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«Mustang»: crecer a golpe de dote

09/05/2016

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«El mundo se va al traste» o «¿a dónde vamos a llegar?» son frases que se cuelan de vez en cuando en nuestras conversaciones. Frases fáciles de pronunciar, como si lo que vemos y oímos, como si la escasa y manipulada información que nos llega nos contara algo nuevo. Como si el derrumbe acabara de empezar, como si la cultura nunca antes hubiera jugado un papel opresor, como si cada sociedad no contara con su propia forma de esclavismo. La verdad tiene mucho de invisible, fácil de guardar en un cajón mientras no nos acordamos de ella hasta el momento en que algo hace «click» y vuelve a ser el momento de pronunciar esas frases que no por manidas carecen de sentido, mientras no hacemos nada.

No he sucumbido a la tentación de colocar en esta suerte de recomendación el cartelito de spoilers. Hubiera sido una opción atractiva la del análisis riguroso hasta el final y fue mi intención primera, pero dadas algunas críticas leídas hacia «Mustang» he decidido que la tarea del Cadillac Negro sea acercar y atraer a este producto a una audiencia potencial que aún tenga sus dudas, hablar para todos. Ciertas muestras del séptimo arte se prestan a contradicciones y a la división de opiniones y percepciones, se infravaloran o se subestiman. Lo que sí creo es que el carnet VIP de Filmaffinity nos está taladrando el cerebro y haciendo perder la perspectiva. Este filme es tan necesario en lo que viene a contarnos que, por una vez, algunos podrían bajarse de esa especie de limbo en el que se han situado.

Y «todo cambió en un parpadeo». Leer más…

«La venganza de Jane»: el bueno, la bella y el malo

06/05/2016

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Seguimos desarrollando con “La vengaza de Jane” una reflexión sobre tres películas de actualidad que, cada una en su genero, sin pretensiones y haciendo frente a un limitado presupuesto, suponen (en mayor o menor medida) una ruptura con la tendencia continuista que la industria lleva mostrando en los últimos años. Proseguimos con la segunda entrega de lo que podríamos llamar “la trilogía del inconformismo del 2016”.

Han tenido que pasar seis años (desde el estreno de «Cisne negro«) para reencontrarnos con Natalie Portman en un papel protagonista que pueda generar un interés por sí mismo en el espectador. Mucho tiempo para una actriz de su desmedido talento. Y el principal responsable de todo este letargo ha sido precisamente la película que aquí tratamos «La venganza de Jane» («Jane got a gun», no confundir con el tema de Aerosmith). Un western de la vieja escuela, basado en premisas simples, centrando la trama en pocas líneas narrativas, de esos que año tras año son cada vez más difíciles de encontrar en la cartelera. Rebosante de buenas ideas, un excelente punto de partida, un reparto de altura (acompañando a Portman se encuentran Joel Edgerton, Ewan McGregor, Noah Emmerich y Rodrigo Santoro), una trágica historia (de aparentemente poca tensión) que se irá componiendo minuto a minuto y una magnífica fotografía. En definitiva, una película llamada a ser uno de los títulos más interesantes del 2016…que, sin embargo, pasará a la historia por haber sufrido uno de los rodajes más desastrosos de la última década.

Con la directora abandonando la producción horas antes de que diera inicio el rodaje (las típicas desavenencias creativas), gran parte de los actores principales viéndose obligados a salir de la producción (el consecuente retraso de la misma, originaba conflictos de agenda con sus otros rodajes), cambios de guionista, constantes reescrituras de guión y muchos más problemas que veremos más adelante, acabaron por hacer mella en el producto final. Y es que, a pesar de todos los brillantes elementos con los que contaba, se termina apreciando una notable falta de cohesión en la historia. Lacra que acaba tirando por tierra una notable parte de las expectativas que el título pudiera generar. Sin embargo, «La venganza de Jane» cuenta con suficientes argumentos para sobreponerse a todas las adversidades sufridas y conseguir atraer a un espectador ávido de buenas historias, capaz de mirar un poco más allá de lo que la pantalla muestra y disfrutar de un título que, sin la obligación de tener que reinventar el western, consigue aportar los suficientes cambios para mantener al género actualizado.
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«Toro», Luis Tosar y el gran momento del ‘thriller’ español

05/05/2016

 

toro Luis Tosar Mario Casas

Ya hablamos hace dos años, cuando comentábamos la infame «La ignorancia de la sangre» como una excepción a la saludable regla, que el ‘thriller’ se había convertido, como lo fue el cine de terror en pasadas temporadas, en la gran tabla de salvación de la industria del cine español. Comentábamos entonces el emocionante duelo vivido entre «La isla mínima» y «El niño». Bien, pues no estábamos equivocados. La tendencia ha continuado y se ha expandido con éxito en la temporada 2015/2016. La reciente «Toro» ha seguido la estela dejada semanas antes por «Cien años de perdón» y que comenzó el pasado septiembre «El desconocido», tres lanzamientos que han logrado recibir -con sus correspondientes matices- parabienes tanto de crítica como de público y que pasamos a analizar a continuación.

Pese a sus notables diferencias, este trío ganador tienen indudables puntos en común que constituyen la columna vertebral de este auge de un género que nunca ha dejado de ser bien recibido por el público. El más esencial: las tres están apoyadas por las dos grandes potencias audiovisuales patrias: Mediaset («Cien años de perdón») y Atresmedia («Toro» y «El desconocido»). La inmejorable plataforma promocional de la que disponen ambos grupos a través de sus canales hace primero que -y esto no es nada baladí tratándose de cine español- el espectador conozca de la existencia de la película en cuestión y después -expuesto a repetidas recomendaciones- que al menos albergue una cierta curiosidad por el producto. Asimismo, su apoyo económico permite que los cineastas tengan un presupuesto cuanto menos digno -y esto tampoco es nada baladí en la cinematografía nacional- para que el resultado luzca, sea atractivo y desaparezca ese sempiterno agravio comparativo con la espectacularidad hollywoodiense. Este mismo dinero permite la contratación de un sólido grupo actoral que genera un doble beneficio: el que logra la propia producción mediante la credibilidad o la popularidad, o ambas cosas a la vez, que los intérpretes aportan y el que consiguen los propios actores, ya sean consagrados o aspirantes a serlo, al tener una exposición al gran público que apenas obtendrían en otras circunstancias. Estos recientes éxitos están reformulando un actual ‘star system’ nacional en el que destacan nombres como los de Mario Casas, Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, José Coronado o Jesús Castro pero en el que el indiscutible rey es Luis Tosar, ahora mismo, y ante la ‘excedencia’ que parece haberse tomado Javier Bardem, el mejor actor español. Tosar aparece en los tres filmes -ya sea como protagonista absoluto o como ilustre secundario- y en su carisma y respetabilidad basan éstos buena parte de sus virtudes. Asimismo, por muy internacional que sea su factura, ninguna de estas producciones son ajenas a la realidad más cercana. Lejos del escapismo al que muchas veces tiende este género, la crisis económica española y sus devastadores efectos en la sociedad son parte integrante, de forma muy clara o veladamente dependiendo del caso, de unas tramas que logran reforzar en el espectador el principal punto fuerte diferencial que puede tener la industria española: el de la identificación. Por último, todas ellas huyen del ‘centralismo’ que supone la dictadura ejercida por grandes urbes como Madrid y Barcelona a la hora de servir de escenarios y se decantan por zonas importantes pero menos habituales como la Costa del Sol, Valencia o A Coruña. Leer más…

«Viento del este»: el nuevo/viejo traje de Loquillo

04/05/2016

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Decíamos en «Loquillo: una historia a golpes de rock&roll» que la carrera de Loquillo estaba pidiendo a gritos, para huir de cualquier duda o sospecha, un nuevo disco de canciones originales después de los últimos trabajos de versiones, directos y demás. Necesitábamos comprobar que su primer disco sin el apellido de Los Trogloditas, aquel espléndido «Balmoral» publicado en el ya lejano 2008, no era un espejismo y que su carrera como solista (sigue resultando chocante hablar de Loquillo en estos términos) tenía todavía muchas cosas por demostrar. Pues ya tenemos la respuesta, «Viento del este», y la respuesta es un nuevo azote a aquellos que están esperando desde hace tiempo un tropiezo de Loquillo, estamos ante una nueva reinvención, una nueva colección de buenas y grandes canciones a añadir en el cancionero de uno de los artistas más importantes que ha dado la historia del rock español. Apuntábamos en aquellas letras que uno de los valores más importantes en la trayectoria del Loco había sido el saber rodearse siempre de grandes músicos y compositores, lo que viene a ser un administrador de talento, y no vuelve a fallar a la hora de elegir a sus compañeros de viaje. Si en su última etapa con Los Trogloditas y sus primeros años en solitario fue Jaime Stinus el encargado de dirigir el rumbo musical de su carrera, ahora son Igor Paskual, Mario Cobo y Josu García los capitanes de un barco rejuvenecido, con nuevos bríos, pero sin olvidar el clasicismo marca de la casa. Ya hace tiempo que Igor Paskual es uno de los apoyos fundamentales de Loquillo, y es ahora cuando entran en juego Mario Cobo y Josu García, tomando los mandos de la producción y dotando de nuevos aires al sonido del disco. Además, en la composición de los temas aparecen clásicos en la carrera de Loquillo como Sabino Méndez, Gabriel Sopeña y Carlos Segarra, a los que se añaden agradables sorpresas como Leiva y el escritor Carlos Zafón. Por lo tanto, nos encontramos ante una alineación de lujo para un disco de rock maduro, con las cosas bien claras, que no da palos de ciego buscando una senda, que se asienta sobre el pasado para mirar al futuro y que supone la enésima reinvención del Loco.

Echando la vista atrás, sólo a los últimos años, recordamos que «Balmoral» fue una especie de acopio de virtudes, un «esto es lo que sé hacer», un repaso a todos los palos de su personaje, desde el rock, pasando por el rockabilly, la canción de autor… y resultó un excelente disco que dejó para la posterioridad varios temas que lograron hacerse hueco entre sus grandes canciones, hablo sobre todo de «Memoria de jóvenes airados» y «Cruzando el paraíso», aunque personalmente yo también añado «Hotel Palafox» y «Línea clara». Recordamos también que su siguiente proyecto fue un disco y gira reivindicando sus 30 años de trayectoria. Recordamos después su nueva incursión en la musicalización de poemas, esta vez tomando todos los textos de la colección de Luis Alberto de Cuenta, y titulándolo «Su nombre era el de todas las mujeres». Recordamos que después publicó otro disco en directo, esta vez en teatro, en el que plasmaba precisamente esa faceta de músico de poetas, dando más empaque a su faceta de crooner en «En Madrid». Recordamos que lo que apuntaba a su nuevo disco de inéditos, «La nave de los locos», en realidad era un álbum de viejas canciones de Sabino Méndez («bueno todos conocéis a Sabino, no?»), en el que, eso sí, mostraba musicalmente su faceta más cruda, más rockera y más directa, y que ya fue comentado y desgranado en este enlace. Recordamos que después vino «El creyente», nuevo e innecesario trabajo en directo, y que a continuación sorprendió a propios y extraños mirando muy atrás, a sus primeros años, para recuperar la chupa de rockabilly y dar una nueva oportunidad a viejas canciones junto al grupo Nu Niles. Lo más destacado de aquel proyecto, que se me antoja como un disco de trámite en busca de nuevos horizontes, fue sin duda el descubrimiento y fichaje de Mario Cobo, miembro de Nu Niles, y que de la noche a la mañana se convirtió en pieza fundamental en el engranaje de la banda de Loquillo. Y en este punto se publica «Viento del este». Leer más…

«Capitán América: Civil War», sublimación de la fórmula Marvel

03/05/2016

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Decíamos cuando tocó escribir sobre “Batman v. Superman: El amanecer de de la Justicia” que Warner andaba a la búsqueda desesperada de una fórmula alternativa con la que combatir ese Universo Marvel Cinematográfico que estaba monopolizando el género superheroico, y que precisamente esas prisas por tratar de equipararse a la competencia eran la principal razón de la dispersión, el atropello y la frigidez emocional de su propuesta. Aplaudíamos  la diferencia de enfoque, la ambición adulta y la perspectiva más solemne, pero  lamentábamos que los resultados terminaran quedando casi siempre por debajo de sus intenciones. Tan solo un mes después del estreno de una película que en todo caso se llevó muchos más palos de los que merecía llega la respuesta de Marvel Studios al envite de Warner, y, aunque se suele decir que las comparaciones son odiosas, en un caso como el que nos ocupa se nos antojan necesarias porque “Capitán América: Civil War” triunfa allí donde fracasaba “BvS”. Marvel sí tiene un plan cimentado durante años y sabe perfectamente cuál es su juego.  Su plantilla creativa antepone la diversión y el entretenimiento puro a cualquier propósito autoral o ínfulas trascendentales. No se trata tanto de ausencia de riesgo (hay que tenerlos muy bien puestos para apostar por algo como “Guardianes de la Galaxia” y hacer saltar la banca) como de conocimiento de sus puntos fuertes y sus limitaciones.  Con más o menos razón, Marvel  tiene claro que un blockbuster puro que no se avergüenza de su condición industrial es más efectivo que un armatoste cargado de pretensiones artísticas que  en el fondo no deja de ser otro blockbuster más. Que a día de hoy Marvel Studios tenga en propiedad la gallina de los huevos de oro no significa que toda su producción sea exquisita (de hecho, de las 13 películas que ha facturado hasta el momento se podrían contar con los dedos de una mano las realmente imprescindibles), pero sí le ha permitido crear una imagen o garantía de marca de cara a un gran público que sabe qué esperar de la factoría propiedad de Disney. Marvel es predecible, sí, pero también totalmente fiable a nivel palomitero. Por eso una cinta basada en un personaje “menor “ del universo creado por Stan Lee como Doctor Extraño  genera más expectación que una protagonizada por Aquaman.

Con todo, Marvel tenía que demostrar en “Capitán América: Civil War” que la fórmula basada en el núcleo duro de su UCM seguía estando vigente, después de que “Vengadores: La era de Ultrón” (reseñada aquí) hubiese exhibido ciertos síntomas de agotamiento. Tocaba dar un golpe en la mesa que aplazara el debate sobre si el género ha tocado techo y el declive de los supertipos es inminente, y “Civil War” es ese golpe en la mesa, siempre, claro está, manteniéndose fiel al estilo Marvel. En ese sentido, la Casa de las Ideas captura el espíritu del thriller de espionaje, el manejo de la tensión, el sentido coreografiado  de la acción trepidante y los pespuntes políticos de su mejor película hasta la fecha, “Capitán América: El Soldado de Invierno”, y lo funde con el sense of wonder, la apuesta coral y el espectáculo puro de “Los Vengadores”, ofreciendo un monumental circo de tres pistas con en el que cabe todo aquello que Marvel sabe hacer bien. Poco importa aquí que en el complicado ejercicio de malabarismos que proponen los hermanos Russo alguna bola termine cayendo al suelo, porque el empuje de este ejercicio de evasión es tan poderoso y completo que hasta las imperfecciones terminan sumando. Leer más…

Iggy Pop sale a nuestro rescate con «Post Pop Depression»

29/04/2016

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No recuerdo un comienzo de año musicalmente más trágico. Las muertes de Lemmy, en plena Navidad, y de Bowie, nada más acabada, no sólo significaron las desapariciones de dos grandes ídolos en un momento aún muy apreciable de forma, sino que fueron algo más. Supusieron una especie de Apocalipsis del rock tal y cómo lo hemos entendido muchos hasta este momento. Uno podía sentir y percibir también en los demás una devastador sentimiento de orfandad, de fin de una era, de que nada volvería a ser ya igual. Pero, pasados los meses, pese a que las tristes noticias como la muerte de Prince no dejan de sucederse, ves que la vida continúa inmisericorde, que no se detiene ante nuestros lloros y, poco a poco, van naciendo brotes verdes. El movidito verano de grandes conciertos que nos espera nos ha levantado definitivamente el ánimo, pero la primera piedra en esta nuestra recuperación la puso otro de nuestros grandes iconos, otro al que sus excesos le podrían haber llevado a la tumba hace ya mucho y que, sin embargo, sigue ahí, dispuesto a continuar alegrándonos la vida: Iggy Pop, uno de los personajes que más pueden recordarnos a Lemmy de los que nos quedan vivitos y coleando. Ahí estaba, recién lamidas las heridas tras el súbito deceso de su amigo del alma Bowie, para anunciarnos por total sorpresa que había unido fuerzas con tres de los grandes músicos de la actualidad -Josh Homme y Dean Fertita (Queens of the Stone Age) y Matt Helders (Arctic Monkeys)- para volver al rock con un ‘Post Pop Depressión’ que nos hizo ansiar tenerlo en nuestras manos en cuanto supimos de su existencia y, sí, recobrar la esperanza por esta música que tanto amamos.

Habrá que entonar el ‘mea culpa’ pero la verdad es que teníamos a Iggy muy arrinconado en nuestra memoria. Concentrado en los últimos años en una reunión de los Stooges mucho más jugosa en directo que en su desigual y algo insípida plasmación en estudio, tampoco es que la Iguana hubiera hecho mucho por favorecer su carrera en solitario. Sus querencias parecían alejarse cada vez más del rock con sus respectivos experimentos con el jazz en ‘Preliminaires’ (2009) y con la ‘chanson’ francesa en ‘Aprés’ (2012), unos trabajos que podrían haber resultado interesantes pero que respiraban una autoindulgencia que nos les llevaban más allá de ser meras curiosidades, siendo, sin embargo, más famoso que nunca en países como España, surrealista aparición en ‘El Hormiguero’ incluida, por su aparición en un anuncio de tónica. En fin… Leer más…

“Better Call Saul”, AKA “Gimme Jimmy!”

27/04/2016

Better Call Saul - Gimme Jimmy!

(ALERTA SPOILER: Prohibido leer sin haber visto hasta «Klick», el décimo y último episodio de la segunda temporada de «Better Call Saul»)

¿Cuándo podemos afirmar que un spin-off, cuestión más complicada aún si lo es de una serie legendaria, ha tenido éxito o ha sido un fracaso sin paliativos? ¿Debemos fijarnos en los números que reflejen los audímetros? ¿Prestamos atención al volumen de descargas que tenga al día siguiente de su emisión en el canal correspondiente? ¿Nos basamos en el ruido que genere, en la presencia que logre alcanzar en los medios, tradicionales y no tan tradicionales? ¿O más bien tomamos como referencia la opinión de la crítica, entendiendo como entendemos hoy en día que ‘crítico’ puede ser aquel que trabaja para un prestigioso periódico pero también el vecino del 5º? Yo sí tengo la impresión, o mejor dicho, la certeza de que “Better Call Saul” ha perdido cierta visibilidad mediática con su segunda temporada, y de que ya no somos tantos los que hablamos de ella, porque tampoco somos demasiados los que la hemos seguido fielmente semana a semana. Y sin embargo, si nos preguntáis, creo que todos os diremos que “Better Call Saul” es un rotundo éxito. Uno de los productos televisivos más potentes de la actualidad. Una serie maravillosa.

Y es que, al menos para un servidor, el éxito de un spin-off depende de muchas cosas pero algo esencial es que debería pasar, mejor pronto que tarde, por saber forjarse su propio estilo y personalidad, descubrir cuáles deben ser sus metas y qué armas emplear para conseguirlas, en otras palabras, encontrar su razón de ser y gozar de autonomía respecto a la fuente original. Todo eso ya se logró, y así lo defendimos por aquí, con su primera temporada, así que en esta segunda se trataba de mantener eso y, a poder ser, seguir labrándose su propio destino. Por supuesto que “Better Call Saul” tiene muchísimos puntos en común con “Breaking Bad”, tanto en lo narrativo como en lo estilístico, y no sólo no trata de evitarlo o disimularlo sino que lo explota. Comparten un universo común, y esto permite a sus dos creadores y máximos responsables, Vince Gilligan y Peter Gould, entrar de lleno en el apasionante y muy agradecido juego de las autorreferencias. También es cierto que nos habría llevado mucho más tiempo saber de la mera existencia de “Better Call Saul” de no haber tenido antes “Breaking Bad”, pero tampoco nos olvidemos de que, por mucho que hayamos puesto a esta última en un altar televisivo, lo suyo no fue precisamente un bombazo, y sí más bien una carrera de fondo. Y a los que creen que tanta deuda y coincidencia con la serie madre invalidaría los argumentos de los que defendemos a su spin-off, precisamente, por su singularidad, sólo me queda decirles que estamos hablando de los mismos autores, y que éstos tienen una voz tan característica y distintiva que seríamos unos necios si pretendiésemos que deben silenciarla o distorsionarla. Desde hace algún tiempo sabemos qué podemos esperar, y eso es lo que buscamos, cuando nos enfrentamos a una nueva obra de Quentin Tarantino, Christopher Nolan o David Simon, y lo mismo empieza a sucedernos ahora con Gilligan. ¿Y sabéis qué? Ojalá sea así por muchos años, y acabemos teniendo no dos, sino tres, ocho, veinte series como “Breaking Bad” y “Better Call Saul”. Leer más…

«Vinyl»: polvo blanco para melómanos

25/04/2016

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(ALERTA SPOILER: ¿Que aún no has visto Vinyl? ¡Corre! ¡Hazte un favor! Piérdete en la mejor banda sonora que nos haya ofrecido nunca una serie de televisión, salta, respira metafóricamente el polvo de los 70 y vuelve a leernos. Si ya has visto el último episodio emitido, «Alibi», adéntrate en el Cadillac para compartir la experiencia con nosotros.)

Estamos ante el que personalmente considero mejor estreno del año hasta la fecha. Sí, tal vez aún no hayamos llegado a mayo y esta afirmación sea un atrevimiento, pero Vinyl ha dejado el listón altísimo y nunca la televisión se había acercado tanto al espíritu de este blog. Estrenada el 14 de febrero y renovada por una segunda temporada sólo cuatro días después, tras unos ratings de audiencia bien tímidos, esta serie llegó para afirmar que a veces las expectativas pueden no sólo verse cumplidas sino superadas. Es más, también resultó una prueba fehaciente de que HBO sigue apostando por la calidad de sus productos y por tener un currículum (casi) impecable a pesar de que los números no acompañen. Viajeras y viajeros, qué delicia ha supuesto el resultado…

Parece absurdo haber llegado a ponerlo en duda alguna vez, ¿acaso una serie creada por Terence Winter, con la producción de Martin Scorsese en su episodio «Piloto» (del que mi compañero Rodrigo hizo un análisis bestial) y la lengua de Mick Jagger dando lametazos al guión podía salir mal? Bueno, la cuestión es que podía. No sería la primera vez que nos venden nombres y castillos en el aire que luego resultan estar pinchados. De hecho, creo que es para un público muy determinado y tampoco se ha librado de las críticas. ¿Qué nos ofrece, en definitiva, este show? Esta es la historia de Richie Finestra, ejecutivo discográfico de American Century Records que trata de mantener su compañía a flote mientras su vida se convierte, casi por voluntad propia en la mayoría de ocasiones, en un espectáculo de circo. Ah, y sólo un detalle sin importancia: nos vamos al Nueva York de los 70. Leer más…