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«The Americans»: abajo el telón

11/06/2018

(ALERTA SPOILER: Este artículo hace alusión a detalles importantes de la sexta temporada de “The Americans” y muy especialmente de su final)

Cuántas veces hemos dicho al referirnos a series de largo recorrido que lo importante no es el destino sino disfrutar del viaje, pero qué decisivo es también saber llegar al final, acabar en todo lo alto, marcharse dejando la certeza de que, aunque podía haber varias formas satisfactorias de echar abajo el telón, la despedida elegida dejará un recuerdo imborrable. “The Americans”, el show más infravalorado de los últimos años y uno de los mejores, se nos ha ido como los grandes, sin haberse permitido quemarse tras seis temporadas en antena, manteniéndose absolutamente fiel a su propia identidad y colocando un nudo de emoción genuina en la garganta del espectador. “START” es una conclusión perfectamente redonda para una serie que, más allá de la intriga política y el thriller de espionaje (muy necesarios para construir suspense y tensión), siempre ha sido un drama familiar, una tragedia (americana, rusa, universal) sobre los frágiles vínculos que unen a padres e hijos y a marido y mujer, un estudio sobre el complicado equilibrio entre la lealtad (a la madre patria, a tu pareja, a tu mejor amigo) y la confianza traicionada, sobre las mentiras que nos obligamos a contar a los demás y a nosotros mismos para seguir adelante. Es todo un acierto pleno de coherencia que el desenlace haya girado sobre todo en torno a lo que siempre ha sido el corazón del programa, dejando de lado resoluciones que si bien seguramente no habrían desentonado (un glorioso baño de sangre final, o los Jennings entre barrotes) sí habrían sido más previsibles. En una época en la que la muerte de los personajes cotiza al alza en la ficción televisiva, es de aplaudir que una serie de naturaleza violenta llegue a su clímax final sin lanzar un solo tiro y que pese a ello logre desangrar las entrañas de sus protagonistas y, por ende, las nuestras.

Hace un año admitíamos que la quinta temporada de “The Americans” había sido una inesperada (aunque relativa) decepción porque no quiso o no supo dar el paso adelante que demandaba la progresión que traía y malgastó muchos minutos en subtramas que apuntaban a alguna parte pero que no llegaron a ningún sitio (¿hola, Mischa?). La evolución de Paige fue el plato fuerte de aquella tanda y ahora entendemos por qué. Con todo, nunca perdimos la confianza en que los showrunners Joe Weisberg y Joel Fields sabrían remontar en la sexta temporada, pero ya desde “Dead Hand”, el primer capítulo de la season, parecían advertirnos que esto no iba a ser un vertiginoso sprint lanzado hasta la meta, a la “Breaking Bad”, sino que iban a permanecer leales a su mecánica de cocinar a fuego lento, a desplegar pacientemente sus tramas, a seguir armando con calma el rompecabezas y a mantener el foco siempre en sus personajes y sus dilemas éticos. Si en algún momento de la tanda la serie amenazaba con precipitarse definitivamente, Weisberg y Fields tocaban sutilmente el freno en el momento justo y necesario para no arrojarse al apocalipsis antes de tiempo, conocedores (mucho mejor que los espectadores) de dónde querían y debían llegar. De esta forma, el crescendo narrativo (sobre todo a partir de “The Great Patriotic War”, episodio quinto) ha sido tan sofocante e inexorable como sobrio y elegante. Leer más…

Los días en que Dover reventaron el país

07/06/2018

dover

Resulta una verdadera lástima cuando un grupo naufraga al intentar salirse de la corriente y tomar algunos afluentes, y más aun lo es cuando esos errores de rumbo significan el final de su trayectoria, quedando en los oídos de los poco memoriosos únicamente los ecos de un proyecto a la deriva pero que en su día fue un cañón que revolucionó la escena musical de todo un país. Posiblemente los más puretas echen pestes hoy cuando se les recuerda a Dover, y a los más jóvenes seguramente ni les suene, pero hubo un día, allá por el cambio de siglo, en que esta banda madrileña llevó su rock duro cantado en inglés a lo más alto de todas las listas y convirtió por primera vez en nuestra tierra eso del movimiento independiente en algo absolutamente mayoritario.

En un artículo sin más motivación o expectativa que recordar los días dorados de la banda e intentar olvidar el irregular final que tuvo, voy a centrar las líneas en los tres discos que editaron en su época de mayor gloria, «Devil came to me» (1997), «Late at night» (1999) y «I was dead for 7 weaks in the city of Angels» (2001). La historia de Dover comenzó como lo hicieron y lo seguirán haciendo muchísimos grupos, ensayando en un local de las afueras de la ciudad, firmando con una pequeña compañía y despachando algunos centenares de copias. Nada que destacar salvo que esa ópera primera, «Sister», fue calificada por Mondo Sonoro como uno de los lanzamientos nacionales más destacados de aquel 1995. Poco antes, en los primeros días de abril de 1994, una anónima, tímida y emocionada Cristina Llanos, posteriormente cantante y compositora de Dover, se metió en muchos hogares a través de una llamada a Radio 3 para cantar así «Rape me» en recuerdo al recientemente fallecido Kurt Cobain.

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«Han Solo»: un hombre, un wookie y un destino

30/05/2018

Han Solo poster

Aunque pudiera parecer que Disney ha hecho mucho en la expansión del universo «Star Wars» en muy poco tiempo, fue la propia Lucasfilm quien ya barajaba el desarrollo de una nueva trilogía y el spin-off de Solo antes incluso de que se materializara la compra por parte de Disney. De hecho, estos suculentos planes fueron los que, probablemente, acabaron de dar luz verde a la operación empresarial a finales del 2012. Pero son aún más años los que tenemos que remontarnos para localizar los primeros planes de George Lucas por recuperar el personaje de Han Solo; concretamente al guión del «Episodio III: La venganza de los Sith«, donde los primeros esbozos ya le situaban con apenas 10 años en el planeta Kashyyvk, hogar de Chewbacca (todavía circulan por la red algunos esbozos que el propio Iain McCaig creó a modo de referencia para la escritura del guión). Obviamente, esta idea se desestimó finalmente de formar parte del mencionado episodio III. Y el mismo destino tuvo unos años después el proyecto para la televisión llamado «Star Wars: Underworld«, en cuyos episodios se describirían sus primeras aventuras con Chewie y Lando Calrissian.

Quizás el detalle más importante de estos dos proyectos (y que nunca fue revelado) sea saber en quién pensaba George Lucas para interpretar al joven Solo. Teniendo que pasar más de una década para poder poner nombre al relevo de Harrison Ford. Un relevo que no sólo ha incomodado a muchos; sino que ha venido acompañado de infinidad de problemas tanto en la producción del título, como en la acogida del mismo por la inmensa comunidad de seguidores. Pero, una vez visto el producto final, es justo que en El Cadillac Negro intentemos analizar las luces y sombras de este estreno que, bajo el epígrafe «Una historia de Star Wars», forma parte ya de la mayor saga cinematográfica de todos los tiempos. Un título que supone la génesis de uno de los personajes más queridos del universo: ese aventurero espacial llamado Han Solo. Sinvergüenza, canalla, ladrón de buen corazón y, a la par, embrión del otro gran personaje cinematográfico de los años 80: Indiana Jones.

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Toundra: una carta de amor a lo más grande del metal

29/05/2018

Si hace diez años, cuando editaron su debut discográfico, nos hubiesen dicho que un cuarteto madrileño de metal instrumental llegaría a ser una de las bandas más reputadas y con mayor proyección del panorama rockero tanto a nivel nacional como fuera de nuestras fronteras, difícilmente nos lo habríamos creído. Pero en 2018, con cinco discos ya a sus espaldas y embarcados en una gira en la que volverán a llenar las salas de once países europeos, nadie puede poner en duda que Toundra son un ejemplo perfecto de éxito ganado a base de constancia, trabajo duro y una fe inquebrantable en sus convicciones. Aprovechando el reciente lanzamiento de su último álbum, «Vortex», y que son una de las bandas a las que más ganas tenemos de hincarles el diente en el próximo Mad Cool, en el Cadillac estábamos empeñados en abrirles las puertas de este blog y lo hemos hecho de la mejor forma posible, cediéndole los honores a un fan incondicional del grupo, el publicista y melómano Asier Albistur. Nos sentamos así una vez más en el asiento del pasajero y nos dejamos conducir por su pasión.

 

Al volante: ASIER ALBISTUR

Los fans del metal somos sin duda uno de los públicos más fieles del mundo: fieles a los estilos y bandas que nos hacen mover la cabeza y, a la vez, a nuestros propios principios musicales. Este último aspecto lo llevamos a veces al extremo y con el tiempo nos volvemos un tanto cerrados y rígidos. En muchas de las conversaciones que tengo con mis amigos metaleros se llega a la misma conclusión: «Hace tiempo que no escucho nada nuevo». Y sin embargo, tenemos la suerte de vibrar con un género que no sólo no ha perdido potencia y frescura, sino que gracias a las nuevas generaciones se ha desarrollado hasta vivir una suerte de segundo boom. Un boom en el que las etiquetas son más difíciles de poner y el componente de tribu urbana ha transcendido. Hoy podemos decir sin lugar a dudas que podemos ver, escuchar y disfrutar a una generación de grandes bandas en plena forma.

Los seguidores españoles del metal hemos tenido además un segundo golpe de suerte: una de las bandas que lidera este renovado impulso del metal a nivel global lleva años tocando sin parar en nuestros escenarios. Y es que Toundra, aunque su nombre evoque a la potente tradición rockera escandinava, nació y creció en Madrid. El cuarteto instrumental, difícilmente calificable en un estilo concreto, ha ido creciendo año tras año, disco tras disco, hasta convertirse (siempre para el que escribe) en una de las propuestas más potentes no ya de nuestro históricamente maltrecho panorama estatal, sino del metal a nivel mundial. Leer más…

«Borg McEnroe. La película»: El ‘match point’ de sus vidas

17/05/2018

Ahora que vamos a tener su nombre hasta en la sopa, merced al inminente estreno de «Solo», convendría valorar a una figura como la de Ron Howard en su justa medida antes de que tengamos que volver a escuchar mil veces las acusaciones sobre su falta de originalidad y autoría y su fama de ‘chico útil’ de la industria que le ha venido premiando con proyectos superiores a sus méritos. Y toda esta retahíla la viene sufriendo el bueno de Howard desde que en la edición de los Oscar de 2002 tuvo la ‘desgracia’ de que a su estimable «Una mente maravillosa» se le ocurriera convertirse en la gran triunfadora de la gala en detrimento de filmes superiores como «Gosford Park» o la primera entrega de la saga de «El Señor de los Anillos». Demasiados comentarios se afilian a la comodidad de este tópico instalado y obvian que Howard, efectivamente un mero artesano con no pocas obras menores o directamente malas en su haber, también es el creador de películas realmente notables como han sido en la última década «Frost/Nixon» o «Rush», aquel eficacísimo filme que narraba ejemplarmente la rivalidad en el Mundial de Fórmula 1 allá por los años 70 de dos pilotos tan diferentes como el juerguista James Hunt y el frío y calculador Niki Lauda.

¿Que a qué viene todo esto? Pues a que «Rush» es la principal influencia de la flamante «Borg McEnroe. La película», la cinta del realizador sueco Janus Metz Pedersen que analiza otra rivalidad deportiva mítica, en este caso tenística, la que mantuvieron en los albores de la década de los ochenta el también sueco Bjorn Borg y el estadounidense John McEnroe. No cabe duda de que, involuntariamente, Howard pudo echar a rodar un filón que probablemente se extienda en el futuro. En un mundo en el que el periodismo deportivo es tan dado a buscar la épica y el conflicto de la forma que sea necesaria para aumentar las tiradas, no faltan precisamente grandes parejas antagonistas sobre las que tratar. En el mismo mundo del tenis podríamos citar, así a bote pronto, casos como el Sampras/Agassi o el Nadal/Federer y ya si abrimos el abanico al mundo del deporte en general, las posibilidades son infinitas: Cristiano/Messi, ‘Magic’ Johnson/Bird, Tyson/Holyfield, Prost/Senna…Ryan Murphy ya está tardando más de la cuenta en crear una franquicia de las suyas en plan «Feud» o «American Crime Story» al respecto.

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«Tranquility Base Hotel & Casino»: ¿Quién coño son ESTOS Arctic Monkeys?

15/05/2018

Como un eco del título de aquel EP de 2006, la pregunta que encabeza estas líneas resonó cual terremoto en las redes sociales y medios de comunicación el pasado viernes 11 de mayo, fecha de la publicación de “Tranquility Base Hotel & Casino”, sexto disco de uno de los principales referentes del rock del siglo XXI. El jaleo se justifica en que, tal y como ellos mismos ya habían advertido, el nuevo trabajo de los Arctic Monkeys no es lo que podía esperarse, ni una continuación del superventas “AM” (que reseñamos aquí) ni un regreso a ninguno de los lugares que ya habían visitado en su trayectoria. Aunque el asunto verdaderamente conflictivo no es tanto la mutación de sonido per se (que al fin y al cabo es lo que ha venido haciendo la banda con cada entrega discográfica desde “Humbug”) como el resultado de dicha mutación. Porque, claro, en una época de juicios rápidos emitidos sin apenas espacio para la reflexión, de pulgares hacia arriba o hacia abajo arrojados en la plaza pública con la urgencia de ser los primeros en dictar sentencia, el hecho de que una banda de rock presente un lote de 11 canciones reposadas hasta la anestesia, melódicamente esquivas y melancólicas, desprovistas de ganchos evidentes y riffs de guitarras pegajosos, plagadas de pianos, teclados y sintetizadores añejos, sin un maldito hit que puedas tararear a la primera, se antoja una maniobra de alto riesgo inevitablemente destinada a generar controversia.

Desde el pataleo a las lamentaciones (estos no son mis Arctic Monkeys, que me los han cambiado), pasando por la descalificación, el menosprecio y el sarcasmo, las furibundas reacciones de fans, no fans y gente que pasaba por ahí han inundado la red y, también es justo reconocerlo, entre tanto griterío algunas voces han defendido vehemente el nuevo trabajo o al menos han pedido concederle una oportunidad. Y supongo que es respetable desechar sin contemplaciones un tipo de música con la que no conectas instantáneamente, más aún en estos tiempos en los que hay tanto donde elegir (como también sucede en otros ámbitos de la industria del entretenimiento), pero si algo le han enseñado décadas de melomanía a un servidor es a no agarrarse a las primeras impresiones como si fueran las tablas de Moisés; que a veces un disco necesita tiempo, paciencia y repetidas escuchas para tomar forma, asentarse y revelar su auténtica dimensión. Y a veces hacer ese “esfuerzo” de salir de nuestra zona de confort como oyentes merece la pena, especialmente, creo yo, si se trata del disco de un artista que supuestamente tienes en alta estima. Leer más…

«Félix» y el ‘síndrome Movistar’

13/05/2018

Ya lo advertimos en el post que dedicamos en su día a «Las chicas del cable» -la primera serie española producida por Netflix- , entre finales de 2017 y esta primera mitad de 2018 íbamos a asistir a una de las mayores revoluciones que ha vivido nunca la ficción televisiva nacional, gracias tanto a la labor de esa plataforma como, sobre todo, a la decidida y ambiciosa apuesta por el producto patrio planteada por Movistar.

Desde este blog hemos abrazado con fuerza esta nueva era y nunca se ha hablado tanto de ficción nacional por aquí como en los últimos meses. Sin embargo, el balance no ha sido tan satisfactorio como llegamos a imaginar. Ya os contamos que «La zona», un proyecto basado en una excelente idea, unos medios desbordantes y un reparto de campanillas, no llegó a ser todo lo que prometía por un guión que, por momentos, pretendía abarcar demasiados frentes. Posteriormente, la también lujosa «La peste», de Alberto Rodríguez, tampoco nos llegó a calar demasiado pese a destacar igualmente por una estupenda dirección artística. El panorama nos lo salvaron, paradójicamente, dos pequeñas producciones que se asomaron casi de puntillas a nuestras pantallas y que han acabado convirtiéndose ya en referencias para la comedia catódica nacional: «Vergüenza» y, sobre todo, esa gran revelación que ha sido «Mira lo que has hecho», el estreno por todo lo alto de Berto Romero en estas lides. Leer más…

15 discos en directo que dignificaron el rock español

09/05/2018

Los más viejos del lugar recordarán que hubo una época en la que los discos en directo representaban todo un acontecimiento tanto para el artista que los publicaba como para sus seguidores, pero también para el público mayoritario, resultando en muchas ocasiones una gran oportunidad para ampliar audiencia, a veces incluso logrando las cimas comerciales de su carrera. Hoy en día, los directos se han quedado en poco más que anécdotas o instantáneas de un momento, sin demasiado que aportar la mayoría de las veces. Es de imaginar que la facilidad para acceder al audio e imágenes de cada concierto en forma de grabación casera ha hecho perder parte del misterio, descarriándose por el camino además parte de la más romántica melomanía. Porque en su momento no se trataba únicamente de tener el audio perfectamente grabado de un concierto, lo importante era  tener la captura de un momento determinado, con el sonido que fuera, ya que ciertamente algunos de estos directos no gozaban de la mejor calidad y/o producción, con espacio incluso para los errores (y cuantos más, mejor, ya que eran esos detalles los que dotaban de misticismo a algunos de esos títulos), y con la recopilación de las piezas más importantes de un determinado repertorio, todas juntas y en vivo. Ahora esto parece un tema menor, pero entonces era un tesoro.

En un periodo que podríamos acotar entre los años 80 y la primera mitad de los 90, buena parte de los artistas que cortaban el bacalao en nuestro país dejaron plasmado en algún momento su sonido en directo en los legendarios vinilos, quedando muchos de ellos para la historia bien por su calidad, bien por lo que significaron para sus carreras o incluso por lo que representaron para el rock nacional. Acotando además en el rock más puro y dejando escaso pero merecido espacio a otros sonidos más suaves y domesticados, os proponemos una lista con los 15 álbumes en directo de rock español más importantes de aquella época (y quizás de todas las épocas), una lista cronológica tan discutible como cualquier otra y finiquitada con una lista de reproducción (aquí sin posibilidad de titubeo) imprescindible.

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