(AVISO: Louie no es una serie en la que se pueda hablar con propiedad de spoilers, ya que cada episodio contiene un universo en sí mismo y es relativamente independiente del resto. Sin embargo, si aún no te has embarcado en este maravilloso viaje, quizá quieras descubrir los pequeños detalles por ti mismo. Si prefieres dejar que te convenza, continua. )
Estamos en pleno junio y como todos los años el panorama seriéfilo se llena de despedidas, algunas temporales y otras definitivas. Lo que sí es cierto es que no todas hacen el mismo ruido ni provocan el mismo revuelo. Todo el mundo sabe que Game of Thrones ha finalizado con gran éxito su cuarta temporada. Todo el mundo sabe (incluso si no la ha seguido nunca) que How I Met Your Mother ha llegado a su fin después de casi una década de forma bastante polémica e insatisfactoria para sus más acérrimos seguidores. Lo que no todo el mundo sabe es que este pequeño gran tesoro llamado Louie acaba de concluir (aún no sabemos si de manera temporal o definitiva) con una cuarta temporada realmente exquisita y arriesgada.
Louie es un producto de FX que narra, episodio a episodio, las peripecias y desventuras del comediante Louis C. K. , que además de ser el protagonista, es también creador, guionista, editor, productor y director del show. El formato es curioso. Cada capítulo cuenta en unos veinte minutos un par de historias cortas o una única historia larga, siempre intercaladas con fragmentos de sus monólogos, que le dan un toque humorístico bastante característico. Leer más…
«Fargo»: el lobo detrás de la puerta
Si estamos de acuerdo en que la televisión es el nuevo cine, si hemos quedado en que HBO, AMC, Showtime y compañía llevan tiempo llegando donde Hollywood ya no puede o no le interesa ir, entonces no resulta nada extraño que la pantalla pequeña también se esté apropiando de uno de los tics más añejos y perdurables de su hermana mayor: el reciclaje de las viejas ideas, la recuperación con maquillaje contemporáneo de las grandes (o no tan grandes, simplemente exitosas) historias del pasado. En nombre de la revisión, remake o secuela se han logrando mayúsculos triunfos tanto artísticos como comerciales a lo largo de la historia del cine, aunque también se han gestado productos innecesarios, reiterativos e inanes, algunos de los cuales no hicieron sino escupir en el legado de la fuente original. Pero la televisión, con su particular dinámica y cadencia, se está revelando en este momento como un medio más eficaz y sugerente que el cine para volver a contar los relatos del pasado, deformándolos a su conveniencia y dándoles la vuelta como un calcetín para que luzcan, si no completamente nuevos, sí al menos diferentes. Ahí está el caso de la siniestra “Hannibal” (cuya segunda temporada finalizó hace unas semanas y analizamos aquí), todo un modelo de cómo retomar un personaje icónico pero muy manoseado, del que ya no esperábamos nada, y situarlo en una dimensión totalmente distinta, única y estimulante.
El “Fargo” de FX no hace sino confirmar la teoría de que, con unas buenas dosis de talento y creatividad, hasta la idea más insensata puede desembocar en algo genuinamente extraordinario. Y admitamos que el desafío aquí eran palabras mayores. Hablamos de los hermanos Coen, referencia singular e inimitable del cine norteamericano de las últimas décadas, y de la que para muchos (entre los que me incluyo) es su mejor película, perfecta en sí misma, sin ninguna necesidad de apéndices ni añadidos. No fui de los que se rasgó las vestiduras cuando se anunció este proyecto de remake o spin off, pero, como me ocurrió con “Hannibal”, tampoco le vi el sentido a volver a la gélida y nevada Minnesota a no se sabía muy bien qué. Craso error, porque “Fargo”, la serie, vampiriza la forma y el fondo no solo de la obra maestra de los Coen sino de todo su cine en general, y lo que es más importante, sin que se le noten las costuras, sin que se perciba como una brillante pero hueca falsificación de su estilo. Es cierto que Joel y Ethan aparecen acreditados como productores ejecutivos, pero la realidad es que su involucración creativa en la serie ha sido nula, más allá de haber dado su aprobación a la misma. Y, sin embargo, todo huele a los Coen por los cuatro costados. Hay guiños aquí y allá a “Fargo” (el raspador de hielo, el maletín del millón de dólares, la barriga de embarazada, la música de Jeff Russo deudora de la de Carter Burwell, los tramposos créditos de inicio) y a otras cintas de los hermanísimos (¡incluso aparece el Ruso blanco, la bebida favorita de Lebowski!), pero lo más significativo es que aquí está presente su pesimismo existencial sobre la naturaleza humana, su certeza atávica de que la estupidez del hombre es irremediable, y su particularísimo y malévolo sentido del humor, única válvula de escape ante el absurdo de la vida. Es mérito del showrunner Noah Hawley (fogueado anteriormente en “Bones” o «The Unusuals”) que la serie sea capaz de mimetizarse con el espíritu y la letra del mundo de los Coen, pero lo que también es loable de esta secuela geográfica y conceptual es que, tomando la misma esencia, tono y atmósfera de la cinta de 1996 -aunque no sus personajes ni su trama-, construye una identidad propia y compleja, capaz de funcionar por sí misma. Leer más…
DanteBrama: el comienzo de algo grande
Ya hace unos meses, cuando glosábamos el fenomenal ‘Santos & Diablos’ de Uzzhuaia, dábamos cuenta del excelente estado de forma de la escena rockera española, ya con un nivel absolutamente internacional y lista para competir de tú a tú en los más variados mercados y a la que únicamente una asfixiante política cultural y un siempre deficiente estado de infraestructura musical no la está permitiendo explotar como merece y lograr una repercusión histórica. La mejor noticia es que esta excelencia cualitativa no se limita solo a los grupos más consolidados sino que también se da en el ‘underground’ hispano y en las bandas que van comenzando su andadura. En esto pensé cuando escuché el nuevo EP de DanteBrama, un trío ya curtido en otras formaciones que con ‘El Fuego que no Cesa’ pasa a ser una de esas realidades tan prometedoras que ya se han convertido en habituales en el rock estatal. Y también un ejemplo de rápido crecimiento y madurez y de la vital importancia que tiene el aspecto monetario en ello, de lo imprescindible de contar de una producción y unas mezclas que sepan realzar las virtudes de unas determinadas composiciones.
El grupo madrileño debutó en 2012 con una demo de modesta factura con el objetivo de tener una carta de presentación con la que ir dándose a conocer. La nota de prensa de la banda cita influencias como Foo Fighters, Queens of the Stone Age, Alice in Chains, Metallica y Tool, pero, quedando bastante lejos de los dos primeros y acercándose solo un poco más a los dos siguientes, solo el grupo liderado por Maynard James Keenan supone una referencia válida. En gran parte por estar cantadas en castellano, estas cuatro canciones (más una intro) recuerdan más a ese punto de unión entre hard rock alternativo y metal (caracterizado por la mezcla de guitarras verdaderamente potentes con estribillos más melódicos) que bien pueden ejemplificar grandes del rock patrio como Sober, los Hamlet más inquietos de álbumes como ‘Syberia’ o, si nos vamos a la vertiente más hard rockera, a The Canibal Queen. ‘Indomable’ y la rabiosa ‘El jardín de Kali’, que llega a recordar la dureza de Skunk D.F., destacan en un conjunto de temas tan correcto como derivativo en el que el estado embrionario de DanteBrama se hace tan patente como lo espartano del sonido conseguido. Leer más…
“Juego de tronos”: la gran masacre
(ALERTA SPOILER: Prohibido leer –y cuidadito con las fotos– sin haber visto hasta el último episodio de la cuarta temporada de la serie, “The Children”)
Escribía hace ahora diez semanas, con motivo del estreno de la cuarta temporada de “Juego de tronos”, que la serie estrella de la HBO mantuvo, durante sus tres primeros años en antena, un «patrón infalible y eficacísimo» que, curso tras curso, se repitió «con una precisión asombrosa»: una ‘premiere’ que colocaba de nuevo las piezas sobre el tablero e introducía a los nuevos jugadores, unos capítulos que iban cociendo la temporada a fuego lento, un ‘highlight’ descollante en el noveno y penúltimo episodio y una ‘season finale’ que recogía todas las piezas y solía cerrar la función con un ‘cliffhanger’ de manual. Muchos no tardaron en hacerme ver que, este año, la cosa sería diferente. Que el material del tercer libro, “Tormenta de espadas”, que se había quedado fuera de su tercera entrega nos garantizaba unos cuantos eventos apoteósicos diseminados sin piedad a lo largo de sus diez capítulos. No tuvimos que esperar nada para confirmar que esto era cierto: “The Lion and the Rose”, emitido una semana después y escrito por el propio George R. R. Martin, se convertiría de inmediato en uno de los momentos álgidos en lo que llevábamos de serie. Y dejó una vez más a sus millones de espectadores con la boca abierta, las manos en la cabeza y alguna lagrimilla asomando por sus ojos… aunque esta vez, para variar, era la alegría desmedida y la euforia, y no el abatimiento y la incredulidad, las que sacudían a todos sus seguidores. Y si ESO sucedía ya en su segundo episodio…
Desde ese momento, la máxima de esta cuarta temporada de “Juego de tronos” no ha sido otra que sumar y sumar, y llegar más y más lejos. También se ha traducido en el entusiasmo que ha seguido levantando semana tras semana en las redes sociales, que son el mejor vehículo para medir el pulso de la actualidad, y en un incremento imparable de su audiencia en EE.UU, por lo que suponemos que también, de forma legal o no tanto, en el resto del mundo. Lo habitual en las series (por cable) que en los últimos tiempos han reventado audímetros, como “The Walking Dead”, “Breaking Bad” o “True Detective”, suele ser alcanzar un pico de espectadores con motivo del primer capítulo de cada temporada, mantener una audiencia más que decente durante el transcurso de la misma y volver a sumar un nuevo récord, en ocasiones estratosférico, en su despedida. Con “Juego de tronos”, que este año se estrenó con una extraordinaria cifra de 6,64 millones de espectadores y se ha despedido con 7,10 millones, las cifras no han hecho más que crecer cada semana. Su récord, de hecho, lo estableció el séptimo capítulo, “Mockingbird”, con 7,20 millones, 5 más que los que sumó el estreno de la serie en abril de 2011. Con dos temporadas más garantizadas oficialmente por la HBO, aunque sabemos que aguantará todas las que quiera mientras David Benioff y D. B. Weiss tengan material suficiente, y de calidad, sobre la mesa (de nuevo todas las miradas vuelven a apuntar a Martin), “Juego de tronos” es hoy por hoy totalmente imbatible. Y parece dispuesta a seguir engordando el botín. Leer más…

Corría el año 1975 cuando un brillante estudiante de Nueva York, (del Bronx, para ser más exactos), era invitado por la universidad de Cornell a visitar sus laboratorios e instalaciones. La intención de la oficina de admisión de dicha universidad era convencer a ese adolescente para que se decidiera a cursar sus estudios universitarios con ellos. Con ese fin, no dudó en utilizar a uno de sus más afamados profesores para que le guiara en persona durante su visita por el centro educativo. Y, aunque finalmente el chico se decidió por Harvard, él mismo reconoce que aquel día cambió su vida. Años más tarde, el destino de aquel chico volvería a cruzarse con el de aquel profesor de Cornell.
Los protagonistas de los hechos que acabo de relataros eran un joven de apenas 17 años llamado Neil deGrasse Tyson y el afamado científico y divulgador Carl Sagan. Apenas dos años años después de aquella visita guiada, Sagan comenzaría una serie documental de trece episodios que marcaría un hito en la historia de la televisión. Con más de 600 millones de espectadores, se convirtió en “el” referente para cualquier documental científico realizado desde entonces, demostrando que la ciencia ni es aburrida, ni tan complicada que haga difícil ser comprendida. Aquella obra maestra llamada “Cosmos: Un viaje personal”, rebosaba amor por la vida de todo aquello que nos rodea, por la ciencia, por el universo conocido hasta entonces y por los misterios que no habíamos sido capaces de desvelar todavía. Todo ello, concentrado en la figura de un hombre que inspiró a una generación de espectadores, con los que compartió asombrosas historias de superación; a la que facilitó la comprensión de investigaciones que parecían acotadas al entendimiento de reducidos grupos de científicos; que asesoró a la NASA en las que han sido las misiones más importantes de dicha agencia…tanto en las misiones Apolo, para poner a un hombre en la Luna, como en las misiones Pioneer y Voyager, centradas en la exploración de nuestro Sistema Solar; un hombre que hizo del pensamiento crítico su bandera y la de todos los que le siguieron; que en los momentos de mayor gloria para la humanidad, supo dirigir una mirada humilde hacia todos aquellos científicos que, con su conocimiento, con su esfuerzo y (en muchos casos) con su vida, hicieron posible esas gestas, ayudando a construir cada peldaño de la escalera de la ciencia. Sin los logros de aquella serie original, sería imposible entender hoy que su continuación se estrene en 180 países, 220 canales de tv y 48 idiomas distintos; hasta el punto que una cadena como la FOX haya emitido el primer episodio en horario de máxima audiencia y de forma simultánea en todos sus canales (Fox Broadcasting Company, National Geographic Channel, FX, FXX, FXM, FOX Sports 1, FOX Sports 2, Nat Geo Wild, Nat Geo Mundo and FOX Life). Cosmos se ha convertido por méritos propios en el mayor lanzamiento mundial de la historia de la televisión. Con todos estos precedentes, nos parecía imposible en El Cadillac Negro no dedicar una reseña coincidiendo con la emisión del último episodio de esta segunda entrega de «Cosmos».
¡Acompañadnos en esta aventura por el espacio, el tiempo y el conocimiento! . Leer más…
Nunca hubo un momento más brillante para el cine de superhéroes que el que estamos viviendo desde hace ya unos cuantos años. Quedan muy lejos aquellos tiempos en los que los únicos personajes de cómic “pijameros” que podíamos disfrutar en la gran pantalla en todo su esplendor eran Superman y Batman. El pelotazo de “Los Vengadores” en 2012 no hizo sino confirmar que el género es la actual gallina de oro del blockbuster contemporáneo. En una época en la que ya no surgen megataquillazos con tanta facilidad como, pongamos, hace diez años y en la que es más sencillo para Hollywood recurrir a remakes, reboots, secuelas y precuelas que estrujarse los sesos en una idea verdaderamente original, los superhombres son un valor seguro para las majors, y cada una se agarra con fuerza a aquellos que tienen “en nómina”. Marvel encontró la clave del éxito con su cada vez más nutrido mosaico de títulos ligados entre sí que deben confluir cada tres años en una nueva entrega de los héroes más poderosos de la Tierra, mientras que la Warner, una vez agotado el factor Nolan al frente de la trilogía del Caballero Oscuro, pretende replicarle con otro ambicioso plan para reflotar el universo DC de la mano de Superman y el murciélago que culmine con la llegada de la Liga de la Justicia. La siguiente frontera a conquistar es la televisión, donde ya han desembarcado “Marvel’s Agents of SHIELD” y “Arrow” y donde se espera próximamente a Flash, Constantine, Daredevil y –probablemente la apuesta más sugerente de todas, y la más inminente- Gotham. Incluso parece que vuelven los “Héroes” de la NBC, en su enésimo intento por reverdecer los laureles de su primera temporada. Pero además de la cantidad, también hay que reconocer que el nivel medio ha subido un par de peldaños en los últimos años, de modo que ya no encontramos con tanta facilidad en la cartelera subproductos tan dudosos como “Catwoman”, “Daredevil”, “Elektra”, “Ghost Rider” o “Green Lantern”. Ciñéndonos a la actualidad, este 2014 nos ha legado la que a juicio de un servidor quizá sea la mejor película de Marvel Studios, “Capitán América. El Soldado de Invierno”, y la segunda entrega de “The Amazing Spider-Man”, bastante más entretenida y espectacular que la primera. Cierto es que ninguna de las dos recaudará 1.000 millones de dólares, pero a buen seguro ambas terminarán entre las más taquilleras de la temporada.
Lo que quizás muchos no recuerden es dónde empezó todo este renovado interés por los superhéroes, porque es pertinente recordar que en aquellos felices años 90 hubo un señor llamado Joel Schumacher que prácticamente aniquiló él solo el género con la vergonzosa “Batman y Robin” (1997), tirando por la borda los esfuerzos que gente como Richard Donner o Tim Burton habían realizado por conferirle una pátina de respetabilidad a un material habitualmente reservado a la serie B. Tuvo que ser Bryan Singer, por aquel entonces un prometedor cineasta que ya contaba con una pequeña joya en su haber, “Sospechosos Habituales” (1995), quien en los albores del nuevo milenio insuflara nueva vida al cine superheroico y marcara el camino a seguir en el futuro con su versión de los populares mutantes de Marvel, los X-Men (o la Patrulla X, como eran conocidos en España). “X-Men” (2000) se alejaba del colorido camp y el infantilismo incorregible de las últimas entregas de Batman y aportaba una perspectiva más adulta, inteligente y elegante que, a la postre, instauraría un nuevo canon para el género. No cabe duda de que Christopher Nolan tomó buena nota de la enseñanzas de Singer -también del Shyamalan de “El protegido” (2000), aunque esa es otra historia- para afrontar su revolucionaria refundación del Señor de la Noche. Es justo, pues, que en esta Edad Dorada del Superhéroe la película más hypeada del año para el aficionado al cómic llevado a la gran pantalla sea precisamente la que marca el regreso del Singer director al género y a la franquicia de la que quizás nunca debió salir. Y también es justo que en El Cadillac Negro le dediquemos un espacio a repasar una de las sagas, con sus picos y valles, sus grandes aciertos y sus errores garrafales, más definitorias del cine superheroico del siglo XXI. Leer más…
Dice la recurrente Wikipedia que «en el ámbito de la psicología, la zona de confort es un estado de comportamiento en el cual la persona opera en una condición de ansiedad neutral, utilizando una serie de comportamientos para conseguir un nivel constante de rendimiento sin sentido del riesgo». No es una buena señal que a alguien al que se le presupone uno de los mayores talentos musicales del siglo XXI se acomode, aunque en ese refugio firme un disco notable.
Las primeras líneas a lomos del flamante Cadillac Negro del arriba firmante, seguidor confeso del artista que nos ocupa, osan arremeter (suavemente) contra el último disco de Jack White, ‘Lazaretto’, su segundo trabajo en solitario después de sus proyectos en White Stripes, Raconteurs, Dead Weather y ‘Blunderbuss’, su debut sin banda en el año 2012. Y es esa condición de fan la que frustra en parte las expectativas, y la que hace tratar un buen disco, un gran disco quizás, como una oportunidad fallida. Leer más…
Ray Bradbury y el incendio de la cultura
Hoy se cumplen dos años de la muerte de Ray Bradbury, mago de las letras, contador de cuentos, creador de universos, mente creativa y hombre de imaginación desbordante. Es, sin lugar a dudas, uno de los autores de ciencia ficción más importantes del siglo XX, un escritor soñador e idealista que quiso cambiar algo y que creyó en lo que hacía. Es por eso que desde el Cadillac queremos rendirle un pequeño homenaje, porque todos nos enamoramos la primera vez que una de sus obras cayó en nuestras manos, porque merece permanecer en la memoria colectiva y porque, sobre todo a día de hoy, en la segunda década del siglo XXI, su literatura adquiere una relevancia aún mayor que en el momento en que fue concebida.
A diferencia de otros grandes literatos y al igual que otros muchos, Bradbury no pudo asistir a la universidad y basó toda su formación autodidacta en la literatura. Prácticamente confinado a voluntad en la biblioteca, se dedicó a devorar con avidez a autores como Edgar Allan Poe, E. Rice Burroughs, Julio Verne o Huxley, rindiéndose a las posibilidades maravillosas y en ocasiones estremecedoras que el presente y (especialmente) el futuro podían ofrecer. Esta es la razón principal por la que siempre pensó que la ficción y las páginas escritas cambiarían el mundo. Esta es la razón por la que él fue capaz de cambiarlo a través de sus lectores. Leer más…






















