Nuestras series de 2018
Existe cierta sensación, compartida no por todos pero sí por algunos redactores de este blog, de que 2018 no ha sido un gran año seriéfilo… o al menos no tan bueno como años precedentes. Es cierto que los dos títulos que ocuparon los dos primeros puestos en nuestro ranking de 2017, “The Leftovers” y “Twin Peaks”, no podían repetir esta vez por razones obvias. Es más, otras ocho de las ficciones que elegimos entonces no han emitido un solo capítulo en estos últimos 12 meses, así que es inevitable que las hayamos llegado a echar de menos. Tampoco hemos tenido, como suele ser habitual, ninguna gran serie evento que haya monopolizado la atención del personal durante buena parte del año, pues los dos shows más mainstream del momento, “Juego de tronos” y “Stranger Things”, decidieron ambas tomarse un año sabático (¡menuda guerra se avecina en 2019!), mientras que “Westworld” lo intentó pero nunca tuvo opciones reales de ocupar el trono vacante. En cambio, hemos de felicitarnos porque en esta ocasión en el top con nuestras 15 favoritas (no nos cansaremos de insistir: aquí hablamos de favoritas, nunca de mejores) se han colado nueve, hasta nueve series estrenadas en 2018, muchas de los cuales tendrán continuidad en futuras temporadas. Así que hay relevo, y esa es una noticia extraordinaria. Casi más extraordinario aún es que, por primera vez, la producción española se haya hecho un hueco en nuestra lista… ¡nada menos que con cuatro títulos! Definitivamente, las cosas están cambiando. Así lo demuestra que sólo tres de las 15 favoritas de nuestro ranking anterior hayan repetido ahora, un año más tarde, mientras que las otras tres “veteranas” serían una que debuta por estos lares y dos que regresan para, feliz o tristemente, como se mire, despedirse a lo grande.
Si bien no podemos asegurar que lo haya sido en calidad, pues eso es subjetivo y en este blog ya hay disparidad de opiniones, lo que nadie puede negar es que 2018 ha sido un año histórico en cuanto a cantidad. Nunca antes se habían realizado y estrenado tantas series, nos habían llegado desde tantos sitios y estaban tan al alcance de nosotros como ahora. Recordando nuestros inicios, allá por 2012 (¡no hace tanto!), uno tiene la sensación de que entonces la cosa consistía en elegir entre los 20, o 25 títulos, que todo el mundo veía. Y ya se nos antojaba complicado. Ahora nos ahogamos en decenas y decenas de series, entre aquellas a las que intentamos ser fieles, otras que nos llaman la atención por lo que sea, todas esas recomendaciones que no dejan de llegarnos… y parece que el volumen de la oferta va creciendo de manera exponencial, en un momento en el que también van creciendo exponencialmente nuestras obligaciones y deberes en la vida real. Hasta el punto de que alguna de nuestras favoritas de 2017, u otras que en su día marcamos en rojo como “imprescindibles”, ni siquiera hemos podido verlas porque no hemos tenido tiempo. Nadie puede verlo todo. Así que se antoja imposible que compartáis al 100 por 100 nuestro top 15, que puede que no sea perfecto ni siquiera para nosotros, pero estamos contentísimos y muy orgullosos de cómo nos ha quedado. Porque en él conviven novedades ilusionantes con despedidas inolvidables, la frescura y la experimentación con el más reconfortante clasicismo, alardes de realización magistrales e interpretaciones soberbias, episodios y secuencias para los anales… Os invitamos a sumergiros en él y, a modo de experimento, este año os planteamos como novedad una encuesta al final del post en la que podréis votar (¡os animamos encarecidamente!) vuestra favorita de 2018. Nos lanzamos ya, ¿no? Leer más…
Nuestros discos de 2018
Las listas musicales de lo mejor del año que por estas fechas proliferan en revistas, webs y blogs siempre han tenido mucho de declaración de intenciones. Una forma de hacer recuento anual, sí; una herramienta para (re)descubrir obras que le pudieron haber pasado desapercibidas al lector, también; pero sobre todo suponen una autoafirmación de una línea de pensamiento, un posicionamiento vital, estético e incluso ideológico ante un panorama tan atomizado y compartimentado que ya casi es inútil tratar de definir qué es “lo mejor”. La del Cadillac Negro, dentro de la disparidad de gustos que conviven en este blog, de alguna manera también lo es. Y los que nos conocéis, a estas alturas ya sabéis de qué palo vamos y qué no vais a encontrar aquí. Que lo nuestro no es ir de demasiado modernos, ni subirnos al carro de cualquier tendencia que esté de moda por simple postureo (salvo que realmente nos mole dónde nos lleva ese carro), ni pasarnos de listillos referenciando mil artistas ignotos que parecen inventados. Tampoco nos cerramos a distintos géneros, algunos realmente antitéticos, pero tenemos nuestras filias y nuestros códigos, y siempre prestaremos más atención a lo último de glorias viejunas como, por ejemplo, Smashing Pumpkins, Nine Inch Nails o Paul McCartney (aunque luego no entren en la lista definitiva) que a los últimos éxitos de J Balvin, Ozuna o Ariana Grande (los artistas más escuchados del año según Spotify). Llamadnos pollaviejas si queréis, pero cada uno disfruta con lo que disfruta. Eso lo percibiréis en nuestra selección de discos favoritos de 2018, tan ecléctica (creemos) como es habitual en esta casa, pero dentro de nuestro propio (des)orden, sin pisar ciertas líneas rojas. Tampoco nunca hemos pretendido sentar cátedra, y por eso siempre recalcamos que estos no son los mejores discos del año, sino los que más hemos disfrutado los miembros del Cadillac.
Como casi siempre, en nuestra lista se han colado veteranos que todavía siguen dando guerra o que han recuperado la inspiración después de una etapa algo más tibia, pero sobre todo brillan artistas jóvenes que han confirmado las expectativas que habían creado o que nos han sorprendido con un movimiento insospechado que hemos recibido con los brazos abiertos. Nos congratulamos de que en una época en la que el empoderamiento de las mujeres cada vez está más en alza, nuestra lista albergue un buen número de voces femeninas; y, aunque de patriotismo rancio nosotros tengamos poco, celebramos que nuestro número uno haya recaído un año más, después de Bunbury en 2017, en un artista de aquí. Sin más preámbulo, nuestros favoritos de 2018: Leer más…
Lo primero, pedir disculpas para la mamarrachada de titular que me ha quedado, un titular que bien puede dar al traste con todo el contenido que venga después, pero es que eso es más o menos lo que sucede con «Superlópez». Me explico: la adaptación a la gran pantalla del popular cómic de Jan se ha afanado tanto en llegar a tantos públicos, abriendo el abanico casi más allá de lo permitido para abarcar a la mayor audiencia posible, que en ese intento ha acabado teniendo su perdición. Y es que cuando se pretende contentar a pequeños y a adultos, a millennials y a viejóvenes, puede suceder lo que me ha pasado con el titular, que al final no llegues completamente a ninguno de ellos, siendo una pena porque por el camino la película deja un buen puñado de atractivas intenciones y otra buena dosis de importantes carcajadas.
De esta forma, a sabiendas de que se trata de una cinta con la peligrosísima etiqueta de «para toda la familia», de que podría jugar en la liga de las series de la televisión generalista en abierto, de que el bombardeo de publicidad y promoción quizás llegue a hastiar y hacer aborrecer el título, la sangre no llega al río porque, detrás de todo eso, queda una buena atractiva plasmada además con acierto en algunos momentos, precisamente cuando llega la hora de ponerse el traje (léase con doble intención), pasando de una primera parte bastante flojita a un tramo realmente divertido para bajar de nuevo el nivel ligeramente en el tramo final, pero sin llegar a producirse el despropósito que podía haberse perpetrado.
Disfruté con los mejores momentos de la irregular «¡Ave César!», empaticé con el tristísimo fracaso del cantautor que protagonizaba «A propósito de Llewyn Davis» (aquí analizada en su día), me emocioné con la emotiva incursión en el western en «Valor de Ley«, medité gustosamente con la filosófica «Un tipo serio», me divertí de lo lindo con la infravalorada «Quemar después de leer»…pero no me impactaba tanto una película de mis queridos hermanos Coen (aquí la prueba de mi fervor) desde la oscarizada y magistral «No es país para viejos». Este es el calado de «La Balada de Buster Scruggs», la nueva maravilla con la que los hermanísimos se han estrenado en Netflix.
La poderosa plataforma lleva tiempo queriendo tener en el cine una posición preponderante similar a la que ya tiene en las series. Sin embargo, pese a comenzar fuerte con aquella «Beasts of No Nation», de Cary Fukunaga, la avalancha de estrenos poco estimulantes fue creando el convencimiento colectivo, algo injusto, de que había que huir como de la peste de los proyectos cinematográficos de la gran ‘N’ roja. Ni siquiera el nuevo gran esfuerzo realizado al contar con directores tan bien considerados como Noah Baumbach, David Ayer, Alex Garland o Duncan Jones, consiguió erradicar esa mala fama y dar el espaldarazo definitivo. Sin embargo, «La balada de Buster Scruggs» es el comienzo -precedido de aperitivos tan potentes como los nuevos proyectos de Paul Greengrass, Tamara Jenkins y David MacKenzie y el viejo y ya acabado de Orson Welles- del órdago definitivo que debe a dar por fin a Netflix su ansiada victoria. No es para menos, a los Coen les sucederá la esperadísima «Roma» de Alfonso Cuarón y, para completar un trío de ases invencible, en 2019 llegara el Princesa de Asturias Martin Scorsese con esa «The Irishman» tan y tan prometedora. Leer más…
«Daredevil»: el diablo en el infierno
En un momento en el que la incertidumbre se cierne sobre el universo televisivo Marvel de Netflix, con las cancelaciones de “Iron Fist” y “Luke Cage” dejando entrever que la audiencia empieza a estar hastiada de tanto supertipo y bajo la amenaza que supone la inminente llegada de Disney al negocio del streaming, “Daredevil” se ha reafirmado en su tercera temporada como la única razón para lamentar de corazón que finalmente todo este tinglado salte por los aires y la popular plataforma cierre el chiringuito. Porque la serie con la que comenzó a construirse este universo paralelo al UCM con superhéroes más ‘realistas’ y callejeros sigue siendo, tres años después de su debut, la mejor construida, la más compleja, la más entretenida y, en definitiva, la mejor a secas del lote superheroico, no solo de Netflix, sino de la televisión en general. “Jessica Jones” anduvo cerca con su primera temporada, pero tras el sopor con el que nos inundó la segunda tanda el hype se nos bajó muchísimo. Y “The Defenders”, sin llegar a ser a mi juicio el desastre que muchos sí vieron, no colmó las expectativas creadas por un crossover que debería haber supuesto para este universo televisivo, salvando las distancias, lo mismo que «Los Vengadores” de Joss Whedon para el UCM. Muy al contrario, desde entonces, cada nueva temporada de cada uno de estos personajes ha generado menos expectación y conversación social que la anterior, hasta el punto de que incluso la tercera season del “cuernecitos”, la joya de la corona, se ha promocionado y visibilizado bastante menos de lo esperado, y sería una lástima que quedara perdida entre el maremágnum de novedades porque “Daredevil” sigue jugando en una liga muy superior a la de sus colegas de plataforma. Si en esas otras series se hubiera invertido el mismo mimo, talento, inventiva y creatividad que aquí, quizás otro gallo le habría cantado a Netflix.
Las dos magníficas primeras temporadas adaptaron ejemplarmente la mitología del abogado ciego/justiciero de Hell’s Kitchen, un personaje que parecía arruinado para el medio audiovisual tras el filme de Mark Steven Johnson de 2003 bajo los auspicios de la Fox y que Marvel Studios, una vez recuperado los derechos, nunca barajó para incluir en el UCM. A decir verdad, relegar al Hombre sin Miedo al medio televisivo, pero en una cadena no condicionada por las restricciones morales y las rígidas normas procedimentales de los canales en abierto, se reveló como la mejor decisión para un superhéroe oscuro que siempre funcionó como un outsider, incluso dentro de la propia Marvel, y que por su carácter urbano no necesitaba el presupuesto gigantesco de un blockbuster cinematográfico para ser llevado a la pequeña pantalla de manera convincente. Tomando como inspiración básica “El hombre sin miedo” de Frank Miller y John Romita Jr., la primera temporada de la serie creada por Drew Goddard y Steven S. Deknight se alejaba de la pirotecnia para toda la familia de la Marvel cinematográfica y se proponía como un drama de personajes con conflictos y dudas morales, ambientación propia del género negro, una acción física y cruda plagada de golpes que llegaban a doler, guiños bien calzados a los aficionados a las viñetas y un villano definitivo, Wilson Fisk, que se meaba en la cara de sus contrapartidas de opereta del UCM. En su segundo round, con nuevos showrunners al frente –Douglas Petrie y Marco Ramirez-, llegaron el Punisher, Elektra y La Mano, potenciando el elemento sobrenatural y manteniendo admirablemente el nivel, pese a que ciertos desequilibrios en las tramas le impidieran ser tan redonda como el debut (mi compañero Rodrigo diseccionó esta segunda temporada aquí). Leer más…

Tengo que comenzar estas líneas reconociendo que desde hace meses tenía cierto respeto a enfrentarme a este artículo. Es más, desde hace unos dos años era una especie de recelo lo que sentía al pensar en el momento en el que Andrés Calamaro sacara un nuevo disco. Esto se debía a dos motivos, que podían ser casi el mismo: su anterior trabajo, «Volumen 11», supuso un ligero chasco, lo que plasmé en una crítica algo tibia, lo que a su vez me ocasionó (he aquí el quid de la cuestión) un enfrentamiento con el propio Calamaro que derivó en feas palabras y comentarios. Que uno de los ídolos de toda tu vida, un artista al que sigues y admiras desde hace casi 30 años, te ataque personalmente fue, no lo voy a negar, un incómodo momento, si bien nunca conllevó ningún tipo de reniego o arrepentimiento por mi parte. Tras este episodio, sentía que mi respuesta al nuevo álbum podría ser vista como un despecho (en el caso de una reacción negativa) o como una claudicación (en caso de una reacción positiva).
La fase más inmediata a la llegada del disco, viendo que la actitud de Calamaro, al menos en las entrevistas y las redes sociales, distaba una inmensidad de la mostrada dos años atrás, para bien, se me ocurrió asomar la patita y dirigirme a él para intentar un encuentro, una colaboración, un «algo» que hiciera de esta crítica un evento especial. Desde un primer momento su disposición, amabilidad y altruismo fueron dignos de mención, mostrándose presto a cualquier tipo de participación para con este humilde medio. Finalmente decidimos que una especie de intercambio epistolar podría ser interesante, quedando reflejado en él la visión de la obra del propio artista y la del seguidor (para no obviar la crítica que no podía obviar), dejando casi totalmente al margen cualquier asunto que no fuera el disco en cuestión. De esta forma, a continuación os brindamos las cartas que por la publicación de «Cargar la suerte», sobre la publicación de «Cargar la suerte» y gracias a la publicación de «Cargar la suerte» intercambiamos con Andrés Calamaro. Un lujo, un placer y un regalo. O cómo el artículo más temido se convirtió en el más gratificante. Leer más…
«Bodyguard»: amenaza inminente
Los guardaespaldas. Probablemente no sean el gremio más representado en cine y televisión; pero si empezamos a rememorar viejos títulos, nos encontraremos con una buena lista de personajes que estuvieron dispuestos a dar su vida por la persona que contrató sus servicios. Desde el ochentero Charles Bronson de «El guardaespaldas de la primera dama» hasta el crepuscular Clint Eastwood de «En la línea de fuego«; pasando por el expeditivo Denzel Washington de «El fuego de la venganza«, el resignado Nicolas Cage de «Tess y su guardaespaldas«, el estricto Vin Diesel de «Un canguro superduro«, el desternillante Ryan Reynolds de «El otro guardaespaldas«, el efectivo Dennis Quaid de «En el punto de mira«, el desatado Gerard Butler de «Objetivo: la Casa Blanca«, el veterano Michael Douglas de «La sombra de la sospecha«, el reformado Colin Farrell de «London Boulevard«…y así, hasta llegar al inolvidable, exitoso (y edulcorado) Kevin Costner de «El guardaespaldas«.
Sin embargo, aunque la televisión ha tardado bastantes años en conseguir un título de referencia a la hora de plasmar el duro día a día de esta profesión; el 2018 ha conseguido cubrir todas las deudas pendientes con una producción tan ambiciosa y atractiva que ha destrozado todos los récords históricos de la BBC, rivalizando con las siempre inalcanzables audiencias de un mundial de fútbol y teniendo (literalmente) a medio país pendiente de las amenazas que rodean a la Secretaria de Interior (en España, su equivalente sería directamente la Ministra de Interior), cuya seguridad está en manos del agente David Budd…quizás la persona menos adecuada para protegerla. Leer más…






















