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Blind Melon en Madrid: nostalgia bien entendida

12/11/2012

Hay muchos tipos de conciertos. Hay unos a los que se va casi por rutina, un grupo que te gusta llega a tu ciudad en el clásico ciclo disco-gira-disco-gira y es ya una especie de tradición ir a verlo cada dos/tres años. Otros son los del tipo evento, aquellos, generalmente de grandes proporciones, que de tanta expectación que generan parece casi un crimen el perdértelo aunque la banda no sea una de tus predilectas. Hay otras veces que llega el típico grupo que está en la cresta de ola y al que vas a ver para poder adoptar en el futuro esa pose altanera al decir «yo estuve allí». A otros, sin embargo, los más emotivos, se acude con la intención de apoyar y mostrar tus respetos a un grupo que te ha marcado y que no ha obtenido la merecida recompensa. Ese fue el caso del primer recital en Madrid en la historia de Blind Melon.

Mira que hay músicos a los que el destino les ha deparado un injusto infortunio, pero seguramente el caso de Brad Smith, Christopher Thorn, Roger Stevens y Glen Graham sea de los más signicativos. Quisieron los dioses de la música que estos cuatro grandes instrumentistas llegasen a principios de los años noventa a Los Angeles para intentar labrarse un camino como músicos y se juntaran con un tal Shannon Hoon, un sensible chico de Indiana (amigo íntimo de Axl Rose, ¡mira que hay que ser buena persona para eso!) que resultó ser uno de los cantantes más personales y carismáticos de la historia del rock. Blind Melon se llamó la banda resultante de esta unión y, pese a practicar un rock a medio camino entre los años 60 y 70 con gusto por las jams y cierto aire hippie, algo nada en boga en aquellos días, lograron el éxito planetario con su primer disco, ‘Blind Melon’, y uno de esos ‘singles’ que por aquellos tiempos tan añorados no cesaba de emitirse en las televisiones mayoritarias hispanas, ‘No Rain’. Al debut le siguió ‘Soup’, un disco que cosechó un menor éxito pero que consolidaba a la banda como una de las más interesantes de la época, abriendo su sonido a infinitas posibilidades. Sin embargo, cuando la madurez llamaba a la puerta, con todos sus integrantes adquiriendo una palpable solvencia como compositores e instrumentistas y dejando atrás las peligrosas consecuencias en forma de adicciones del suceso masivo, una maldita sobredosis de cocaína se llevó en 1995 a Hoon y, con él, todo el proyecto de la banda, que apenas duró algún año más para poder sacar a la luz ‘Nico’, un emotivo tercer disco compuesto de material que el grupo había dejado inédito. Según iban transcurriendo los años, dolía ver cómo semejantes músicos estaban privados de brillar en la escena debido a la enorme losa que supuso esa tragedia. Sin embargo, llegaron a la luz al final del túnel en 2006, cuando anunciaron su regreso con un nuevo vocalista, Travis Warren. Obviamente, nada podría ser igual pero era justo que Smith, Thorn, Stevens y Graham se beneficiaran del enorme legado que habían creado años atrás. Desde la dignidad más absoluta superaron con nota el duro reto que supuso ‘For my Friends’ (2008), su primer disco sin Hoon, y, con cuentagotas y alguna separación temporal, retomaron su actividad en directo, lo que poco a poco nos ha llevado en 2012, cuando se cumplen 20 años desde la salida de ‘Blind Melon’, a su primera gira española, tras una presencia en el Azkena Rock. Un primer periplo nacional ansiado desde años por unos cuantos fans irredentos, de los que me honro formar parte, dispuestos a mostrar todo nuestro agradecimiento y nuestro apoyo a semejantes artistas. Y a disfrutar de su música, claro… Leer más…

Señor Presidente (Volumen Two)

12/11/2012

Acostumbrados como estáis a los largos parones entre las temporadas de vuestras series favoritas, y a soportar las eternas esperas entre cada novela de la saga “Canción de hielo y fuego”, cada discazo de Aerosmith o cada inapelable obra maestra de Terrence Malick, confío en que hayáis llevado razonablemente bien las ansias desmedidas por leer esta segunda y, por desgracia, última entrega de la serie “Señor Presidente”, conocida también popularmente en la red como ‘el especial que llega tarde y mal’.

Y es que, a lo tonto, ha pasado ya casi una semana desde que se celebraron las quincuagésimo séptimas elecciones presidenciales en Estados Unidos y la gente poco a poco se ha ido olvidando del tema, y de la expectación con la que vivimos el enfrentamiento entre nuestro amigo Barack Obama y el otro… el mormón éste… el tipo que competía contra él. Así es, amigos, la historia se olvida de los perdedores, no tiene piedad con ellos, y de hecho ahora sólo nos acordamos de Al Gore porque se curró un documental que ganó un Oscar, y de Sarah Palin (que no fue candidata como tal, sino que acompañaba como ‘número dos’ a ese señor mayor que a mí me recordaba a Charlie Chaplin de viejo) porque protagonizó un ‘reality’ en el que salía escalando, pescando o cargándose a un bonito reno a balazos. Pero, al margen de las increíbles parodias televisivas a cargo de Tina Fey y de alguna película porno, a nadie se le ha ocurrido hacer un film serio y decente sobre la ex gobernadora de Alaska. Eso es algo reservado para los elegidos, para aquéllos que se ganan el derecho a vivir durante cuatro u ocho años en la Casa Blanca. Nuestra primera entrega estuvo centrada en las encarnaciones cinematográficas y televisivas de los presidentes históricos más relevantes de Estados Unidos y ahora toca hablar de…  Leer más…

Señor Presidente (Volumen One)

10/11/2012

Por 25 pesetas: Grandes espectáculos planetarios que se celebran cada cuatro años. Un, dos, tres, responda otra vez… ¡Los Juegos Olímpicos! ¡El Mundial de fútbol! ¡La Eurocopa! ¡Las Elecciones en Estados Unidos! Estoooo… ¡las elecciones en España! ¡¡¡¡GÑÑÑÑÑÑÑÑÑÑ!!!! ¡Habíamos dicho ‘grandes espectáculos planetarios’, no ‘tristes espectáculos que cada vez le importan menos a la gente’! Bueno, roto ya el hielo con este ¿chiste? absurdo y sin gracia, entramos de lleno en un post, que, como sois tremendamente avispados, viene a rebufo de las recientes elecciones norteamericanas. De nuevo, tras otra noche de infarto… ¿Qué? Ya, que en realidad al final no fue para tanto, ¿no? Bueno, pues eso, que como siempre, el decisivo estado de Ohio… ¿Cómo? ¿Que este año ni decisivo ni hostias? Vale, pues… ¡Que ganó otra vez Barack Obama! Y en El Cadillac Negro nos alegramos, porque Obama mola, parece un actor de Holywood, de esos que siempre hacen de héroe, o un ex jugador de la NBA. Y además ya nos hemos acostumbrado a él, que aquí somos muy de acostumbrarnos a las cosas y cogerles cariño. Y tener que pillarle ahora el punto al Romney ese, y ya no digamos habituarnos a él, nos daba como pereza. Que el tipo venía ya con un poco de cara de ‘looser’, así que no nos valía ni como ‘buen villano’. Si acaso el jovenzuelo ese que traía como vicepresidente, ese sí que se gasta pinta de cabrón. Pero no, nos quedamos con Obama. Con el ‘bronceado’ Obama, como dijo en su momento el irrepetible Silvio Berlusconi, otro espécimen que parece salido directamente de una película.

Ahí queríamos llegar. A la delgada línea que separa, muchísimas veces, la realidad de la ficción. Y es que hay pocos personajes reales que produzcan más fascinación y resulten más peliculeros que el Presidente de Estados Unidos, y por supuesto el cine o la televisión no han podido ni han querido ignorar nunca este hecho. Así que, en un alarde de originalidad, porque lo deben haber hecho ya unos quince millones de blogs antes que nosotros, nos ha dado por echarle un vistazo a cómo ha sido reflejada esta figura, tanto en la gran como en la pequeña pantalla, a lo largo de la historia. Presidentes históricos y presidentes ficticios. Grandes celebridades y nombres que apenas nos suenan por estos barrios. Fieles recreaciones y caracterizaciones grotescas. Radiografías profundas y chuscas parodias. Héroes sin mácula y bellacos deleznables. Individuos de carne y hueso y personajes improbables. De todo nos encontramos cuando hacemos un repaso a los mandatarios norteamericanos más notables de la cosa esta de rodar películas y hacer series, pero en este primer volumen hemos decidido centrarnos en…  Leer más…

«Argo»: Ben Affleck al rescate… de Hollywood

08/11/2012

Cuando Ben Affleck y Matt Damon saltaron a la fama allá por 1997 por el Oscar ganado por el guión de ‘El indomable Will Hunting‘ no tuve dudas a la hora de elegir mi miembro favorito de la dupla. Mientras que Damon me recordaba cúanto odiaba al sabelotodo protagonista de la citada cinta, Affleck ya lo tenía apuntado en la agenda previamente por su brillante papel en, creo que ya sabéis lo que me gusta esta película, ‘Persiguiendo a Amy’. Sin embargo, a medida que Affleck se emborrachaba con su creciente fama, protagonizaba filmes tan poco estimulantes como ‘Pearl Harbor’, ‘Daredevil’ o ‘Una chica de Jersey’ y protagonizaba un horterísimo romance con Jennifer López y que Damon mostraba una creciente inteligencia a la hora de elegir proyectos y acababa convirtiéndose en un buen actor (no hay más que comprobarlo en la infravalorada ‘El soplón!’ de Steve Soderbergh), no tardé en tener que tragarme el orgullo y reconocer que me había equivocado en mis preferencias. Sin embargo, en 2007 y cuando menos lo esperaba nadie, Affleck se pasó a la dirección y debutó con una obra tan sólida como ‘Adiós, pequeña, adiós’ a la que siguió en 2010 la también estimulante ‘The Town’, lo que, al mismo tiempo que Damon parecía tomarse un descanso y ocupar una posición menos relevante en el firmamento hollywoodiense, me hizo volver a venirme arriba y confirmar aquello de que la primera impresión es la que cuenta. Sensación que ahora queda refrendada con la nueva y tercera película de Affleck como director, una ‘Argo’ que confirma definitivamente que estamos ante un cineasta de verdadero peso.

Si hay algo que admiro de Affleck como director es su sensatez. Consciente de que aún es un recién nacido a la profesión, nuestro renacido protagonista ha decidido refugiarse en lo que parece su género favorito: el thriller de aires setenteros (con innegables influencias de, entre otros, Sidney Pollack y Sidney Lumet y palpable paralelismo con su amigo y coproductor de ‘Argo’, George Clooney). Asimismo, elige historias potentes y bien escritas a las que no tenga que salvar para que su labor de dirección sirva, más que para aupar la película, para dejar fluir y respirar un argumento autosuficiente. Si ya en ‘Adiós, pequeña, adiós’ eligió para su debut adaptar una novela de uno de los grandes de la novela policiaca, Dennis Lehane, ahora en ‘Argo’ ha dado en el clavo, contando una de esas historias en las que la realidad deja a la altura del betún la imaginación de muchos guionistas. Ambientada en una de las épocas que más consecuencias y geopolíticas han conllevado (y conllevan) en los últimos años, el derrocamiento del Sha y la crisis de los rehenes en Irán,  el filme cuenta la rocambolesca e inaudita operación de rescate de seis ciudadanos estadounidenses que lograron huir del asalto a la embajada norteamericana y refugiarse en la de Canadá. La situación supera a Washington y a la CIA, que termina recurriendo a un agente experto en rescates llamado Tony Méndez (Ben Affleck), que idea una operación para sacar de Irán a los seis estadounidenses basada en que se hagan pasar por los integrantes de un equipo de filmación de una producción de Hollywood que buscan localizaciones en el país asiático. Leer más…

Loquillo y «La nave de los locos»: Rock’n’roll actitud

07/11/2012

Todo dios conoce a Loquillo en este país. A todo el mundo le mola echar un vistazo a los explosivos y polémicos titulares que suele dejar en sus entrevistas promocionales o en sus chats en medios digitales hablando del Gobierno, de Catalunya, de ‘Operación Triunfo’, de los “indies”, de la SGAE o de lo que se tercie, pero  muchos menos son los que prestan atención su música. Para una gran mayoría, el Loco es aquel entrañable rockero de los años 80 que hace mucho tiempo que no suena en la radio y que a base de declaraciones divertidamente provocativas que a veces ponen el dedo en la llaga y una actitud calculadamente prepotente y chulesca ha conseguido mantener de algún modo su presencia mediática. Un icono del pasado, como Miguel Ríos o Ramoncín, al que se atiende más por lo que en algún momento significó que por lo que pueda ofrecer actualmente. Pero para  una fiel minoría José María Sanz es, más allá de sus contradicciones, fantasmadas y verdades como puños, uno de los grandes personajes del rock’n’roll patrio, no solo del pasado sino del presente. Un artista que ha sabido reinventarse una y otra vez, arriesgando, volviendo al redil y arriesgando de nuevo hasta convertirse en una de las figuras más insobornables, inquietas e independientes del panorama actual, amén de uno de los frontmen definitivos de la historia del rock en español, con un carisma, actitud y presencia que para sí quisieran muchos artistas, nacionales o extranjeros, que parecen salir al escenario pidiendo perdón por existir.

Pocos, muy pocos músicos en este país pueden presumir de un repertorio como el del gigante de Clot. Porque al contrario que casi todas las viejas glorias ochenteras españolas, el Loco es mucho más que los imbatibles hits que perpetró en aquella época dorada de la música patria codo con codo con Sabino Méndez. Asistir a un concierto suyo, ya sea gratuito o de pago (durante mucho tiempo yo solo vi al Loco en fiestas populares de barrio sin soltar un duro, y hasta me vanagloriaba de ello) es siempre una celebración festiva del poder popular y curativo del rock’n’roll. Temas míticos como “Cadillac solitario”, “Ritmo de garaje”,  “La mataré”, “El rompeolas”, “Rock suave” o “Rock & roll star” pertenecen a la memoria colectiva de toda una generación, y por sí solos son capaces de poner cualquier recinto patas arriba. Pero lo sorprendente es que piezas más recientes de su repertorio que nunca sonaron en los 40 Principales (“Feo, fuerte y formal”, “Las chicas del Roxy”, “Rock’n roll actitud”, “El hijo de nadie”, “Memorias de jóvenes airados”, “Cruzando el paraíso”) funcionan igual de bien y demuestran que pocos o ningún contemporáneo suyo ha sabido madurar y envejecer con tanta clase como Loquillo. Leer más…

Howlin’ Rain y Baroness muestran sus credenciales al trono

06/11/2012

Hace unos meses, mi compañero Jorge nos recordaba, y daba tres buenos ejemplos, de que, pese a que el rock no esté en lo más alto de las apetencias populares en los últimos años, siempre quedan grupos y discos que reivindicar y que, más allá de coyunturas, la buena música no deja de surgir. Bien, este comentario puede servir para definir con exactitud los últimos lanzamientos de dos grupos provenientes del ‘underground’ y que, merced a la calidad de sus trabajos, deberían tener la oportunidad de jugar en Primera División: Howlin’ Rain y Baroness.

En principio, ambos grupos no tienen mucho en común para compartir post. Si Howlin’ Rain se definen por explorar el rock de los años 60 y 70 con una vertiente psicodélica, Baroness surgen de la rica escena metalera que ha dado en los últimos años el sur estadounidense, caracterizadas por añadir al trash clásico una lentitud y densidad procedente del doom y del stoner, además de un espíritu progresivo que hacen pensar que nunca han desdeñado a bandas del calibre de Pink Floyd o King Crimson. Sin embargo, los dos grupos han apostado en sus discos de 2012 por dar una concreción a sus anteriores divagatorias canciones y una amplitud de miras con los que, además de firmar dos grandes álbumes, poder dar un salto de popularidad y acercarse a un público más o menos masivo. Leer más…

“Music from Another Dimension!”, ¿el triste epitafio de Aerosmith?

05/11/2012

¿Estamos ante la tercera venida de Aerosmith? Esa era la pregunta que lanzaba mi compañero Alberto a principios del mes de agosto, y tenía motivos de sobra para planteársela. Él ya lo explicó de forma inmejorable entonces, así que yo abreviaré y me limitaré a señalar que el quinteto de Boston no sólo pasará a la historia, ya lo ha hecho, como una de las mejores bandas norteamericanas de hard rock de todos los tiempos, sino que puede presumir de haber gozado de dos épocas de gloria bien diferenciadas, la primera durante buena parte de los 70 y la segunda, mucho más meritoria, a partir de finales de los 80, llegando entonces a volar más alto que nunca cuando unos años antes la nave parecía hundida y prácticamente enterrada. Pero como los caminos del rock son inescrutables y muy, muy traicioneros, esa segunda juventud de Aerosmith fue lenta pero inexorablemente marchitándose, hasta extinguirse casi por completo en 2001 con el que era, hasta ahora, el último álbum en estudio con temas originales de la banda, “Just Push Play”. El peor disco, con diferencia, de su carrera. Un monumental mojón. La cosa no mejoró durante la primera década del nuevo milenio, con los fans implorando la llegada de un nuevo álbum que devolviese al grupo al lugar que, creíamos, le correspondía, y encontrándonos en cambio con la publicación de “Honkin’ on Bobo” en 2004, que no pasaba de ser una colección de versiones de clásicos del blues, así como un sinsentido de recopilatorios y directos, y una inagotable y grotesca sucesión de peleas, piques y enfrentamientos en el seno de la banda (impecablemente detallados en la entrada de Alberto) que estuvieron muy cerca de mandar definitivamente al grupo al infierno. En cualquier caso, decir que en los últimos años las aguas han vuelto a su cauce igual es muy osado, pero sí que se han tranquilizado lo suficiente para que, tras incontables retrasos, por fin podamos escuchar el primer álbum de estudio con nuevo material de los de Boston en once años, “Music from Another Dimension!”.

Las esperanzas de Alberto de poder asistir a un nuevo resurgimiento del grupo, compartidas por muchos, yo entre ellos, pasaban por ese single de adelanto, “Legendary Child”, que efectivamente dejaba muy buenas sensaciones. Desde entonces, y durante los últimos tres meses, poco a poco se han ido revelando muchas pistas del nuevo lanzamiento, desde pequeños fragmentos a temas completos, pero yo he ido huyendo de ellos como de la peste y llego a este “Music from Another Dimension!” (a partir de ahora “MFAD!”) lo más virgen y limpio posible, con muchísimas ganas de poder responder por fin a la pregunta de mi compañero y, sobre todo, con una ilusión enorme de que la respuesta sea positiva. Así que, una vez más: ¿estamos ante la tercera venida de Aerosmith?. Pues me jode en el alma tener que admitirlo, pero me temo que NO. Desconozco si el disco les devolverá la presencia y el impacto mediático que buscaban, pero en el plano musical no concibo que “MFAD!” pueda medirse ni remotamente en el corazón de sus seguidores con sus mejores trabajos. Si acaso me atrevo a decir que no es un completo despropósito como “Just Push Play”, pero eso no es gran cosa. Es más, tras el tiempo invertido y el largo cúmulo de vicisitudes por las que han pasado para poder parir este disco, no sería nada extraño que fuese el último de su carrera, y si es así, por desgracia nos encontraríamos ante un triste epitafio.  Leer más…

Neil Young & Crazy Horse caminan como gigantes en «Psychedelic Pill»

02/11/2012

Los seguidores del “caballo loco” estamos de enhorabuena. Si hace unos meses Neil Young convocaba de nuevo a Frank “Poncho” Sampedro, Billy Talbot y Ralph Molina para pervertir un puñado de clásicos atemporales del folk estadounidense en “Americana” , reseñado aquí , ahora el genio canadiense y Crazy Horse nos entregan su primera colección de temas nuevos desde “Greendale” (2003) –disco en el que no participó Sampedro-, y una de sus obras más extensas y contundentes – nueve cortes repartidos en dos CDs y una duración que roza la hora y media- , posiblemente también (aunque el tiempo dará o quitará razones) una de las mejores. ¿Se imaginan en 2012 a Bob Dylan publicando algo parecido a “Blonde on blonde” o a Bruce Springsteen recuperando el sonido de “Born to run”? Pues por ahí van los tiros, porque  “Psychedelic Pill” conecta directamente, más que ningún otro disco de Young en los  últimos lustros, con la pasión eléctrica desbocada, la pulsión febril y el fuego incontrolado de “Everybody knows this is nowhere”, “Rust never sleeps” o “Ragged glory”. Tan enorme resulta “Psychedelic pill” que en comparación “Americana” se antoja ahora, quizás injustamente, como un mero calentamiento, el aperitivo que precede al suculento plato principal.

A sus 67 años, Young atraviesa una fase de recapitulación, porque “Psychedelic pill” parece una especie de banda sonora del libro autobiográfico “Waging heavy peace”, que también se publica estos días en EE.UU, como si echase una mirada melancólica a través del retrovisor hacia sus orígenes, a tiempos pasados y viejas batallas ganadas y perdidas. El espejo devuelve la todavía imponente figura del “caballo loco”, más viejo y cascado sí, pero aún bello y salvaje. Podría objetarse que “Psychedelic pill” es una repetición  demasiado evidente de los viejos esquemas, que está sustentado en melodías y riffs que recuerdan en exceso a sus grandes clásicos, pero el sonido de Crazy Horse sigue siendo tan vibrante y emotivo, está tan rebosante de vehemencia e intensidad, que sumergirse en sus corrientes galvánicas nunca será una experiencia rutinaria. Muy al contrario, se antoja más necesaria que nunca en estos tiempos en los que el rock está perdiendo su olor a sangre y azufre, acorralado por un mainstream cada vez más superficial. Leer más…