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«Happy Valley»: las fatales e inevitables consecuencias

07/11/2016

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Hablemos de las expectativas y hablemos de las consecuencias. Hablemos de lo que uno espera y de lo que irremediablemente al final se encuentra, quedando alterada en parte la percepción por esa misma perspectiva. Estamos hablando del poder del conocimiento y de la información como elemento desequilibrador de las realidades. Más claro y menos pedante: muchas veces, cuanto más sabes y más esperas de algo, esa esperanza, ese ‘hype’ que se dice ahora, frustra buena parte de un gozo que en una total o parcial ignorancia hubiera resultado bastante más disfrutable. Tomo buena nota de ello yo el primero para recomendaros, pero despacito y en voz baja, una de esas series de segunda fila, fuera de los principales focos mediáticos, pero que sin duda puede considerarse uno de los grandes títulos venidos del Reino Unido en los últimos años. Tampoco es una total desconocida ni una joyita oculta con la que demostrar un asombroso dominio de la cultura más underground, ya que se trata de una serie de la BBC, que en España cuenta con el respaldo y el cobijo de Netflix y Movistar, y que además ha conquistado varios premios importantes, entre ellos un Bafta a la mejor serie dramática. Por lo tanto, no es una extraña para la audiencia más o menos leída en lo que a series se refiere. Sin embargo, sí creo que es lo suficientemente desconocida para ordenar estas líneas libres de ‘spoilers’ y que, en lugar del habitual repaso y análisis, opte por un texto de presentación y recomendación. Por lo tanto, os presento y os recomiendo «Happy Valley».

«Happy Valley» es una serie británica que en 2014 tuvo su primera temporada y que en los primeros meses de 2016 emitió su segunda tanda de episodios, completando por ahora un total de 12 capítulos de alrededor de una hora de duración. La trama narra la historia de Catherine Cawood, una sargento de la Policía en la pequeña urbe de West Yorkshire, que es la auténtica y total protagonista, a la que da vida de forma absolutamente brillante Sarah Lancashire. Y la historia de esta agente es un compendio de los más duros sufrimientos que alguien pueda imaginar: su hija se suicidó poco después de haber dado a luz a un niño fruto de la violación de su pareja. Al no dudar en quedarse con su nieto, su marido decide abandonarla por no ser capaz de aceptar la presencia del niño, al que en el fondo culpa del suicidio de su hija. Así, Sarah se hace cargo de la custodia del menor mientras comparte hogar con su hermana, una exdrogadicta, y se añade capas de sufrimiento con los innumerables delitos menores a los que se enfrenta en el día a día. Hecha esta rápida introducción, que la propia protagonista se encarga de pregonar en la escena inicial, podríamos resumir de forma más esquemática y casi insultante para ir captando el interés: «Happy Valley» viene a ser un cruce entre los hermanos Coen y Ken Loach.

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«Doctor Strange»: la cara más lisérgica de Marvel

03/11/2016

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A vueltas con la cacareada sobreexplotación cinematográfica de los superhéroes y el presunto cansancio de un público bombardeado hasta la saturación por la licra y las capas, un servidor cae en la cuenta de que las cinco películas del género estrenadas este año antes de “Doctor Strange” copan el top 10 de las más taquilleras de 2016 en todo el mundo, erigiéndose una de ellas, “Capitán América: Civil War”, como la número uno.  Es de suponer que, aunque en algún caso no se hayan cumplido las expectativas más optimistas, todas ellas habrán dado pingües beneficios a los estudios. ¿Se puede especular con el declive de un género cuando hasta los filmes protagonizados por personajes secundarios, hasta ahora desconocidos para el público ajeno a los cómics, como Deadpool o Harley Quinn amasan más de 700 millones de dólares? Los números mandan y lo cierto es que la burbuja superheroica todavía parece estar lejos de estallar. Para 2017 hay previstas otras seis películas de supertipos (Guardianes de la Galaxia, Spiderman, Thor, Wonder Woman, Liga de la Justicia y Lobezno)  y todo indica que, independientemente de su calidad, seguirán encabezando el box office.

Ahora bien, una cosa son las cifras y otra la reputación. Que se lo digan a Warner, que este año ha tenido que soportar que “Batman v Superman” y “Escuadrón suicida” fuesen masacradas sin piedad por la crítica, mientras que las de Marvel han sido saludadas con vítores y aplausos entusiastas. Y aunque sí parece detectarse cierta inquina hater hacia las de una parte y mayor condescendencia hacia las de la otra, la explicación más sencilla suele ser la correcta: simplemente las de Warner son peores. Cuando escribimos en su momento sobre “BvS” y “Capitán América: Civil War” ya nos referíamos a cómo Warner se veía obligada a ir a la contra, a correr demasiado para alcanzar a Marvel y eso terminaba dejándola a medio camino de todo. Pero si dejamos a un lado esos dos filmes y nos centramos en los outsiders de ambos estudios para esta temporada, aquellos que juegan con bazas menos populares pero que por eso mismo pueden permitirse más libertades creativas, constatamos que  el “Escuadrón Suicida” de David Ayer decepcionaba porque nos prometía irreverencia, atrevimiento y mala leche, pero nos entregaba  una trillada sucesión de chascarrillos para multisalas con los que parchear un guión mediocre y desganado, y de propina un Joker entre cani y gangsta, perdido y desubicado, luchando desesperadamente por salir en una foto que no le correspondía. Al final aquello no era ni DC ni Marvel, sino un pastiche inofensivo que al menos tenía la virtud de transcurrir con ligereza y no hacerse pesado. “Doctor Strange”, en cambio, corrobora que Marvel entiende a los personajes de su catálogo y sabe cómo incorporarlos a su fórmula, a su homogénea imagen de marca, una que tiene clara su apuesta por la diversión para todos los públicos sin rastro de ínfulas arty, pero que en este caso además se las arreglar para tantear rincones inexplorados anteriormente en su macro-universo compartido por la vía de la extravagancia visual, la estética alucinógena, unas gotas de misticismo new age y una pizca de magia importada de Hogwarts. No es “Doctor Strange” una película libre de flaquezas (algunas de los cuales ya son endémicas en la factoría), pero, como ocurre con todas las películas “buenas” de Marvel Studios, logra que sus virtudes prevalezcan sobre sus defectos en el cómputo global y dejen un buen sabor de boca, justo lo contrario que ocurre con Warner/DC (y con eso dejamos ya en paz a la “distinguida competencia”). Leer más…

A través de la escapada (más allá de aquel niño que gritó puta)

27/10/2016

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Volvemos a ceder las llaves del Cadillac Negro a una persona ajena a la tripulación habitual para intentar ampliar el foco y añadir nuevos colores a nuestra modesta paleta de tonalidades. En esta ocasión queremos abordar algunas películas del denominado cine social desde otra perspectiva, apartándonos de la mirada del espectador habitual para dar cabida al análisis de una profesional de la, digamos, dura vida real que a menudo tratan estos títulos. Olga Morla es educadora social, actriz y madre (además de poseer varias infinitas cualidades), por lo que lo tiene todo para acometer esta tarea desde un privilegiado punto de vista. Sin embargo, no teman un texto técnico o adoctrinador, se trata únicamente de una visión desde la experiencia de los diferentes deseos de huir, de los anhelos de búsqueda, de las ansias por sobrevivir. 

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Al volante: OLGA MORLA

Todas las personas alguna vez hemos huido, hemos escapado de algo, buscando a ciegas en muchas ocasiones sin saber qué, a veces sí sabiendo hacia dónde. Todas las personas lo hemos hecho aun con vidas sin excesivos sobresaltos, porque escapar es un mecanismo primitivo y natural. Pero en este mundo hay personas que viven en situaciones extremas, sin seguridades básicas, en contextos dañados, vulnerables a un sinfín de situaciones de riesgo, atrapadas en su propia realidad, con muchos motivos para huir y en ocasiones con sobradas razones para buscar muchas cosas o simplemente personas pendientes de encontrar. Para estas personas el coste de la huida es otro bien diferente.

El cine, como con tantísimos otros temas, ha sabido reflejar estas realidades al límite con una delicadeza digna de respeto muchas veces, ha sabido plasmar la realidad de una forma acertada, respetuosa y minuciosa, reflejando los matices y complejidades del comportamiento humano, por lo que no puedo evitar acudir a él para profundizar en las distintas formas de huida. Leer más…

«You Want It Darker»: ¿el último vals de Leonard Cohen?

24/10/2016

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Un anciano de 82 años elegantemente vestido de oscuro con chaqueta, sombrero y gafas de sol ahumadas se asoma a una ventana, quizás en la Torre de la Canción, y echa un último y sereno vistazo a todo aquello que deja atrás, antes de adentrarse en la blancura infinita del interior. Un grueso marco en negro comprime y estrecha la viñeta. Es la fotografía de una despedida, pero hay un detalle que nos confirma que no se trata de un adiós trágico o melodramático: el viejo Leonard, ese perezoso bastardo que vive en un traje, sujeta satisfecho un cigarrillo entre los dedos de la mano que despreocupadamente se apoya en el borde del recuadro. Sí, hacía años que había dejado de fumar, pero no dejemos que lo inevitable nos impida disfrutar por última vez de nuestros placeres más queridos, parece decirnos el bardo canadiense. Ese estado de estoica y sosegada abdicación de alguien dispuesto y preparado para partir es el que domina las nueve canciones y 36 minutos que dan forma al decimocuarto disco de estudio de Leonard Cohen, “You Want It Darker”, recibido instantáneamente como el testamento de uno de los más grandes compositores de nuestro tiempo.

El extenso (y muy recomendable) artículo de David Remnick para ‘The New Yorker’ en el que se declaraba “preparado para morir” disparó todas las alarmas, quizás más por la crudeza de ver esas palabras escritas en un titular que por la inevitable certeza que acecha en mayor o menor medida a cualquiera que sea ya un octogenario. Días después trató de recular aclarando socarronamente que su intención es vivir para siempre, pero su última obra es la prueba de que en aquel artículo hablaba en serio, lo cual no es una sorpresa porque al menos desde “Old Ideas” (2012) Cohen viene despidiéndose. Tanto aquel fantástico disco como su no menos fantástico sucesor, “Popular Problems” (2014), habrían funcionado como perfectos broches de oro a una trayectoria, aunque esa etiqueta le corresponde ahora provisionalmente a “You Want It Darker”, que cualitativamente no baja en absoluto el listón de su obra post-Lynch (no David, sino Kelly, la traidora manager que le desplumó a sus espaldas) e incluso supone un cierre más redondo. Pero si el ciclo del crepúsculo se queda en trilogía o todavía albergará más capítulos es algo que probablemente ni el propio Cohen sepa, o tal vez sí. Leer más…

«Sing Street»: all you need is pop

12/10/2016

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«Sing Street» es una triste y bella canción pop. «Sing Street» es la misma estrofa y el mismo estribillo que has escuchado en infinidad de ocasiones. Son esos tres o cuatro acordes básicos repetidos en miles de composiciones. Pero «Sing Street» consigue emocionarte e identificarte, hacerte reír y hacerte llorar. Es cine, es música y es vida. Es la historia de un aprendizaje, de una búsqueda y de una huida. «Sing Street» es un temazo.

Al mando de esta película está John Carney, el responsable, entre otras, de la maravillosa «Once» (una de las favoritas de algunos miembros de El Cadillac, y ya recordada en estas líneas) y de la muy loable pero creo que menos emocionante «Begin again» (también tratada en su día en este enlace). Así que ya podemos imaginarnos por dónde van los tiros: historias plagadas de sentimientos alrededor de la música. Quizás esta tercera parte de la trilogía vuelve a emparentarse más con aquella primera, retomando las distancias cortas, las historias más pequeñas y humildes, pero abriendo el abanico de emociones, abarcando un mayor número de dramas (sin duda más que aquella minimalista pero apasionante historia de amor entre Glen Hansard y Markéta Irglová), que salpican todo el metraje pero sin llegar a inundarlo, sin hacerle perder esa frescura y ligereza de toda buena canción pop.

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«Transparent»: el drama generacional de los Pfefferman

10/10/2016

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(AVISO SPOILERS: El post analiza detalladamente la tercera temporada de la serie estrella de Amazon. Si aún no has disfrutado del último episodio, «Exciting and New», -lo cual es un error vital- vuelve cuando lo hayas hecho.)

Qué fortuna, por tercer año consecutivo, tener que buscar la combinación de caracteres adecuada para expresar la grandeza de un producto que, en su relativamente corta vida, ha conseguido entrar en un limbo al que van las ficciones más humanas y acertadas. Ficciones dolorosas en su contenido y en su reflejo existencial que se nos cuela en los lagrimales, que se hace hueco en ese nudo en la garganta con el que vemos cada episodio. Eso es «Transparent», en su definición más básica. Es la mella que deja en nosotros al terminar, es el silencio impuesto mientras dejamos que nos empape, el vacío tras los créditos color salmón.

Lo viene a confirmar su tercera y magnífica temporada: esta serie es, desde un punto de vista social (e individual, no queramos engañarnos), la más necesaria dentro de la parrilla actual, una serie en continuidad que aún guarda un buen puñado de lecciones que darnos con su sensibilidad especial, su introspección, su elegancia, su falta de tapujos y la complejidad de unos personajes que, por ser detestables de no pertenecer a un conjunto, no dejan de sorprendernos. Dos premios Emmy ha recibido ya Jeffrey Tambor por interpretar a uno de mis personajes favoritos del panorama presente, dos reconocimientos a una Maura que a veces habla en nombre de todos nosotros, de todas nosotras, del sexo, la identidad y la angustia vital. Y se nos antojan pocos…

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«Delta»: la calma, la luz y las raíces de M Clan

05/10/2016

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Admito que cuando intento perpetrar unas líneas sobre un determinado disco en ocasiones no sé muy bien por dónde hincarle el diente. Hay veces que no encuentras una idea lo suficientemente concreta o importante para desde ella englobar todo un álbum, ya sea por falta de personalidad o por una excesiva dispersión (del disco, no mía. O también). Afortunadamente para la fluidez de este texto, «Delta» se encuentra en las antípodas de esa indefinición. M Clan tenían muy claro lo que querían hacer y cómo hacerlo. Pretendían un disco de folk y country americano y han hecho un disco de folk y country americano. Pero además, casi por encima de todo, «Delta» es un disco evocador, orgánico, melancólico, luminoso y, sobre todo, bonito, muy bonito.

Hace ya tiempo que M Clan no tienen que demostrar nada a nadie ya que sus más de 20 años de carrera deberían ser suficiente carta de presentación o reclamo para los oídos ávidos de rock. No obstante, cada cierto tiempo gustan de dar un nuevo giro a su apuesta, por lo que a estas alturas es posible que consigan sorprender o agradar a audiencias hasta ahora hostiles. Así, bien podría estar el grupo en su versión 4.0 después de:
·Dos discos de puro rock sureño, con entusiastas críticas y escaso seguimiento.
·El éxito masivo gracias a un sonido más accesible, un par de versiones de clásicos infalibles y la historia de una tipa que no tiene tenía edad para hacer el amor.
·La huída hacia delante con un estilo más personal y maduro, con un acercamiento al rock & soul.
El concierto de celebración de sus 20 años en la carretera, títulado en su posterior publicación en cd+dvd «Dos noches en el Price», y que ya desgranamos en estas líneas, se convirtió posteriormente en una gira que se fue alargando mucho más de lo previsto debido al gran éxito del que estaba gozando nuevamente el grupo, alcanzado posiblemente su mayor aceptación desde la época de aquella «Carolina», pero sin llegar a ella. Así, tras cerrar esa etapa, Carlos Tarque y Ricardo Ruipérez anunciaron que en su próximo álbum darían rienda suelta a los sonidos acústicos y americanos que ya habían salpicado algunos de sus discos. Temas como «Gracias por los días que vendrán», «Las palabras que me dijiste», «Solo viento» o «Balada del desarraigado» rápidamente se relacionaban con este inmediato futuro, por lo que la idea parecía coherente y apetitosa.

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«Carnivale»: obra maestra maldita…¡maldita obra maestra!

30/09/2016

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(ALERTA SPOILER: Este post narra algunos de los acontecimientos clave de las dos temporadas de «Carnivale», aunque no desvela los más importantes: ustedes mismos).

Todavía recuerdo mi ‘big bang’ personal por el cual comencé a interesarme en aquella incipiente ‘edad de oro’ televisiva, tras años y años sin seguir producción catódica alguna. Fue un artículo de la insigne revista «Popular 1» -que como todos deberíais saber es mucho más que una publicación sobre rock- el que me puso en alerta. Versaba sobre tres series estadounidenses de reciente estreno que estaban causando un notable revuelo y que ejemplificaban perfectamente el cambio de temáticas imperantes y, sobre todo, el salto de calidad que era tendencia: nada menos que «Perdidos», «Mujeres desesperadas» y «Carnivale». Pude saciar mi curiosidad con las dos primeras relativamente pronto gracias a que, por aquel entonces, a Televisión Española le dio por apostar por esa nueva ola que venía desde la otra orilla del Atlántico: siempre tendré en mi mente el impacto que me causó el estreno a traición -un somnoliento domingo por la tarde, justo después de una larga final de Roland Garros- de ese excepcional piloto de ‘Perdidos’, así como lo bien que lo pasé con aquella reivindicable primera temporada de las moradoras de Wisteria Lane, justo antes de que fueran echando por la borda todo lo conseguido. Sin embargo, de forma previsible, ninguna televisión generalista se atrevió con la tercera en cuestión y, cuando otros medios de adquisición aún se hacían costosos, «Carnivale» se quedó apartada de ese momento de ansiedad, durmiendo el sueño de los justos ante la posterior avalancha de jugosas producciones, aunque un servidor nunca la olvidó del todo y siempre quedó como una tarea pendiente.

Por fin, tras abrirme camino entre las numerosas obras actuales, pude conseguir mi objetivo y descubrir esa maravilla oculta. Y tras el visionado de sus dos temporadas y con la emoción aún a flor de piel, sólo puedo decir que, viendo ‘Carnivale’ en pleno 2016, el 90% de las series actuales parecen anticuadas. Tal es la moderna atemporalidad y la magia que desprende esa virtuosa mezcla de la vertiente más enigmática de un David Lynch -no en vano su querido Michael J.Anderson es uno de sus principales intérpretes-, la irónica excentricidad en personajes y situaciones de los hermanos Coen y la épica y el contexto histórico de la mítica «Las uvas de la ira» de John Ford. Leer más…