En un buen número de ocasiones, los fenómenos artísticos se antojan inexplicables a ojos del público aunque exista una explicación, ya sea talento, estrategia de marketing impoluta o la suma de estas a otros factores. Lo que está claro es que es difícil escapar a las fauces de Billie Eilish en estos días. Había leído mucho sobre ella pero hasta hace una semana sólo había escuchado uno de sus temas más populares sin saberlo. «When We All Fall Asleep, Where do We Go?», su primer álbum de larga duración, sólo llegó a mi reproductor por recomendación de otro de los conductores del Cadillac, y es a partir de ese momento cuando intento dar forma a esta revolución musical que viene de manos muy jóvenes, considerándola más que digna para hacer su aparición en este vehículo nuestro en perpetuo movimiento.
Pero, ¿quién es Billie Eilish? Una compositora y vocalista que apenas cuenta con diecisiete añitos y parece tener todas las papeletas para ser un referente en la afición musical de la generación Z. Su éxito no es nuevo (no inmediatamente nuevo) y se genera unos años atrás con la publicación del sencillo «Ocean Eyes» y su colaboración en la banda sonora de «Por trece razones«, serie que en 2017 se metió en los bolsillos a la audiencia de Netflix. Sólo basta buscar su nombre en Spotify para darse cuenta de que, a su corta edad y previa a la publicación del disco, ya cuenta con un número digno de singles y EPs que han ido forjando las ganas de sus seguidores. Y tiene sentido, que esta chica con su rollo trash, su oscuridad, su melena de colores, su descaro y sus demonios, haya conquistado el panorama musical como otros y otras artistas que en su momento se nos antojaron el colmo de la rebeldía y la disconformidad nos conquistaron a nosotros.

«Un pueblo y su rey» no ha podido llegar en mejor fecha a España. Apenas unos meses después de que Francia viviera -con la de los ‘chalecos amarillos’- una de las revueltas populares más importantes desde aquel deificado ‘mayo del 68’. El nuevo filme de Pierre Schoeller («Versalles», «El ejercicio del poder») se permite aconsejar, mediante una afortunada metáfora, que cualquier revolución, para tener éxito, debe contar con los mismos atributos que caracterizan al artesano del vidrio: persistencia, paciencia y muchas dosis de finura. Schoeller habla muy probablemente del presente ejemplificándolo con el pasado. Y no con un pasado cualquiera, sino con la ‘madre de todas las revoluciones’: la Revolución Francesa que configuró un mundo nuevo que aún ¿disfrutamos? en nuestros días.
Hay muchas opciones de contar un acontecimiento tan gigantesco como éste, más si se desarrolló durante largos años. Schoeller opta por una opción mixta: por una parte, sigue las andanzas intrahistóricas de una familia prorrevolucionaria que vive los distintos acontecimientos en primer plano (de hecho, el domicilio del artesano del cristal y los suyos es colindante con la Bastilla, nada menos) y, por la otra, se alude a la Historia digamos oficial que todos conocemos siguiendo la evolución de las discusiones en la recién creada Asamblea Nacional.
Leer más…Nirvana: el aullido inmortal de Kurt Cobain
Como ya se ha dicho en infinidad de ocasiones, la carrera de Nirvana cumplió a rajatabla con cada uno de los preceptos de la mítica frase de James Dean de «vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver». Tres discos de estudio (directos y recopilatorios al margen) le bastaron a la banda de Seattle para asaltar las cabezas de toda una generación y, lo que es más sorprendente, de generaciones posteriores, quedando ya para siempre el nombre de Nirvana grabado a fuego como una de las bandas más importantes e icónicas del rock. Lógicamente, para llegar a este nivel de leyenda entran en juego muchos más aspectos además de su música, y es ahí donde emerge la figura de Kurt Cobain, quien hizo suyo el mantra arriba señalado, siendo su tormentoso ritmo de vida el que marcó el ritmo (y final) de la trayectoria de Nirvana. Aquel 5 de abril de 1994 se apagó la luz de Cobain y con él la de Nirvana, pero se encendió la de un nuevo mito. La historia de Nirvana, por breve y archiconocida, se puede plasmar en pocas líneas: uno de los muchos grupos que en Seattle estaban fraguando eso del grunge, tras un primer disco de escaso reconocimiento, se topó con el instantáneo éxito mundial a raíz del vídeo de «Smell like teen spirit». Con una sola canción, Nirvana se convirtió de la noche a la mañana en el referente de toda una generación, en un fulgurante ascenso paralelo al aumento de los problemas que se acumulaban en torno a Kurt Cobain. La llama se mantuvo con su tercer disco («In Utero»), aunque el nivel de ventas (concretamente, la mitad) no se acercó al logrado con «Nevermind». Y pocos meses después, la tragedia. La posterior publicación del «MTV Unplugged in New York» supuso un epílogo tan bello como desconcertante, ya que el grupo que había llevado la actitud más dinamitante y punk a las habitaciones de la juventud mundial se despidió a través de la ultracomercial MTV, sentados en unos taburetes y rodeados de acústicas y chelos. Este caprichoso guiño del destino dibujó más interrogantes acerca de lo que podría haber sido Nirvana a largo plazo y sobre su devenir artístico, acerca de un futuro quizás sin la mitología de un suicidio a los 27 pero tal vez con una evolución con la que también ganarse el cielo. Siendo poco menos que una fantasía elucrubrar con qué hubiera sido, nos quedamos con lo que realmente fue, haciendo un repaso por los cinco discos que forjaron la leyenda de Nirvana: el de los comienzos («Bleach», 1989), el mítico («Nevermind», 1991), el de las rarezas («Incesticide», 1992), el de la quiebra interior («In Utero», 1993) y el de la despedida («MTV Unplugged in New York», 1994). Leer más…

La comedia romántica es un género casi endémico en la historia del cine. Siempre ha estado ahí, desde los albores del Séptimo Arte, pero lo cierto es que en la actualidad está muy lejos del fulgor que gozó allá por finales de los años 90 y principios del nuevo siglo. Y me atrevo a apuntar que la razón principal es la falta de actualización del género a los nuevos tiempos. Apenas hay excepciones que, como «La gran enfermedad del amor» o la ya veterana «(500) Días juntos», hayan sabido aportarle aire fresco, mientras que sigue predominando, incluso entre el cine español, el exceso de respeto a los cánones clásicos, ya algo caducos habida cuenta de la revolución que hemos experimentado en nuestras vidas en los últimos años.
Por eso se esperaba con interés la llegada a nuestras pantallas de «¿Qué te juegas?», la ópera prima de Inés de León, cortometrajista de prestigio y colaboradora en ese universo en constante crecimiento que es el de «Paquita Salas». Uno esperaba al menos una obra que resituara a la comedia romántica en nuestro contexto actual, de forma similar a lo que hizo en los años 90 Álvaro Fernández Armero en aquellos filmes protagonizados por Coque Malla como «Todo es mentira» o «Nada en la nevera».
Leer más…«Nosotros»: el otro lado del espejo

En apenas dos años, el actor y director Jordan Peele ha pasado de protagonizar la comedia «Key & Peele«, a mostrar un enorme talento como director ya desde su primer título («Déjame salir«), triunfando entre público y crítica, recogiendo multitud de premios por todos los certámenes donde acudió y culminando un espectacular 2018 con su óscar a mejor guión original. En ese mismo plazo, le ha dado tiempo ha producir el último y exitoso título dirigido por Spike Lee, «Infiltrado en el KKKlan» (también premiado en la última gala de los óscars) y estrenar el pasado fin de semana su segundo título: «Nosotros«. Una película con la que repite en el mismo género de terror que tantas alegrías le dio el año pasado; pero con una ingente cantidad de expectativas por cumplir. Con ese objetivo, Peele se vuelve a reunir con Jason Blum y Sean McKittrick (productores de «Déjame salir») para escribir, producir y dirigir este título protagonizado por Lupita Nyong’o, Winston Duke, Elisabeth Moss y Tim Heidecker.
En una ocasión, Stephen King definió el miedo como «llegar a casa y darte cuenta de que todo lo que conoces ha sido reemplazado por una copia exacta». Para conseguir ese mismo efecto en el espectador, Peele utiliza el concepto alemán ‘Doppelgänger’ (doppel: «doble» y gänger: «andante».) que podríamos traducir como nuestro doble fantasmagórico. Una figura que condensa todo lo sombrío de nuestra persona.
Principalmente basado en el episodio «Mirror image» de la serie «The Twilight Zone» (más adelante analizaremos otras de las múltiples fuentes en las que también se inspira), «Nosotros» vuelve a realizar una deconstrucción de la sociedad americana actual pero, mientras su primer título («Déjame salir») partía de una crítica social para construir una película de terror, «Nosotros» lo realiza a la inversa, tomando como base una propuesta terrorífica a través de la cual ir componiendo una reprobación colectiva. Podría parecer lo mismo; pero el resultado se percibe claramente diferente durante su visionado.
«Nuclear»: la hermosa explosión de Leiva
Lo primero que pensé tras terminar la primera escucha de «Nuclear» fue: «Al fin Leiva lo ha logrado», y no pude evitar una sensación de satisfacción por varios motivos, algunos meramente musicales y otros no tanto. Empiezo por los personales para entrar luego más detenidamente en los primeros y más importantes. Con su anterior disco, «Monstruos», escribí unas líneas en las que comentaba que Leiva se había quedado a un pasito de firmar su primer gran disco, ya que aquel tenía algunas enormes canciones pero seguía pecando de algunas cosillas cuestionables y teniendo paisajes demasiado cómodos y predecibles. Comprobar que aquellos elementos de discordia habían conseguido pulirse fue uno de los motivos de regocijo.
Pero lo que mejor me hizo sentir tras esa primera escucha fueron las canciones, algo tan simple y básico como eso, unas canciones terriblemente sinceras y bellas en su desnudez, unas canciones que con otro tratamiento más oscuro y dramático podrían haber dado lugar a otro disco completamente distinto, más pesimista y trágico, pero que en esta ocasión han sido vestidas de una magia que convierte las más tristes letras en paradójicos chutes de energía y positivismo de forma natural.

La mayor parte de las veces las prisas son traicioneras. Acababa de estrenar en 2011 la simplemente interesante «Margin Call» cuando el cineasta J.C.Chandor ya era saludado como uno de los nuevos ‘geniecillos’ de Hollywood destinados a renovar el ‘star system’ de directores de los grandes estudios. De ahí que, después de haber entregado hasta ahora otras dos películas únicamente buenas como fueron «Cuando todo esté perdido» y «El año más violento» (ambas analizadas en este blog aquí y aquí), el sentimiento pueda ser de una injusta decepción cuando lo que, expectativas aparte, lo que hemos ido encontrando es, simplemente, un muy buen director pero aún en etapa de formación y sin haber mostrado aún ningún rasgo autoral apreciable, del que hay que seguir estando muy pendiente pero del que haríamos bien en no endosarle una presión tan exagerada como innecesaria.
Es por ello que ahora pueda parecer una claudicación su apuesta por el cine de género en su nueva película, «Triple frontera», la adaptación de un guión de Mark Boal -saliendo de las alas protectoras de su ya larga colaboración con Kathryn Bigelow- que lleva toda la década dando tumbos por Hollywood, teniendo en su haber posibles protagonistas como Tom Hanks y Will Smith y que finalmente ha sido rescatado por Netflix, como en otras muchas ocasiones recientes, para engrosar su creciente apartado de cine de prestigio.
Leer más…Debe de haber muy pocos artistas en nuestro país que hayan tenido el privilegio de formar parte durante su carrera de dos bandas de la entidad de Tequila y Los Rodríguez, siendo además en ambas compositor, guitarrista principal e incluso vocalista en algunos temas, es decir, pieza clave en la historia de dos grupos que hicieron historia. Hoy, Ariel Rot, que tampoco renuncia a recrear y repescar el repertorio de aquellas bandas, tiene tras sus espaldas ya una carrera en solitario extensa, notable y muy reivindicable, pero algo desconocida para el gran público. Y aquí es donde entra la desinteresada y altruista labor de El Cadillac Negro para intentar acercaros al Ariel Rot en solitario a través de un puñado de canciones que bien pueden servir para formar una somera idea de lo que este argentino afincado en Madrid desde hace décadas sigue ofreciendo.
Quizás una panorámica más justa de la carrera de Ariel Rot debería incluir temas de Tequila y de Los Rodríguez, así como de los dos discos que sacó en el periodo entre ambas formaciones, dos discos realmente olvidados y en general olvidables, pero vamos a ceñirnos a la etapa posterior a Los Rodríguez, en la cual ha publicado un buen número de álbumes, casi todos notables y alguno incluso sobresaliente. Y es que Ariel Rot es ya por méritos propios una figura esencial del rock en castellano gracias a un repertorio inmenso, a su genialidad con las seis cuerdas y a una sensatez y coherencia para llevar una larga carrera hacia adelante sin grandes aspavientos pero sin claudicar. (Por cierto, los increíbles Rodríguez también tienen su espacio en este blog aquí, porque sí, porque sí y porque sí).



















