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Wilco en Vistalegre: camino de perfección

17/10/2012

Como el FC.Barcelona de Pep Guardiola en su mejor época, Wilco han alcanzado sobre las tablas un grado de perfección tan absoluto que solo pueden vencer y convencer. Hacen endemoniadamente fácil lo difícil, dominan con absoluta autoridad todas las facetas del juego y se recrean de forma autoconsciente en un estado de gracia en el que se aúnan la plasticidad sublime y la efectividad demoledora. También, como ocurría con aquel equipo azulgrana, hay voces críticas que argumentan que ser tan perfectos puede conducir al aburrimiento, que la certeza de que no van a fallar ni una sola nota les convierte en previsibles y que vivir permanentemente instalados en la excelencia es también una forma de acomodamiento. Excusas de mediocres. Perseguir la magnificencia nunca debería ser reprochable. Mucho menos alcanzarla. Es una tarea reservada para los más grandes y Wilco es, hoy por hoy, una de las bandas fundamentales e imprescindibles del mejor rock americano. Aprovechemos sus frecuentes visitas a nuestro país y apuremos hasta la última lección que nos impartan, porque cuando ya no estén se les echará de menos.

Vistalegre no es precisamente una plaza con fama de haber albergado conciertos inolvidables. Su cacareada mala acústica suele ser un hándicap insalvable, y la banda de Jeff Tweedy llega a la cita solo un día después de haber sentado cátedra en el Liceu barcelonés, uno de esos recintos “cinco estrellas” que lamentablemente escasean en la capital. A eso hay que añadirle el desangelado aspecto del denominado “Palacio”. Unos enormes telones cubren todo el graderío, síntoma de que pese al estimable incremento del poder de convocatoria de Wilco en los últimos años un gran recinto de estas características sigue quedándoles demasiado grande, máxime cuando ni siquiera traen nuevo disco bajo el brazo (según la organización, 3.000 almas se congregaron en el coso capitalino; es decir, habrían cabido holgadamente en dos fechas en La Riviera). Los escoceses Hazey Janes cumplen sin alardes su función de teloneros con su indie rock plagado de recuerdos a Big Star, y a las 21:50 horas, 20 minutos después del horario previsto, hace su aparición LA banda, casi un año después de su última y alabada actuación en Madrid, en el Circo Price, cuando presentaron “The whole love”. A Tweedy, vestido de vaquero, con su sempiterno sombrero, una barba cada vez más poblada y un sobrepeso creciente, le gusta empezar sus shows en modo lánguido y reposado. En el Price salieron con un par de la mano de los doce minutos de “One Sunday morning”, y para la ocasión la elegida es “Ashes of American flags”, aquella desesperanzada balada de “Yankee Hotel Foxtrot” que empalmada con la brutal “Art of almost”, un océano de electrónica funkoide que termina fugándose por el desagüe del stoner rock más febril, conforma un arranque de concierto demoledor, apoyado por un efectivo y efectista juego de luces y una escenografía sencilla puntuada por una nube de lámparas invertidas. Leer más…

“The Walking Dead” regresa pateando culos

16/10/2012

(ALERTA SPOILER: Revela detalles importantes de la trama de la serie, hasta el primer capítulo de la tercera temporada)

Lleva sólo dos años en antena, en los que se han emitido diecinueve episodios (seis en su primera temporada, trece en la segunda), y parece en cambio que llevemos mucho, muchísimo más tiempo hablando y escribiendo sobre ella. “The Walking Dead” es una de las series, junto a “Dexter” y “Juego de tronos”, que más polvareda levantan en Internet en la actualidad, hasta el punto de que éstas y no otras, por mucho que lo han intentado, han acabado recogiendo el testigo de “Perdidos”, al menos en cuanto a tirón popular en la red de redes. Centrándonos en la serie de zombis de la AMC, en su caso gran parte de su impacto se lo debe, eso ya lo sabéis, al enorme éxito que desde mediados de la pasada década han venido cosechando los cómics de Robert Kirkman, lo que de entrada supuestamente le garantizaba el amor incondicional de cientos de miles de fans lectores en todo el mundo… aunque luego vimos que la cosa fue un poco más complicada.

Sus dos irregulares primeras temporadas, cuya producción tampoco estuvo exenta de problemas, generaron casi desde el primer minuto sonoras polémicas y encendidos debates entre sus seguidores y sus detractores, y entre sus seguidores/detractores y sus detractores/seguidores, que de todo tiene y en grandes dosis, lo que demuestra que “The Walking Dead” para algunas cosas es única en su especie. No pocas discusiones giraron en torno a su escasa fidelidad, en muchos momentos, hacia la obra original, pero otras, no nos engañemos, surgieron porque no siempre fue tan sólida y tan buena como pensamos que sería, o como debería o podría ser, un problema que quizás se derivaba a su vez de lo anterior… Aún así, al final todo ese ruido no sólo no jugó en su contra, sino que acabó alimentando y engordando más y más el interés hacia la serie hasta el punto de que el cierre de su segunda temporada llegó a convocar en EE.UU a más de 9 millones de espectadores delante del televisor. Y eso, tratándose de una cadena por cable, es una auténtica barbaridad. Siendo verdaderamente justos, algo tendría que ver también la notable mejoría experimentada, a todos los niveles, en sus seis últimos episodios, coincidiendo precisamente con la llegada de un nuevo ‘showrunner’, Glen Mazzara, tras la turbulenta salida de Frank Darabont. A ver si no va a ser casualidad… En definitiva, pocos pueden negar que con “Beside the dying fire” la serie se despidió, momentáneamente, en todo lo alto, y con un par de guiños hacia los fanáticos del cómic, además, que invitaban a ser muy optimistas de cara al futuro: una misteriosa figura encapuchada armada con una mortífera katana y una cárcel. Leer más…

The Rolling Stones: 50 años, 50 canciones (IV) – Love in vain

12/10/2012

Siempre he renegado de ese topicazo, ya convertido en frase instalada en el acervo popular, que dicta que «las baladas heavies son las mejores». No negaré que unos cuantos grupos metaleros han sabido pergeñar grandes baladas. Pero, primero, cuando la gente hace esta afirmación se refiere a bandas más bien de hard rock (Scorpions, Bon Jovi, Aerosmith, Guns’N’Roses, Skid Row, Def Leppard, Extreme) o incluso de A.O.R. (Boston, Mr.Big, Journey). Segundo, parece que al suponer una excepción a la norma el oyente medio recuerda más esas baladas, desdeñando involuntariamente a grandes maestros que se dedican o dedicaron habitualmente al género, ¿o alguien me puede negar el impacto de la obra baladística de colosos como Roy Orbison, su aventajado discípulo Chris Isaak, Otis Redding, Stevie Wonder, Elvis Presley, The Beatles, Van Morrison, Neil Young o Bob Dylan? Y tercero: parecemos olvidar demasiado a menudo la increíble aportación a la canción lenta hecha por nuestros protagonistas. Durante toda su carrera, The Rolling Stones han sido unos consumados especialistas en este arte, pero sus primeros años, concretamente hasta la mitad de los 70, suponen directamente una apoteosis de la balada rock. Nos centraremos pues en esta etapa pues los lectores del Cadillac no merecen otra cosa. Caviar puro.

AS TEARS GO BY 1965

Los Stones eran unos tipos duros, que cantaban la demoníaca música que habían creado los negros americanos para la mayoría del público cuando, de repente, estos esquemas quedaron destrozados con ‘As Tears go By’, una de las primeras composiciones de la pareja Jagger-Richards y su primera incursión en la balada. Considerada no adecuada para la imagen que se quería dar de la banda en su época más primigenia, se decidió «regalar» la composición a Marianne Faithfull, por entonces novia de Jagger, que puso la primera piedra de su extensa y elogiable carrera musical con todo un éxito a ambos lados del Atlántico. Este suceso llevó a los Stones a grabar su propia versión: una canción tan sencilla (aunque adornada por un bonito arreglo de cuerda) como impactante, con una preciosa letra que añoraba la juventud que poco a poco iba quedando atrás. Oigan ustedes la desnuda interpretación solo a cargo del cantante y el guitarrista en una más que curiosa comparecencia televisiva…¡si pueden escuchar algo con los gritos de la enardecida audiencia femenina, claro! Leer más…

«Cosmopolis», la tediosa odisea de Cronenberg

11/10/2012

Uno ya no sabe qué esperar de David Cronenberg. Tras alcanzar la cima de su cine en la década pasada con la notable “Spider” (2002) y  las magistrales “Una historia de violencia” (2005) y “Promesas del Este” (2007) (ampliamente reseñadas y analizadas en este post), la espesura plomiza de la infumable “Un método peligroso” (2011) resultó toda una decepción para mí, aunque me consolé pensando aquello tan socorrido de que “el mejor escribiente echa un borrón”, máxime cuando después llegaron las primeras imágenes de “Cosmopolis”, adaptación de una novela de Don DeLilllo, que prometía enfrentarnos ante un thriller paranoico y poliédrico con el que retornar a la senda de la excelencia. Pues tampoco. “Cosmopolis” es la segunda desilusión consecutiva que me llevo con Cronenberg y una razón de cierto peso para empezar a sospechar del rumbo futuro del realizador canadiense.

Y es que en apariencia la última cinta del director de “La mosca” lo tenía todo para ser una de las citas ineludibles en la mediocre cartelera otoñal para todo cinéfilo que se precie, pero me temo que el boca a oreja va a ser implacablemente disuasorio, y con razón. “Cosmopolis” es una alegoría sobre el fin del capitalismo que habla con urgencia del aquí y el ahora, de la crisis económica que aprisiona al mundo occidental, del moribundo sistema de valores por el que nos regimos, de la angustia, alienación, aislamiento y deshumanización del hombre moderno.  Para ello nos cuenta la odisea de 24 horas de Eric Packer, un joven “tiburón” neoyorquino que pretende cruzar Manhattan en su limusina para cortarse el pelo, mientras que sus negocios peligran, su matrimonio hace aguas y en el exterior el mundo está en llamas, alimentadas por los disturbios y las tensiones que generan la visita del presidente de EE.UU ¿Sugerente, verdad? Pues bien, lo que vemos en pantalla no puede ser más tediosamente pretencioso, irritantemente verborreico y ridículamente vacuo. Leer más…

Muse y «The 2nd Law»: renovarse o morir

09/10/2012

Si hace unos días hablábamos del “Battle born” de The Killers, ahora nos toca ocuparnos de otro de los “blockbusters” de la temporada musical, el protagonizado por los británicos Muse bajo el nombre de “The 2nd law”, disco que desde que se anunció que incorporaría el dubstep (dícese de cierto estilo de electrónica disonante y sincopado que puede llegar a resultar bastante rallante) a la paleta sonora del trío ya sembró la red de incertidumbres y debates entre sus seguidores sobre lo que se encontrarían en su sexto trabajo de estudio. Históricamente las bandas que arrastran legiones de fans suelen tener el problema de no contentar a todo el mundo, y muchas veces a casi nadie, cada vez que se alejan de su estilo habitual y experimentan en otras direcciones sonoras. Muchos guardianes de las esencias de la autenticidad se sienten traicionados, denuncian que el grupo ya no es lo que era o suspiran por que algún día regresen al sonido de aquel disco que ellos consideran canónico y del que nunca deberían haberse apartado  (menos mal que Bowie nunca les hizo caso). Por eso no es de extrañar que este “The 2nd law” haya suscitado tantas opiniones negativas, tal y como he podido comprobar en un pequeño rastreo por foros y blogs.

Vaya por delante que no soy fan de Muse, aunque hay canciones suyas que me gustan mucho (como me gustan varias de Coldplay o The Killers). Les reconozco su habilidad para crear himnos de gran vehemencia  emocional, su energía violenta y su pericia técnica, pero me mosquea que habitualmente manejen solo dos registros: intenso y mucho más intenso. Quizás podrían haberme encantado a los 16 años, pero cuando uno ya es perro viejo la apelación permanente al barroquismo desatado, la pomposidad exagerada y el melodrama sin medida terminan irritando y levantando un molesto dolor de cabeza. Que conste que no tengo ningún problema con la épica y la grandiosidad en la música (al contrario, he amado y siempre amaré a U2, Queen y Pink Floyd), pero cuando estos elementos no se gestionan con un mínimo grado de sensatez se corre el riesgo de sonar artificial, o lo que es peor, impostado. En mi opinión, a Muse le ocurre con frecuencia. Yo no puedo escuchar un disco suyo de principio a fin. Me empachan. Mi táctica con ellos es la de consumir su música a pequeños y controlados sorbos; entonces sí puedo disfrutar de los buenos temas que admito que tienen. Por esa misma razón casi les prefiero cuando se salen de su zona de confort (por ejemplo, en “Undisclosed desires”) y por eso “The 2nd law” es el primer trabajo del trío que puedo escuchar del tirón sin sentirme tan agotado como si hubiera corrido una media maratón.  Porque para desgracia de los fans de “Origin of symmetry”, Muse se muestran más contenidos y templados que nunca (bueno, todo lo contenida que puede estar una banda de estas características) y durante los 53 minutos que dura la obra se generan espacios para respirar y permitir que se aireen las habitaciones. Posiblemente no sea el mejor disco de Muse – aunque en ese caso yo no sabría ofrecer una alternativa clara-, pero sí puedo decir que es el que más fácilmente me ha entrado, pese a que también tiene su morralla. Leer más…

The Darkness, con sabor a clásico

08/10/2012

El 14 de diciembre de 2003, tres jóvenes amigos y compañeros de trabajo visitan la tristemente desaparecida sala Aqualung para disfrutar del primer concierto en Madrid de The Darkness. Están inusualmente emocionados, teniendo en cuenta que unos meses antes ni siquiera conocían a la banda, pero el discazo “Permission To Land” ha lanzado de forma fulgurante a estos cuatro muchachos de Lowestoft al estrellato y se respira en el ambiente que aquélla será una gran noche. Y así es. Poder ver a una enérgica formación que recupera orgullosa la esencia más lúdica del rock ‘n’ roll, con un futuro a todas luces brillante por delante, en su primera gira, es una experiencia que difícilmente olvidarán. Ni las secuelas en forma de zumbido en los oídos que tardan un par de días en desaparecer, cortesía de la tremenda descarga de vatios de aquel recital. Luego todos sabéis lo que sucedió, y en apenas tres años la banda entra en un proceso de autodestrucción para acabar desapareciendo casi con tanta celeridad como había irrumpido en nuestras vidas.

El 7 de octubre de 2012, casi nueve años después, tres (aún) jóvenes amigos y compañeros de blog visitan la sala La Riviera para asistir a la resurrección de The Darkness. Están inusualmente emocionados, teniendo en cuenta que hace un par de años creían que el grupo estaba muerto y enterrado, y unos meses antes aún se mostraban un tanto escépticos ante el retorno de la banda. Pero con el discazo “Hot Cakes” estos cuatro tipos de Lowestoft han recuperado la energía, brillantez y, lo que es más importante, credibilidad de sus mejores tiempos. De nuevo parece que se avecina una gran noche. Y así es. Antes toca tomarse unas cervezas en un bar de la zona viendo el clásico del fútbol español, así que el plan es inmejorable, y además el resultado ayuda a que ninguno de los tres amigos (uno del Madrid, otro del Barça y otro del Atleti) tenga que encarar el fin de fiesta de bajón. Existe la posibilidad de que la coincidencia con un nuevo partido del siglo lastre un tanto la afluencia de público a un concierto que ya ha tenido que retrasar su hora de inicio por este motivo, y de hecho las inmediaciones de La Riviera están bastante despejadas. Una vez dentro de la sala, ésta luce sin embargo una tranquilizadora buena entrada, con cerca de dos tercios de su aforo completo. Leer más…

The Rolling Stones: 50 años, 50 canciones (III) – It’s not only rock‘n’roll

05/10/2012

En nuestros dos anteriores posts sobre la banda más grande del planeta hemos dejado claro que The Rolling Stones dominan como nadie el rock‘n’roll, la música con la que, indefectiblemente, serán asociados por los tiempos de los tiempos. Sin embargo, la banda no hubiera llegado a ser tan histórica si solo se hubiera dedicado al rock‘n’roll en sus nada menos que 50 años de trayectoria. Los Stones también se han paseado por muchos más géneros musicales y explorado sus límites, experimentando (con mayor y menor acierto) de lo lindo. Tanto para reverenciar a los artistas con los que nacieron a la música mediante intensos blueses como para no quedar anclados en el pasado y lograr ser una referencia en el presente, adaptándose a las sucesivas músicas de moda del momento, Sus Satánicas Majestades han creado clásicos imprescindibles dentro del pop, la psicodelia, el funk y la música disco, por nombrar solo unos pocos. A continuación podrás adentrarte en los muy diversos mundos de la banda, porque… ¡no es solo rock‘n’roll!

2000 LIGHT YEARS FROM HOME 1967

Es un consenso ya generalizado el que dicta que ‘Their Satanic Majesties Request’ es un álbum fallido. La banda veía como en apenas unos meses varios grupos le habían adelantado por la derecha y se habían adentrado con éxito en la psicodelia, entre ellos The Beatles y The Beach Boys, y quisieron ser parte de la música más ‘cool’ de aquel momento. Una decisión un tanto forzada que dejaría al susodicho disco entre lo menos destacable de la gloriosa década de los 60 stoniana. Pero siempre hay excepciones y, sin duda, ‘2000 Light Years from Home’ es una de las más sonadas. El más logrado intento psicodélico del grupo es una canción lánguida, misteriosa, guiada por el mellotron de un entusiasmado Brian Jones, que veía recompensadas sus ansias experimentales, unos atractivos juegos de guitarra y una letra espacial, precursora de futuras maravillas como el ‘Space Oddity’ de David Bowie. Un largo viaje en apenas cinco minutos. Disfrútenlo, Leer más…

“Homeland” is back in the game!

04/10/2012

(ALERTA SPOILER: Revela detalles importantes de la trama de la serie, hasta el primer capítulo de la segunda temporada)

“Homeland”, “Dexter”, “Boardwalk Empire”, “Treme”, “The Good Wife”, “Revenge”, “Once Upon A Time”, el estreno de “666 Park Avenue” y las ‘animadas’ «Los Simpson», «Padre de familia» y «American Dad». Este fue el panorama televisivo (seriéfilo) al otro lado del charco en la noche del pasado domingo. Una franja en la que desembarcará en breve “The Walking Dead” con su esperadísima tercera temporada, y por la que también han transitado (y casi todas volverán a hacerlo en el futuro) “Breaking Bad”, “Mad Men”, “Juego de tronos”, “True Blood”, “The Newsroom”, “Californication” o “Weeds”. Y seguro que me dejo unas cuantas. No me digan que no es para caerse de espaldas. Sé que a algunos les molestará, y mucho, lo que voy a decir, pero Estados Unidos, un país a menudo acusado de prepotente por aquello de sentirse la mejor nación del planeta, nos demuestra en repetidas ocasiones que, al menos si hablamos de industria del entretenimiento de calidad, ciertamente lo es. Sólo los británicos son capaces de hacerles sombra en este sentido, y si miramos lo que tenemos en casa… En realidad hace ya mucho tiempo que no echo un vistazo a la programación televisiva española los domingos por la noche, así que aquéllos que lo hagan podrán darme o quitarme la razón.

Una vez hecha esta apreciación, en realidad hoy nos toca hablar de “Homeland”. O volver a hablar de “Homeland”, porque la serie de Showtime fue una de las primeras sobre las que escribimos en El Cadillac Negro, hace ya más de siete meses. Ya entonces aseguramos que se trataba de la gran sensación del año, pero por año nos referíamos a 2011, cuando conquistó a crítica y público con su primera temporada y además se coronó como la gran triunfadora de los Globos de Oro. Pero en este 2012, la popularidad y el éxito de la serie no han hecho más que crecer, según ha ido estrenándose en diferentes países, España incluida, el boca a oreja ha ido funcionando y ha acabado dando el hachazo definitivo arrasando en la pasada edición de los Emmy. Sólo una semana antes del estreno de su segunda temporada, díganme si puede haber mejor campaña de promoción, y ante una competencia bestial, “Homeland” se llevó los máximos galardones televisivos en la categoría de mejor drama, mejor actriz (para una Claire Danes que repetía tras el Globo de Oro), mejor actor (quizás el más discutible, pues competía con titanes como Bryan Cranston, Jon Hamm, Steve Buscemi o Michael C. Hall, aunque yo me alegro por un Damian Lewis que ya lo bordó diez años antes en “Hermanos de sangre”) y mejor guión. Cualquiera de sus contrincantes habría sido justa vencedora, tal es el grado de excelencia que vivimos hoy en día, pero yo me atrevo a decir que “Homeland” se merece todos los honores por una primera temporada impecable y rompedora, y que sólo nos dejó una pequeña nube negra en el horizonte: si sería capaz de mantener el altísimo nivel alcanzado, o al menos acercarse bastante, en su segundo año en antena. Leer más…