable profesor que enseña Inglés mediante las letras de Lennon y cía recoge en su trayecto a dos jóvenes autoestopistas nos damos cuenta de los verdaderos propósitos de Trueba: realizar una ‘road movie’ nostálgica e iniciática en forma de comedia dramática (sí, no pienso utilizar ese nuevo palabro llamado ‘dramedia’). Los dos jóvenes descarriados (un adolescente que huye de las rigideces de su hogar y una chica embarazada que escapa de la reclusión a la que la ha condenado su familia) encontrarán en Antonio un guía y un sostén en medio de su zozobra mientras recorren la tórrida Almería. Leer más…

“Sólo Dios perdona”: Winding Refn Reloaded

31/10/2013

Only God Forgives - Ryan Gosling

Cuando publicamos a comienzos de año el post en el que elegíamos nuestras películas favoritas de 2012, algunos se extrañaron al no ver en la lista “Drive”, de Nicolas Winding Refn, y lo cierto es que si no fue así fue porque, quizás, nos pasamos de estrictos y rigurosos. Es probable que la gran mayoría de los espectadores españoles descubriésemos el film protagonizado por Ryan Gosling durante el pasado año, esto es así, pero eso no quita que la película fuese estrenada en nuestro país el 28 de diciembre de 2011 y… bueno, así nos las gastamos, a veces, en este blog. Pero sí, si la hubiésemos dado categoría de cinta de 2012, sin ningún tipo de dudas no sólo hubiese acabado entrando en nuestra lista, sino que habría estado situada en los puestos más destacados. Y tampoco hubiésemos sido muy originales, pues el octavo trabajo del realizador danés, esa brillante, apabullante reinvención del género negro (aunque yo siempre defenderé que “Drive” es un western) cautivó a medio planeta y puso, de la noche a la mañana, a todos los críticos y aficionados cinéfilos comiendo de la mano de Winding Refn (a partir de ahora sólo Refn). Si a esto le sumamos la irrupción definitiva en la Primera División actoral de un Gosling que, tras la celebrada “Blue Valentine” (Derek Cianfrance, 2010), entregaba de una tacada el susodicho film y “Los idus de marzo”, de George Clooney (reseñada aquí), se entiende por qué tantos comenzaron a salivar ante la noticia de que ambos se reencontrarían en el siguiente proyecto del cineasta.

¿Cómo se explica, entonces, que “Sólo Dios perdona”, en su estreno en el pasado Festival de Cannes, el mismo lugar en el que “Drive” deslumbró dos años antes y Refn se llevó el premio al mejor director, provocase deserciones de la sala, abucheos, pataletas, y una repulsa casi generalizada del respetable? ¿Cómo entender semejante pinchazo, decepción tan mayúscula? Pues, la verdad, creo que no es tan difícil. Es posible que muchos abrazaran la figura del danés como si se tratase de un recién llegado, o un director novel de esos con un futuro prometedor por delante y aún mucho que demostrar, pero lo cierto es que, como decía más arriba, “Drive” era su octava película. Y “Pusher”, su ópera prima, fue filmada en 1996, y de eso hace ya 17 años. Quizás sea conveniente echar un vistazo a su filmografía y así se entienda todo un poco mejor. Yo tampoco me considero un erudito de su obra, sólo he visto la mencionada “Pusher” –reconozco que se me atragantó un poco, y que creo que me basta además para hacerme una idea de lo que podría encontrarme en “Pusher II: Con las manos ensangrentadas” (2004) y “Pusher 3: Soy el ángel de la muerte” (2005) –, “Bronson” (2008) y “Valhalla Rising” (2009) –y de estas dos últimas sólo puedo decir que las vi con una extraña mezcla de fascinación, estupor y hastío–. No he logrado hacerme ni con “Bleeder” (1999) ni con “Fear X” (2003), sus trabajos menos reconocidos, pero ahora dudo incluso que me hubiese animado a darles una oportunidad. Pero, aún con esas lagunas, creo que tengo el bagaje necesario como para afirmar que “Drive” no sólo es su mejor film, sino que resplandece como una excepción dentro de su cinematografía, un oasis, el único asidero accesible dentro de una producción dominada hasta ese momento por títulos de difícil digestión para el gran público, inmisericordemente anticomercial. Con “Sólo Dios perdona” Refn no hace más que retomar las cosas donde se quedaron antes de la película que le hizo mundialmente famoso, o incluso se empeña en llevarlas más allá.   Leer más…

«Reflektor» de Arcade Fire: art-rock en la pista de baile

29/10/2013

Arcade Fire_Reflektor cover

Que en la era de Spotify, las descargas instantáneas, las escuchas superficiales y los juicios apresurados nos encontremos con un disco que se resiste ferozmente a dejarse tomar las medidas a las primeras de cambio es todo un motivo de celebración, máxime cuando la banda que lo firma podría haberse conformado con entregar lo que se espera de ella y limitarse a satisfacer las demandas de su nutrida base de fans y de una industria que ya ha abrazado plenamente su propuesta. Hablamos, claro, de Arcade Fire, un grupo que desde el mismo arranque de aquel “Neighborhood # 1 (Tunnels)” con el que comenzaba el imprescindible “Funeral” (2004) nos lanzaba la promesa de estar ante algo especial, una explosión de sentimientos a flor de piel que destilaba euforia extática, pasión desbocada y toneladas de imaginación. “Neon Bible” (2007) renovaba esa promesa atiborrándola de grandilocuencia y barroquismo bien entendidos, y “The Suburbs” (2010) acertaba al rebajar un par de grados la intensidad para ampliar el espectro sonoro, lo que se tradujo en un superventas número uno tanto en EE.UU como en Reino Unido y un imprevisto Grammy al disco del año.

Tres años después, probablemente todos habríamos firmado una secuela estricta de “The Suburbs”, pero Arcade Fire, desde su atalaya de adalides de la sublimación de la épica rock con coartada indie, han optado por preguntarse hacia dónde era pertinente seguir creciendo y someterse a un ejercicio de búsqueda y exploración que pone a prueba su propia capacidad para reinventarse y la de sus seguidores para aceptar esa transformación. Con el recuerdo en el retrovisor de la mutación de Ziggy Stardust en The Thin White Duke, o de U2 talando el árbol de Joshua en “Achtung Baby”, la banda de Win Butler y Régine Chassagne propone en “Reflektor” una versión inédita de sí misma, usando nuevos colores en su paleta pictórica, inyectando sano hedonismo y riqueza poliédrica a un conjunto de canciones que busca el maridaje perfecto entre el art-rock y la pista de baile. La influencia de James Murphy, gurú de la modernidad al frente del sello DFA y de LCD Soundsystem, es palpable, sí, especialmente a la hora de transmitir a la banda su habilidad para robar de los mejores y hacerlo con clase, esquivando el pastiche a base de ironía, distanciamiento e inteligencia. Y todo ello conservando en el fondo la vehemencia emocional que siempre ha caracterizado a Arcade Fire. Leer más…