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‘Screaming for Vengeance’ de Judas Priest: 30 años del molde perfecto del heavy metal

28/11/2012

El heavy metal es, seguramente, el género musical al que le han salido más subgéneros (metalcore, nu metal, black metal, trash metal, death metal, metal sinfónico y un larguísimo etcétera), lo que, unido a su también tradicional confusión con el hard rock, puede hacer difícil desentrañar qué es heavy metal de verdad. Pues bien, la respuesta es fácil, el heavy metal es, simple y llanamente, el ‘Screaming for Vengeance’ de Judas Priest, un absoluto clásico que cumple 30 añitos, con edición conmemorativa incluida, hecho un chaval.

Puede que esta afirmación tan tajante también pueda aplicarse a obras maestras posteriores como ‘Defenders of the Faith’ o ‘Painkiller’, pero ‘Screaming for Vengeance’ es el primer disco de la banda británica en aglutinar con perfección todas sus características y crear el molde perfecto en el que se basaría buena parte de su trayectoria posterior. Judas Priest llegaban a 1982 ya plenamente asentados en el mundo del rock tras unos inicios, desde mediados de los 70 hasta 1980, en los que habían ido mutando su primigenio sonido muy influido por el blues y el hard rock hasta convertirse en uno de los pioneros del heavy metal con una innegable influencia de Black Sabbath y en uno de los grupos, junto a Motorhead, de dureza más extrema en aquella época (aunque también exploraban con éxito las baladas y los medios tiempos). Sin embargo, su primera gran eclosión hacia la fama no llegó hasta su otro gran clásico, ‘British Steel’, en el que se metieron en terrenos mucho más cercanos al hard rock y en el que exploraron de manera perfecta la inclusión de ganchos comerciales, dando lugar a clásicos atemporales como ‘Breakin’ the Law’, ‘Living after Midnight’, ‘United’ o ‘Metal Gods’. Esta evolución hacia un sonido mucho más pulido en el estudio les proporcionó un éxito sin precedentes en Gran Bretaña y el resto de Europa. Sin embargo, el goloso mercado estadounidense se les seguía resistiendo. Ese sería su próximo objetivo, 1981 albergó el siguiente intento. La banda se marchó a Ibiza para grabar, en una situación idílica, »Point of Entry’, un disco en el que, si bien la dirección musical apenas variaba, el sonido era mucho más natural y menos ambicioso. No se puede calificar de menor un trabajo que contiene canciones tan grandes como ‘Heading out to the Highway’ o ‘Hot Rockin», pero estaba claro que quedaba lejos de la maestría de ‘British Steel’. El prestigio de la banda era tan grande que ‘Point of Entry’ no supuso retroceso alguno y, de hecho, las ventas fueron bastante buenas, pero no se había logrado subir el peldaño norteamericano. Eso llegaría al año siguiente. Leer más…

«Vegas», Cowboys vs Gangsters

27/11/2012

No solo de “Mad Men”, “Breaking Bad”, “Homeland” o «Juego de tronos» vive el espectador de paladar exigente. Cada nueva temporada televisiva nos trae un puñado de producciones que se suman a la oferta y hay que estar atentos, no sea que nos vayamos a perder alguna obra maestra en ciernes entre tanta candidata a la cancelación antes de tiempo.  En ese sentido, “Vegas” es una de esos productos que llaman poderosamente la atención cuando son exhibidos en el escaparate. Una historia desarrollada en un lugar y una época tan apasionantes (cinematográficamente hablando) como Las Vegas en los años 60, un guionista como Nicholas Pileggi (responsable del libreto de referencias ineludibles del género mafioso como “Uno de los nuestros” o “Casino”), un director competente aunque no excepcional como James Mangold para el capítulo piloto, y un reparto con varios nombres conocidos (Dennis Quaid, Michael Chiklis, Carrie-Anne Moss, Sarah Jones). Solo hay un pequeño problema: se emite en el canal público CBS. Este mismo material en manos de HBO o AMC daría para un drama criminal complejo y profundo en la línea de “Boardwalk Empire”, pero bajo el auspicio de un canal convencional  el riesgo, la originalidad y la ambición creativa cotizan a la baja en favor de la efectividad comercial y el entretenimiento sin demasiadas aristas. Por tanto, “Vegas” es menos, muchísimo menos, de lo que habría podido ser en otras circunstancias, pero tampoco es una serie totalmente desdeñable.

La producción de Greg Walker se centra en las andanzas del sheriff Ralph Lamb, un personaje que realmente existió y que fue una figura clave en los albores de la denominada «ciudad del pecado», dedicándose durante todo su mandato a pararle los pies a la incipiente mafia y a la defensa inquebrantable de la ley. El Lamb televisivo –encarnado por un Dennis Quaid que pretende ser tan duro y lacónico como Clint Eatwood pero que tiene más en común con el rictus confuso y pasmado del Harrison Ford de los últimos tiempos- es un cowboy  de la vieja escuela y un defensor a ultranza de los valores tradicionales que vive de su rancho junto a los suyos (el hombre es viudo)  hasta que el alcalde de la ciudad requiere sus servicios temporales como ranger. En frente tendrá a Vincent Savino, hombre de confianza de la mafia de Chicago que llega al desierto de Nevada para exprimir al máximo las enormes posibilidades que ofrece la ciudad para los negocios más o menos legales. El conflicto entre la sana vida rural anclada en las raíces, los espacios abiertos y el sombrero fedora, y la modernidad imparable que representan los lujosos casinos, los chanchullos al margen de la ley y los elegantes trajes negros hechos a medida es el motor principal de una nave que bajo un chasis imponente (el diseño de producción y vestuario son impecables) esconde serios problemas de fiabilidad. Leer más…

Band of Horses y ‘Mirage Rock’: la manada se relaja

23/11/2012

Nunca me ha gustado esa máxima que afirma que para que hagan grandes obras, los artistas tienen que haber sufrido antes. No creo que un disco tenga que ser necesariamente mejor por el hecho de que en el grupo en cuestión se haya vivido un desengaño amoroso, haya habido discusiones entre sus miembros, haya vivido el fallecimiento de alguno de sus familiares o esté viviendo los rigores de una crisis económica, siempre he querido creer que un buen artista no necesita de estos ‘incentivos’ externos y se basta con su talento para parir una obra maestra pese a vivir un momento de plenitud. Sin embargo, hay casos que me hacen replantearme esta convicción, siendo el último de ellos el esperado nuevo disco de Band of Horses, ‘Mirage Rock’.

Pocas bandas han sufrido tal tremendo baile de miembros como los de Seattle, que se han quedado prácticamente como un proyecto de su inconfundible vocalista, Ben Bridwell. Sin embargo, no le ha ido nada mal a la banda. En 2006 consiguió con ‘Everything All the Time’ uno de los mejores debuts de la década pasada (con joyas tan memorables como ese clásico llamado ‘The Funeral’ o ‘The First Song’). La melódica y preciosa voz de Bridwell caracterizaba a una banda que, mediante una estimulante mezcla de guitarras densas, motivos acústicos y melodías ensoñadoras infalibles, lograba recordar tanto a clásicos como Neil Young como a actuales renovadores del rock americano como My Morning Jacket. El clamor crítico empujó a unas más que aceptables ventas, pero ésto produjo, paradójicamente, un efecto indeseado en el grupo: la presión por superar ese éxito llevó a que el grupo experimentara notables tensiones antes del lanzamiento al año siguiente de ‘Cease to Begin’, un gran disco acogido demasiado severamente por una crítica que parecía esperar una obra maestra. No lo es y ni siquiera llega al altísimo nivel del debut, pero se trataba de otra demostración, algo continuísta, eso sí, de que estábamos ante una banda importante (y si no me creen, intenten escuchar ‘Is There a Ghost’ o ‘No One’s Gonna Love You’ sin estremecerse). Nuevos cambios en el grupo y una profunda depresión de Bridwell fueron los antecedentes de la salida en 2010 de ‘Infinite Arms’, su explosión comercial. Sin grandes cambios, aunque con una tendencia a una mayor variedad y accesibilidad, su tercer disco volvía a demostrar un gran nivel. Para mi, este álbum significa ‘Factory’, en mi opinión, una de las canciones más bellas que ha parido este siglo XXI. Al lado de tamaño monumento a la melodía, el resto de los temas no desmerecían en absoluto y, por ejemplo, ‘Laredo’ se convirtió en un pequeño ‘hit’ masivo. Compartiendo muchas de las virtudes pero sin ser tan vanagloriados como los más exploradores My Morning Jacket o los más melódicos y psicodélicos Fleet Foxes, Band of Horses se hicieron un hueco entre medias de ellos como el grupo más exitoso de esta renovación del rock americano, merced, seguramente, a ser más digestibles para el público masivo, logrando una nominación a los premios Grammy a Mejor Disco de Rock Alternativo. Leer más…

El cine del siglo XXI (IX): «Mystic river» y «Million Dollar Baby»

22/11/2012

Pocos cineastas despiertan hoy tanto consenso y concilian el respeto reverencial de crítica y taquilla como el octogenario Clint Eastwood. El viejo maestro ya está por encima del bien y del mal. Aunque solo fuera por sus icónicos el hombre sin nombre (aka el Rubio, aka el Manco, aka el Bueno, aka el Extraño, aka Predicador) y el inspector Harry Callahan y sus diversas variaciones, el de San Francisco ya tendría un hueco en la leyenda del cine, pero desde 1971 Eastwood  ha desarrollado una prolífica carrera como director (a un intenso ritmo de casi una película anual, a veces dos; alternando lo personal con lo alimenticio) que aunque tardó en ser valorada en su justa medida no tuvo más remedio que ser reconocida de manera unánime con el estreno en 1992 de “Sin perdón”, aquel crepuscular epitafio  del western con el que se despedía del género al que tanto debía. A partir de ese hito los estudiosos del cine se vieron forzados a reevaluar la dimensión del Eastwood director, cuya obra, áspera y dura pero inesperadamente sensible y emocionante, funciona como un espejo de la sociedad estadounidense y de sus raíces firmemente ancladas en la violencia. Al mismo tiempo, la claridad expositiva y concisión narrativa de títulos posteriores tan notables como  “Un mundo perfecto” (1993), “Los puentes de Madison” (1995) o “Medianoche en el jardín del bien y el mal” (1997) presentaban motivos de peso para que el cineasta fuese considerado uno de los últimos clásicos vivos, si no el último.

Eastwood entraba en el nuevo milenio con un currículum como director de casi 30 años que ya justificaba toda una carrera, pero probablemente ni el más optimista pensaba que, entre títulos más o menos correctos pero no especialmente memorables como “Space Cowboys” (2000) o “Más allá de la vida” (2010), todavía le quedaban en el cuerpo un buen puñado de cintas sobresalientes y al menos dos obras maestras más: “Mystic river” (2003) y “Million Dollar Baby” (2004). Podría objetarse que películas como “Cartas desde Iwo Jima” (2006) o “Gran Torino” (2008) no les van a la zaga, pero entonces este post sería más largo que la infancia de Heidi y tampoco queremos aburrir a nuestros lectores. Quedémonos, pues, con las dos películas que hicieron subir a Eastwood un peldaño más en su consideración como uno de los mayores genios cinematográficos de nuestro tiempo y que por sí mismos resumen las principales claves de su trayectoria. Leer más…

‘Mildred Pierce’: la crisis de los 30

21/11/2012

Cuando oímos el nombre de HBO a todos nos vienen enseguida a la cabeza los nombres de algunas de las mejores series de la historia de la televisión, ya sabéis, la ya casi mitológicas ‘The Sopranos’, ‘The Wire’, ‘A dos metros bajo tierra’, ‘Roma’ o ‘Deadwood’, así como algunas de las que más están dando que hablar en la actualidad (‘Juego de tronos’, ‘True Blood’, ‘Boardwalk Empire’, ‘Girls’), pero siempre se deja un poco aparte otra de las especialidades de la factoría: las miniseries. ‘Hermanos de sangre’, ‘The Pacific’ o ‘Generation Kill’ abanderan un apartado en el que también se asientan obras basadas en referentes culturales de prestigio como ‘Angels in America’, dirigida por Mike Nichols y protagonizada por un premiadísimo Al Pacino, y ‘John Adams’, con Tom ‘El discurso del rey’ Hooper y Paul Giamatti al frente, en las que directores y actores de prestigio se encontraban con considerables medios para desarrollar sus historias, pero, sobre todo, el tiempo y las ganas de arriesgar suficientes para poner en pie obras enjundiosas que tendrían muy difícil su caminar por Hollywood.  Hoy hablamos de la última, por el momento, de esta estirpe: ‘Mildred Pierce’.

La idea no es nueva. ‘Mildred Pierce’ trata de ser la primera adaptación de ficción fidedigna de la prestigiosa novela homónima de James M. Cain, después de que la exitosa versión cinematográfica de 1945 a cargo de Michael Curtiz, por la que Joan Crawford logró el Oscar a Mejor Actriz, tuviera que incluir notables modificaciones del argumento ante la imposibilidad de mostrar algunos de los elementos más perturbadores del libro. A partir de esta premisa, la elección de actores, todo un repóker de ases como Guy Pearce, Melissa Leo, Evan Rachel Wood y Kate Winslet, y director, nada menos que Todd Haynes (‘Lejos del cielo’, ‘I’m not There’, es puro HBO, es decir,  un equipo muy parecido al que hubiéramos conformado cualquiera de los que somos verdaderos adictos al mundo de la ficción. Aplicando la lógica y el lujo. Leer más…

Los grandes de hoy en día (VII): Javier Bardem

19/11/2012

Pese a los últimos bombazos en taquilla de películas como ‘Lo imposible’ o ‘Las aventuras de Tadeo Jones’ no se puede decir que un cine español cada vez más asfixiado económicamente nos haya dado muchas buenas noticias en los últimos años, por lo que es aún más incomprensible que una de las mejores provoque una división de opiniones tan feroz y tan ligada a la España más atávica, siempre mezclada con cuestiones políticas. Porque, queridos aficionados al cine, estamos asistiendo a un hecho histórico: nunca el cine español había contado con una estrella internacional de la interpretación de tamaño prestigio, nunca un intérprete patrio había provocado tanto unanimidad a la hora de ser considerado lo que es: simple y llanamente, uno de los mejores actores del mundo en la actualidad, Sí, lo habéis adivinado, vamos a hablar de Javier Bardem.

Comentábamos en nuestra anterior entrega de esta serie el repentino estrellato de Naomi Watts ya superada la treintena; pues bien, Javier Bardem representa el polo contrario. Nacido en una legendaria familia de actores y directores (con especial mención para su tío Juan Antonio, uno de los mejores cineastas españoles de todos los tiempos), Bardem tuvo contacto con el mundo del cine desde su más tierna infancia y contó con breves y esporádicas apariciones en películas y series televisivas. Sin embargo, no se decidió por la interpretación como su modo de ganarse la vida -antes había sido un destacado jugador juvenil de rugby- hasta el inicio de los años noventa. Bastó con que apareciera en ‘Las edades de Lulú’ (1990) para que, ayudado por la proyección que le proporcionaba su pertenencia a la citada familia, los focos se posaran sobre él como una de las promesas del cine español. La popularidad estalló con ‘Jamón Jamón’ en 1992. De la mano de su gran mentor en sus primeros años, Bigas Luna, Bardem se convirtió en todo un ‘sex symbol’ con su presencia poderosa y tosca y su innegable carisma y en el motor de toda una generación de actores jóvenes, entre los que se encontraban sus compañeros de reparto, Penélope Cruz y Jordi Mollá. Luna volvió a explotar esa imaginería de la España más profunda y cañí en ‘Huevos de oro’, muy inferior a su predecesora pese a contar con todo un Benicio del Toro, con la que Bardem se acercaba peligrosamente a lo caricaturesco (algo a lo que no ayudó su papel en ‘El amante bilingüe’, de Vicente Aranda). En esos momentos, le vino como anillo al dedo su papel en la exitosa ‘Días contados’. La estremecedora visión lateral del conflicto vasco por parte de Imanol Uribe contenía todo un regalo para Bardem: el papel del drogadicto Lisardo. Nuestro protagonista no desaprovechó la ocasión y se consolidó en la élite con un Goya como Mejor Actor de Reparto. Leer más…

«Holy Motors», la vida de los otros

16/11/2012

Hace unos días tuvo lugar en Madrid el primer pase de cine a ciegas, “Oculto”, una iniciativa promocional consistente en que el espectador compra su entrada sin saber qué película va visionar. Más allá de lo imaginativo de un formato que ya se ha ensayado con éxito en Europa y que nace como consecuencia de la crisis que afecta a las salas, la propuesta pretende recuperar el romanticismo, la emoción y el suspense primigenio de enfrentarse a la pantalla grande en una era,   la de la web 3.0, que con su marea de opiniones vertidas a cascoporro en redes sociales y blogs (entre ellas, ciertamente, la de este modesto sitio) nos pone muy difícil ver una película sin una idea preconcebida o sin saber más de lo que sería conveniente. En ese sentido, no se me ocurre una cinta más apropiada que la elegida por la distribuidora Avalon para inaugurar esta empresa, “Holy motors” de Leos Carax, un filme para espectadores sin prejuicios, tan singular, críptico y demencial que dependiendo de los ojos que la miren será una sublime genialidad o una tomadura de pelo que rebasa los límites de la idiotez. Incluso puede ser las dos cosas a la vez. Supongo que a la salida de la proyección habría opiniones para todos los gustos. Si te disgusta que te obliguen a abandonar tu zona de confort, si no admites que una película pueda ser un organismo anárquico que muta de forma y tono cada diez minutos, si, en definitiva, te repugnan las marcianadas, aléjate de esta película como de la peste, no es para ti. Por el contrario, si estás hastiado de ver filmes convencionales cortados por el mismo patrón, si  quieres dejarte llevar por un torrente de sensaciones contradictorias y perturbadoras, si estás dispuesto a anteponer la fascinación bizarra de lo inexplorado a la lógica racional de lo comprensible, deberías darle una oportunidad a “Holy motors”.  Y si eres de los que está dudando, este humilde servidor te invita a arriesgarte.

Si tú, querido lector, ya estás convencido de ver esta película, te recomendaría que dejaras de leer este post y cualquier otra de las muchas críticas que habrá en la red y te enfrentes a “Holy motors” totalmente virgen y abierto de mente. Si no lo tienes claro todavía, puedes seguir leyendo. No contaremos ¿spoilers? pero inevitablemente adulteraremos la experiencia. Tras trece años de silencio (si exceptuamos la cinta compartida “Tokyo!”), el director francés  Leos Carax (“Los amantes del Pont-Neuf”) hace honor a su fama de cineasta controvertido e inclasificable con una obra que comienza con una primitiva cronofotografía del pionero Etienne Jules Marey.  Le sigue una escena en la que un tipo (el propio Carax) despierta en la habitación de un hotel y encuentra una puerta oculta en la pared que va a dar a una sala de cine llena de gente en estado catatónico mientras un perro negro avanza lentamente por el pasillo. ¿Alguien dijo Lynch? Se lo compro. A partir de ahí asistimos a un día en la vida de otro individuo deambulando con su limusina por un París reconocible pero extraño como esos sueños que no se ajustan del todo a la realidad. Leer más…

R.E.M. y «Automatic for the people»: la soledad del corredor de fondo

14/11/2012

Ha pasado poco más de un año desde la despedida de R.E.M., una de las bandas más populares y emblemáticas del rock alternativo estadounidense, y, ahora que el guitarrista Peter Buck acaba de publicar su recomendable primer disco en solitario (solo en vinilo, pero para eso tenemos la ADSL) y que se cumplen 20 años de la obra maestra “Automatic for the people” (1992), sin que haya aparecido en el mercado ninguna de esas megaediciones “deluxe” conmemorativas tan molonas, me parece buen momento para reivindicar a un grupo y un disco que significaron tanto para muchos de los que éramos adolescentes en los  90. Al contrario que muchos otros compañeros generacionales, mi pasión por R.E.M. nunca se desinfló con el paso de los años y llegó hasta el final, hasta el último aliento. Asistí sin ninguna compañía al concierto de Las Ventas en 2008 de la gira de “Accelerate”, en un momento en el que ya nadie de mi entorno estaba dispuesto a pagar 50 napos por verles, y apuré cada escucha de “Collapse into now” con el presentimiento de que  esa iba a ser la última vez que se cumpliera un ritual que, a razón de una vez cada dos o tres años, duraba ya casi dos décadas. Cuando lanzaron el comunicado en el que anunciaban que hasta aquí habíamos llegado, sentí tristeza pero también alivio porque habían sabido parar a tiempo, antes de no tener nada más que decir, evitándonos la sensación de que hubiesen terminado pisoteando su legado. Además, la disolución se producía sin malos rollos, con un apretón de manos y un “buena suerte”. Atrás quedaba una trayectoria coherente y apasionante, sin apenas mácula, una aventura sonora plagada de genialidades e instantes mágicos que seguramente el paso del tiempo no hará sino revalorizar.

La primera etapa del grupo de Athens (Georgia) formado por el vocalista Michael Stipe, el guitarrista Peter Buck, el bajista Mike Mills y el batería Bill Berry, aquella que comienza con el EP “Chronic town” en 1982 y culmina en “Document” (1987), es una de las piedras fundacionales del denominado NRA (Nuevo Rock Americano) que sacudió el panorama musical estadounidense desde el “underground” de las emisoras universitarias para terminar conquistando las listas de Billboard y las radiofórmulas. La música de R.E.M bebía tanto del rock marginal de The Velvet Underground o Patti Smith, como del folk-rock de The Byrds o el post-punk de Talking Heads, pero la suma de influencias daba como resultado un sonido tan novedoso como enigmático. “Murmur” (1983) es la obra esencial de este primer  periodo y el hechizo brotaba en el aire cada vez que uno presionaba el “play”. Aquellos arpegios de Buck en conjunción con la voz inasible de Stipe y los coros celestiales de Mills olían a paja mojada y madera fresca en temas como “Talk about the passion”, “Shaking through” o “Pilgrimage”. Leer más…