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«Destroyer (Una mujer herida)»: redención y venganza de Nicole Kidman

21/02/2019

«Una mujer herida» reza la tímida apostilla española al título original del filme que nos atañe, «Destroyer». Pero mucho más preciso sería un adjetivo más contundente como una mujer destrozada o, mejor aún, hecha una auténtica mierda. Porque así nos impacta el primer fotograma de la película, que refleja a una fémina sumamente deteriorada a la que sólo el penetrante azul de sus ojos y la lógica sabiendo su protagonismo en la cinta nos haría relacionar con toda una Nicole Kidman.

Posiblemente desde aquella «Monster» de Charlize Theron no se había visto tamaño afeamiento. ¿Burda estrategia para intentar ganar un Oscar? Puede ser, aunque la jugada le ha salido a la protagonista de «Dogville» solo a medias, ya que, pese a lograr una nominación para los Globos de Oro, ese sobresfuerzo en maquillaje no le ha valido para volver a la terna de actrices candidatas a los Oscar. Sin embargo, a fe de ser justos, diremos que el hundimiento no solo lo transmite mediante su rostro, sino también a través de métodos exclusivamente actorales como esos andares apesadumbrados y una voz débil y rota, digna de alguien que ya vivió sus mejores momentos hace demasiado tiempo. Además, Kidman resulta igualmente convincente en los tramos del metraje que reflejan su ‘look’ convencional. Ahí debería acabar toda posible suspicacia sobre los méritos de la actriz australiana.

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«El embarcadero»: Álex Pina continúa la racha a medias

18/02/2019

Mucho ha avanzado la ficción televisiva nacional en los últimos años y en este blog os lo hemos ido contando con creciente alegría. Solo faltaba un elemento clave para equipararnos a la producción de otros países punteros en estas lides y ya está aquí: sí, por fin la televisión española tiene un ‘showrunner’ de gran prestigio -más allá del eterno Daniel Écija- que justifique el visionado de una serie únicamente viendo su nombre en los títulos de crédito. Nuestro Alan Ball particular se llama Álex Pina y se ha fogueado durante largos años en las televisiones nacionales hasta que ha logrado la consolidación definitiva, primero con dos producciones de Atresmedia: el comienzo fue con «Vis a Vis» y la explosión a lo grande llegó con uno de los grandes fenómenos globales de los últimos tiempos: «La casa de papel», brillantemente analizado aquí por nuestra firma invitada Gotham Rei.

Su esperado regreso tras tamaño éxito se ha producido de una forma inesperada, realizando, junto a Esther Martínez Lobato, una serie que, pese a seguir siendo producida por Atresmedia Studios, se ha estrenado en Movistar+, en lo que es un interesante movimiento empresarial por la compañía de San Sebastián de los Reyes a la hora de colocar en la plataforma más adecuada un producto en principio menos indicada para estrenarlo en la televisión en abierto.

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Nuestro Top 15 de… Led Zeppelin

15/02/2019

Hacemos un blog. Uno de los temas fundamentales de éste es la música. La música que más predomina en nuestros artículos es el rock. Dentro del rock tenemos una especial predilección por el hard rock facturado en los años 70. Entonces diréis… ¿por qué narices nunca hemos hablado en El Cadillac Negro sobre Led Zeppelin? Pues esa es una muy buena pregunta que no tiene una respuesta demasiado concreta. Realmente no lo sabemos. A veces un blog alcanza vida propia y toma caminos a los que nunca hubieras creído que llegaría y, sin embargo, en otras ocasiones los que veías seguro que tomaría no acaban de alcanzarlos. Para subsanar esta gran deuda pendiente no podíamos utilizar un post cualquiera. A Jimmy Page, Robert Plant, John Bonham y John Paul Jones había que ofrecerles un tratamiento especial acorde a su categoría. Por ello, y aprovechando ahora que precisamente el blog cumple siete añitos de vida, hemos decidido inaugurar con ellos la traslación a la música de esos ‘top 10’ que empezamos a dedicar recientemente a cineastas como Steven Spielberg y Martin Scorsese, seleccionando canciones en lugar de películas y aumentando el número de elegidas a 15. Lo hacemos, además, en un año muy especial. Venimos de conmemorar a comienzos de enero el 50 aniversario del álbum inaugural de la banda, ese «Led Zeppelin» que asombró a propios y extraños en los primeros compases de 1969. A finales de octubre volveremos a celebrar idéntica conmemoración con «Led Zeppelin II», el disco que acabó de situar a la formación como la más grande de todas aquellas que se encargaron de endurecer el blues y el rock ‘n’ roll hasta crear el hard rock y poner las primeras bases del heavy metal. Mientras que grupos como The Rolling Stones, Aerosmith o AC/DC son intergeneracionales y su influencia directa abarca a muchas personas de muy distintas edades, Led Zeppelin son claramente la banda de una generación y, especialmente, de una década muy concreta. Al igual que The Beatles, otro grupo de existencia relativamente corta, es claramente la formación que mejor explica los años 60, los creadores de «Stairway to Heaven» son, sin duda, el grupo que mejor podemos identificar con la década de los 70. Un decenio fastuoso en cuanto a música y cine que, sin embargo, vería declinar la mayor parte de las esperanzas que se fueron sembrando durante los ‘felices 60’. Así, los Zep no se quedaron en esa labor de renovación del blues y creación del hard rock, sino que introdujeron en su música otros muchos estilos que fueron marcando dicha década, como el folk británico, la experimentación con sonidos árabes e hindúes, la renovación del country, el funk, el reggae y el pop. Después de su gran purismo musical inicial, se convirtieron en reyes de los excesos y perfecta encarnación de esos ‘dinosaurios’ mastodónticos contra los que reaccionó posteriormente el punk.

Nuestra selección de temas no tiene ‘cocina’ alguna, simplemente es la traducción directa de nuestros gustos particulares. De esta manera, comprobaréis que no ha habido tentación compensatoria y discos tan estupendos y significativos como «Houses of the Holy», «Presence» e «In Through the Out Door», ademas de «Coda», se han quedado sin representación alguna en nuestro ‘top 15’, pese a que varias de sus canciones estuvieron a punto de entrar en el filtro definitivo. No obstante, como podréis comprobar inmediatamente, nos ha quedado una lista repleta de grandes himnos, delicadezas sonoras y alguna que otra pequeña sorpresa. 15 maravillas tan buenas como cualquier otra para reivindicar a una de las formaciones que mejores momentos nos ha hecho pasar en nuestras vidas, que podréis escuchar todas seguidas en una playlist que encontraréis al final del post, debajo de nuestras elecciones. ¡Que suene ya el rock ‘n’ roll! Leer más…

10 joyitas de los 90 a rescatar del olvido

12/02/2019


Toda época concreta cuenta con su catálogo de películas que van ligadas a ella de forma indisociable, ya sea porque éstas supieron reflejar perfectamente ese momento concreto o bien, de modo contrario, esa etapa y sus formas de hacer y pensar tuvieron una influencia capital en un determinado filme. Ya sea porque fueron un éxito desbordante de taquilla o por el hecho de haber gozado de un gran reconocimiento crítico, incluso tener el inmenso privilegio de haber logrado conciliar estos dos, a veces, irreconciliables mundos, el hecho es que es imposible hablar de los años 60 sin acompañar a J.F.K, y The Beatles de las aventuras moteras de «Easy Rider» o las urbanitas de «Cowboy de medianoche», del mismo modo que los 70 no se pueden explicar sin el atentado de Munich, Led Zeppelin, los mafiosos de «El Padrino» o el escualo de «Tiburón» ni los 80 sin una cumbre Reagan-Gorbachov, un vídeoclip de Madonna, nuestras lágrimas ante «E.T.» o nuestra admiración por el gran John McClane en «Jungla de Cristal».

Sin embargo, a la hora de evaluar una década concreta, la vara de medir no es tanto la competición entre los grandes clásicos con que cada una de ellas cuenta sino el número de obras que, sin haber pasado a la historia como símbolos de esa época, sí que nos hicieron disfrutar enormemente y, quizás subliminalmente, nos fueron configurando nuestra mayor predilección por una década que por otra. Como esos secundarios imprescindibles pero que con el tiempo acabamos olvidando en beneficio de los protagonistas, este tipo de películas tan poco dadas a las recopilaciones perezosas y a los comentarios superficiales corren serio riesgo de quedar sepultadas en pocos años en ese disco duro cerebral cada vez más obligado a eliminar datos continuamente para dejar paso a los nuevos. En aras de evitar este injusto olvido, nos hemos propuesto iniciar este humilde proceso de recuperación de las arenas del olvido por una década tan querida e influyente para los creadores de este blog como los años 90. Sí, por supuesto, que seguimos viendo periódicamente «Pulp Fiction», que cuando observamos a alguien muy presuroso nos sigue viniendo a la mente ese claro consejo de la madre de «Forrest Gump» que su hijo se tomó tan a pecho o que cuando nos hablen de Cracovia recordemos inmediatamente aquel pequeño vestido rojo emergiendo entre el blanco y negro de «La lista de Schindler». Sin embargo, hemos decidido indagar un poco más en nuestro recuerdos y homenajear a diez películas muy especiales de la década de Nirvana y Ace of Base que creemos imprescindibles y tuvieron su merecido reconocimiento en su día pero que, desgraciadamente, han visto como su eco en nuestros días es prácticamente nulo y, por ello, es posible que algunos hayáis dejado pasar. Sin más preámbulos, en un orden cronológico que elude cualquier competición entre ellas, te invitamos a recordar o a descubrir diez joyitas imprescindibles de los 90.

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«19 días y 500 noches»: Sabina a las puertas del cielo

07/02/2019

Se acercaba amenazante el final del pasado milenio cuando Joaquín Sabina publicaba la que es quizás su obra más importante, «19 días y 500 noches». Era el año 1999 (hagan cuentas) cuando el de Úbeda, asentado ya desde hace tiempo como una de las figuras más importantes de la música en castellano, se ponía en manos del exTequila Alejo Stivel para dar forma a unas canciones paridas desde el infierno pero que le llevaron al cielo. Aquel disco significó la cima creativa de Sabina. Con él, crítica y público quedaron rendidos mientras el autor posteriormente sufriría un nuevo y casi definitivo descenso al averno. En este caso, los resplandores fueron vísperas de los días de borrasca.

No fue «19 días y 500 noches» ninguna reinvención. El disco se presentaba como el paso lógico en la evolución que había venido experimentando con sus anteriores trabajos, pero lo que fue determinante en este caso fue cómo se presentó esta evolución y, sobre todo, un sobresaliente momento compositivo, sin duda alimentado por el desamor (algo tan típico como una ruptura amorosa fue la causante de que se abriera la caja de los truenos). Estos elementos pueden emparejar este álbum con el otro gran acontecimiento del rock en castellano de aquel año, el «Honestidad brutal» de Andrés Calamaro, siendo ambos un compendio de emociones en dos artistas maduros que en la cima de sus carreras se atrevieron a mostrarse más desnudos y ásperos que nunca tanto en las letras como en la producción de sus trabajos. Sin embargo, no es este un disco monotemático sobre el fin del amor; hay canciones sobre ello, varias y excepcionales, pero entre los cortes del álbum siguen presentes las habituales radiografías que de la sociedad ha plasmado siempre Sabina con pluma afilada y miradas muy sinceras hacia su propia persona en quizás las composiciones más sangrantes del disco, todo con la cada vez más habitual mezcla de estilos que se estilaba ya en su discografía.

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Los Goya se reivindican en la gala de las reivindicaciones (a pesar de)

03/02/2019

Vaya por delante que no soy partidario de que «Campeones» se haya llevado el galardón a la mejor película, pero creo que sí es casi seguro que, después de tocar fondo el año pasado con la gala más fallida que se recuerda, los Premios Goya han disfrutado por fin de una entrega de premios acorde a lo que más o menos se espera de ella y,  como era de esperar, ha tenido que ser Andreu Buenafuente, esta vez junto a Silvia Abril, quien se encargara de reflotar un evento que coqueteaba con convertirse en una caricatura, en el mejor de los casos. Qué mejor forma de comenzar esta pretendida reinvención con una autocrítica, aunque fuera en plan de parodia, con un vídeo inicial con atinadas referencias a la propia gala y a lo kamikaze que resulta su presentación últimamente, en esta época de crecientes ‘haters’ y opinadores a través de todas las pantallas. El monólogo inicial, a dos voces, fue lo suficientemente ingenioso y lo necesariamente punzante, sin caer en el azote por el azote y sin gastar todas las balas a las primeras de cambio. A lo largo de la velada, el humor de los presentadores pasaría del sketch más básico y de clown, como cuando se quedaron en paños menores ante una audiencia entregada, hasta el más fino, como la recreción que hizo Andreu de Groucho Marx.

Si algo caracterizó a la gala casi desde su comienzo fue el carácter reivindicativo de casi todas las intervenciones, si bien en esta ocasión las proclamas no giraron sobre un mismo objetivo. Si en anteriores años las demandas iban dirigidas contra los políticos (casi siempre) o contra los acosos sexuales (últimamente), en esta ocasión las reivindicaciones y los reclamos han mirado al feminismo, a la conciliación familiar, a la integración, a los límites del humor, al conflicto de Gaza o a los homenajes a algunos de los maestros del cine patrio. Y en este apartado, fue el discurso de Jesús Vidal al recoger el galardón de mejor actor revelación por «Campeones» uno de los puntos más emotivos de la noche, un momento que parecía ser el merecido premio a una película necesaria, bonita, divertida… pero ni mucho menos la mejor película del año. Reconozco que con el trascurrir de la gala y la previsible victoria total de «El reino» tras ganar Antonio de la Torre y Rodrigo Sorogoyen a mejor actor y director, respectivamente, mi satisfacción era casi total, por lo que sentí cierta frustración (siendo suave en la definición) cuando Almodóvar y su troupe anunciaron el premio gordo de la noche para la cinta de Javier Fesser. Que una película logre los premios a mejor director, actor protagonista y guion, compitiendo en todos estos apartados con su gran rival, y que finalmente sea la otra la vencedora es, en el mejor de los casos, cuestionable.

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«El blues de Beale Street»: Jenkins da el estirón tras «Moonlight»

01/02/2019

Hace dos años «Moonlight» se vio -involuntariamente- envuelta en un escándalo mediático de proporciones dantescas cuando protagonizó uno de los momentos más humillantes de la historia de los Oscar al ser el título que contenía ese revoltoso sobre de la estatuilla a Mejor Película que Warren Beatty se empeñó en leer «La La Land» (así te lo contamos aquí en su día). Desde entonces, el filme ha quedado en el recuerdo como uno de esos incómodos ganadores que han arrebatado el honor a la gran favorita de todo el mundo (como cuando «Una mente maravillosa» privó de la gloria a Robert Altman y Peter Jackson). Es cierto que nosotros veíamos debilidades en aquella cinta sobre el arduo despertar a la homosexualidad de su protagonista, a pesar de sus indudables aciertos (como aquí analizamos en su estreno), y también preferíamos una ganadora mucho más rotunda como el revolucionario musical de Damian Chazelle, pero eso no quita para que viéramos muy injusto que todo el revuelo levantado impidiera que se destacara lo que -cinematográficamente hablando- era más relevante: la irrupción de un director verdaderamente prometedor como Barry Jenkins.

Apenas 24 meses después, el siguiente proyecto del cineasta, «El blues de Bale Street», ha vuelto a entrar en la carrera por los Oscar y esta vez su éxito ha sido mucho menor. Apenas tres nominaciones ha acumulado, aunque nada desdeñables: Guión Adaptado, Música y, su mayor baza, Regina King como Actriz de Reparto, dispuesta a repetir el galardón cosechado en los Globos de Oro. Pero dejémonos de mediáticas galas. Lo realmente importante es que, en su nuevo proyecto, Jenkins no solo ha confirmado las esperanzas puestas en él sino que ha experimentado un notable crecimiento que hace de «El blues de Bale Street» uno de los primeros estrenos de 2019 auténticamente relevante.

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«Homecoming»: terapias, psicosis y olvidos

28/01/2019

La superestrella de Hollywood Julia Roberts en su primera incursión en la televisión + el creador de la laureda «Mr. Robot» (Sam Esmail) ante su esperada reválida + una historia de intriga y conspiraciones tomada de un exitoso podcast. La jugada tenía en principio buenas pretensiones y la jugada salió redonda. «Homecoming» resulta un entretenidísimo título que se regodea en un interesante guion y en una brillante dirección para dejar al espectador clavado en el sofá en sus 10 capítulos de media hora que se devoran en un suspiro. Y es que este detalle, el de la corta duración de cada entrega, algo inhabitual para una serie que no sea comedia, es uno de los puntos fuertes de la apuesta, un órdago arriesgado pero que una vez comprobados sus resultados te hacen preguntarte por qué no es más habitual.

La historia se centra en un misterioso proyecto que se dedica a recibir a jóvenes recién llegados a Estados Unidos tras cumplir con el ejército en una misión en el extranjero. Aquí se les preparará y adaptará para reintegrarse a la vida civil sin sobresaltos ni traumas. En principio. No tardaremos mucho en averiguar, o en intuir, que no todo es lo que parece. Pero antes incluso, lo que llamará la atención de «Homecoming» será su apuesta formal, tanto por los 30 minutos por capítulo ya reseñados como por el uso de los diferentes formatos de pantalla para moverse entre las dos líneas temporales que narra, algo que, lejos de ser un mero recurso estilístico, resulta una de las muchas virguerías visuales que ayudan a fortalecer el mensaje de la trama.

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