Vaticinábamos en uno de los primeros posts de este vuestro blog que 2012 iba a ser un año duro. No nos equivocábamos, no. Sin embargo, dábamos una razón para la esperanza: la salida del nuevo disco de Queens of the Stone Age. Pues no. 2012 resultó ser tan nefasto que ni ese pequeño respiro nos dio. No obstante, 2013 no ha querido ser tan mezquino y desde hace ya alguna semana disfrutamos del sexto álbum de estudio de una de las más grandes bandas de rock de nuestro tiempo.
No ha sido fácil la gestación de este flamante ‘…Like Clockwork’. Cuando todo parecía preparado para reiniciar la maquinaria Queens, el líder supremo Josh Homme sufrió una serie de complicaciones tras una operación de rodilla que hicieron peligrar gravemente su salud y le indujeron un estado de depresión galopante. Una vez recuperado, las dificultades le acompañaron al estudio, en el que unas tensas sesiones acabaron con la salida del grupo del batería Joey Castillo, uno de los magos de la percusión rock de nuestros días, un gigante que había hecho olvidar la gloriosa aportación de Dave Grohl en la obra maestra del grupo, ‘Songs for the Deaf’. Sin embargo, esta desmotivadora baja fue pronto resuelta con el anuncio de un rosario de colaboraciones, entre las que destacaba la vuelta de Grohl a los tambores, sumado al regreso de hombres clave en la historia del grupo como Nick Oliveri y Mark Lanegan, siendo el postre las distintas aportaciones de gente tan dispar y notable como Alex Turner (Arctic Monkeys), Trent Reznor, Jake Shears (cantante de los agradables ‘petardos’ de Scissor Sisters) o, nada más y nada menos, ¡Sir Elton John! Estas revelaciones hicieron que a lo largo de este 2013 la expectación fuera creciendo hasta niveles desorbitados y que más de uno previera la definitiva explosión comercial de Queens of the Stone Age. Leer más…
El destino, o lo que sea, es a veces muy juguetón. Apenas había sido publicado hace más o menos un año en este blog un post glosando las enormes virtudes de ‘Antes del atardecer’ que se confirmó que una tercera parte de una de las sagas más emocionantes del cine moderno estaba en camino (como quedó bien reflejado en los comentarios de aquella entrada). Como ya dije entonces, la idea me provocaba sensaciones contrapuestas: si por un lado tenía mucha curiosidad en comprobar cómo continuaba la historia de Jesse y Celine, por el otro tenía un considerable miedo a que la serie se pudiera desvirtuar después de un final de la segunda parte que a un servidor le parecía prácticamente perfecto.
Pues bien, un año pasa volando (algo que los protagonistas del filme suscribirían sin dudar) y ya estamos aquí aporreando el teclado para intentar recrear las sensaciones que nos ha provocado esta nueva entrega. Y oigan, si también habéis seguido la saga con la emoción del que firma esto, ya pueden quitarse los miedos de encima: ‘Antes del anochecer’ respeta fielmente el espíritu de sus predecesoras pero sabe introducir los elementos nuevos necesarios para que la serie siga tan fresca como una lechuga. No sabemos si habrá dentro de unos años una continuación o no, pero esta nueva entrega valdría tanto para dar un más que digno final a la historia como para ser un imprescindible eslabón de la cadena. Sí, Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy lo han vuelto a hacer. Leer más…
Los Oscar representan toda una vorágine en el mundo del cine. Durante meses los aficionados vamos engrosando nuestras quinielas, acudiendo a cada estreno con la agenda para apuntar posibles candidatos de cara a nuestras apuestas. Pero tan rápido como llega la gala, se analizan los premios otorgados durante unos pocos días y, ¡voilá!, todo olvidado. Se acabó de hablar del tema, ya en febrero el nuevo asunto de moda son las expectativas de cara a los ‘blockbusters’ del verano. La inusitada celeridad de este mundo en el que vivimos prácticamente nos impide examinar los detalles, ni siquiera uno tan importante como que un actor ha superado la que parecía infranqueable cota de dos estatuillas como Actor Protagonista. Daniel Day-Lewis llegó, vio y venció un premio que no por muy esperado debiera ser menos valorado. Y es que nos encontramos ante un intérprete que ha logrado el sueño de cualquier miembro de esta estirpe: participar en lo que le da la gana, acumular reconocimientos y loas, tomarse un buen descanso de dos o tres años, elegir un papel entre los que le ofrecen los mejores cineastas del planeta, rodar durante unos meses en el proyecto que le da la gana y vuelta a empezar.
El londinense se ha convertido en una especie de deidad inalcanzable, pero para ello tuvo que luchar mucho e irse labrando poco a poco la esplendorosa carrera que le contempla. En esta serie he solido ir desgranando cronológicamente los distintos hitos de la trayectoria del actor elegido. Pero estamos ante alguien excepcional, que no merece otra cosa que un tratamiento especial. Por ello, he creído que la mejor forma de rendirle tributo es recordar sus mejores momentos, las ocho interpretaciones que a un servidor le han hecho valorar a Day-Lewis como lo que ya es: uno de los más grandes actores de la Historia. Por supuesto, esta lista está muy lejos de ser objetiva o neutra, simplemente es la expresión mediante el teclado de la admiración de un humilde autor de un blog hacia un astro, por lo que está claro que cada uno de vosotros tendrá la suya propia, tan válida o más que la que se halla bajo estas líneas. Por lo cual, son admitidas con gusto todas aquellas (educadas) disensiones que podáis tener. Leer más…
Def Leppard provocan la histeria en Madrid
Siempre he envidiado la suerte de la que disfrutan los rockeros estadounidenses. Su verano está repleto de giras conjuntas de grandes grupos clásicos, cuyos conciertos suelen convertirse en una celebración familiar para domingueros melómanos. Es cierto que en muchas ocasiones esos acontecimientos están muy lejos del espíritu rebelde y contestatario que se le supone a esta música y que la mayoría de las formaciones que participan apenas se parecen en nada a las originales. Basta con que el bajista que llegó a tocar en cuatro demos del disco más oscuro de la banda en cuestión acumule ganas de salir a tocar, llame a unos cuantos colegas y,,,voilá!, ya tenemos la nueva versión de Grand Funk Railroad, Foghat, Wishbone Ash o cualquier otro grupo mítico. Pero también es verdad que en otras muchas ocasiones se juntan tres o cuatro formaciones clásicas en buena forma y uno se puede quitar varias cuentas pendientes de un plumazo. Por eso me alegré tanto cuando se anunció la gira que iban a realizar tres grandes del hard rock como Def Leppard, Whitesnake y Europe por España. Ocasión ideal para testar el estado de forma de estos grupos y, en mi caso, para debutar en directo con uno de mis grupos predilectos, los autores de ‘Pyromania’, y con los escandinavos. Como prolegómeno del concierto vivido en el madrileño Palacio de Vistalegre, poco más puedo añadir que no esté en la magnífica previa de mi compañero Rodrigo en el post precedente ‘1987’. Si aún no lo has leído, hard rockero, tienes una nueva tarea que acometer.
Europe nunca han estado entre mis predilecciones. No hace mucho que los veía como un reducto de mi niñez. ‘The Final Countdown’ (la canción) la tenia en la misma consideración que el ‘Can’t Touch This’ de MC Hammer o cualquier tema de Level 42. Posteriomente escuché algunos de sus discos clásicos y, desde entonces, les considero un buen grupo de hard rock melódico, con algunas grandes canciones, aunque ni mucho menos al nivel de los verdaderamente grandes. No comparto el fanatismo de Rodrigo sobre ellos, ni siquiera en la nueva y respetada carrera que emprendieron tras su regreso. De esta manera me planté con ojos vírgenes a la descarga de los suecos, que abrían el minifestival. ¿Mi conclusión? Bien, los actuales Europe son un grupo bien engrasado, que sabe combinar perfectamente su actual rock pesado de tintes setenteros (muy en la línea de actualización que han seguido otras bandas hardrockeras como Tesla), con sus grandes ‘hits’ del pasado. Así, con un buen ‘frontman’ como Joey Tempest liderando una banda competente aunque algo falta de carisma, fueron cayendo tanto temas recientes como clásicos. No faltaron ‘Superstitious’, ‘Carrie’, ‘Rock the Night’ (mi tema favorito del grupo con mucho) y, como no, ‘The Final Countdown’ para concluir, un repertorio sólido y variado del que se atrevieron a excluir algún éxito como ‘Cheerokee’. Un gran aperitivo para lo que se nos avecinaba. Leer más…
1987
En 1987, cuatro de las bandas de hard rock más grandes de todos los tiempos o, si lo prefieren, que más alegrías nos han dado a todos los que amamos este rollo, vivieron el momento más brillante, triunfal y pletórico de sus respectivas carreras. Un par de ellas ya habían saboreado previamente las mieles del éxito, pero nunca con la intensidad de aquellos días, mientras que las otras dos pegaron precisamente entonces el petardazo y se convirtieron, casi de la noche a la mañana, en estrellas mundiales. Una de esas bandas ha logrado mantener la popularidad y la gloria hasta nuestros días, aunque lo cierto es que en 2013 no son ni la sombra de lo que llegaron a ser. Otra ha sabido sobreponerse a mil avatares y ha ido sobreviviendo, que no es poco, con notables altibajos en los últimas dos décadas, mientras que las otras dos vieron extinguirse la llama en su momento y tuvieron que esperar algunos años para regresar, ya lejos de su época dorada pero para regocijo de una aún numerosa y fiel legión de seguidores. Pero cada caso es único y tiene sus singularidades, como ya iremos viendo más adelante.
Hablamos de Europe, Whitesnake, Def Leppard y Bon Jovi, y el destino, que a veces tiene a bien otorgarnos este tipo de felices regalos, ha querido que coincidan sobre los escenarios de Madrid en un intervalo de sólo 24 horas. Los tres primeros compartiendo cartel este miércoles 26 de junio (en una gira que también ha pasado por San Sebastián y Barcelona y llegará el viernes a Santiago de Compostela) y los de Nueva Jersey un día más tarde, el jueves 27 en el estadio Vicente Calderón, en su única fecha en España. Una especie de festival ‘revival’ ochentero de dos jornadas que un servidor no piensa perderse, y que le ha animado, una vez más, a rememorar una época en la que los astros se alinearon para que cuatro bandas de rock duro lograsen poner a todo el planeta a sus pies. Así que por un día nos bajamos del Cadillac Negro para montarnos en un Delorean gris reconvertido en una máquina del tiempo, nos ponemos cómodos (y nos cardamos el pelo) y viajamos 26 años atrás…
«Mad Men»: una temporada en el infierno
(ALERTA SPOILER: Revela detalles de la trama de la serie, hasta el último capítulo de la sexta temporada)
“Mad Men” ha culminado con “In care of” su sexta temporada, una nueva prueba de la capacidad de la serie de la AMC para regenerarse a sí misma a través de juegos de espejos, repeticiones cíclicas y variaciones sobre sus clásicas historias mínimas que poco a poco van tejiendo una red absorbente de la que resulta difícil escapar. Enmarcada en una época de la historia de EE.UU más convulsa (entre las Navidades de 1967 y Acción de Gracias de 1968), en la que el sueño idealista del “verano del amor” quedaba definitivamente atrás para dar paso a un tiempo de revueltas callejeras, protestas por la guerra de Vietnam y asesinatos tan traumáticos como los de Martin Luther King o Robert F. Kennedy, esta temporada ha sido una de la más oscuras que han protagonizado los locos de Madison Avenue, un cúmulo de relaciones fracasadas, decisiones equivocadas, esperanzas rotas y máscaras que caen, inesperadamente quebrado en el último instante por un agridulce rayo de luz que ha traído un poco de optimismo y que tiene algo de punto y aparte para la mayoría de sus protagonistas. Y es que aunque el desencanto, la frustración vital y el desamparo han sido siempre una constante en “Mad Men”, pocas veces hemos visto a sus personajes tan expuestos, tan vulnerables, tan a la deriva, como en estos doce (trece si contamos dos veces “The doorway” ) episodios.
El leit-motiv de esta tanda ha sido la fusión entre SCDP y CGC para dar paso a la flamante Sterling Cooper & Partners (SCP) y gestionar la supercuenta de Chevrolet –acontecimiento que no llegó hasta el sexto episodio, “For inmmediate release”, para enfocar una temporada que hasta ese momento carecía de un hilo conductor sólido y distintivo-, una hábil maniobra de de Matthew Weiner que le ha permitido construir un absorbente entramado de luchas de poder, conflictos internos y puñaladas por la espalda que ha servido de base rítmica para sostener la melodía principal, la interpretada por un omnipresente Donald Draper, más Donald Draper que nunca. Weiner nos había prometido que la temporada se afanaría en dar respuesta a la pregunta suspendida en el aire al final de “The phantom”, “Are you alone?”, y sobre esa búsqueda ha pivotado una season empeñada en dejar en evidencia los aspectos más desagradables, intolerables y censurables de un hombre que, como apuntábamos en “La divina comedia de Mad Men”, es consciente de andar perdido en alguno de los nueve círculos de Dante y no es capaz de encontrar la puerta del Paraíso, es más, parece condenado a repetir sus errores una y otra vez y arruinar inevitablemente todo aquello que significa algo para él. Leer más…
«Será un marginado», vaticina una afligida Lara mientras acuna aún en sus brazos a su hijo recién nacido, sólo unos instantes antes de dejarle acostado sobre la cápsula que habrá de lanzarle a través de millones y millones de kilómetros desde su mundo de origen, Krypton, hacia su planeta de adopción, la Tierra. Y éste es, en definitiva, el mayor hallazgo que encontramos en la espectacular, intensa y, por momentos, excesivamente ruidosa “El Hombre de Acero”, la representación de nuestro héroe como un ser extraño en tierra extraña, perdido, desubicado y obligado a ocultar su naturaleza para no ser temido y odiado. Un Dios que tiene miedo de ser repudiado y devorado por los mismos que podrían dedicarle devoción y admiración eterna. Un poderoso símbolo sobre el que se sustenta el aparatoso armazón de una película que, no obstante, está muy cerca de saltar por los aires cuando, precisamente, perdemos esa idea de vista, sumidos en medio de una tormenta que dista mucho de ser perfecta. Pero, por suerte, la semilla ya está plantada, al final los aciertos acaban superando a los desatinos y el resultado final es el inicio esperanzador de una prometedora saga. Porque eso es lo que es, por mucho que sus responsables intenten ahora disimular y nos vengan con el cuento ese de «no, hemos hecho una película y ya está, aunque claro, si funciona bien en taquilla…».
Ésta era sólo una de las posibles formas, y quizás no la más adecuada, en que podíamos comenzar a analizar la enésima película de superhéroes que llega a nuestras pantallas (que por otra parte no es cualquiera). Cintas que algunos nos empeñamos en examinar y diseccionar como si se tratasen de la Gran Novela Americana de nuestro siglo, mientras que para otros nunca deberían dejar de ser vistas más que como simples vehículos palomiteros, entretenimiento puro y duro sin más función que la de hacerle pasar al espectador un par de horas amenas en una sala de cine. Quién tiene razón, es lo de menos. Nosotros, para mal o para bien, pertenecemos a la primera estirpe. No podemos evitarlo. Nos tomamos estas cosas demasiado en serio. Y nos damos cuenta de que no lo tenían nada fácil el director Zack Snyder, Christopher Nolan como productor y coautor de la historia (y verdadero alma máter del proyecto), y David S. Goyer como responsable de la versión final del guión, para sacar adelante su reinvención del que es, sin duda, el superhéroe más popular de todos los tiempos. Coincidiendo, además, con el año en que se conmemora su 75 aniversario. Porque, como señalaba mi compañero Jorge en su espléndido y delicioso post ‘El “Superman” de Richard Donner: el arte de volar’, la versión protagonizada por Christopher Reeve en 1978 es un icono grabado a fuego para siempre en la memoria colectiva de varias generaciones, y eso la convierte de alguna forma en imbatible e insuperable, sí, pero sobre todo en inimitable. Como él bien apunta, eso fue lo que no supo entender, y así le fue, Bryan Singer en la desangelada “Superman Returns” (2006). Pero Snyder, Nolan y compañía sí han sabido verlo, y “El Hombre de Acero” toma suficiente distancia con lo que Donner nos planteara hace ya 35 años, aunque esto, paradójicamente, acabe jugando en algunos momentos en su contra. Leer más…
Bruce Springsteen, el trueno que no cesa
En El Cadillac Negro tenemos un aprecio especial por Bruce Springsteen, y no solo porque le admiremos profundamente como artista o porque el personaje se ajuste como un guante a la iconografía de nuestro blog, sino porque el post que hicimos sobre la crítica de “Wrecking ball”, en marzo de 2012, fue el primero con el que logramos una cantidad de visitas apreciable. Es cierto que por entonces solo llevábamos quince días en la carretera, pero a partir de ahí pasamos de ser frecuentados únicamente por parientes y amiguetes a recibir diariamente a cientos de desconocidos, algunos de los cuales espero que aún sigan con nosotros. La comunidad de seguidores del blog creció, por suerte, aún más con el paso del tiempo y nosotros volvimos a escribir sobre Springsteen con motivo del inicio de su gira por España (Diez canciones de Bruce Springsteen que sonarán en el “Wrecking Ball Tour”) y del histórico concierto que ofreció el 17 de julio en Madrid (Bruce Springsteen en el Bernabéu: 4 hour party people), con resultados tan fabulosos que no hemos querido perder la ocasión de volver a hablar del Boss, ahora que regresa a nuestro país para ofrecer un único show en Gijón (la expeditiva reducción de fechas con respecto a las cinco del año pasado se le puede achacar a la dichosa crisis, pero también a la exigencia de exclusividad del ayuntamiento de la ciudad asturiana).
Hace poco leía una entrevista en Jot Down a Loquillo en la que explicaba perfectamente por qué en 2013 Springsteen sigue siendo incuestionable sobre un escenario. Reproduzco aquí sus certeras palabras: “Springsteen es un monstruo, pero es un hombre que te gana con el físico, con el inapelable repertorio y con una fiereza en el escenario que te aplasta. La energía que desprende es única. Recuerdo la última vez que lo vi en San Sebastián, con 50.000 personas en el estadio, lloviendo a cántaros; no se iba nadie, y tuvo los santos cojones de tocar tres horas y media con el agua y el viento de frente (…). Springsteen consigue que hasta el tío más crítico tenga que callarse. Es inapelable y encima es la hostia. Siempre está en su mejor momento. Lo del tío este es muy fuerte, muy fuerte”. Poco habría que añadir a las palabras del Loco, pero de esa forma no tendríamos post, así que en las próximas líneas vamos a tratar de entender en cinco pasos o cinco claves por qué Springsteen siempre parece estar en su mejor momento y por qué el paso del tiempo no logra hacer ninguna mella en la entrega, la pasión y la intensidad que imprime a sus conciertos. Leer más…























